*** La historia no es más que una adaptación al final, el nombre del autor y el nombre original de la historia ****
**** Los personajes son propiedad de Stephanie Meyer ****


Capitulo 4

Edward

Día 4

Cuando salió el sol, apenas podía levantar la cabeza de la arena. Dos cojines de los asientos del avión habían flotado durante la noche y algo azul junto a ellos llamó mi atención. Rodeé hacia Bella y la sacudí para despertarla. Me miró con los ojos hundidos, sus labios resecos y sangrando.

—¿Qué es eso? —Señalé la cosa azul, pero el esfuerzo requerido para mantener mi mano alzada era demasiado, y dejé caer mi brazo de vuelta a la arena.

—¿Dónde?

—Allá. Por los cojines de los asientos.

—No lo sé —dijo.

Levanté mi cabeza y protegí mis ojos del sol. Lucía familiar y de repente me di cuenta de lo que era. —Esa es mi mochila. Bella esa es mi mochila.

Me puse de pie con las piernas temblorosas, caminé hacia la orilla y la agarré. Cuando regresé, me arrodillé junto a Bella, abrí mi mochila y saque la botella de agua que ella me había dado en el Aeropuerto de Malé.

Se sentó. —Oh Dios mio.

Torcí la tapa para abrirla y nos pasamos la botella de ida y vuelta, siendo cuidadosos de no beber muy rápido. Contenía casi un litro, y lo bebimos todo, pero apenas tomó el borde de mi sed.

Bella alzó la botella vacía. —Si usamos una hoja como embudo podemos colectar el agua de la lluvia en esto.

Temblorosos y débiles, caminamos al árbol del pan y arrancamos una gran hoja de una de las ramas más bajas. Bella la rasgó hasta que fue del tamaño adecuado y la metió en la boca de la botella vacía, haciendo la abertura tan ancha como era posible. Había cuatro panas en el suelo, y las llevamos de vuelta a la orilla y las comimos todas. Saqué todo de mi mochila. La gorra de beisbol de Los Cachorros de Chicago estaba empapada, pero me la puse de todas formas. Había también una sudadera gris con capucha, dos camisetas, dos pares de pantalones deportivos, vaqueros, ropa interior y calcetines, un cepillo de dientes y pasta dental, y mi reproductor de CD. Agarré el cepillo y la pasta. El interior de mi boca sabía a algo que ni siquiera podía comenzar a describir. Removí la tapa de la pasta, derramé un poco sobre mi cepillo, y se lo tendí a Bella. —Puedes compartir mi cepillo si no te importa.

Ella sonrió. —No me importa, Edward Pero ve tú primero. Es tuyo.

Cepillé mis dientes y luego enjuagué el cepillo en el océano y se lo entregué a ella. Derramó más pasta en él, y cepilló sus dientes. Cuando hubo terminado, lo enjuagó y me lo devolvió. —Gracias.

Esperamos a que lloviera y cuando lo hizo en horas de la tarde, vimos la botella llenarse de agua. Se la tendí a Bella y bebió la mitad y me la devolvió. Después de que terminamos pusimos la hoja de regreso y la lluvia la llenó de nuevo. Bella y yo bebimos eso también. Necesitábamos más, mucho más probablemente, pero comencé a pensar que quizás no moriríamos después de todo.

Teníamos una forma de recolectar agua, teníamos las panas, y sabíamos que podíamos hacer fuego. Ahora necesitábamos un refugio, porque sin uno, nuestro fuego nunca se quedaría encendido.

Bella quería construir el refugio en la playa porque las ratas la enloquecían.

Rompimos dos ramas con forma de y las llevamos a la arena, poniendo el palo más largo que encontramos entre ellas. Hicimos una mierda de cobertizo al apoyar más ramas a cada lado.

Las panas dejaron alineado el suelo excepto por un pequeño círculo donde construíamos nuestro fuego. Bella recogió piedras para ponerlas en forma de anillo alrededor. Estaría lleno de humo adentro, pero eso quizás mantendría alejado a los mosquitos.

