TÚ O NADIE
DISCLAIMER: Historia basada en la telenovela "Sortilegio" de María Zarattini con los personajes de los "Juegos del Hambre" de Suzanne Collins. Escrita con cariño para mi amiga Ana Karen.
CAPITULO 4
Cato aparece de la nada como si hubiera estado al pendiente de la situación y continúa instando a Peeta a soltarme.
-¡Te estas comportando como un salvaje! –Le dice desafiante.
-¿Y a ti que demonios te importa? –Contesta Peeta aun sosteniendo mi brazo- Es mi mujer y tenemos un asunto que arreglar.
-Pero no de esa manera. –Dice en tono de reproche.
-¡No es algo que te importe!
-Escúchame Peeta…
-No, escúchame tu a mí –Peeta me hala hasta llevarme junto a Cato y con una mirada amenazante lo interrumpe- Mientras esta mujer siga llevando mi apellido será mía y no voy a permitir que nadie se meta ¡Y menos tú!
Enojada por su mención me suelto de su agarre y me pongo entre ambos tiritando de la ira -¡Yo no soy propiedad de nadie! ¡Estoy harta de ustedes dos, ya no los soporto! me voy a ir de aquí aunque no quieran y… –Encaro a Peeta- No te atrevas a impedírmelo.
Ambos guardan silencio y yo aprovecho para escabullirme hacia mi habitación con el fin de hacer mi maleta lo más pronto posible. Trato de calmarme aunque parece imposible pues lo único que deseo ahora es salir de aquí y que esta pesadilla termine para poder seguir con mi vida como era antes de conocer a los hermanos Mellark. Sin embargo, mientras meto mi ropa en la maleta veo a Peeta entrar en mi habitación ofuscado.
-No voy a permitir que te marches.
-Déjame ir por favor, si no recuerdas nada, si para ti soy una desconocida ¿Qué caso tiene? –Digo suplicando- Por favor dame el divorcio.
-No.
-Pero ¿Por qué? Ya te he explicado las cosas –Mi angustia aumenta ante su negativa y porque vuelve a exaltarse.
-¡No me has explicado nada!
-Ya te dije que no te quiero, que me equivoqué ¿Qué más te puedo decir? –Le escupo las palabras mientras trato de alejarme de él aunque me lo impide encarándome de nuevo.
-Dime ¿Por qué me casé contigo? Eres una mujer bonita estoy de acuerdo pero dudo que haya sido solo por eso.
Me paro frente a él decidida y le hablo firmemente -¿Y crees que me voy a quedar aquí a tu disposición para que me estudies a tu antojo? Pues no soy un objeto y no puedes impedirme salir de aquí cuando quiera.
-Si puedo –Toma mi mentón- Y si no me crees entonces inténtalo pero te aseguro que no vas a llegar más allá de la puerta del jardín.
Se va dejándome sin palabras ante lo que acaba de decir ¿Pretende tenerme encerrada aquí como si estuviera secuestrada? La respuesta es obvia aunque también es evidente que no es un secuestro porque fui yo misma quien llegó por su cuenta a esta casa. La situación cada vez es peor y yo me siento más acorralada maldiciendo la hora en que conocí a Cato Mellark. ¿Qué puedo hacer ahora? Estoy segura que llorar no va a darle solución a mis problemas pero es lo único que se hacer últimamente. Soy tan cobarde, a estas alturas ya debería haber hecho algo para zafarme de todo esto aunque eso me trajera aún más dificultades, sin embargo, ya no sé hasta qué punto sea buena idea decirle la verdad a Peeta porque también correría el riesgo de que me mandara a la cárcel por haber mantenido el fraude.
Trato de aclarar mi cabeza así que decido ir a buscar a mi hermana para saber si pudo hablar con mi padre pero no la veo por ninguna parte por lo cual tomo el teléfono y marco yo misma el número de nuestra casa en el 12 el cual timbra una y otra vez sin recibir respuesta.
