Artículo 23, norma 14
TodoRey de Espadas está en plena obligación
deproteger a su Reina de cualquier amenaza.
Acambio, la Reina, dará su energía para
queel Rey pueda llevar a cabo sus tareas.
. . . . . . . . . .
El sol comenzaba a levantarse en el horizonte como cada día y eso provocaba que pequeñas gotas de luz despertasen a cientos de personas que esperaban al amanecer para realizar sus labores diarias. Excepto por un adolescente que se negaba a ser despertado, ocultándose bajo la tranquilidad y calidez de las mantas. Pero, como si el universo fuese en su contra, la alarma rompió el agradable silencio con unos pitidos que Alfred consideró como el arma del mismísimo diablo.
Un brazo se deslizó fuera de ese fuerte hecho con cojines y mantas para intentar encontrar el origen de su molestia y tras encontrarlo, este quedó destruido en la pared frente a la cama. ¡Mierda! Tendría que ir a comprar otro despertador. Cada vez que ese pensamiento cruzaba su mente, recordaba la razón de que nunca utilizaba su móvil como alarma.
Una vez de vuelta a la calma, decidió darse la vuelta y intentar conciliar el sueño -tarea que no le sería difícil de llevar a cabo- pero unos suaves golpes en la puerta le aseguraron que eso le resultaría imposible ese día.
-Al, el desayuno esta listo. Date prisa o papá se lo comerá todo y recuerda limpiar los restos del despertador que has roto.
No lo iba a hacer. Seguramente, Matthew entraría más tarde y lo limpiaría por él. En cambio, tomaría una ducha antes de bajar a desayunar. Se moría de calor tras haberse quedado bajo las mantas por mucho tiempo y sentía su cuerpo pegajoso, sensación que le causaba algo de repugnancia. Aunque si esa pegajosidad se debiese a una intensa noche con alguna mujer, no la rechazaría de esa forma.
Finalmente decidió levantarse, tirando las mantas y dejando la cama totalmente desordenada. Se desperezó al estar de pie. Había dormido más de lo usual por lo que estaba debuen humor en ese momento -si olvidaba que tenía que ir a comprar otro despertador-. Mientras se rascaba la barriga avanzaba medio dormido hasta llegar al baño que estaba en su habitación. No tenía más que quitarse los bóxer con los que acostumbraba a acostarse para así evitar el calor infernal del verano en Espadas, para después entrar a la ducha y dejar que el agua se deslizase por su bien formado cuerpo.
Minutos más tarde, a regañadientes,abandonaba la frescura del agua para cubrirse con una toalla que solo ocultaba lo necesario. Estiró los brazos nuevamente, intentando quitarse la pereza del cuerpo y parece que esta vez lo consiguió.Decidió verse al espejo con tal de evitar la balanza que reposaba al lado del lavamanos, era una enemiga difícil de derrotar. Aunque eso no quisiese decir que estuviese gordo, todo Alfred era músculo -o eso afirmaba él-. Tampoco se le podía discutir cuando su ejercitado torso se veía, unos abdominales marcados recordaban a una tableta de chocolate que cualquiera quisiese degustar y su espalda ancha le hacía ver masculino y confiable para cualquiera.
Alfred bajó su mirada para comenzar a secarse el pecho y las axilas y así poder vestirse pero algo llamó su atención. Una extraña mancha azulada en su pecho que no podía ver con claridad por la ausencia de sus gafas.
Un momento, ¿no se suponía que anoche se llevaba a cabo la elección del Reloj? Los soberanos, nuevos soberanos. Marcas en el pecho...El Rey...
La mente de Alfred comenzó a procesar la información que recién recordaba y cuando finalmente ató cables,corrió desde el baño a su habitación -sin importarle que la toalla cayese en el proceso, quedando desnudo- para recoger sus gafas y volver frente al espejo. Allí lo vio. Una marca con forma de reloj se encontraba en este. El reloj era de diferentes tonos azulados y violetas; su única aguja era puntiaguda con una base en forma de pica y se encontraba perfectamente alineada en el número doce. Dos espadas cuyos filos de hielo se cruzaban detrás del extraño reloj y se encontraban envueltos en enredaderas de unas rosas rojas que se abrían alrededor de todo el dibujo. Y el fondo consistía en unos engranajes dorados que también eran atrapados y detenidos por los verdes lazos que formaban los tallos de las rosas.
Alfred se acercó rápidamente al espejo,subiéndose casi sobre el lavamanos que estaba delante de este para observar con mayor precisión aquella artística combinación de cosas y colores. Eso hizo que ahora pudiese leer el mensaje gravado en cada una de las hojas de las espadas. La que terminaba al lado derecho tenía escrito ''The strength to stand beside my beloved Queen'' y en la otra, ''The courage to protect our union and love''. Alfred no entendió ni la una ni la otra. Aquel lenguaje le resultaba completamente extraño pero aún así comprendió el peso y afán de aquel que las había portado. Eran como deseos y al mismo tiempo obligaciones.
Pasó su mano por la marca con tal de comprobar que no era un simple dibujo que se iría con el tacto -a pesar de ya haberse bañado-. Y allí permaneció.
La emoción lo mantenía absorto sin saber quehacer en esos momentos. Por fin, podría cambiar aquel Reino que Alfred consideraba tan injusto con los que menos tenían. Cuando sus piernas se dignaron a moverse, salió de su habitación y corrió escaleras abajo hasta presentarse en el comedor donde su padre y hermano comenzaban a desayunar.
-¡Papa, Matt! Rápido, mirad genial.
-Alfred, te he visto desnudo muchas veces cuando eras pequeño. Para mi no es una novedad.
-Al, solo ponte algo por favor. ¡No puedes ir desnudo por casa!
Alfred suspiró molesto, en una especie de rabieta infantil mientras que miraba como su padre y hermano se fijaban solamente en su -recién descubierta- desnudez.
-Eso no importa ahora. ¡Mi pecho! ¡Mirad mi pecho!
-¿Que quieres que veam...?
Su padre se quedó callado cuando se percató de la marca que cubría la zona del corazón. Azul, violeta, verde,rojo y dorado se unían en una explosión de colores poco común en Espadas. Alfred miró orgulloso a su padre, quien estaba entre asombrado y poco convencido.
-¿Nuevo tatuaje, Alfred?
-¡Papa! ¡Es la marca de la realeza! Soy el nuevo Rey de Espadas.
