Manipulación.
Dónde está es dolorosamente obvio, incluso con los ojos cerrados. El sonido intermitente del equipo de seguimiento, el poderoso olor a desinfectante, el bullicio de las enfermeras y médicos al otro lado de la puerta cerrada, el sutil peso y la tirantez de la cinta de la vía en la muñeca, las sábanas tan patéticamente de baja calidad bajo sus dedos y posiblemente la manta hipodérmica cubriéndolo. Un hospital. Que terriblemente aburrido. Ahora si solo pudiera recordar porqué...eso seguro que sería más interesante.
Abre los ojos con un parpadeo, Sherlock toma aliento con un pequeño suspiro de alivio cuando al menos alguien ha tenido la decencia de apagar las luces fluorescente del techo, así no tiene que entrecerrar los ojos dolorosamente en una habitación demasiado brillante. Se toma un momento para evaluar su transporte, su cuerpo se siente débil y cansado, sus ojos viajan a la vía que suministra sangre y plasma a su sistema antes de moverse. Por lo menos la habitación está en silencio y en penumbra, libre de molestos médicos y enfermeros auscultándole y pinchándole. La pequeña cantidad de placer que obtiene de esos hechos se disuelve cuando sus ojos enfocan al individuo responsable.
- Tú – consigue decir en tono de disgusto - ¿Qué haces tú aquí?
Mirando al suelo, como si estudiara la perfectamente pulida punta de su zapato, Mycroft le reprende con suavidad:
- De verdad, Sherlock, pensaba que eso sería dolorosamente obvio incluso en tu... - y se toma un momento para encontrar la palabra correcta antes de levantar la cabeza y sonreír condescendientemente a su hermano menor – mermado estado.
Su paraguas golpea suavemente en el suelo de linóleo mientras cruza el cuarto desde la pared hasta situarse al lado de su hermano, señalando:
- Esta es la segunda vez en dos años que he tenido que venir a verte a un hospital. Si solos vas a permitir una visita familiar al año, ¿no podías al menos elegir la Navidad o alguna otra fiesta? ¿O un lugar más adecuado? - su cabeza se vuelve para mirar el entorno, la nariz arrugada cuando señala – La comida y la atmósfera son mucho más agradables en casa de Mamá, y ella te echa de menos.
Girando la cabeza y cerrando los ojos, como si eso fuera suficiente para hacer que Mycroft desaparezca, Sherlock entona con malicia:
- Largo, Mycroft.
Los dedos de su mano derecha se levantan para hacer un pequeño pero complicado gesto que más bien recuerda a un movimiento para espantarlo. Con un pequeño bufido burlón, Mycroft señala:
- Si crees que un patético hechizo de protección como ese va a funcionar con alguien como yo, estás en incluso peores condiciones de lo que pensaba.
Hay un estridente sonido chirriante cuando tira de la silla de al lado de la cama de Sherlock y se sienta, tomándose un momento para ponerse lo más cómodo posible antes de preguntar.
- Así que, ¿por qué no lo estás? En peores condiciones, quiero decir.
Sherlock se vuelve, frunciendo el ceño a su hermano mientras ruge enfadado.
- ¿Qué quieres decir, no en peores condiciones? ¡Me han disparado! - sus dedos se levantan para tocarse el hombro izquierdo solo para encontrar... nada. No hay vendajes, no hay herida, solo piel suave y sin marcas.
- Siiiiiiii, exactamente – coincide Mycroft con brusquedad cuando distingue la expresión de sorpresa que cruza la facción de su hermano, rápidamente seguido de una infeliz confusión – Te trajeron cubierto de sangre y con un agujero de bala en la ropa y aún así... no hay bala. Extraño, ¿no?
Su mirada se extravía de nuevo, estudiando la punta de su paraguas ahora que lo gira distraídamente, como si por evitar su mirada pudiera engatusar a su hermano a ser más abierto con él, o al menos que no se pelee con él por cada frase.