-¿A quién llamas? –Una voz conocida me toma por sorpresa.
-A mi papá pero no me contesta. –Le doy la cara y lo veo más calmado que hace un rato.
-¿Qué pasó?
-¿Con qué?
-Con el divorcio.
-No quiere dármelo y tampoco que me vaya de aquí.
-¿Por qué? –Empieza a ofuscarse de nuevo y a caminar por la sala mientras lo sigo para no tener que hablar fuerte y que nos descubran.
-Porque no.
-Debiste insistir.
-¿Y crees que no lo hice? Le dije que no lo quiero, que fue un error casarnos.
-¿Y qué te contesto?
-Nada, no quiere y ya.
-¡Cerdo! –Me mira fijamente acercándose- Te dije que solo está esperando meterte a su cama pero te lo advierto de nuevo, no lo vayas a permitir Katniss.
-Como si fuera fácil –Le digo molesta- ¿El día que lo intente que debo hacer según tú? ¿Agarrarlo a bofetadas?
-Y ¿Por qué no? ¿Luego no le dijiste que no lo quieres?
-Si pero te repito que ¡Tú eres el que me metió en este lio tan espantoso y me tienes que sacar a como dé lugar!
-Y lo voy a hacer mi vida pero mientras tanto mantente alejada de él lo más que puedas y la próxima vez que te invite a su habitación dile que no.
No puedo creer que Cato sea tan cínico y me haga reclamos y estúpidas escenas de celos siendo él el único causante de todo esto.
-Katniss –Toma una de mis manos donde pone un beso- Yo te quiero.
La ira me domina así que lo suelto y le digo -¿Cómo te atreves a hablarme de amor? Has arruinado mi vida, me engañaste, te burlaste de mí, de mi amor porque yo si te quería –Siento como mis ojos pican pero me mantengo firme sin llorar- ¿Cómo pudiste hacerme esto? –Lo observo detenidamente y decido darle donde más le duele, en su orgullo- Te mereces que me convirtiera realmente en su mujer para que sufras de verdad.
De inmediato sus ojos se llenan de rabia -No te atrevas Katniss no juegues conmigo, ese infeliz podrá quedarse con todo lo demás pero contigo no ¿Está claro?
Me asusta ver su expresión así que no le contesto nada más y él se retira sin decir una sola palabra por lo que yo hago lo mismo dejando el teléfono en su lugar y subiendo rápidamente hacia mi habitación. Estando allí empiezo la tarea de poner mi ropa en el closet de donde la había sacado cuando decidí marcharme y de pronto escucho unos golpes en la puerta.
-¿Quién?
-Peeta.
Me dirijo a abrirle y lo encuentro con recostado a la pared con la cabeza gacha. -¿Qué quieres?
-Hablar.
-Ya hablamos.
-Si pero… Quisiera hablar un poco de mí. –Parece vulnerable así que no tengo más remedio que invitarlo a pasar.
En silencio entra a mi habitación y suspira como si estuviera cansado mientras yo tras de él me pregunto qué es lo que quiere esta vez.
-Lo que me ha sucedido es un tanto extraño y… -Voltea a verme- Me gustaría que me ayudaras, Katniss estoy confundido y es una sensación que no me gusta.
-Tal vez si te hicieras esos nuevos estudios… -Peeta se sienta en uno de los muebles de mi cuarto mientras yo lo hago en la cama y desde allí lo veo sostener su cabeza con su mano buena mientras suspira frustrado.
-Si ya se, ya se y a lo mejor descubran que una parte de mi cerebro no funciona o que me he vuelto loco por completo.
Es extraño verlo en esta faceta pues hasta ahora solo lo he conocido como un hombre poderoso y verlo así tan vulnerable, tan perdido me hace pensar que es una buena persona que no merece estar pasando por todo esto igual que yo.
