Hyuga.

Itachi miró a la mujer que estaba saludándolo. Era caucásica, de cabello color azul a la altura de la cintura, su rostro poseía rasgos finos y delicados. Vestía un pequeño short color negro acompañado de unas calzas negras y botas del mismo color, una blusa sin mangas de una tonalidad violeta con una pequeña faja en el centro, realzando sus pechos y remarcando su silueta delgada pero curvilínea.

—Necesitaba ayuda —recordó en voz alta el de cabellera azabache cuando se prohibió mirar el cuerpo de la chica por más tiempo. Agradeció que su voz no sonara ronca a causa de la excitación que le provocaba ver a una mujer tan atractiva.

—Así es —parpadeó ella para salir de la sorpresa de ver ahí al ex akatsuki. Miró los ojos negros e inexpresivos de Itachi y sintió miedo, un poco de pánico, pero, sobre todo, se sentía expectante. Eran muchos los rumores acerca de lo desleal y lo traicionero que podía llegar a ser el Uchiha y de los planes malévolos que tenía en contra de toda la villa. Decían que, así como había ejecutado la masacre de su clan, de la misma manera trataba de atacar a la aldea que había abandonado y atacado.
Por ello, nadie en la aldea se acercaba al Itachi. Su pasado seguía causando un pavor justificado en los habitantes.
Aunque a ella siempre le pareció extraña la forma en que Naruto lo defendía y cómo se expresaba de Itachi, haciéndola pensar que había algo que todos en Konoha desconocían sobre él pero que nadie se molestaba en aclarar, ni siquiera su viajero hermano menor.

—¿Se encuentra bien? —escuchó que le preguntaba por cortesía, cosa que la extrañó, pues esperaba que él actuara como decían, brusco e intimidante, sin embargo, se comportaba civilizadamente.

—Disculpe —Hinata desvió su mirada de la contraria y se lamentó al darse cuenta de que se había perdido en sus pensamientos, unos pre-juiciosos pensamientos—. Tsunade-sama me dijo que podía recurrir a ustedes —sintió sus mejillas arder a causa de la vergüenza de ignorar a Itachi—, a usted —corrigió cuando recordó que los demás senseis se habían marchado al verla aparecer.
Llevó una de sus manos al pecho e intentó calmarse, no sabía porqué estaba tan nerviosa, pero podía escuchar sus propios latidos en sus oídos, como si su corazón quisiera salirse de su lugar y escapar por algún sitio.

Hinata palideció, y en un vago intentó por mantenerse en calma, miró al mayor de los Uchihas directamente a los ojos, lo cual fue un grave error, pues sintió un malestar en el vientre que la afligió cuando él le devolvió la mirada con una intensidad inesperada de un supuesto sanguinario.

La de cabellos azules sintió su garganta seca y sus piernas comenzaron a temblar.

Itachi parecía un shinobi ordinario, actuando como cualquier otro miembro de su aldea, otro compañero dedicado a su labor, trabajando tan cerca de la hokage, estando en un lugar que muchos querían ocupar, se comportaba como si nunca se hubiera marchado de Konoha ni hubiera sido perseguido por las cinco naciones, como si su hogar y su lugar siempre hubiera sido su villa natal.
Ahora que Hinata lo veía portar papeles en sus manos y llevando un chaleco gris especial para él, ya que tenía el símbolo Uchiha cerca del pecho, no parecía ser tan sanguinario, ni tan sádico como parecía y contaban. Aunque un rumor sí era cierto, Itachi Uchiha sí lucía melancólico, solo, incluso podía atreverse a pensar que su voluntad de fuego estaba extinta, explicando su pálido color, su falta de expresión, de calidez, ya que sus ojos perla nunca lo habían visto paseando por las calles o en salidas amistosas.

Entonces el nerviosismo de Hinata se transformó en tristeza.

—¿En qué puedo ayudarle? —preguntó él, aun mirándola fijamente, queriendo estudiarla, como era su costumbre.

