Bueno a ver, que todo el mundo me ha dicho lo mismo, y creo que os merezco una pequeña explicación… Sobre los capítulos. La largura de los capítulos es algo que me tiene mortificado, en serio. Todos me decís que deben ser más largos, y yo me esfuerzo porque lo sean, pero no suelo llegar a tener más de…2000 palabras por capítulo Quizá alguna más pero bueno…

tenéis dos opciones: Preferís que escriba capítulos de unas 2000 – 4000 palabras, o que me demore algo más y llegue a escribir… no sé, podría intentar 10.000. Aun así, tened compasión que es el primer fic que publico, así que no os echéis encima de mí pidiéndome capítulos de 30 páginas de Word, porque no puedo

Bueno, espero haberme explicado con claridad… Por cierto, gracias a todos por los reviews, me anima saber que le gusta mi historia a alguien. (Y Amoz, actualiza tu historia anda, que creo que llevas un tiempo sin actualizar. Lo mismo te digo a ti Llaelien ;-P Llevas bastantes días y ya me está empezando a dar algo… jejejeje)

Y una última cosa, para DarkCaroform… Sí, créeme que voy a intentar ser malo con todo el mundo, de verdad :-D Se puede notar la venganza en el ambiente uuu nnU

Por cierto, no tengo beta-reader (y tampoco es que tenga un interés feroz por tenerlo), pero os comento que quizá podáis encontrar algún fallo o algo así. Espero que la historia sea comprensible y no tenga nada inconexo, etc.


Disclaimer: Nada es mío, sólo he modificado algunos de los personajes ya creados por JK Rowling.

Disclaimer: I don't own anything; I only have modified some characters. Everything has been created by JK Rowling.

" " → pensamientos

cursiva → prisionero

normal → aurora Johnson

Sobre la hora en la que tenía que llevarle la comida a Harry, un auror se le cruzó en su camino. Era Blaise, en opinión de Johnson un tipo repelente capaz de hacer cualquier cosa con tal de ascender puestos en su posición de trabajo. Además, según ella, se le veía a leguas que era de ideología mortífaga y, por ende, mortífago. Su pelo marrón y corto rezumaba caspa por todos los lados, la cual se posaba a cada paso que daba en sus hombros, dándole un aspecto más lamentable del que ya de por sí tenía

Tras ponérse delante de la aurora, le comentó con una repugnante sonrisa: - Hola aurora Johnson¿va a llevarle la comida al prisionero, o mejor dicho, a Harry Potter? Sí Johnson, te he oído, te oí la conversación que tuviste la otra vez con Colin, y créeme que alguien se va a enterar de lo que ha pasado…-

Incapaz de reaccionar por la sorpresa, la mujer se quedó estática en el sitio y sólo pudo responder: - Si es otra de tus muchas mentiras Zabini, mejor que te calles de una vez y me dejes hacer mi trabajo en paz. ¿No tienes otra cosa que hacer? Porque entonces te sugiero que te compres una vida social, o que plantes un bosque y te pierdas en él.-

Zabini, tras soltar una seca carcajada, le respondió: - vaya, vaya, parece que hoy la aurora se ha levantado graciosa y con ganas de tener problemas. Tranquila que los tendrás, y dentro de muy poco. Yo te recomendaría ir despidiéndote de tus compañeros de aquí, pues dudo que los vuelvas a ver… ¡Ah!, y tranquila por Colin, más adelante también me ocuparé de él…-

Asustada, la aurora decidió ignorarle y seguir su camino hacia la celda XY-21, donde estaba decidida a tener una importante charla con Harry Potter. Sentía la necesidad de que todo le fuera aclarado, pues un sentimiento de duda había comenzado a albergarse en su mente. No sabía que pensar sobre la inocencia de Harry Potter y¿quién mejor que él para disipar toda duda?


