La recuperación no parecía ser nada difícil en casa de los Sato, recibía la comida en la habitación y conversaba con Asami mientras ella analizaba los datos que recolectaba de sus constantes estudios de la actividad en el asentamiento, los primeros tres días su amiga se había abstenido de salir a realizar sus actividades diarias para poder cuidar de ella, de nuevo cualquier objeción respecto a dicha decisión estaba fuera de lugar, una vez que Asami se convencía de algo no había nada que la hiciera cambiar de idea así que no le quedaba más que aceptar y seguir.

Las primeras noches no se pudo resistir, en la habitación de Asami había un cuarto de baño que contaba con una espaciosa bañera y claro su anfitriona le hizo saber que podía hacer uso de ella con toda libertad, era perfecto, justo lo que necesitaba, antes de dormir pedía que le llenaran la bañera para realizar su aseo personal, después de todo ese era el uso que se le solía dar a aquel objeto, pero lo único que deseaba era sumergir sus pies en agua, encerrada en aquel lugar contaba con la privacidad necesaria para poder curar sus heridas, una a una comenzó a retirar sus prendas, al terminar se envolvió en la toalla que le habían prestado y tomo asiento en la orilla de la bañera, con el suave movimiento de sus manos comenzó a levantar pequeñas olas en el agua que iban y venían, poco a poco el agua empezó a reflejar un brillo azulado que iba en aumento gracia a los poderes de la maestra agua, un profundo suspiro escapo de sus labios a medida que el efecto analgésico del agua penetraba en su piel, justo lo que necesitaba, no pasaría nada si ayudaba a su cuerpo a sanar, después de todo sus pies ya se encontraban vendados, solo debía asegurarse de que fuera ella la única que realizara el cambio de vendaje y después ya vería que inventarse para evitar la cita con el médico, luego de la curación procedió a introducir el resto de su cuerpo en la bañera y ya que tenía la oportunidad decidió calentar el agua con su fuego control, otro profundo suspiro escapó de ella, no podía pedir nada más, en esos momentos eso era lo mejor que había tenido en meses.

Pasados los primeros tres días de reposo Asami había decidido que era momento de continuar con las labores, claro, ya que ella si era considerada le había preguntado si se sentía lo suficientemente bien como para salir, aunque claro estaba que no saldría directamente a caminar si no que haría uso de la silla de ruedas, aún así aquella pregunta había sido hecha, sin duda alguna la ojiverde resultaba ser absolutamente encantadora, sin dudarlo afirmo con la cabeza, se sentía más que bien, las terapias con agua control habían ayudado con la cicatrización, estaba segura que podía ponerse de pie y andar, no por mucho tiempo, tal vez con ayuda de un par de muletas podría acompañar a su amiga sin necesidad de la silla de ruedas, pero claro, proponer algo así estaba completamente fuera de lugar ya que resultaría ser demasiado sospechoso, no había más opciones, debía aprovechar los cuidados que se le otorgaban para poder sanar mejor.

Sato rebosaba de entusiasmo y energía, empujaba la silla de ruedas a paso firme, y de alguna manera, también de forma cuidadosa, llegó primero a los campos de siembra, que debido a la temporada se encontraban en reposo, en esa época Asami supervisaba las reservas de comida con las que se contaba, esta vez la de ojos verdes no llevaba los apuntes, eso se lo había dejado a ella "Ya que tu no caminarás te encargarás de los apuntes, algo deberás hacer para que aquello no resulte ser como un paseo por el campo" recordó sus palabras con una sonrisa, el rostro de su amiga lucía impecable, podía notar como hacía cálculos mentalmente cuando escuchaba los números que le eran dados, estaba segura de que tenía algo en mente, un proyecto o algo similar, ella siempre tenía algo en la cabeza, al igual que su padre parecía ser una persona ingeniosa, luego de visitar a la mitad del asentamiento el día había terminado y se encontraban de regreso en casa, atenta observó como su anfitriona caía rendida de espaldas sobre la cama y suspiraba.

- Parece ser Korra, que las reservas serán suficientes para el invierno, sin embargo creo que no estaría del todo mal ampliar las tierras de cultivo, cabe la posibilidad de que podamos expandirnos, crecer, contamos con gente joven y fuerte capaz de engendrar bebés, pero pocos se atreverían a tener uno, es complicado.

Era cierto que pocas personas se atrevían a tener un bebé, incluso dentro del asentamiento no se podía decir que era un lugar completamente seguro, pero que hubiera nuevos miembros en él resultaría algo fantástico ya que estos bebés crecerían con la cultura de los habitantes de dicho lugar, tendrían respeto por la naturaleza. Ya existían habitantes que habían nacido ahí y era gracias a esos pilares que el asentamiento se desarrollaba de manera tan íntegra, que hubiera más solo reforzaría aquellas bases.

- ¿Y por qué no pones tu el ejemplo? – Comentó con tono divertido, los ojos de Asami se abrieron como platos ante aquel comentario lo cual causo que la morena comenzara a reír. – No es apropiado, mi proyecto no obliga a nadie a buscar pareja para cumplir con el cometido, sería solo una propuesta para las parejas ya establecidas y… evidentemente yo no cumplo con dichos requisitos, así que deja de hablar ridiculeces. – Renegó la mayor antes de arrojar una almohada en dirección a la ojiazul.

- Era solo una sugerencia para que pudieras alentar a tu pueblo.- Respondió entre risas, luego de disfrutar de un plato de arroz y una sopa de verduras era momento de dormir, de alguna manera había convencido a su amiga volver a dormir en su cama y ella comenzó a dormir en el sofá, no le resulto sorprendente sentir la suavidad de aquel mueble, sin lugar a dudas era más cómodo que la cama donde dormía en casa de los hermanos.