—Yo… —trató de recordar el motivo por el cual había ido a la torre de la hokage, motivo que se le había olvidado cuando había visto al Uchiha en medio de la habitación—… necesitó… —se mordió los labios y desvió la mirada, por segunda vez—… debo hablar con el consejero de Tsunade-sama para solicitarle apoyo y guía en un asunto de mi clan. Tal vez usted pueda ser tan gentil de mostrarme donde puedo encontrar al honorable consejero —pidió con una sonrisa. Su cuerpo le exigía que jugueteara con sus dedos como lo hacía en su adolescencia, pero eso sería un gran retroceso para todo el avance personal que había adquirido con el paso de los años. No lograba entender por completo porque conseguía ponerla tan nerviosa, tan melancólica, tan curiosa. Sólo estaba ante la presencia de Uchiha Itachi, antiguo criminal, asesino de su clan, hermano mayor y ex enemigo mortal de Sasuke, prodigio de los portadores del sharingan e incluso de Konoha entera, ninja excepcional, hombre fuerte y aterradoramente inteligente, masculino, presencia imponente y elegante, con un aire frío y solitario, acompañado de una reputación que no hacía más que ahuyentar a todo el que intentara acercarse.
Fue cuando Hinata entendió todo eso únicamente por estar frente a él, que sintió un hueco en el estómago, al igual que unas incesantes ganas de mostrarle que era bienvenido, que no tenía por qué recibir un trato tan descortés, insensato y desconfiado, pues hasta a sus oídos habían llegado los comentarios despreciables que hacían de él y su clan.
Se sintió molesta y decepcionada de ella, pero también del resto de los aldeanos, por no haberse interesado en ayudar la adaptación de Itachi en Konoha.

—Yo soy el consejero de la hokage —Hinata lo miró incrédula y luego lo reverenció con rapidez y torpeza, pues no esperaba escuchar que estaba frente a un alto mando de Konoha—. Será un placer ayudarla.


—No sé si hicimos bien dejándolos solos —comentó preocupado Iruka, girando la mitad de su cuerpo en dirección a la torre de la hokage que, poco a poco iban dejando atrás. Por lo que conocía y sabía de Itachi y lo que recordaba de Hinata como alumna, podía asegurar que no pasaría nada fuera de lo normal entre una dupla tan tímida y poco expresiva como esa.

—Sé lo que debes estar pensando —respondió Kakashi, acercándose al castaño y dándole débiles codazos—, cualquiera que los conozca a ambos sabría que nada interesante pasaría, pero no hay que dejarnos engañar aún —el antiguo maestro del equipo 7 sonrió bajó la máscara—. A veces, las apariencias engañan lo traviesos que son las personas.

Gai soltó una fuerte y sonora carcajada.

—Pero no son apariencias, sino personalidades Kakashi —aclaró el de grandes cejas negras—. Yo no tendría mucha ilusión en que algo romántico pasara, los dos son muy apáticos. No olvides que ella todavía no supera bien…

—Lo sé —suspiró por el recuerdo de aquel romance fallido que había protagonizado la chica con su antiguo alumno, tendrían suerte si ella no había perdido toda la fe en el amor y esas cursilerías—. El tiempo y la tensión sexual lo dirán todo, créanme.

Iruka giró su rostro para mirar a su amigo Hatake y vio que le sonreía con suavidad. Kakashi se veía muy confiado de sus palabras, y eso lo hizo sentir ingenuo pues al parecer, él ex ANBU notaba algo que los demás ignoraban.

—Eso espero, porque si eso no pasa, estaremos en peligro con un Uchiha enojado que bien podría usar el amaterasu para acabar con nosotros —la preocupación de Iruka hablaba por él, ya que la vida de ambos podía entrelazarse o seguir como hasta ese día—. Incluso también una usuaria del byakugan podría hacernos daño —se abrazó al sentir un escalofrío recorrer todo su cuerpo al imaginar el dolor que podía llegar a experimentar.

—Tan pesimista como siempre, Iruka —dijo Gai cerrando los ojos y negando con la cabeza al escuchar las palabras de su compañero—. Tal vez una carrera para ver quien es más veloz te ayude a animarte.


Se escuchaban los fuertes golpeteos que los dedos del castaño hacían al subir y bajar, cayendo sobre la pequeña mesita que se encontraba en el dormitorio de su prima.