La incomodidad se adueñó de su alma durante el trayecto hasta la habitación del prisionero. En su fuero interno sabía que la amenaza lanzada por Zabini iba completamente en serio y que dentro de poco sería destinada muy lejos de Azkaban, como muchos otros aurores que conocían la identidad del prisionero. Sabía que el haber hablado con él le había traído unas consecuencias desastrosas tanto a ella, como se las traería al pobre Colin, totalmente inocente y que, por su culpa, había sido metido en ese embrollo. Los angostos pasillos se le hicieron más estrechos y la sensación de ser vigilada constantemente le persiguió hasta que llegó a la celda, donde Harry Potter descansaba.

La mera entrada en el habitáculo parecía relajarle completamente, olvidando momentáneamente todas sus preocupaciones. En cuanto llegó se encontró al joven en la misma posición que la primera vez que lo vio, sentado en una silla con los ojos cerrados. Tan pronto como llegó Harry abrió los ojos para mirarla silenciosamente. Antes de que ella formulase ninguna pregunta, él decidió comenzar a hablar:

-Sí aurora Johnson, anoche sé que tuvo un sueño extraño, yo se lo provoqué. Y sí, también fui yo la voz que le susurró en sueños. Porque quiero que vea la verdad, porque quiero que sepa lo que de verdad ocurrió. Todo comenzó una noche antes del asesinato en masa del centro comercial muggle. La familia Weasley al completo estaba conmigo, junto con Dumbledore, Hermione y Remus Lupin. Estábamos todos celebrando el nuevo ascenso del señor Weasley a ministro de magia, algo que sin duda enriquecería a la pobre familia de los pelirrojos, que siempre habían andado escasos de dinero. Se había decidido organizar una pequeña fiesta de lo más relajada. Hasta ese momento todo parecía ir normal. Pero cuando la menor de los Weasley, Ginny (sí, la actual directora del hospital de San Mungo), me dio a beber una copa de color extraño, todo cambió para mí. Sintiéndome con un sueño profundo, fui a recostarme en un sofá.

Cuando me desperté al día siguiente todos se habían ido dejándome una nota que decía «Posible ataque de mortífagos, hemos sellado la casa por tu propia seguridad, de manera que nadie podrá ni entrar ni salir. Al día siguiente se levantarán las ideas, por lo que te recomendamos que te vayas a tu casa». Esta nota no me alarmó mucho. Confiaba plenamente en todos y en ningún momento pensé que fueran a hacerme nada malo, por lo que esperé un día y luego me dirigí a mi casa, en el Valle de Godric.

Al llegar a ella me la encontré rodeada de aurores, algo que me comenzó a extrañar. Al aproximarme hacia el grupo de éstos, uno me vio y gritó: -¡Ahí está, es Potter¡Apresemos al asesino de muggles!- Y una serie de hechizos volaron a mi alrededor. Sin entender que pasaba, me desaparecí para irme a la casa de los Weasley, donde estaban todos reunidos. Rápidamente les expliqué lo que pasaba, y ellos trataron de reconfortarme, diciendo que todo se aclararía pronto, que mientras tanto me refugiase en la casa de los gritos, donde nadie se imaginaría que podría estar. Además, Ron me prometió tratar de dar pistas falsas a sus compañeros aurores, algo que en su momento le agradecí encarecidamente.

Nunca llegué a imaginarme que alguien pudiese llegar a traicionar a otra persona como toda esta gente como lo hizo... Urdieron tan meticulosamente el plan, que nadie podría haber sospechado lo más mínimo de ese grupo de personas. Lo siguiente que pasó fue que me aparecí en la Casa de los Gritos, donde estaba Ron, que había decidido acompañarme. Tras estar cinco minutos hablando conmigo y tratando de tranquilizarme, oímos un ruido en la puerta principal, al grito de ¡Aurores, esté quieto Potter, asesino! Me giré para ver a Ron, sin saber que ocurría, cuando éste me lanzó un hechizo silenciador seguido de un "incarcero".

