El Vuelo de la Cigüeña

Cuarto capitulo

No todas las novedades son buenas.

working 9 to 5 (trabajando de 9 a 5)
what a way to make a living (vaya modo de ganarse la vida)
barely getting by its all taking (apenas arreglándolo y tomando todo
)
and no giving (y nada que dar) (1)

(1)Fragmento retomado de la canción "9 to 5" de Dolly Parton. Música y letra de Capitol Records, 1986. Derechos reservados.


Llovía ininterrumpidamente, casi alrededor de las tres de la tarde, y la actividad en la oficina estaba tan tranquila como si fuese de madrugada. La lluvia no era el mejor incentivo para los negocios, ni los del centro ni los de las afueras. Y aun tratándose de una llovizna tranquila pero constante como la de esta tarde de inicios de noviembre, la clientela se había estado reduciendo a una práctica nada.

Y gracias a Kamisama por el teléfono, de no haber sido por el elemental sistema de pedidos vía telefónica, Akatsuki tal vez hubiera tenido el día más desolado y aburrido en todo lo que iba del año. Dos solicitudes de impresos a gran formato constituyeron la solvencia de toda la mañana, pero eso había sido mejor que nada.

El bamboleante gruñido de la suajadora en el piso inferior seguía escuchándose en el resto del desgarbado edificio, junto con el tecleo rítmico proveniente del cubículo de ventas controlado por Konan y los pasos rápidos de Tobi al ir de un lado hacia otro del pasillo. Llevando tintas, completando el pedido de papeles y de nuevo al sótano a encargarse del los salientes.

Lluvia…maldita lluvia…

La idea venía revoloteando en la mente de Itachi Uchiha, pensativo y silencioso sobre el restirador, mirando hacia el exterior, donde sendas gotas caían sobre la grisácea acera en un exterior tan deslucido y opaco como el del cielo.

Y el maldito cacharro con goteras…, se recordó, emitiendo un suspiro de hastío y resignación. Sacó su cartera del bolsillo, sin levantarse de la silla alta y con respaldo descocido. Ciento cincuenta ryos había en el interior.

Lo de la cena…el pago de la luz…hmp, tendré que esperar una maldita semana más para reparar el techo. Queda el carburador…la defensa…alinearlo…

Cortó el listado mental y volvió a guardar la cartera. El peor año de su vida, se decía internamente. Y el año aun no terminaba.

Todo podría haber seguido en un nivel todavía tolerable e Itachi así lo deseaba. Las cosas cambiaron demasiado en agosto.

Papá ha vuelto a enfermar de los nervios—había dicho Sasuke, de pie e inmóvil justamente bajo el umbral de la puerta de su recién comprado apartamento—, y mamá supuso que lo mejor que se podía hacer era que me mudase para acá.

Menuda noticia…veintitrés años y el desinteresado de su hermano menor seguía haciéndole la vida imposible. Como si no hubiese bastado con que siempre tuvo que estar dando la cara por éste desde que iba al parvulario –y el condenado mocoso siempre se metía en problemas-ahora simplemente coartó la solventada perspectiva que tenía apenas con dos semana de independencia total.

Justamente después de conseguirse su primer contrato por un año, Itachi simplemente había tenido la tentativa de que un poco de autonomía no sentaba a mal. Nada ostentoso de inicio y el sueldo no daba para más allá de su modesto pero cómodo apartamento aledaño a la zona céntrica. Calefacción, teléfono, luz y agua.

Todo iba bien los primeros dos meses, hasta que en uno de los recurrentes ataques de hipocondría de su padre, con el mero objetivo de deshacerse de las retrayentes filas de contribuyentes que abarrotaban la última temporada de julio, tuvieron por resultado el fin de su independencia personal.

Podía haber dicho que no al momento y cerrar la puerta en las narices de Sasuke, pero de alguna maldita manera, la sangre siempre era más espesa que otra cosa. Hasta ahí, no había gran problema…y dos horas después, comenzó el problema.

Karin.

Dos semanas soportables. Tres semanas forzadas. Un mes un suplicio. Y ahora…un tormento.

"Itachi-san…no hay agua caliente", "Itachi-san, se acabó el café", "Itachi-san, eh, "cuñadito", ¿ya pagaste la luz? No hay corriente y la secadora no enciende"

Y aumentándole el "Ni-san, me voy a llevar el auto", enunciado por Sasuke hacía un mes; el causante de que el pobre Datsun pareciese sacado de un basurero. Cómo le hubiera gustado lanzar a su "querido" hermanito por la ventana, seguido de la quejumbrosa concubina que en confabulación con éste, habían convertido su vida en un total infierno viviente.