Estaba planeando el castigo perfecto para ella, porque él había sido muy claro al decirle que no regresará después de la puesta de sol. El clan, y él la necesitaban.

Carraspeó incomodo al sentir a alguien conocido para él acercándose a la habitación.

—Hanabi-sama —interrumpió a la chica cuando intentaba abrir la puerta y acceder a donde se encontraba—, usted sabe que su hermana no le tiene permitido entrar aquí. Retírese y no le comentaré nada —habló Neji con calma.

—Tú tampoco tienes el permiso, querido primo —reprochó la menor, alzando la voz para que no hubiera pretexto de no haberla oído.

—Es diferente conmigo —aclaró el genio Hyuga, molesto de que Hanabi le recordara lo que él ya sabía.

—No estaría tan segura —dijo con voz cantarina Hanabi, burlándose de la confianza excesiva que tenía Neji.


—Es necesario que usted, por su lado, demuestre no sólo ante el consejo, sino ante su clan entero que puede ser la matriarca y si eso no se le llegara a permitir, entonces encontraremos otra solución para que se tome en cuenta como una posible mano derecha—comentó Itachi después de unos largos minutos de charlar y de tratar de asesorar lo mejor que podía a la integrante de la familia Hyuga más hermosa que alguna vez conoció y vio. La de mirada perla tenía el rostro en dirección al suelo y había dejado que sus ojos reflejaran una parte de su preocupación—. Sí usted hace lo posible, le doy mi palabra de que yo me encargaré del resto —quiso consolarla y aún con los papeles importantes de la hokage en mano, estiró su brazo derecho y tocó el hombro de Hinata. Él conocía de antemano como era aquel sentimiento de angustia que afloraba en la piel cuando tu clan dejaba de hacer las cosas de manera correcta, afectando a más de uno en el proceso. En ese caso en particular, había afectado a la rama secundaria durante generaciones completas y le sorprendía que ella tratara de cambiar la forma de vida de los que se suponía sólo vivían para servirles. Era extraño y demasiado humilde para un Hyuga, llevándolo a pensar que su voluntad debía ser impulsada también por otras personas cansadas de entregar su vida, pues, aunque era un honor proteger a los de la rama principal, todavía existían muchas prohibiciones exageradas e innecesarias que impedían la completa felicidad de todos los miembros.

Un lindo y generoso acto para una linda chica.

Absorto en Hinata y en sus pensamientos, Itachi no notó a Tsunade, que estaba por entrar en la habitación para exigirle una explicación por tardarse en llevarle los papeles que eran necesarios para asignar misiones al día siguiente, pero se detuvo en seco cuando notó quien lo acompañaba y lo que hacía.
Su introvertido consejero se había atrevido a tocar a alguien sin que ella se lo ordenara o fuera estrictamente necesario.
Entonces no supo si seguir molesta o sacar provecho de la nueva información que tenía en sus manos, sonrió y sintió como alguien la tomaba de los hombros, alejándola de la escena.

Al sentir el tacto incómodo y duradero, Hinata alzó la vista cruzándola con la de Itachi, él parecía querer decirle algo. A pesar de ser inexpresivo, se notaba que hacía un esfuerzo por consolarla.

Hinata no creía y no quería entender porque las personas trataban mal a Itachi. Su miedo y enojo estaban fundamentados en las crueles acciones del pasado del Uchiha, pero su redención debía de ser suficiente para las demás personas, ya que los grandes héroes de Konoha confiaban en él. Al menos para Hinata eso debía de significar algo. Para ella, todos merecían una segunda oportunidad.

Después de unos segundos de mirarse sin saber que es lo que encontraban tan interesante en los ojos del otro, Itachi comenzó a preguntarse cuanto tiempo habían pasado mirándose, con él tocándola sin el consentimiento de la Hyuga.

—Disculpe, yo… —se alejó de la de cabellos azules, tratando de concentrarse en la conversación y no en los labios finos y de tono rosa que parecían los más suaves de toda Konoha.

