Nuevos sentimientos

-Hola chicos- saludó animada Kathy cuando se encontraron todos, menos los dos alumnos irlandeses, en la entrada del colegio- ¿Ha cenar?- preguntó contenta, pensando en la comida que les esperaba dentro.

Encima de cada cama habían encontrado sus horarios y, por suerte, pudieron comprobar con alegría que al fin comerían alguna cosa.

-Ajá- contestó Remus.

Entraron todos en el edificio, llegando a un gran Hall con sillones, cortinas y alfombras de terciopelo carmín. Una gran lámpara de araña dorada colgaba en el techo.

De los dos lados de la sala subían unas grandes escaleras hasta el piso de arriba, y en el fondo, frente a la puerta de entrada, había una gran puerta.

En medio de la sala esperaban los dos alumnos de curso, Derek y Liam. Este último sonrió disimuladamente a Lily cuando se cruzaron sus miradas, mientras Derek hablaba, más simpático y alegre, con los otros alumnos magos que habían llegado para cenar.

-Haber, dos cositas y os dejo ir a cenar- comentó animadamente Derek- subiendo por la escalera del a izquierda hay las aulas de quinto, sexto y séptimo, por las que tenéis que ir vosotros, más el aula de dibujo, y por la escalera de la derecha las aulas de primero, segundo, tercero y cuarto. Todos tenéis que ir al mismo grupo que vuestro compañero de habitación, y por cualquier duda nos buscáis a nosotros dos, que somos los delegados de curso.

A medida que explicaba iba señalando a un lugar y a otro.

-En la puerta que hay detrás de mí- prosiguió- está el comedor, donde solo se puede ir en las horas de comer. La biblioteca y el gimnasio son de uso exclusivo, solo para clases. No podéis ir allí ni a comer, ni a beber, ni a fumar, ni ha hacer guarradas- comentó mirando la cara de espabilado de Sirius al oír que de normal esos sitios estarían vacíos- ya que si os pillan el castigo será tremendo ¿Lo entendisteis todo?- hubo un asentimiento general- Vale, pues ya podéis ir a cenar.

El comedor era una gran sala de paredes blanca y suelo de mármol claro y brillante.

Había muchas mesas de diez personas repartidas por toda la sala, y en medio se encontraba una larga mesa llena de todo tipo de comidas y bebidas. Se suponía que los alumnos tenían que ir a coger lo que quisieran para comer pero, por alguna razón extraña, había alumnos que "disponían" de servicio propio: chicos y chicas vestidos de camareros les traían la comida única y exclusivamente a ellos.

-Me gusta más en Hogwarts- comentó tristemente Remus, observando con malicia como una chica la traía su plato a otra- hay más igualdad- explicó.

-Claro Remus, la igualdad- afirmó Sirius, mirando hambriento un plato de patatas- pero primero la comida- dicho esto fue a paso rápido hacia la mesa, con la vista fija, esta vez, en un plato de carne.

Eran las seis y media de la mañana de un jueves que amaneció claro y sin una nube, haciendo que la nieve que quedaba de la última nevada brillara con una intensidad deslumbrante.

Sirius se desveló por culpa de que su compañero de habitación había abierto las ventanas y entraba mucha luz.

Como habían llegado el día anterior y esa era la primera noche que pasó en su nueva cama, durmió fatal: las camas de Dupont eran mil veces más incomodas que las de Hogwarts, además por las noches estaban frías, ya que no había elfos que calentaran las camas antes de ir a dormir.

Su compañero de habitación, Liam, acababa de volver de la ducha con una toalla atada en la cintura.

Sirius se acordó del regalito que tenía preparado en el armario, y se giró disimuladamente para tener mejor visión de lo que, seguramente, ocurriría a continuación.

Liam se puso unos boxers negros, luego abrió la puerta del armario y sacó unos pantalones y…

El grito del chico fue prologando y agudo al ver que sus pantalones nuevos de Armani estaban cubiertos con una sustancia viscosa y verde, muy parecida a los mocos de alguien que tiene un catarro impresionante.