Comprendiendo definitivamente lo ocurrido, comencé a gesticular sin que una palabra saliese de mi garganta. Tan sólo un torrente de lágrimas bañaba mi rostro, mientras miraba, sin entender las razones de su traición, a mi único verdadero amigo, aquel en quien yo habría confiado mi vida. Los aurores llegaron al lugar en el que se encontraba Ron y, tras escuchar su explicación (en la que relataba la ardua y cruenta batalla que habíamos tenido entre nosotros), lo aplaudieron vigorosamente, felicitándole por su casi seguro puesto como "Jefe del departamento de aurores". Mientras tanto, yo me consumía en mi tristeza, sintiendo como el mundo en el que confiaba se venía abajo. No quedaba esperanza para mí, ni futuro. No en el mundo mágico.

Y esto es todo lo que ocurrió. Ésta es la verdadera versión de los hechos. Comprendo que os pueda resultar difícil creer lo que os digo. Yo sólo os cuento la verdad, de ahí a que lo creáis no puedo hacer nada.-

Para cuando terminó este pequeño discurso, Harry se percató de que en la habitación había otra presencia aparte de la aurora Johnson. Se sorprendió al encontrar a Colin Creevey, compañero de Hogwarts de Gryffindor de un año menor. Éste, al igual que la aurora Johnson, se encontraba llorando, mirándole. Sabían que lo que había dicho era verdad. Por muy ilógico que pareciese, en su fuero interno presentían que lo relatado por Harry era lo que realmente había ocurrido, no la patraña inventada por su jefe de aurores sobre una cruenta lucha entre el asesino y él, ni que supuestamente casi había muerto Ronald debido a la ingente cantidad de cruciatas que Harry Potter le había enviado, los Avada Kedabras que por poco no le dieron…

La aurora Johnson habló decididamente: -Harry, te creemos, pero lamentamos mucho no poder llevarle la verdad al mundo mágico. Vamos a ser trasladados, los dos. El auror Zabini nos pilló hablando sobre ti y se lo ha comunicado a Ronald Weasley, nuestro jefe, por lo que en breve nos destinarán a un lugar inhóspito en el que probablemente moriremos, aunque haremos lo posible por continuar vivos, teniéndote en nuestra memoria. A pesar de que tenga la sensación de que vamos a morir, nos alegra saber que finalmente supimos la verdad de lo ocurrido.-

Después de decir esas palabras, un tenso silencio reinó en la habitación, roto únicamente por el ruido de pasos apresurados en un corredor contiguo. Dándose algo de prisa, los aurores Johnson y Creevey salieron de la celda XY-21, para encontrarse justo con el siempre indeseado auror Zabini, que había decidido hacer una visita al prisionero. Esta vez venía acompañado de un funcionario del ministerio que debía de ser del departamento de inefables. Su nombre no aparecía por ninguna placa y su mirada gélida, avariciosa y, al mismo tiempo, ligeramente asustada parecía querer demostrar que éste hombre era capaz de realizar cualquier cosa con tal de escalar puestos en el Ministerio. Algunos lo llamarían codicia, otros avaricia… pero lo cierto es que esta persona parecía poseer un apetito de éxito insaciable, probablemente logrado no de las mejores maneras.

-Hola de nuevo, aurora Johnson. Espere, no cierre la puerta que vamos a entrar un momento con el prisionero. Ustedes vayan dirigiéndose a la comisaría de Azkaban, que su jefe de aurores Ronald Weasley les está esperando, supongo que ya sabrán para que. Espero que Transilvania sea un bonito lugar para hacer ronda los siguientes años de su vida. Jajajajaja…- Mientras soltaba una escalofriante sonrisa se adentró, junto con Draco Malfoy, en la celda del prisionero, cerrando tras de si la puerta de ésta.

