En lo que a Nami le pareció una eternidad, Zoro se acercó hasta donde estaba ella, notando como el foco del local iba guiando su camino. Cuando llegó hasta la navegante, no dijo nada, ni sintió que fuera necesario. Simplemente estiró el brazo, tendiéndola la mano, que ella recogió rápidamente mientras la sonrisa empezaba a cruzar su cara por completo. Tiró un poco de ella, pegándola contra él, y comenzaron a bailar al son de la música, sin que ninguno de los dos dijera nada en lo que restaba de canción. Aún a pesar de que la banda comenzó a tocar una nueva canción, ambos mantuvieron el silencio, como con miedo de que una palabra fuera a romper aquel momento tan irreal.
Aunque una vez más el destino pareció encaprichado de ponerles a prueba, al hacer que un chico de su edad se acercara a Nami, y, aun a pesar de estar bailando con Zoro, la pidiera el baile. Pero Nami no estaba dispuesta a perder ese momento que tanto estaba disfrutando, negó al chico con la cabeza sin apenas inmutarse, manteniendo a la vez el baile con el espadachín. Al notar que el ambiente era ahora distinto al que había unos minutos antes, se animó a hablar.
"Ha sido una entrada espectacular Zoro. Propia del príncipe azul del que te he hablado antes."
"El foco ha iluminado el camino en ese momento. Ha sido una casualidad" – respondió él sin saber muy bien que decir. – "siento que haya sido yo el que haya aparecido en vez de tu príncipe."
Triste al sentir que con sus palabras podía haber herido al espadachín, se armó de valor para decirle que en realidad él era su príncipe azul, con el que soñaba cada noche. Pero en ese momento el sonido cesó, y la banda comenzó a tocar una música suave y lenta, para que las parejas pudieran bailar pegadas. Zoro respiró profundamente y puso la mano en la cintura de Nami, acercándola hacia él. Al suave ritmo de la música, comenzaron un movimiento sincronizado, como si en vez de ser la primera vez que bailaban juntos, aquella fuera una de las miles de veces que lo habían hecho, provocando que algunas de las parejas, entre ellas la del capitán y la arqueóloga, detuvieran sus bailes y se giraran a mirarles. Ajenos a ello, la pareja comenzó a hablar entre susurros a la vez que mantenían el baile.
"No pensé que supieras bailar, y menos tan bien."
"Soy todo sorpresas"
"La verdad es que si" – respondió ella sonriendo, aunque un poco insatisfecha de que no respondiera a su pregunta.
"Aprendí poco antes de conocer a Luffy." – dijo Zoro, tras unos segundos de silencio, intuyendo la desilusión de la chica – "No tenía barco, ni dinero para comprar uno. Como tampoco me importaba a donde ir, cuando no encontraba otra manera solía enrolarme en cualquier barco donde pudiera cubrir mis gastos haciendo algún trabajo. Una vez acabe en un crucero de lujo, trabajando en la seguridad. Por si se cruzaban con piratas"
"Que mejor protección que el caza recompensas más famoso del east blue" – dijo ella sonriente
"Si, eso debieron pensar. Aunque la verdad es que fue un viaje muy aburrido. Todo era muy tranquilo, y me pasaba parte de las noches vigilando el salón de baile mientras los pasajeros bailaban. A base de observarles, aprendí los movimientos. Me resulto fácil gracias a mi entrenamiento como espadachín"
"¡Pero esta no puede ser la primera vez que bailas!"
"No" – respondió él sin perder la sonrisa a pesar de la interrupción. – "Varias noches después, la mujer del capitán se me acercó y me ofreció que bailara con ella. Intenté negarme, pero el capitán insistió en que lo hiciera. Esa noche practiqué suficiente como para pulir los movimientos. La noche siguiente era la última del crucero, y recuerdo que muchas chicas insistieron en que bailara con ellas."
"Espero que te lo pasaras bien" – dijo Nami con la voz apagada, atacada por una extraña sensación de celos y tristeza.
"No baile con ninguna. Me acerqué a la mujer del capitán y bailé con ella algunas canciones, en agradecimiento."
