Vais a matarme por la tardanza~ ;w; Realmente lo tenía hace bastante, pero no lo "retoqué" o acabé hasta hace unos días y ahora es cuando tengo un poco de tiempo libre xDU.
En fin, hemos adelantado un poco~ Pero Fran se vuelve a dar la comida de cerebro durante gran parte de capítulo Y.. hm~ espero que os guste ;w;
Franbel: Ramon is the king in this story(?) È_E. Ramón, the pornstar. *se pega* Ok, no nkdjflansda xD Ahí estamos èwe en realidad, si he metido a Ramón en el fic es por algo~ pero eso ya se verá... ya que ni yo lo sé todavía xD
berufruan: Ramón es malo, PERO SERSY(?). Así que se le perdona todo LOOOL Afsasafl la gente se alegra de ver mis caps -/- ¿Dónde estará Bel~?
Andy Knightwalker: Te eché de menos(?). Quien sabe~ èwe Pero shh~ eso es secreto(?). Aunque creo que se menciona algo en el cap~ ¿O quizás no? SHISHISHISHISHISHISHISHISHIS HISHIS-*se ahoga(?)*
kizunairo: Afafkalfasdkld ;_;~ Me ha hecho muy feliz que comentases, muchas gracias~ *-* No, Ramón no sale en el manga/anime. A él lo cree yo, al principio iba a ser un mísero subordinado y plebeyo inútil pero mira, le he cogido cariño -3-.
Gracias por leer y perder el tiempo comentando :3
Capítulo 4: Algo inesperado.
Fueron 30 minutos de baño que en realidad parecieron horas. Fran sumido a sus pensamientos perdiendo completamente la noción del tiempo. Aunque, realmente, no sabía en que había perdido el tiempo.
¿Pensando? Quizás, pero, ¿Por qué no soñando? Soñando que Ramón no estaba aquí y que todas esas indirectas que le había mandado eran puras mentiras. Que Bel estaba en una misión y no dándole el lujo -podríamos decirlo así- a Ramón de estar con él.
Pero, igualmente. Quería pensar que Belphegor no era TAN importante en su vida como para pasarlo mal por algo así. Pero, ¿Cómo entonces le había podido afectar tanto unas simples indirectas como esas? Fran no era tonto, no era un crío y entendía las cosas. No hacía falta enseñarle con manzanas que Ramón le quería enfadar y ponerle celoso, pero, ¿Por qué?
Una maldita llamada para aclarar las dudas, para gritar un poco y desahogarse. Una maldita llamada del príncipe para que le dijera que había matado a mucha gente y estaba feliz de ver tanta sangre, que le dijera "Sé que me echas de menos. Oh, vamos, ¿Sería posible no extrañar a un príncipe?" seguido de un "enseguida estoy ahí, rana~.", ¿Era tanto pedir? Pues a ojos de los demás sí.
Odiaba ser tan dependiente de Belphegor. De alguna manera, necesitaba su atención para vivir, para burlarse de lo demás, de él mismo y de, sobretodo, Bel. Ya fueran gritos, cuchillazos o sonrisas sádicas, caricias y besos, igual. Y llamadle masoquista, pero le daba igual.
Y, mientras se secaba el cuerpo y se vestía, seguía preguntándose internamente sobre este sentimiento. Sobre las tonterías que se le cruzaban por la cabeza y sobre… nada más.
Salió del baño con una pequeña toalla en los hombros, vestido sin el uniforme, con ropa de, digamos, estar por casa.
―Oe, Fran.
Levantó la cabeza y se encontró con el ceño fruncido de Levi. Suspiró resignado. El otro gruñó.
―¿Qué quiere, Levi-san? ¿El jefe no le quiere cerca?
―No, no es eso. ― Murmuró. Si no fuera porque Fran tenía el oído fino, no lo hubiera escuchado. ―¿Cómo qué Ramón llegó a la Sede? Dice que lo sabes.
―Digamos que Ramón-san es un acosador. ¿Por qué lo dice? ¿Lo echaba de menos? ― Preguntó, falsamente enternecido.
―…. Mejor dicho, es todo lo contrario. Ramón cumplía las misiones a la perfecciones y era obediente, pero se metía en bastantes problemas.