Al comenzar la segunda semana le pidió al médico que le permitiese usar un par de muletas, no quería que Asami tuviese que empujar la silla de ruedas todo el tiempo y gracias al agua control sus pies se encontraban mucho mejor, lo suficientemente bien como para que pudiese usar las muletas sin problema alguno, Tarlok dudaba al inicio e insistía en querer echarle un vistazo a la herida antes de autorizar tal cosa, había sido un poco complicado pero al final logró convencerlo de que no hacía falta que la revisara ya que Asami se había encargado de supervisar su progreso, para su suerte aquel hombre confiaba en la hija de los Sato y habiendo escuchado aquello desistió y le entregó las muletas, ahora solo debía esperar que ninguno de los dos hablara al respecto pues claro estaba que nadie más que ella había supervisado el milagroso proceso de recuperación de sus heridas.

- Impresionante Korra, pensé que deberías andar en silla de ruedas al menos durante dos semanas.

- Lo mismo dije yo. – Añadió la de ojos verdes alzando una ceja.

- En serio chicos estoy bien, no se preocupen, soy una chica fuerte. – Sonrió de forma nerviosa, habían decidido acompañar a Bolin a comer, Asami se había tomado la molestia de complementar su comida con un pollo asado que preparó en casa, consumir animales era algo que no se solía hacer con frecuencia pues debían controlar la reproducción e ingesta de las especies, claro el señor Sato contaba con su propio corral de pollos, y según les había dicho, ese mes tenía dos pollos disponibles para su consumo, así que ahí estaban ellos, disfrutando de uno de esos pollos.

- Y no dudo que seas una chica fuerte, la manera en que atrapaste a ese invasor fue impresionante, pero debes tomarte las cosas con calma, si te cansas no deberías forzarte a seguir andando, en la silla de ruedas también te movías bien, eso de usar tus manos para mover las llantas es genial.

- Lo se Bolin, pero también resulta ser más agotador y a veces es difícil no quedarse atorado en las piedras, en serio estoy bien… por cierto ¿Qué fue de esos hombres que atraparon? Supe que Lin los interrogó.

- Lo hizo, pero no han dicho nada alarmante, al parecer no pertenecen a ningún grupo anarquista o guerrillero, según parece sobreviven del robo de recursos y vagan sin rumbo… de cualquier manera Lin quiere cerciorarse de que sus versiones sean ciertas así que no planea dejarlos ir hasta estar segura. – Sentenció Asami.

Mientras masticaba la comida que se había llevado a la boca meditaba al respecto, ella podía saber si lo que se decía era verdad o no, solo debía hacer uso de su tierra control, pero si lo hacía no había manera de convencer a Lin de la verdad, no había una manera lógica de explicar como podía estar segura de las afirmaciones que obtendría, suspiró, debía dejar entonces eso en manos de la jefa militar, claro, ya encontraría el tiempo de interrogar a los invasores para asegurar el bienestar del asentamiento, incluso estando en el primer pueblo que visitaba se enfrentaba a muchas complicaciones, esperaba que con el tiempo pronto pudiese acostumbrarse a tener que ocultar sus habilidades mientras las utilizaba para ayudar a todos.

La tercera semana se llegó y ya se sentía completamente recuperada, podía caminar sin las muletas y no percibía ninguna molestia en la planta de sus pies, continuaba compartiendo la habitación de Asami, la verdad era que resultaba ser más ventajoso acompañar a su amiga a visitar a los aldeanos a diario, podía convivir más con ellos y conocerlos mejor, al parecer todos se habían percatado de su actuación tan heroica, ahora solian ser más abiertos y tolerantes ante su presencia, incluso Lin, no había escuchado ningún tipo de reclamo de su parte o advertencia, podía ir y venir con toda libertad sin la necesidad de que nadie la mantuviera bajo vigilancia, suspiró, había olvidado como era el pasar un tiempo a solas en el exterior, a veces durante la noche salía a caminar a solas mientras su amiga continuaba con sus proyectos, un par de noches se encontró con Mako, era gracioso pensar que ahora resultaba agradable charlar con él, en un inicio hubiera dado lo que fuera por que se le asignara a otro guardián, comenzaba a sentirse parte del asentamiento, se acercaba el momento de actuar, teniendo más libertad de movimiento no había razón por la cual debiera posponer su misión.

Jueves por la noche, el viento helado golpeaba contra su rostro, Asami se encontraba sentada a su lado, ambas observaban el mar desde un acantilado, habían estado platicando acerca de su infancia y experiencias divertidas hasta que llegaron al punto de guardar silencio, no se trataba de un silencio incómodo, simplemente disfrutaban del paisaje, el agua iba y venía en la costa y golpeaba contra las rocas liberando un sonido relajante.

- Me parece que debemos volver… está helando. – Observó con atención el rostro de la mayor, su nariz se había sonrojado por el frío y pudo notar como tiritaba a medida que su aliento era expulsado formando una tenue nube de vapor.

- Lo siento, no me percate de que tenías frío. – Asami abrió los ojos ampliamente antes de echarse a reír de forma irónica. – La verdad no pensé que hiciera falta ¡Está helando! Disfruto el clima pero el té caliente se termino hace media hora. – La morena rió entretenida, estaba acostumbrada a ese tipo de clima, en sus tierras la mayor parte del tiempo era así, helado.

- Lo lamento, en casa siempre hace frío, creo que estoy acostumbrada, toma. – Dijo extendiendo hacia ella su abrigo.

