NA: Hace ya tiempo que no aparezco, pero no abandoné la historia. Quiero enseñar un poco que no todos los personajes son malos, no todos son buenos, intentó enseñar desde el principio y la razón por la que luego cada uno llega a ser como ya veréis. Es Fleurmione la historia. Me parece una pareja interesante.

SH4DOW44: Gracias, intentó que se vea que son niños que a veces son viejos y a veces niños. Yo supongo que en épocas de antaño así eran los niños, a veces acorde a su edad y a veces con carga que no debían llevar. Hay drama, pero también debe haber niñez porque aún son niños.

Para los invitados: Gabrielle a veces la odias y a veces tiene encanto con sus ocurrencias. Con respecto a la canción tengo que decir que es inventada por mí.

Nidia:Gracias, tardé, pero intentaré no tardar tanto.

CAP 4

Hacía varias semanas que los Malfoy se habían ido de la mansión. Sinceramente, Hermione se alegraba mucho de ello. No dejaba de ver al chico Malfoy rondando a Ginny, siguiéndola, acorralándola ... En varias ocasiones tuvo que intervenir Apolline, que por alguna razón estaba pendiente de aquel muchacho.

Ahora todo era un poco más calmado. De hecho, aprovechó ese remanso de paz para ir con Ronald en la madrugada. Él había prometido enseñarle algo emocionante. Caminaron por el jardín a hurtadillas. ¿Su misión? Llegar hasta los establos.

Se pararon frente a la puerta de los mismos - ¿Te acuerdas que te hable de veelas y su sentido del olfato? – Preguntó Ron de una forma un tanto misteriosa. Hermione asintió a la espera de más información- Tengo otra teoría. Te voy a enseñar una cosa increíble, pero no puedes hacer ruido. Hay muchas criaturas mágicas y algunos animales a los que no se les puede alterar.

A Hermione ya le picó la curiosidad con lo que le iba a enseñar. Cruzaron muy despacito con máximo cuidado. El establo era enorme, lleno de infinidad de especies. Pasó un tiempo hasta que finalmente llegaron a su destino.

-¡Unicornios!- dijo Hermione maravillada. Se acercó con ímpetu y se colocó levemente sobre la valla.

-¡Eh, eh! – Ron enseguida la empujó lejos – Esos bichos son súper orgullosos y asquerosamente exigentes. No puedes molestarles. Si les despiertas empezarán a gritar como locos.

-Los unicornios no gritan- corrigió Hermione.

-Pues …a hacer ruidos de unicornio y despertar a toda la mansión – contestó el pelirrojo. Ya los conocía muy bien. Eran ruidosos y quisquillosos. Siendo animales de establo como eran, no comían cualquier cosa, no. Para ellos había que comprar grano de la mejor calidad. El más caro del mercado. Y por si eso no fuera suficiente, encima relinchaban con el tono de una rata. Si alguien le preguntase diría que tenían un gran parecido con las veelas, ruidosos y déspotas. Sinceramente, Ron los odiaba.

- ¿Y para qué me has traído aquí si no me puedo acercar a ellos?

Entonces, el pelirrojo señaló a los unicornios- Yo creo que estos bicharracos están relacionados con los veelas. Mira cuenta: uno, dos y tres. Justamente el número de veelas en la casa.

Era una buena opción, pero para la otra niña también podía tratarse de otro tema más vergonzoso para la familia- O puede que los unicornios sean caros y sólo puedan tener tres.

Ron se quedó pensativo, era posible y desmontaba su teoría, pero él era testarudo como el que más. Sacudió la cabeza y prosiguió- No, está relacionado con las veelas. El más lejano lo ha tenido la señora toda la vida. El que está a la derecha es el de Fleur, lo tiene desde hace un par de años. Y el de la izquierda, es la nueva adquisición para Gabrielle. ¿No lo ves?

-Sí, si está ahí.

-¿Qué si no ves la coincidencia? - preguntó Ron. – Cuando compraron el unicornio para Fleur, ella tenía la misma edad que Gabrielle.

En ese momento Hermione ya había desconectado de la conversación. Coincidencia o no, le daba igual. ¡Estaba viendo unicornios!

Intentó que su amigo no se diera cuenta de que quería asomarse un poco. Pero, aunque ella pensase que estaba siendo disimulada, andar de lado como los cangrejos dirección unicornios no era la mejor forma de despistar. La agarró para que no se acercase más y entraron en un forcejeo.

-¡Para loca! -protestaba Ron adivinando su propósito- ¡Esas criaturas son peligrosas!

-¡Quita, pelirrojo endemoniado! - gritó la niña.