Sirius hizo un esfuerzo sobrehumano por no echarse a reír. Tiró los pantalones al suelo, con asco, y cogió otros.

Comprobó con terror que estaba exactamente igual que los otros, cogió otros pantalones, pero también estaban llenos de "moco".

Tras vaciar todo el armario de pantalones sucios, maldiciendo a los del servicio de colada (ya que no encontraba otra explicación) encontró unos que estaban limpios: unos pantalones piratas de cuadros escoceses rosas y blancos, que habían utilizado dos años atrás por Carnaval.

Le iban pequeñísimos, pero no tenía otro remedio que ponerse aquellos, ya que los del día anterior los acababa de lanzar por el conducto de lavandería.

Sirius vio como la primera parte del plan había concluido a la perfección.

Seguramente James, que se encontraba en la habitación continua, estaría disfrutando de lo lindo ya que el grito lo habría despertado.

Ahora la parte B del plan estaba apunto de empezar.

-¡Pero que coño es esto!- gritó muy cabreado Liam, al comprobar que todas las camisetas se encontraban en el mismo estado que los pantalones y, al igual que en los pantalones, solo había una camiseta limpia: una de color café y naranja, con un escrito detrás que ponía "ORGULLO GAY", que además no era suya.

Liam, cada vez mas cabreado, se puso aquello, y salió de la habitación dando un portazo.

Sirius estalló en carcajadas.

-Pues esto es lo único que encontré en el armario- le explicó Liam a Lily, cuando se encontraron para entrar a desayunar- y aún no me explico que ha pasado- terminó algo angustiado por el estado de su querida ropa.

-No te preocupes, seguro que lavándolo se va- comentó Lily pensativa, que ya tenía una idea de lo que había ocurrido- Por cierto, es que después de lo de ayer no me hablo con Beverly, y no se a que grupo tengo que ir.

-Vas al mismo que yo, no te preocupes. Creo que todos los que venís de Jobarts- explicó, defiriéndose a Hogwarts, a lo que Lily puso los ojos en blanco- vais a la misma clase ¿Vamos a comer?- y sin esperar respuesta entró al salón. De pronto se quedó quieto, y se volteó- Por cierto, ¿no deberías llevar, al menos, la americana del uniforme?- y señaló la ropa de Lily.

Esta se percató de que se había puesto ropa normal, cuando encima de su escritorio estaba claramente el uniforme de Dupont esperando a que se lo pusiera.

Las normas indicaban llevar al menos la americana de color carmín que formaba parte del uniforme de Dupont.

La pelirroja salió corriendo hacia su habitación.

De la habitación contigua a la suya salieron Kathy y Caroline, que al parecer buscaban a la pelirroja, con el uniforme al completo.

Una americana corta, de corte muy femenino, color carmín con unos pequeños adornos dorados en las solapas y los puños. Al igual que os botones, también dorados, y con una D en el pecho.

Debajo llevaban una camisa larga de color blanco, con los botones de color carmín y una doble raya del mismo color en las puntas. Y luego llevaban una falda plisada carmín con las mismas rallas doradas que la americana.

En los pies unos calcetines blancos y, como el calzado se podía escoger, Kathy llevaba unos zapatos de tacón negro y Caroline unos zapatos de charol negros planos.

-No me lo digas- dijo Caroline, ante la cara de susto de Lily- James se ha plantado en tu habitación esta noche para…- calló ante la mirada asesina de Lily- era una broma.

-Me olvidé del uniforme- contestó cortante la pelirroja.

-A saber en que estarías pensando- comentó la morena.

-No es difícil saberlo, pensaba en un chico cuyo nombre empieza por L y termina por IAM- contestó Kathy, juntando las manos y mirando al cielo, imitando a una enamorada.