- No, no hace falta, vuelve a ponértelo, me dará frío de verte.

- Úsalo, yo estoy bien. – Insistió rodeando los hombros de la mayor con su abrigo. – Mira. – Continuó luego tomando las manos de la ojiverde entre las suyas para hacerle sentir su calor. – No tengo frío.

- Tus manos son tan… tibias. – Sentenció la mayor un tanto sorprendida. - ¡Korra! Ahora no habrá manera de que me despegues de ti, aprovecharé tu calor durante el día. – Ambas rieron mientras Asami la estrechaba entre sus brazos.

- Creí que era momento de volver.

- Lo es, pero debía calentarme un poco para poder avanzar en el frío, y ya que me obligaste a acompañarte es lo menos que puedes hacer por mí.

- No te obligue… - Renegó, de pronto enmudeció al sentir como la mayor le tomaba la mano.

- Bien, no me obligaste, pero si insististe bastante, volvamos pues. – Finalizó Sato sin soltar su mano, suspiró, estaba segura de que se había ruborizado y a decir verdad se encontraba algo avergonzada, era como si de pronto se hubiera empequeñecido, se sentía vulnerable, Asami sujetaba su mano con firmeza y seguridad, ese insignificante gesto la tenía pensando más de la cuenta.

De regreso en casa se reunieron en la mesa con el señor Sato y cenaron un plato de sopa de verduras y pan, durante el tiempo que llevaba viviendo con ellos no los había visto abusar de su poder, solían comer lo mismo que el resto de la gente en el asentamiento, a veces incluso compartían sus bienes con otras familias, quedaba claro que la estabilidad del lugar se debía a que no había abuso de poder, todos tenían los mismos derechos, las diferencias eran mínimas, lo único que podía destacar de los Sato era que su casa era un poco más grande, tenían sus propios animales y había un par de personas trabajando para ellos, los mayores lujos que poseían era la ropa en buen estado y muebles no maltrechos, trabajaban día a día, codo a codo con el resto de las personas y no imponían sus leyes de forma injusta, sabía que en otros lugares los líderes guerrilleros solían darse banquetes dignos de un rey y alimentaban a sus seguidores con las sobras, se podía decir que en aquel mundo en quiebra, el asentamiento de ciudad república era un buen lugar para vivir.

Recostada en el sillón observaba el techo de la habitación, se habían acostado hacía media hora, no estaba segura si Asami se encontraba durmiendo, se había memorizado ya las rondas de los guardias que patrullaban las calles, quería salir rumbo a la jungla y gracias al clima las calles se encontraban más solas que de costumbre, por lo general había personas que a veces preferían dormir en el exterior de sus casas cuando hacía calor, había otros que simplemente disfrutaban de la noche y no entraban a sus casas si no hasta altas horas de la madrugada, en cambio durante el invierno el frío los obligaba a todos a resguardarse, si quería visitar el mundo de los espíritus debía hacerlo cuanto antes.

- Asami… - Murmuró pero no hubo respuesta. – Asami. – Alzó la voz un poco, nada. - ¡Asami! – Pronunció fuerte y claro, su amiga no respondía, sonrió, parecía que tenía luz verde, lentamente se puso de pie y caminó hacia el escritorio de su compañera para poder echarle un vistazo al reloj, dos de la madrugada, suspiró al tiempo que comenzaba a calcular mentalmente, la última lámpara que había visto pasar por la ventana se había alejado hacía poco menos de diez minutos, el siguiente guardia no tardaría en pasar, se apresuró a colocarse las botas, luego de eso esperó a ver la luz que pronto se reflejaría en la ventana, esa sería la señal, con cuidado retiró el seguro que mantenía la enorme ventana cerrada, al pasar el guardia se apresuró a salir, cerró la ventana tras de si haciendo uso de su metal control, entonces comenzó a escabullirse entre las calles, ligera como el viento sus pisadas no emitían sonido alguno, no tardo mucho en lograr salir del pueblo, el camino hacia la jungla era claro pues del centro de aquel frondoso lugar se elevaba una fuerte luz que llegaba hasta el cielo.

Conforme se acercaba a la jungla comenzó a ver señales de advertencia a lo largo del camino, todas dejaban en claro que si se seguía por aquella ruta se dirigía a una muerte segura, poco a poco comenzó a notar como el suelo se coloreaba de verde y como los árboles se elevaban cada vez más altos, de pronto se vio rodeada de ramas, enredaderas, flores, arbustos, raíces, la vegetación era tan vasta y frondosa que avanzar se había vuelto todo un reto.

- ¿Estas segura que quieres seguir por este camino? Queda en claro que esta pared de troncos y arbustos no está ahí por mera coincidencia…

Se escuchó una ronca y lúgubre voz haciendo eco a su alrededor.

- Debo seguir, debo llegar al portal que está en el centro.

- Quieres llegar al centro de nuestra jungla, sabes que los humanos no son bienvenidos ahí.

- Soy el Avatar.

- Oh… el Avatar, claro ¿Por qué no lo pensé antes?

Afilando la mirada recorría los alrededores con sus ojos, aquella voz no sonaba para nada amigable y sabía por la voz de sus vidas pasadas que los espíritus nunca solían cooperar en ningún aspecto a menos que se les probara ser merecedor de su respeto.