Los ojos de Harry, antes serenos, se encendieron cual llama verde incandescente. -¿Qué queréis, Malfoy y Zabini? No creo que hayas venido aquí por casualidad Malfoy, al menos sabiendo el efecto que te producen los dementores¿no crees?-

Incapaz de pronunciar una palabra, Malfoy se le quedó mirando. ¿Cómo era posible que supiese que los dementores le afectaban más que a cualquier persona normal? Nunca se lo había comentado a nadie, sólo su verdadero miedo se le rebelaba durante sus sueños… o más bien pesadillas" Tratando de aparentar tranquilidad, el inefable le comentó, sonriendo amenazadoramente. –Jejeje, tantos años en Azkaban han debido de trastornarte definitivamente la mente Potter. Pero todavía sigues inventándote mentiras. Desde el asesinato en masa de muggles inocentes hasta decir que me afectan más los dementores… Bueno, no estoy aquí para cháchara. Creo que tienes alguna que otra cosa que comentarme¿o no?.- Sacó la varita de su bolsillo y continuó diciendo: - Bien, quiero que me digas exactamente lo que les has dicho a los retrasados éstos que acaban de salir. Sí, a Colin Creevey y a la otra. Piensa bien tus respuestas, pues depende de lo que digas les ocurrirá una cosa u otra… Ahora que lo pienso, la aurora…. cómo se llamaba…. ¡ah sí!, Johnson… Parece que la naturaleza ha sido bastante generosa con ella, al menos físicamente… Mentalmente no parece nada de otro mundo pero bueno… Bien, a donde íbamos Potter¿qué les has dicho?-

Después de decir esto Malfoy cogió la varita y la apuntó hacia Harry, quien permanecía impasible. Antes de que pudiese contestar, sonrió maquiavélicamente y gritó: - ¡Crucío!- Un rayo de luz roja impactó contra el cuerpo del joven, quien sólo pudo gritar presa del inhumano dolor que le recorría todo el cuerpo. Cuando el rubio dejó de echar la maldición, el antes erguido Harry Potter yacía en el suelo, jadeante, sintiendo todavía los últimos espasmos del hechizo.

Intentando gesticular, les dijo: - Sabeis que sólo les he dico la verdad, mortífago de mierda. Como a todos aquellos que también quitasteis de en medio, esos dos aurores también saben lo ocurrido. No vais a poder evitar que lo que realmente ocurrió salga a la luz¡me encargaré yo personalmente de ello!-

Arrogantemente, Zabini le contestó: -Pero mírate Potter, sigues dando la misma pena que en el colegio, en el juicio… siempre igual de patético. No me extraña que toda la gente de tu alrededor te traicionase… ¿No te das cuenta de que no merece la pena? Bueno, no voy a ser yo el que te diga lo que hacer, desgracia humana. jajajaja- Y, mientras se reía, le lanzó un "expelliarmus" que hizo que Harry rebotase contra la pared.

Estaban tan ocupados haciéndole sufrir y torturándolo, que ningno de los dos se pudo percatar del poder que los ojos de Harry irradiaban, hasta que fue demasiado tarde.


Al mismo tiempo, en la comisaría de Azkaban…

Un auror alto y pelirrojo, de andar nervioso, se movía frenéticamente de un lado a otro del recinto, esperando la llegada de los dos aurores encargados de alimentar a Potter. No sabía que había pasado, pero otra vez otras dos personas se habían enterado de la verdadera historia. Estaba demasiado cansado de enviar a varias partidas de aurores a Transilvania, para que muriesen allí. Ahora que lo pensaba, no había tenido nunca noticias de lo ocurrido allí, algo que asociaba con la muerte de éstos. Esta vez no sería diferente, no quería que lo fuera, pero tenía la sensación de que algo demasiado poderoso estaba siendo liberado.

Miró el reloj con impaciencia. Las nueve de la noche, y todavía en Azkaban. Su madre debía de haberle preparado un delicioso estofado y él tenía que esperar a tan suculento manjar por culpa de Potter. Además por la noche iba celebrar su séptimo aniversario con Hermione, y eso sólo podía significar una cosa.. Una sonrisa lujuriosa se le pintó en la cara. Tratando de alejar esos pensamientos de su mente, volvió al tema de Potter. Por suerte no iba a volver a poder decírselo a nadie más. Había enviado a Malfoy y a Zabini, un par de mortífagos (aunque nadie los acusase de ello), a que se encargasen de él de una vez por todas. En su opinión, hacía tiempo que debía de haberlo borrado del mapa. Nadie sabía quien era ese prisionero ni que hacía allí, luego si un día hubiese aparecido muerto nadie habría dicho nada tampoco… Eso es exactamente lo que pasaría… Y pensar que en sus tiempos de Hogwarts parecía tonto… Quien diría que una persona como él, Ronald Bilius Weasley, iba a acabar en tan elevada posición…

