¡Volví!
Les traigo el nuevo Cap de Condena, es bastante intenso y espero que les guste.
Besos y hasta la próxima.
Disclaimer: Los personajes son de Meyer, la trama es mía.
¡Gracias por el Beteo Cony!
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Capítulo 4.
Una muerte con otra.
Bella estaba ahora en una terrible situación, ahora aparte de rehuirle a Victoria, debía de hacer lo mismo con Jessica, ambas cosas resultaban difíciles dado que compartía celda con Jessica y ésta mantenía una relación con Victoria.
Faltaba muy poco para que la hora de regresar a las celdas se cumpliera, Bella había pasado todo el día en la biblioteca del plantel. No era una biblioteca como tal, simplemente un espacio despejado y techado donde las reas podían sentarse en bancos largos y hojear algunas revistas o ejemplares que sus dueños abandonaban por estar viejos y mohosos, pensando que nadie podría quererlos; sin embargo, aquellos dueños se asombrarían al saber que más reas de lo imaginable tomaban sus desechados tomos y hasta los atesoraban.
Bella no acostumbraba a ir a ese lugar porque ya no le gustaba leer, había dejado de gustarle hacía ya algún tiempo. Pero se había sentido tan presionada por su compañera de celda y su amante, que se había refugiado allí.
La oficial que las cuidaba les indicó que debían marcharse a sus respectivas celdas, les indicó que podían llevarse las copias que habían tomado si se comprometían a devolverlas al día siguiente. Como Bella no llevaba ninguna copia con ella salió sin demorarse mucho, estaba segura o por lo menos esperaba que su celda se encontrara vacía.
Pero no tuvo suerte sino todo lo contrario, ya que encontró a Victoria y a Jessica en una función más explícita de la que habían protagonizado en la mañana, parecía que Jessica y Victoria no podían mantener las manos apartadas de la otra, o como en este caso, la pelirroja no le daba tregua a la entrepierna de la rubia.
—¡Oh Mi Dios! —gritó Bella de la impresión trastabillando hacia atrás.
Jessica se arqueó un poco apoyándose de sus codos, sus ojos estaban desorbitados y su rostro estaba sudoroso. —Hola hermosa…—jadeó y mordió su labio por un momento mientras soportaba la inclemencia de la pelirroja—, puedes…—respiró profundo—. ¿Puedes regresar… en… un rato? —Bella no salía de su asombro, ¿estaban haciendo eso ahí, donde cualquiera podía verlas? ¿Es que estaban locas?
Jessica, cuando vio que no se movía de la puerta, agregó con una media sonrisa. —¿Quieres unirte? —Victoria que no era ajena a la conversación, pero tampoco dejaba de lamerla, extendió su mano hacia atrás en una muda invitación, ese gesto fue más que suficiente para que Bella echara a andar sus pies y saliera como alma que lleva el diablo de aquella celda; logró escuchar el sonido de la risa jadeante de su compañera de celda.
Caminó sin detenerse hasta que llegó al patio, la mayoría estaba aún ahí haciendo ejercicio o hablando entre ellas o simplemente haciendo nada, apoyó una de las manos en la verja, respiró profundo tratando de sacarse la imagen de la cabeza.
Ella no era pura y ciertamente ya no era inocente, pero no le gustaba tener que ver en directo a dos personas intimando. Frunció los labios y una risa un tanto histérica se filtró por sus dientes juntos, la primera vez que había visto algo así había sido con James, él la había llevado a un hermoso local con la excusa de celebrar su primer aniversario de bodas, JJ había nacido ya y ella estaba por fin en forma y dispuesta para salir y pasarla bien, él la convenció sin mucho esfuerzo y le indicó que al final de la noche le daría una enorme sorpresa.
El local era todo lujo, habían bailado, reído y coqueteado, ella prefirió no beber, pero él no pensó igual, así que cuando ya los tragos habían pasado a un nivel superior en su sangre y se sentía flotar, él le indicó que quería mostrarle algo.
Bella asintió, emocionada y enamorada, sin pensar a lo que podía estar accediendo.
James la guió de la mano tras una cortina que ella no había visto, atravesaron algunos pasillos oscuros llenos de puertas que llevaban a lugares desconocidos, finalmente entraron en una de ellas y se encontraron un enorme lugar donde había una enorme cama.
Ella emocionada aceptó cuando él empezó a besarla, no puso objeción cuando empezó a bajar los tirantes de su vaporoso vestido, no dijo nada cuando sus labios empezaron a recorrer su piel como tantas otras veces lo había hecho, había algo emocionante y prohibido en hacer eso ahí que la excitación le hacía correr su sangre más rápido.
Su sujetador estuvo fuera y James la llevó al borde de la cama, se sentó y la haló hacia él, besándole el estómago, ella acariciaba su larga cabellera aún amarrada mientras cerraba los ojos presa de la excitación, un chasquido hizo que Bella parpadeara a la repentina luz brillante que la empezó a rodear.
Se fijó que el cuarto era redondo, rodeado de cortinas tupidas de un color vino tinto como el color que cubría la cama.
—Jimmy. —Bella aún tenía las manos en su cabello rubio y largo—. ¿Qué es este lugar?
Él no contestó, mordió la piel de su estómago haciéndola estremecerse, él empezó a bajarle las bragas, pero en vez de emocionarse sus dedos se tensaron en el cabello de él.
—Jimmy. —Pero ya su voz no era ronca y sensual. Era asustada, sus ojos estaban demás de abiertos cuando las cortinas que los rodeaban empezaban a deslizarse, dejando a la vista a algunas habitaciones donde parejas, tríos y hasta grupos estaban muy adelantados en lo que ellos estaban haciendo.
Eso la asustó, pero no tanto como los hombres y mujeres que tan solo estaban de pie, observándolos descaradamente. Sus manos salieron disparadas a sus senos, pero la tela de sus bragas se deslizaba por sus muslos cuando otro chasquido sonó haciendo que uno de los vidrios se transformara en puerta, su cuerpo entero se estremeció de terror cuando aquellos espectadores entraron a la misma habitación. Trató de alejarse de James, de advertirle que había intrusos con ellos, tropezó con sus bragas a nivel de sus tobillos, James la estabilizó tomándola por las caderas.
Bajó la mirada aterrada hacia su esposo, él sonreía arrogante y hasta con un toque sádico.
—Ya me he aburrido de venir solo aquí, esta es tu sorpresa.
Se colocó de pie y la tomó fuertemente por la cintura, estrellándola contra su pecho, Bella ligera como una pluma y demasiado asustada como para reaccionar, chocó con él, una de las intrusas se acercó a su esposo, besándolo profunda y grotescamente en la boca, Bella estaba en shock viendo desde demasiado cerca como su esposo le violaba la boca a otra mujer, tal era su asombro que no notó como otro hombre se le acercó y su piel se erizó de asco cuando le colocó una mano en la cadera.
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—¡Swan!
Parpadeó agradeciendo enormemente a quien fuera que la sacó de sus recuerdos, sintió humedad en las mejillas y rápidamente las secó con el dorso de su mano, quien la había llamado era una de las oficiales, Jane, para ser más específica.
—Dígame oficial.
—¿Crees que esto es un hotel? —preguntó con su habitual mal humor. Bella parpadeó sin entender y vio a su alrededor, ya no había nadie en el patio, era la única que quedaba por ahí, apresuró el paso y se acercó a la oficial, se le había pasado la hora de volver a su celda.