Arold Jones observó a su hijo seriamente. Se levantó de su sitio y se acerco a este para observar la determinación junto a ese brillo infantil que hacía tiempo que no veía en la mirada de su primogénito. Él aún no lograba entender como Alfred había salido elegido. Era vago, poco brillante en cuanto a inteligencia, irresponsable, cabezota, un crea problemas sin amor hacia nadie que no fuese su familia, mujeriego...Aunque no siempre había sido así y Arold lo sabía mejor que nadie. Pero el ahora,era ese momento y no veía a su hijo como un Rey capacitado.
-Alfred F. Jones, no creo que la realeza sea para ti. Y aunque las decisiones del Reloj sean incuestionables no creo que tu yo de ahora sea capaz de guiar un país -se detuvo con una seriedad que le caló los huesos a su hijo pero que desapareció con una ligera sonrisa y con una mano sobre su cabeza-Por eso espero que te conviertas en alguien del que el país dependa y que me haga sentir orgulloso...A mi y a tu madre, que en paz descanse. Espero que tu Reina sea la clase de persona en quien puedas confiar lo suficiente como para que aunque le entregues una espada, le puedas dar la espalda sin miedo a ser apuñalado.
-Ya estas de nuevo con tus frases extrañas y complicadas, papá.
-Bueno, papá siempre ha sido así. A mi siempre me han gustado, parecen sacadas de libros antiguos.
Intervino Matthew mientras que se acercaba a su hermano con una toalla que había sacado del baño de la planta baja.Aún siendo tres años menor que Alfred, Matthew era todo lo que Arold quisiera para su hijo mayor. Con tan solo trece años se propuso el llenar el hueco que su madre dejó cuando murió. Era responsable y tranquilo, hacía las tareas de casa y se encargaba de arreglar los desastres que su padre y hermano ocasionaban. Ahora, con quince años y en plena adolescencia mostraba mucha más madurez que Alfred a sus dieciocho.
-Ya he llamado a la consejería. Dicen que están en camino, deberías arreglarte, Al.
-¡Es verdad! Debo darme prisa.
Corrió escaleras arriba de nuevo, saltando dedos en dos los peldaños con facilidad. ¿Debía vestirse formal? Alfred no pensaba hacerlo, además no tenía ropa elegante ni nada por el estilo. Odiaba esas ropas ajustadas e incómodas y a quien decidió que estas fueran las prendas consideradas ''de etiqueta'' ¿Por qué un chándal no podía ser algo formal?
Entre debates mentales sobre que ponerse y extraños rencores hacia personas que seguramente estaban muertas desde hace mucho, finalmente se puso lo primero que encontró. Un vaquero azulado junto a una camiseta blanca con el escudo del Capitán América en el centro; era su superhéroe favorito desde que era pequeño. Recordaba ver esas películas con su madre -a quien Steven Rogers le parecía muy atractivo para celos de su padre-, su hermano-que no acababa de cogerle el gusto a las películas sobre superhéroes- y su padre -el cual no dejaba de quejarse porque su mujer le decía más veces te amo a ese personaje que a él mismo-.Aún así era un ambiente agradable que pagaría lo que fuese para revivirlo.
Cuando acabó de arreglarse el cabello, oyó como su hermano llamaba a su puerta y entraba para advertirle que sus acompañantes habían llegado. Alfred lo notó decaído, sabía la razón. Ahora que lo pensaba, no había tomado en cuenta el hecho de dejar a su padre y hermano tan lejos.
Antes de que Matthew escapase, Alfred se arrodilló frente a él y lo abrazó. Tras eso acarició su cabello rubio igual al propio hasta que sintió como sollozaba y se agarraba con fuerza a su camiseta.
-Matt, no tienes que preocuparte. No estaré lejos por mucho tiempo, nada más llegué allí, lo primero que haré,será pedir que os traigan a ti y a papá conmigo. Recuerda que ahora soy el rey y puedo hacer lo que quiera ¿si?
Después de aquel corto pero conmovedor discurso hacia su hermano, se separaron para verse a los ojos: zafiros mezclándose con unas amatistas que mostraban tristeza. Alfred conocía a su hermano mejor que nadie y sabía que aunque fuese responsable y tranquilo, también era muy dependiente hacia aquellos que quería. Y desde la muerte de su madre -e incluso antes-, él y Alfred eran inseparables. Ambos sabían que no soportarían perder a nadie más y que aunque Matthew pretendiese demostrar que podía con todo, seguía siendo un niño.
-Al, ¿lo prometes?
-Lo prometo, Matt. Así que no estés triste, nunca te fallaría ni a ti ni a papá. Puede que no me importen los otros pero tú eres mi hermanito y siempre estaré ahí para ti.
-¿Me prometes otra cosa?
-Te estas aprovechando de la situación ahora ¿verdad?-le lanzó una mirada de diversión a Matt mientras se sentaba en el suelo,separándose finalmente.-Por esta vez accederé.
-A partir de hoy, tu familia no seremos solo papá y yo. Debes prometerme que quien quiera que sea la Reina, tienes que poner un esfuerzo en que te importe y tienes que estar ahí para esa persona.
-A veces eres cruel, Matt. Ni siquiera se quien es y me pides que le de importancia ¿Que tal si fuese una Reina cruel que te hace daño? ¿También debo estar ahí para ella?
-Al, esto no es un cuento de hadas y princesas. Aquí no hay Reinas malvadas ya que el Reloj elije a la persona más adecuada, ¡seguro que es alguien increíble!
-Esta bien, esta bien. Lo prometo. Pero mis preguntas son una clausula de esta promesa. Primero eres tú y papa,y después esa persona misteriosa.
-Es una promesa-extendió su dedo meñique hasta su hermano mayor quien lo rodeó inmediatamente- Promesa del meñique, si miento, me tragaré mil agujas.
-Promesa del meñique, si miento, me tragaré mil agujas.
Con aquellas palabras el pacto quedó tiempo que su padre subía y con cansancio llamaba a la puerta. Pidiéndoles que bajaran de inmediato ya que los invitados estaban esperando conocer a su nuevo rey.
Antes de salir de la habitación, Alfred se dio la vuelta para observar con tranquilidad aquella habitación que lo había acogido durante tantos años. Probablemente no volvería a pisar aquel suelo acolchado por la alfombra azul oscuro, tampoco estudiaría en aquel escritorio viejo ni cogería de nuevo los pesados libros sobre este para ir en dirección a la preparatoria...Sentía una cierta nostalgia. Cerró la puerta de su habitación por última vez, aún sujetando el dorado pomo de la puerta. Allí se despedía de Alfred F. Jones el matón y estudiante de preparatoria y le daba la bienvenida al viejo Alfred Frederick Jones, futuro rey de Espadas y responsable de las vidas de millones de personas. Para él, un sueño perecía en el camino pero su optimismo le decía que con este podría cambiar aún más cosas. No sería médico pero sería un rey que apoyase a los que más le necesitasen y se encargaría de mostrarles respeto a niñatos ricos y repelentes como Kirkland. ¡Y a quien mierdas le importaba Kirkland en ese momento! ¡No volvería a ver a ese chico del demonio! Aunque tal vez extrañase esas esmeraldas desafiantes que tenía por admitirlo, pero no había conseguido doblegarlo y se iba con un mal sabor de boca, pero ahora mismo, debía de olvidarse de esos casi tres años y volver a su camino original cuyo rumbo perdió tras la muerte de su madre.
