¡Hora de Responder Reviews!
Vale, esta vez... sí me tardé xD Pero es que pasé unos días sin internet, así que me disculpo muchote por eso~
Para inesUchiha: Sakura ya era poderosa, quizá no tanto como Naruto o Sasuke y mucho menos como Kakashi, pero el momento en que consumó su matrimonio su poder se elevó vertiginosamente, así que ahora sí ha superado a Kakashi y en su mejor estado podría codearse con Naruto y Sasuke, aunque eso no creo que lo vean (?) JAJAJAJA tu ira a Orochimaru es adorable, me mataste de risa xD Y en verdad me alegra que veas así a Sakura, para mí siempre ha sido un conflicto que la vean como una mujer inutil, pero ella puede poner muchísimo, de verdad UuU Gracias a ti por leer ;D
Para Akirako: ¿Ves? ¡¿VES?! En un capítulo puedo cambiar tooooodo el sentido de la historia xD Que para eso tengo dedos, computadora e imaginación ;D Sano es un pan de Dios, dan ganas de comérselo, ¿apoco no? ¬w¬ Aquí está el nuevo, gózalo ;D
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Los pasos de Orochimaru hicieron un eco especial cada vez que sus pies golpearon el suelo de piedra de la construcción. Sus zapatos de vestir eran de muy buen gusto, al igual que el traje que llevaba puesto, mientras que él daba una impresión bastante interesante mientras pasaba por entre los sirvientes de la casa quienes lo miraban un poco contrariados al ver que llevaba un cuerpo muy pequeño sobre el hombro, como si fuera un vulgar costal de papas o de cualquier otra cosa, pero en realidad era una criatura pequeña e inocente. El ama de llaves sintió una muy especial impresión al ver a aquella criatura ser llevaba por él, de esa forma, hacia el área especial que había sido designada al nuevo estudio del sacerdote.
Cuando la puerta fue abierta por él la mujer que se encontraba en la habitación, tan específicamente oscura, le miró girándose por completo. Ella era una de sus súbditos favoritos, era inteligente y era una científica excelsa, por lo que se merecía ciertos méritos. La mujer era bastante joven, de hecho. Tenía una abundante cabellera rojiza pero tenía problemas de vista, por lo que utilizaba gafas para poder ver mejor. Ella observó al pelinegro hacia arriba, pues había estado muy ocupada sentada en el suelo para el momento que él entró.
—Orochimaru-sama… ¿Lo ha encontrado?
—Tus coordenadas fueron exactas, como siempre —respondió él, moviéndose para depositar al pequeño cuerpo en una mesa de operaciones—. Admiro tus habilidades, Karin.
—Gracias, Orochimaru-sama, es un honor para mí…
—Más importante que eso, Karin —él la interrumpió, por lo que ella comprendió inmediatamente qué era lo que él esperaba de ella—. Es sorprendente que pudieras detectar qué tipo de sangre era necesaria con tan solo sentir el aura. Te aplaudo. Con esto debo considerar mi investigación de diez años como finalizada, ¿no es así?
—Esperemos que sea un éxito, señor.
—Lo será, Karin —su sonrisa demostró cuán entusiasmado se encontraba con aquella idea tenebrosa—. Esta vez será mucho más simple llegar a mis objetivos.
Capítulo Cuatro
Todas las sospechas apuntaban a que Orochimaru se habría llevado a Sano al escondite en Alemania en que Sakura celebró su matrimonio con Sasuke en el pasado. En realidad es porque no había otro sitio que ella pudiera considerar su propia casa pero habían sido ubicadas diferentes áreas donde, se creía, habían construcciones de la familia en cuestión. Al final Tsunade había asignado diferentes ubicaciones a sus escuadrones y había sido, prácticamente, obligada por Sakura a que le asignara un campo de batalla. Pero, en su estado actual, la pelirrosa no podría culminar ninguna batalla por lo que debía enviarla a la zona más segura.
