Mientras Daichi se alejaba, todos se giraron para ver a Asahi. Se encontraba petrificado, mirando a la nada con una expresión confusa en su rostro.
- Eh, Asahi, ¿estás bien? – preguntó Noya mientras se acercaba. Movió la mano delante de su cara para ver si conseguía llamar su atención – ¿Hola…? – no hubo ninguna respuesta – Eh, chicos, ¡creo que Daichi lo ha roto!
- Me ha… me ha dado palmaditas… - dijo Asahi casi en un susurro.
Y fue entonces cuando el resto del equipo entendió, y quedó petrificado de la misma manera que él. El capitán no se había enfadado con Asahi. Eso tenía que ser malo, podría ser casi como una señal de que el mundo estaba llegando a su fin. Al verlos parados, Ukai empezó a perder los estribos, cosa a la que el vice capitán reaccionó de inmediato.
- Vamos, seguid con el entrenamiento.
- Pero… - empezó Hinata.
- Nada de "peros", no podemos parar el entrenamiento cada vez que alguien recibe un balonazo, y eso lo deberías saber tú especialmente, Hinata – aquel comentario soltó unas risitas por parte de Tsukishima y Yamaguchi, pero duraron poco cuando vieron la mirada que les lanzó Suga.
- Habría que ir a ver cómo está el capitán… - añadió Ennoshita dubitativo.
- Pues ya voy yo, pero vosotros seguid. ¡Venga, vamos…! Seguro que no es nada – añadió al ver las caras de los demás.
Dio media vuelta y se dirigió a los aseos. En cierta manera se sentía responsable por el alboroto… Había sido todo muy raro.
Aunque claro, el día entero estaba siendo raro desde que se levantó, habiendo dado vueltas en la cama durante casi toda la noche. Había tenido el sueño ligero, y mientras se vestía esa mañana notaba que había algo en su cabeza que lo estaba molestando, algo que le fastidiaba bastante porque no sabía qué era y lo estaba poniendo inquieto. Y aunque era demasiado temprano, decidió irse directamente al instituto: a lo mejor si se ponía a hacer otras cosas se olvidaba de aquello.
Fue al faltar Daichi cuando se percató que era eso lo que le estaba incordiando. Y no tenía ni idea de si la cosa era mejor o peor cuando estaba él presente. Al verlo entrar por la puerta de la clase, sintió una mezcla de alivio y nerviosismo. Y sin embargo, al pasar el tiempo notó cómo poco a poco ambos volvían a la normalidad (porque, todo hay que decirlo, estaba bastante claro que Daichi también estaba raro). Durante el resto de la mañana, siguieron su rutina con casi normalidad. El "casi" era cosa de Suga: era algo normal entre ellos dos gastarse bromas y demás, y es lo que estuvieron haciendo. Sin embargo, era la primera vez que Suga lo hacía con la intención de ver a Daichi sonrojarse, porque, de alguna manera, se había percatado en ese momento de que era algo adorable.
Fue hace un instante, al gastar la broma de "papá", cuando se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. ¿"Papá"? ¿En serio? La vergüenza le inundó antes de terminar aquella frase, y fue creciendo a medida que lo observó darse la vuelta, con los ojos abiertos como platos, y vio como acababan los dos en suelo.
Aún le dolía la frente del choque que habían dado sus cabezas mientras se dirigía al baño. Al entrar, vio a Daichi echándose agua en la cara, expulsando el aire muy lentamente mientras descansaba apoyado en el lavabo. Suga, apoyado en el marco de la puerta, esperó a que Daichi se recompusiera un poco, antes de decir:
- ¿Qué tal está el señor capitán? – Daichi pegó un pequeño sobresalto, apenas perceptible, y se giró para mirarlo a los ojos con seriedad mientras suspiraba.
- Lo siento.
- ¿"Lo siento"? ¿Por qué?
- Por salir corriendo del entrenamiento sin motivo. No sé, supongo que tanto golpe en la cabeza me está dejando sin neuronas… -bromeó mientras medio sonreía, cosa que hizo reír a Suga.
- Oh, créeme, tus neuronas están bien… ¡Tienes la cabeza más dura que un roble! – mientras reían los dos, por un momento se frotó la frente de forma inconsciente, gesto que Daichi percibió enseguida.
- ¡Ostras, es verdad, no me había dado cuenta! ¿Estás bien? – a pesar de que su preocupación era sincera, Suga lo miró con incredulidad, resoplando.
- Es un golpe en la frente, Daichi. Lo más grave que me puede pasar es que me salga un chichón.
Aquello hizo que la preocupación de Daichi desapareciera, sustituyéndola con su típica cara de fastidio.
- Oye… Que no tengo la cabeza tan dura…
- ¿Tú crees? – respondió el chico de pelo cenizo con una sonrisa pícara – Porque yo juraría que ya me ha salido bulto y todo.