Jane esperaba con cara de amargada, cuando Bella pasó a su lado y empezó a caminar por el pasillo Jane la empujó por la espalda haciendo que trastabillara, como siempre Bella aguantó los maltratos y no se quejó, así que anduvo el resto del camino a su celda con empujones en su espalda.
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Cuando llegó a su celda agradeció que el espectáculo anterior se hubiera terminado, Jessica fumaba tranquilamente en la cama de arriba, Jane la terminó de empujar y cerró, dio unos toques en el metal para que el chirrido característico cerrara la puerta.
—Que sea la última vez que te quedas rezagada, Swan —dijo mientras la reja se desplazaba y las encerraba—, esto no es un jodido hotel.
Bella asintió cabizbaja. Jane se retiró dándole golpes con su bastón de madera en los barrotes de las celdas.
Se quedaron en silencio y Bella suspiró, estaba cansada y quería acostarse un rato, pero cuando vio la superficie de su cama inferior y recordó lo que sus compañeras estaban haciendo hacía rato, un escalofrío de asco le recorrió la espina dorsal.
Jessica le dio una última calada a su cigarrillo y escuchó como Bella manipulaba cosas y luego un golpe seco contra el suelo de concreto, se acercó al borde de la cama y vio hacia abajo, no pudo evitar reír al ver lo que la chica hacía.
—¿Qué se supone que estás haciendo, hermosa?
Bella estaba ajetreada haciendo una cama improvisada, rodó los ojos y continuó sin verla.
—Me siento cansada Jess, solo quiero dormir un rato. —Escuchó como su compañera de celda se dejaba caer desde su cama al suelo, cerró los ojos un momento y terminó de extender una manta en el suelo.
—No puedes dormir ahí, hermosa. —Bella se incorporó.
—No —dijo viéndola a los ojos—. Donde no puedo dormir es ahí. —Señaló la cama inferior de la litera. Jessica alzó una ceja y se le acercó lo que Bella consideró demasiado, sus pies pisaron su manta y continuó retrocediendo hasta que se encontró pegada a la pared.
—¿Quieres pedirme algo, hermosa? —Bella negó girando mínimamente el rostro. Jessica rió, estaba realmente cerca pero no tenían contacto alguno—. ¿Estás segura? —Esta vez Bella asintió—. Humm —continuó la rubia—, pensé que me pedirías que Tory y yo no usemos más tu cama.
Bella cerró con fuerza sus ojos unos segundos. —Habla. —pidió Jessica.
Aclaró su garganta un par de veces antes de poder articular algo. —No…—volvió a carraspear—, no me importa, Jess.
Jessica negó con la cabeza mostrando una sonrisa incrédula. —No puedo creerlo —dijo finalmente alejándose—, Tory tiene razón.
Bella se sintió aliviada de la separación pero trató de no demostrarlo, por el contrario, se dedicó de nuevo a arreglar su improvisada cama; vio como Jessica se sentaba en su colchoneta rechazada.
—¿Por qué te comportas así, hermosa? —Bella no la observó, se fijó en sus pies mientras enderezaba la colcha en el suelo, fue a tomar su única almohada, Jessica se echó hacia atrás recostándose de uno de sus codos—. Esa almohada también la usamos. —Bella de inmediato la descartó dejándola de nuevo en la colchoneta. Jessica rió por lo alto.
—Sabes —continuó la rubia—. Si me lo pidieras de manera amable te cedería mi cama. —Dedicó una mirada a la colchoneta en la que estaba sentada y la acarició con su mano libre—, la pasé muy bien aquí abajo.
Bella reprimió un escalofrío que Jessica no pasó por alto.
—¡Viste! —dijo señalándola—. Claro que te importa que hagamos Tory y yo en tu cama.
Bella la observó ahora, sin embargo no dijo nada, se sentó en su colcha, el piso se sentía duro como una piedra, se recostó de una pared y sintió amargamente la ausencia de una almohada. Jessica se enderezó cruzando sus piernas.
—Vamos a seguir haciéndolo —dijo—. Tory es insaciable y me ha dado unos orgasmos increíbles.
Bella alzó sus cejas. —Ya vi los detalles suficientes —murmuró entre dientes. Jessica rió.
—Lo sé, lástima no quisiste unirte. —Bella negó.
—Las guardias pueden verlas, se pueden meter en problemas.
—¿Te preocupas por mí, hermosa?
Bella suspiró. —Solo te aviso, Jess. —La rubia la vio con algo parecido a una burla divertida.
—Sé cuidarme. —Bella asintió—. Entonces —continuó la rubia—. ¿No has cambiado de opinión? —Bella suspiró.
—No, Jess. —Esta resopló una risa—. No he cambiado de opinión, tendrás que encontrar a alguien más.
—Ese es el problema, hermosa. —Apoyó sus codos en sus rodillas—. No puede ser alguien más, tú eres la indicada.
Bella negó. —No lo soy, no puedo hacer lo que me pediste.
—Tory tiene sus reservas contigo, pero yo pienso diferente, eres la indicada. Además es más fácil cuadrar todo contigo aquí en la celda. Incluso… —Se inclinó un poco hacia ella—, tienes pinta de inteligente.
Bella resopló. —Soy todo menos inteligente, Jess, de haber sido inteligente no habría acabado aquí.
Jessica rió. —Oh vamos, todas tenemos nuestros malos días, crees que de haber sabido como terminaría todo esto ¿habría llamado al 911 después de matar a esos imbéciles? ¡Ni de coña! —Su mirada se perdió un instante y completó—: Pero la satisfacción fue grande, le hubieras visto los ojos a Mike cuando lo tenía apuntado. —La rubia extendió su mano al aire imitando a una pistola—. Me rogó, el muy marica me rogó hasta el final. —Bella levantó sus cejas al escucharla, parecía en un trance—. Primero la maté a ella, para que supiera lo que le esperaba. —Una sonrisa macabra se extendió por sus labios—. Lloró el muy marica ¡lloró! Puse mi mejor cara, me le acerqué y le exigí que no se moviera. La sangre de la puta cubría la cama por completo y podía verle el asco en los ojos. Lo obligué a quedarse ahí, a verla… —Jessica se perdió en su recuerdo—. El muy cobarde vomitó del olor, no sabes cuanto me reí cuando lo hizo, era una imagen patética; finalmente le hice un favor, apreté el gatillo y lo saqué de su miseria. —Sus dedos se flexionaron como si en verdad estuviera disparando.
Bella la observaba con cejas alzadas, Jessica vio sus dedos y Bella creyó que hasta podía ver humo saliendo de ellos, sus piernas temblaron un poco de miedo, Jessica siempre había sido simpática y agradable dentro de lo que cabe con ella, sabía que estaba condenada por doble asesinato, pero jamás había oído la versión de su propia boca. Se dio cuenta de algo muy importante. Jessica era de temer.
Poco a poco la rubia fue parpadeando, borrando la habitación donde los había matado de su mente y sustituyéndola poco a poco por su ahora familiar celda.
—¡Mierda! —dijo sacudiendo la cabeza—. Creo que me distraje un poco. —Bella alzó sus cejas.
—Ujum, solo un poco —convino agradecida de que hubiera salido aunque fuera parcialmente de su trance.
—Eso pasa cuando recuerdo a ese infeliz. —Respiró profundo y sacudió la cabeza como alejándose de sus pensamientos—. ¿A ti no te pasa cuando recuerdas al tuyo?