Había pasado un largo tiempo desde que Sakura había estado en su viejo dormitorio, en una base en Tokio. La nostalgia estaba en el más mínimo rincón y ella no podía simplemente ignorar cada aspecto de esa habitación. Desde las paredes blancas y simples hasta cada una de las fotografías que habían permanecido ahí, ahora cubiertas por una capa de polvo. Así de olvidado se encontraba ese sitio, ¿eh? Era triste, bastante. Sakura sonrió suavemente mientras tomaba la vieja foto del equipo en sus manos, sintiendo esa melancolía envolverla.
Pero todo era un arma ahora. Sakura devolvió todo a su sitio antes de abrir el armario en busca de un vestuario digno, aunque era consciente de que ella no tenía el mismo cuerpo y que la ropa de pelea oscura podría sorprender a Sano. Extendió su mano hacia unas prendas que había dejado abandonadas mucho antes de que ella se fuera de ese sitio y se preparó con cuidado de que aquello no la dañara: el símbolo del cielo estaba en su espalda, con aquella yukata corta en colores blancos y rosados, con sus medias por debajo. El traje ceremonial que usaba en sus misiones antes de haber sido transformada, era aún más lejano que la imagen de ella misma luchando con su misma raza, era más viejo que la historia de una traición. Quizá por eso sorprendió y ofendió a varias personas al salir de la habitación.
—Tú sabías que esto jamás terminaría, ¿no es así? Debiste detenerme si tú lo sabías desde el inicio. Confiaste demasiado en mi —ella había hecho una última parada a saludar a un viejo amigo—. Yo no quería asesinarte, a ti menos que a nadie. Protégenos, Kakashi.
En el avión ni siquiera había una persona a la que ella conociera de cerca. Sakura fue completamente separada de sus viejos conocidos dado que los ancianos ya estaban lo suficiente inconformes de saber que ella iría a participar en la persecución como para permitir que uno de sus aliados estuviese cerca. Las miradas de los más jóvenes, de los más viejos, sus susurros y su reprobación habían sido desde el principio un aspecto que a ella no le perturbaba porque ya había pasado por eso hace doce años, hace trece años. Además lo único que a Sakura le interesaba a esas alturas era una cosa, era una persona, y eso era rescatar a Sano de las manos oscuras de Orochimaru, lo más pronto posible. Sabía que lo haría, que lo lograría. Pero…
¿Qué era ese sentimiento que hacía estremecer a todo su cuerpo? Ella lo conocía. En el pasado lo había sentidos en varias ocasiones. Aquello se llamaba… ¿miedo? No podía entender del todo qué lo había causado. Ella no lograba concebir la razón de que su cuerpo se viera obligado a ocultar el temblor que deseaba sacudirla, no lo entendió hasta que la imagen del niño volvió a su cabeza como un recordatorio de quién era ella y de qué debía hacer ella en esa vida, en ese mundo, en ese momento. ¿Por qué había sucedido eso ahora? Sentía los escalofríos recorrerla y amenazarla desde el interior de su ser.
Tenía que pensar claramente y sus ojos se volvieron más fríos, más analíticos. La habían asignado a un grupo nuevo, más joven y menos experimentado, menos maduro aunque más ágil. Las ideas empezaron a saltar en su cabeza en un abrir y cerrar de ojos, por lo que ella se puso de pie tranquilamente mientras se dirigía hacia la máquina de agua, por lo que las miradas de todos se fueron centrando en ella poco a poco. La observaban y la amenazaban con sus ojos, advirtiéndole que estaba bajo vigilancia, pero ella expresó su relajación.
—Es increíble que Tsunade-sama nos hiciera viajar con ella —la voz de una mujer que habló en un volumen tan bajo como para que tan solo los cercanos a ella escucharan.
—Oh, no, bonita… lo increíble es que Tsunade-sama me rebajara al nivel de un montón de amateurs —la voz de la pelirrosa finalmente hizo acto de presencia, provocando la reacción en sorpresa de varios de ellos.