Ron le tapó la boca para que no gritase tanto- ¡Que no grites! -Hermione le chupó la mano con la lengua. - ¡Ay, qué asco! – Aparto la mano de ella para limpiarse el rastro de babas en su camiseta. Hermione echó a correr para sentarse sobre la valla. Ron la agarró del pie para que se bajase, pero en ese "pa' mi, pa' ti" Hermione perdió el equilibrio y cayó dentro de la cuadra de los unicornios provocando que estos despertaran del ruido. Para la sorpresa de Ron, las criaturas al ver a la niña no sólo no gritaron, sino que se acercaron a ella como si la estuvieran examinando. Uno le tocaba la pierna con la cabeza, otro le lamía la cara... Estaban hipnotizados por la nueva muchacha. Tampoco Hermione tuvo miedo. Se notaba que no querían hacerle daño alguno y se puso de pie para volver a subir a la valla. Esta vez para saltar sobre el lomo de uno de ellos. El que más atención le prestaba.

-¡No, no, no! - decía Ron una y otra vez. Se echó las manos a la cabeza. El unicornio empezó a relinchar con gusto, lo cual era tan ensordecedor como si lo hiciera por molestia. - ¡Baja que me vas a buscar problemas!

Mientras que Hermione se agarraba fuerte al cuerno con una mano, con la otra le tocaba la cresta. – Sois los unicornios más bonitos que he visto en mi vida.

-¡Son los únicos unicornios que has visto en tu vida!

-Mimimimi- Hermione hizo burla de las palabras de Ronald. Inclinó su cuerpo para abrazar a tan magnífico ser. Los otros seguían a su alrededor y para Ronald aquello fue un gran asombro. Una niña esclava rodeada de unicornios. ¡Y más que eso! ¡Una humana en general! Era inédito y despertó en él gran admiración por aquella imagen. Tras horas allí, la muchacha se bajó del unicornio y saltó la valla por segunda vez.

-¡Vamos Ron, que ya está amaneciendo! – dijo Hermione con gran sencillez a su amigo que aún seguía perplejo por lo que había conseguido.

Después de eso, el resto del día no fue tan apasionante. Empezó con la rutina de vestir a Gabrielle. Había mejorado notablemente en ello, ya no tardaba tanto en ponerla el ajuar. Aunque el peinado aún le costaba. El cabello de la niña cada vez tenía más fuerza y cuando había un enredo…¡uff!

Luego le ayudó a bajar las escaleras para desayunar. Fue entonces, que por casualidad, escucharon una pequeña conversación que mantenían los señores Potter.

-Lucius tiene que estar enfurecido – dijo James riéndose de la desgracia de su amigo. – aún siguen buscando a esos muggles alemanes.

Apolline estaba algo angustiada con el asunto. - No entiendo cómo el gobierno alemán es incapaz de encontrarlos. Sus aurores siempre han sido muy eficaces.

James sí lo entendía. En el centro de Europa las cosas estaban complicándose. La revuelta de muggles crecían por momentos, y los magos en vez de cooperar se dificultaban la existencia los unos a los otros. Si entre los magos hicieran fuerza común, esa locura se podría detener.

Había un hombre en Inglaterra que sostenía esa filosofía. Alguien que estaba ganando muchos adeptos en su país y pretendía traspasar fronteras- Estoy pensando en enviar a Harry a ser educado por el señor Riddle.

-¿Mi hermano siendo educado por el señor Riddle? - susurró Gabrielle mirando a Hermione.

Tanto a la señora de Potter como a Hermione les resultaba muy familiar ese nombre. Por ello preguntaron casi al mismo tiempo- ¿Quién es el señor Riddle?

-Un inglés raro. Mi padre habla mucho de él- respondió Gabrielle.

Antes de que pudieran escuchar lo que James iba a decir, llegó Fleur con Rosmerta y las sorprendió- ¡¿Qué hacéis escuchando conversaciones ajenas?!

Aquello alertó a los señores de la mansión, quienes enseguida preguntaron si había algún problema. Gabrielle puso su empeño por disimular – No nada, es que casi me caigo por las escaleras y Hermione me sujetó.

-¡Estabais escuchando! - acusó Fleur a su hermana.

- ¡No es verdad!

- ¡Sí lo es!

- ¡Mentira!

- ¡Mamá, te juro que estaban escuchando!

Apolline se interpuso en medio de las dos- ¡Ya está bien! - miró a su hija menor- ¡Gabrielle, no puedes oír conversaciones ajenas y menos con esclavos!

-¡Pero si no he oído nada! - se defendió la pequeña recibiendo una mirada de reproche de su hermana mayor.

La madre se dirigió a su esclava con varita en mano- ¿Es necesario que te borre los recuerdos?