Las refacciones…y apenas alcanzará para reponer la defensa rota. A como van las cosas, dudo que Pein-sama quiera adelantarme la mitad del sueldo si…

— ¡SEEEMPAAAAIIII! —La voz en grito de Tobi abatió todo el edificio, seguida de un rugido escueto proveniente de la máquina— ¡SEMPAAAI, AYUUUUDAAAA!

Itachi alzó la vista al instante. Sasori, desde su cubículo a dos metros del de Itachi, casi cae de la silla y Kisame, quien apenas había regresado de su hora de almuerzo, sólo se quedó congelado en el alféizar.

— ¿Qué caraj…?

La pregunta se desvaneció en el ambiente tras la estridente voz de Deidara, sonando como un grito agitado.

— ¡Tobi, pedazo de idiota! ¡Saca el puñetero brazo del suaje!

—¡¡SEMPAAAI TOBI ESTA ATORADOOOO!!

Y una tercera explosión de menor estruendo, abatió el ala inferior de nuevo.

— ¡Mierda!—exhaló de nuevo Deidara— ¡No se mueve!

— ¡TOBI NO QUIERE MORIR! ¡SEMPAAAI!

Y la puerta que daba directamente hacia la bodega estuvo a punto de desprenderse de sus goznes en el momento en que Kisame la abrió de un empujón. El humo resultante del vapor de la máquina atascada a mitad de sus funciones se coló por el pasillo, como si se tratase de uno de esos efectos especiales de películas. Hoshigaki, Sasori e Itachi se quedaron casi de piedra en medio de la brumosa tolvanera, mientras Deidara detenía uno de los fustes laterales y Tobi, estaba inmóvil pero histérico y con el brazo derecho engullido en una de las rotativas de la endemoniada máquina de segunda mano.

El pelirrojo se aprestó a desconectar el generador, Kisame a destrabar la palanca de alimentación eléctrica –reparada por Kakuzu, usando remaches mal soldados- e Itachi a sujetar el tembleque cuerpo de Tobi antes de que éste terminase prensado junto con el maltrecho brazo. Y Deidara seguía colgado de la plancha superior.

La máquina hizo un último expiro y finalmente detuvo su marcha.

— ¡Carajo! –Gruñó Sasori, arrojando a un lado el cable conector, del grosor de una manguera de servicio—¡¿Qué hiciste ahora, Tobi?!

— ¡Tobi estaba imprimiendo como siempre!—chilló el aludido. La gorra ahora estaba doblada de la visera y había manchones irregulares de tinta sobre ésta— ¡Se coló un papel de más y Tobi quería sacarlo…y la mano de Tobi se atoró!

—Ya me di cuenta…—musitó Itachi, todavía sujetando la coyuntura del codo de su primo y escrutando superficialmente hasta donde había quedado trabado. Los dedos y el resto de la mano de Tobi se perdían en el interior de la máquina—Tobi, ¿puedes mover los dedos?

El apodado "buen chico" aspiró hondo y ahogó un sollozo.

—No, Itachi sempai…—masculló éste, haciendo un puchero digno de un chiquillo de cinco años—Tobi siente los dedos pero no los puede mover… ¡Tobi no quiere morir!

—No te vas a morir, Tobi idiota—Deidara le miró ceñudamente.

Kisame se dirigió a éste.

— ¿Qué no se suponía que deberías ser tú el que imprimiera esa cosa?

El muchacho rubio se cruzo de brazos, ufanamente.

—Si, pero Tobi quería ayudar y…—comenzó diciendo tranquilamente y subió el tono de voz, señalando al muchacho del brazo atorado— ¡Y si no hubiera metido sus manotas esto no hubiera pasado! ¡Se le atascó su estúpido pulgar, la máquina se trabó y…!

—Y estalló –completó Sasori.

Deidara corroboró el comentario.

— ¡Le di una patada para destrabar el condenado motor, tal y como lo hace Hidan! ¡Unh!

—Y estalló –repitió Sasori, alzando una ceja—Explotó como todo lo que tocas, "artista barato"

— ¡No fue mi culpa, uhn!

— ¡Tobi no se quiere moriiiiiiir!