—No tiene que disculparse —lo interrumpió Hinata—. Le agradezco por guiarme a una solución y —la chica caminó en dirección a la puerta y giró su rostro, apoyando su mano contra el marco de la puerta—, por prometerme su propia ayuda —avanzó un paso que retrocedió un segundo después—. Si le sobra tiempo, tal vez usted pueda dar un paseo por la mansión Hyuga o por la academia, estoy tratando de ser maestra de algún equipo —Itachi la miró extrañado pero expectante, queriendo averiguar la verdadera intención de la Hyuga, alzó una ceja con curiosidad—. La villa ha cambiado mucho, y estoy segura de que nadie se ha tomado la molestia de mostrarle los cambios.

Itachi no sabía si debía salir con más personas de las que debería. Sus compañeros de trabajo ya hacían su vida lo suficientemente difícil como para complicar más las cosas con una nueva amiga. El era el consejero y no podía perder su tiempo, a pesar de que no era su trabajo soñado tampoco era malo y dudaba que alguien pudiera hacerlo mejor que él.

—Entenderé si no está interesado —agregó ella antes de hacer una reverencia y marcharse.

El se quedó con la afirmación en la boca. No debía ir, pero ella, Hinata Hyuga podría ser alguien que cambiara su vida, ya que una belleza como la suya sería difícil de ignorar.


Apresuró sus pasos hasta la entrada de la mansión y cruzó los brazos a la altura del pecho, frunciendo el ceño con enojo una vez ahí.

Sus palabras no debían ser tomadas a la ligera, nunca. Su autoridad como genio del clan y guardián de la heredera Hyuga le daba muchos problemas, pero los privilegios podían llegar a ser asombrosos, y uno de ellos era que tenía control y libertades sobre parte de la vida de la misma Hinata. Si ella lo desobedecía tenía que pagar las consecuencias.

Con ese pensamiento en la mente, activó brevemente su byakugan para asegurarse de que viniera sola, pues tendría un cambio de plan si ella venía acompañada, pero no fue así. Eso haría todo más fácil para su perversa y estricta actitud.

Escuchó la puerta abrirse y observó el pequeño pero esbelto cuerpo de su prima entrar con timidez.

—Buenas no… —Hinata enmudeció al notar que Neji la esperaba de aquella forma tan aterradora.

—Creí haberle pedido puntualidad a la hora de llegar, Hinata-sama —la de mirada perla tuvo la sensación de ser perforada a la altura del corazón, por la palma de vacío más sanguinaria de todo el clan Hyuga. Neji podía atemorizarla de muerte en numerosas ocasiones cuando se lo proponía.

—Niisan, yo —el cerebro de Hinata corría a máxima velocidad para rebuscar alguna excusa creíble o un pretexto digno que ofrecer y que su primo lo creyera sin cuestionarla por horas.

—No soy su hermano, Hinata-sama, creí que ese tema ya lo habíamos aclarado —interrumpió el castaño, masajeándose la frente, en un ritual absurdo por querer controlar su furia—. Llámeme por mi nombre, y en el proceso, cuénteme su día y así yo valoraré si lo que hizo fue tan extraordinario como para retrasarla hasta estas horas.

Hinata suspiró, pero asintió. Ella le había pedido mil veces a él que le dejara de decir Hinata-sama pero él la ignoraba y debatía que era su guardián por lo que debía de llamarla de esa forma, pero él sí podía exigirle que no le dijera hermano. Lo llamaba así por el cariño que sentía y por la cercanía que no tenía con nadie más que con él, no lo hacía para molestarlo.

—No haga más pucheros y acompáñeme —Neji comenzó a caminar, dirigiéndose a la habitación que había estado espiando en ausencia de la dueña—. Tendremos una conversación y luego le pondré un ultimátum —explicó el genio Hyuga que escucho resoplidos de parte de su prima que prefirió ignorar.

—Será una larga noche —contestó Hinata, siguiendo a su primo y resignándose a no dormir temprano.


—Sí, ella me invitó al complejo Hyuga—comentó Itachi tratando de no delatar alguna emoción al respecto.