Bajó las escaleras sin dar si quiera una mirada hacia atrás. Cabeza alta, espalda recta y mirada í lo conocieron aquellas personas misteriosas de traje negro.
.
.
.
.
Alfred entró en una lujosa limusina que lo llevaría hasta el aeropuerto donde tomaría el avión hasta la capital de Espadas, Nevtray. Su estomago gruñó, recordándole que no se había comido el desayuno.
-Oye, ¿no tendréis algo de comer aquí? Ni siquiera he podido desayunar.
-Discúlpenos, su majestad, pero aquí no hay nada nutritivo que le pueda servir de desayuno. Si quiere en el aeropuerto le podemos conseguir algo decente, mientras llegamos, en la nevera que esta a la derecha de sus pies debe haber unas chocolatinas si lo desea. También hay un dispensador de regaliz al lado de los huecos para poner los vasos.
Alfred alucinaba con aquello ¡Un dispensador de regaliz en su limusina! Obviamente iba a utilizarlo hasta que no le quedase ni un solo trozo de aquel dulce rojo ¡Joder! Comenzaba a gustarle eso de ser rey ¡Y a quien no le gustaría! Jones se sorprendería si supiese que su futura Reina pensaba de una forma totalmente diferente a la de él.
.
.
.
.
Finalmente, Alfred consiguió poner sus pies enNevtray cerca de las diez de la mañana. Ahora, siendo las once,finalmente se encontraba rodeado por los inmensos jardines querodeaban al castillo del Reino de Espadas. La propiedad debía serenorme. Edificios por todos lados, bosques enteros que hacían de jardín, casas secundarias para los empleados e incluso para mascotas ¡Y eso era solamente lo que había alcanzado a ver desde la entrada hasta la gigantesca puerta azulada que le daba la bienvenida!
Más hombres de negro lo recibieron. Pero ahora, al frente de estos estaba -lo que parecía ser- un hombre de largo cabello castaño que llevaba atado a una coleta baja y que era decorado por un sombrero morado que tenía dos adornos: una pica dorada de lado y una pluma azul celeste en la puntiaguda terminación de este. Sus ojos eran del mismo tono que su cabello, pequeños y algo rasgados. Su traje le hacía dudar nuevamente ¿Hombre o mujer?Llevaba una especie de falda blanca cuyo comienzo estaba oculto por una camisa morada con picas doradas de un aspecto algo extraño y cuyo final lo marcaban una especie de pantalones azules. ¿Tal vez era su reina? Sería muy extraño preguntarle su sexo.
-Bienvenido sea, su majestad. Mi nombre es Yao Wang, seré su Jack, aru.-misterio resuelto, era hombre. Su voz le decía claramente eso además de su nombre masculino.
-Así que te llamas Yao. Mi nombre es Alfred Frederick Jones.
-Espero poder servirle adecuadamente a usted y a la Reina,aru. Pero antes de eso, debemos comprobar su marca y aprovechando que la Reina ya nos honra con su presencia, le pediremos que nos ayude a verificar si es el verdadero rey, aru.
-¡Esta bien! Estoy ansioso por que es una chica muy linda y amable.
-Sobre eso, su majestad, debería saber que la Reina es...
-Señor Yao, la Reina ya esta en la sala de espera tal como le había indicado.
Uno de los hombres de negro le susurró al Jack. Este asintió y dirigió nuevamente su mirada hacia su Rey,hizo una leve reverencia para después guiarle el camino.
-Yao ¿que ibas a decir sobre la Reina?
-Oh, va a conocerle ahora, aru. Ciertamente es una persona muy capacitada, a pesar de llegar desde el hospital,ha estado aprendiendo sobre sus deberes durante la mañana y sobre el funcionamiento de palacio, aru. No hubiésemos podido pedir mejor persona para ocupar su puesto considerando que es parte de los...Ya hemos llegado, dejemos las presentaciones para cuando se conozcan,aru.
Yao llamó con golpes suaves a la puerta y tras eso se deslizó en el interior, dándole paso a Alfred. Este entró con una sonrisa amable, las primeras impresiones eran importantes y sobretodo si vas a conocer a la persona a la que estarás unido casi de por vida, pero esta pasó a una mueca de sorpresa mezclada con descontento al ver a quien estaba sentado allí.
-Esto debe ser una broma de mal gusto.
Alfred alcanzó a oír aquel susurro lleno de rencor y desesperanza que soltó el rubio propietario de aquellas esmeraldas desafiantes: Arthur Kirkland. Nada más ni nada menos que aquel chico con quien menos quería encontrarse en esos momentos.¡Joder, se había decidido a olvidar sus días de matón!
-Ciertamente, no esperaba encontrarte aquí,Arthur Kirkland. Tampoco sabía que eras una mujer.- eso hizo que la sangre de Arthur hirviese ¡Estaba harto! Ya le gustaba poco laidea de ser ''la Reina'' para que viniese Jones con esas palabras que ahora quería meterle por un lugar que no ve la luz del sol.
-O eres idiota o sabes muy poco de la historia de tu país. Aunque creo que serán ambas. Primero, no soy una mujer; soy un hombre.
-¿Entonces tienes fetiches extraños con travestirte?
-Confirmamos que son ambos. Segundo,deberías saber que el cargo de Reina lo pueden ocupar tanto hombres como mujeres y especialmente, en Espadas, es bastante común que sean hombres. Tercero, dudo que seas el Rey de Espadas; no tienes nada bueno que aportar a este país.
Yao se mantenía estático, aún sosteniendo el pomo de la puerta por la que habían entrado. Pensaba que sería bueno si los reyes se conocían, pero, nunca se planteó que estos pudiesen odiarse. Podía sentir la tensión que envolvía a todos en la sala.
-Ja, tendrás que tragarte esas palabras,Kirkland.-en un rápido movimiento se levanto su camiseta mostrando la marca en su pecho. Sus ojos aún chocaban con los esmeraldas de Arthur hasta que este miró la marca para después mostrar impresión, después rabia y, finalmente, resignación.