¿Por qué esto se le hacía como si a través de esta conversación empezara un drama? Él no consideraba a Ramón como el malo malísimo, ni como su enemigo a muerte. Simplemente Ramón le estorbaba. Como estorbaban las víctimas que el jefe le mandaba a matar. Como estorbaba una mosca o cualquier cosa que alterara su vida –realmente, poco puede alterar una mosca, a no ser que te pases la vida intentando matarla. Que no es el caso- o el momento.
Pero en fin. Levi se quedó contando una no tan pequeña historia a la que Fran fue perdiendo el hilo hasta perderse completamente y solo quedándose mirando al guardián del rayo, que estaba concentrado hablando. Asintiendo a veces con la cabeza como si lo entendiera y poco más.
―Hm… sí, Levi-san. Todo muy interesante pero me temo qu-….
―… siempre estuvo muy pendiente de Bel. Desde que era pequeño, ya que Ramón llevaba ya su tiempo aquí. Que un niño se uniera a Varia le pareció extraño e interesante. ― Fue lo que escuchó después de todo el "blablablabla" y por lo que no pudo acabar la frase.
―¿Desde tan joven y Bel-sempai ya ligaba? Impresionante~.
Levi a Than le miró como diciendo "sí, muy gracioso todo. Pero soy yo quien tiene que pagar castigos, y curar heridas -las de Ramón, obvio- por los tantos intentos de violaciones". Fran soltó un intento de sonrisa sarcástica, que se quedó en una extraña y deforme mueca.
―Pero en fin, gracias por toda la historia y adiós. Tengo cosas que hacer. ― Dijo con su característico tono de voz, ya tan conocido por el rayo de los Varia. ― Y dígale a Ramón-san que soy feliz sin que se acerque a mí, por favor.
Salió de ahí tan rápido como sus piernas le dejaron y desapareció de ese pasillo de la mansión, encerrándose de nuevo en su habitación. Esbozó una pequeña sonrisa, soltando un sonido de histeria. Por su cabeza se cruzaban 100 veces por segundo pensamientos que le iban a machacar poco a poco, aún siendo Fran. Si te tocan un punto débil, estás acabado. Y, aunque no lo quiera admitir, Belphegor era uno.
Entonces, lo que pensaba de Ramón no eran imaginaciones suyas completamente.
Aunque en cierto modo, era entendible. Cualquiera quisiera acosar a Bel, y más siendo pequeño y adolescente, se lo imaginaba de una forma que, siendo sincero, él tampoco podría resistirse.
Se volvió a tumbar en la cama y que se quedó mirando el techo. Aburrido, intentando no pensar.
[….]
―Nee~ ¡Fran-chan! ― Gritó Luss con su típico tono de voz. Mientras golpeaba la puerta de la habitación de la niebla para que bajase a cenar.
Espera, ¿Cenar? ¿Cuánto tiempo había pasado? Pero, aún así, no tenía hambre y no tenía la mínima intención de abrir la puerta.
Seguía acurrucado en la cama envuelto por la manta abrazando a la almohada. No se molestó ni en abrir los ojos e intentaba ignorara las diferentes voces y los diversos gritos y golpes que le esperarían si abría esa bendita puerta.
Luego se unieron el capitán Squalo y algunos subordinados. A los que ignoró, por supuesto.
Pero que no se pusiera a gritar como lo estaban haciendo ellos no quería decir que no le estuvieran enfadando. Pero se esforzaba para no aparentarlo. Porque era él, y él no podía cambiar de expresión, no podía gritar ni llorar delante de nadie cuando lo necesitaba. Porque si se podía decir que tenía a alguien, era a Bel. Y no estaba.
¿Cuándo empezó la gente a verle como un muñeco? Que todo estaba bien, por todos los golpes que le dieran, que siempre tiene la misma cara, que nunca cambiaba.
Aunque a él no le importaran las personas, o lo que pensaran o dijeran de él. Incluso la niebla tiene un límite, la niebla escampa, la niebla también desaparece y se esfuma. Y él no lo había podido hacer. Le estaban reprimiendo.
Hablaba de esas cosas, cuando podía, con Bel. Sus conversaciones también podían volverse normales hasta siendo ellos, extrañamente y aunque ni ellos se lo creían.
Chasqueó los dientes. Apretó el móvil que aún estaba entre sus manos haciéndose daño en ellas. Hasta que del aparato salió una relajante y profunda música en japonés, al escucharla, Fran sentía que se limpiaba por dentro. Aceptó la llamada sin mirar la pantalla y se llevó el móvil a la oreja. Suspiró.
―¿Fran?