—¿De verdad? —preguntó Gai sorprendido e ilusionado con la nueva, jugosa y valiosa información que Itachi le estaba confesando—. ¿Ves? Eso es genial, la llama de tu juventud está calentándose cada vez más y pronto encenderá cada parte de tu cuerpo hasta llegar a tu muy virginal miembro —celebró apresuradamente—. ¿Ya no estás enojado conmigo? —hizo un gesto de infante que a nadie conmovió—. Dime que no, Uchiha galán —trató de abrazar a Itachi, pero el otro se alejó al ver sus intenciones.

—No, nunca estuve enojado en realidad —le comentó con sinceridad fingida que Gai no notó.

—Iremos a celebrar —Kakashi participó en la conversación que comenzaba a aburrirlo hasta el sueño.

—No creo que sea buena idea —confesó Iruka sobando su cuello con nerviosismo. Conocía a sus amigos y sabía que cualquier cosa que planearan que involucrara sake y mujeres civiles resultaría terriblemente mal.

—¡Claro que sí! —contradijo Gai—. Dale un poco de crédito y otórgale un buen festejo Iruka, el ninja consiguió llamar la atención de una de las kunoichis más atractivas y tiernas de los novatos de Konoha.

—Además de una exquisita figura curvilínea —aclaró Kakashi con una sonrisa que su máscara le hacía el favor de esconder.

—Yo no he podido echar un vistazo a ese asunto, pero creo fielmente en tu buen ojo Kakashi —los eternos rivales se miraron al entender el chiste oculto de Gai y compartieron risas cómplices que Iruka no entendió en el momento pero que lo hizo sonrojarse después.

—No deberían pensar así de una alumna —regañó Iruka con la poca moral que le quedaba—. No está bien.

—¡Vamos! —habló Gai—. Es imposible negar que esa chica no creció para convertirse en una hermosa mujer —aseguró—, la prima de mi alumno ganó ventajas de entrenar con él durante todo este tiempo.

—Sin mencionar que ya no sigue a todos lados a Naruto —agregó Kakashi—. Y es una pena, hubieran formado una linda pareja si él no estuviera tan deslumbrado por Sasuke. Además, así deja un camino libre para el que quiera ir tras ella, y no dudo de que eso pasará pronto.

—Sigue siendo una vieja alumna —se alarmó ligeramente Iruka—. Lazos de alumno y maestro jamás se rompen.

—Prácticamente —pensó un segundo lo que diría después el de cabello color plata—, sólo fue tu alumna, Iruka. Gai y yo no tuvimos que ver con ella, así que dicho lazo no existe —Kakashi rio al notar que Iruka palidecía al escucharlo—. Si me gustaran las chicas tan jóvenes, no tendría problema al ir tras ella, pero no lo haré.

—¡Entonces andando! —animó Gai—. En honor a Itachi.

Se pusieron de acuerdo para ir a festejar después de que el Uchiha se desocupara de las ordenes de Tsunade, así tendrían toda la noche para alocarse si así lo decidían.


—¡Atáqueme en serio! —ordenó Neji a su prima.

—Sí —aunque Hinata estaba agotada, intentó obedecer lo que pedía Neji, pero su cuerpo estaba por rendirse y dejarse caer. Sus mejillas estaban rojas y su rostro perlado por el sudor.

—Hágalo un poco más fuerte —dijo él cuando Hinata le rozó el hombro con su puño en forma de tigre.

Hinata lanzó su otro brazo en dirección al rostro de Neji, que sólo llevó su espalda hacia atrás, esquivando el golpe y cerrando el flujo de chakra que estaba en el vientre de ella, haciéndola caer.

Escuchó un gemido de su prima y giró el cuerpo de la chica, tomando sus muñecas para estrellarlas en el frío suelo de madera del dojo, poniendo sus piernas en cada uno de los costados de la cadera de Hinata y acercando su rostro al de ella.

La miró a los ojos durante largos segundos.

—Neji-nii —lo llamó Hinata—. ¿Qué pasa?

—No debería haber ido sola a ver al consejero, no debió consultarlo cuando se enteró de quien era dicho consejero —Neji no sonaba enojado—. Pudo ser peligroso, Hinata-sama.

—¿Uchiha-san peligroso? —ahí estaba otra vez, alguien tratando a Itachi como si siguiera siendo un traidor—. Él fue muy amable conmigo, Neji-nii.