Decidimos esperar hasta la mañana para hacer otro fuego. Ahora que teníamos refugio, podríamos recolectar leña y almacenarla adentro del cobertizo, para que pudiera secarse.

Llovió de nuevo y llenamos nuestra botella tres veces; nunca había probado algo tan bueno en toda mi vida.

Cuando el sol se levantó, llevamos los cojines, los chalecos salvavidas y mi mochila dentro del cobertizo.

—Buenas noches Edward —dijo Bella, descansando la cabeza en uno de los cojines, la pila de fuego entre nosotros.

—Buenas noches Bella.

Bella

Día 5

Abrí los ojos. La luz del sol se filtraba entre las rendijas de la choza. La presión sobre mi vejiga —algo que no había sentido en mucho tiempo— me confundió por un segundo, y luego sonreí.

Tenía que ir al baño.

Salí de la choza sin despertar a Edward y entré en el bosque. Me puse en cuclillas detrás de un árbol, arrugando la nariz ante el olor a amoníaco proveniente de mi pis. Cuando me subí mis pantalones, me encogí ante la humedad entre las piernas.

Edward estaba despierto y de pie junto a la choza, cuando volví.

—¿Dónde estabas? —preguntó.

Sonreí y dije—: Haciendo pis.

Me chocó los cinco. —Tengo que ir, también.

Cuando volvió, fuimos al árbol del pan y recogimos tres tendidos en el suelo. Nos sentamos y tomamos nuestro desayuno.

—Déjame ver tu cabeza. —dijo Edward

Me incliné y Edward peinó a través de mi cabello con sus dedos hasta que encontró el corte.

—Está mejor. Probablemente debería haber tenido puntos de sutura, sin embargo. No puedo ver nada de sangre seca, pero tu pelo es tan oscuro que es difícil de decir. —Señaló mi mejilla—. Los moretones se van desvaneciendo. Ese se está volviendo amarillo.

La apariencia de Edward había mejorado, también. Sus ojos ya no estaban cerrados por la hinchazón, y sus cortes fueron sanando bien. Le había ido mejor que mí gracias a su cinturón de seguridad. Su rostro — muy guapo, aunque aún muy juvenil— no tendría cicatrices permanentes del accidente de avión. No sé si podría decir lo mismo, pero no preocuparía por eso hasta el momento.

Después del desayuno, Edward hizo otro fuego.

—Bastante impresionante, chico de ciudad —le dije, apretando su hombro.

Sonrió, agregando pequeños trozos de leña y persuadiendo a las llamas más altas, claramente orgulloso de sí mismo. Se secó el sudor de los ojos y dijo—: Gracias.

—Déjame ver tus manos.

Me las ofreció, las palmas hacia arriba. Ampollas cubrían la piel en carne viva, callosa, y dio un respingo cuando las toqué.

—Eso tiene que doler.

—Lo hace —admitió.

El fuego llenó de humo el refugio, pero no se apagaría cuando llovía. Si escuchabámos un avión, podríamos liquidarlo y tirar hojas verdes en el fuego para crear humo.

Nunca había pasado tanto tiempo sin una ducha, y olía fatal.

—Voy a tratar de limpiarme —le dije—. Tienes que quedarte aquí, ¿de acuerdo?

Asintió con la cabeza y me dio una camiseta de manga corta de su mochila. —¿Quieres usar esto en lugar de tu camiseta manga larga?

—Sí. Gracias. —La camiseta me quedaría como un vestido, pero no me importaba.

—Te daría unos pantalones cortos, pero sé que son demasiado grandes.

—Está bien —le dije—. La camiseta realmente ayudará.

Caminé a lo largo de la costa, parando para quitarme la ropa sólo cuando ya no podía ver a Edward o la choza. Escruté el cielo azul, sin nubes.

Ahora sería un momento excelente para que un avión volase por encima. Seguramente, alguien se daría cuenta de una mujer desnuda en la playa.