Ambos nos observamos en silencio el uno al otro hasta que él decide levantarse y ponerse junto a mí en la cama tomando mi mano mientras yo desvío la mirada. –Ayúdame.
Lo miro de nuevo y le digo las palabras más sinceras que he podido pronunciar hasta ahora hacia él. -Yo que más quisiera pero no sé cómo podría hacerlo.
-Hablando de nosotros. –Sus ojos azules parecen suplicantes.
-Pero ya te lo conté todo.
-Bueno, entonces haciendo como si nos acabáramos de conocer. –Lo veo sonreír y me doy cuenta de lo hermoso y perfecto que se ve su rostro cuando sonríe sinceramente aun a pesar de los moretones que no han desaparecido por completo.
-Es inútil. –Bajo la mirada.
-Dame gusto por favor –Aprieta mi mano para que lo mire y continúa- Así que ponte bonita, bueno, más bonita de lo que eres y nos vamos a cenar esta noche.
-No sé si sea buena idea. –Le digo y él toma mi rostro suavemente.
-Por favor.
Termino por ceder y él planta un beso suave pero profundo en mi mejilla que me hace erizar la piel. Con mis ojos cerrados aspiro su aroma por un momento mientras se mantiene aún a mi lado y cuando se separa recuerdo que no tengo ropa adecuada para ir a un restaurante de esos a los que de seguro acostumbra frecuentar pero no se lo digo por vergüenza, sin embargo, no hay necesidad de que lo haga porque él mismo sugiere una solución.
-Mi madre va a venir a ayudar a prepararte para salir ¿Te parece bien? –Asiento una vez más sintiéndome avergonzada y cada vez más comprometida- Nos vemos en un rato. –Dice saliendo de mi habitación y topándose con Prim que acaba de llegar.
-Hola Kat.
-¿Dónde estabas?
-Por ahí con Finnick.
-No me gusta que andes tanto con ese hombre porque la hermana de Peeta puede malentenderlo.
-No te preocupes que no hacemos nada malo además él es muy grande para mí y Annie parece que ni lo nota, a veces pienso que a ella no le importa su marido.
-Pues eso no es de tu incumbencia y más te vale que te alejes de él porque no necesitamos otro problema más.
-Ya, no te pongas así, más bien cuéntame que hacías con Peeta aquí, lo acabo de ver salir. –Su cara muestra demasiado entusiasmo.
-Estábamos hablando.
-¿Solo eso?
-Y me invitó a cenar.
-Y le dijiste que si por supuesto.
-Sí, pero no me parece una buena idea porque no estoy acostumbrada a tratar con gente de su clase.
-Relájate que todo va a salir bien y a propósito ¿Qué te vas a poner?
-No sé, Peeta dijo que su madre me iba a ayudar con eso.
-¿Se puede? –Oigo una voz tras la puerta que distingo enseguida como la de la madre de Peeta por lo que me apresuro a abrirle.
-Sra. Effie.
-Hola hija, Peeta me dijo que van a salir esta noche y que necesitas algo de ayuda ¿Puedo pasar?
-Por supuesto. –Le doy el espacio para que entre y veo que lleva con ella tres porta trajes y otras cosas.
-Hola Prim.
-Hola Sra. Effie.
-Imaginé que necesitarías un vestido elegante así que le pedí a Hazelle que ordenara que te trajeran algunos para que puedas escoger además de sus respectivos accesorios.
-¡Qué maravilla!
-Prim. –Riño a mi hermana.
-¿Qué?
-No tiene nada de malo que quieras verte hermosa para tu esposo, incluso si quieres puedo llamar a Cinna para que te prepare.
-¿Quién es Cinna? –Pregunta mi hermana.
-Nuestro diseñador y estilista personal.
-¡Guau! Eso sería fantástico. –Prim se ve más emocionada que yo.
-No es necesario Sra. yo puedo arreglarme sola, además no quiero causarles ninguna molestia.
-No es molestia hija pero si insistes te dejo para que escojas el vestido que más te guste.