—Un asesino no cambia de la noche a la mañana, Hinata-sama. No todos merecen comprensión, y mucho menos la suya —Neji desvió su vista y relajó el agarre en las muñecas de Hinata—. Itachi Uchiha no es segura para usted.

Hinata besó la mejilla de Neji con delicadeza y sonrió.

—Estaré bien, Neji-niisan —dijo relajándose bajo él.


Estaban sentados alrededor de una mesa circular en uno de los bares más alejados de Konoha. Los cuatro parecían más relajados después de su primera salida, aunque no por eso estaban del todo cómodos.

—Se merece todo el reconocimiento —dijo Gai a Kakashi—. Consiguió una invitación privada hecha personalmente por la hermosa Hinata —agregó para ver la reacción de Itachi que parecía estar tranquilo.

—No esperé conseguir nada —habló por primera vez Itachi—, pero no estuvo mal.

—Fue porque te mostraste más amigable, abierto a las relaciones sociales —explicó Gai con expresión alegre.

—Ella me invitó —recordó el Uchiha en voz alta.

—Te dijimos que tenías que estar dispuesto a vivir este tipo de cosas, la emoción que genera una cita con alguien es una manera sana y divertida de sentir adrenalina —argumentó Kakashi, llenando los vasitos de sake que había dejado la mesera en su mesa.

—Fue un excelente comienzo —celebró Iruka tomando el vaso frente a él en sus manos.

—Entonces —a Itachi sólo le venía a la mente una cosa importante—, ¿Cuándo debería verla de nuevo? —preguntó al no saber cuándo sería apropiado hacerlo. Alzó una ceja, mirando a todos sus acompañantes.

—¿Te agrada? —preguntó Iruka con curiosidad, dejando a medio beber su sake.

Itachi carraspeó incomodo por lo personal y directa que había sido la pregunta, pero no podía negar que había sentido una atracción por la kunoichi.

—Sí —dijo con firmeza sabiendo que eso conllevaría a burlas de parte de sus nuevos amigos.

—En ese caso no deberías verla —dijo tajante el castaño.

Itachi frunció el ceño, no entendiendo el cambio de parecer del sensei.

—¿Cuándo son los siguientes exámenes chunin? —preguntó Kakashi de repente.

—Lo que debes hacer es conseguir un montón chicas calientes y tener mucho del sexo rápido e indiferente —Gai hizo una seña con la mano de nalguear un trasero imaginario—. Una vez que te hayas acostado con veinte o treinta gatitas salvajes estarás listo para cortejar con libertad a Hinata y llegar a un erótico nivel.

—No soy bueno con mujeres de trabajan en dar placer —describió Itachi al negarse a llamarlas de una manera despectiva y grosera.

—Mi abuelo era bueno con ellas —confesó relajado Iruka con las mejillas encendidas a causa del sake, recordando las anécdotas que escuchaba de niño.

—Olvida eso —comentó serio Gai—. Lo que él trata de decir, es que has tenido tan malas experiencias las primeras veces que no querrás arruinar la oportunidad de hacer el amor con la que te gusta porque pensará que eres un raro por ser tan estúpido, entonces deberás tener sexo con mujeres fáciles para que cuando lo hagas con la chica elegida no piense que eres mediocre en las relaciones sexuales, posiblemente un tonto en la cama —explicó con una expresión natural en su rostro, como si el tema no fuera íntimo.

Los otros dos senseis asistieron, dándole la razón a Gai.

Itachi parecía perdido entre tanta información nueva y consejos extraños pero dados por hombres conocedores de aquel vergonzoso asunto, que no supo cómo reaccionar.

—Por Itachi —dijo Iruka tratando de ayudar a despejar la mente del Uchiha—, un amigo que consiguió una cita con una buena chica —indicó, pues recordaba lo adorable que era la niña en tiempos de academia.

—¡Felicidades por tu logro! —concordó Gai.

—Bien por eso —siguió Kakashi.

Todos alzaron sus vasos, chocándolos y llevándoselos a la boca después de juntarlos.

—Gracias —comentó Itachi cuando volvieron a llenar sus vasos, agradeciéndoles por sus ánimos de festejar por él.

