hola a tds esos fanaticos de alice y jazz jeje aki les dejo el nuevo capitulo de sta bella historia jeje estoy muy contenta xq la historia esta avanzando de maravilla y veo ke a ustedes les gzta jeje pero espero mas reviews
Capitulo 4
- Cuando Jasper me prometió una visita guiada, no pensé que la guía fueras tú.
Su Alteza Serenísima la princesa Bella de Cordina se echó a reír mientras abría la puerta del escenario.
- El Círculo es un asunto de familia desde su fundación. En realidad, creo que a Jasper le habría gustado enseñártelo él mismo, si no hubiera estado tan ocupado.
Alice dejó pasar aquel comentario, pensando que Jasper preferiría una montaña de papeles y largar horas de aburridas reuniones a pasar una hora con ella.
- Odio repetirme, Bella, pero estás guapísima.
- Repítete -le dijo Bella-. Cuando una ha tenido cuatro hijos, necesita todo el apoyo moral que pueda conseguir -Bella levaba el pelo caoba recogido hacia arriba en un sencillo moño y vestía un traje sastre perfectamente cortado. Era una princesa de los pies a la cabeza. Sin embargo, a Alice le parecía demasiado joven y frágil como para haber dado a luz a cuatro hijos-. Y tú -continuó Bella, deteniéndose un momento para observar a la hermana de su mejor amiga-. Recuerdo la primera vez que te vi. Pensé qué niña tan guapa. Ahora eres una mujer impresionante. Chris casi ha dejado de preocuparse por ti.
- Antes eso me molestaba -Alice sonrió, recordando la guerra que había mantenido con su hermana durante su larga y rebelde adolescencia-. Ahora soy más mayor y de pronto pienso que ojalá nunca deje de preocuparse del todo por mí. Es tan reconfortante. ¿No es extraño que la familia signifique cada vez más a medida que te hacer mayor?
- Yo no sé qué haría sin la mía. Durante esos meses en los que no podía recordarlos, no podía recordar nada... -Bella se interrumpió y sacudió la cabeza-. Aquello me enseñó a no dar nada por sentado. Bueno -dejó escapar un profundo suspiro y miró a su alrededor-. ¿Qué quieres ver primero?
- Vamos detrás del escenario. Quiero ver los camerinos, las bambalinas... Le echaré un vistazo al tablero de luces. Si las cosas no funcionan ahí detrás, no importa lo bueno que seas en el escenario.
- Sabes lo que haces, ¿no?
- Esperemos que sí.
Pasaron más de una hora tras el escenario. Alice subió escaleras, inspeccionó los almacenes y examinó el equipo técnico, el cual, como esperaba, era de la mejor calidad. El Círculo de Bellas Artes era un asunto de familia, fundado en honor de la madre de Bella. Los Cullen habían encauzado el amor que sentían hacia la difunta princesa Esme convirtiendo aquel teatro en uno de los mejores del mundo.
Alice sintió que su emoción crecía. Actuar allí culminaría todo lo que su compañía y ella habían hecho hasta ese momento. Su imaginación ya había empezado a anticiparse. Produciría cuatro obras clásicas del repertorio americano para un público internacional. El publicista de la compañía haría su agosto con la promoción. Tennessee Williams, Neil Simon, Arthur Miller. Tenía tantos talentos entre los que elegir... Y llevaría a sus propios técnicos para que manejaran las luces, las cuerdas, el guardarropa.
- Veo que los engranajes empiezan a funcionar -murmuró Bella.
- Nunca he sido sutil -Alice se alejó, se colocó en el centro del escenario y se dejó llevar por sus emociones.
Eran increíbles las sensaciones, las vibraciones que había suspendidas en el aire de cualquier teatro vacío. Aquel había sido diseñado para el actor. Alice casi podía sentir el olor del maquillaje y el sudor. Las filas de butacas se escalonaban hacia delante, separadas por tres grandes pasillos enmoquetados de azul profundo. Había enormes lámparas y el techo estaba pintado al fresco. Los palcos sobresalían de las paredes a ambos lados y detrás se extendía el anfiteatro. Incluso desde aquella distancia Alice podía ver que las barandillas estaban talladas a mano y relucían. Y, lo que era aún más importante, desde cada butaca se veía el escenario sin ningún obstáculo.