La madre de Peeta sale de la habitación dejándome con mi hermana quien no deja de parlotear sobre mi cena. Cuando sacamos los trajes de las bolsas ambas nos quedamos sin habla pues son tres vestidos igual de hermosos y que de seguro deben costar una fortuna y cada uno viene con su respectiva cartera y zapatos a juego. Uno es verde esmeralda, el otro azul cielo y el tercero es rojo y aunque todos son encantadores me decido por el verde –Mi color favorito- que tiene un solo tirante y que es de corte sirena.
Luego de darme una ducha mi hermana me ayuda a recoger mi cabello en un moño suelto a un lado que termina en pequeños bucles y yo misma me pongo un poco de maquillaje muy suave para luego colocarme el vestido y los zapatos color plata que van con la cartera que elegí.
-Estas preciosa, Peeta va a caer rendido a tus pies.
-No seas exagerada.
-Es en serio hermana estás muy linda.
Me miro al espejo y allí veo a una mujer que se parece a mí pero que es muy diferente a la vez, una mujer elegante que sin ningún problema podría parecer de la alta sociedad aunque en realidad no lo sea.
-¡Apúrate, no lo hagas esperar!
Hago lo que me dice y me apresuro a bajar las escaleras viendo a Peeta vestido de etiqueta y esperando por mí en la sala. Cuando voltea a verme sus ojos azules destellan un brillo hermoso que hasta ahora desconocía y de nuevo aparece en sus labios una sonrisa como la de antes.
-¡Santo Dios! Estas hermosísima. –Sus palabras me hacen sonrojar mientras termino de bajar las escaleras sonriendo como una tonta.
-No seas mentiroso.
-No, no, no, si no te estoy diciendo mentiras, te ves... ¡Guau! Hasta sentí el corazón acelerárseme. –Su sonrisa es contagiosa.
-Pues entonces tendrás que pedir una cita con el cardiólogo. -Ahora estamos bromeando y mientras ambos reímos se acerca y me quita los pendientes. -¿Qué haces?
-A ver ayúdame un poco que no soy bueno para estas cosas. –Empieza a reemplazar mis pendientes por unos más grandes y sin duda más finos que además pesan un poco- ¿Mejor?
-Gracias. –Le digo una vez termina y me percato de que su brazo izquierdo ya no está sostenido- ¿Y el cabestrillo?
-El doctor me dio permiso de quitármelo.
-Me alegro. –Le contesto mientras veo en sus manos un hermoso collar de piedras preciosas que hace juego con los pendientes que me acaba de poner y que por lo visto se dirige a mi cuello.
-¿Qué haces?
-¿Me permites por favor?
-No, no por favor no quiero –Rehúyo pero él insiste y al final me lo coloca.
-¿No te gustan las joyas?
-No lo sé pero de veras no quiero aceptarlo. –Volteo a verlo y aun sonríe.
-Prestado por favor.
-Bueno, pero prestado.
-De acuerdo. –Ambos sonreímos y es la primera vez que me siento tan a gusto al lado de mi "esposo"- ¿Vamos?
-Vamos.
Avanzamos mientras Peeta me lleva poniendo su mano sobre mi cintura y se apresura a abrirme la puerta como todo un caballero. Afuera su auto nos espera y bajamos las escaleras de la entrada conversando.
-De verdad que eres muy hermosa. –Me sonrojo de nuevo pero la oscuridad de la noche no permite que él lo note y me limito a sonreír.
-Gracias.
-Supongo que debes estar acostumbrada a los halagos. –Dice tomando mi mano con su mano libre para ayudarme a bajar.
-Bueno, en el distrito los halagos normalmente son vulgares y nunca me han gustado.
-Ya veo. –Llegamos a su auto donde me abre la puerta aunque nos quedamos allí de pie en lo que a mi parecer es un coqueteo porque ambos sonreímos como tontos- ¿Y qué opinas de mí?