Bella dio un escalofrío, trataba de no pensar en James, era difícil sin embargo, pero lo que sí trataba con todas sus fuerzas era no recordar la noche en que su esposo murió.
—Nunca me has contado cómo lo mataste.
Bella negó.
—No me gusta hablar de eso, Jess.
—¿A quién le va a gustar? Pero tienes que sacarlo, te sentirás mejor una vez lo hables, ya verás.
Bella negó. —No quiero sentirme mejor, lo que pasó, pasó, no hay nada que pueda cambiar.
—Eso es mentira —la voz de Jessica se volvió seria y directa. Bella parpadeó hacia ella—. Puedes cambiarlo, puedes ayudarnos, no dejes que ganen, tu marido era una mierda.
Bella frunció el ceño. —¿Cómo puedes saber eso? No lo conociste.
—¡Eso que importa! Todos son iguales, si lo mataste se lo merecía, seguro te golpeaba, maltrataba y abusaba de ti. —Bella sintió sus ojos inundarse.
—¡Ves! —gritó la rubia señalándola al ver su cambio de actitud—. El muy maldito merecía los tiros o las puñaladas que le diste, seguramente le hicimos un favor a la humanidad sacando a esa escoria del mapa… ¿y ahora quieren matarnos por eso? Que se vayan a la mierda, hermosa, tu y yo valemos más que la basura inmunda que limpiamos, ¡deberían darnos un premio a cambio, joder!
Bella respiró profundo, por más visceral que se mostraba su compañera, tenía toda la razón, ella le había hecho un favor a la humanidad deshaciéndose de James, pero eso no significaba que no pagara sus consecuencias.
—Puede que tengas razón, Jess, pero aun así no puedo hacer lo que me pediste.
Jessica se bajó de la cama sentándose frente a ella, le tomó las manos y la vio a los ojos.
—¿Por qué demonios no?
Bella cerró los ojos. —No puedo, hay algo más grande que el simple hecho de lo que hice —comenzó—. Tengo que cumplir esta condena, tengo que hacerlo.
—Estás hablando de que tienen que matarte. —Bella tembló un poco, ese había sido el precio convenido, su muerte.
Asintió en respuesta. Jessica la soltó y se colocó de pie frustrada. —¡Con un demonio, hermosa! ¿Cómo puedes simplemente aceptar eso?
Bella se quedó sin palabras. ¿Cómo contaba lo que tenía prohibido contar? ¿Cómo le explicaba a Jessica que no importaba lo que ella quería, no podía ayudarla? ¿Cómo explicaba que ella quería morir? Su muerte era el precio. El precio a pagar: una vida por otra. La vida de James por la de ella; la vida de ella por la de JJ.
—No voy a ayudarte, Jess. Haz lo que quieras, pero de aquí a cinco meses iré a cumplir mi condena.
—Eres una idiota —convino Jessica.
Una alarma sonó fuertemente en las afueras de las celdas, eso significaba que las luces debían apagarse, por primera vez desde que compartían celda Jessica no se quejó de que era muy temprano, apagó la pequeña lámpara y se trepó en su cama superior. Bella suspiró y se acostó sobre el duro suelo, mañana le dolería absolutamente todo.
Escuchó entonces movimiento desde la cama de Jessica y sintió como esta le lanzaba su almohada, Bella la tomó agradecida, pero no dijo nada, al igual que Jess.
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En el desayuno del día siguiente Bella revolvía la masa irregular y amarillenta que decía ser huevos revueltos. Como se había hecho ya costumbre, Jessica llegó a su lado, haciéndola rodar, Victoria las acompañó al rato azuzando a la mujer que según ella estaba en su lugar.
—Buen provecho, hermosa. —El adjetivo que usaba Jessica se había vuelto común entre ellas, sin embargo Tory no puso buena cara.
—No me agrada esto —dijo dándole vuelta a su tenedor mientras las señalaba a ambas. Bella se tensó un poco, sin embargo Jessica rió sacudiendo sus hombros.
—Nada de que preocuparte, Tory —dijo—, sabes que mi cuerpo es tuyo. —Le lanzó un sonoro beso que la pelirroja correspondió con un guiño y un relamer de sus labios.
Bella sintió un escalofrío y le pareció que sus huevos revueltos eran realmente interesantes.
Una risa de su vecina la hizo volver a prestar atención. —¿Ves? —le dijo a Tory—. No es de nuestro bando, roja. —Le guiñó el ojo Victoria—. Ella aún está colgada con las pollas, no como tú y yo, roja.
Bella sintió sus mejillas sonrojarse, la verdad no le venían las pollas ni las vaginas, en el ámbito sexual, no le venía nada, absolutamente nada.
Gracias a Dios Victoria no decidió burlarse de ella por su sonrojo, en cambio dirigió una mortal mirada a su amante.
—No me llames roja. —Jessica únicamente le guiñó el ojo mientras reía.
Bella se fue relajando un poco, al parecer no iba a ser tan complicado convivir con Jessica y su romance con Victoria y si lo pensaba bien, podía servirle bastante, contar con la aprobación de dos rudas de la cárcel era bueno, además podía dejar de cuidarse las espaldas de Victoria, dado que Jessica la mantenía a raya.
Bella pasó un buen rato en el patio de la cárcel, no tuvo que esconderse en la biblioteca sino que pudo disfrutar del aire libre, ese día extrañamente hubo sol y trató de disfrutarlo lo más que pudo. Las mujeres recluidas inventaron jugar un partido de béisbol, casi todas formaron parte; Bella ni siquiera lo pensó, pero disfrutó enormemente verlo, inclusive rió y aplaudió cuando Jessica anotó un par de tantos.
En Pensilvania, así como salía el sol, la lluvia llegaba sin avisar, por lo que las reas se vieron obligadas a dejar de jugar cuando las precipitaciones se hicieron tan intensas que no podían ver más allá de sus ojos.
Las guardias apostadas las guiaron a las duchas, todas estaban sorprendidas de que los juegos no hubieran terminado en golpes o enfrentamientos. Las reas fueron dirigidas directamente a las duchas, entre escándalos y burlas, algunas pedían la revancha u opinaban que retarían a las de otra ala a un partido más interesante, Bella escuchaba sin opinar mientras se despojaba de su overol. Les entregarían nuevos al terminar así que podía descartarlo en la gran cubeta gris de la esquina.
Esquivó la ducha que era de Victoria, por aquella que habían peleado y por la misma por la que empezó la relación/trato con Caius.
Un escalofrío le recorrió la espalda al recordar las manos del director, respiró profundo y deseó que el agua que la recorría fuera más caliente para que la piel le ardiera y así olvidara esas terribles manos, pero no lo era, cerró sus ojos y dejó que el agua templada la recorriera por completo, restregó su piel como si intentara borrar una vez más las manos de Caius, habían pasado semanas desde que la había tocado y aún tenía pesadillas con aquel hombre.
—Hey. —Abrió los ojos aún bajo el agua, no había escuchado a nadie acercándose.
—Victoria —dijo y temió por un momento verse metida en una pelea—. No estoy en tu ducha —convino rápidamente. La pelirroja arrugó los labios en una mueca y levantó una ceja; Bella suspiró y bajó la cabeza—. Ya me muevo —convino, viendo a sus lados por una ducha libre, todas estaban ocupadas y ninguna de las reas les prestaba atención. Bella observó el gran cuadrado rodeado de duchas sin separaciones y observó la que quedaba justo en frente de ella, se encontraba Jessica al igual que ella metida bajo el agua con su cuerpo desnudo, solo que Jessica estaba cruzada de brazos viéndolas con atención.