- ¡Venga ya! Déjame ver eso, mentiroso.
Cuando Daichi se acercó para tocarle la frente, a Suga le sorprendió que, a pesar de lo fuertes que parecían sus manos, lo tocó con mucha delicadeza. Y aunque el capitán reía y bromeaba diciendo que no tenía absolutamente nada y que era demasiado dramático, Suga podía percibir en esos oscuros ojos una preocupación sincera. Menudo idiota.
- ¿De qué te ríes tú, eh? – preguntó Daichi mientras dirigía la vista de su frente a sus ojos y levantaba una ceja.
- Nada, sólo me preguntaba quién es aquí el dramático…
Daichi lo miró sin comprender, confuso, cosa que le hizo reír aún más. Se sentía genial en ese momento. Toda la tensión sin sentido que había tenido hasta entonces había desaparecido. Y cómo había echado de menos la proximidad, y las conversaciones de cosas sin importancia, donde la risa surgía ligera y despreocupada…
De esta manera, volvieron al entrenamiento y siguieron practicando hasta que el cielo adquirió un tono anaranjado por el atardecer. Exhaustos, se encontraban todos sentados en el suelo, resoplando de cansancio aún después de haber pasado por el vestuario. Se encontraban hablando entre ellos, y de vez en cuando miraban fijamente a Ukai y a Takeda, a la espera de que alguno de los dos dijera por fin la sorpresa que habían mencionado al principio del entrenamiento.
Finalmente el profesor y el entrenador se acercaron, Takeda se aclaró la garganta y todos guardaron silencio.
- Bueno, como sabéis y habréis oído por ahí, algunos clubs deportivos de nuestra preparatoria están organizando viajes de convivencia… - nada más decir eso ya se podían escuchar los ruiditos de emoción que empezaron a soltar Hinata, Noya y Tanaka. Tuvo que apaciguarlos Suga dándole una colleja a Tanaka, que lo tenía más cerca, y haciéndoles un gesto para que callasen – Y, en fin, en vista de vuestro duro trabajo y gran evolución que habéis tenido en estos últimos meses, me he tomado la libertad de organizar una actividad que sin duda os parecerá bast… - Ukai, que se encontraba detrás del profesor, soltó un suspiro y se puso delante.
- ¡Que nos vamos tres días de excursión a Osaka!
Solo se necesitó esa frase para que la mayoría del equipo saltara lleno de alegría, abrazándose entre ellos y gritando sin parar mientras se oía de fondo al entrenador disculpándose con Takeda por haberle interrumpido, mientras el otro le quitaba importancia.
Después de dos minutos de celebración, gritos y saltos, los miembros de Karasuno volvieron a calmarse para seguir escuchando los detalles de la susodicha excursión.
- A ver, aquí tenéis las autorizaciones para vuestros padres, dádselas ahora cuando volváis a casa porque necesitamos cuanto antes si podéis asistir todos. De momento, pensando que va a ir todo el equipo más las mánagers, he conseguido reservar en el hotel al que vamos a ir cuatro habitaciones de dos personas y dos habitaciones de tres. Si alguno no puede venir, aún estoy a tiempo de cambiarlas, así que por favor, confirmadlo mañana. Y de paso, mañana podréis decidir también los compañeros de habitaciones. Y bueno, el viaje será dentro de dos semanas… ¡Eso es todo por el momento! ¡Buen trabajo, y hasta mañana!
Todos dieron gracias al profesor y salieron del gimnasio, despidiéndose y yendo cada cual por su camino. Suga salió de los últimos, mirando al cielo y respirando profundamente, sonriendo. Hoy había resultado ser un buen día, al fin y al cabo.
Se quedó esperando unos cinco minutos, hasta que vio salir a Daichi, apresurado y con un papel en la mano.
- ¿Qué estabas haciendo? – le dijo mientras el otro le alcanzaba y se pusieron a andar.
- Perdona, me he puesto a hablar con el profesor… ¡Me ha dado el itinerario que vamos a hacer! – exclamó triunfante mientras agitaba el papel.
- Vaya, veo que te hace especial ilusión lo del viaje, ¿eh?
- ¿A ti no? – preguntó el capitán mientras le sonreía levantando una ceja.
- La pregunta es, ¿a quién no? – rió Suga mientras se acordaba de las caras de sus compañeros.
- Cierto. Va a ser estupendo, Suga. Siempre he querido hacer un viaje de convivencia con el equipo, ¿sabes? Tengo la intuición de que esto nos va a venir genial, para conocernos mejor y estar más compenetrados. Más unidos. ¿Sabes a lo que me refiero?
- Sí…
Mientras caminaban lado a lado hacia sus casas en el anochecer, el armador de Karasuno tuvo la impresión, al mirar a su compañero, de que aquel viaje iba a cambiar muchas cosas. Pero no sabía exactamente cuáles… Ni cómo.