-No, no. Yo la estaba sujetando- Hermione mintió. Todos sabían que era falso, también sabían que ella no diría nada. Tampoco era de su interés. Probablemente a esa esclava, Harry le importaba menos que un loro mudo.

Cuando los señores regresaron a su sitio, Hermione fingió una pequeña tos delante de ka mayor de las hermanas – Ejem, ejem, chivata, ejem, ejem.

Fleur lo escuchó y la golpeó suavemente en el hombro. Lo que provocó que Gabrielle se enfadara con ella- ¡Oye, que no te di permiso para que golpees a mi esclava! Primero me lo pides por favor.

Fleur bufó indignada- ¡Si tú la tratas peor!

-Porque es MÍA y con lo MÍO hago lo que YO quiero. ¡Cómo si la quiero tirar por las escaleras! - dijo Gabrielle empujando a Hermione levemente. Sólo pretendía hacer el gesto, pero no lo midió bien su fuerza y Hermione terminó cayendo un par de escalones.

- ¡¿Gaby, qué haces?! – dijo Fleur que salió disparada a ayudar a la esclava. - ¡La podías haber matado! ¡¿Qué te pasa?!

-Yo…-Gabrielle titubeó cuando vio que sus padres también se acercaron a ver qué pasó. Fue un accidente, pero su cabezonería no le permitía reconocerlo. - Yo hago lo que quiero con lo mío. ¡No es tu esclava, Fleur! ¡Asúmelo!

James tomó el bando de su hija- Gabrielle, tiene razón. Es su esclava y para eso está.

-Pero…

-Sin peros, Fleur – dijo James- no sé por qué tanto alboroto. No es más que una esclava.

Fleur entendía perfectamente que los esclavos tenían que obedecer a los dueños. Estaba implícito. Un muggle no debía retar a un mago bajo ninguna circunstancia, pero esta vez, el golpe había sido totalmente fortuito. ¡La esclava no había hecho nada! Confusa miró a su madre en busca de respuestas. ¿Acaso era ella la que estaba loca al considerar que aquello estaba mal? Pero la cara de su madre no le dijo absolutamente nada.

Hermione por su lado, ya estaba acostumbrándose a esos repentinos ataques de Gabrielle. Era suma y sigue. Así que simplemente se levantó y para sorpresa de todos, aún cuando se trataba de una muggle muy respondona, no dijo nada. Estaba tranquila, y lo estaba porque tenía una cosa clara. No iba a dejar que le hicieran eso eternamente.

La señora Potter, que no estaba por la labor de que sus hijas entraran en una discusión tonta, hizo un gesto a Rosmerta para que se llevara a la susodicha a la cocina, territorio muggle, donde podría limpiarle la sangre que brotaba de sus rodillas.

Una vez allí, la primera a la que se encontraron fue a Nymphadora, quien estaba dejando la escoba y el recogedor en uno de los armarios. - ¿Qué le ha pasado a la nueva?

-Ya llevo aquí meses, ¿cómo puedo seguir siendo la nueva? – preguntó Hermione ignorando la pregunta.

Nymphadora con una sonrisa de oreja a oreja y revolviéndole el cabello todavía más respondió- Seguirás siendo la nueva hasta que llegue o nazca otro.

-La señorita Gabrielle la empujó unos cuantos escalones, porque aquí la niña no sabe estar sin llamar la atención- Rosmerta siempre era dura con sus recriminaciones. Sin embargo, cada día quería más a Hermione y cada día temía más por ella.

Nymphadora tenía un carácter algo revolucionario y escuchar ciertas cosas era como clavarle una espina entre la uña y la carne- Claro, la culpa la tiene la esclava personal que va provocando que la empujen. ¿Cómo se me ocurrió pensar que la tendría el "Ángel del mal"? – dijo refiriéndose a Gabrielle. Rosmerta le advirtió que tuviera cuidado con sus palabras, pero Nymphadora prosiguió con lo suyo- Tengo oído que en Alemania unos muggles se escaparon y no saben dónde están. ¡Ánimo!¡Estamos con vosotros!

Era exactamente lo mismo que acababan de escuchar ellas. No sabían cómo Nymphadora se había enterado, pero seguramente no era la primera vez que salía esa conversación entre los nobles.

Rosmerta resopló en silencio, porque discutir con Nymphadora era imposible. Sus ideas eran aterradoras, y lo peor es que algunos jóvenes tenían por ciertas sus palabras. Por suerte para sus oídos, Nymphadora se marchó rápido. Tenía que pillar un trapo para seguir limpiando la casa.

