Varios años después

La lluvia en Gotham parecía eterna. Siempre con truenos y mal clima, una que otra vez con un día hermoso y soleado para ir al parque, pero, por lo general estaba como para pasar todo el rato en casa. Contrastando con lo fea que era Ciudad Gótica donde los homicidios eran cosa de todos los días, el clima era perfecto.

James Gordon miró por la ventana de su oficina en el Departamento de Policías de Gotham City. Mordió el lápiz y fijó sus ojos en el callejón…luego perdió la noción del tiempo y después de un rato se dio cuenta de que estaba mirando hacia la nada. Hacia dos días que no sabía nada del Pingüino. Recordó su último encuentro con ese peculiar personaje que era ya muy conocido como El Hombre de los Mil Paraguas. Se había ganado el apodo a pulso, pues siempre, a pesar de que sus sombrillas parecían iguales, tenían una mortal arma escondida en la punta. Ya sea una ametralladora, dardos o flechas con veneno.

Jim recodó el asalto al Banco Nacional de Gotham City. El Pingüino había estado ahí y era evidente que él lo planeó todo. Al menos $4 millones de dólares habían sido extraídos del lugar y la operación que había dirigido Gordon había sido un completo fracaso. Siempre estuvo tras la pista de ese hombre. Recordó además que un año después de que abandonó Gotham, Oswald Cobblepot regresó con dinero y poder. Se había aliado con Falcone y había sembrado el pánico por las calles. Había sido su ascenso al poder. Desde entonces El Pingüino era un sujeto influyente y asombrosamente feo al igual que su ilegal fortuna.

Claro, su fortuna no era suficiente: Oswald no descansaría hasta dejar a Gotham en las ruinas y matar a James Gordon. Quería ver caos y sangre correr por las calles. Y si algo era de saberse era que después de que Falcone se retiró y se mudó a su mansión al otro lado de la ciudad, Cobbelpot ocupó su lugar, claro, dándole del botín que agarrara el cincuenta por ciento a su antiguo jefe.

Sintió una ligera ráfaga de viento entrando por la ventana y algo de frio con ella. Sintió la humedad y optó por cerrarla. Siguió con la mirada fija por un instante más hasta que fue interrumpido.

—Ah… ¿Señor?—dijo un joven que previamente había tocado la puerta. Obviamente, ante su distracción, Gordon no le contestó. Fue entonces que el muchacho entró y le habló.

— ¿Teniente Gordon?—volvió a decir el muchacho.

— ¿Sí?—contestó el policía después de un rato— ¡Oh, Edward! ¿En qué te puedo ayudar?

—Tengo los resultados de la prueba de ADN sobre la paternidad del Hombre Fuerte del Circo que me pidió.

—Bien, echo, Edward. ¿Puedo?—extendió su mano.

—Claro, teniente—contestó Edward alcanzándole el papel a Gordon. Lo ojeó y después de terminar de leerlo lo puso sobre su escritorio y miró a Edward por unos segundos.

—Positivo—dijo.

—Oh, así es, teniente.

— ¿Sabes, Nygma? No me extraña que diera positivo. Esa mujer se había acostado con todos los hombres del circo y al principió sospeche que el padre era uno de los payasos, sin embargo esto comprueba que estaba equivocado…Bueno, Eddie, después de todo como te dije antes, no me extraña.

—Yo no estaría tan seguro, teniente—vociferó Edward Nygma tímidamente—…porque…bueno, no hay pruebas de que esa mujer haiga mantenido relaciones con todos los hombres del circo, quizá solo estuvo con El Hombre Fuerte…después de todo…fue…fue "Él" el que lo dijo y sabemos que está loco como cabra…pudo haber sido una mentira.

—Tienes razón, Eddie. Pero no lo llamemos "Él"…no sabemos su nombre pero si su sobrenombre.

—Claro, señor…El Guasón.

—Así es, Nygma. Así es.

— ¿Seguirá buscándolo?

—Claro que sí, Eddie—dijo James Gordon poniéndose de pie para seguir mirando por la ventana al tiempo que le daba la espalda a Nygma—. Aun no puedo creer que teniéndolo bajo nuestro poder haya escapado.

—Usted se había ido, señor. Mató a los guardias, era evidente que escaparía.

—Aun no entiendo—Gordon frunció en entrecejo— porqué después de tantos años regresó a ver a su madre para asesinarla y junto con ella a cuatro personas más…sé que la odiaba porque lo parió bastardo, pero no tenía por qué usar ese martillo.

—Bueno, teniente, ese es un Acertijo que queda por resolver.

—Claro…un Acertijo.

Varios Años Después

Permanecieron callados un rato más. Sí, hacia cinco años que James Gordon había subido al grado de teniente de la Policía de Gotham City y era solo por una razón: su tenacidad. Era el policía más tenaz que la ciudad haya podido ver y el que no se había doblegado ante nadie. Siempre recto y siguiendo los pasos de la ley, ese era James Gordon, el infame y justo Teniente de la Policía. Por otra parte, el muchacho que estaba junto a él, con apenas veinticinco años, era Edward Nygma, un pseudo-detective que recién se había empleado hacia dos meses. Era uno de los mejores que el Departamento de Policía de Gotham City haya podido tener y además era muy listo y siempre encontraba soluciones a cada problema que le planteaban, sobre todo cuando se trataba de atrapar a un malhechor. Máximo tardaba una semana en descubrir quién era, pero por lo general, en dos o un día tenía los resultados…pero como toda persona, Nygma tenía un pequeño defecto.

Desde niño había sido aterrorizado por su padre que era un completo ignorante. Eddie había sido un niño superdotado y siempre salía con sobresaliente en la escuela; era bueno en los rompecabezas pero sobre todo en las adivinanzas y Acertijos. Un buen día fue golpeado en la escuela por los bravucones brutalmente, pues Edward se había negado a darles el almuerzo y su dinero a causa de que no le resolvieron bien una adivinanza, otro, en la universidad, fue suspendido casi un mes al confundir a uno de los maestros con uno de sus difíciles problemas, lo cual le causó al profesor un terrible dolor de cabeza. Naturalmente, Nygma reprobó un semestre pero se recuperó con el tiempo y se graduó con honores.

Ahora trabajaba en con la policía como detective, como el detective Edward Nygma, a quien sus compañeros conocían como El Acertijo, pues hasta en su trabajo se la pasaba haciéndolos. Al principio el chico había sido todo un caso, se había hecho famoso entre los empleados y eso le gustaba, pues nadie nunca respondia sus adivinanzas…esto solo duró una semana, pues a la siguiente, sus acertijos se volvieron tediosos y terminaba sacando de quisio a la gente. Inclusive le habían dicho que buscara ayuda para su problema con los problemas intelectuales, pues se había vuelto un completo fastidio. Intentó reprimir su impulso pero fue inútil, pues nunca dejaba de preguntar adivinanzas. Claro, eso no quería decir que fuera un buen chico, porque lo era. Edward Nygma no heriría ni a una mosca.