Draco Malfoy y el corazón de un Slytherin

Capítulo 4 – En el armario

Los días pasaban más rápido de lo que Draco había esperado. Había abandonado la idea de escaparse y no se arrepentía de haberlo hecho. Seguía odiando a Harry pero también lo admiraba por sus habilidades y su fuerza de carácter.

Harry le quitó la varita y le agarró ambas muñecas con una mano férrea. Estaban en el patio bajo el sol, en medio de una lección. Los dos vestían remeras sin mangas y pantalones cortos. Estaban descalzos sobre la hierba blanda.

—Tom va a estar esperándonos mañana, llegaremos con traslador a las 11.38. —explicaba Harry— Tenemos una media hora para instalarnos en la habitación y después podemos pasar por Gringotts antes de reunirnos con Ron y Hermione.

—Antes de que vos te reúnas con ellos, querrás decir. —corrigió Draco concentrándose en una pelota de goma que había sobre el pasto—No tengo ningún deseo de enfermarme un día antes del primer día de escuela. Mobilipila.

—¿Enfermarte? —preguntó Harry, la pelota lo golpeó en la frente— ¿Qué querés decir con enfermarte? Titillandus.

Finite incantatem. —se apresuró a pronunciar Draco antes de que las cosquillas pudieran afectarlo. Con una semisonrisa maligna dijo: —La cara de Granger basta para alterarle el estómago a cualquiera.

—Yo que vos me cuidaría de decirlo enfrente de ella. —Harry se tiró al suelo y aprovechó el envión para darle una patada en el estómago, que lo hizo caer al suelo— Ella es más alta que vos, alfeñique.

Draco lo miró ladeando la cabeza. —Petrificus totalus. Yo no soy un alfeñique. —declaró. Lo cual era cierto, había crecido varios centímetros, si bien seguía siendo más bajo que Harry, y había desarrollado músculos gracias a los torturantes ejercicios que le imponía Harry. Igual que Harry, Draco iba a tener que visitar la tienda de madame Malkin para una renovación completa de guardarropa —Además, no has visto al bagre de Granger durante todo el verano, ¿cómo podés saber el aspecto que tiene?

Finite incantatem. —pronunció Harry sin moverse y anuló el Petrificus. Se sentó y lo miró fijamente. —No le digas "bagre", Hermione es una chica muy atractiva.

Draco alzó una comisura y salmodió: —A Potter le gusta Granger, a Potter le gusta Granger…

—No, no es cierto. —declaró Harry, arrancó una brizna de pasto— A Ron sí que le gusta.

Granger y Weasley, —dijo Draco con una risa, levantó la pelota de goma— Tal para cual…

—Hum… —dijo Harry sin comprometerse.

Draco lanzó la pelota hacia arriba y la abarajó a su regreso. —Entonces, ¿quién es la que le gusta al famoso Harry Potter? ¿Hay alguna chica en especial a la que te gustaría enterrarle el pitilín?

—Ninguna. —dijo Harry que había empezado a atar nudos con la brizna de pasto— No pienso mucho en chicas.

—¿Sos maricón? —preguntó Draco sorprendido.

—El amor implica confianza, Draco, y yo ya no confío en nadie. —dijo Harry en respuesta.

En realidad no le había contestado y Draco estuvo a punto de insistir, pero en ese momento fueron interrumpidos.

—¡Mocoso! —vociferó tío Vernon desde la ventana.

—¿Sí, tío Vernon?

—¡Entrá! Y traé al otro con vos.

—Sí, tío Vernon. —respondió Harry poniéndose de pie— ¡Vamos, alfeñique!

Draco hizo una mueca desdeñosa y también se puso de pie. —¡Accio varita! —formuló, la varita voló a su mano. Se la guardó en el bolsillo del short.

Hacer magia sin varita se le iba haciendo cada vez más fácil, aunque todavía estaba muy lejos del nivel de Harry. Pero Draco no se resentía por eso. Algunos magos sobresalían en ciertas áreas y otros en otras. Draco sabía que en Pociones estaba próximo al nivel de Snape y eso que él estaba apenas por entrar en quinto año. Tenía que agradecérselo a su padre, quien si bien era despótico y un ferviente partidario del Señor Oscuro, era al mismo tiempo el que lo instaba a ser siempre el mejor y le proporcionaba los medios necesarios para tal fin.

Tío Vernon los esperaba en el hall de entrada, los recibió con una mirada hosca. —Marge viene de visita hoy, así que a ustedes dos les toca dentro del armario.

¿Dentro del armario? Draco quedó desconcertado, Harry por su parte adoptó un gesto resignado. —¿Por qué no podemos quedarnos en mi cuarto? —preguntó tentativamente.

—Porque desconfío de ustedes y no quiero que terminen armando una "escena". He tolerado todos tus "truquitos" a lo largo del verano sin quejarme, creo que lo menos que corresponde es que pases el resto del día en el armario como compensación.

Harry dejó caer los hombros. —Está bien, tío Vernon.