El humo cedía poco a poco, pero no fue así con el olor a cable quemado. Hidan y Zetsu –un sujeto de desordenada cabellera mitad blanco y mitad negra, y desteñidas ropas de trabajo- entraron, seguidos de un muy molesto Kakuzu.

— ¡Mi pobre plecadora!—Kakuzu gritó como si le hubieran pisado el dedo meñique del pie— ¡¿Tienen idea de lo que costó esa cosa?!

—Díselo al retardado de la gorra naranja –acusó Hidan, quedándose con las manos en los bolsillos del pantalón.

—Vamos a tener que desarmar esto –Itachi alzó la voz lo más que pudo, en medio del barullo de sus supuestos compañeros—el antebrazo esta prensado entre tres engranes, sacarlo tirando de él será prácticamente imposible.

— ¡Nadie va a desarmar nada!—gimoteó Kakuzu—Esperaremos a llamar a un técnico para…

— ¡A Tobi le duele! ¡Tobi promete ser un buen chico si salvan su brazo!

— Que mal karma…—enunció Zetsu en un intento de bostezo, mientras profería una bocanada más al arrugado cartujo a modo de cigarro— Podríamos halarlo hasta que se suelte el brazo…no pasa de que se disloque…¿no vamos a dejarlo allí toda la noche o si?

— ¿Y si lo cortamos?—Hidan profirió una mueca de burla. Levantó el hacha que había junto al extintor de emergencia—Vamos, prometo por Jashin-sama que no te va a doler, Tobi—Kisame le dio un codazo y éste bajó el hacha por reflejo—eh…sólo estaba bromeando.

—Como sea, ¡Mueve tu maldito trasero jashinista y tráeme unas pinzas y un desarmador! –el Uchiha no se lo pensó dos veces e imperó con su habitual tono de voz inquebrantable hacia el desconcertado Hidan. —Kisame, ¿puedes abrir la compuerta de atrás?

Hoshigaki asintió y de un solo intento levantó el capote de almacenaje, dejando al descubierto el exoesqueleto de la maquinaria. Y la mano derecha de Tobi estaba, tal y como dijo Itachi, enzarzada en un engrande y dos perniles menores, quedando la muñeca en una posición inusualmente torcida a la izquierda.

—Ahí tienes, "comadreja"—Hidan dejó las herramientas de mala gana junto a Itachi—Y ¿Desde cuando tanta consideración al retardado este?

—Familia es familia…—resolló Itachi dificultosamente. Una mano se las arreglaba para aflojar el pernil y la otra seguía sujetando el antebrazo de su primo—¡Tobi, deja de moverte!

—S…Si…Itachi-sempaaaaiii.

El brazo y la muñeca salieron, con todo y los dedos ennegrecidos por grasa atascada en los engranes y de tinta seca. Itachi le preguntó su podía mover el brazo y la respuesta de Tobi fue un sonoro grito de angustia.

—Y…¿Cuánto nos saldrá esto, Kakuzu-chan? –inquirió fastidiosamente Hidan.

Kakuzu se llevó una mano a la sien.

—Me lleva…—se paseó meditabundamente hacia un lado y hacia otro—justo ahora no podemos costear un permiso de incapacidad y tampoco darnos el lujo de un diagnóstico en un hospital.

—Parece que tiene el brazo roto, unh…—repuso Deidara, viendo de reojo la postura deformada de la muñeca de Tobi—. No creo que lo cuenten como una uña enterrada.

—¡Pues ni se les ocurra que lo llevaré a una clínica particular!

La barrera gélida proyectada en los ojos de Itachi Uchiha se clavó en Kakuzu.

—Es accidente laboral…¿Tienes alguna otra sugerencia, Kakuzu?

0—

—Vaya mañanita…no deja de llover y no hemos tenido ni un solo paciente…—Tenten se permitió un suspiro largo y profundo, mientras miraba por enésima vez el vidrio que componía a la puerta corrediza—…como si se fuesen a derretir con el agua.

—Tal…tal vez estamos en una mala ubicación—Hinata sonrió tímidamente, sentada en una de las cinco sillas dispuestas en la improvisada salita de espera.

Junto a ésta, Ino Yamanaka y Tenten Ama estaban con la misma expresión de hastío en sus rostros y una mano apoyada en su mentón. Nadie dijo nada en respuesta a la vaga idea de Hinata Hyuuga.

