Se despertó mejor que la vez anterior. Le habían vuelto las fuerzas, al fin y al cabo, se había quedado satisfecho. El cansancio había desaparecido, de modo que era hora de empezar otra vez a explorar, y así hacerse una idea de los sitios en el que la comida fuese fácil de obtener.
En el transcurso de la noche había crecido unos pocos centímetros, reflejo de la buena salud que ahora gozaba, y tenía pinta de que las luchas hasta el momento le habían fortalecido, aunque solo fuese un poco.
El poyomon era el más débil de sus rivales, de modo que dedujo que si quería volverse más fuerte debía empezar por aquellos que se aproximaran a esas expectativas. Pero no se podía descuidar, pues si se enfrentase a rival fuertes, le serviría como entrenamiento. Al fin y al cabo, estaba decidido a vengarse del elecmon.
Puso rumbo al bosque, planificando su estrategia para volver a tener éxito en su empresa.
x.x.x.x.x.x
Ese día tenía la impresión de ser perfecto, el cielo estaba totalmente despejado, los niños Digimon jugaban felices sin ninguna preocupación. No había nada que pudiese estropear tan utópica mañana en tan paradisíaca isla. Elec se había levantado bastante temprano, decidido a aprovechar tan fantástico día.
Paseando, mirando a su alrededor y comprobando el estado de los huevos, apareció alguien a quien no había visto en ese lado de la isla desde hace poco más de un mes.
Normalmente, abandonar la seguridad del Pueblo no se hacía hasta pasado un par de semanas, pero aun así en la isla no había nada que pudiese hacer peligrar sus vidas. Hasta hace unos días.
Su nombre era Michael, era un tokomon, un ser rechoncho y aspecto adorable. Sus largas orejas, coronaban su cabeza con dos pequeños ojos que mostraban una inocencia engañosa, pues aunque no lo pareciese, el pequeño sabía defenderse dentro de sus capacidades.
La razón de su visita era puramente cordial, al fin y al cabo, Elec había sido su protector y profesor durante su estancia en aquel lugar.
-Hola Elec-Le hablo.
-¡Hombre, Michael! Hacía un tiempo que no te veía-Le saludo-Es increíble...-
-¿El que?-
-¡Lo que has crecido, incluso has evolucionado!-Se acercó a él y lo abrazó-¿Cuando ha sido?-
-Hace unos dos días-
-¡Esto hay que celebrarlo!-Le llevó junto al resto de los pequeños-¡Chicos, escuchad!-El resto se giró hacia ellos, interrumpiendo sus actividades-Algunos seguramente le conozcáis, otros no-Dijo-Para los que pertenezcan al segundo grupo os lo presentaré-En ese momento hubo silencio-Os presento a Michael-
-¡Hola Michael!-Dijeron todos al unísono.
-En vista de que ya os conocéis, es momento de celebrar además (aunque al parecer un poco tarde) que ha conseguido evolucionar a su siguiente etapa-En ese instante, todos estallaron en vítores.
-¡Felicidades!-Gritaron.
En ese momento empezó la fiesta, al fin y al cabo, evolucionar suponía un gran salto y un símbolo de que había madurado. Se había vuelto más fuerte y había pasado a ser un Digimon en un escalón más cerca al Nivel Campeón.
Era una ocasión para divertirse, sin embargo poco sabían todos la verdad. Que pronto, a partir de ese día, no quedaría nada para celebrar.
x.x.x.x.x.x
El tiempo que le costase encontrar victimas potenciales ese día no fue mucho, esta vez se encontró con un botamon que bebía agua de un charco al lado de un grupo de arboles. El pequeño abrevadero parecía no llevar allí mucho tiempo.
La estrategia debía ser similar a la empleada contra el alimento del día anterior. Acercarse sigilosamente primero.
Abalanzarse sobre su victima en cuanto estuviese lo suficientemente cerca.
El golpe envió al Digimon de cabeza, mojando su cuerpo y sorprendiéndolo por igual.
No debía darle cuartel.
-Resplandor Ocular-Disparó la espuma con el objetivo de dejarle ciego, tal y como había descubierto la anterior vez.
Y acertó. Sin perder un instante embistió. No podía perder ni un segundo en la ofensiva.
Se retorció, rodó y se movió de un lado a otro intentando desembarazarse de su agresor. Pero este no le soltaba.
La violencia del combate fue decayendo a medida que su enemigo perdía. El final era inevitable.
Por fin, cuando su victima murió, empezó a devorar sus datos. Su cuerpo se deshacía lentamente. Y él se volvía más fuerte.
Al terminar de comerse sus datos, el DigiCore quedó expuesto. Ahora este regresaría al Pueblo del Comienzo que le vio nacer, para volver a formar otro Digihuevo. Pero no le dio el tiempo que necesitaba. Y también se alimentó del Núcleo.
Aun después de esta acción no se sentía satisfecho, quería comer más.
Y emprendió de nuevo la marcha.
x.x.x.x.x.x
La fiesta sufrió un cambio, ya más calmados, Michael contó lo que había estado haciendo en el tiempo que Elec lo había visto por ultima vez.
-La verdad, no hay nada de especial-Empezó-La evolución me pilló por sorpresa, pero me alegro de haber vuelto aquí.-
-¿Y donde vives ahora?-Preguntó Kyu el relemon.
-Pues, nada más marcharme fui al bosque-Contestó-Ahora mismo vivo en un árbol-holograma al noroeste de la isla, lo encontré poco después de irme de aquí.-
Los árboles-holograma eran un tipo especial de árboles hechos con la estructura superficial de los datos de un árbol digital. Por tanto, aunque por fuera tuviesen el aspecto de un árbol, por dentro estaban completamente huecos. Algunos Digimon suelen hacer sus nidos en ese tipo de árboles, sobre todo aquellos que son demasiado débiles y se han criado en algún tipo de territorio hostil.
En toda la isla solo había un árbol que fuese de ese tipo.
x.x.x.x.x.x
Aunque no fuese un Digimon, los frutos de los árboles eran demasiado tentadores. Era la primera vez que los tenía en cuenta como alimento pues no encontraba ningún Digimon que cumpliese las condiciones impuestas en lo que llevaba de día. Le costó un poco escalar lo suficiente para coger uno solo de los que se encontraban más bajos.
El fruto cayó de las ramas y dio un golpe en el suelo. Kuramon bajó de manera lenta, asegurándose de no caerse y hacerse daño.
Una vez abajo, comparó el tamaño y aspecto de su trofeo.
Era de un color violáceo, con vetas rojas que lo surcaban verticalmente por toda su superficie. Con no poco esfuerzo, ya que era de un tamaño de casi la mitad de su cuerpo, lo arrastró a su cueva.
Un a vez en su hogar, procedió a comérselo. Era de un sabor ligeramente ácido, pero le gustó. Era blanda y al mordisco expulsó agua, tenía semillas en su interior.
Una vez terminada, se sintió lleno. Calmada su hambre y habiendo aprovechado el día, se acurrucó en el la esquina interior de su guarida y se puso a dormir. Otro día se acababa y la noche se cernía sobre la pequeña isla abandonada por todos. Pero esto era solo el principio.