-Yao, él es el rey indiscutible.-admitió y sus manos se aferraron con fuerza a ellas mismas. Sus palmas comenzaban a dolerle. Arthur maldijo a su jodida suerte y a su maldito destino.
-¿Cómo puedes decirlo con tanta facilidad,aru?
-Es la marca de la primera generación, es imposible que alguien la recree. Porque las oraciones grabadas en las espadas, son los deseos que pidió el primer Rey en favor de su Reina. Sólo unos pocos conocemos ese lenguaje antiguo y aún menos, sabemos cuales son las peticiones que se hizo a él mismo el primer Rey.
-le explicó con lujo de detalles dándoles la espalda al Rey y al Jack. Aún así, sus manos eran perfectamente visibles para Alfred. Rojas, casi en sangre.
-Entonces ¿sabes lo que dicen, Kirkland? Me han llamado la atención cuando las he visto.
-Sí, pero no pienso decírtelo.
-No tientes a tu suerte. Sabes que estoy siendo amable, así que solo desembucha antes de que ocurra algo delo que te arrepientas.
-¿Estas seguro de amenazarme aquí? Tal vez tu seas el Rey, pero yo soy la Reina y si por alguna razón me pusieses una mano encima, podrías perder tu cargo. Aunque creo que eso sería una ventaja para mi. Se acabo, Jones. Esto no es la preparatoria, así que madura. Aquí las cosas no se resuelven a base de peleas, insultos o ahogando personas. Perdiste tu oportunidad,bienvenido a mi territorio.
Arthur lo miraba de reojo pero con intensidad, demostrándole que no le tenía miedo. No era lo mismo ir por calles oscuras que estar en un palacio lleno de cámaras, tampoco iba a dejar que Jones le arruinase la vida. Sus planes de alejarse de él habían quedado destruidos justo cuando le vio entrar por esa puerta, así que no permitiría que las cosas siguiesen igual. Se había resignado durante sus tres años de preparatoria porque justamente eran eso: Solo tres años. Pero ahora tenía que soportarlo por el resto de su jodida vida y no iba a dejarse dominar. Además, para él, el castigo que se autoimpuso debía acabarse ya.
-¿Tu territorio? No me hagas reír. Ni siquiera debes conocer el palacio por completo y solo llevas unas horas más que yo. Puedes dormir tranquilo, pequeño Kirkland, tendré compasión de ti y ignoraré tu existencia.
-¡Deténganse los dos, aru!
Ambos miraron al Jack en el instante en que este detuvo aquella discusión que a ninguna parte los llevaría.
-Son lo reyes de Espadas, aru. Deben comportarse como se debe y, obviamente ¡no pueden andar ignorándose!Su majestad Alfred, como ha dicho la Reina..
-Agradecería que no me llamases más Reina,Yao.
-Esta bien, aru. Como decía, tal como comentó su majestad Arthur no puede amenazarle ni causarle daño. La primera misión del rey, antes que guiar al país es proteger a su Reina. Y obviamente dormirá tranquilo, ya que usted se encargará de eso: El Rey y la Reina tienen la obligación de dormir juntos en el dormitorio real,aru.
-¿¡Q..q..qu...?!-Arthur parecía querer tirarse por la primera ventana que encontrase, para su desgracia, estaban en una planta baja. ¡No podía creerlo! ¿¡Tenía que dormir con quien casi lo mataba hace unos días!?
-Así es, su majestad Arthur. Es una norma que impuso la primera Reina pero que esta prohibido revelar incluso a los Kirkland a no ser que lleguen aquí como usted.
-¿No es suficiente con tener que darle mi energía que también tengo que jugarme el cuello por las noches?
-¿Darme tu energía? ¿De que hablas Kirkland?
Arthur y Yao se quedaron mudos. No habían considerado que su rey -a diferencia de ellos- no sabía ni la mitad del funcionamiento de la realeza. ¿Como explicarle a Alfred Jones que lo reyes no podían vivir sin la energía de sus reinas? Yao se planteaba el como decirle, que ahora era totalmente dependiente de Arthur Kirkland en esos momentos y durante el resto de su vida.
-Voy a retirarme a mi habitación. El sastre está por venir.
-Antes quiero saber una cosa, ¿que pone en las espadas de la marca del Rey?
-Yao, eso es algo que no puedo revelarle a Jones en este momento. En cada oración, el Primo Rey puso una imposición para él y ambas serían transmitidas a sus mismo, ni Jones ni yo podemos cargar con el peso de esas oraciones porque representan el irrompible lazo y amor que unía al Primo Rey y a la Reina Original. Así que, Jones, como no voy a reconocerte y mucho menos amarte, nunca llegarás a saber aquello que tú mismo llevas gravado en el pecho.
No contestó. Arthur salió de la habitación sin siquiera despedirse de nadie, solo pidiendo unas disculpas que por educación había dado. Yao se puso al lado de su rey, mirándolo de reojo.
-Parecen tener una relación complicada,aru.
-Demasiado. Pero más que complicada, es irritante.
-No parecía que le disgustase que la Reina le plantase cara, aru.
-Se puede decir que estoy acostumbrado a que lo haga y que me gustan más los retos difíciles. Conseguiré que se arrodillé frente a mi, pidiéndome que le ame. Ya que no puedo hacerle daño físico, haré que no pueda vivir sin mí y después,lo abandonaré.
-¿Y si resulta que es usted el que no puede vivir sin él para entonces, aru?
-Eso es imposible. No hay nada que pueda atraerme de él. Es todo lo contrario a mi tipo. Además, odio a las personas como él.
-¿Personas como él?
-Personas ricas que no tienen que preocuparse por nada en esta vida, con un futuro garantizado aún si decidiesen no hacer nada y que no han tenido que ver como alguien moría frente a sus ojos sin poder hacer nada.-el rencor rodeaba cada palabra que Jones escupía con enfado. Yao se sintió levemente intimidado pero debía enseñarle una lección vital al nuevo Rey.
-Creo que la Reina tiene razón. No sabe nada sobre la historia de su país, aru.
-¿A que viene eso? ¿Qué tiene que ver con lo que te estoy diciendo?
-Porque entonces sabría que su majestad Arthur no cumple con ninguno de los puntos que odia de una ''persona rica'', aru. Simplemente escuchar Kirkland ya es suficiente. No conozco la situación de la Reina ni su pasado. Pero su mirada me dice que ha sido un Kirkland en todas las cosas que llevar este apellido conlleva ,aru.
-Sigo sin entender que me quieres , la historia me da igual. Yo soy más de números que de letras. (1)
-Venga conmigo, le mostraré un lugar interesante donde aprender un pedacito de la historia y de los Kirkland,aru.- abrió la puerta por la que segundos antes había salido Arthur, dándole paso primero a Alfred. Una vez fuera de esa sala, observó un largo pasillo que se dividía en múltiples otros a lo largo de su extensión y sin rastro de su Reina por ningún sitio. Aunque Jones ya conocía lo escurridizo que podía llegar a ser.