—¿Perdón? —lo sabía. Los mocosos eran muy enérgicos en esos días—. ¿Se supone que esas son las palabras que una desertora da a los miembros oficiales de la organización?
—¿Desertora? Esas son palabras de adultos, cariño —oh, ¿pretendía humillarlos?
—¿Adultos? ¿Tú qué sabes? —ciertamente Sakura estaba actuando de una forma que no era muy acorde con su nuevo temple—. No te creas la gran cosa, Draculina… abandonas y después pretendes volver por tu capricho. ¿En qué está pensando la quinta?
—En lo mejor para la misión… y obviamente no son ustedes —los ojos verdes de Sakura se fijaron con desdén en los menores que ella—. Oh, no me digan que no se habían dado cuenta de que venían en misión con niñera… algo tan grande como el gran sacerdote oscuro como Orochimaru no es algo para ustedes.
—¡Lo dice la que perdió ante él! —momento, ¿cómo se había filtrado esa información? La sonrisa en el rostro del mocoso fue burlona—. No me digas que pensabas que era un secreto…
—En realidad lo que me sorprende es que un mocoso como tú pueda ser tan estúpido e impertinente —ella de verdad estaba prendiéndole la mecha al chiquillo—. Averiguaré para mi maestra quién filtró esos datos que, sé directamente, son confidenciales.
—¡Tú no tienes derecho de hacer nada, traidora!
—Hey, Ken —la chica del principio intentó frenarlo.
—Déjalo —la pelirrosa volvió a ver a los menores de soslayo—. Ken, ¿eh? Hasta los nombres de la nueva generación son insignificantes.
—¿Disculpa? —de verdad estaba atacándolos—. ¿Estás buscando pelea?
—Yo diría que eres tú quien ha empezado con esto, pero no tengo un bando específico justo ahora —ella se encogió de hombros—. Debe ser emocionante, ¿no es así? La idea de querer patearle el trasero a la sacerdotisa que permitió que un Drácula la transformara en su mujer. Sí, bueno… eso no va a pasar, mocoso.
—Mi nombre es Ken…
—Ya lo sé, mocoso. Yo no soy idiota —Sakura se giró en su propio eje dándole la espalda de forma confiada pero, oh, ella se lo había ganado.
Ken no midió su ataque porque él sabía que Sakura era una especie catalogada en el rango A, aunque no tenía idea de que ella había vencido a un monstruo de rango S. Ella era una historia vieja para estos chicos inexpertos que aun así no se decidían a subestimarla y, seguro, ese fue el primer impulso para que Ken diera un golpe tan poderoso a ella esperando que la pelirrosa pudiera defenderse pero, para sorpresa de todos, Sakura ni siquiera lo intentó: ella se volvió hacia él en el instante en que la patada de Ken impactaría contra su cuerpo, colocando sus brazos para cubrirse como única defensa y la sonrisa en su rostro demostró que ellos habían caído en su trampa y que era demasiado tarde para retractarse. Un segundo después ella había atravesado la pared de hierro y había caído tantísimos metros desde el aire.
Ya podía suponerse cómo sería el escándalo en el avión, pero ahora tenía prioridades de las qué ocuparse mientras iba en caída libre. Oh, habían pasado años desde que Sakura hacía aquello, por lo que lo primero que hizo fue mentalizarse y, entonces, se puso en la posición de caída. Ellos no debían tener la más mínima idea de la coordenada en que ella salió volando fuera del avión, ahora ellos tendrían como prioridad el rastrearla para "rescatarla" luego de semejante caída, pero es que ellos no habían estado ahí en los años del equipo número siete. El único rastro que iba a quedar de aquello era el del aterrizaje perfecto que hizo, dejando una anomalía en el suelo por el impacto de sus pies a la tierra. Después ella borró todo rastro suyo.