—Bien —dijo Gai cuando encontró una manera más rápida de emborrachar al genio, al igual que a sus amigos—, como un tren y hasta el fondo —indicó antes de tomar el sake de su vaso de un solo trago, seguido de Iruka, Kakashi y al último Itachi, que había comprendido a lo que se refería por como un tren, pero cuando el poseedor del sharingan terminó con su vaso, Kakashi ya estaba extendiéndole otro vaso lleno, apurándolo, y dejando otros dos vasos más frente a él.

Pasaron un par de rondas más hasta que Gai hizo una seña con la mano dirigida a la mesera y segundos después la chica traía un ella una bandeja con una pequeña botella en el centro, dejándola sobre la mesa y retirándose enseguida.

—Yo llenaré los vasos ahora, Kakashi —habló Gai aprovechando que su amigo no le prestaba mucha atención.

La bebida que había traído la mujer había sido Shochu, una bebida que para nada iba con el sake y que sin duda alguna era más fuerte.

No resultaría nada bueno de aquella peligrosa combinación y Gai lo sabía muy bien.

—¡Por nuestro virgen del grupo! —propuso el de anchas cejas, sonriendo por saber que el nuevo líquido que había servido apenas si lo notarían sus amigos, pues parecía que el sake estaba funcionando a su máximo nivel esa noche.

—¡Por la virginidad Uchiha! —dijeron al unísono Iruka y Kakashi, riendo al notar que Itachi apuraba sus tragos, como queriendo olvidar que acababan de gritar uno de sus secretos en un lugar lleno de ebrios.

Itachi notó un sabor más amargo y fuerte en ese último trago, pero lo asoció a que había tomado demasiado sake y que debía parar antes de que estuviera más mareado de lo que ya se sentía. Estaba perdiendo el control, él había dejado de contar las rondas cuando la decima había tenido un efecto en los cuatro ninjas. Eso había pasado hace varias horas.

—Gracias —Itachi arrastró las palabras—. Oigan, ¿Cuánto tiempo llevamos aquí? —preguntó, pero no obtuvo una respuesta.

Miró a su alrededor y se dio cuenta que sólo quedaban ellos en el bar, notando que las encargadas de este los veían con mirada impaciente y molesta.

—Debemos irnos —habló esforzándose por sonar natural, levantándose con dificultad de su asiento. Su equilibrio estaba jugándole una broma, pues no lograba quedarse quieto ni un momento. Se avergonzó de no haberse controlado al beber y salió del lugar, dejando su parte de la cuenta.

Los demás lo siguieron a un lento ritmo entre risas y pasos torpes.

Cuando el Uchiha creyó que era el fin de la velada, Kakashi sacó de su bolsillo una hierba que, según los pocos conocimientos que aún no olvidaba, alteraba los sentidos, provocaba euforia, alucinaciones y demás.

Kakashi tomó una fruta que Itachi no recordaba conocer, hizo dos pequeños orificios y metió aquella hierba en uno de ellos, dejándolo con mil dudas de lo que estaba haciendo.

El de cabello plata bajó su máscara, sacó un encendedor y prendió la hierba, fumándola. Giró y se la entregó a Itachi.

—Sólo fuma un poco —pidió el antiguo sensei de su hermano.

Itachi no estaba convencido de que fumar esa hierba fuera buena idea.

—No te lo volveremos a pedir nunca más —trató de convencerlo Gai.

El de largas ojeras accedió, sintiendo alivio de que sería la última vez que hacía algo que no sabía que haría en su cuerpo.

Itachi se ahogó al principio, pero sintió como sus sentidos parecían ir a una muy baja velocidad, aunque también sentía una relajación que no había experimentado antes.

Rio despacio sin saber el motivo de la risa, siendo acompañado por las carcajadas de los senseis que se miraban entre sí con los ojos entrecerrados.

—Apuesto que en este momento sí se acostaría con quien pasé delante de él —comentó divertido Kakashi.

Itachi negó frenéticamente con la cabeza.

—No lo creo —añadió.

—Yo creo que sí —aseguró Gai.

—No —repitió el Uchiha.