La semana pudo considerarse despejada, tomando en cuenta de que era un negocio nuevo. Un local pequeño cuyo giro consistía en servicios médicos básicos. Consulta y un brevísimo dispensario de medicinas. Y tuvieron clientela, clientela menor, pero por lo menos sacaron sus merecidos honorarios.

El mundo era siempre cruel con los que apenas empiezan, y no le importa si se son profesionistas o pasantes o practicantes. Pero defenderse era un comienzo.

—…quizá hay otro consultorio con mejores precios o…—siguió diciendo Hinata.

—O quizá deberíamos dejar de quejarnos. No ha sido una semana tan mala—Sakura se reunió con ellas, mientras cerraba la puerta del sanitario y llevándose un pañuelo desechable hacia el vórtice de uno de sus ojos. Sonreía a pesar de la cansada y demacrada máscara que cubría su rostro—No nos ha ido tan mal.

Ino avistó una mueca escrutadora hacia ésta.

—No, pero nos iría mejor si no tuviéramos a un zombi paseándose por aquí—rió mirándola de pies a cabeza—Ahora si es oficial, te vez horrible, Sakura. Si te dejásemos en recepción cualquiera pensaría que ésta es una sucursal de la morgue y no un consultorio general.

—Hum…ya con ésta son tres veces que vas al baño en calidad de "llego o no llego"—agregó Tenten—¿Pues que comiste?

La joven de cabello rosa sólo le dedicó una mirada de inhóspita reprimenda.

—Es una infección estomacal…el maldito yogurt, supongo

—Nadie compró yogurt y tú no desayunaste eso, Sakura—Ino le increpó con un gesto mudo—Y no culpes al pobre de Naruto por contagiarte de sea lo que sea que tengas.

—¿Y desde cuando acá te preocupa Naruto? –sonrió fingidamente Sakura y sin esperar respuesta de Ino, quien evadió la mirada, se dejó caer en una silla y su atención se posó en el exterior—Son más de las cuatro y la lluvia no cesa.

—¿Cerramos… antes? —Hinata habló de nuevo a media voz.

Tenten se encogió de hombros.

—Pues con este clima no creo que media docena de pacientes caigan justo ahora…

El estrépito de un freno irrumpió las palabras de la joven y demostrándole lo equivocada que estaba, un auto aparcó justo delante del solitario consultorio, con una delicadeza propia de un ganso al ser derribado de un disparo. Las ruedas chirriaron y un Datsun negro y con la defensa colgando hacia la izquierda quedó a medio metro de la entrada y sobre la acera.

Con la incredulidad de quien mira de cerca un desastre natural, las cuatro chicas se quedaron quietas frente a la puerta. Hasta que tres sujetos entraron.

—Buen…buenas tardes…—la chica de cabellos azulados se adelantó un par de pasos—¿En qué…podemos…?

—Tenemos un lesionado, unh—quien se aprestó a interrumpir, aun con un dejo de cortesía, fue un hombre de cabello rubio y largo, ropas medianamente mojadas por la torrencial llovizna y el brillo azul celeste de sus ojos oculto tras unas gafas oscuras.—Parece que tiene un brazo roto.

—Claro…—Ino se dirigió al instante al escritorio en busca de las formas reglamentarias—Hinata, ve por una caja de Norvil para el dolor, Sakura tu trae la férula.

— ¿Necesitas que ayude o me dejas en sala de espera?—arguyó resueltamente Tenten.

La rubia Yamanaka se limitó a negar con la cabeza.

—No, a menos de que necesitemos que le saquen una muela también…jeje.—dijo.

Sakura fue directamente a la repisa junto al material de curación para quemaduras y antisépticos, escuchando a sus espaldas los reluctantes comentarios de Tenten y las exclamaciones de exagerado dolor provenientes del paciente en cuestión.

—¡Seeempaaai…a Tobi le duele muchoooo!—gritaba éste.—¡No lastimen a Tobiiii!

—¡Deja de armar tanto escándalo! ¡Cómo si no hubiera sido suficiente con tu primo y su estilo de conducir como loco, Unh!—decía el tipo rubio.—¡Y estoy todo empapado, su cacharro es una maldita coladera!

—¡¿CIENTO CINCUENTA RYO?! ¡Es un maldito brazo roto, no una operación a corazón abierto! –Se quejaba otro de los "acompañantes"—¡¿Cómo que no hay descuento a trabajadores minoritarios?! ¡¿Y el derecho a los proletarios?!