Reconfortada por lo que acababa de oír, Nami sintió como el calor volvía a llenar su cuerpo, y apoyó la cabeza sobre el pecho de él, mientras notaba como la mano que Zoro tenía en su cintura subía un poco para acariciarla por la espalda. Como si el gesto de ella le hubiera dotado de una confianza desconocida hasta ese momento, Zoro bajó la cara, viendo como la chica había tenido el mismo pensamiento y se separaba un poco de su pecho para acercar su cara a la de él. Sin dar tiempo a que su cerebro pensara, Zoro llevó sus labios sobre los de ella, besándola suavemente a la vez que sentía a Nami corresponder su beso. Cuando se separaron después del beso y abrieron los ojos para mirarse el uno al otro, sintieron una suave luz envolviéndoles, dándole un toque aún más mágico al momento que estaban viviendo.
Nami sintió que su cuento de hadas se hacía realidad al darse cuenta de que se encontraban en el centro del salón, con el foco iluminándoles, la música apagándose poco a poco y el resto de parejas rodeándoles en una ligera penumbra, como si sólo ellos formaran parte de la realidad y el resto fuera un sueño. Y entonces, al finalizar la música, las palmas del resto de las parejas hicieron que Nami sintiera que era la protagonista de su propio cuento. Un rápido pensamiento de que tal vez Zoro fuera a huir de aquella situación amenazó con romperla el sueño, pero al notar que el espadachín lo único que hizo fue ponerse a su lado, manteniendo el brazo rodeando su cintura y pegándola un poco más a ella la hizo olvidar ese miedo por completo.
Poco a poco la gente que les rodeaba fue abriéndose por uno de los lados, formando un pasillo por el que un hombre se acercó lentamente hasta llegar a ellos.
"¡Felicidades, sois la pareja ganadora de nuestro concurso de baile!"
"¿Concurso?" – pregunto Nami
"¿No lo sabias?"
"No, la anciana solo nos hablo de que habría una fiesta, con cena y después baile." – respondió la navegante a Zoro con la misma sorpresa en su cara que la que se podía ver en la del espadachín.
"Eso es por que el concurso no era público, de esta forma era más natural. Elegimos una canción que cerrara el baile, y seleccionamos a la pareja que mejor lo hizo. ¡Que habéis sido vosotros! ¡Felicidades, habéis ganado una noche en el hotel, en la suite principal, que tiene incluso un baño termal privado! Y además, una cena romántica para vosotros dos en el restaurante."
El camino de regreso al barco fue el paseo más silencioso que nunca había realizado parte de la tripulación del sombrero de paja. Después de que la fiesta terminara, y de que Zoro y Nami se inscribieran como los ganadores del premio, habían emprendido el camino de vuelta al barco junto a Robin y el capitán. A medida que había pasado un poco de tiempo, y cuando la brisa nocturna les golpeó en la cara, ambos fueron dándose cuenta de todo lo que había ocurrido en el baile, sin saber cómo enfrentarse a la situación que se abría ahora ante ellos. Además, sentían que entre Luffy y Robin había también un extraño silencio, solo roto por las escuetas y un tanto secas felicitaciones que les habían dado por ganar en el baile. Al llegar a cubierta, Robin se dirigió rápidamente hacia la habitación, indicando que se sentía bastante cansada. Luffy por su parte desapareció en las entrañas del barco sin decir nada, dejando solos en cubierta a la pareja. Ambos se miraron confundidos, sin saber cómo empezar a hablar entre ellos.
"Creo que yo también voy a ir a dormir. Los tacones me han destrozado los pies" – dijo ella sin levantar del todo la vista y empezando a alejarse del espadachín
"Nami, si no quieres que vayamos al hotel…"
"Zoro, ¡claro que quiero!" – le cortó dándose la vuelta y mirándole directamente a la cara. Después el silencio volvió a apoderarse de la noche, aumentando la incomodidad y la vergüenza que, sobre todo ella, sentían. Para romperlo, intentó justificar su reacción con lo primero que se le ocurrió – "quiero decir, es gratis y tendremos unos baños para relajarnos"
"Sí, claro. Es gratis" – respondió él decepcionado
"No, espera" – dijo ella, preocupada, y acercándose un poco más a él – "no quería…"
"Nami, lo que ha pasado esta noche, el beso de antes…"
"Para ti ha sido un error, ¿verdad?" – preguntó sacando todas las fuerzas que tenía para evitar que las lágrimas salieran
"No. No ha sido ningún error."
"Pero… tú nunca te dejas llevar por los impulsos."
"No ha sido ningún impulso, hace mucho tiempo que estaba pensando en hacerlo."
"¿No estarás jugando verdad?"
"¿Jugando? Nami, ¿crees que jugaría con algo así?"