- Voy a entrar. – Dictó con seguridad, de un salto se colocó en una de las ramas de un árbol y de ahí comenzó a brincar de una a otra, no paso mucho tiempo antes de que un par de sombras comenzaran a seguir su camino, podía ir delante de ellas sin problema alguno sin embargo todo se complico cuando las enredaderas comenzaron a arremeter contra ella, un grito escapó de sus labios cuando de pronto fue golpeada contra el suelo al ser arrastrada por una raíz, de inmediato fue alcanzada por dos extraños seres obscuros en forma de serpiente que se lanzaron contra ella, haciendo uso de su agua control cortó la raíz que la sujetaba por el tobillo y rodó para evitar el ataque, en cuanto pudo se puso de pie y echo a correr, sabía que a los espíritus no los dañaría con ataques físicos, corrió a toda prisa esquivando ataques y evitando ser capturada por la naturaleza que le rodeaba, sin tiempo de analizar el terreno de pronto sintió como la tierra desaparecía bajo sus pies y comenzaba a caer, rodó varios metros hasta llegar al fondo de lo que parecía ser un enorme cráter, sofocada y aturdida luchó para ponerse de pie.

- Demonios… - Se lamento al notar como su ropa se encontraba hecha trizas debido a la agitada carrera ¿Cómo explicaría eso al volver al asentamiento? Ya luego tendría tiempo de pensar al respecto, por el momento debía avanzar, el portal se encontraba delante de ella a pocos metros de su actual posición, quiso obligarse a dar un paso cuando sintió un agudo dolor surgiendo de su pecho, seguro se había roto alguna costilla durante la caída ¿Cómo explicaría eso? Pensó con ironía antes de caer inconsciente.

Un cielo negro se posaba sobre ella, humo, fuego y estruendos constantes, detonaciones de todo tipo, gritos horrendos de dolor y temor era todo lo que acarreaba el viento ¿Dónde estaba?

- ¡Disparen de nuevo! ¡Disparen a voluntad! – Escuchó la ronca voz de un hombre, al bajar su mirada pudo divisar la ciudad, los edificios aún ardían, podía ver lo cuerpos maltrechos de hombres uniformados regados por doquier.

- Quedan pocas municiones señor…

- ¡Disparen! – Insistió.

Se abrió el fuego y una infinidad de balas volaron en su dirección.

- Eso ya lo intentaron antes. – Surgió de ella una voz burlona ¿Por qué estaba diciendo eso? Con las manos extendidas a sus costados detuvo todos los proyectiles en el aire, una risa malévola emanaba de sus labios. – Se les agotó el platino… ¿Por qué no se resignan de una vez? Es el final de la raza humana, este planeta estará mejor sin ustedes.

Un escalofrío le subió por la espalda, a sus costados levitaban sobre el viento dos imponentes trozos de lo que parecía antes había sido un edificio ¿Qué iba a hacer con ellos? – Es el final, acéptenlo de la mejor manera posible y evítense la agonía. – Se pudo escuchar gruñir al tiempo que movía sus brazos para comenzar a balancear aquellos trozos gigantes de concreto y hierro ¡¿Qué estaba pasando?! ¡No! Gritaba dentro de su cabeza al ver como los proyectiles eran dirigidos contra los hombres que se encontraban por debajo de ella, de nuevo aquella risa apareció, las balas que fueron detenidas regresaron hacia los hombres con gran velocidad, más gritos y explosiones.

- ¡Basta! – Gritó con todas sus fuerzas, pero parecía ser prisionera dentro de su cuerpo, fuera de su mente su voz no se hacía presente. – ¡Este es el fin! – Escuchó aquella voz profunda y certera haciendo eco por todo el lugar. – Dejen de pelear. – El mar rugía con fuerza bajo la tormenta, de nuevo se pudo ver a si misma manejando los elementos como nunca antes lo había hecho, atrayendo el mar hacia el interior de la ciudad arrasó con todo lo que se encontrara en las calles.

- ¡Basta! ¡Hay gente ahí! – Suplico desesperada sin poder tomar control de la situación.

- El mundo podrá recuperarse si ellos no están Korra. –

- ¿Quién eres? ¿Por qué haces esto?

- Yo soy tú, y sabes bien por que lo hice.

- No, no tenías el derecho de hacer tal cosa.

- No tenía el derecho… pero era mi deber, antes de que fuera demasiado tarde.

- ¡No!

- Korra… escúchame.

- ¡No!

- El Avatar tiene el deber de cuidar el equilibrio, y esa fue mi tarea, las cosas estaban mal, debía corregirlas.

- ¡Cállate!

- Korra.

- ¡No! – Gritó con desesperación.

- ¡Avatar! ¡Avatar reacciona! – Se escuchó una voz distinta, al abrir los ojos inhalo de forma profunda como si acabara de emerger de debajo del agua, con la mirada desorbitada intentaba reconocer sus alrededores, había demasiado verde, como el interior de la jungla pero distinto, un hermoso prado repleto de flores y pasto, su respiración era agitada, era la primera vez que veía un lugar similar, la naturaleza se encontraba… intacta, en la jungla se podían notar los restos de la ciudad que había sido devorada por la vegetación, aquí todo era natural, fue entonces que pudo notar a todo tipo de criaturas flotando a su alrededor, todas coloridas y llenas de vida, sorprendida quiso moverse hacia atrás cuando volvió a sentir el malestar sobre su costado izquierdo.

- ¿Raava? – Escuchó a una pequeña criatura de piel verdosa cuestionarla con mirada insistente.

- Si, está conmigo, siempre. – Acertó a responder antes de que sus ojos volvieran a ponerse en blanco, una vez más su cuerpo había cedido al dolor.

- ¡Por Raava! Sabían que era ella ¿Qué otro humano puede manejar más de un elemento?