Su cuerpo podía sentirlo. Tsunade se había equivocado: Orochimaru no estaba en Alemania, él había venido a Japón porque, en secreto, la casa principal estaba ahí. Era por eso que ella no había hecho ningún otro berrinche en cuanto a ser enviada a Japón. Ella sabía bien que Sano y Orochimaru estaban ahí, pero la razón de su mayor preocupación no tenía absolutamente nada que ver con el sacerdote, era Sano lo que la tenía tan aterrada que se desplazó a una velocidad increíble incluso para ella. Lo que debió tomarle horas y horas al final tan solo le tomó alrededor de cuarenta minutos para llegar.
Su cuerpo estaba ardiendo. Su pecho se elevaba frenéticamente por la agitación, pero sobreviviría. Estaba frente a una construcción que superaba en tamaño y belleza la casa en que ella había contraído matrimonio y también la amenaza había crecido. Pero incluso en el estado en que su cuerpo se encontraba ahora nada era un reto lo suficientemente grande cuando ellos tenían a Sano en sus manos. Ese niño era su prioridad, ese niño era la base de la vida de Sakura, él era la razón de que ella continuara en ese mundo. Por él había llegado tan lejos.
Conforme ella más se acercaba a las escaleras del lugar pudo notar que la puerta estaba siendo abierta y que los sirvientes de la casa comenzaban a salir. Ella comprendía que los sirvientes de esa casa tenían un solo objetivo y que no podían permitir que nadie interviniera en este, ella sabía que ellos tenían sus razones y que no dejarían que ningún tipo de amenaza entrara o los sobrepasara pero, más importante aún, ella comprendió que todos ellos eran sirvientes de la familia Uchiha y fue entonces que ella tuvo la ventaja sobre la línea defensiva que habían impuesto en esa casa. Todo se transformó de un montón de soldados defendiendo el fuerte a un ejército recibiendo a su reina conforme ella avanzaba entre ellos, con sus pupilas ahora en ese color rojo brillante. Reconocían el poder de su sangre.
—Mi señora —oh, aborrecía tanto que la llamaran así, pero el ver un rostro familiar hizo que ella se tranquilizara—, nos honra su presencia.
—¿Dónde está Sano? —cortó ella de inmediato.
—El señorito se encuentra en el estudio, donde todo está preparado para recibirla, mi señora. Nos llena de alegría que haya regresado a una casa de la familia Uchiha. Me gustaría ofrecerle una pequeña parada en su habitación, la hemos preparado, orden del señor Orochimaru.
—Ordenemos las prioridades, por favor: quiero ver a Sano.
—Comprendo —la mujer mayor bajó su cabeza ante ella y extendió su brazo, en señal de que continuara caminando—. La guiaré allí.
No cabía duda de que ese sitio era enorme, mucho más grande que lo que era la fortaleza en Alemania, pero ella no tenía tiempo para ponerse a curiosear y… un momento. Se detuvo mientras veía los retratos que habían sido trasladados de la otra mansión, los cuales había reconocido inmediatamente porque los había visto. Los retratos del matrimonio, del día de bodas de cada una de las mujeres Uchiha, encontrándose con su viva imagen entre ellos y sintiendo la sorpresa embargarle. Era de esperarse pues ella no se consideraba a sí misma la mujer de Uchiha, no del todo. No lograba entender por qué los sirvientes lo habían hecho a pesar de sus actos.
Pero se ahorró la pregunta una vez miró al ama de llaves y su enorme y orgullosa sonrisa al ver el rostro sorprendido y casi maravillado de Sakura que con trabajo recordaba su propio reflejo en el espejo de esa noche. Esa mujer la había vestido, peinado, maquillado y escoltado hasta el altar… era de entender que estuviese contenta de que la mujer de su joven amo estuviese de vuelta, inclusive si era en estas circunstancias. La adoración que había recibido la familia Uchiha en sus años de brillo era admirable, tanto que aún se mantenía en esta mujer.