Me metí en la laguna, y los peces se dispersaron. La quemadura de sol en mis manos y pies se había desvanecido en un bronceado oscuro, que contrastaba con los brazos y las piernas blancas. Mi cabello colgaba de mis omóplatos, en un nido de ratas de enredos.

Me lavé el cuerpo con mis manos, y luego recuperé mi ropa de la orilla enjuagándolas en el océano. Me peiné con los dedos y deseé un sujetador para una coleta.

Un poco más limpia cuando salí del agua, me puse mi ropa interior mojada y el sujetador, y tiré de la camiseta de Edward por encima de mi cabeza. Llegaba hasta la mitad del muslo, así que no me moleste con mis jeans.

—Sé que no estoy usando pantalones —expliqué cuando regresé a la choza—. Pero estoy caliente, y quiero dejar que se sequen.

—No es gran cosa, Bella.

—Me gustaría que tuviéramos algo con qué pescar. Hay un montón de peces en la laguna —Se me hizo agua la boca y mi estómago gruñó.

—Podríamos tratar de atraparlos con una lanza. Después de asearme, podemos buscar unos palos largos. Nuestro suministro de leña es bajo, también.

Edward volvió a la choza cinco minutos más tarde, con el pelo mojado, usando ropa limpia. Sus brazos estaban envueltos alrededor de algo grande y voluminoso.

—Mira lo que encontré en el agua.

— ¿Qué es?

Puso el objeto en el suelo y lo hizo girar para que pudiera leer la escritura en el lateral.

—Esa es la balsa salvavidas del avión —Me arrodillé a su lado—. Recuerdo haberla visto cuando estaba en busca de los chalecos salvavidas.

Abrimos el contenedor y sacamos la balsa. Abrí la bolsa a prueba de agua adjunta y saqué una hoja de papel que enumeraba el contenido. Lo leí en voz alta—: La balsa con toldo se encuentra dentro de la caja de accesorios, cuenta con dos puertas desplegables y un colector de agua de lluvia en la parte superior del panel del techo. Paquetes especiales están disponibles, incluidas radiobalizas y localizadores de emergencia.

Mis esperanzas se dispararon. —Edward ¿dónde está la caja de accesorios?

Edward miró en el contenedor y sacó otra bolsa impermeable. Me temblaban las manos mientras rompía el plástico, y tan pronto como hice un agujero lo suficientemente grande, di vuelta al revés y boté todo objeto sobre la arena. Revolvimos en ellos, las manos chocando unas con otras mientras examinamos cada elemento.

No encontramos nada que conduciera al rescate.

No localizador de emergencia. Sin señal de radio, teléfono satelital, o transmisor.

Mis esperanzas se desplomaron. —Supongo que pensaron que el paquete especial era una mejora innecesaria.

Edward meneó la cabeza lentamente.

Pensé en lo que podría haber ocurrido si hubiéramos encontrado un localizador de emergencia.

¿Sólo lo enciendes y esperas a que vengan a por ti?

Lágrimas llenaron mis ojos. Parpadeándolas de vuelta, empecé a inventariar el contenido del estuche de accesorios: cuchillo, botiquín de primeros auxilios, lona, dos mantas, cuerdas y dos envases de plástico plegable de dos kilos.

Abrí el botiquín de primeros auxilios: Tylenol, Benadryl, ungüento antibiótico, crema de cortisona, curitas, toallitas con alcohol e Imodium.

—Déjame ver tus manos —le dije a Edward.

Las ofreció, y le puse una pomada antibiótica y curitas en sus ampollas.

—Gracias.

Cogí la botella de Benadryl. —Esto puede salvar tu vida.

—¿Cómo?

—Va a detener una reacción alérgica.

—¿Qué pasa con eso? —preguntó Edward señalando una botella blanca.

Me miró y miré hacia otro lado. —Eso es Imodium. Es un anti-diarreico.

Soltó un bufido cuando oyó eso.

La balsa salvavidas se inflaba con una lata de dióxido de carbono. Cuando pulsamos el botón, se llenó de gas tan rápidamente que tuvimos que saltar fuera del camino.