- Siempre es igual…

- No se sientan orgullosos, no fueron ustedes quienes la dejaron así, fue ese maldito cráter, deberían poner una cerca o algo.

- Ang no cayó ahí.

- ¡No me interesa si Ang flotaba como una pluma! ¿Qué pretenden? ¿Asesinar al nuevo Avatar? Muchos con suerte llegan a cumplir diez años, intentemos conservar a esta que al menos ya mudo todos los dientes ¿Les parece?

Escuchaba a lo lejos aquella discusión ¿Lejos? Poco a poco fue recobrando la conciencia, aquellas voces se escuchaban cada vez más cerca, al abrir los ojos pudo ver a dos… ¿Espíritus? No estaba segura de que lo fueran, pero aquellos dos continuaban discutiendo.

- Es el único Avatar que tenemos…

- Los humanos desperdiciaron sus tierras y se llevaron a si mismos hacia el borde de la extinción, ya no necesitamos un Avatar que mantenga el equilibrio, Raava puede volver.

- No negaré que se lo tienen merecido… pero Raava sabe lo que hace, debemos confiar en ella, así que ve y busca algo que podamos ofrecerle de comer a la chiquilla.

Escuchó, al ir recobrando los sentidos se percató de que su cuerpo se encontraba sumergido en agua, a decir verdad aquello se sentía muy bien, las heridas ya no dolían, con su mano derecha presiono el costado que antes se encontraba mal herido, no había dolor, sorprendida intentó enderezarse, una vez sentada volvió a notar a un grupo considerable de pequeñas criaturas que le rodeaban, coloridos y vivaces la observaban detenidamente.

- ¿Te sientes mejor? – Cuestionó uno de ellos con voz dulce.

- Mucho mejor… gracias. – Respondió con una sonrisa. - ¿Dónde estoy?

- En el manantial, el agua de este lugar parece tener muy buenos efectos sobre los humanos.

Con su agua control levantó un hilo de agua para examinarlo, podía sentir como la energía que había en aquel líquido se encontraba concentrada en niveles mucho mayores que en el agua común, debía ser esa la propiedad que le permitía sanar sus tejidos, observando la superficie de su piel se percató de que los rasguños que se habían marcado durante su carrera por la jungla también habían desaparecido, bastante conveniente, pensó pues ahora solo debía preocuparse por la manera de explicar el lamentable estado de sus ropas cuando volviera a casa de los Sato.

- Ah, veo que has despertado, bien, es una buena señal. – Escuchó al espíritu que antes discutía a su favor, sin embargo no estaba muy segura de poder confiar en él, su manera de hablar era algo tosca y un tanto hostil.

- ¿A que has venido jovencita? – Cuestionó aquel espíritu que tenía la apariencia de un lémur gigante.

- He venido a hablar con ustedes… necesito su ayuda.

- Eso no es novedad. – Respondió él tomando asiento frente a ella. – Wa Shi Tong vendrá dentro de poco y también Hei Bei, ellos decidirán si mereces nuestra ayuda.

- ¿Quiénes?

- El espíritu del conocimiento y el espíritu del bosque, dos cosas que los humanos demostraron no tener ni respetar a lo largo de su historia.

Suspiró, podía sentir el odio que aquel espíritu guardaba hacia la raza humana, no podía decir nada en contra de sus palabras, era verdad, los humanos habían erradicado los bosques y ¿Qué tipo de conocimiento demostraban al hacer eso? Ninguno, habían actuado de forma estúpida y autodestructiva durante siglos.

- Bien… los esperaré. – Pronunció con seguridad, el Aye-aye sonrió de forma divertida.

- Eres más aventurada que Ang. – Comentó entretenido.

- ¿Lo conociste?

- ¿Pero que tipo de pregunta es esa? Claro que lo conocí, no estaría hablando de él de no ser así ¿O si?

- Lo siento, es la primera vez que veo a un espíritu y olvidé por completo que ustedes viven ¿Para siempre? – Concluyó un tanto dudosa, el lémur comenzó a reír de forma burlona.

- Ustedes humanos son estúpidos, no cabe duda… no por nada terminaron como están.

- Lamento no conocerlo todo, a diferencia de ti yo no tengo la sabiduría de un fósil de miles de años de antigüedad. – Renegó, el Aye-aye guardó silencio y luego sonrió.

- Incluso hace años, cuando todo a penas empezaba, los humanos eran estúpidos, el primer Avatar era estúpido… pero aprendió con el tiempo. – Entonces la mirada del lémur se suavizo. – Tú también aprenderás. – Concluyó el viejo espíritu, aquellas palabras calmaron su inquietud, comenzaba a sentirse en paz, con más seguridad, de pronto el cielo se nublo, al alzar la mirada pudo notar la silueta de una enorme ave color negro ¿Una lechuza? Sus enormes ojos obscuros se fijaron en ella, no había una sola expresión que pudiese identificar en aquella criatura.

- Bienvenido Wa Shi Tong, Avatar, él es el espíritu del conocimiento. – Los introdujo el lémur.

- Un gusto, mi nombre es Korra. – Respondió.

- Un nuevo Avatar… no entiendo como es que la humanidad sigue recibiendo oportunidades.

- No podemos decidir por Raava. – Sonrió el Aye-aye.

- No, no podemos. – Concordó la enorme ave. - ¿Y Hei Bei? – Cuestionó sin dejar de inspeccionar a la nueva invitada caminando a su alrededor.

- Está en camino, no ha de tardar.

La presencia de Wa Shi Tong la ponía nerviosa, sabía bien que en aquel mundo sus poderes no le servirían de mucho, los espíritus no eran vulnerables a sus ataques, sin embargo ella si era vulnerable a sus castigos, esperaba poder llenar las expectativas de aquellos espíritus.