- Incluso aunque eres un respetable y poderoso Adepto, ni siquiera tú tienes la capacidad de sacar una bala de tu cuerpo y sanar la herida, así que la pregunta es, ¿qué paso con ella? Además, con la velocidad y la dirección en la que el Támesis estaba fluyendo esta tarde, deberías haber aparecido en la orilla opuesta mucho más abajo de donde estabas, y eso si hubieses llegado a tierra. De hecho, tu cuerpo fue encontrado prácticamente a contra corriente.
Levanta la cabeza para estudiar la expresión de Sherlock, para ver que puede obtener en este momento de debilidad, pero los ojos de su hermano están mirando fijamente al techo, su mirada desenfocada e introspectivo como si intentara recrear en su mente los sucesos de la noche.
- Aunque lo más intrigante es la irrefutable prueba de que te habían, como has indicado, disparado – Sherlock no le ofrece ninguna reacción a esa declaración, así que Mycroft le complace con los hechos no solicitados – A tu llegada al hospital estabas sufriendo una presión sanguínea extremadamente baja y los efectos del frío y del shock. Perfectamente normal por haber tomado un baño en el Támesis en enero. Sin embargo, tu ritmo cardíaco estaba muy elevado y no hubo mejoras de tu condición una vez que el medio ambiente y tu temperatura corporal se estabilizaron. Un examen más completo reveló que tu volumen sanguíneo se había de algún modo... reducido. En algún lugar, de alguna forma, habías perdido casi dos litros de sangre. Sin heridas internas, ni externas. La sangre simplemente... se había ido – su mirada se vuelve a deslizar hacia el suelo una vez más, escondiendo un leve escalofrío de inquietud cuando recuerda cómo había sido, en lo que pensaba, cuando vio por primera vez a Sherlock rodeado de médicos, con el aspecto de uno de esos cadáveres que tanto le gustaba a su hermano abrir y diseccionar – Eso, junto con la evidente rasgadura de tu ropa indica que fuiste, de hecho, disparado.
Golpea con la punta de su paraguas en el suelo mientras sus ojos se levantan para encontrarse con los de Sherlock.
- Bastante milagroso, ¿no lo crees?
Por primera vez la mirada de su hermano se vuelve inusualmente vulnerable, nublada con la confusión, su ceño fruncido en concentración mientras intenta recordar que ocurrió bajo los auspicios del shock y el dolor. Sus dedos continúan tocando su hombro, cuando finalmente murmura de forma ronca con cierta molestia.
- Te estás repitiendo a ti mismo. Te aseguro que estoy en plena posesión de mis facultades y puedo predecir fácilmente la progresión de tu historia hasta su obvia conclusión.
- A excepción de la parte donde aún no tenemos la respuesta de porqué no te has ahogado en el Támesis con un agujero de bala en el hombro.
Los labios de Sherlock se curvan en una irónica sonrisa mientras murmura para sí.
- Resolver un misterio solo para ganar un misterio. Debe ser mi día de suerte...
Con un suspiro de frustración, Mycroft señala:
- Si vas a sacarme de reuniones de emergencia en mitad de la noche porque estás metido en algo que no puedes manejar, lo menos que podías decirme es lo que recuerdas.
Sherlock resopla suavemente cuando responde.
- Yo no te arrastré a ninguna parte. Si viniste por algún sentido del deber familiar ese es tu problema, no el mio. No te pedí que vinieras y no necesito que estés aquí. Y para que conste, no recuerdo nada después de que me hayan disparado.
Sus manos se mueven otra vez más, esta vez con una especie de gesto de desdén. Necesita pensar y Mycroft es como un mosquito zumbándole en el oído. Una distracción. Sus ojos se cierran lentamente de nuevo, pero esta vez en auto reflexión en vez de un acto de rebelión, con las manos juntas debajo de la barbilla como cuando adopta su pose de "pensar". El silencio entre ellos es inquietantemente estridente, ya que parece que Sherlock no está inclinado a decir nada más.
Poniéndose en pie, Mycroft suspira y responde:
- Bien. El Detective Inspector está esperando fuera y está más dispuesto a hablar contigo. ¿Te sientes suficientemente bien para verle?
Los ojos de Sherlock permanecen cerrados, pero su barbilla baja en señal de asentimiento silencioso.
