Magnetismo Animal
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
Advertencias: AU, Lenguaje vulgar, POV.
Capítulo IV
Sasuke
Pasó por la entrada de la universidad y se perdió entre los demás estudiantes. Con cada segundo que pasa, percibo más cuanto la necesito.
Guardé la cámara fotográfica y puse el motor de mi auto en marcha, durante el camino a casa, vinieron a mi mente imágenes de ella agitando su cabello y del vaivén de sus caderas al caminar. Me estremecí con ese simple pensamiento.
Al llegar a mi departamento, puse la cámara sobre la mesa -junto a mi portátil- le coloqué el cable y descargué mis nuevas adquisiciones. Seleccioné las fotos y las arrastré hacia mi carpeta favorita, Sakura. Ya es momento de averiguar algunas cosas más sobre ella, no puedo conformarme con lo mínimo.
Con poco esfuerzo, tras aproximadamente una hora de tiempo invertido y algunos truquillos de ordenador, logré infiltrarme en la base de datos de la universidad en donde ella estudiaba. «¿Cuándo aprenderán las universidades a hacer sus sistemas un poco más seguros?» Me pregunté.
—Cualquier idiota con la capacidad de abrir un navegador de internet, podría tener acceso a ellos —ironicé en voz alta negando con la cabeza.
Luego de un poco de búsqueda di con lo que necesitaba, ya tenía algunos datos curiosos como su fecha de nacimiento, nombre completo, calificaciones, horarios de clases.
—Hoy es viernes, saldrá temprano —pensé en voz alta acariciando mi mentón
Aún tenía tiempo de hacer algunas cosas. Contaba los segundos para volver a verla, una sonrisa torcida se formó en mis labios.
Tengo algo de tiempo libre ¿Qué haría? Podría ir en busca de alguna conocida para un poco de sexo casual, podría ir tomar unos tragos, tantas cosas qoe podrían hacerse. Opté por la segunda opción, nunca es demasiado temprano para ir a beber algo.
Me dirigí a un bar que no solía frecuentar pero sabía que, por muy temprano o tarde que fuese, siempre estaba abierto al público. De seguro para recibir a esos alcohólicos, que posiblemente pasaron la noche fuera de sus hogares bebiendo como bestias y deseaban seguir haciéndolo, lo cual es siempre un negocio rentable.
Al llegar, no me sorprendí al ver lo obvio, la estancia atestada de ebrios rezagados. No era un lugar demasiado pomposo, mejor dicho, para nada agradable. Poca iluminación, viejas mesas de madera agrietadas, diversas publicidades de neón de conocidas marcas de cervezas adornaban las paredes del insípido local.
Tenía la capacidad de adaptarme fácilmente a casi cualquier ambiente, podía considerarme a mí mismo una especie de camaleón humano. Solo era cuestión de echarles una rápida ojeada a las personas e imitar la manera en la que se comportaban, todo esto con el fin de no llamar la atención.
Me senté en un taburete de madera frente a la barra, sin reparar en los alcohólicos que me rodeaban.
—Whisky —exigí con la mirada puesta en el mesón.
El barman obedeció a mi pedido con eficiencia. Tomé el vaso entre mis dedos, miré el líquido ambarino y lo bebí de un par de tragos.
—Otro —ordené señalando el vaso.
—¿Dónde está el dinero? —preguntó.
—¿Crees que no tengo dinero suficiente para pagarte por unos maldito tragos? —pregunté levantándome con falsa altanería. Los demás clientes comenzaron a alejarse con disimulo y precaución. No estaban tan ebrios como para no advertir que no era bueno mantener cercanía con un individuo amotinado en un bar.
—Políticas del negocio. ¿Dinero? —dijo extendiendo su mano, se veía calmado. Ha de estar acostumbrado a este tipo de cosas.
Golpeé la barra con una mano y noté como sus músculos se tensaban, sonreí al notar que logré intimidar a un sujeto que era dos veces mi talla. Al levantar la mano, dejé ver un billete arrugado. El hombre soltó el aire que había estado reteniendo y relajó los músculos de su espalda. Esbozó una leve sonrisa al tomar el dinero y me sirvió otro trago.
Me levanté para marcharme, pero un ebrio azorado me impidió el paso.
—Ey, niña de los billetes —me llamó—. Tú pagarás por mi bebida —declaró, señalándome.
Llevé mi puño, son fuerza a su abdomen. Sonreí al ver como caía al suelo de rodillas y vaciaba su estómago sobre el piso de vieja madera del local.
Salí del lugar, pasando cuidadosamente junto a su desastre, soltando una carcajada y con una gran sonrisa en el rostro. Me causaba bastante gracia armar un pequeño jaleo –suficiente para atraer miradas, pero no para meterme en líos- en lugares públicos. Es interesante ver la reacción de los sujetos que me rodean cuando lo hago. El palpitar de mis nudillos me causaba gran placer.