Al poco tiempo apareció un enorme oso panda, saliendo de entre los robustos árboles que conformaban un bosque más allá del manantial avanzaba a paso lento.

- ¡Oh! Al fin, Hei Bei, toma asiento. – Lo recibió Aye-aye con entusiasmo, así que sus jueces serían un panda y una lechuza, suspiró, por alguna razón se sentía culpable en esos momentos, como si fuera a recibir un regaño, era la misma sensación que tenía cuando sus padres hablaban con ella luego de hacer alguna travesura.

- Creo que sabemos bien a que vienes Avatar, Ang nos dijo que mandaría a su sucesor para seguir con su misión. – Habló la lechuza. – Sin embargo, incluso a Ang le pedimos algo a cambio de nuestra ayuda, tú no serás la excepción. – Concluyó.

- ¿Y qué tengo yo que pueda darles? – Dudó pues en el mundo de los espíritus había de todo, no entendía que podría hacerle falta a los espíritus.

- Para mí continuarás la búsqueda que le asigne a Ang, en el reino tierra hay un libro, una documentación, la única que existe, de él Avatar de destrucción, la quiero, no hay manera de enmendar todos los errores que los humanos han cometido a lo largo de su historia, pero podrían aprender de los errores, quiero que mi biblioteca cuente con los documentos necesarios para que quede un claro registro de cómo el mundo llegó al punto en el que se encuentra ahora, tal vez esto le resulte de utilidad a los futuros líderes que emerjan y les ayude a guiar a su gente por el buen camino, claro, no cualquiera puede tener acceso a mi biblioteca, pero esos asuntos los resolveremos después, aún queda un largo camino por recorrer… hasta entonces, quiero ese documento Avatar.

- ¿Eso es todo? – Respondió incrédula, dicha pregunta pareció indignar al espíritu del conocimiento pues este de inmediato se acercó a ella con posición dominante.

- ¡¿No te parece suficiente?! A Ang no le bastó toda una vida para poder encontrarlo ¿Qué te hace pensar que será una tarea sencilla?

- Lo siento… es solo que imaginaba que me pedirían algo más… ¿Significativo? Algo más grande, de más valor.

- Con eso tendrás suficiente de mi parte, aún faltan las demandas de Hei bei.

El panda yacía sentado sin pronunciar palabra alguna, al llegar su turno se puso de pie y se acercó a la morena, juntando su frente a la de ella emitió un pequeño destello, la chica entonces pudo ver las ruinas de unas enormes murallas, estas se veían rodeadas de bastas tierras, entonces apareció en la visión la imagen de un pequeño brote haciendo presencia en medio de aquel suelo desértico, la imagen evolucionó y pronto aquel brote tomo el cuerpo de un árbol fuerte y robusto y detrás de este se podían ver más y más árboles que ahora conformaban un bosque, la visión terminó y Hei bei se apartó de ella.

- ¡¿Un nuevo bosque?! Es… es… ¡Complicado! Además ¿Qué era eso? ¿Ba sing se? Las tierras ahí son secas.

- Extiende tus manos. – Escuchó como eco una voz grave y tranquila resonando dentro de su cabeza, al obedecer el panda le otorgó un pequeño costal que dentro llevaba varios tipos de bellotas. – Bastará con que plantes estas semillas, tu trabajo consistirá en encargarte de que los habitantes de esas ruinas cuiden y respeten mis bosques.

Y así como llegaron se habían ido, ahora tenía un par de tareas que hacer, recordaba las palabras de Ang cuando dijo que con el tiempo su camino iría tomando forma por si mismo, tal vez eso marcaba su inicio.

- Valla, te fue bien. – Escuchó al Aye-aye con un tono burlón, sin poder evitarlo exhalo profundamente. – Vamos, sal ya de ese manantial. – Ordenó el espíritu ofreciéndole una mano, al salir del agua secó sus ropas haciendo uso del agua control, con cuidado devolvió al manantial todo el líquido que pudo extraer del algodón.

- Gracias por traerme aquí.

- De nada Avatar, lamento que tu bienvenida haya sido un poco… agitada. – La joven sonrió ante dicho comentario, valla que había sido una travesía agitada.

- No hay problema, me sirvió para calentar motores, al parecer mi viaje será largo.

- Muy largo, pero enriquecedor. – Compuso el espíritu. – Ahora es momento de que vuelvas a casa. – Antes de que su despedida concluyera apareció frente a ella un espíritu que en sus manos llevaba una bolsa.

- Este pan te servirá de alimento Avatar, ayudará a sanar tus heridas, por favor acepta nuestras más sinceras disculpas.

Agradeció extendiendo sus manos para recibir la bolsa. – Y otra cosa. – Agregó el Lemur. – Toma esto. – Dijo otorgándole el pequeño cuerpo de un gorrión.

- Vivirá en la jungla durante el invierno, en verano migrará a los bosques del asentamiento y los alertará cuando haya extraños invadiendo sus tierras, solo llévalo a través del portal.

Sus ojos se fijaron en la pequeña figura de la criatura emplumada, eran animales que solo conocía a través de imágenes plasmadas en libros, no podía creer lo que sus ojos le veían. – Avatar no tienes toda la noche, amanecerá dentro de poco y para entonces debes estar en casa ¿Cierto?

¿Amanecer? ¿Cuánto tiempo había estado dormida? Apresurada intentó encontrar el camino de regreso pero no lograba ubicar el portal, Aye-aye sonrió entretenido.