- Esta noche acaba aquí, miserablemente. Sea lo que fuere lo que hemos hecho, lo que fuere lo que intentamos hacer, ya no importa. Cuando mañana amanezca, todo empezará otra vez, y nosotros... nosotros nunca habremos existido -su voz se extendió, llegando hasta los últimos rincones, subiendo hasta la última fila del anfiteatro, y luego retornó a ella en un eco. Satisfecha, Alice sonrió-. Maravilloso -se volvió hacia Bella-. El arquitecto se merece una medalla, sea quien sea.
- Se lo sugeriré a mi padre. Alice, ¿de quién era eso? No lo he reconocido.
- Oh, no podrías. Es de un dramaturgo desconocido -dijo apresuradamente, no queriendo confesarle que aquel dramaturgo desconocido no era otro que ella misma-. Bella, el teatro es una maravilla. En otra ocasión me encantaría hacer algo en ese escenario más pequeño del piso de abajo. Algo íntimo. Pero este es perfecto para nuestros propósitos.
- Qué bien, esperaba que dijeras eso -los tacones de Bella tamborilearon cuando cruzó el escenario para acercarse a Alice-. Desde que Jasper y yo empezamos a hablar del proyecto, esperaba este momento. Alice, vamos a hacer algo importante para tu compañía, para nuestros países, y también para los niños.
- Yo solo voy a poner en escena algunas obras -dijo Alice apretándole las manos-. Las grandes causas os las dejo a Jasper y a ti. Pero si podemos arreglar todos los detalles, los contratos y los requisitos legales, veréis cuatro producciones magníficas.
- Cuento con ello.
Alice miró una última vez el escenario. Ella nunca actuaría allí, pero su compañía sí. Un día, tal vez, una de sus obras se pondría en escena en aquel teatro. Casi se rió de sí misma al pensarlo.
- Bueno, entonces será mejor que vuelva a casa y empiece a trabajar.
- Oh, no, no te dejaremos marchar tan pronto. Ya he organizado una cena familiar en la granja. Será mañana por la noche. Y ahora... -tomó a Alice del brazo- quiero que vuelvas a palacio y que te tomes el resto del día libre. Cuando te pongamos a trabajar, no te daremos otra oportunidad.
- ¿Es una orden regia?
- Absolutamente.
- Entones, tendré que conformarme.
Pero no le resultó tan difícil hacerlo. Alice descubrió que perezosear junto a la piscina mientras una balsámica brisa mediterránea agitaba las copas de las palmeras sobre su cabeza no resultaba precisamente un trabajo duro. Durante su primera juventud había haraganeado mucho. En realidad, había vegetado mucho. Aún la asombraba haberse sentido feliz sin hacer nada durante tan largo periodos de tiempo. No es que hubiera algo malo en no hacer nada, se dijo mientras echaba un poco más hacia atrás el respaldo de la tumbona. Pero era una lástima hacer carrera de ello.
Y ella casi lo había hecho. La riqueza, los privilegios, hacían muy fácil sentarse y dejar que otros hicieran las cosas. Habría continuado por ese mismo camino, de no descubrir el teatro. Este le había dado la oportunidad de empezar desde abajo, de esforzarse por conseguir una meta. Era algo que papá, bendito fuera, no podía facilitarle. O tenía talento para la interpretación, o no lo tenía. Y había descubierto que lo tenía. Pero no era en el centro del escenario donde había encontrado su sitio.
El teatro le había descubierto nuevos mundos. Mundos que también eran interiores. Ella era competente; era inteligente; y tenía un talento para la planificación que nunca había utilizado durante sus años de estudios. Idear su propia compañía, levantarla, había afilado todas aquellas capacidades. Y también le había enseñado a aceptar los riesgos, a trabajar con ahínco y, sobre todo, a ser responsable. El trabajo y el sustento de muchas personas dependían de ella. La responsabilidad había convertido a una niña mimada en una mujer entregada a su trabajo.
Ahora le estaban dando la oportunidad de obtener recompensas con las que ni siquiera había soñado. El reconocimiento internacional para su compañía. Lo único que tenía que hacer era elegir el material adecuado, producir cuatro obras, seleccionar cuatro vestuarios, cuatro decorados, cuatro escenografías. Mientras tanto, tendría que vérselas con abogados, directores, transportistas y con setenta y tantos actores y técnicos. Y también con un príncipe.
Alice se subió las gafas de sol sobre la nariz y suspiró. ¿Qué era la vida sin unos cuantos retos?
hola jeje ke les parecio...
espero sus reviews
bye ;)