Victoria aclaró su garganta haciendo que le prestara atención.
—No la veas a ella, soy yo la que te está hablando. —Bella parpadeó salpicando apenas algunas gotas de sus ojos, tenía la necesidad imperiosa de cubrirse el cuerpo con sus manos, pero sabía que eso lo único que podía traer era la atención de Victoria y ahora la pelirroja tan solo veía sus ojos así que debía aguantarse sus impulsos.
—¿Ne…necesitas algo? —Victoria rió.
—Jess tiene razón, tienes demasiados modales para estar aquí. —Bella se dio la vuelta y aplicó champú regular en su cabello, en cualquier momento las harían salir de ahí y quería terminar de limpiarse.
—Pero sin embargo estoy aquí —respondió Bella bajo el agua—. Supongo que las apariencias engañan.
Victoria bufó, hizo silencio por un momento y luego fue directo al grano. —Necesitamos que te infiltres en la oficina del director.
Y volvían con lo mismo, Bella cerró sus ojos aún más, sintiendo como la espuma corría por su rostro enjuagando su cabello. Victoria esperó a su lado, cuando Bella abrió los ojos descubrió que su vecina de ducha se había marchado, dejándolas a ellas juntas, Victoria retomó la limpieza de su cuerpo mientras volvía a explicar lo que Jessica le había pedido unos días atrás.
—Victoria —empezó Bella—, ya le dije a Jessica, no puedo ayudarlas, lo siento, pero no puedo.
Victoria se giró un poco para poder quedar frente a frente, sus rizos estaban completamente empapados. —Tienes que hacerlo, no voy a perder mi oportunidad por tu culpa.
—¿Mi culpa? —Bella sacudió la cabeza incrédula—. Esto no tiene nada que ver conmigo, ya le dije a Jess que mantendría la boca cerrada, hagan lo que quieran pero no cuenten con mi ayuda. —Bella suspiró exasperada—. ¿Qué demonios tengo yo de especial que me necesiten tanto?
—Eres la única que ha estado en el despacho con el nuevo director y eres la única que pasó demasiado tiempo con el anterior como para conocer bien la oficina.
El escalofrío volvió a recorrerla.
—Recordar al antiguo director no me emociona, Tory. —La pelirroja alzó una ceja.
—Solo me llaman Tory las que yo quiero y puedo tener, ¿quieres ser mi perra? —El asombro en la cara de Bella fue magistral.
—¡Por supuesto que no!
—Entonces no me llames Tory.
Bella asintió mordiéndose la lengua, la oficial de turno indicó que ya era hora de irse. Bella cerró el agua y se apresuró a la salida, pero Victoria la tomó del brazo.
—Te estamos ofreciendo una oportunidad de oro, no hay segundos chances aquí, flaca. Deberías recordarlo.
Bella levantó la mirada hasta posarse en los ojos verdes de la pelirroja. —No puedo trabajar con ustedes, lo siento. —Victoria la dejó ir, soltándole el brazo con más fuerza e impulso del necesario, Bella trastabilló un poco antes de seguir su camino.
El almuerzo fue diferente, dado que ni Jess ni Victoria se le acercaron. Bella suspiró, finalmente habían desistido de incluirla en sus planes. Bella tenía que ser honesta, la verdad es que daría lo que fuera por ser libre de nuevo, pero, daría su vida por su pequeño.
Cerró los ojos recordando su último encuentro con su suegro.
Liam Hester era poderoso, con amigos en puestos necesarios y con deudas por cobrar a todos ellos, siempre alguien le debía algún favor y él se vanagloriaba de eso.
Era la antítesis física de James, su estatura pasaba escasamente el metro sesenta de Bella, su vientre era redondeado y rebosante, siempre los trajes parecían pelear con los botones para mantenerlos en su lugar. Otra de las diferencias brutales con su hijo era el cabello, Liam era calvo a diferencia de la cola de caballo permanente de James.
Liam transpiraba mucho, por lo que siempre andaba con un pañuelo en su mano dispuesto a limpiarle la frente y el cuello, al principio resultaba francamente asqueroso y torpe, pero después de conocerlo mejor Bella se dio cuenta que era todo menos torpe o débil.
Porque asqueroso seguía siendo.
Recordó encontrarse asustada, bueno, eso era normal desde el primer aniversario de bodas, pero ahora se encontraba aterrorizada. Estaba en un cuarto de interrogatorios aunque sabía que no estaba en una comisaría, unos hombres la habían llevado allí sin decirle de qué se trataba aquello, no tenía idea de que esperar, pero sabía que no podía ser nada bueno. Sus manos estaban llenas de sangre seca y sabía que su apariencia era deplorable.
Más lágrimas brotaron de sus ojos al recordar lo que había pasado apenas unas horas antes, intentó limpiarlas con el dorso de sus manos, pero la mugre se regó más, volviéndola más histérica.
La puerta finalmente se abrió y quien entró fue nada más y nada menos que su flamante suegro.
Se colocó de pie aterrada, iba a morir, no había otra salida, iba a morir de la manera más terrible y dolorosa.
James tenía apenas un par de horas de muerto, ¿para que otra cosa iría su suegro a verla si no era para matarla con sus propias manos?
Pero había algo que Liam Hester era, y eso era ser oportunista, sacar provecho de cualquier situación, inclusive de la muerte de su hijo.
¿Qué más podía hacer Bella sino obedecerlo? ¿Qué importaba que muriera si su vida se volvería un infierno viviente?
Bueno, su vida ya era lo suficientemente difícil, pero ¿qué harías si se presentara la oportunidad de salvar a lo único importante para ti? ¿De hacer que el único ser que merecía la pena vivir, viviera a plenitud, lejos de la avaricia y de la corrupción? Cualquier precio resultaría barato, cualquier cosa le resultaba si JJ salía limpio de tanta porquería. El pequeño no tenía la culpa de tener el padre y el abuelo que tenía, la culpable había sido solo ella al dejarse engañar tan fácilmente, ella tenía que salvarlo de sus propios errores, y daría su vida por eso.
Así que fuera el plan que tuvieran sus compañeras de cárcel, ella no participaría, no podía correr ese riesgo.
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Los días pasaron y Bella y Jessica no volvieron a tocar el tema. Victoria insistía en que era una idiota pero Jessica la mantenía a raya. Solo que ahora era testigo cada vez más seguido de los encuentros salvajes y lujuriosos entre aquellas dos.
Esa parte era incómoda y bastante desagradable (ya que seguían haciéndolo sobre su cama) pero ella estaba acostumbrada al maltrato, se adaptaba a él y eso le ayudó a soportar a su compañera de celda y su relación.
El día sábado llegó y con él un nuevo optimismo, era día de visitas y estaba segura de que Rose iría a verla, arregló su cabello con más entusiasmo y a pesar de que su overol no podía ser más terrible, intentó que se le viera bien, era tonto, pero quería que su hermana le dijera a JJ que estaba bien, que podía seguir recordándola como lo hacía porque ella no había cambiado mucho.
Habían dos áreas de visitas, las típicas que consistían en una cantidad de escritorios consecutivos de un puesto frente al otro, separado únicamente por una pared de acrílico donde el recluido podía ver a su visita sin tocarla y hablar con ella gracias a un auricular.
