¡Hola holaa amores!

¡HOY VENGO CON TRES CAPÍTULOS! ¡UEEEE! Lo que pasa es que me voy hasta el lunes por la noche y los capítulos son tan cortitos (de momento) que no me sentía bien dejándoos sólo uno, también quiero avanzar en esta historia cuanto antes para que veáis por donde van a ir los tiros ;) La cosa se va a poner muy caliente, AVISO.

Sin más que añadir, más que disfrutéis del fin de semana, a leer!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a waterflower20 (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de waterflower20 -.


Capítulo 3

Nombre: Desconocido

Alias: La Serpiente

Sexo: Masculino

Edad: Entre 25 y 32

Apariencia física: 1,87 de altura, entre 80 y 110 kilos, hombros anchos, caderas estrechas y musculoso. Se le describe como extremadamente pálido, con ojos de color gris oscuro. No podemos descartar la posibilidad de apariencia mágicamente alterada. Generalmente usa botas negras de piel de dragón, pantalón negro y una camiseta de manga larga igualmente negra. Los testigos coinciden en que lleva un antifaz negro que cubre la parte superior de su cabeza, dejando sólo visible su boca.

Usa una gran variedad de trucos tanto mágicos como muggles y es altamente competente con los encantamientos.

*¿Posible maestría? No se conoce ningún Maestro en Encantamientos ni ningún aprendiz con la descripción física de "La Serpiente" y su edad en los últimos cincuenta años. Inconcluso*

Ha estado activo desde 2007.

Víctimas: Familia Crabbe, Virginia Goyle, Enrietta Greengrass, Caractacus Burke, Aurora Avery, Miles Bletchey, Familia Carrow, Familia Rosier, Mafalda Selwyn.

Hermione suspiró, frotándose los ojos.

Durante la última semana había estado leyendo todo lo que tenía en sus manos sobre "La Serpiente", pero los informes presentados por Dawlish y su equipo habían sido una gran pérdida de tiempo. Estaban mal redactados y faltaban datos importantes sobre el caso, al igual que la lista de encantamientos favoritos de "La Serpiente" – una lista que para obtener debería localizar a Anthony Goldstein – y los testimonios de sus testigos estaban repletos de chácharas irrelevantes, preguntas ridículas, con respuestas igualmente estúpidas.

En resumen, Hermione estaba empeñada en insistir que Dawlish debía ser despedido inmediatamente, porque lo cierto era que "La Serpiente" seguía libre debido a la falta total de neuronas cerebrales funcionales en el hombre.

Respiró profundamente para calmar su temperamento – causándole la muerte no conseguiría atrapar a "La Serpiente" – e intentó crear un informe adecuado para ayudarle en su investigación. Lo único que Dawlish había sacado en claro era que simplemente los objetivos de "La Serpiente" no eran, de hecho, aleatorios. Todos habían sido sangre puras y cada familia robada había sido destacada en la primera o en la segunda guerra mágica, ya fuera directamente involucrados como mortífagos o como simpatizantes a la causa de Voldemort.

Se burló cuando leyó que todos los bienes robados eran muggles. Evidentemente, sólo los muggles eran menos que escoria en los libros de esas personas. Sin embargo, su arte y riqueza eran de primera categoría.

La hipocresía le dejaba un sabor amargo en la boca.

Alguien llamó a la puerta de su oficina, pero antes de que pudiera decir ni una palabra, esta se abrió. Astoria Greengrass apareció por el hueco, con una carpeta en sus manos y una expresión oprimida en su bonita cara.

Decidiendo ignorar la áspera actitud de la mujer joven, Hermione se levantó de su asiento y agarró la carpeta de sus manos antes de que pudiera pronunciar una sola palabra y entonces se giró, regresando hacia su escritorio murmurando apenas un "gracias".

Malfoy era muy cuidadoso con su trabajo, lo sabía, por lo que sus notas en lo que respectaban a este caso era inevitable que fueran impecables. Lo más probable era que fuera a encontrar más información en esa carpeta que en las diez que tenía sobre su escritorio.

