Gracias Sylatta! La verdad que lo de las magdalenas no es plan, no XD

Gracias por leerme y por la rewiev. Espero que te siga gustando esta ida de olla total jejeje

CAPÍTULO 4

Tocó suavemente a la puerta del despacho. Él ya estaba allí. Kate estaba profundamente cansada. Había sido un día completamente de locos. Y aún quedaba afrontar las consecuencias de haber roto todos los procedimientos.

Eran casi las dos de la madrugada y sólo quería dormir.

- Pasa, Austen- dijo Ben con seriedad

Obedeció y se sentó junto a James que ni siquiera levantó la vista para mirarla.

- Por lo visto sois los dos iguales- dijo mientras caminaba por la sala- Ambos despreciáis el protocolo. Actuáis por vuestra cuenta. Sin preguntar, saltándoos las normas y los procedimientos establecidos

- Corta el rollo, Ben- dijo James molesto- Cuánto esta vez? Dos semanas? Tres?

- James si te suspendo de empleo y sueldo otra vez tendré que despedirte- dijo con resignación

- Hazlo- contestó él con indiferencia

- Sabes perfectamente que no me faltan ganas, pero no puedo hacerlo- dijo Ben enfadado

- Y no puedes hacerlo porque el gobernador y el alcalde se te tirarían encima como hienas. Por no hablar de la prensa. Dos detectives que han rescatado a una niñita arriesgando sus vidas. Y los sancionan- dijo sonriendo- Vamos, Ben, déjalo ya. Es tarde.

Kate sonreía para sus adentros. El maldito arrogante estaba en lo cierto. Estaba salvando su culo y de paso el de ella misma. Ni siquiera tenía que abrir la boca para defenderse. Él solito se ocupaba de ello.

- Escucha, Sawyer. Tú tienes una reputación aquí. Pero ella no. Así que procura que no se meta en líos de este tipo porque no me costaría nada echarla a la calle- dijo Ben amenazante

- Hazlo- dijo él con indiferencia- Me harías un favor. Es insoportable

- Oye, gilipollas!- dijo ella levantándose furiosa- No has hecho más que joderme desde que he llegado aquí! Tratándome como si fuera una estúpida! Y he sido yo la que ha sacado a esa niña de allí! No tienes ni idea de lo que me ha costado conseguir este puesto, ni idea! Y no voy a consentir que un imbécil arrogante y prepotente como tú eche a perder lo que siempre he querido!

Ben la miraba divertido. La chica tenía un genio del demonio, pero si supiera que estaba en una habitación con dos perversos vampiros no tendría la lengua tan suelta.

- Creo recordar que fuiste tú solita a ese colegio, pecas. Así que a mi no me metas en tus movidas- dijo James sonriendo

- No me llames pecas!- gritó ella amenazante

- Bueno, ya basta- terció Ben- Es tarde. Olvidemos todo esto pero que no vuelva a repetirse.

- Si hubieras dicho eso desde el principio nos hubiéramos evitado el numerito de la pecosa enfurecida- dijo James levantándose de la silla

- Imbecil!- gruñó ella

- Largo de aquí- gritó Ben

Bajaba a toda velocidad las escaleras del edificio. Y James tras ella divertido por verla en ese estado. Hecha una furia.

- Vamos, te llevo a casa- dijo sonriendo

- No pienso…

- Desde luego que no piensas!- dijo él impacientándose- Es que no te das cuenta de que acabo de salvar tu culo?

- Salvar mi culo? El tuyo dirás! Si le has dicho al comisario que me despida!- dijo ella enfadada

- No conoces a Linus. No tienes ni idea de cómo es- dijo él con firmeza- Créeme, te conviene que piense que te odio

- Acaso no es así?- dijo Kate mirándole fijamente a los ojos

- Pues no- dijo algo incómodo- Eres un grano en el culo pero no te odio.

- Se supone que debo sentirme halagada?- dijo ella cruzándose de brazos

- Venga, sube y vámonos- dijo él sonriéndole- Te invito a unas cervezas. Creo que nos las hemos ganado hoy

- No voy a ir a ninguna parte contigo. No al menos hasta que me expliques lo que ha pasado antes- dijo ella con seriedad

- Qué es lo que quieres que te explique? Ya te he dicho que la bala no me dio- dijo él crispando el gesto de nuevo

- Me manché de sangre y tu camiseta está rota!- dijo Kate impaciente

- Vale, y? Qué es lo que quieres que te diga? Tú misma has visto que no tengo nada en absoluto

- Por eso no entiendo nada- dijo Kate nerviosa

- Y qué coño quieres? Te sentirías mejor si te dijera que soy un alienígena infiltrado en la sociedad al que no le afectan los disparos?- gritó furioso

- Sawyer, por favor, esto es en serio- dijo Kate enfadada

- Mira, si tanto te interesa saber qué ha pasado búscale tú misma una explicación. A mi me basta con estar de una pieza. No me importa cómo- dijo él frunciendo el ceño

- Y cómo es que sabías que el secuestrador estaba ahí dentro?- insistió ella

- Supongo que tengo buen oído- gruñó él

- Buen oído? – dijo ella sorprendida- Era prácticamente imposible que pudieras…

- A dónde quieres llegar? Dilo de una puta vez!- dijo James perdiendo el control

- Tengo que trabajar contigo! Necesito confiar en ti!- gritó ella

James arrancó la moto furioso y antes de marcharse, con un gesto de profunda tristeza le dijo:

- No lo hagas. No debes hacerlo

Y se fue de allí a toda velocidad.