Y existía la segunda área que era más personal. Un salón enorme y amplio que contaba con mesones rectangulares, donde las reas esperaban a que sus visitas pasaran todas las medidas de seguridad pertinentes del plantel, el contacto físico no era tan limitado como la otra área donde las visitas y las visitadas no podían tener contacto físico. Todo el lugar estaba rodeado con guardias de la cárcel para hacer cumplir las reglas.
Bella esperaba pacientemente en una de las mesas. Se encontraba vacía y eso le gustaba, era la segunda de la primera fila de mesas así que tenía completa vista de las visitas que entraban.
Cada vez que alguien pasaba por detrás de las rejas, alzaba su cabeza, sintiéndose ansiosa y emocionada de ver a su hermana, finalmente tendría noticias de su hijo y a pesar de la tristeza que embargaba todo, no podía dejar de querer saber de él.
Aún estaba en clases, pero faltaba poco para las vacaciones de verano, era el primer verano que no pasarían juntos, quería saber que planes tenía Rose, moría por verlo pero no sabía si iba a poder hacerlo.
Recordó para sí misma el supuesto trato que había tenido con Caius y otro escalofrío la recorrió. Se recordó a sí misma que Caius nunca iba a cumplir el trato, pero aún una parte de ella no dejaba de pensar que podía ser cierto, que al final él iba a dejar que lo viera.
Cerró sus ojos recordando su risa, su cabello rubio y sedoso, sus dientes pequeños y sus ojos castaños, esa había sido la única cosa que había heredado de ella. Sus ojos castaños.
Quería creer que había sido un niño feliz, por lo menos antes de las últimas semanas que pasaron huyendo de James, quería creerlo, quería convencerse de que había ocultado sus heridas, de que sus muecas de dolor habían sido camufladas cada vez que lo alzaba, o que su maquillaje había ocultado con bien el último golpe en el rostro que le había propinado James. No podía estar segura de que JJ no se hubiera dado cuenta, pero quería creerlo con todas sus fuerzas.
—¿Disculpa? —una voz desconocida la hizo salir del trance. Se trataba de una mujer adulta, quizás unos 50 o 55 años de edad. Bella no la conocía, la verdad era que no tenía idea de quien se trataba, aclaró su garganta y le prestó atención.
—¿S…sí? —preguntó. La señora le sonrió amablemente.
—¿Conocerás a Lauren Morris? —Bella parpadeó de nuevo, trató de recordar pero la verdad no tenía idea de quien hablaba.
—Lo siento —convino en voz baja—. No la conozco. —La Señora asintió aún con la sonrisa y se dirigió a una de las guardias a preguntar. Bella se colocó de pie y dio algunos pasos por el salón. Habían varias visitas, maridos, madres y amigos, todos veían a sus seres queridos pero encarcelados, con sonrisas, algunos les habían traído comida o enseres de primera necesidad, que después de pasar por los controles pertinentes podían hacérselos llegar a las recluidas.
Observó como una mujer mayor que estaba alojada en la prisión tomó la mesa donde ella se había sentado antes para poder compartir con lo que parecía su esposo y sus hijos adultos, se impresionó al verlos, normalmente nadie pasaría por todos aquellos controles solo para ver a un asesino o ladrón, pero al parecer algunas familias sí lo hacían.
Mientras los observaba se preguntaba dónde podía estar Rosalie, ya debía haber llegado hacía rato, tenían mucho tiempo si verse (el último día de visitas ella había estado en la enfermería) se suponía que hoy Rose no fallaría a su encuentro. No. No lo haría.
—¡Diez minutos! —alguien gritó al tiempo. Bella se estremeció en su silla, se había quedado ensimismada viendo hacia la entrada a pesar de que habían pasado más de cuarenta minutos y nadie más había entrado.
Parpadeó dándose cuenta de que sus ojos ardían por haberlos mantenido abiertos demasiado rato, se colocó de pie lentamente dándose cuenta de que tampoco se había movido mucho. Rose no había venido y no sabía qué pensar al respecto.
Siguió la marea naranja sin escuchar nada, un simple y denso murmullo llenaba sus oídos mientras pensaba en el porqué su hermana no se había presentado al día de visitas, quería verla y abrazarla un segundo apenas, quería saber de Emmett y por supuesto lo más importante: quería saber de JJ.
—¿Cómo estuvo tu visita, hermosa? —la voz de Jessica la hizo desconcentrarse, ya estaba en el patio central de la cárcel, había sol y parpadeó a causa del brillo—. Hey ¿qué pasó? —preguntó la rubia acercándose como siempre demasiado, mientras pasaba un brazo por sus hombros. Bella se encogió un poco incómoda.
—Nada. Ehhh mi…mi hermana no vino. —Se encogió de hombros.
—No te preocupes por eso, hermosa —prosiguió Jessica llevándola a un banco para poder sentarse—. Eso pasa, la familia viene el primer día de visita, luego se olvidan de la peste que somos. Se avergüenzan. Eso es normal.
Bella se apartó de su abrazo. —Mi hermana no se avergüenza de mí.
Jessica bufó. —Claro que lo hace, pero si se te hace sentir mejor ignorarlo, allá tú.
La dejó hablando sola, ahora no la toleraba, tan solo escuchó la risa lejana de la rubia cuando se abrió camino lejos de ella.
Algo terrible había pasado, estaba segura, Rose no se iba a olvidar de ella así como así, no iba a desperdiciar una visita por que se avergonzara, ella sabía la verdadera razón por la que estaba encerrada ahí. Rose y Emmett estaban al tanto de todo.
Así que algo estaba mal, muy mal.
Aunque no quiso, pensó lo peor…
Algo le pasaba a JJ, ¿estaría enfermo? No podía ocultar su nerviosismo y pánico. Por primera vez le pesaban las rejas que la rodeaban, deseaba tener libertad para correr hacia su hermana y saber qué pasaba.
Los días siguieron pasando y con ellos la angustia de Bella iba en crescendo, adicionando también el hecho de que Victoria y Jessica mantenían sus contactos íntimos en su colchoneta. La tensión en sus hombros y espalda no eran normales gracias a sus preocupaciones y al hecho de dormir en el suelo.
Cualquier sonido la descolocaba y se encontraba demasiado saltarina. No tenía noticias del exterior, ni contaba con los medios para solicitarla, las reas con más contactos pedían plata, cigarrillos o protección a cambio de una llamada telefónica y Bella no poseía ninguna de ellas para negociar.
Pasó otra semana y otro día de visitas y siguió sin noticias, Bella creyó que se subiría por las paredes de la angustia.
A pesar de que Rose no fue tampoco a verla, se quedó rondando la zona de visitas inclusive cuando ya no quedaba ninguna.
—¡Swan! —llamaron por los altavoces. Bella estaba tan concentrada que literalmente saltó al escuchar su nombre, se enderezó obviando las burlas de las que estaban cerca y caminó hasta la entrada del retén.
La oficial Brandon la esperaba en la puerta, no le sonrió ni le dijo nada agradable pero tampoco la vio mal. Bella se dejó escoltar, sorteando los diferentes pasillos hacia el área de visitas, que ahora se encontraba completamente vacía. No sabía qué esperar, pero su corazón latía desesperado.
—¿Alguien vino a verme? —no pudo evitar preguntar. La oficial no contestó, abrió la sala y la guió hasta los puestos separados de acrílicos, la oficial señaló uno de ellos y Bella caminó hacia él sin dejar de ver a la oficial. Alice volvió a hacerle señas indicándole que se sentara.