Abrió el archivador y comenzó a leer.

Absorta en su investigación, Hermione no se percató inmediatamente que su visitante todavía tenía que partir. Una vez se dio cuenta de que la pequeña y ambiciosa amante de Malfoy todavía seguía dentro de su espacio, iba intercalando su atención entre los archivos y cada movimiento de Greengrass. No era muy inteligente ser tan imprudente por parte de un Slytherin de inspeccionar sus cosas, especialmente esa serpiente en especial.

Astoria parecía ocupada mirando a su alrededor.

- Pensaba que sólo al Jefe de Aurores se le daba una oficina real.

- Así es. – respondió Hermione, escribiendo notas en una hoja de pergamino, pero manteniendo su varita al alcance.

Astoria soltó un sufrido suspiro. Claramente, no estaba acostumbrada a ser ignorada.

- ¿Entonces, por qué tienes una? – preguntó.

El desdén de su voz hizo que Hermione levantara la cabeza.

Cuando abrió la boca para responder con sinceridad, de repente se detuvo. La voz de la precaución en su cabeza le recordó que la información proporcionada libre y ambiciosamente inevitablemente acababa pasando factura a los incautos. Tal vez debería hacer que Greengrass trabajara por una respuesta…

- ¿Por qué tengo una qué? – preguntó, fingiendo inocente ignorancia.

Las mejillas de Greengrass se enrojecieron fuertemente debido a la ira.

- ¿Por qué tienes una oficina, cuando ningún otro Auror tiene ese privilegio? No eres tan especial.

Ah, así que la pequeña zorra estaba celosa de la buena fortuna de Hermione. ¿Pero, por qué? Dudaba que Greengrass realmente quisiera o necesitara trabajar para ganarse la vida, por lo que la bruja no tenía absolutamente ninguna razón para tener envidia de la posición de Hermione.

E incluso si estuviera celosa, no permitiría que se comportara de manera indecorosa, ya que Hermione era su superior.

Con calma, marcó la página por la que iba del archivo y cerró suavemente la carpeta, entrelazando sus dedos. Después miró a su indeseada invitada con los ojos duros y la boca cerrada.

Las habladurías en el Ministerio decían que Astoria había sido contratada sólo por su destreza en el dormitorio y por sus llamativos atributos físicos. Observándola ahora, Hermione podía creer que tales cosas eran verdad. Alta y de figura fina, la más joven de las hijas de los Greengrass era impresionante, con el pelo largo y marrón caoba, ojos verdes y piel de alabastro. Sus labios eran gruesos y rosas, complementando perfectamente sus altos pómulos. Su ropa hecha a medida mostraba las curvas necesarias para sacar el máximo provecho.

Se decía de ella que era bastante aventurera, claro, si te creías la rueda de rumores que corría por ahí. Y Hermione ya había sido testigo del alcance de la ambición de la mujer aquella tarde en la oficina de Malfoy. Claramente, Greengrass tenía ojo para la captura de un hombre atractivo, rico, en ascenso y que pensara más con las pelotas que con el cerebro.

Desafortunadamente, ese era todo el mérito que se lo podía dar a la mujer. Mientras que era hermosa, fuerte y motivada, no era la heredera de la vasta fortuna de su familia (ese privilegio era de Daphne, su hermana mayor). Por lo tanto, la dote de Astoria era, sin duda, menor a la de su hermana, por lo que no tendría tanto que llevar a la mesa del matrimonio (aunque, al parecer, lo podía compensar en la cama de matrimonio). Además, carecía de cierta cautela a la hora de los conflictos y que implicaba que sólo existía una inteligencia mediocre en esa hermosa cabeza.

Básicamente, la señorita Greengrass se destinaba el uso de sus encantos y la "sangre pura" que corría por sus venas para asegurarse una estabilidad en la vida.

Hermione sintió lastima por la ignorante bruja, que una mujer no tuviera ningún deseo, aparte de convertirse en el trofeo de alguien, todo por la comodidad material que eso implicaba, que hubiera podido obtener fácilmente si hubiera empeñado algo de su ambición en una carrera profesional real.