Se detuvieron frente a una puerta doble que daba a un salón. El ama de llaves le explicó a Sakura que dentro de ese salón estaban las puertas que dirigían al estudio del señor Uchiha, del fallecido padre de Sasuke, donde Sano se encontraba. Y Sakura podía sentir el aroma del niño inclusive ahora, pero eso no era lo único que ella lograba sentir. Había alguien esperando por ella al otro lado de esa puerta y la mujer le hizo saber que no estaba equivocada. Sin embargo Sakura había venido sin armas y sin la disposición de pelear sino era con sus manos, por lo que una vez la puerta fue abierta por la mujer ella la atravesó con la frente muy en alto.
El salón estaba casi vacío y era iluminado por unas cuantas velas además de la luz de la luna atravesando las ventanas. No había que ser un genio para darse cuenta de cómo era que las cosas pasaban ahí. Sakura podía sentirlo en el aire, sabía que la persona que la estaba esperando la había estado sintiendo desde el principio y que había seguido sus pasos con especial interés hasta este punto. Orochimaru continuaba consiguiendo secuaces de un alto nivel por lo que se suponía ella misma que no sería algo simple de derribar. No esperaba a alguien con el nivel de Kimimaro, era fácil saber que no sería así, pero sí reconocía que no sería simple en su estado actual, porque ella seguía débil y sus fuerzas almacenadas no eran para esta persona.
—Estoy sorprendida —la voz de una mujer rompió el silencio—. Incluso cuando los sirvientes de la familia Uchiha están entrenados para dar su vida para que nadie entre tú lograste pasarlos y sus vidas siguen intactas. Es curioso que no pueda ver a través de tus habilidades, también, pero puedo comprender que eres un vampiro, como todos ellos.
—A mí me sorprende que una humana tenga habilidades tan sorprendentes como las que tú tienes —contestó la pelirrosa—. ¿Eres el fruto de algún amor impuro?
—Tsk… me molestan las cerebritos como tú.
—Oh, uno podría decir lo mismo de ti —los ojos verdes de ella analizaron a la pelirroja que estaba ahora en su presencia—. ¿Debo suponer que eres lo equivalente a Tayuya?
—A esa mujer la he superado ya hace doce años atrás.
—Oh, entonces es una suerte que haya sido yo quien la asesinó hace ese hace esos años, ¿no crees? —la mujer reaccionó ante sus palabras, con molestia.
—¿Qué es lo que pretendes al presentarte aquí, mujer vampiro? —los ojos de Karin analizaron de pies a cabeza a Sakura—. Espera… ¿por qué alguien proveniente de la oscuridad estaría vistiendo un traje correspondiente a las sacerdotisas del cielo?
—Entonces eres una hija del cielo, aunque es fácil ver que sacerdotisa no eres —la aludida frunció el entrecejo—. Bueno… quizá debería resumirlo en que, de hecho, fue lo primero que encontré en mi viejo vestidor. Si uno lo piensa seriamente no es la gran cosa, ¿verdad? Ya que yo solía ser una aprendiz…
—¡Pero qué deshonroso para el cielo! —la voz de la pelirroja no permitió que Sakura terminara de hablar, sobre todo porque esta se dispuso a no escucharla—. Te haré quitarte esas ropas inmediatamente, mujer de poco honor.
—¿Es la marioneta de Orochimaru quien me está llamando a mí una mujer de poco honor? Vaya, pero si el mundo está de cabeza…
—¡Basta de habladurías! —era obvio. Esa mujer tenía un carácter que definitivamente le estaba recordando de algún modo a su amigo, a Naruto—. Voy a castigarte por ser tan osada en mi presencia, mujer.
—Es suficiente, Karin.
Las puertas de las que el ama de llaves había hablado habían sido sutilmente abiertas, antes de que la voz masculina emergiera de ese lugar. Sakura tuvo que respirar profundo de tan solo escucharlo para contener las fuerzas de su cuerpo y no precipitarse a los hechos, porque ella ahora tenía una misión mucho más grande y más importante que pelear con cualquiera. Debía recuperar a Sano cuéstele lo que le cueste y ni siquiera ese hombre iba a ser un obstáculo para sus objetivos. Ella lo había decidido así.