Lily les dedicó una sonrisa sarcástica y entró en su habitación a toda prisa, saliendo cinco minutos después con el uniforme entero puesto.

-¡Vamos!- comentó alegremente a sus amigas.

Fueron hacia el salón hablando sobre chicos, en especial el tema Liam/James, que Kathy y Caroline encontraban la mar de divertido.

Al llegar al edificio principal se encontraron con James y Sirius, casi tumbados por el suelo de la risa que tenían. Con ellos estaba Remus, que intentaba hacer ver que ni los oía ni los veía.

Al ver eso Lily se acordó del tema de la ropa de Liam, y lo relacionó, sin ningún tipo de duda: Era obra de James Potter.

Avanzó amenazante hacia el chico, que estaba apoyado a la pared de la entrada del edificio.

-¡Potter! Se que has sido tú- acusó Lily cruzándose de brazos- No quiero que vuelvas ha hacer nada por el estilo, ¿Me oyes?

James dejó de reírse y se puso recto.

-¿Qué he hecho?- preguntó seriamente acercándose a la pelirroja.

-Lo de la ropa de Liam- James puso cara de no saber que hablaba, aunque se podía ver claramente que se aguantaba la risa con todas sus fuerzas- En Hogwarts no hay ningún chico que se me acerque por tu culpa, ¡Pero aquí no será igual! No lo voy a permitir.

-¿Y que harás?- preguntó el chico algo molesto y olvidándose de la risa.

-Cada vez que tu le hagas algo a él, yo te haré algo a ti- sentenció ella, mientras le daba la espalda y se iba.

-¿Es una amenaza?- preguntó James, entre atónito y divertido.

-¡Es un aviso!- grito ella, mirándolo con desprecio por encima del hombro, para luego seguir yéndose hacia el comedor.

Sus dos amigas se quedaron pasmadas, mirándose la una a la otra, mientras que Sirius se reía aún más fuerte y Remus analizaba lo que acababa de suceder.

-¡Tenéis que ponerle más ganas!- gritó cabreada con todas sus fuerzas Helen Doherty la profesora de gimnasia de Dupont.

Era una mujer de pelo corto y muy morena, que debía tener unos cuarenta años largos, y les gritaba a sus alumnos que jugaban a fútbol.

O, más bien, miraban como la pelota pasaba de unas piernas a otras mientras que los porteros contaban los agujeros que había en las redes de cada portería.

Lily, que era la que más sabía de qué iba la cosa aparte de Caroline, pues eran las únicas hijas de muggles, intentaba hacer algo, pero la poca colaboración de sus compañeros no ayudaba.

Detrás de ella estaba James, dando botes e ignorando la pelota ya que en ese momento su único objetivo era molestar a la pelirroja por la amenaza de la mañana.

Remus estaba parado en medio del campo, atónito, siguiendo a la pelota con la vista y totalmente perdido en el juego. Los deportes no eran lo suyo.

Kathy, que perseguía la pelota sin saber que hacer

-¡Estoy muerta!- le comentó Kathy a Caroline.

La castaña jadeaba mientras que la morena, apoyada en la pared y de brazos cruzados, esbozó una sonrisilla cínica.

-No aguantaré- empezó Kathy. Llevaban casi media hora de partido, y ese día les tocaba dos horas seguidas. Iba a proseguir pero un grito llamó su atención.

-¡La pelota!- gritó Sirius mientras la chutaba con todas sus fuerzas, ya que hacia unos minutos que acababa de cogerle el tranquillo al juego, que en un primer momento no conocía de nada.

La pelota fue subiendo y subiendo, hasta que impactó contra el techo y luego, como todo lo que sube, descendió, con la mala pata de que le dio en toda la cara a Kathy, que miraba como subía la pelota.

Cuando la pelota impactó contra su cara la chica perdió el equilibrio y cayó al suelo bocabajo.

Unos instantes después de darse contra el suelo se levantó temblando con la cara llena de sangre que le salía de la nariz y de un corte en la boca.