- Ser especial no tiene nada que ver con eso. – explicó finalmente después de un largo silencio contemplativo – Tengo el lujo de una oficina porque he movido el culo por ello. Me lo he ganado, propiamente.

- Ya había oído que era un soborno del Ministro, ya que le habías amenazado con dejar el departamento de Aurores: esta oficina a cambio de seguir haciendo tu trabajo.

- Buena teoría, pero equivocada. Me dieron la oficina antes de irme a la Antártida. Pero tienes razón en algo: este no es mi trabajo, ya no. – explicó con ligereza – Hice una transferencia desde el momento que llegué de mi última misión. Había pensado renunciar a esta oficina, incluso a medida que me estaban entregando las llaves de la misma. Hasta que Harry Potter me pidió que me hiciera cargo de la investigación de "La Serpiente" como un favor personal una vez regresara de capturar a los Lestrange. Acepte, por amor a la amistad.

- ¿Transferencia? ¿Dónde? – Greengrass parecía frenética, casi ansiosa.

- Todo el mundo piensa que es para la oficina del Defensor Público, porque me han estado cortejando durante los últimos dos años, pero tomaré la segunda oferta que me hicieron: una posición en el Departamento de Ley Mágica como Jefa Adjunta.

- Jefa Adjunta… de todo nuestro departamento. – repitió Astoria, claramente sorprendida por la noticia - ¿Serás su jefa?

Hermione frunció el ceño.

- ¿Te refieres a Malfoy? – preguntó intentando aclararlo y cuando Greengrass asintió, Hermione le respondió con un casual encogimiento de hombros – No exactamente. Técnicamente, los procuradores y los abogados son parte del D.L.M, pero trabajan principalmente para el Wizengamot y los tribunales. Especialmente los fiscales como tu jefe. Lo más probable es que ni nos veamos el uno al otro.

- Pero seguirás cerca de nosotros. – insistió.

"¿Qué demonios?"

- Bueno, sí.

El rostro de Astoria acabó con una interesante sombra de color pardo rojizo en un instante. Sus ojos verdes se endurecieron y sus labios pintados de color coral se apretaron en una mueca horrible.

- ¡Lo sabía! – exclamó - ¡Desde el momento que vi como actuabas alrededor de Draco, sabía que este era tu plan!

- ¿Plan? – Hermione Granger no estaba acostumbrada a sentirse estúpida, pero por el momento, no tenía ni la menor idea de lo que la insulsa bruja estaba hablando. ¿Tal vez había oído mal? - ¿De qué estás hablando, Greengrass?

- ¡No te hagas la tonta conmigo! – volvió a exclamar Astoria, sus diminutas manos apretadas en puños a un lado logrando que sus nudillos se pusieran blancos, claramente ardiendo de ganas de dar el golpe – ¡Si piensas que puedes robarme a Draco…

- ¿De qué demonios estás…

- … será necesario que vuelvas a pensarlo!

- … estás jodidamente loca!

- … mío! ¡Él es mío y no dejaré…

- ¡Eso es, estás tarada!

- … una sangre sucia me lo quite!

- ¡ASTORIA!

El fuerte ladrido congeló a ambas brujas en su lugar, en el momento justo había que añadir. En el momento en que esa palabra había salido de los labios de Astoria la varita de Hermione fue nivelada con la cabeza de Greengrass preparada para enviarle algún hechizo, el que fuera más merecido.

Dando una visión periférica, Hermione observó a Malfoy revoloteando en su puerta, luciendo de manera poderosa un traje azul oscuro.

También tenía una mirada asesina.

- Draco… - comenzó Greengrass en tono dulce y manso, pero él la interrumpió con una mirada helada.

- Señor Malfoy para usted, - escupió, crispando su ojo izquierdo – y le aconsejo que se mantenga en silencio, señorita Greengrass. No sólo ha insultado a un superior, y en su oficina ni más ni menos, ha utilizado esa palabra para atacarla verbalmente. Dime, ¿Qué crees que debo hacer contigo?