Unimos el techo del toldo y el colector de agua de lluvia. La balsa salvavidas se parecía a una de las casas de brincos en las que mi sobrina y sobrino amaban saltar, aunque no tan alta.

—Esto debería contener cerca de diez litros de agua —le dije, señalando el colector de agua. Tenía sed otra vez, esperaba que la lluvia de la tarde llegara temprano.

Solapas de nylon colgaban a los lados y se unían a la balsa salvavidas con velcro. Dejándolas abiertas durante el día permitiría la luz y el aire en su interior.

Las puertas de malla desplegables proporcionaban una pequeña abertura.

Empujamos la balsa salvavidas al lado de la choza y pusimos más leña al fuego antes de caminar hacia el árbol de coco. Edward cortó la cáscara de un coco. Él abrió el coco metiendo la hoja del cuchillo, y golpeando el mango con el puño. Yo cogí el agua que se derramó en uno de los recipientes de plástico.

—Pensé que iba a ser más dulce. —dijo Edward después de que él tomó un trago.

—Yo también —. Sabía un poco amargo, pero no estaba mal.

Edward raspó la carne con el cuchillo. Muerta de hambre, quería comer todos los cocos del suelo. Compartimos cinco antes de que mi ansia de hambre se disipara. Edward tuvo uno más, y me pregunté cuánta comida tomaba llenar un muchacho de dieciséis años.

La lluvia llegó una hora más tarde. Edward y yo nos empapamos, sonriendo y aplaudiendo, viendo los diferentes contenedores llenarse hasta el tope. Agradecida por la gran abundancia, bebí hasta que no pude aguantar más, el agua se agitó en mi estómago cuando me moví.

Al cabo de una hora, los dos orinamos otra vez. Celebramos comiendo otro coco y dos frutas de pan.

—Me gusta el coco más que la fruta de pan. —Le dije.

—A mí también. Aunque ahora que tenemos un fuego, tal vez podemos asarlo y ver si tiene mejor sabor.

Reunimos más leña y encontramos unos palos largos para pescar con arpón. Tiramos la lona en la parte superior de la choza y la atamos con la cuerda para mayor protección de la lluvia.

Edward talló cinco marcas de conteo en el tronco de un árbol. Ninguno de los dos mencionó otro modelo.

A la hora de dormir, elevamos el fuego tan alto como pudimos sin quemar la choza. Edward se metió en la balsa salvavidas. Fui tras él, con la camiseta que me había dado por un camisón. Cerré la puerta deslizándola hacia abajo detrás de mí, por lo menos tendríamos cierta protección contra los mosquitos.

Bajamos las solapas de nylon y las unimos con los cierres de velcro. Separé las mantas y puse los cojines de asiento abajo como almohadas.

Las mantas eran ásperas pero nos mantendrían caliente cuando el sol se pusiera y bajara la temperatura. Los cojines de los asientos eran delgados y olían a moho, pero era lujosamente cómodo comparado a dormir en el suelo.

—Esto es impresionante —dijo Edward

—Lo sé.

Un poco más pequeña que una cama doble, compartiendo el bote salvavidas con Edward dejaría sólo unos centímetros entre nosotros. Yo estaba demasiado cansada para preocuparme.

—Buenas noches, Edward

—Buenas noches, Bella. —Ya sonaba soñoliento, y rodó sobre su costado y se desmayó.

Segundos más tarde, yo también lo hice.

Me desperté en medio de la noche para controlar el fuego. Sólo quedaban brasas, por lo que añadí más leña y hurgué con un palo, enviando chispas en el aire. Cuando el fuego ardió fuerte otra vez, volví a la cama.

Edward. despertó cuando me acosté a su lado.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Nada. Puse más leña al fuego. Vuelve a dormir.

Cerré los ojos, y nos dormimos hasta que salió el sol.


hola a todas como están que les esta pareciendo la adaptación ¿vamos bien? muchas gracias por sus comentarios y por seguir esta historia y que este en sus favoritos.