Caminando hacia la puerta, la mano de Mycroft se extiende para tomar el picaporte y entonces se detiene, descansando ahí un momento. Se vuelve para estudiar a su hermano, su rostro se suaviza, la frustración dando paso a la preocupación cuando vuelve a ver a la frágil forma de su hermano, tumbado en una cama de hospital.
- Sabes que mi oferta sigue en pie. Podrías venir y trabajar para mi. Podríamos usar tu talento, Sherlock. Te estás desperdiciando con todo ese estúpido asunto del detective asesor. Podrías marcar una verdadera diferencia, salvando vidas, ¿sabes? Aún no hemos sido capaces de mejorar mágicamente el sistema de vigilancia de circuito cerrado por televisión para que sea capaz de grabar y revelar el Otro Lado. Con tus habilidades podríamos revolucionar la tecnología, llevar la luz a lo oculto.
Abre los ojos y los mantiene abiertos, moviéndolos de un lado a otro con desdén cuando Sherlock masculla:
- ¿Y qué, ser tu perro faldero para que tú puedas seguir trepando en el gobierno? No es suficiente que seas un poderoso Sensitivo, ¿no, Mycroft? Oh, no, quieres que sea tu Adepto marioneta para que así puedas controlar el mundo. No, gracias Mycroft. Ahora vete.
Frunciendo el ceño, como si lidiara con un adolescente intratable, la voz de Mycroft adopta un tono de superioridad y de condescendencia.
- Realmente tienes que cesar y desistir con esa actitud tan infantil. Eres un Adepto sin la habilidad de sentir el Otro Lado y yo soy un Sensitivo. Acéptalo, Sherlock, juntos seríamos una fuerza imparable.
Mirando al techo, el más joven de los Holmes resopla con rabia y responde con petulancia:
- ¡La respuesta ha sido, es y siempre será no! Ahora, por favor, ten la amabilidad de ¡largarte! - y con eso, Sherlock se da la vuelta, enseñando la larga línea de su espalda a su hermano. El mensaje es claro: esta conversación ha terminado.
Con los labios dibujando una fina línea, Mycroft abre la puerta y sale al pasillo, cerrando la puerta suavemente detrás de él. Sus ojos descansan en el suelo un momento mientras se tranquiliza, y una vez que su expresión es calmada y controlada camina hacia Lestrade y le informa:
- Él te verá ahora – antes de recorrer el pasillo del hospital, el paraguas golpeando contra el suelo con cada paso.
Poniéndose en pie inseguro, el DI Geoffrey* Lestrade mira fijamente a la figura alejándose un momento antes de encogerse de hombros y llamar suavemente a la puerta de la habitación de Sherlock antes de entrar. La figura en la cama gira la cabeza para asegurarse de que es, de hecho, el Detective Inspector quien está ahí de pie, entonces se mueve para encarar la puerta una vez más, estudiando al hombre con la ropa arrugada y cubierto de sangre.
- Tienes un aspecto horrible.
- Eso es culpa tuya – señala secamente el oficial de policía, pero con las manos se estira la ropa lo mejor que puede. Tras cruzar la sala hasta la cama, Lestrade toma asiento en la silla que Mycroft ha abandonado y pregunta directamente – Entonces, ¿qué ha pasado esta noche?
La expresión se Sherlock se vuelve introspectiva durante un rato antes de negar con la cabeza y decir:
- Dime lo que viste.
Soltando un suspiro, Geoff se pasa las manos por el pelo plateado y se reclina en la silla.
- Está bien, vamos a ver. Estabas persiguiendo al sospechoso que te encontraste en el parque porque no podías molestarte en esperar a mi equipo.
Sherlock agita una mano con desdén, interrumpiéndolo para señalar:
- Se habría largado si...
- Vale, y tú podrías haberte matado. Joder, todo pensábamos que habías hecho que te mataran.
- Mmmmm, y estoy seguro de que Anderson y la Sargento Donovan estuvieron muy decepcionados cuando se equivocaron. Otra vez.