Sakura no deparó ni en lo que decían ni en la apariencia de los que venían con el herido –un chico de veinte tantos, cabello negro, una gorra puesta de lado y un puchero similar al de un crío.

Preparó el yeso, sacó el cabestrillo del empaque y…

Y se detuvo, como si hubiese visto una visión de ultratumba. El corazón le dio un vuelco y sin darse cuenta, esbozó una sonrisa ante aquel rostro marfileño y serio. Se sintió palidecer cuando sus ojos le encontraron.

—I…¿Itachi-kun?

Éste asintió, sin proferir palabra alguna. Pero ella vio que sus labios se abrieron levemente y pronunciaron su nombre.

—Hmp…Haruno-san-dijo, cortando la estúpida ensoñación en que la joven estaba inmersa.

—Ah, que bien que se conocen, me parece muy lindo y muy propio pero…¡Sakura, no estamos en un día de campo, pásame la férula!—increpó Ino a la joven de melena rosada—Si es posible este año…por favor.

Ésta tomó el antebrazo y la muñeca del lesionado con pulso trémulo, sintiendo la mirada de Itachi fija en ella.

Porque la estaba viendo, ¿verdad?

Y antes de que Ino diese instrucciones, Sakura sujetó el hueso dislocado de la muñeca y con un movimiento corto y seguro –a pesar del nerviosismo externo—logro colocarlo en su lugar. Para luego aplicar el enyesado.

Bueno, un semestre de primeros auxilios y quiropráctica alternativa no quedó en vano.

Hubo un lamento aun más exagerado por parte del paciente, acallado por los comentarios de los acompañantes. De nuevo, quejándose del precio e Ino ante una rebatida pero "propia" discusión en defensa de la lista de precios.

Podría haberse derrumbado todo el local, pero el espacio se había cerrado nuevamente para Sakura Haruno e Itachi Uchiha.

Distante y apremiando a una lejanía fingida, Itachi no había despegado su vista de la joven de orbes jade. Aparte de la tonalidad inusual de su cabello, reconocía el contraste evocador de aquel color de ojos. No había dejado de verle, ni siquiera cuando Deidara profirió uno de sus típicos golpes en el brazo.

Kakuzu irrumpió la sutil tranquilidad que rotaba entre éstos.

—Pues yo no pienso pagar ciento cincuenta ryo por un yeso que yo mismo pude aplicarle a éste idiota y ni de chiste voy a…

—Yo lo pago—Itachi se desenganchó del contacto visual y se dirigió al renuente contador de la organización. Le miró severamente—Pein-sama me debe la mitad de la otra quincena. Que me la pague para mañana, ¿entendido?

—…de acuerdo—jadeó Kakuzu—…¡pero sin intereses!

Tobi estaba sentado ya en una de las sillas de la sala de espera, con el cabestrillo cruzando el hombro de izquierda a derecha, el brazo diestro descansando sobre éste y una paleta de naranja en la mano surda.

—…snif…Tobi no lo volverá a hacer…—gemía como un chiquillo regañado. Deidara estaba sentado a su lado, de brazos cruzados y mirando atentamente el pulcro acomodo de medicinas en el dispensario frente a la joven de cabellos castaños—…sempaaai…

—Ya deja de quejarte, uhn.

Tomando en cuenta que el caso clínico se redujo únicamente a un esguince en la articulación entre las falanges, no incrementaba algo más allá de una escayola y prescripción de analgésicos en los próximos quince días. De haber sido una fractura entera, tal vez hubiesen usado las varillas para entablillado que Sakura guardaba ahora en la gaveta inferior.

Levantó un poco el rostro. Itachi Uchiha le contemplaba con aire ausente.

—No creí verte por aquí…—dijo ella, acercándole el talonario de la factura endosada por el malhumorado sujeto de bufanda y traje sastre. Tratando de ocultar la apenas notoria elevación de su voz y una casi desaparecida sonrisa nerviosa—…je…han pasado casi dos meses que…

—Hmp…he estado ocupado. Demasiado. —Excusó Itachi.—El trabajo…

La voz temblaba también. ¿Qué era lo que había dicho? ¿Acaso eludía el comentario tan cotidiano que tenían las féminas para decir "no me has llamado desde entonces"? Itachi no eludía ni se escabullía, pero ¿Por qué no se sentía apto para afrontar la mirada de ella?