- Valla que ustedes los humanos son estúpidos. – Se burló. – Sostente bien Avatar. – Advirtió antes de que un enorme dragón volara cerca de la chica tomándola por los hombros con sus patas delanteras, un pequeño grito se escuchó y fue lo último que pronunció en aquellas tierras, el dragón pronto la hizo atravesar el portal, una luz enceguecedora la rodeo y de pronto apareció de nuevo en la jungla, en su mano derecha, donde antes se encontraba el pequeño pájaro, ahora había una bola de luz, confundida la observó detenidamente, antes de que pudiese examinarla más de cerca emergieron cientos de figuras que aleteaban a medida que avanzaban por los aires, poco a poco estas tomaban la forma de aquel pequeño gorrión, podía ver como a medida que el brillo se apagaba se iban formando sus plumas y tomaban el cuerpo de aquel animal, pronto todas estas Aves se perdieron entre los árboles de la jungla, sonrió, era increíble, era una lástima que no tuviese nadie a quien contarle todo aquello, tal vez por la noche hablaría con Ang, aunque él ya conociera la magia de los espíritus, al menos podría compartirle su experiencia.

- Amanece. – Escuchó una dulce voz, al bajar la mirada observó a uno de los pequeños espíritus que antes la habían acompañado en el manantial ¿La estaban cuidando? No había tiempo de pensar en eso. - ¡Gracias! – Respondió enérgicamente antes de saltar varios metros hacia el cielo usando el aire control para volar fuera del cráter que rodeaba el portal, su camino de regreso también fue agitado, a lo lejos se podía ver como el horizonte se coloreaba con tonos violeta, debía llegar antes de que el sol saliera.

No había tiempo para correr entre las calles cuidando a cada uno de los guardias, saltó y aterrizó suavemente sobre uno de los techos y así fue saltando de techo en techo evitando cruzarse en los caminos de los guardias, pronto llegó a casa de los Sato y se introdujo por la ventana, Asami parecía seguir durmiendo, suspiró, al parecer todo estaba bajo control, sin perder más el tiempo cerró la ventana y comenzó a retirarse la ropa, al observar las prendas notó el daño que habían recibido, no podía simplemente usar un hilo y aguja para remediarlo, aquello estaba perdido, debería deshacerse de eso cuanto antes, los gallos del pueblo habían comenzado a cantar, seguro Asami no tardaría en despertar, mientras tanto se apresuró a doblar la ropa para esconderla entre el resto de sus pertenencias, en el mismo lugar ocultó el pequeño costal con pan y el otro con bellotas.

- ¿Korra? – Escuchó a sus espaldas, sorprendida se dio media vuelta, vestía únicamente su ropa interior, debía pensar rápido.

- Buenos días Asami… ¿Dormiste bien? – Cuestionó intentando sonar lo más natural posible, por algún extraño motivo la ojiverde parecía confundida, incluso incrédula de lo que estaba viendo ¿Había hecho algo mal? Repasando rápidamente con su mirada observó su cuerpo, nada, no había rastro de las recientes heridas que se había hecho, nada que pudiese delatarla. - ¿Ocurre algo? – Se aventuró a preguntar.

- No… nada. – Respondió Asami un tanto titubeante.

- ¿Segura? Pareces algo… extraña.

- No, no. – Contestó la mayor sacudiendo la cabeza. – Es solo que tuve un sueño de lo más extraño y desperté algo confundida… ¿Qué haces despierta tan temprano?

- Ah, si, pues no tenía sueño y decidí levantarme temprano, de cualquier manera estoy acostumbrada, ya sabes, en casa de Mako era de lo más natural levantarse a esta hora. – Revolviendo su ropa pretendía buscar algo para ponerse, por alguna extraña razón Asami continuaba con una mirada que demostraba incertidumbre.

- Bien… supongo que deberemos empezar el día temprano… ¿Tienes algo en mente?

- ¡No! Digo, no tienes porque levantarte, podemos descansar otro poco.

- ¿Te levantaste y cambiaste tu ropa para volverte a acostar? – Cuestionó Sato arqueando una ceja.

- No… es solo que pensaba salir a caminar, mi plan no era despertarte, lo lamento.

- No te preocupes, no pasa nada, de igual manera ya estoy despierta ¿Quieres que te acompañe?

- No, en serio está bien, tú duerme otro poco.

- ¿Y te parece que yo estoy actuando extraño esta mañana? Tú eres la que actúa un poco fuera de lugar.

- Lo siento, tienes razón, es solo que me siento algo inquieta, pero pensándolo bien, será mejor que regrese a dormir.

Pudo ver una pequeña sonrisa en el rostro de la pelinegra, al parecer aquella conversación había salido bien, suspiró aliviada.

- Deberías venir a recostarte a mi lado, al menos deberás platicar conmigo en lo que me vuelve el sueño.

- Me parece justo. – Aceptó riendo un poco, luego de encontrar otro cambio de ropa se encaminó hacia la cama y se recostó, estando entre las cobijas aquello se sentía de maravilla, una cálida y cómoda cama durante una fría mañana luego de haber pasado una noche agitada, no paso mucho tiempo antes de que su cuerpo se relajara por completo, inhalo profundamente, podía percibir con claridad el aroma de Asami, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, Asami era genial, pensó, intentaba abstenerse de pensar algo más, después de todo las dos eran chicas ¿No? En los tiempos en los que vivían se intentaba aprovechar al máximo la capacidad de los jóvenes para procrear, que se diera algo más entre ellas sería imposible, o al menos no sería bien visto dentro de su comunidad, la humanidad intentaba ganar números, las cosas debían adaptarse a eso, le estaba dando demasiadas vueltas al asunto, suspiró, intentaba mantener el ritmo de la conversación con Asami pero su mente se iba perdiendo cada vez más en un profundo estado de relajación.