Con un impaciente resoplido, Lestrade vuelve a tener el control de la conversación:
- Lo que seaaaa, así que os seguimos tan pronto nos dimos cuenta de vosotros dos. Cuando llegamos al puente Lambeth, estabais parados diría que a más de la mitad del puente. - se pasa las manos por la cara recordando lo que vino después, todo es demasiado extraño para creerlo.
- ¿Y? ¿¡Y!?
- Bien, solo para el carro, estoy en ello – resopla el Detective Inspector - ¿Quieres que te cuente el resto o quieres adivinarlo?
- Yo nunca adivino – corrige Sherlock con malicia, abriendo la boca para hacer más comentarios antes de que Lestrade le corte.
- Vale, y ya que no estabas allí y no adivinas, entonces solo cierra la maldita boca por una vez y déjame terminar.
Espera para ver si Sherlock va a interrumpirlo de nuevo, y por un momento parece que el joven va a hacerlo, una expresión de irritación y petulancia se extiende por sus facciones antes de que agite la mano para indicarle a Geoffrey que puede continuar.
- Gracias. Como iba diciendo, por lo que pude ver, el sospechoso sacó un arma y te disparó en la parte superior del pecho o en la región del hombro. Te precipitaste por encima de la barandilla. Pero eso ya lo sabes. Segundos después de que cayeras por el borde hubo un enorme destello de luz y un tremendo estruendo como el de un trueno. Cuando llegamos a donde habías estado, no había nada que ver y el "sospechoso" era poco más que una cáscara ennegrecida – se cubre la boca con la mano, frotándosela suavemente mientras niega con la cabeza – No se parecía en nada a lo que haya visto antes. Quiero decir, he visto gente que ha sido alcanzada por un rayo. Quemaduras con puntos de entrada y de salida no son anormales pero esto... me va a costar una monstruosidad de tiempo explicar eso en mi informe...
Su mirada se vuelve hacia Sherlock con un destello. Ya lo sospecha, pero pregunta de todos modos:
- No fue un rayo lo que vimos, ¿no?
Resoplando con desdén, Sherlock observa secamente.
- No estaba ahí, ¿recuerdas? Pero no. Probablemente no – gira la cabeza para estudiar el rostro de Lestrade cuando añade – Era un demonio. Fue el responsable.
Balbuceando ligeramente, el detective dice:
- ¿Un demonio? ¿Y cómo exactamente se supone que tengo que investigar eso y procesar eso?
- Bueno, viendo que ya está muerto, la parte del procesamiento está más bien anulada diría yo...
- Sherlock, en serio, ¿cómo...?
Sus largos dedos se mueven a través del aire cuando responde:
- Los parques eran su base de operaciones. El lugar donde tenía más control sobre la gente. Quizás hizo un trato con algunos espíritus de la naturaleza o con las dríadas* allí. Ahora no puedo decirlo. Era su forma de obtener almas. Encontraba relaciones inestables, incitaba y convencía a los hombres de que sus novias o esposas eran infieles. Los llevaba a un punto donde no podían pensar con claridad, donde se volvían contra los que amaban en un ataque de celos. Entonces les ofrecía un trato, hacer que todas las pruebas desaparecieran para sus almas. Los convencía de que estaban condenados de todas formas, no una tarea demasiado ardua de lograr, antes los convencía de que sería mejor permanecer libre que estar en prisión el resto de tu vida y en el más allá. Si realmente hubiesen creído que estaban vendiendo sus almas en primer lugar...
- ¿Cómo puede ser posib... ? Pero eso es... ¡eso es diabólico!
Una ceja se arcea de forma arrogante cuando Sherlock le da a Lestrade una mirada y responde burlón:
- Bueno, era un demonio – su mirada se desenfoca, volviéndose introspectivo otra vez antes de murmurar – En cuanto a la parte de la investigación, recomiendo comprobar otra vez las pruebas. Es enteramente posible, ahora que el demonio ha sido destruido, de que su influencia haya sido anulada. Vuelve a comprobar las muestras de ADN ya que podrían coincidir con los hombres en cuestión. Sería bastante acertado afirmar que las muestran que fueron enviadas al laboratorio inicialmente y el primer conjunto de resultados dieron negativo. Incluso si fueron manipulados, cada uno de ellos tenía la última elección y cometieron esos crímenes. Creo, viendo las contundentes pruebas, que se romperán bajo la presión – inspira un largo suspiro y gira la cabeza para mirar a Lestrade – Entonces... ¿qué pasó después de eso?