-¡Lo siento!- dijo Sirius cuando se acercó a la chica- Profe, ¿Puedo acompañarla a la enfermería?- Helen Doherty se lo miró enfadada, no le gustaba que nadie le interrumpiese una clase por lo que fuera, pero Sirius le dedicó una mirada de perrito perdido, que le llegó casi al corazón y cedió.

Kathy iba andando sin mirar al suelo, mientras con los dedos de la mano derecha se presionaba un poco la nariz, para cortar la hemorragia, y con la manga de la camisa del chándal se tapaba el labio.

Acababan de salir del gimnasio en dirección al edificio principal.

-Pareces un vampiro- murmuró Sirius.

Por culpa del susto había quedado algo pálida y, con toda la boca y la ropa llena de sangre, daba esa imagen.

-Y tú pareces un acosador sexual- murmuró ella, algo molesta, con la boca llena de sangre y mientras le lanzaba una mirada asesina.

-¡Ah! Pensaba que parecía un chico bueno que acompaña a un intento de vampiro fallido a la enfermería, pero me has descubierto…- cogió a Kathy en brazos y la levantó del suelo y hecho a correr.

-¡Bájame!- ordenó ella, mientras Sirius se reía a pleno pulmón.

-Como quieras- y la tiró en medio de la nieve que se amontonaba en los bordes del camino- Como cuando tenías cinco años- contó con los dedos.

Se conocían de pequeños, ya que sus familias eran las dos de sangre pura.

-Me haces esto desde que tenía cuatro, so tonto- se quejó ella, tirándole nieve en la cara- Vamos a la enfermería, o te haré comer nieve hasta el día del juicio final. Por cierto, ¿Dónde está?- Sirius se encogió de hombros.

-Esos dos han desaparecido, ¿no?- comentó James, mientras salían del gimnasio, en dirección a la biblioteca, para hacer la clase de Pociones junto con los alumnos del Rozenblade, que no habían visto en toda la mañana ya que iban en grupos distintos.- A saber que estarán haciendo…

-James, Sirius ya te ha comentado muchas veces que, aunque en su caso parezca imposible, Kathy es solo, única y exclusivamente su amiga- contestó Remus, algo molesto- Mira allí están Lily y Caroline- dijo saludando a la última con la mano, mientras la pelirroja mataba a James con la mirada.

Entraron en la biblioteca comentando la clase de gimnasia y, al llegar a la segunda planta, se encontraron con Multiusos que les indico el protocolo a seguir para esa clase: tenían que ajuntarse en grupos mixtos de cuatro personas, a poder ser dos chicos y dos chicas, por lo que James, Remus, Caroline y Lily terminaron sentados en este orden delante de una humeante marmita.

Pasados diez minutos Multiusos-dos entró en la sala y, tras un movimiento de varita, apareció una pizarra con las indicaciones de qué tenían que preparar.

Segundos después los dos profesores se encontraban sentados en una silla leyendo el Periódico Profético.

-¿Y Kathy?- preguntó Caroline, echando un vistazo en toda la sala.

-A saber…- murmuró Lily, mientras cortaba los pétalos de una margarita azul con un cuchillo, como quien corta un roble de cinco metros de diámetro.

-Lily, pareces una psicópata…- murmuró Remus, quitándole el cuchillo- Trae- y siguió con el trabajo de ella, mientras la pelirroja contemplaba como hervía el agua en el caldero, imaginando como meter a James dentro y así poder cumplir su venganza personal por todas las citas chafadas, chicos asustados y otras cosas causadas por el "amor" que sentía él hacia ella.

-¡Estate quieta joder!- ordenó Sirius con un poco de algodón en una mano y una botellita de desinfectante en la otra. Kathy se encontraba entre él y una silla, que usaba pare defenderse- No seas cría, ¿Cómo quieres que te cure sin que duela? No tengo la varita, ¿Recuerdas?