Intentó proyectar una de sus forzadas expresiones de "esta bien, no hay problema si…", pero simplemente no pudo. La chica era linda, claro. Se había acostado con ella, si bien no estaba consciente al cien por ciento, pero no lo negaba. Y ¿había reducido el incidente y dejarlo como que nada había pasado?

Dos meses, vaya que el tiempo vuela y los senderos del destino eran caprichosos, ¿verdad?

—Ya vámonos —Kakuzu le arrebató el formato al Uchiha—No quiero perder más tiempo.

—Ya perdimos la tarde, deberías dejarnos ir a casa, unh—El joven de melena rubia se puso de pie, estirando la espalda y alzando por los hombros al sollozante paciente—¡Muévete, Tobi!

—Voooyy…—el aludido se irguió, mostrando una mueca compungida—Tobi necesitará dos días de incapacidad.

—Y un cuerno. Vámonos ya—enunció el contador de nombre Kakuzu.

Aun antes de que la puerta se cerrara por completo, y bajo el ritmo un poco más calmado de la lluvia, Itachi se detuvo. Tobi seguía gimiendo ahora sobre el asiento de copiloto, Deidara protestaba por el charco que inundaba al asiento trasero y Kakuzu simplemente cerró la portezuela derecha del vehículo con arrebato.

— Gracias –dijo Itachi en el instante en que sus dedos rozaron la puerta corrediza del consultorio. Se había girado hacia las chicas, pero su vista estaba fija sólo en una. Correcto o no, había cierta idea que continuaba dándole repetidas vueltas en la cabeza y emergieron en el instante en que le vio repentinamente. Como el impulso de un estornudo, incontenible como un bostezo, simplemente las palabras salieron. —Sakura-san…¿quieres salir…el sábado?

Alguien –probablemente Deidara, alegando de la maldita humedad que se filtraba al auto-hiso sonar la bocina. Do. Tres. Cuatro repetidas veces, mientras él se quedaba estúpidamente inmóvil en medio de la lluvia.

La respuesta emergió de los sonrosados labios de la muchacha. Una afirmación corta y que parecía pronta a desaparecer en el quinto clamor del vehículo.

— Pasaré por ti a las cuatro, entonces. –dijo sintiéndose totalmente ajeno a la realidad, más bien como si la frase saliese de esos discos LP que acostumbraba oír en sus ratos de ocio.

— Esta bien. –resolló ella, y el "adiós" quedó en un suspiro.

Sakura sentía los talones y el peso del cuerpo lívido y casi desprendido del suelo. Le miró alejarse. El vehículo arrancó tras dos intentos y desapareció de su horizonte visual.

Le había invitado a salir…¿realmente le agradaba ella entonces, o era mera cortesía?

No, cortesía es que digan "salud" cuando estornudas o que te ofrezcan un asiento en el autobús. Retribuía su voz interna Pero que alguien te invite a salir, aun después de semejante "numerito impropio", no es cortesía.

— Así que ese es el tal Itachi…—Ino rió pícaramente.— Con razón pareces ida de toda realidad, eh "frentona"

Ésta le devolvió el gesto.

—Cómo digas…—Sakura respondió y al momento dio un paso hacia atrás, dispuesta a ir de nuevo hacia la silla frente a la mesa de recepción.

Se sentía cansada. Demasiado cansada, tal y como el cuerpo se lo había estado recriminando las últimas semanas. El aliento apenas fluía y el cuerpo le pesaba repentinamente.

— ¿Sakura?

Oía que Tenten le llamaba, tan lejana como si estuviera en la acera de enfrente. Y sintió que el peso de su cuerpo también le abandonaba poco a poco.

— ¡Sakura!

Y volvió a sumergirse en aquella bruma. Igual que en la mañana y hacía dos días.

Un sopor involuntario.

0—

Y ahí estaba, el maldito impulso de estupidez. De nuevo. ¡Y ahora estaba completamente sobrio, no había nada de bebida a la cual culpar!

¿Qué era lo que había dicho? Itachi simplemente no podía plantearse respuesta alguna. Si, lo reconocía. Aquella mujer de cabello rosa y mirada evocadora era digna de recordar, pero de allí a que su mente siguiese nombrándosela constantemente…

Hmp, como si no faltara con toda la maldita burla por parte de Deidara…ahora…

Itachi aparcó el Datsun en el único lugar disponible en la abarrotada acera; a cuadra y media del departamento. Cerró trabajosamente la ventanilla, trabó como pudo el freno de mano y salió, sin importar que la chaqueta y el resto de su ropa se mojasen. La calle estaba tranquila a no ser por un estruendo distante, producido por las bocinas de un estéreo en su máximo nivel de volumen.