Caminé en dirección a la universidad, miré mi reloj y noté que aún me quedaba un poco de tiempo, así que podría ir andando, calmadamente.
La impaciencia me carcomía las entrañas y algunas preguntas se adueñaron de mis pensamientos ¿Por qué no salía? ¿Estaría errado el horario? ¿Ha hecho modificaciones recientes que no han sido registradas? ¿Habrá tenido que quedarse para hacer algún trabajo?
Al verla pasar, a escasos metros de mí, mi mente dejó de importunarme con preguntas necias y me dediqué a seguirla. Sentí el deseo de acercarme un poco más y poder deleitarme con el olor de su perfume, de ver más de cerca como su cabello ondeaba con el viento. Aunque posiblemente se asustaría y correría, tuve que contenerme. Una vez la había escoltado exitosamente hasta su departamento, a una distancia moderada, me dirigí al mío.
Tomé mi móvil y, como de costumbre, marqué su número. Ha repicado varias veces y se ha caído la llamada, tengo la ligera impresión de que ha colgado. Comencé a enfurecerme ¿Me negaría la dicha de oír su voz? No puede hacer eso, se supone que si yo quiero oírla, la llamo y ella contesta. No es nadie para negarse a contestar.
Antes de destruir el móvil entre mis dedos, debido a la ira, lo sentí vibrar, miré el número en la pantalla y sonreí engreído al contestar.
—¿Quién coño eres y por qué mierda me llamas siempre si no vas a decir nada? —gritó—. ¿Me vas a hacer el jodido favor de hablar? ¿O como de costumbre estarás en silencio? —Preguntó. Parecía molesta, cosa que era encantadora—. ¡Maldita sea!
—Hola Sakura —saludé con mi característico timbre en la voz.
Se quedó callada y me divirtió la idea de pensar que ahora se habían invertido nuestros papeles. Ella llama y luego decide quedarse muda.
—Que agradable gesto de tu parte el devolver mi llamada —fin de la llamada. ¿Me ha colgado? No, prefiero imaginar que se le ha acabado la batería del móvil. Sonreí.
Estaba satisfecho al haber podido oír su voz. Debo controlar mejor mi temperamento y dejar de enfurecerme tan rápidamente, creo que por un segundo olvidé que nunca he dejado de obtener alguno de mis caprichos. Y de nuevo he quedado jodidamente caliente, ha sido tan excitante escucharla gritar de esa manera, casi me recuerda a el momento en el que estuvimos juntos. Claro con unas pequeñas diferencias, como el hecho de que en aquel momento no estaba insultándome y tampoco estaba molesta –todo lo contrario, diría yo- pero de resto todo muy similar en lo que respecta a su energía. Cerré los ojos e inhalé bastante aire, casi podía sentir su aroma.
Ansiaba volver a estar junto a ella, sentir el calor de su piel, pero quería esperar un poco más, de esa manera todo se volvería aún más… ¿emocionante?
Ahora debo buscar la manera de deshacerme de mi combustión, nunca he podido dormir si mi entrepierna tiene una temperatura mucho más elevada a la del resto de mi cuerpo, y mañana debo estar descansado para ir a verle nuevamente. Esto no solía pasarme seguido, los únicos momentos en los que ardía eran cuando estaba sobre una mujer desnuda.
Tomé mi celular y realicé otra llamada. Al primer repique ha cogido el móvil.
—¡Amor mío! —chilló la mujer.
—Te espero en mi departamento —rodé los ojos.
—Entendido, Sasukito.
—No vayas a tardar —demandé con algo de impaciencia.
—Voy saliendo para allá, amorcito.
Colgué. Como me irritaban los sufijos luego de mi nombre o que me llamaran con apodos cursis, clichés y afectuosos. Le he dicho que pare con eso de más de mil maneras distintas, simplemente no parece entender el lenguaje humano y he terminado por acostumbrarme. Supongo que me ha cogido afecto, aunque no sea algo mutuo, no la culpo, soy simplemente perfecto. He aguantado toda su exasperante forma de ser por amor al buen sexo, ha sido mi compañera sexual estable, por llamarlo de alguna manera, durante más tiempo del que puedo recordar, aunque no me gusta alabar a las personas debo admitir que es una diosa en la cama. Tiene sus defectos pero en ella hay cosas que me agradaban en una mujer, un cuerpo perfectamente proporcionado, nunca hace demasiadas preguntas y siempre está disponible para mí, tres requisitos fundamentales.
Tras pocos minutos oí sonar el timbre, al abrir la puerta, entró y me depositó un beso en los labios, al cual por supuesto no correspondí.
—Hola, lindo.
Estaba vestida sin dejar mucho a la imaginación. Llevaba una camisa de tirantes bastante escotada de color violeta y una mini falda negra.
—Karin —musité—, no me llames lindo —la miré con desaprobación.