Me tomo un minuto para contestar y sigo con una sonrisa tonta en la cara -No quiero alimentar tu vanidad.
Él ríe y yo me introduzco en su auto pero entonces se aproxima a mí como si fuera a besarme y el corazón se me acelera por completo, sin embargo, él se detiene a centímetros de mi rostro ajustando mi cinturón de seguridad. –Siempre es mejor usarlo. –Dice y yo me siento avergonzada. Luego sube al auto y emprendemos nuestro camino en una hermosa noche bajo las estrellas del Capitolio.
El trayecto hacia el restaurante dura aproximadamente 15 minutos en los cuales comentamos trivialidades y reímos todo el tiempo. Me siento extrañamente cómoda estando a su lado, casi como si no fuera un extraño, como si lo conociera de toda la vida y para cuando llegamos siento que estamos plenamente en confianza. Abre para mí la puerta y le da las llaves de su auto al aparcador mientras entramos de la mano en el lujoso restaurante que ha escogido.
-Buenas noches ingeniero Mellark, buenas noches Sra. -Saluda el hombre que nos recibe.
-Buenas noches. –Contesta Peeta.
-Ya tenemos su mesa lista, que gusto verlo, por favor pasen, están en su casa. –El hombre es sumamente amable y me doy cuenta que Peeta es un cliente recurrente del lugar.
-Gracias.
Ambos lo seguimos mientras Peeta suelta mi mano y me toma de la cintura. - ¿Todo bien?
-Si. –Le contesto y en ese instante un hombre mayor se levanta de su mesa y se dirige a nosotros.
-¡Peeta! Encantado de verte. –El hombre le tiende la mano y Peeta la estrecha.
-¡Blight!, Buenas noches señoras –Se dirige a las acompañantes del hombre.
-Nos enteramos por los periódicos de que el anuncio de tu muerte había sido una terrible confusión.
-Si Blight gracias a Dios.
-¿Y ella es tu esposa verdad?
-Si así es.
-Vi su foto. –Dice el hombre y me tiende su mano para tomar la mía y besarla en señal de cortesía- Blight Gray a sus pies Sra.
-Mucho gusto. –Contesto sonriendo.
-Peeta déjame felicitarte, ¡Tu esposa es hermosísima!
-Gracias hombre, y de nuevo que gusto verte.
-Igualmente. –Ambos vuelven a estrechar sus manos y Peeta se despide de las acompañantes del hombre para dirigirnos hacia la mesa siendo abordados de nuevo por quien nos recibió.
-¿Gustan un aperitivo antes de cenar?
-¿Qué quieres tomar? –Me pregunta Peeta.
-Yo nada. –Le contesto pero me ignora.
-Dos Martini por favor.
-En seguida. –El hombre nos conduce hacia el bar donde ordena nuestras bebidas y saca la silla para que yo pueda sentarme.
-Gracias. –Le digo al hombre quien se retira dejándonos solos de nuevo- ¿Siempre acostumbras a hacer tu voluntad? –Me dirijo a Peeta.
-No, no siempre ¿Y tú?
-Yo casi nunca.
Peeta sonríe y agrega -Tiene razón Blight, eres una mujer muy linda. –Sus ojos azules están fijos en mí haciendo que me sonroje y que rehúya su mirada- ¿Te molesta que te lo diga?
-Me hace sentir incómoda. –Contesto mientras el sigue sonriendo y continúa.
-¿Te gusta el lugar?
-Sí, es muy bonito.
-Y cocinan maravillosamente.
-Qué bueno porque ¡Muero de hambre! –Sonrío a pesar de mi falta de modales pero lo hago porque estoy un poco nerviosa.
-¡Salud! –Dice tomando ambas copas y dándome una para proseguir con un brindis muy sugerente- Porque el futuro venga a mostrarnos lo que verdaderamente somos.