-La verdad, no me interesa ni lo uno ni lo otro.- acabó respondiendo,mintiendo levemente. Le interesaba saber bastantes cosas. Odiaba que el sabelotodo de Kirkland pudiese echarle en cara que él era más apropiado como soberano por conocer más que nadie en ese lugar,porque esa es la impresión que le daba ya que ni siquiera Yao podía descifrar el código de letras y palabras en su pecho y Kirkland sí.
-Debe saber de la historia, ya que es el nuevo Rey de Espadas y también debe conocer a la persona que permanecerá a su lado y que le proveerá de la energía que necesita,aru.
-Antes habéis dicho algo parecido, ¿que queríais decir con eso? No pienso aceptar nada que venga de Kirkland.
-Deberá hacerlo, majestad. Ahora mismo ni usted puede vivir sin él, ni él puede vivir sin usted. A eso lo llamamos compatibilidad de almas,aru.
-¿Compatibles? ¿Quienes? ¿Kirkland y yo?-una sonrisa llena de escepticismo hizo presencia en el rostro de Alfred. Y, obviamente,cualquiera que los conociese y oyese tal disparate compartiría la misma expresión que el Rey.
-Aunque no lo parezca. Sus destinos estaban unidos, probablemente desde antes de que se conociesen o que naciesen. Se hace creer que el Reloj elije al azar entre millones de personas pero solo unos pocos tienen realmente posibilidades, aru. Sinceramente, usted es una sorpresa. No nos extraña tener a su majestad Arthur, estaba entre las opciones más factibles que realizó el antiguo Jack; pero usted, ni siquiera estaba en nuestras especulaciones.
Durante aquella charla -que Jones no se esforzó en entender-, caminaban a través de largos y entrecruzados pasillos que parecían no tener fin. Alfred apostaba a que si lo dejaban solo se perdería tal como si estuviese en un laberinto.
-En pocas palabras, ¿Kirkland tiene razón en que no valgo para rey?- admitirlo le hizo hervir la sangre y que unas inmensas ganas de golpear a algo o alguien le entrasen de repente.
-No. Debe de estar equivocado,aru. El Reloj no elije al azar, busca algo especifico. Como ya le he dicho, busca personas con alta compatibilidad de almas. Usted debe tener algo que la Reina ni nadie más puede aportar a Espadas. Mi primera impresión es que usted es la vida, felicidad e impulsividad; mientras que su majestad Arthur es la seriedad, el raciocinio y la responsabilidad,aru. Son completamente opuestos pero eso los hace compatibles, usted aporta lo que le falta a la Reina y él es el encargado de controlar aquello que esta fuera de su alcance.
-Hablas como si te lo hubieses sacado de algún libro antiguo, Yao.
Aunque dijese todo aquello, Alfred dudaba que algún día Kirkland y él pudiesen entenderse de la forma en que Yao lo suponía. Eran demasiado opuestos y se odiaban, aunque Jones sabía que eso era en gran parte su culpa pero tampoco le importaba.
-Ya llegamos-pareció ignorar el comentario sobre su extraña forma de hablar y abrió con cuidado la puerta, era diferente a las demás. Era de madera pintada en azul y con extraños símbolos que eran decorados por picas y engranajes.-Esta sala la pidieron construir los primeros reyes, así que se podría considerar una de las mayores antigüedades de Espadas. En ella están todos y cada uno de los retratos de aquellos que alguna vez portaron su mismo cargo.-pasaron dentro y un ambiente distinto parecía rodear la estancia. No había polvo pero Alfred llegaba a ver microscópicas partículas brillantes que los retratos se alineaban en filas a lo largo de las paredes, algo llamó su atención y Yao pareció leerle la mente.-Parece que algo despertó su curiosidad, aru.
-Hay más reinas que reyes ¿Por qué?
-Creo que es capaz de descubrirlo por usted mismo si presta atención, aru.
Alfred caminó hasta el primer retrato, el más grande. En él estaba la Reina Original, se sorprendió al notar el increíble parecido que compartía con Kirkland, ojos verdes de un tono indescriptible y cabello rubio ceniza corto. Eso lo llevó a ver el nombre que estaba grabado bajo el cuadro. ''Asahina Kirkland'' se podía leer claramente en una letra con decoraciones sutiles. Miró las fechas en las que reinó: ''1100- 1130''. Así que de ahí intentó sacar algo sobre los Kirkland, ya que Yao le había dicho que ahí comprendería más sobre esa familia de renombre.
-Le daré una pista, su majestad. Las fechas inscritas debajo de cada cuadro, no son los periodos de reinado; sino, el tiempo que vivió esa persona.
Seguía sin entender nada. No sabía mucho de historia, pero era obvio que en aquellos tiempos la gente moría muy joven por la falta de medicinas y la gran creencia en ó el siguiente cuadro, de nuevo unos ojos verdes y un cabello rubio ceniza lo recibieron. Esta vez, tenía el pelo largo y unos rasgos femeninos diferentes a la anterior persona. Su nombre era: ''Alison Kirkland'' y su vida era tan corta como la de su antepasado:''1122- 1152''.
-¿Esta chica es hija de la primera reina?
-Sí, de él y el Primo Rey.
Así que su teoría era correcta, entonces el trono había estado en manos de los Kirkland durante mucho tiempo...Un momento ¿había dicho él y el Primo Rey?
-Yao, has dicho él ¿No sería ella? Tengo entendido que la Reina Original fue una mujer.
-Así lo narran los libros, la verdad puede ser diferente, aru. Yo también me sorprendí cuando me lo contaron al llegar a palacio. No conozco a ciencia cierta la historia de la primera Reina pero sí que me dijeron que Asahina Kirkland tuvo que ocultar su sexo durante gran parte de su vida. Si tienes curiosidad estoy casi seguro de que su majestad Arthur debe saber la historia completa, aru.
-¿Cómo demonios tuvieron hijos si ambos eran hombres?
-Magia, supongo. Los Kirkland son magos realmente talentosos, aru.