Con incertidumbre Bella obedeció. Una vez en su puesto la oficial le indicó: —Tan solo tienes diez minutos.
—¿Para qué?
Pero no necesitó respuesta, otro chirrido típico de las puertas del retén la hizo girarse hacia la pared de acrílico que tenía al frente, la puerta, y logró ver la silueta de su hermana adoptiva caminar hasta ella.
Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas, Rose estaba allí, sus preguntas serían contestadas y su incertidumbre borrada, tendría finalmente noticias de JJ, sabía que su hermana movería cielo y tierra para verla.
Esperó a que de manera innata Rose se sentara frente a ella, le dedicara una sonrisa y tomara el auricular, Bella lo tomó de inmediato y habló apresurada con la voz quebrada.
—¡Dios! Qué bueno verte, no sabes lo preocupada que he estado. ¿Qué pasó? ¿Por qué no habías venido? ¿JJ está bien? —Extendió la manos contra el cristal de seguridad, Rose la imitó colocando su mano al igual que la de ella, tanto Bella como la rubia lloraron viéndose a los ojos.
Ambas sabían que no tenían mucho tiempo y tenían que aprovechar todo lo que pudieran.
—Bella, necesito que me escuches. —Bella se puso alerta de inmediato.
—¿Qué sucedió, hermana?
—Hay problemas. —Bella se puso una mano en el pecho.
—¿JJ? —preguntó aterrada. Rose suspiró.
—El niño está bien Bella, por lo menos por ahora.
—¿Cómo que por ahora? ¿Qué demonios está pasando Rose?
Sabía que la oficial no se había marchado de la sala, sabía que estaba a no mucha distancia de su espalda, pero eso no importaba, solo importaban las noticias de su hermana.
—Vinieron a verme —dijo Rose en voz baja—. ¿Sabes de quién hablo, verdad?
Bella sintió palidecer.—¿Quién? —preguntó en voz baja—. ¿Alguno de los hombres de Liam? —el suspiro de su hermana la hizo sospechar de que en verdad su suegro estuviera tras ella de nuevo. Bella sintió que ahora su corazón iba a salirse de su pecho—. ¿Pero… por qué? ¡Yo! —gritó y se vio obligada a bajar la voz por la presencia de la oficial—. Yo he mantenido mi parte, ¿estoy aquí, no?
—No es él, Bella. La verdad no sé qué pasa, pero alguien buscó a Emmett, están preguntando cosas de tu caso.
Sus ojos no dejaban de abrirse cada vez más. —¿Quién?
—Un fiscal. No lo sé Bella, pero Emmett está preocupado, quiere que nos vayamos.
—¿Irte? No puedes irte, Rose, sabes que necesito ver a JJ antes de que cumpla mi tiempo aquí. ¿Cómo te lo vas a llevar? No puedes.
—Lo sé Bella, lo sé, pero Emm está recibiendo demasiada presión, tiene miedo y yo también, no podemos simplemente quedarnos a ver que pasa, debemos irnos, no quiero que la gente de tú sabes quién sepa que alguien está buscando información sobre ti, no quiero estar en medio de esto.
—Rose, no puedes llevarte a JJ, mi suegro lo sabrá y todo será peor, créeme. —No se atrevía a decir otra vez el nombre de su suegro de nuevo en voz alta.
—Lo siento, Bella, pero Emmett no puede con tanta presión.
Los ojos de Bella casi se salieron de sus órbitas.
—¿Emmett no puede con la presión? —No pudo ocultar el volumen de su voz.
—Bella —la voz de su hermana era recriminatoria—. Sabes que perdió mucho en esto.
Bella dio una risa irónica, sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. —Lo siento Rose, no tenía idea de cuánto sacrificó tu marido. Ya sabes, eso de estar en la cárcel y condenada a muerte me hizo olvidarme de los enormes problemas de los demás.
—Eso no es justo Bella y lo sabes…
—¡Pues no es justo que yo esté aquí sin poder ver a JJ!
—¡Estás aquí encerrada! ¿Cómo vas a poder verlo?
—No sé —su voz se quebró de nuevo—. No sé, cambiaron de director y ya no tengo ninguna posibilidad.
—¿Entonces qué importa que nos vayamos?
—¡No! ¿Cómo puedes decir eso? Con un demonio Rose, no es una tontería, ¡es mi vida por amor a Dios!
La rubia respiró profundo. —Tú fuiste la que no valoraste tu vida en un principio, Bella. ¿Cómo quieres que los demás la valoremos cuando tú no lo hiciste?
—Eso. No. Es. Justo. —El labio de la castaña tembló con furia—. Mi vida fue el precio a pagar Rose y lo sabes…
Rosalie suspiró cerrando sus ojos. —Esto no fue justo para nadie, Bells. ¿Crees que solo tú eres la que sufre? ¿Quién tiene que lidiar con el dolor de nuestros padres, que piensan que la luz de sus ojos es una asesina confesa? ¿Quién tiene que arrullar todas las noches a un pequeño que aún no entiende por qué su mamá no va a darle el beso de buenas noches? —Las lágrimas se desbordaron despacio pero constantes por los ojos de Bella.
—Rose —fue apenas un susurro. Pero la rubia no la dejó continuar.
—¿Quién tuvo que pasar por el escarnio público cuando te encerraron aquí? ¿Quiénes tuvimos que sacrificar y dejar toda la vida que habíamos construido para recoger los pedazos de la tuya? ¡Emmett y yo! —gritó con ojos inundados—. No te parecerá importante lo que hizo pero dejó su profesión entera por ti, él no tenía por qué hacerlo.
—Lo hizo por ti, Rose. Te ama y eso es lo único que me salvó en aquella oportunidad.
Rose apartó un poco la mirada, se sentía llena de angustia y desespero, su garganta se cerraba irremediablemente, siempre que veía a su hermana era así, Emmett le había dicho que la dejara, que no la buscara y que ni siquiera se acercara a la cárcel, pero Rose le había engañado, le había hecho pensar que necesitaba estar sola cuando la verdad era que había ido a visitar a su hermana.
—Lo sé —contestó la rubia—, y por eso no puedo dejar que se hunda más en esto.
—Rosalie —la voz de Bella fue alerta. La rubia separó un poco la silla con la intención de ponerse de pie.
—Lo siento, Sis —dijo con la voz quebrada y llena de lágrimas—. Nos vamos del estado. JJ, Emm y yo, desaparecemos.
—¡NO! —gritó Bella poniéndose de pie—. ¡No puedes hacer eso!… No, por favor. —Su pecho subía y bajaba con rapidez—. Rose, un par de meses, solo un par de meses, por favor.
—¿Un par de meses y luego qué, Bella? —la voz de la rubia se quebró—. ¿Llorarte? ¿Enterrarte? ¿Qué pretendes? ¿Que vengamos a ver tu ejecución? —Negó rápidamente—. Pides demasiado, hermana. Tú serás fuerte y pusiste tu vida como pago, pero yo no, no soy lo suficientemente valiente para verte. Lo siento.
Las lágrimas bajaban tan rápidamente de las mejillas de Bella que su overol se había mojado un poco, ya la chica ni siquiera se las intentaba secar.
—No, Rose. Yo no hice esto para herirlos, pensé que lo entendías, era la única opción, sigue siéndolo. —Sin embargo, entendía la posición de su hermana, si los papeles hubieran estado invertidos ella no soportaría ver el auto-sacrificio de su hermana, por más "lógica" que pareciera la solución.