Apenas pudo dormir en toda la noche y el rato que lo hizo tuvo esas horribles pesadillas de nuevo. Las tuvo de niña durante muchos años, pero hacía tiempo que no las sufría.

Oscuridad, miedo, mucho miedo y gritos. Luego fuego. Un calor inmenso que abrasaba su piel. Unos brazos fuertes que la abrazaban. Una voz "Podrás perdonarme, pequeña?" Y luego Teddy, su osito, ardiendo en su cuarto mientras ella notaba el fresco de la noche en sus mejillas al salir de ese infierno.

Se despertó envuelta en sudor. Las lágrimas salían por sus ojos sin control. Se cubrió el rostro y se permitió un momento de debilidad. Dejando que sus sentimientos aflorasen.

Volver a Los Ángeles la estaba afectando. Y aquellos datos que leyó del asesinato de sus padres. Se había prometido averiguar lo que pasó, pero lo cierto es que había albergado la esperanza de que hubiera alguna pista, algún testigo. Pero no había nada de eso en aquel informe. Sólo la declaración de la señora Thompson. Intentaría localizarla y hablar con ella. Quizás aún vivía en la zona.

Se levantó de la cama y se hizo un café. Era temprano. Las seis de la mañana, y aún tenía un par de horas por delante hasta que tuviera que marcharse al trabajo. En metro, por supuesto- pensó resignada

Esa era otra cosa que haría hoy mismo. Comprarse un coche. Aunque fuera un trasto de segunda mano. Pero no pensaba subirse a esa moto nunca más. Ese hombre tenía algo… Algo que la atraía de un modo irracional, un magnetismo intenso que hacía que se olvidase de todo cuando estaba en su presencia. Pero también podía adivinar que le traería problemas. No era un tipo normal. Sus reacciones, sus miradas de odio profundo en ocasiones y tiernas y compasivas en otras, le inquietaban. Sin duda era alguien que tenía una pesada carga detrás. Un tipo solitario y que había sufrido. Pero que había aprendido a transformar todo ese dolor en rencor.

Y luego estaba aquel asunto del gimnasio. Lo que había sucedido era algo que no podía entender y que la intrigaba mucho. Pero a estas alturas ya era lo de menos.

Lo que estaba claro es que debía alejarse de él. Dedicarse a su trabajo y en un mes tendría otro compañero. Alguien más normal. Pero si seguía obsesionándose con él, y sobretodo, dejándolo entrar en su cama, terminaría mal. Muy mal.

Esa noche fue especial. Una locura. Pero debía quedarse en eso. En un recuerdo.

James se despertó sobresaltado. Podía oírla sollozar desde su casa. Salió a la terraza intentando averiguar algo. Por qué estaría llorando?

Miró la hora. Las seis de la mañana. Era demasiado temprano como para aparecerse en su casa con alguna excusa, pero quedarse allí sin saber si le ocurría algo le ponía los nervios de punta.

Qué demonios le importaba si lloraba? Por qué le afectaba tanto esta mujer?

Conocía exactamente la respuesta, pero debía olvidar todo eso. Alejarse de ella cuanto fuera posible. No inmiscuirse, no dejarse enredar. O tendría problemas. Ambos los tendrían.

Estaba claro que era una chica muy lista. Y bajo ningún concepto podía descubrir quién era, lo que era. Eso la pondría en grave peligro. No estaba permitido. Era una de las normas. Inmiscuirse con humanos era una falta grave que pagaban muy caro. Con la muerte o la transformación. No conocía ningún caso de alguna persona que conociese la existencia de un vampiro y hubiera salido indemne del asunto.

Y sabía que Linus le vigilaba de cerca. Tenía que ser especialmente precavido. El asunto del disparo había sido demasiado.

Los sollozos habían cesado y James respiró aliviado. Si no se la podía quitar de la cabeza, si vivía dos pisos más abajo, si trabajaba con él…. Cómo demonios iba a esquivarla? Cómo iba a hacerlo si le atraía de una manera tan brutal? Si deseaba besarla cada vez que la sentía cerca?

Todo aquello se estaba convirtiendo en una auténtica pesadilla. Como si el maldito destino quisiera cobrarse venganza.

Lo mejor sería largarse de allí. A otro lugar, a Europa, quizás. Pero sabía que no podía hacerlo. No podía marcharse sin más. No sabía por qué pero era incapaz de hacerlo.

Se tomó una buena dosis de A positivo. Algo le decía que ese día la necesitaría más que nunca. Se tumbó en la cama y esperó a que fuera la hora de irse al trabajo. Saldría pronto, no quería encontrársela. Era lo mejor.