Unos golpes en la puerta interrumpieron sus cavilaciones. A los pocos segundos los aurores Creevey y Johnson, los causantes de esta situación, aparecieron por la puerta. Curiosamente, parecían serenos, relajados…Como si supiesen de que iba a ir la conversación. Normalmente, cuando un auror se disponía a entablar conversación con él, con Ronald Weasley, estaba sumamente inquieto. Pero éstos no. Dejando a un lado sus pensamientos, comenzó a hablar duramente, sin un ápice de compasión en su voz:

-Aurores Creevey y Johnson. Me da la impresión de que se figurarán el porqué de esta charla. Debido a ciertos… sucesos ocurridos recientemente, he creído conveniente yo, Ronald Weasley, trasladarlos a otro lugar, para aumentar su seguridad. Habiendo entablado conversación con el prisionero de la celda XY-21, habéis caído automáticamente sobre su hechizo. Por ello hemos tomado esa decisión. Lamentablemente, tienen que dirigirse ahora mismo a ese lugar, Transilvania, pues es requerida la presencia de aurores inmediatamente. ¿Alguna pregunta?-

-¿Todo esto es porque sabemos la verdad, no?- preguntó la aurora Johnson. Esta pregunta descolocó totalmente a Ronald Weasley, que en ningún momento se esperaba una cuestión de ese estilo. Tratando de mantener la calma, respondió:

-Comprendo… Todavía siguen hechizados por el asesino… Bueno, creo que tendrán que marcharse ahora mismo. Tomen esta cápsula y tráguensela, les hará llegar instantáneamente sin necesidad de saber las coordenadas.- Les dijo ofreciéndoles dos píldoras rojas de aspecto inofensivo.

En cuanto las pastillas fueron tragadas por los aurores, un dolor muy agudo comenzó a recorrerles todo el cuerpo, dejando de percibir lo que le rodeaba, sólo observando como la distancia de su rostro al suelo se iba acortando, hasta notar finalmente el frío suelo de piedra golpearles duramente la cara.


Harry Potter había soportado duras torturas. Comenzando por las pelas con Voldemort, hasta llegar a las sesiones de diversión de los primeros aurores, durante los primeros años de convicto en Azkaban. Y hoy tocaba otra de esas sesiones. Pero en este momento era diferente. Draco Malfoy, su antiguo "archi-enemigo" de Hogwarts, era quien se dedicaba a torturarle incansablemente sin razón aparente. En esta ocasión el "exchico-que-vivió" estaba cansado. Cansado de aguantar una condena que no le correspondía, de observar como aurores inocentes con los que trataba de hablar eran trasladados a lugares en los que seguramente morirían, de sentir como todos los traidores estaban tranquilamente en sus casas y él no. Así que decidió explotar.

El auror Zabini y Draco Malfoy se olieron que algo no debía de ir bien. El prisionero había dejado de gritar y parecía que los cruciatus, aunque le impactasen, no le afectaban. Como esta vez tenían luz verde para deshacerse definitivamente de esta escoria, optaron por finalizar con la sesión de diversión, lanzando un Avada Kedabra.

En cuanto las palabras "Avada-kedabra" salieron de su boca, Potter levantó una mano, la cual estaba rodeada de un halo dorado, como todo su cuerpo. La maldición imperdonable atravesó como un rayo de luz la habitación, para chocar contra la mano levantada. En ese instante un destello iluminó por completo la habitación, que cegó momentáneamente a Malfoy y a Zabini. Cuando por fin recuperaron la vista, lo que vieron les dejó anonadados, sin saber que decir ni que hacer. Incapaz de reaccionar, la varita de Malfoy se deslizó lentamente al suelo, mientras se creaba un envolvente silencio, roto únicamente por los chisporroteos de energía que emanaba un ser poderosísimo.