El DI se toma un momento para considerar lo que Sherlock le ha contado antes de pasarse las manos nervioso por el pelo otra vez y continuar:
- No estaba seguro de qué hacer. Asumí que te habían disparado y que probablemente te habías ahogado, si no estabas muerto incluso antes de llegar al agua. Llamé por refuerzos y por buzos, mandé a otros a que recorrieran el cauce del Támesis por si acaso habías decidido llegar a la orilla en alguna parte – su cabeza se inclina hacia abajo un momento mientras recuerda como gritaba frenético por su radio, sus ojos buscando en vano, intentando ver una mancha en la oscuridad donde se arremolinara el agua – Entonces, yo, bueno, supongo que solo tuve un presentimiento. Eso fue lo que sentí. Crucé el puente y empecé a andar por el borde del río y te encontré 500 metros más abajo, tirado en el suelo con el aspecto de un cadáver apenas reciente. Por supuesto ya sabes el resto, imagino.
Aparta la mirada inseguro y entonces vuelve a mirar fijamente el hombro de Sherlock, como si se preguntara lo mismo que Sherlock ha estado haciendo todo el tiempo.
- Entonces, ¿qué es lo que recuerdas? ¿Algo?
Cerrando los ojos para ayudarse a concentrarse, Sherlock se permite a si mismo revivir la experiencia, repasando imagen tras imagen en su mente para así poder examinarlo todo a fondo.
- Lo derribé. Me dio un rodillazo en el diafragma, se apartó y sacó una pistola. Me mofé de él.
- ¿Te mofaste de él? ¿Te mofaste de un demonio que te estaba apuntando con una pistola? Jesús, ¿es que tienes deseos de morir?
- Como alguien que me dijo una vez, ¿quieres que te cuente el resto o quieres adivinarlo? - ante el suspiro frustrado, y aún así derrotado, de Lestrade, Sherlock continúa – Él no perdió el tiempo regodeándose, que era con lo que honestamente estaba contando. Los ambiciosos están siempre ansiosos de una audiencia...
- Como si yo no supiera como es eso – murmura Lestrade entre dientes, solo para añadir cuando Sherlock le lanza una desagradable mirada de soslayo – Perdón, por favor continúa – sus palabras carecen de verdadero arrepentimiento.
Enfurruñado, Sherlock masculla.
- Como decía, no perdió el tiempo, y simplemente me disparó. Sentí como si alguien me golpeara con un martillo en el hombro, me levantó por el aire parcialmente. Supongo que eso es porqué caí sobre la barandilla. Recuerdo tambalearme allí, agarrándome el hombro y entonces caerme – su nariz se arruga cuando confiesa – No me acuerdo de desmayarme en la caída, pero debí hacerlo porque no recuerdo golpear el agua. Lo siguiente que puedo recordar es que estaba empapado y helado y, supongo, que en estado de shock – arruga la frente y señala – Pero no estaba tosiendo ni jadeando en busca de aliento. Es extraño, ¿no crees? ¿Para alguien que se ha caído al Támesis inconsciente?
- Un maldito milagro, todo este asunto, si me preguntas a mi.
Los dedos estirados de Sherlock golpean suavemente sobre sus labios, los ojos entrecerrados hasta que Lestrade pregunta:
- ¿Y? - ante la mirada interrogante de Sherlock, el detective se encoge de hombros e indica – Tienes esa mirada rara en tu cara, como si fueras a decir algo pero no estás seguro de si deberías. Y ya que ambos sabemos que no tienes ningún tipo de filtro a la hora de decir lo que se te pasa por la cabeza, debes de estar dudando seriamente de tu cordura justo ahora.