No estaba segura de cuanto tiempo había dormido, poco a poco fue abriendo los ojos, al girar la cabeza hacia su izquierda notó que su compañera ya no estaba ahí, se sorprendió al notar que de hecho Sato se encontraba al pie de la cama observando la planta de sus pies de forma detenida, con la prisa que había tenido durante la mañana había olvidado ponerse un par de calcetines, se maldijo internamente, en primer lugar por haber olvidado algo tan importante, y en segundo lugar por tener tan malos hábitos al dormir, siempre había sido inquieta y las cobijas que se suponía debían cubrirla terminaban revueltas cubriendo solo la mitad de su cuerpo o yacían todas en el suelo, esta vez solo una parte de ellas cubrían su cintura, el resto de su cuerpo se encontraba al descubierto.

- Impresionante. – Comentó Asami sin retirar la vista de sus pies. – Ahora entiendo porqué manejabas las muletas con tanta facilidad.

- Eh… si… - Respondió sintiéndose algo nerviosa, no podía intentar ocultar sus pies en esos momentos pues eso solo empeoraría las cosas, se vería más sospechosa, de cualquier manera la cicatriz estaba ahí ¿No? Había tenido cuidado de no excederse con el uso de las curaciones con agua… de pronto sus ojos se abrieron ampliamente al recordar la noche anterior, ¡El manantial! Resonó dentro de su cabeza, sin pensar mucho en lo que hacía su primera reacción fue echarle un vistazo al pie que le habían suturado pues esa era la cicatriz más notoria.

- Wow… - Exclamo en tono bajo, Asami rió. – Valla, no creí que prestaras tan poca atención a esas heridas, ese debe ser el secreto detrás de tu asombrosa capacidad para sanar.

La cicatriz continuaba ahí, si, pero tenía la apariencia de una cicatriz antigua, ya no mostraba el tono rosado que usualmente suelen tener las cicatrices recién hechas, y por alguna extraña razón Asami no volvió a mencionar nada al respecto, estaba segura de que para alguien que tenía conocimientos en medicina una cicatrización similar debía resultar algo difícil de entender, sin embargo agradecía que no hubiera hecho preguntas al respecto.

- Bien, es momento de ponernos en marcha, el agua está lista para que te des un baño, estaré abajo en los establos, hoy Zhu Li no vendrá y alguien debe alimentar a los animales, tu desayuno lo guardó Wu en el estante que está enseguida de la estufa, intenta ser rápida, ya pasa de medio día y vamos retrasadas.

¿Medio día? Claro, no haber dormido bien durante la noche anterior debió haberle afectado, pero, de nuevo ¿Por qué Asami no la había despertado? Algo no andaba bien, se sentía como si la hubiese dejado descansar a propósito, como si de alguna manera supiera que no había dormido bien la noche anterior ¿Se habría percatado de su ausencia? Y de ser así ¿Por qué no había hecho preguntas al respecto? Tal vez planeaba arrestarla más adelante a lo largo del día, o tal vez solo la ponía a prueba para ver si confesaba sin la necesidad de que le preguntaran algo, comenzaba a sentirse tensa, Asami era lista, demasiado lista, no había manera de que pasara por alto su extraño comportamiento respecto a las cicatrices o a lo ocurrido durante la mañana.

Antes de entrar a la bañera se dirigió al guarda ropa de Asami para tomar una toalla, ahí llamaron su atención un par de botas sucias, se encontraban llenas de fango seco, repaso mentalmente el día anterior pues esas eran las mismas botas que Sato había usado, habían andado por el asentamiento como de costumbre pero no habían entrado a los campos de cultivo, no había llovido así que no lograba encontrar la fuente del fango que se había pegado en aquellas botas, si su memoria no fallaba, la mañana anterior Asami se había puesto esas botas limpias, siempre procuraba vestir de la manera más alineada posible.

- ¿De donde? – Murmuró mientras se forzaba a pensar, se sorprendió al recordar el camino hacia la jungla, justo en la entrada, antes de penetrar entre los árboles, la tierra se volvía húmeda, inclusive un tanto pantanosa ¿Podría ser que Asami la había seguido la noche anterior? No, no había manera, de ser así la habría escuchado, debió haberla escuchado, además había sido rápida, le parecía difícil creer que la señorita Sato le hubiese podido seguir el paso, en realidad le parecía difícil creer que cualquiera le hubiese podido seguir el paso… seguro aquel fango se había pegado a sus botas en algún charco o establo… ambas botas y a un nivel que casi alcanzaba las cintas del calzado.

- Seguro se puso a chapotear en el lodo de aquel único charco que pase por alto el día de ayer en algún punto en que la perdí de vista. – Teorizó con tono sarcástico ¿Había sido seguida? Por difícil que fuera de creer, si aquella era una posibilidad debía ser precavida, seguro ordenarían su arresto dentro de poco pues se había salido del asentamiento sin supervisión o autorización y de manera sospechosa.


Y ese fue el capítulo de la semana :D espero les haya gustado, sin querer terminó siendo más largo de lo que esperaba xD pero necesitaba incluir toda esa información en este capítulo, así que ni hablar! ¿Qué pasará con Korra? ¿Asami la habrá seguido? e.e
Y de nuevo, gracias a todos aquellos que siguen la historia y gracias por sus reviews! Que Raava esté con ustedes hermanos míos B) hasta la próxima.