Sé que lo dice por algo pero no para de sonreír aunque me mira fijamente tal vez esperando por mi reacción, sin embargo, no le doy el gusto y le contesto serena y con mi copa en la mano. –Salud.
Luego de acabarnos la bebida nos anuncian que la cena está lista y pasamos a nuestra mesa donde todo se ve hermoso además de delicioso. Peeta saca la silla para mí y me invita a empezar a probar los diferentes platillos que nos han servido además de unas cuantas copas de vino blanco que acompañan la comida. Cuando ya me siento satisfecha aunque aún hay mucha comida y hemos acabado el vino ordena una botella más pero me niego a recibir otra copa porque entre el Martini y lo que estoy bebiendo mi cabeza empieza a dar vueltas ligeramente ya que no estoy acostumbrada al licor y prueba de ello es que empiezo a reír casi de todo.
-No, no, no más ya tomé demasiado.
-No te preocupes, el vino blanco no hace daño. –Dice sonriendo mientras me sirve otra copa- Bueno ahora cuéntame algo de ti.
-Pues que te digo, perdí a mi madre muy pequeña y cuando terminé la preparatoria busqué empleo porque mi papá se jubiló debido a un accidente que lastimó su rodilla.
-¿Quieres decir que se encuentra desempleado?
-Bueno, ahora mismo me está reemplazando en el mercado donde yo trabajo aunque hace rato está con la idea de poner algún negocio pero hasta ahora no ha podido hacer nada.
-Por desgracia es muy difícil para la gente mayor encontrar empleo.
-Es cierto y eso no me parece justo. –Digo tomando otro sorbo de vino.
-No, a mí tampoco. –Contesta y yo le sonrío.
-¡Salud! –Estrello nuestras copas por enésima vez mientras ambos reímos.
-¿Me das un momento? –Peeta se disculpa y yo me quedo en la mesa acabándome la copa y sintiéndome extrañamente liviana y feliz. Al pasar 10 minutos regresa y toma asiento de nuevo.
-Discúlpame.
-Se te enfrió la comida.
-No, no importa en realidad prefiero verte que estar comiendo. –Me sonrojo ante la mención pero ya no me siento incomoda y me quedo mirando sus hermosos ojos azules fijamente mientras él toma mis manos entre las suyas acercando nuestros rostros- ¿Sabes? Estoy muy seguro de que voy a volver a enamorarme de ti y muy pronto.
Mi corazón se acelera y en su rostro una sonrisa se forma haciendo que mi mundo se descontrole aunque me mantengo serena.
-¡Salud! –Choca nuestras copas.
Cuando ya hemos acabado la cena y el vino me toma de la mano para que me levante y camine con él por el lugar mientras me cuenta cosas de su vida.
-Pues desde siempre he viajado mucho, en un principio lo hacía con Cato y Annie porque mi padre todo el tiempo estaba ocupado y mamá se quedaba acompañándolo. Casi todas nuestras vacaciones las pasábamos fuera hasta que dejamos de hacerlo porque en realidad Cato y yo jamás nos hemos llevado muy bien.
-¿Por qué?
-No sé, él es dos años mayor que yo y siempre se dedicó a ponerme en ridículo o a agredirme, por ejemplo cuando jugábamos al futbol aprovechaba la oportunidad para golpearme y así en casi todos los juegos. –Sonríe mientras nos detenemos un momento y nos miramos a la cara.
-Pobrecito. –Digo poniendo mis manos en sus mejillas como si eso fuera tan natural y es que extrañamente me siento desinhibida y estar con él parece tan correcto.
-Era que se aprovechaba de que yo era más pequeño. –Toma mis manos de sus mejillas y las besa mientras ambos reímos.
-Que mal pero ahora ya eres grande y no puede golpearte más. –Digo y me arrepiento de mis palabras.
-Digamos que ahora sus golpes son diferentes. –Nos observamos un segundo y seguimos caminando.