Suspirando, Sherlock aparta la mirada de Lestrade dramáticamente antes de que esta vuelva a descansar en el techo.
- No estaba solo.
- ¿Qué? ¿Quieres decir que alguien te sacó?
- Mmmmmm, alguien. O algo. Habría jurado que cuando recuperé la consciencia había alguien allí, sosteniéndome. Pensaba que había visto sus ojos. Me sentí – y duda durante un momento antes de murmurar casi de forma inaudible - … a salvo – Hay un suave carraspeo de garganta antes de que Sherlock se encoja de hombros y diga – Pero podría haber estado simplemente alucinándolo todo. Porque al segundo siguiente estaba solo y congelándome el culo. Hasta que apareciste pocos minutos después.
Lestrade se cruza los brazos sobre el pecho y se reclina en la silla, silbando quedamente para si mismo.
- A alguien de ahí arriba le gustas de verdad, es todo lo que puedo decir.
Con un suave resoplido, Sherlock le lanza a Lestrade una mirada de soslayo.
- No le gusto a nadie aquí abajo. ¿Por qué iba a hacerlo alguien ahí arriba?
Con una risa ligera, el detective niega con la cabeza y confiesa:
- Maldito sea, si lo se...
Con un suspiro de fastidio, los dedos de Sherlock vuelven a su hombro izquierdo, tocándolo con curiosidad y dejando caer la pregunta, pero en vez de eso, dice:
- Entonces, ¿cuánto tiempo tengo que estar aquí?
Enderezándose, Lestrade mira a Sherlock inseguro, arrastrando las palabras lentamente.
- Bueeeeeeno, ahí está la cuestión, ¿no? Porque tu condición era tan inusual que quieren mantenerte aquí al menos 24 horas, por si acaso tienes una hemorragia interna o alguna otra complicación que pudiera explicar la pérdida de sangre y todo eso.
- ¡¿24 horas?! - Sherlock se incorpora rápidamente solo para que la habitación le empiece a dar vueltas.
- Correcto, y nada de eso – contesta Lestrade, con una mano suave pero firme empujando a Sherlock de vuelta a la cama – No es tan malo. Solo esta noche y la mayor parte de la mañana. Duérmete y estarás de vuelta en tu apartamento en cuanto llegue la mañana.
- Yo no duermo, y eso es solo si no deciden seguir pinchándome y haciéndome pruebas con la esperanza de poder escribir un diagnóstico de alguna enfermedad de la sangre desconocida hasta ahora – se queja Sherlock descontento.
- Si me preguntas a mi, un descanso forzado te podría venir muy bien.
- ¿Sabes que me podría venir muy bien? Mi portátil. Oh, y la pila de libros que dejé a su lado. Y no, maldita sea, no creo que haya suficiente espacio en la mesita de aquí para el equipo de laboratorio. Supongo que el ordenador y los libros tendrán que bastar. Sé un buen compañero y cuélate en mi apartamento y recógeme esas cosas, ¿vale, Lestrade? Viendo que estoy atrapado aquí toda la noche y que acabo de ayudarte desvelártelo todo sobre el caso de un supuesto asesino en serie. Basta con pensar en todas esas personas que van a ir a los parque a salvo por las noches después de sus pequeñas infidelidades.
Mirando a Sherlock dubitativo, Lestrade libera un suspiro contenido mientras se pone en pie, añadiendo:
- Y si no voy, te largarás a casa cuando nadie esté mirando, ¿no?
La sonrisa de Sherlock está lejos de ser tan amable como la del rostro de Lestrade, y entonces dice:
- Detective Inspector, esa fue una deducción inusualmente perceptiva de su parte...
NT:
Geoffrey Lestrade: Bueno, aquí tuve mis dudas. Hay que recordar que esta historia fue escrita antes de la segunda temporada, y aún no se sabía el nombre de pila de Lestrade. No sabía si corregirlo sobre la marcha o no, pero decidí dejarlo como en el texto original.
Dríada: Según la mitología griega, ninfas de los bosques. O eso dice Wikipedia xDDD
Espero que os haya gustado el capítulo. ¡Esto acaba de empezar!