—Lo siento —murmuró sentándose de nuevo. Rose se paralizó al escucharla—. Nunca te pedí disculpas por esto. Nunca hablé contigo antes de decidir —resopló y pasó una mano por ambas mejillas limpiándolas un poco—. ¡Dios! Ni siquiera pregunté si podías cuidar de JJ, tan solo lo envié hacia ti.
Rose hizo una mueca y sonrió a pesar de sus ojos enrojecidos y de su voz temblorosa. —No lo hubieras enviado conmigo y nunca más te hubiera hablado.
Ambas hermanas se vieron a los ojos, eran sumamente diferentes y no corría el mismo ADN por sus venas, pero se amaban más que unas hermanas consanguíneas. Desde pequeñas, Bella escapaba de su habitación para cuidarla cuando había tormenta en la vieja finca, se contaban todos sus secretos y siempre se respaldaban una a la otra.
De hecho, ambas presentaron una exposición exhaustiva a Renée y Charlie, explicándoles los beneficios de que Rose fuera adoptada por los Swan. Apenas tenían ocho años cuando eso pasó.
Bella estuvo ahí en el primer desamor de Rose, tiró huevos podridos en la casa del chico que no le pidió que la acompañara al baile. A su vez, Rose le dio las primeras indicaciones cuando se acostó con un chico por primera vez y golpeó en la mandíbula al desgraciado que no la llamó al día siguiente de su primera vez.
Ambas fueron la madrina de bodas de la otra; y quien entró a quirófano cuando JJ nació, fue Rose.
Rose le sonrió a su hermana con la sonrisa más triste y dolorosa del mundo, siempre había estado ahí para ella y por primera vez iba a fallarle.
Bella se percató en esa sonrisa y sintió que su mundo se desvanecía de nuevo.
—¿Rose? —murmuró contra el auricular.
—Te traje algunas cosas —dijo la rubia como si no se hubiera dado cuenta de la actitud de Bella—. Los oficiales te las darán luego que las revisen, estoy segura que te serán muy útiles. —Tomó su pequeño bolso y bajó la mirada dando una respiración profunda.
—Te amo, hermana…—Colocó de nuevo la mano contra el cristal de seguridad—. Adiós.
—¿Rose? —llamó Bella atacada. Se estaba despidiendo, la estaba dejando morir sola.
—Le daré un beso a JJ de tu parte y siempre le recordaré que lo amaste. Es la última vez que vengo, no nos volveremos a ver, hermana.
Dejó el auricular en su base y se giró sin verla, caminando hacia la puerta mientras le daba la espalda.
—¡ROSE! —gritó Bella dándole golpes al vidrio—. ¡Maldita sea no me dejes aquí! ¡Vuelve!
La oficial Brandon apareció sosteniéndola de la cintura, para que dejara de golpear el vidrio, Bella se contorsionó como una culebra. —¡ROSE! —gritaba desconsolada—. ¡ROSALIE!
—¡Quieta! —gritó la oficial mientras le aplicaba una llave, logró inmovilizarla manteniendo sus manos en su espalda y golpeando su pecho contra el mesón. Bella levantó como pudo la visión de uno de sus ojos para encontrar el lugar tras el cristal de seguridad inmensamente vacío, Rose se había ido y con ella todas sus esperanzas.
Sintió las abrazaderas de metal alrededor de sus muñecas y cerró los ojos cuando se apretaron contra su piel, fue levantada con fuerza y arrastrada de vuelta al camino por donde había entrado. La oficial Brandon nunca la había tratado mal, pero supo por como la empujaba que le había dado una enorme pelea para controlarla.
Algo le decía pero Bella no escuchaba, el latido de su corazón se había adueñado de sus oídos no dejándola escuchar nada más que las palabras de despedida de su hermana.
El metal fue separado de su piel y sus pies trastabillaron mientras la empujaron de vuelta al hala de la cárcel que le correspondía. Caminó hasta su celda y entró en ella sin percatarse que se encontraba sola, se dejó escurrir pegada a una de las paredes y dejó caer su cabeza hacia atrás pegándola contra la pared.
Solo esa vez distinguió el paquete sobre su cama, frunció el ceño sin reconocerlo y cuando lo hizo se lanzó desesperada hacia él.
Era una bolsa de papel marrón, la abrió y sacó de ella algunas cosas de cuidado personal, desodorante, maquinillas de afeitar, algo de su champú favorito. En otro momento lo hubiera abierto para apreciar su olor, pero eso no era siquiera satisfactorio.
Habían dos barras de chocolate y un par de libros de los que no conocía el autor, encontró un sobre plano y delgado, con dedos temblorosos lo abrió habían varias hojas dentro. Sacó la más grande y sus ojos se volvieron a llenar al ver la fotografía.
Rose y ella tendría años respectivamente, la habían tomado justo cuando fue legalizada la adopción de Rose. En la foto aparecían ellas dos en primera plana tomando ambos extremos del certificado de adopción y agachados a su lado Renée y Charlie, todos mostraban enormes y felices sonrisas.
Con una risa llena de recuerdos y los ojos llenos de tristeza sacó la siguiente foto, su mano voló directo a su boca al ver a su rubio, sonriente y perfecto hijo.
JJ estaba en medio de un patio o quizás podía ser un parque, estaba acostado sobre su estómago, con sus pies alzados al aire mientras leía un libro; llevaba jeans y camisa roja, su cabello estaba ligeramente más largo de la última vez que lo había visto, se notaba como lo habían llamado y sonreído al ver que le tomarían una foto. Era hermoso, tierno, inocente, guapo y perfecto, se veía feliz en la foto, realmente feliz.
Bella besó su rostro y abrazó el retrato contra su pecho.
—Como te extraño JJ. ¿Cuánto no daría por volverte a ver? Por abrazarte y besarte aunque sea una vez más.
Se quedó con la foto contra su pecho unos minutos más. Luego, con movimientos casi ceremoniosos, colocó ambos retratos bajo su almohada, el sobre en su regazo se quedó en el suelo mostrando una hoja blanca escrita a mano que aún contenía.
Era una carta de su hermana, su letra era amplia y algo descuidada, se notaba que ponía los tildes y puntos luego de escribir las palabras, dado que casi nunca acertaba sus lugares correctos, Bella la tomó y sentada en su cama la desdoblo no sabiendo si soportaría las palabras de su hermana.
No pudo leerla, no fue capaz, había llorado demasiado ese día como para adicionar más lagrimas.
Guardó la carta en el mismo espacio y meditó qué podía hacer a pesar de estar encerrada ahí.
Hubo algo de escándalo en los pasillos que le hizo levantar la cabeza. Jessica y Victoria venían riendo y haciéndose morros mientras entraban a la celda, ambas se quedaron de pie al ver a Bella sentada y llorosa.
—Hermosa, ¿estás bien? —Jessica se adelantó y Victoria la tomó rápidamente del codo para impedir acercársele.
—Puedes averiguar qué le pasa en un rato, ahora tú y yo tenemos asuntos pendientes. —La besó sonoramente en los labios y se volvió a Bella. —Quítate. —le dijo articulando—. Me gusta tu cama para tirar y estás estorbando.
Jessica no hizo nada a parte de dibujar una sonrisa en sus labios. Victoria dio dos pasos hacia Bella.
—Dije… Quítate.