La tomé por la muñeca para guiarla hacia mi habitación, ella gustosa me siguió moviendo sus caderas, de manera exagerada, al caminar. Con algo de brusquedad la empujé sobre la cama y me senté de espaldas a ella.
Oí como sus zapatos de tacón ridículamente alto caían al suelo. Se movió a gatas en la cama, me abrazó por la espalda y procedió a desabotonar mi camisa con lentitud, al deshacerse de ella se separo un momento de mí. Al abrazarme nuevamente sentí sus pechos desnudos contra mi espalda, comenzó a darme un masaje que alternaba para besar y lamer mi cuello. Otra cosa que me agradaba de ella, era el hecho de que siempre sabía que hacer, nunca he tenido que pedirle algo, lo que me ahorra bastante tiempo, supongo que ha pasado por muchas camas antes de llegar a la mía.
Me extrañó el hecho de que esta vez no tuviese ningún efecto sobre mí, más bien creo que directamente me ha enfriado. ¡Maldición! ¿Por qué no pasa nada? Esta mierda es de lo más desagradable que me ha pasado. Cerré mis ojos e imaginé que quien hacía todo eso era Sakura, enseguida comencé a reaccionar como de costumbre, ya había empezado a preocuparme.
Karín comenzó a susurrarme cosas sucias, en un tono bastante sugestivo, al oído y me ha bajado toda la calentura de nuevo ¡Mierda!
—Cállate —murmuré
—¿Qué dices? —preguntó
—Que cierres el pico, no digas nada, simplemente no hables ¿Si? —traté de sonar amable, pero ese nunca había sido mi fuerte, mucho menos ahora que su molesta voz me sacaba de mi fantaseo.
Asintió y siguió con su tarea en silencio hasta que los dos estuvimos completamente desnudos. De un segundo a otro ya estaba dentro de ella, pero esta sensación no me agradaba, no era ni malditamente parecida.
—Sasuke, mírame mientras lo hacemos —pidió.
Yo solo podía mantener los ojos cerrados y preguntarme por qué mierda no se sentía igual que de costumbre. Esa inquietud me obligó a salir de ella y enfurecido me levanté.
—Pero Sasukito, si aún no hemos terminado, ven vuelve a la cama —se levantó y cogió mis bóxers para evitar que me vistiera.
—Karin, no estoy para juegos ¿Podrías darme mi ropa? —la fulminé con mi mirada.
—¿Qué sucede? —preguntó
—Se me han ido las ganas, ahora dame de una vez mi puta ropa y largarte —traté de parecer calmado.
—Vamos, volvamos a lo nuestro —insistió halándome por el brazo hacia la cama.
—¡Maldita sea! —la tomé por el cabello y la acerque a mi rostro para poder mirarla directo a los ojos —¡Dije que no! —rugí arrojándola contra la cama luego de zarandearla bastante fuerte.
—Lo siento, Sasuke —se disculpó con lágrimas en los ojos –Yo solo quería…
—Iré tomar un baño, la puerta está abierta —interrumpí—. Y por el bien de tu integridad física, espero no verte cuando salga —advertí, clavando mi mirada en ella.
Aún dentro del baño podía escuchar sus molestos sollozos, abrí la ducha para dejar de oírla. Al deslizarme bajo la regadera, el agua fría me golpeó el cuerpo. ¿Qué mierda está pasando conmigo? Estoy tan molesto, estas cosas no le pasan a Sasuke Uchiha. Mi noche de sexo se fue al carajo y no puedo concebir el hecho de estar perdiendo facultades.
Agradecí que al salir no había ni rastro de Karin. Me acosté sobre mi cama y estuve horas sin poder siquiera cerrar los ojos, al parecer la rabia que me embargaba estaba provocándome uno de mis viejos ataques de insomnio Permanecí despierto toda la noche, mientras la cabeza me daba vueltas. «¿Qué debo hacer contigo? ¿Qué debo hacer conmigo?» Me pregunté.
Observé los pliegues que se formaban en la sábana de mi cama. Aún puedo imaginarla ahí, recostada junto a mí. Aún puedo sentirla, con sus piernas tersas enredadas entre las mías y su melena rosa haciéndome cosquillas en la nariz. Aún puedo escucharla gemir de placer. Aún puedo oler el perfume de su piel y su cabello. Aún puedo verla mientras una delgada manta negra cubre escasamente su desnudez.
Cerré los ojos y logré conciliar un poco el sueño, mientras un tenue rayo de luz solar se colaba a través de la ventana.
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~La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad~
Saludos, editado el cuarto capítulo.
El estar editando también se debe a que estoy un poco oxidada en esto de escribir, me parece que releyendo y modificando algunas cosas, puedo entrar en calor y no será muy notorio el cambio (cosa que ocurrió debido al paso del tiempo) en mi forma de escribir Gracias por pasar, leer y/o comentar.
¿Merezco un review?
V