Los ojos de Astoria se ensancharon y las lágrimas brillaron en sus profundidades. Abría y cerraba la boca, pero no había sonido que la acompañara; estaba prestando silencio por el horror de las consecuencias que le esperaban.

Si hubiera sido cualquier otra persona, Hermione podría haber tenido piedad de la mujer, pero como Greengrass había generado esto al llegar a su oficina y buscar intencionadamente una pelea, Hermione no veía ninguna razón para bajar a la bruja de la estacada. No malcriarían a esa princesa por más tiempo.

- Realmente no depende de ti, Malfoy. – intervino Hermione fríamente. Ambos visitantes se volvieron hacia ella, Malfoy con una fina ceja arqueada y Astoria con ojos furiosos – Como tan correctamente has señalado, la señorita Greengrass me ha asaltado verbalmente, utilizando un insulto racista en lo que se refiere a mí persona. Con o sin provocación, tal comportamiento es inaceptable en nuestra comunidad y en el Ministerio. Quiero que la despidan, con efecto inmediato.

Astoria se quedó sin aliento y se volvió con ojos suplicantes hacia Malfoy, quien parecía sólo ver los ojos de Hermione.

- ¿Y si no la despidiera?

Greengrass pareció calmarse e incluso le lanzó a Hermione una sonrisita victoriosa.

La furia de Hermione alcanzó un punto de inflexión. Nadie la llamaba sangre sucia y se salía con la suya, ¡nunca más!

- Presentaré una queja a recursos humanos y le haré llegar este incidente a la atención del Ministro. Mi informe, naturalmente, señalará el hecho de que deliberadamente decidiste socavarme y permitiste que tu secretaria no sufriera repercusión alguna por agredirme verbalmente debido a tu relación personal con ella. Exigiré su despido y tu suspensión inmediata. ¡Y después haré todo lo posible para que también te despidan a ti!

El silencio reinó después de su diatriba y Hermione mantuvo el contacto visual con Malfoy, negándose a recular. Había exagerado un poco, pero volver a escuchar esa palabra otra vez… Greengrass había encendido un fusible sobre un tema explosivo, uno que se mantenía en lo más profundo, que tenía un significado personal para Hermione. No importaba su estatus de sangre, se merecía el mismo respeto que cualquier otro ser vivo del planeta y la palabra "sangre sucia" estaban destinadas a degradarla y a humillarla, quitándole su organismo personal. En su opinión, esa palabra era tan vil como "esclavo".

Así que no, no iba a recular cuando se trataba de ese tema. Nunca más.

Malfoy la observó durante un largo rato en silencio y después, una lenta sonrisa comenzó a formarse en sus labios. Sus ojos se arrugaron con alegría y de repente, Hermione se mordió inquietantemente el labio, ¿qué era exactamente lo que había encontrado tan divertido en su amenaza?

Sin apartar la mirada, Malfoy se dirigió a Astoria.

- Parece que no puedo hacer nada por salvarte, Tori. Has cavado tu tumba con tu imprudente boca. Lo siento, amor, pero no hay elección. Estás despedida.

- ¡¿QUÉ?!

Lentamente, volvió la cabeza hacia Greengrass, con una expresión llana, peligrosa.

- Podría haber asegurado que tu oído ha sido excelente hasta ahora, así que esta vez, por favor, lee mis labios: he dicho que estás despedida. Por favor, recoge tus pertenencias personales de la oficina al salir. Y si no te importa, informa a la señora Nord que ella te reemplazará como secretaria hasta que encuentre una nueva.

Mientras hablaba, había llevado a Greengrass hasta la puerta, usando su cuerpo mucho más grande para desplazarla hasta que por voluntad propia acabó en el pasillo. Una vez hubo traspasado la puerta, Draco agarró el borde de la misma y de un manotazo la cerró, justo en la cara de su ex secretaria.

Hermione se echó a reír. Había intentado no hacerlo, pero simplemente no pudo evitarlo.