Y el sonido provenía de su apartamento.

Ahogando un gruñido de fastidio y cansancio, Itachi subió los peldaños de dos en dos. Y las notas del grupo ACDC con su letánico "Highway to Hell" rebatían con estruendo el pasillo hasta la puerta del domicilio. Abrió ésta y una senda nube de humo le dio la bienvenida.

Las luces estaban bajas, a excepción de la lámpara dispuesta sobre la mesa del comedor y el aroma de tabaco rancio se coló a sus fosas nasales con profundo azoro.

Dos muchachos, uno de desalineado cabello naranja y aparentes dos o tres años mayor que Sasuke y otro, con melena platinada bajo una descuidada gorra llevada al revés, compartían la mesa con su ufano hermano menor, en una espontánea partida de cartas.

Karin levantó la mirada, estando junto a Sasuke.

—Eh, "cuñadito"…¿podrías traer un par más de cerv…?

—Sasuke, baja el condenado volumen—Itachi ni siquiera volteó a ver a la chica, sino que se dirigió directamente al causante de semejante escándalo.—Ahora.

Y el Uchiha menor apenas y le escuchó.

— Hmp…una hora más, casi acabamos.

— No tengo nada, ni un seis…—masculló el muchacho de cabellos naranjas, barajeando torpemente con sus toscos nudillos. — ni seis…ni sietes…ni seis…ni sie…

—Ya entendimos, Juugo—completó el otro joven con una torcida sonrisa en sus dientes puntiagudos— Eh, Sasuke-san, dile a tu hermano que traiga más cerveza, me voy a secar si…—hizo una pausa, tragando hondamente cuando sus ojos se alzaron a un ángulo más allá, en un reflejo rojizo proyectado en los negros orbes del hermano mayor de Sasuke, como una aparición demoníaca en medio de la nube de humo—Carajo…ya me voy…si, ¿sabes qué?, ya me voy, Sasuke-san.

Éste se levantó como si el asiento le hubiese quemado la rabadilla. Dio el último sorbo a su cerveza y tomando a Juugo por los hombros, salió como un suspiro, a pesar de las quejas de éste hacia el olvidado tazón con rosetas de maíz que había estado engullendo.

— Gallinas…—gimoteó Karin, encimándose más al contacto de Sasuke—…cómo sea, tú les estabas llevando ventaja, Sasu-chan.

—Mierda, sólo nos quedaba una hora, Itachi—Sasuke increpó hacia su hermano y notando la razón de la espontánea huida de sus compañeros de juerga. — ¿No pudiste esperarte una puñetera hora?

La conocida "mirada Uchiha", ahora acentuada por el brillo fluctuante del horno eléctrico de la cocina, que en la dirección y ubicación de Itachi parecía proyectar un tono escarlata en sus ojos.

—Estoy harto de que dejes la sala como si fuera una cantina de poca monta. Si quieres embriagarte, lárgate a esos bares del centro.—dijo resueltamente Itachi, abriendo la puerta de la nevera. Vacía, a excepción del habitual e incomible frasquito de bicarbonato al fondo y un plato con residuos de pizza de dudosa procedencia—Eh, ¿que rayos le pasó a la comida pre-congelada que compre en la mañana?

—Ay…no sabía que era tuya, "cuñadito" –repuso Karin con un lamento hipócrita desde el otro lado de la sala, sosteniendo una bolsa de plástico en la que Sasuke arrojaba con desdén las botellas vacías de cerveza—Sabes, la próxima vez deberías etiquetarla.

Rayos…Itachi azotó la puerta, pagando su enojo con el inocente aparato y su mirada y atención recorrieron la repisa a modo de despensa. Nada más allá de una escuálida lata de sopa casera. La tomó, leyendo la etiqueta y abriéndola con resignación…hmp…odio los malditos champiñones…

Un fin patético de un día patético.

¿Y Sakura?

Bueno, tal vez no tan patético. Y si las cosas están mal, no siempre significa que deban ponerse peor, ¿Verdad?