Luego de un rato más de plática regresamos al auto para ir a casa y acabar con una velada que a mi parecer fue perfecta a pesar de algunos comentarios que parecían tener doble sentido, sin embargo, hubo algunos otros que me gustaron mucho aunque no sé si sea lo correcto hacerme ilusiones.
El auto se detiene en la entrada y nos quedamos allí platicando un momento más.
-¿Como la pasaste?
-Bien, gracias. –Digo con la misma sonrisa que he mantenido toda la noche.
-No, gracias a ti porque yo también la pasé muy bien. –Sonríe y se acerca más a mí- Es que además de ser una mujer muy inteligente eres una excelente compañía.
-Tú también. –Le contesto congelada en mi lugar porque se acerca un poco más para quitarme el cinturón de seguridad y acto seguido acariciar suavemente mi mejilla con su mano.
-¿Sabes? Tengo muchas ganas de darte un beso. –Sus palabras hacen que mi corazón se acelere y se detenga en cuestión de segundos mientras yo solo observo sus ojos azules tan cerca que hasta puedo sentir su respiración en mi rostro.
-¿Puedo? –Pregunta pidiéndome permiso para besarme pero yo no logro contestarle aunque lo deseo con toda mi alma así que le digo con mis ojos lo que no puedo con las palabras.
Peeta comprende y en un momento sus labios están sobre los míos besándome tan profundamente que siento que no necesito respirar y que quiero congelar este momento para siempre aunque me confunda, aunque me asuste el hecho de estar viviendo dentro de una burbuja de fantasía que alguien creó para mi y que en cualquier momento puede estallarme en la cara, pero no ahora, no en este instante que quiero que siga siendo tan perfecto.
Una vez nos detenemos ambos sonreímos y veo un brillo especial en sus ojos, tal vez el mismo que debo tener yo. Me ayuda a salir del auto y a subir las escaleras porque me encuentro un poco mareada y no sé si es por el vino o por las emociones que acabo de vivir, eso sin contar que rio como loca todo el tiempo como si estuviera muy feliz. Abre la puerta para mí y encontramos que la sala está solitaria y es lógico porque a esta hora todo el mundo duerme pero yo no puedo parar de reír aunque lo intento y él tiene que sostenerme para no caer.
-Veo que la pasaste muy bien. –Dice entre risas.
-¡Si! Y ahora mismo me siento muy ligera como… como si estuviera flotando. –Las carcajadas no cesan y tampoco mis tropiezos, en otro momento todo esto sería estúpido pero ahora parece tan natural. –¡Shhhhh!
-Pero estas contenta ¿No? –Dice sosteniendo mi cintura.
-Si, en realidad no estoy acostumbrada a beber y puede que se me haya subido un poquito. –Le contesto señalando con mis dedos.
-Pues no te preocupes que no voy a aprovecharme de ti o… a lo mejor sí. –Dice sonriendo mientras toma mi rostro y se acerca de nuevo.
-No, no te atreverías. –Niego con mi dedo índice pero sin ninguna seriedad porque no me sale, los miedos y los temores hacia Peeta están en alguna parte dentro de mí pero ahora no hacen acto de presencia.
-¡Hey, no estés tan segura! –Me abraza pero yo me zafo de su agarre para seguir avanzando hacia las escaleras.
-¡Te juro que me siento como una pluma! –Al llegar a las escaleras las piernas me fallan y quedo sentada en el primer escalón pero en vez de sentirme avergonzada no puedo parar de reír.
-Tenga cuidado Sra. Mellark –Dice ayudándome a ponerme de pie- Creo que voy a tener que ayudarla. –Todo pasa muy rápido y cuando me percato me lleva en sus brazos por las escaleras mientras yo río y pataleo como una niña de 5 años.
-No vayas a dejar que me caiga.
-Jamás. –Contesta y seguimos avanzando hasta llegar a una puerta que no es la de mi habitación.
-Este no es mi cuarto. –Digo bajándome de sus brazos.