Alfred comenzaba a marearse. Parecía estar escuchando un cuento de hadas o leyendo un libro completamente fantasioso ¿Quien demonios creía en magia en aquellos tiempos?Todos sabían que cada mago de renombre tenía su truco para hacer parecer real lo irreal. Decidió continuar mirando cuadros,saltándose varias generaciones llenas de Kirkland -solo unas tres o cuatro veces había visto un apellido diferente- hasta llegar al año 1910. ''Anthoni Kirkland'', este tenía los mismos ojos verdes que parecían ser un rasgo familiar imperturbable, distinto del cabello ya que este chico lo tenía moreno tirando a rubio oscuro. Nacido en 1910, murió en 1940. Otra vez treinta años. Miró la siguiente Reina que también era una Kirkland y observó la fecha inscrita:''1933- 1963''
¡Era imposible! No podía ser que en esa época aún viviesen solamente treinta años. Pasó a ver a los reyes con bastante prisa, sentía que estaba cerca de resolver el misterio y así lo hizo solo con mirar la fecha de aquel que coincidía más o menos con el tal Anthoni: ''1909- 1989''
-Yao, este hombre, ¿puede ser que tuviesemás de una reina?
-Parece que lo ha descubierto. Por cada Rey,cuya primera Reina ha sido parte de los Kirkland, han tenido dos o más reinas, exceptuando al primero, aru.
-Todos mueren después de treinta años ¿Porqué?
-Sólo se la historia a pequeños rasgos, pero se dice que la Reina Original vendió su alma con tal de conseguir más energía y poder, acortando así su vida y esto se volvió hereditario. Cada Kirkland que ha pisado este palacio ha vivido treinta años, nada más, nada menos; a cambio, poseen grandes poderes sobrenaturales, aru. Esto los lleva a tener un derecho especial a formar parte de la realeza. El Reloj los busca ya que su energía es muy conveniente para cualquier rey.
Era cruel. A pesar de que ambos estaban hablando de aquello tranquilamente, Alfred sentía que aquello era una gran injusticia. Kirkland no había pedido el poder y tampoco el ser reina y aún así debía acatar su destino como si de una simple marioneta se tratase. Pero Jones no podía aceptar que había estado equivocado, que durante tres años se desquitó con alguien que no lo merecía.
-¿Puede que esto haya sido de utilidad para que cambie su opinión sobre la Reina, aru?
No contestó. No quería permanecer más en aquella sala. Le hacía sentirse un idiota infantil y superficial. En esos momentos estaba cabreado, con él mismo, con Kirkland, con Yao,con la Reina Original, con su hermano pequeño.. Ahora se preguntaba qué pasaba en su cabeza cuando le prometió a su hermano cuidar de la Reina. Ah, claro. Nunca se le podría haber ocurrido que SU Reina fuese Arthur Kirkland.
Yao no forzó más la conversación, sabía que su Rey estaba concentrado en sus pensamientos. Tanto como para no darse cuenta del nombre del Primo Rey. Simplemente abrió la puerta y para su suerte, Alfred -aun perdido en sus pensamientos- salió de esta y lo siguió. El silencio reinó entre ambos durante gran parte del camino. El Jack pidió al Reloj que las cavilaciones del Rey tuviesen un resultado conmovedor...Necesitaba aliviar la tensión entre los nuevos soberanos a fin de evitarse un mal rato cuando les contase acerca de cómo se compartía energía -aunque la Reina ya lo sabía- y sobre su futura pero pronta boda.
.
.
.
.
Arthur suspiraba aliviado. Finalmente había terminado con la preparación de su traje real. Habían estado cerca de cuatro interminables horas tomando medidas, eligiendo colores -que desde su punto de vista poco derivaban del azul y el morado- y creando el traje que el sastre consideró que era perfecto, tras muchos intentos que aunque para Arthur estaban bien, para el joven que los hacía no eran suficientemente dignos para que los hizo que Kirkland se avergonzase.
-Sinceramente, creo que no podría ser más perfecto, su majestad. Es de mis mejores trabajos.
-Gracias, señor Feliks. Agradezco el gran esfuerzo que puso en hacer este traje especialmente para mí.
-Osea, no es necesario que me des las gracias. Es el sueño de cualquier diseñador aquí en Espadas el poder hacer el traje de la Reina. Y no me llames señor, me hace ver como si fuese un viejo feo y arrugado.
-Esta bien, supongo. Aunque realmente me gusta tu trabajo. Incluso todos aquellos intentos que has hecho se adecuan a mi estilo.
-Sería un cero como estilista si no supiese que estilos les gustan a mis clientes ¿sabes?
-Ya veo...Debe ser difícil- Arthur no sabía muy bien como hablar con aquel extraño hombre, su acento extraño y afeminado lo hacía sentir un poco fuera de lugar junto a su poco conocimiento sobre la moda o el diseño. Ni siquiera estaba seguro de poder describir aquello que llevaba ahora mismo ás, Feliks era bastante peculiar. Nacido en Tréboles, adoptado por una familia famosa de sastres de Espadas y con ropa que parecía sacada del Reino de Corazones por sus tonos rosados y rojos. Y todo ello, lo sabía porque este se lo había narrado mientras hacía su traje. Intentaba recordar algún momento en que hubiesen estado en silencio, pero era imposible.
Un par de golpes en la puerta interrumpieron la flamante contestación que de seguro Feliks había preparado. Yao entró en la puerta junto con Jones. A Arthur se le vino el mundo encima de nuevo, había tratado de dejar la aceptación de su actual situación para más tarde. Aunque la seriedad que veía ahora en el Rey le sorprendió y al mismo tiempo le causó temor ¡A saber que tramaba ahora!
-Su majestad, me alegra ver que ya ha terminado,aru. Feliks ¿podrías ocuparte ahora del Rey?
-Osea, sin problema. Su diseño ya lo tengo pensado así que tardare poquito.
Arthur se acercó al Jack. Cambiando así posiciones con Alfred quien estaba a punto de meterse en el mundo del sastre. Si pudiese, se quedaría viendo como este sufría de la hiperactividad del diseñador pero Yao le dijo que saliesen de allí para hablar más tranquilamente.
-Me disculpo por mi actitud antes, Yao. Sé que perdí la compostura en la sala de espera. Siento haber causado problemas pero aún me cuesta aceptar que justamente Jones sea el Rey.
-¿Por qué? No parece mala persona ni nada parecido,aru.
-No es mala persona si no eres yo, Yao. Me odia desde que me conoció y me ha hecho pasar experiencias horribles. No es algo que pueda perdonarle fácilmente. -ambos caminaban tranquilamente por los pasillos. Arthur sentía que podía confiar en su Jack -obviamente, más de lo que pudiese llegar a confiar en Jones- y eso le sentó bastante bien.
-¿Tan horribles han sido las cosas entre ustedes dos,aru?- El Jack abrió la puerta de una estancia que ya le había mostrado a la Reina esa mañana: La segunda Biblioteca. Arthur había quedado encantado con ella al ver la gran cantidad de libros antiguos en esta, Yao se preguntó entonces cuál sería su reacción al visitar la principal.