Por la parte que le tocaba, Hermione estaba molesta. ¿Por qué era ella la mala siempre? Si hablaba la pegaban, si callaba la pegaban. Hiciera lo que hiciera la pegaban. Por lo menos hablando se quedaba a gusto.

Fleur entró a la cocina, puede que por primera vez en su vida. Los esclavos de allí la miraron anonadados. La joven veela no dijo nada, simplemente se colocó en la distancia y observó a ambas esclavas. Ni Rosmerta se atrevió a preguntar. De vez en cuando, tanto la niña como la adulta la miraban de reojo sin llegar a comprender el porqué de la actitud de la joven noble, ahí estática, contemplativa. Finalmente, decidió romper el silencio dándoles una noticia- Mi abuela me ha escrito, ¿sabes?

Rosmertar sonrió. Alguna vez había visto a la gran señora Delacour. Una matriarca en toda regla. Una mujer elegante, educada. A la par que pretenciosa, pero seguramente sea algo que viniera de la mano con gente de cierto estatus. – Me da gusto que le escribiera. ¿Cómo está la señora Delacour?

-No hablaba contigo. Hablaba con ella.

Hermione buscó a esa ella a la que se refería la veela. Nadie parecía darse por aludida hasta que se dio cuenta de que esa ella era ELLA. Rosmerta le gesticuló para que hablara, aunque no supiera muy bien qué decir.

-Eh...¡¿yujuu?!- Es lo único que le salió responder. La castaña no tenía mucho que añadir a eso.

Fleur se sentó a su lado para decirle- A lo mejor un día la conoces.

-Puede ser. Si conocí a los Malfoy que son…son geniales, puedo conocer a tu abuela que seguro que es mejor- contestó Hermione en un tono muy dubitativo, aunque disimulado por una falsa alegrí aquello la francesa se dio por satisfecha y quiso recompensarla sacando su varita para borrar todo rastro de sus heridas con un hechizo. Luego depositó la varita sobre la mesa, para comprobar con sus propias manos que lo había hecho bien.

-Gracias- dijo Hermione maravillada por la cura.

La joven veela le sonrió amablemente, casi como si quisiera decirle algo. Sin embargo, se marchó sin mediar palabra. Y con ella, su esclava Rosmerta, que ya no tenía motivos para continuar en la cocina. Tras ellas, se quedó una Hermione muy confusa que no comprendió en absoluto la situación.

-Pues muy bien- susurró la castaña.

Por milésima vez en esa mañana, la puerta de la cocina se abrió. De nuevo, Nymphadora estaba por esos lares.

- ¡Hija, no dejas de entrar y salir! – dijo una ayudante de cocina. Parecía que la esclava estaba teniendo una mañanita muy agitada.

-Ya, es que me encontré con Ginny y me ha dicho el señorito Potter necesita una escoba para volar, porque se ha dado un golpe y rompió la suya– Nymphadora lo dijo en tono cansado y con burla hacia sus dueños. Agarró la escoba que anteriormente había dejado en el armario.

-¡Eso es una escoba de barrer, no de volar!- intervino la ayudante al ver la barbaridad que iba a hacer.

-Si puede volar con la Nimbus, con esta también. Los magos vuelan con escobas,¿no? Pues esto es una escoba– respondió la chica- ¡Anda, que no habré barrido mierda yo con la Nimbus 2000! ¡Búa, meses enteros he tenido yo limpiando sólo con la Nimbus y no por eso dejó de funcionar para volar!- Lo cierto es que a Nymphadora esas majaderías de los magos se las traía al pairo. Era de estas personas que le echaba un poco de cara a la vida, y dentro de lo malo, le iba bien. De hecho, se fue tan tranquila con la escoba de barrer dejando al resto de los esclavos con sus labores.

Hermione, que ya estaba curada, también se iba a marchar, pero se dio cuenta de que Fleur se había olvidado la varita en la mesa y la tomó para devolvérsela.

-Hermione cariño, ¿podrías dejar esto en la alacena del fondo antes de irte, por favor? – le preguntó Molly, jefa de cocina. Le dio una pequeña sartén que claramente no utilizarían ese día. A la niña no le importó, lo hizo de buena gana, pero cuando llegó a la alacena del fondo, tan en el fondo que podías cruzar un semipasillo desértico, no llegaba al estante que quedaba libre. Por muy muy poco no llegaba. Podía saltar como ella sólo sabe o podía… Miró a su alrededor para comprobar que todos estaban ocupados mirando a otra parte.

Con la varita en mano apuntó a la sartén y susurró- Wingardium Leviosa.

NA: El próximo capítulo adelantaré un poco la edad para que empiecen a entender ciertas cosas, pero tampoco tantas porque no van a crecer muchos años. Poco a poco.