—Puedo pelear con ella —la voz de la mujer volvió a surgir de sus labios—. Ella ha llegado hasta acá con una habilidad especial, estoy segura. No es posible que todas las auras de los sirvientes estén intactas ante su paso hasta acá. Voy a descubrirlo.
—Es increíble cuán lejos puedes dejar que tu mente viaje con tan solo pretender llegar a una conclusión, he de aplaudirte —Sakura mantuvo su silencio mientras él hacía su total entrada en escena, con esa ropa formal que parecía ser la última moda—. Pero me temo que estás equivocada, pensaste de más.
—¿Mi señor? —la pelirroja parecía confundida.
—De cualquier forma, Karin. Tú no puedes enfrentarte a esta mujer —los ojos expectantes de la mujer de lentes lo miraron con curiosidad—. Tú no eres rival para ella.
—¡Pero mi señor, estoy segura de que ella ni siquiera tiene tanto poder!
—Creí que eran tus habilidades innatas las que te hacían digna de interés, una persona tan especial, Karin —ella mostró su confusión—. ¿Por qué no intentas ver mejor a través de ella, Karin? Quizá así veas que ella no es una persona común y corriente. Hay algo diferente en ella.
—Algo… diferente.
—Solo inténtalo —los ojos de la pelirroja parecían no poder despegarse de ese hombre, pero al final Karin asintió y dirigió toda su atención a Sakura.
—No sé cómo llegaron a lograr esto, pero no me interesa —la voz de la pelirrosa finalmente volvió a tomar partido—. Devuelvan a Sano inmediatamente, dejen que él vuelva a la organización y no me importará lo que hagan conmigo —los ojos de Karin se separaron un poco al notarlo con algo de claridad.
—Ese es… ¿el cordón rojo del destino? —ella lo soltó al aire inconscientemente.
—No pierdas la concentración, Karin —Sakura había sido completamente pasada por alto por ambos—. Síguelo y quizá comprendas un poco más.
—Sí…
—He dicho —Sakura volvió a empezar a hablar—, ¡devuelvan a Sano inmediatamente a la organización y haré lo que deseen! —el pelinegro examinó a Sakura seriamente.
—Me sorprende tu especial interés por ese mocoso, Sakura.
—¡Devuelvan a Sano inmediatamente a la organización y haré lo que deseen! —ella no parecía dispuesta a dejar de repetir aquellas palabras—. ¡Devuelvan a Sano inmediatamente, háganlo ahora y me aseguraré que los dejen en paz, me iré con ustedes a donde quieran!
—¡Esto es…! —la voz desconcertada de Karin brotó de sus labios, mientras veía a ambos.
—El hilo del destino podrá enredarse… podrá estirarse si así es necesario —empezó él, mientras que Sakura apretaba con fuerza sus puños.
—¡Devuelvan a Sano!
—Pero nunca podrá romperse, ¿no es así, Sakura? —su voz era seria, era cruda, no tenía sentimientos y sus ojos la veían con una frialdad superior a cualquiera—. Ni siquiera Hades podría cambiar ese hecho.
—¡Devuelve a Sano!
—Incluso después de la muerte —Karin no encontraba una forma de mostrar su impresión, no podía pronunciar palabra, mientras que ellos parecían tener una batalla para ver quién podía ignorar mejor las palabras del otro—, serás mía y yo seré tuyo, Sakura. Jamás cambiará —pero las palabras de él hicieron una interrupción en cualquier palabra, en cualquier pensamiento que cualquiera de las dos pudiera llegar a elaborar.
—Solo devuélvelo —la voz de Sakura fue una dulce súplica.
—Sabía que volverías a casa. Sabía que volverías a mí y a mis brazos —los ojos rojos y aturdidos de Karin se posaron en el pelinegro—. Mí querida esposa: Sakura.
—¡Devuélvelo, Sasuke!