-Se supone que sí. –Contesta acorralándome con su cuerpo pero a pesar de que he bebido soy consciente de la situación y me salgo de entre sus brazos dirigiéndome a mi habitación que está a unos pasos mientras empiezo a retirar de mi cuello el collar de piedras preciosas que me puso al empezar la noche.
-¿Qué haces?
-Te lo voy a devolver.
-No, es un regalo. –Me toma de la cintura mientras besa mi cuello.
-Pero habíamos quedado en que era prestado.
-Mentí. –Se pone frente a mí y esa sola palabra hace que la burbuja de fantasía en la que estuve toda la noche por fin se rompa.
Camino hacia mi habitación sin darle la cara y siento como mis ojos empiezan a picar. –No me gustan las mentiras.
-A mí tampoco. –Dice a mi espalda y las lágrimas brotan de mis ojos como un torrente pero al instante lo siento tocarme- Ya nena, no llores –Me abraza- ¿Por qué no confías en mí? ¿Por qué no me cuentas? -Niego con la cabeza mientras él me hace verlo a la cara tomando mi rostro– Katniss, puedo entender cualquier cosa.
-Es que… Me duele todo esto que está pasando.
-¿Qué yo no pueda recordar?
-Si.
-Nena –Acuna mi rostro entre sus manos- Si te quise antes no veo porque no pueda volver a hacerlo.
Eso es aún peor y el dolor del engaño que estoy haciéndole me lastima y no me deja respirar así que me separo y me dirijo a mi habitación-No quiero hablar de eso.
-Tienes razón, no echemos a perder esta bonita noche. –Se aproxima y abre la puerta para que yo pueda entrar.
-Gracias. –Lo miro desde el umbral y él toma de nuevo mi rostro en sus manos.
-No sé qué pensar de ti Katniss, pero estas empezando a gustarme muchísimo. –Dice y me da un suave beso en los labios que dura tan solo un segundo- Descansa.
-Tú también. –Le respondo y cierro la puerta una vez se ha ido para derrumbarme en mi cama y llorar por los recuerdos hermosos de una noche fantástica al lado de un hombre maravilloso que no me pertenece.
.~.~.~.~.~.~.~.~
.~.~.~.~
.~.~
¡Hola! Agradezco a todos por estar tan interesados en esta historia y quiero aprovechar para aclararles que la razón por la cual estoy publicando más aquí no es porque me haya olvidado de la otra sino porque estos capítulos ya estaban hechos con anterioridad y yo solo debo tomarme el tiempo de responder comentarios. Espero que les guste el curso de la historia y espero pronto tener algo nuevo en la otra.
Pd: Gracias por sus buenos deseos acerca de mi trabajo. Los aprecio muchísimo.
Johanna.M: Si, la trama es interesante y la actitud de Peeta es en parte entendible porque como no pensar raro de todo lo que hace Cato alrededor de Katniss. Espero que sigas conectada y que poco a poco obtengas por ti misma las respuestas a tus interrogantes.
Ady Mellark87: XD confundida pero interesada supongo… A veces las actitudes de algunos personajes también me molestan pero no te preocupes que todos tienen evolución y espero que eso te guste y te mantenga atenta.
Laura: Ya te extrañaba aquí porque amo tus comentarios. Pues sí, ahí había un cambiazo entre los personajes que en algún capitulo se va a explicar solo. No desesperes.
Ana Karen Mellark: No te preocupes, aunque si se me había hecho raro. Tienes razón esos dos no inspiran nada de confianza y por otra parte esta Kat es como dices, diferente y un poco llorona aunque te aseguro que va a madurar. Jajaja Delly es el lado odioso de la historia y Prim es un poco más liberada que la original pero eso es para ponerle una diferencia y para hacer la historia más interesante, eso sin contar lo de Gale como mejor amigo de Peeta. Por otra parte la novela es muy bonita, te la recomiendo.
Besos,
Giselle Jay.