—Excelente, excelente. —dijo tío Vernon frotándose las manos satisfecho— Adentro entonces.

oOo

Draco estaba en el armario bajo la escalera.

Perplejo por la forma en que se habían desarrollado los acontecimientos. Estaban sentados sobre el duro suelo de madera con las piernas recogidas contra el pecho. Apenas si había lugar para una persona, así que estaban muy apretados. El estrecho espacio estaba iluminado por un simple foco de muy baja potencia. ¡No puedo creer que esté encerrado en un armario!

Una araña iridiscente del tamaño de un grano de uva se descolgó enfrente de su cara. Le pareció que lo observaba hambrienta. —¡Potter! —chilló. La araña se balanceó en su hebra alejándose un poco y luego, con mayor impulso, de regreso directo hacia la nariz de Draco.

Avada Kedavra. —la maldición impactó en la araña antes de que alcanzara su objetivo.

Los ojos grises de Draco se abrieron como platos. —Harry, acabás de lanzar la… la… —balbuceó Draco escandalizado.

—Así es. —extendió la mano y la araña muerta quedó sostenida sobre su palma abierta. —¿Te incomoda?

—¿Que si me incom… ? —lo miró como si no pudiera creerlo— Potter, ¡estás como una cabra!

Harry asintió suavemente. —Es muy posible. —concentró la mirada en la araña y pronunció: —Revivicus.

La araña volvió a la vida y comenzó a corretearle hacia la muñeca.

Draco había quedado anonadado. Harry comenzó a explicar.

—No importa qué sea lo que te hayan dicho. Todo conjuro tiene un contraconjuro. —Harry seguía concentrado en la araña— Persigno aranea. Aranea persignata animo. La araña pareció absorberse en la piel de Harry, pasó a tener dos dimensiones y siguió deslizándosele por el brazo. Harry puso la otra mano a la altura del codo, cuando la araña alcanzó la barrera dio media vuelta y retornó en dirección a la mano.

—El Revivicus es el contraconjuro de la Maldición Mortal. —explicó con tono aburrido y didáctico— Lo aprendí del diario de mi madre, Hagrid lo tenía guardado y me lo dio. Él "rescató" varios objetos que pertenecían a mis padres y ha estado dándomelos como regalos a fin de cada año. Creo que ella fue la que inventó el Revivicus. Y creo que lo usó cuando Voldemort atacó; cuando me alcanzó la Maldición Mortal, yo tenía dos vidas en mí, la mía y la de ella… y fue por eso que sobreviví.

—Vas a ser más famoso ahora que antes, Potter. —conjeturó Draco— El Niño que Revive a los Muertos… aunque si he de ser sincero, creo que el otro apelativo sigue sonando mejor.

—Creo que no entendiste el concepto. —Harry estiró la mano y le tomó la muñeca, la araña que estaba situada en uno de los dedos aprovechó para cruzar a la piel de Draco— Es una vida por una vida, y sólo puede usarse segundos después de producida la muerte. Le cedí a la araña algo de mi vida para poder revivirla. Dado que se trata de una creatura pequeña, relativamente menos evolucionada y de vida natural corta el encantamiento no me quitó mucho que digamos… unos meses quizá… pero si pasamos a hablar de otro ser humano…

Draco entendió. El que usara el conjuro estaría entregando su vida por la del otro… Y la revelación le sugirió la pregunta. —¿Por quién lo usarías?

—Por cualquiera, siempre que fuera posible y sensato. —cruzó los brazos sobre las rodillas y luego apoyó la barbilla sobre las muñecas— Usarlo sobre alguien estando presentes Voldemort o alguno de los mortífagos sería una necedad. Uno mismo moriría y la persona que revivió moriría segundos después, incluso antes de que pudiera incorporarse.

—Eso puedo entenderlo. —Draco observó a la araña que iba desplazándose por su brazo, no la sentía moverse… curioso… ¡y genial!— Incluso con sus limitaciones… es un encantamiento asombroso.

—Y ahora vos también lo sabés. —Harry volvió a concentrarse en la araña— Aranea persignata animo duo. —pronunció. Draco lo miró inquisitivo, Harry explicó: —Ahora el tatuaje puede pasar sólo de vos a mí y de mí a vos.

—¿Qué te hace pensar que no lo vaya a anular con un Finite?

Harry se encogió de hombros y cerró los ojos. —Podés hacer como prefieras.

Draco le dirigió una mirada hostil que Harry no vio. ¡Cómo detestaba a Harry Potter! —¿Cuánto tiempo vamos a tener que quedarnos encerrados acá en el armario?

—Hasta que tía Marge se vaya. —dijo Harry sin abrir los ojos— Es más seguro acá adentro cuando ella anda cerca. Es una arpía que mejor tenerla lejos.

Draco suspiró, cerró él también los ojos y apoyó la cabeza contra la pared. ¡Qué manera más divertida y amena de pasar el penúltimo día de vacaciones!

oOo