—Claro que sí —añadió Iruka sosteniéndose de Kakashi.

—Soy tímido, entiendan —Itachi enfatizó la ultima palabra, tratando de aclarar las cosas.

Entre risas y burlas, los cuatro caminaron de regreso a sus casas, tardando más de lo usual por el estado en el que habían quedado.


Itachi sólo sabía que el dolor de cabeza y las náuseas se quitarían si se suicidaba en ese mismo instante.

Maldecía una y otra vez la hora en que había aceptado esa estúpida salida nocturna.

Había tardado horas en despertar y había faltado a la torre hokage. Era comprometido con su trabajo, pero no dejaría que nadie lo viera en aquel estado. No sabía que hacer para sentirse de manera normal y sus amigos no aparecían para ayudarlo.

Eran cerca de las tres de la tarde cuando había salido de su pequeño departamento. Quería comer algo dulce para sentirse un poco mejor.

Cuando estaba por llegar a la dulcería, en su recorrido había recibido cientos de miradas furiosas y de miedo pero que empezaban a perder importancia para él, cuando escuchó algo que parecía ser obra del destino.

—Si no nos damos prisa, Shino se molestará y nos dará un sermón acerca de la puntualidad —regañó Kiba, pasando de largo detrás del Uchiha—, así que date prisa, Hinata.

—Lo lamento —se disculpó la Hyuga, apresurando el paso, caminando junto a Akamaru—. No pensé que tardaría tanto con la hokage.

Itachi maldijo de nuevo. Era el primer día que faltaba a su trabajo y justo ese día hubiera tenido oportunidad para hablar con Hinata.

Volteó para mirarla y tal vez provocar en encuentro casual pero la chica ya había avanzado unos cuantos pasos. Iba a llamarla, pero mejor prosiguió su camino, ambos estaban muy ocupados.


Lamento mucho que pasara más de un maldito año para que volviera con una actualización. Mátenme y lo entenderé.

Gracias a los nuevos seguidores, por sus favs, y sus comentarios que fueron:
MikaSyo: Oh sí, lo de Ayame fue una verdadera tortura para Itachi Cx Aparece Hinata, pero no por mucho, aunque sí es importante la primera aparición. ¡Perdón por la tardanza! Espero que te guste este nuevo capítulo.
Melania Uzumaki Uchiha: Espero que sigas sin poder enojarte :C Itachi es el rey de los salados. Pues le puede ir mejor o peor, quien sabe cx jajaja, trato de hacer a los senseis tan divertidos como puedo, pero es difícil no salirse todavía más de lo canon. Gracias y espero que disfrutes el nuevo capítulo.
Yue Yuna: Muchas gracias y lamento haber demorado tanto. Espero disfrutes de la actualización.
Patohf: ¡Sí! Ya era hora de que se hiciera notar Hinata cx Jajajajajaja, debe ser un bajon supremo que eso te pase, y si sucede es mejor correr lejos de ahí. Muchas gracias, lamento tardar tanto, pero espero que puedas disfrutar del nuevo cap.
Komorebi-chama: Exacto, Itachi se lo tenía bien merecido! Ayame perdió la compostura por completo xD jajajaja, lo hará. Sí, también estaba ansiosa por presentarla por fin. Bueno, pedir que sean ayuda y no molestia lo veo difícil. Disfruta el capítulo querida.
MikashimotaZ: Jajajajajaja! Sólo le dio un pequeño baño de vomito cx jajajajaja, lo bueno es que no te pasara a ti algo como eso cx jaja, exacto! Aparece ella para complicarlo todo un poco más. Pues aquí esta Nejicito bebé. No, no, para Sasuke tengo planeado otro rumbo, espera y verás xD jajaja, eres tremenda. Genial! Saber que sí las divierte es un gran gusto para mí. Perdón por tardar tanto cx pero me motivaste a acabar el capítulo, ¡Gracias!
dagorfly: Gracias, espero te guste.

Sin más, me despido apenada y esperando que esta actualización pueda ser de su agrado. Nos leemos pronto. *Revisé la ortografía, la gramática, todo, pero si hay algún error, espero me disculpen*
¡Besitos en la frente para todas!