"No, no lo harías" – indicó con una sonrisa y sintiendo como sus miedos desaparecían, acercando su cara a la de él – "pero esto es muy serio para mí."
"También para mí" – respondió él acercando sus labios.
Ambos fueron acercándose poco a poco hacia el otro, dispuestos a volver a repetir el beso que se habían dado hacía ya una hora en el baile.
"¡Zoro!" – grito el capitán mientras llegaba corriendo hasta él y agarraba a su amigo, arrastrándolo lejos de la navegante
"Joder Luffy, ¿que coño estás haciendo?"
"Ya tendrás tiempo de besarla mañana. Ahora necesito tu ayuda" – respondió arrastrándole hasta el otro extremo del barco.
Con un suspiro, Nami se retiró a la habitación, sin que la sonrisa abandonara su cara. Luffy le había cortado el segundo beso, pero dentro de ella sabía que lo que había comenzado esa noche, la iba a dejar muchos otros besos. Abrió con cuidado la puerta, por si Robin estaba ya acostada, Al entrar la vio en la cama con aire melancólico. Sin dudarlo, se dirigió hacia su amiga dispuesta a averiguar que había ocurrido.
Al mismo tiempo, en el otro extremo del barco, sobre una de las cubiertas superiores del Sunny, un sorprendido Zoro se quitaba de encima a su capitán, fijándose como un somnoliento Brook se ponía en pie y sacaba su viejo violín.
"A ver Luffy, explícame que pasa" – exigió Zoro, siguiendo con la mirada al esqueleto
"Esta noche… bueno, tú estabas ocupado con Nami y no te has enterado."
"Y seguiría ocupado con Nami si no me hubieras arrastrado." – continuo el espadachín que se notaba que estaba bastante molesto – "¿Que pasa?"
"Pues que ha sido horroroso Zoro"
"¿El qué?" – pregunto perdido – "¿que estuviera con Nami? ¿Que la besara?"
"¿Eh? No, eso está muy bien si vosotros queréis" – respondió Luffy con una pequeña sonrisa
"Yohoho, ¿entonces al final ya tienes lo que deseabas?" - pregunto Brook a Zoro, que lo miró sorprendido
"¿Eh? Como sabes que yo…"
"Al mediodía, te he escuchado susurrar su nombre en sueños"
"Vaya, que forma tan estúpida de delatarme."
"Chicos, Zoro ya tiene lo que quería, mañana le decimos a Franky que os haga una habitación para vosotros, ¿pero ahora podemos volver a mi problema?" – preguntó Luffy un poco molesto
"¿Y cual se supone que es tu problema?" – se giró Zoro, mirando fijamente al capitán.
"El baile que he hecho con Robin, la he pisado, no he sabido moverme. Ella me ha sonreído, pero aun así sé que ha pasado vergüenza de estar conmigo en ese momento. Me he quedado tan mal, que no he sido capaz ni de pedirla perdón. Desde que hemos parado para miraros a vosotros, no he sido capaz de volver a mirarla a la cara."
"Y…" - dejó caer Zoro, imaginándose por donde iba el tema.
"Necesito que me enseñes Zoro. Tengo que compensarla por lo que ha pasado esta noche, sino…"
"Sino no habrá manera de que este contigo, ¿no? Luffy eso es una tontería"
"No, no lo es. No puedo decepcionarla."
"Vamos Luffy. Esto es estúpido. Tienes a Robin enamorada"
"¿Que dices?" – preguntó el capitán sorprendido
"Zoro tiene razón Luffy, yo también lo he notado." – añadió Brook, poniéndose del lado de Zoro
"¿Ves? Lo que tienes que hacer es ir y decirla lo que sientes. Si crees que tienes que pedirla perdón por lo que ha pasado, hazlo. Tu eras el que me decía que tenia que ir a decírselo a Nami y el que me ha desafiado esta noche a hacerlo"
"Tienes razón Zoro. Pero será bailando. Tengo que recompensarla por esta noche. Zoro, necesito hacerlo así."
El espadachín se quedo mirando fijamente hacia su capitán. Parecía tener la misma decisión y determinación que cuando se iba a enfrentar a algún enemigo. Puso una sonrisa de resignación e indicó a Brook con un rápido movimiento de cabeza donde colocarse. Después volvió a mirar a su capitán.
"Tú ganas Luffy" – dijo suspirando, a la vez que la habitual sonrisa del capitán regresaba a su cara – "empieza a tocar Brook, nos espera una noche muy larga."