-Ah, pero a mi eso no me lo vuelves a acercar, ¡Especie de masoquista desinfectador!

-¡Pero que coño dices!- se cabreó él- Si no hemos encontrado la enfermería no es culpa mía, pero si lo es que te diese con la pelota, por lo tanto ven aquí y deja la silla en su sitio.

Kathy lo miró desafiante una vez mas, para luego ceder y sentarse en la cama, mientras él a su vez se sentaba delante de ella en la silla.

-Vale, como has podido comprobar, esto escuece, pero no es culpa mía. Lo que si te puedo asegurar es que si no te lo curo, luego te escocerá mucho mas que ahora- Kathy levantó la cabeza para que le pasara el algodón empapado de desinfectante por enésima vez por los labios.

En cuanto el algodón entró en contacto con la piel le empezó a temblar el labio, pero aguantó sin pegar a Sirius (situación que había ocurrido los últimos diez intentos).

-¡Ves! ¡Ya está!- anunció él- ahora solo falta poner esta tirita, que hará que no se infecte- cogió una pequeña tira de color blanco y se la pegó con cuidado encima del labio.

Se quedaron mirando el uno al otro en silencio e instintivamente Sirius se acercó a ella y la besó.

En un primer momento ella no le molestó, pero de pronto le vino una imagen a la cabeza de ellos dos cuando tenían seis años jugando en el jardín de su casa, y de pronto recordó que con quien se estaba besando era con su mejor amigo desde que tenía uso de razón.

Lo empujó con fuerza y salió corriendo de la habitación, sin decir nada o siquiera mirarlo.

…Unos profundos ojos azules, rodeados por una fina capa de maquillaje rojo, que era más oscuro cuanto más cerca del ojo y más rosado al alejarse de estos. Una piel extremadamente pálida y suave, que resaltaba unos labios rojos. No podía apartar la vista.

-¿Remus?- preguntó Caroline, extrañada.

Seguramente había notado que la observaba desde hacia varios minutos, o seguramente había notado que no estaba con lo que hacía ya que había abandonado completamente los pétalos de margarita y se dedicaba a mover el cuchillo cual director de orquestra.

-Lo siento, me he despistado…- contestó él.

Al parecer nadie aparte de la aludida se había fijado en que hacia cosas extravagantes mientras la contemplaba: Lily y James estaban en la otra punta de la sala discutiendo disimuladamente desde a saber cuanto rato.

Caroline siguió mezclando la sustancia azul que había en el caldero.

¿Por qué se había fijado en ella? No tenía de que preocuparse, todo chico tiene su momento de debilidad ¿Verdad? Y aún menos tenía que tomarse eso como ¿Una traición? contra Sarah, la cual vería dentro de un par de días. Y las ganas que tenía de verla ¿Verdad?

Se abrió la puerta de la sala de golpe y sacó a Remus de sus pensamientos.

Como era previsible los profesores no se dieron cuenta de que Sirius entraba en la sala una hora mas tarde de la prevista, y se sentaba al lado de Remus, con un humor de perros.

-¿Qué ocurre?- preguntó el chico, al ver a su amigo tan alegre.

-¿Qué ocurre si, sin poder evitarlo, besas a una chica, y a esta no le gusta y se va sin decirte nada?- preguntó él, sin mirarlo.

-Pues que mejor no lo vuelvas a intentar…

-Y si esa chica es la persona que más bien te conoce, y has estado con ella desde que naciste, ¿Qué tienes que hacer?- preguntó levantando la vista, con mucha preocupación.

-Que mejor habla con ella, y elije si prefieres la amistad o el amor…

OwO bueno! Aquí está el capitulo 4! Es más larguito XD como me pedisteis algunas… ;)

Muchas gracias a: Eileen Bowen, Aurora22, Carla 07, Julieta, Sheral, NannyPotter y Jessy  me alegra mucho que os guste el fic ;) y me animáis a continuar!

Muchísimos besos a todos los que leéis.

Eri