-Me ha puesto varias veces al borde de la muerte, con eso te debería bastar. También es la razón por la que estaba en el hospital.-suspiró con pesadez aunque el nuevo ambiente le alegraba levemente. Avanzaron hasta llegar a los grandes ventanales que separaban las estanterías de libros con el rellano que daba al jardín -donde había una mesa que permitían disfrutar de la lectura acompañado de la fresca brisa y el olor a flores-.
-No esperaba que fuese hasta tal extremo, su majestad.
-Yao, eres la primera persona a la que le cuento esto por lo que estoy poniendo mi confianza en tus manos. Así que, por favor, tutéame.-pidió mientras ambos se sentaban en las sillas adjuntas a la mesa y Yao le pedía a uno de los tantos empleados que trajese algo de té para beber.
-No sé si eso sea correcto,aru.
-Por favor. ¿Sabes? Nunca he tenido un amigo (2). Bueno, sí tuve uno, creo, no lo recuerdo , a lo que iba es que me gustaría no ser tan sólo Reina y Jack, y estaría bien tener alguien a quien considerar como un amigo.
-Ahora me hará sentir mal si le digo que no debo tutearle,aru.- una leve risa salió de sus labios a la vez que extendía su mano hacia Arthur.- ¿Sabes? No es necesario pedirle a alguien que sea tu amigo, simplemente surge. Espero que nos llevemos bien, Arthur.
-Lo mismo digo, Yao. Y recordaré eso,aunque no creo que pueda ponerlo en práctica muy a menudo.-Arthur se sentía feliz en esos instantes y estrechó la mano del Jack. No le importaba Jones, ni la realeza en esos momentos. Para él, el haber hecho un amigo en tal ambiente hostil, le parecía increí cabía la posibilidad de que Yao lo hiciese solo por compasión a un niño que no tenía amigos.
-Si te digo la verdad, no sabía muy bien como trataros a ti y al Rey cuando llegaseis. Mi marca apareció de forma extraña hace dos días y desde entonces, el antiguo Jack me había estado ayudando a preparar las cosas y aprender de tantas otras, aru. Todo era tan rígido y formal que me sentí incapaz de poder servir con tan solo veintidós años a los reyes de Espadas; así que cuando vi esta madrugada que eras más joven que yo, me alegré,aru . Pero al verte entrar tan serio y enterarme de tu nombre, me sentí de nuevo presionado.
-Esta bien. Entré serio porque estaba seguro de que era la única persona en este reino que odiaba la idea de ser parte de la realeza. Debes saberlo ¿cierto? Los Kirkland somos como una especie de imán de las marcas y desde pequeño fui entrenado para convertirme en esto; odiaba y odio la idea de que decidan mi destino y me sentía completamente destrozado. Aún me es difícil aceptarlo.
-¿Te entrenaron para ser Reina,aru?-sorprendido por la nueva información, Yao pensaba en la extraña infancia que debió tener su nuevo amigo. Entrenando y sin amigos.
-Sí. Es una tradición familiar. Al nacer,nos hacen una especie de examen. Obviamente, no se trata de nada teórico ya que ni hablar sabemos aún pero nos dividen en ramas según la categoría mágica y energética. Si quedas en la primera rama, eres un posible candidato a ser ''la Reina'' y te separan de tus padres y hermanos para entrenarte durante unos tres años en cuanto a comportamiento y disciplina. Una vez consigues volver con tus padres,tienes grandes restricciones. Te pasas casi todo el día estudiando y no puedes salir de la propiedad; te encarcelan. Y así te mantienes apartado del mundo.
El Jack estaba estático, sorprendido por la naturalidad con la que Arthur narraba una infancia tan cruel. Yao también provenía de una familia adinerada, eso le había llevado atener bastantes responsabilidades desde joven, pero sus padres o abuelos nunca le negaron el tener amigos o el no salir de casa. Dentro de lo que cabía, tuvo una infancia bastante normal, sobre todo si la comparaba con la de Kirkland.
-Entonces, ¿por eso dijo...dijiste que nunca tuviste amigos? No te dejaron,aru.-Arthur dejó escapar una sonrisa traviesa ante ese pequeño error que al instante se autocorrigió el Jack.
-Bueno, creo que sí que tuve uno.
-¿Cree?
-No lo puedo recordar bien. Mi madre me lo confesó: que el jefe familiar me borró la memoria para que no me acordase de esa persona, que yo accedí a cambio de que no lo matasen porque le había dicho cosas demasiado importantes. Así, él también se olvidaría de mi. Aún así, espero recordarle algún día porque muchas veces sueño de alguien a quien no conozco pero que es realmente especial y me hace sentir muy feliz. Aunque digo alguien, en realidad es solo una silueta irreconocible. Pero, ¡dejémonos de historias tristes!-Yao pudo notar que Kirkland no estaba completamente cómodo con ese tema. Bueno, era normal. A nadie le gustaría saber que tuvo a alguien querido y que le obligaron a olvidarle.- Por cierto, antes Jones estaba muy serio ¿Sabes que le tiene así? Odio admitirlo pero temo que este tramando algo. No me hace gracia el tener que dormir con alguien que me podría fácilmente ahogar con la almohada.
-No creo que lo haga,aru . Creo que está recapacitando un poco.-una sonrisa apareció en su rostro al saber que poco a poco estaba llevando a cabo su plan.
-¿Recapacitando sobre que?-Arthur levantó la ceja. Le resultaba incomprensible que Jones estuviese recapacitando con lo cabeza hueca que era. Seguramente solo le dolía el estomago o algo así y pretendía hacerse el interesante.
-Sobre ti. Se topó con información interesante en la sala de los Retratos y desde entonces esta así,aru.
-No me digas que le dijiste acerca de los treinta años, Yao.-la simple idea de que alguien conociese el hecho le gustaba poco. Siempre que la gente se enteraba lo trataba como si tuviese alguna enfermedad terminal -aunque no era muy diferente si lo ponía así- y le miraban con lastima; por eso vivía ocultándolo.
-No lo hice. Él lo descubrió,aru.
-Con lo idiota que es, se necesitaría un milagro para que lo descubriese. Así que, dudo que en unas tres horas lo haya podido descubrir por si mismo.-acusó con cansancio.
-Tal vez le di una pista,aru . Que las fechas inscritas eran el tiempo de vida de cada persona y no, su reinado.
-¿Solo eso?- comenzaba a plantearse el que Jones no fuese un simple idiota y que solo aparentase serlo. Si así era, se merecía un premio por sus dotes de actor.