Ellas no iban a hacer eso más en su cama y de ninguna manera con la foto de su hijo bajo la almohada. Bella se colocó de pie y la enfrentó.
—No.
Ambos mujeres alzaron sus cejas en incredulidad. —¿Disculpa? —dijo la pelirroja, en cambio la rubia se cruzó de brazos divertida.
—Me oíste bien, Victoria. No más, búscate otro sitio o aprende a lamer a distancia, en mi cama no lo hacen más.
Estaba llena de frustración, nunca el término "atada de manos" le había parecido tan literal y verdadero, el día había sido una mierda y no toleraría más sobre su cabeza. ¡Por Dios santísimo! Solo quería un poco de paz para regodearse en su miseria mientras sufría viendo la foto de su hijo, ¿era mucho pedir?
Jessica exhaló una risa al oír sus palabras. Victoria volteó a verla, asombrada.
—¿Te vas a reír? ¿No piensas hacer nada?
Jessica levantó sus manos en rendición. —Oh no, roja. Este asunto es tooodo tuyo. Hermosa sabe cómo defenderse, y si no… jum. —Se encogió de hombros—. Ella es grande y sabrá aguantar como una macha.
Victoria se acercó de nuevo. Bella se colocó de pie para poder estar cara a cara (obviando el detalle de que Victoria le llevaba varios centímetros). —Muévete.
—No.
Y así comenzó la primera pelea en la que Bella decidió formar parte y no simplemente quedarse en una esquina recibiendo los golpes.
Era inexperta y eso se vio en apenas el tercer golpe, cuando un derechazo de la pelirroja le rompió el labio, el sabor de su boca se tornó metálico.
Bella giró esquivando otro golpe desestabilizando a Victoria, que al perder el equilibrio le dio la oportunidad a Bella de tomarla del cabello y clavarla contra uno de los tubos de la cama.
Victoria cayó en el suelo escupiendo sangre. Bella respiraba acelerada y llena de adrenalina, no supo cómo lo había hecho, pero había ganado.
—¿Qué carajos, hermosa? —dijo una indignada Jessica que se arrodilló junto a su caída novia. Bella se retiró con el cuerpo por completo temblando, sus brazos y manos hormigueaban y sus nudillos y quijada ardían, sintió el óxido en su lengua y escupió asombrándose de la sangre que se estrelló con el piso.
Eso apenas duró unos segundos, dado que la gran artillería de guardias irrumpieron en la celda, Bella se volvió a ver contra la pared mientras la esposaban y observó como otra oficial quitaba a Jessica del medio y le daba atención a Victoria, se llenó de pánico al verla pero se calmó de inmediato cuando la mujer pudo abrir pesadamente sus ojos, por lo menos estaba viva.
—¿Qué demonios, Swan? —quien le hablaba era la oficial Brandon, la sacó de la celda a rastras mientras gritaba a alguien más que mandaran una camilla de enfermería a la celda para trasladar a Victoria.
Bella pensó que la llevaban a enfermería también, pero cuando siguieron de largo una alerta se disparó en su cuerpo.
—¿A dónde me lleva?
No obtuvo respuesta sino otro empujón, por la dirección que tomaron pensó que la llevarían a la celda de castigo nuevamente.
Intentó frenar sus pasos. —No —dijo deteniéndose a pesar de la fuerza de la oficial—. No puede llevarme allí otra vez. No. —Su rostro empezaba a doler y el sabor óxido se volvía más prominente en su boca.
—Camina —fueron las únicas palabras. El cuarto frío y colmado de humedad que la llenó de escalofríos.
—¡No! —Peleó de nuevo—. ¡NO!
Alice se vio forzada a emplear más fuerza pidiendo refuerzos.
Bella no reconoció los brazos que la tomaron pero ellos sí se acordaban de ella.
—Vamos, cálmate. —Seth Clearwater la tomó de ambos brazos y la pegó de la pared, Bella parpadeó pegando su mejilla al frío concreto, escuchó maldecir a la oficial tras de ellos, pero le pareció que no era contra ella el insulto.
—Que no me lleven a la celda de castigo. —susurró en suplica al chico de las galletas, él no sabía a dónde la llevaban pero le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—Cálmate. Nunca es bueno desafiar a un oficial aquí dentro, ya deberías saberlo.
Bella suspiró una risa.
—Lo olvidé.
—Vamos —dijo la oficial, y Seth tomándola por las esposas, la encaminó hacia delante. Bella empezó a ver borroso por uno de sus ojos y sabía que ya se le estaba hincando el pómulo derecho.
Finalmente supo a donde la llevaban y se alivió de saber que no era a la celda de castigo, una mujer morena y flaca exclamó una oración cuando los vieron entrar, la oficial le dijo un par de palabras y siguió de largo exhortando a Seth que la siguieran.
Bella observó por segunda vez el despacho del director nuevo. Estaba cambiado, ya no habían cajas desordenadas ni alrededor, excepto en una de las esquinas donde habían algunas abiertas mostrando… Bella frunció el ceño, ¿trenes?
El director estaba al teléfono y cuando los vio entrar sus ojos se abrieron de par en par. Trancó la llamada sin despedirse y se giró hacia sus visitante, incluida la morena que Bella no conocía.
—¿Qué demonios, Alice? —gritó indignado el director, pero al perecer la oficial estaba más indignada que él.
—Te lo dije —siseó—. Todo se jodió, aquí la tienes. —Señaló a Bella que no entendía qué pasaba—. ¡Arregla esto director!
Y sin más se fue, llevándose a Seth con ella. Bella se quedó cabizbaja, moviendo sus manos esposadas sin saber qué decir, la última vez que lo había visto había estado casi desnuda esperando a que él entrara en acción, claro, no precisamente él sino Caius, pero eso no pudo explicarlo y tampoco sabía cómo hacerlo.
Escuchó las palabras. —Puedes retirarte, Ángela. Yo me encargo. —Y escuchó como la puerta se cerraba. Estaba ahora sola con él, la adrenalina había abandonado su cuerpo por completo y ahora hasta su estómago temblaba, nada se oía a su alrededor por lo que se arriesgó a echar un vistazo.
Él la veía directamente a sus ojos, se dio cuenta que sus iris eran tan verdes que podían semejar unas esmeraldas.
Mordió su labio y se arrepintió de inmediato, arrugó la cara debido al dolor punzante del sitio donde Victoria le había partido el labio. Edward suspiró y se alejó de ella, hizo algunos movimientos mientras le daba la espalda.
Regresó y le extendió una servilleta de tela llena de cubitos de hielo. Bella alzó las cejas, incrédula.
—¿Qué? —preguntó él al verle la expresión. Ella parpadeó sintiendo la punzada esta vez en su pómulo.
—Tengo… las manos esposadas en la espalda.
Edward casi rió, pero no lo hizo. Le indicó que se sentara mientras le pedía a su nueva secretaria que le buscara las llaves con la oficial Brandon.
Bella se quedó ahí sentada, con la espalda recta y la mirada en sus rodillas.
—Iba a mandar a llamarte —la voz del director la hizo incorporar el rostro.
—Ahh, ¿a mí? —tartamudeó. Él asintió.
—Tengo que hablar contigo, Isabella —lo dijo con tanta familiaridad que Bella sintió que se podía derretir ahí mismo y no tenía que ver con la ausencia de adrenalina.
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.
El siguiente será en libertad... dejaremos la vida de la cárcel para el otro.
¡Besos!