0—

—¿Ya estás bien?—Tenten fue la primera en preguntar en cuanto Sakura abrió un ojo—Kamisama, qué susto nos pegaste. ¿Te sientes bien? ¿Te traigo algo? ¿Quieres un vaso con agua? ¿Sakura?

—Tenten, déjala respirar –reprendió Ino, reacomodando la compresa tibia sobre la frente de ésta.—¿Me oyes ahora, Sakura?

Ésta levantó lentamente el cuerpo, notando que había estado recostada todo este tiempo en el diván de examinación.

—Si, yo…—comenzó a decir, pasándose una mano por la frente. No había fiebre, no tenía un golpe, no había nada más allá del intempestivo desmayo—…creo que me maree y…

—Y te desmayaste. –recapituló Ino—Chequé tu pulso y esta bien, no entiendo porqué…

—Me encuentro perfectamente –fingió Sakura— Creo que fue el estrés o la agitación la que…

—¿La que te ha estado provocando semejantes trastornos alimenticios desde hace tiempo?, Sakura a mi no me engañas—Ino estaba cruzada de brazos delante de ella. Tenten le miraba en silencio y Hinata tenía una expresión de mortificación excesiva en su rostro.—Algo te pasa, ¿verdad?

Y Sakura…¿iba a negarlo?

Había una pequeña evidencia. Los cinco días de retraso…cinco hacía dos semanas…y ahora, su periodo era parte del pasado.

Irregularidad. Si, pero nunca pasaba de una semana ¿y se había estado sintiendo adormilada y mareada desde entonces?

Las náuseas.

No, probablemente había comido algo que le sentó mal. Tener náuseas por la mañana, tarde o incluso noche no contribuían a establecer un diagnóstico tan apresurado.

—Ino, estoy bien. Comí algo que me hiso daño y suelo estresarme con facilidad, así que no creo que…—detuvo la frase, tapándose la boca y sintiendo una arcada involuntaria en la boca del estómago.

—Y ahí va de nuevo…¡Tenten, el cesto…!

—Ya voy, ya voy, ya voy –Tenten fue directo por el cubo de basura del baño y volvió a velocidad de relámpago.

Sakura sintió su estómago colapsarse por fracción de segundo ante la tercer y cuarta arcada al dejar lo poco que restaba del almuerzo de mediodía.

—Pues o es un virus de ébola…o estas embarazada…—Ino habló cortante pero franca.

Sakura logró hablar después de limpiarse el rostro y las lágrimas con un pañuelo.

—Imposible…necesitas…tener sexo para embarazarte y yo no…

—¿Naruto?

—¡Claro que no! –Sakura levantó la voz—…sólo fue una vez, en preparatoria y no ha habido nada desde entonces. Ni con Naruto ni nadie más…

Itachi.

Ay, no…NO, IMPOSIBLE…él se había cuidado, ¿no era así?

—¿El tipo ése? ¿Itachi?

La pregunta desapareció en su mente.

No…claro que no. Había usado condón…ella los había visto en el cubo de basura…

¡Estaban allí…! No…simplemente no…no puedo estar…

Y Sakura, volvió a desmayarse.


NOTAS DE LA AUTORA:

Yap...van a decir ¿Hasta cuando Sakura se dará cuenta ahora si de la situación y qué hará al respecto? Bien yo les respondo...uno no puede ponerse a correr si aun no te pones los tenis, ¿ok? Vamos paso a paso...y ya el siguiente capítulo veremos cómo tomará la comadreja esta nueva noticia.

Si, ahora si que "pobre Itachi"...su vida es miserable...vive con el arrimado inutil de su hermano y su novia (y aunque la odien muchos, en esta trama Karin tendrá un papel interesante y aun más interacción con el resto de la historia...digo, a diferencia del fic anterior. Haganse a la idea de que no la separaré del "teme". Lo siento, pero es que no le veo mejor pareja al "emosuke" mas que ella)...y vaya que la cosa se complica.

Como pequeña anécdota...¿cómo se me ocurrió el lío en el que Tobi se metío en el capitulo? bien, esta autora lo comprueba y lo reafirma de experiencias pasadas:

El mundo de la impresión y el diseño siempre tiene sus riesgos. ^o^. Si, a mi me pasó lo mismo por si lo dudan (y aun tengo mis heridas de batalla contra la maldita off-set)

Ok, menos charla. Se agradecen sus comentarios y/o críticas. Nos leemos.