Yao asintió. No estaba mintiendo, solo le había dicho eso y el Rey se había pasado la mañana dándole vueltas al asunto. Incluso ahora debería estar pensándolo, o mejor aún, debía estar pensando en como enfrentar a Arthur sabiendo que él se había equivocado y le había acosado sin razones que ahora le convencieran.
Un sirviente les trajo el té recién hecho, lo sirvió en dos tazas deleitando los alrededores con el ligero pero agradable olor que desprendía. Tras eso, se retiró con una reverencia. Yao conoció otra parte de Arthur, sus ojos parecían brillar al degustar aquel té y eso era una obvia forma de demostrar que le gustaba.
-Arthur, ya se lo he preguntado al Rey y ahora que recuerdo a ti también debo proponértelo: ¿Tienes algún familiar que se tenga que mudar a palacio?
-Para nada. Supongo que eso te quita algo de trabajo.
-Bastante, si te soy sincero. Pero no te contengas por no causarme problemas.
-Soy más egoísta que eso, Yao. Si tuviese alguien a quien traer te lo hubiese dicho.
-Esta bien.
Ambos dejaron de hablar. Disfrutaron del té al tiempo que el sol parecía brillar con más fuerza, secando las gotas de rocío que las pequeñas flores que los rodeaban mantenían en sus hojas y pétalos. No era un ambiente tenso, más bien, actuó como un relajante para los dos.
Arthur sentía que había dicho demasiado sobre él, acababa de conocer a Yao y le había confiado demasiadas cosas;pero no se sentía incómodo con que lo supiese, tal vez eso necesitó durante mucho tiempo: Alguien que lo escuchase. Fijó su mirada en una flor de pétalos rosados que estaba en un terraplén. En una de sus hojas, con mirada juguetona y traviesa, descansaba una pequeña hada; hacía tanto tiempo que no había visto a una...
Mientras tanto Yao se puso una firme meta. Su Reina había tenido un gran valor para decirle todas aquellas cosas y aunque aparentase tranquilidad, el Jack estaba seguro que aquellas situaciones y experiencias habían sido una pequeña pero dolorosa espina en el corazón de Arthur. Había simpatizado con él y eso solo haría que se esforzase más en conseguir que ambos soberanos se llevasen bien de alguna forma. No quería organizar una boda vacía,obligatoria y fría; necesitaba saber que no estaba condenando a su nuevo amigo a una deseada muerte prematura tras una vida sin felicidad.
Y ajeno a la conversación de Kirkland y Yao, estaba un pensativo Jones. Intentando descubrir alguna razón para seguir odiando a su futuro ''esposo''. Él poco sabía de que pronto tendría que renunciar al odio, quedando atrapado en unas esmeraldas brillantes y a la vez oscuras. Pero, aún no era el momento. Aún sentía un incoherente rencor por Kirkland aunque cada vez se sentía más estúpido por mantenerlo, sabiendo que el Jack tenía razón en su conversación durante el paseó hasta la actual habitación en la que estaba: no debía juzgar a un libro por su portada. No podía acusar a cualquier persona con riquezas y empezar una pelea.
El rey
comenzaba ha madurar
y ese estado de adultez lo llevaría a balancearse
entre la bendición de ser un buen Rey
y
la maldición de dejarse llevar por las ataduras que lo unirían a su Reina
y sufrir el paso del tiempo,
que nuevamente buscaría arrebatarle un pedazo de su corazón...Sin compasión alguna.
En estos instantes,
nadie se imaginaría
que el tiempo hasta el límite,
había comenzado a correr.
. . . . . . . . . .
Aclaraciones
(1) ser más de números que de letras: Nose si esta expresión se utilice en otros países por lo que añadouna aclaración de lo que quiere decir. Alfred se refiere a que éles más bueno en ciencias y matemáticas que en lenguas, historia yliteratura.
(2)Tal vez a alguien se le ocurra que Arthur se equivocó al decir que ''Nunca tuvo un amigo'' ya que Lukas lo es. Pero ni Arthur ni el propio Lukas están seguros deeso ya que solo han hablado una vez y Mathias ha sido el que les hapasado el número del otro. Así que desde mi opinión, sí que sonamigos pero desde la de Arthur y Lukas aún no lo son.
Hola a todos y a todas, aquí la continuación del fanfic.
Cada vez recibo más comentarios y votos lo que me hace increíblemente feliz. Muchas gracias.
Primero, quería aclarar que el ''Primer día'' no ha acabado. Decidí separarlo en Primer día y Primera noche ya que se me hacía muy largo (este capítulo tiene el doble de palabras que el anterior) y tardaría demasiado en actualizar. Además este capítulo, resulta bastante interesante, revelando pequeños y importantes detalles sobre Arthur y sobre su vida pero esto aún no ha acabado, aún guarda muchas cosas y no solo él.
Segundo, el pequeño trozo al final es una especie de introducción que os he dejado a especie de introducción a lo que realmente ocurrirá. También es para poner un poco de suspense.
Tercero, si habéis visto al principio he puesto una especie de norma. Iré poniendo citas, normas, artículos o trozos de algún libro al inicio para que conozcáis un poco del Reino de Espadas que esta en mi mente.
Cuarto y último punto: ¡Espero que hayáis disfrutado del capítulo y esperéis el siguiente! La primera noche será tan reveladora como el día. La fiesta real para llevar a cabo la presentación de los reyes será el acontecimiento principal.
Agradecimientos:
Hobbel-san: Finalmente se han dado cuenta de que son el Rey y la Reina de Espadas. Ninguno quiere aceptar al otro. Me hiciste muy feliz al decir que te alegras de ver un capítulo mío jeje. Arthur y Lukas son geniales juntos XD Un par de tsunderes nunca van mal y yo también me reí al escribir el odio de Arthur por Francis XD Son incorregibles estos dos jaja. Gracias por comentar
PitchBL: No sé quien pudo elegirlo, ¿tal vez viene de fábrica? Jajaja pero realmente si lo imaginamos en la realidad sería graciosísimo XD Un avión rosado descendiendo de entre las nuves jaja Y bueno, tienes razón. Si se odian da un poco que igual, pero lo gracioso es ver la sorpresa que se llevan al verse allí -y las ganas de matarse XD- Gracias por comentar
Gatita Pervertida X3: Alfred confundido a domicilio para ti jajaja Esta que se sube por las paredes por no saber que hacer, pensar o actuar XD Y me alagas al amarme a mi y a mi fic. No esperaba que gustase tanto como para que revises si actualizo. Siento haber tardado jeje Pero lo he hecho más largo en compensación. Gracias por comentar.
Bueno, hasta aquí todos los agradecimientos.
Hasta el próximo capítulo. Bye~
