Killian nunca había pensado en mudarse a la casa que Marco, su padre adoptivo, le había dejado. Desde que se mudó a Nueva York que muchos de sus amigos habían intentado convencerlo para que lo haga, pero nadie lo había logrado. No fue hasta que escuchó de los labios de Emma que la zona del puerto es un lugar lindo para vivir que lo empezó a considerar.

Killian trabajaba en el puerto supervisando las cargas de los barcos que entraban y salían. La casa de Marco estaba frente al puerto. Sin duda su vida sería más sencilla viviendo cerca de su trabajo y no en el centro de la ciudad. Fue así que Killian decidió que era hora de continuar con su vida, tenía que enfrentar sus miedos y sus recuerdos.

No bien contó a su amigo Robin la idea de mudarse, éste se emocionó y ofreció ayudarlo con su novia. Así que un sábado a la mañana Robin y Regina fueron a su departamento a ayudarlo a guardar sus cosas en cajas. Después de un rato sonó el timbre y Regina le informó que era una amiga de ella que venía a ayudar. Cuando Killian abrió la puerta se sorprendió al encontrarse con Emma, y por lo visto ella estaba igual de sorprendida. Killian sonrío al verla con cara de dormida y el cabello recogido desordenadamente en una cola de caballo alta.

- Hola. – Saludó él.

- Hola, ¿Así que te mudas? – Preguntó ella curiosa.

- Si, me mudo. – Contestó él dejándola pasar al hall de entrada.

- ¿Vuelves a Irlanda? – Ella se tomó unos segundos considerando si preguntarle o no, pero finalmente se animó. A pesar de haberse animado no pudo evitar sentir algo de miedo ante la posible respuesta.

- No, solo me mudó frente al puerto para estar más cerca del trabajo. – Le informo rápidamente al notar la inestabilidad de ella al hacer la pregunta.

- Ah, eso es genial. – Dijo ella tratando de disimilar la pequeña sonrisa que se formó en sus labios.

- Si, lo es. – Coincidió él.

Ambos entraron al departamento y Killian pudo notar la pequeña tensión entre ella y su amiga. Definitivamente Regina no le había contado a Emma quien era la persona que se mudaba. Killian se preguntó cual era la idea de Regina con todo eso, pero prefirió no preguntar ni meterse.

Los cuatro se dedicaron toda la mañana a llenar cajas con las pertenencias de Killian. ¿Quién diría que se tardaba tanto en vaciar un departamento? Tampoco que Killian tenía tantas cosas, pero iba a llevar más tiempo de lo que había pensado.

Robin y Regina fueron a comprar el almuerzo dejando a Killian con Emma. Killian termino de guardar toda su ropa y se dirigió al comedor. Emma estaba guardando los libros de su biblioteca en una caja, pero al parecer se había olvidado de continuar ya que estaba parada con la mirada perdida en un libro. Killian la observó por un momento apreciando su belleza antes de decidir interrumpirla.

- ¿Está interesante la lectura? – Preguntó el con cierto humor.

- Si, lo siento. Mejor sigamos. – Dijo ella algo tímida, como si fuera una niña pequeña y la acabaran de descubrir haciendo una travesura. Cerró el libro y se lo alcanzo.

- ¿"Descubriendo el país de nunca jamás?" – Preguntó tomando el libro. Los recuerdos invadieron su cabeza velozmente, su hermano le había regalado ese libro en su cumpleaños número diez.

- Si, es uno de mis favoritos. – Admitió ella sonrojándose.

- También es uno de mis favoritos. – Comentó él sin poder evitar la melancolía de su voz.

- Tu hermano Liam tiene buen gusto. – Dijo ella. Emma había leído la dedicaría que su hermano había hecho en la primera página del libro.

- Si, él tenía muy buen gusto. Él era una de esas personas que amaba la lectura. – Dijo él abriendo el libro y leyendo la dedicatoria.

Killian:

¡Feliz cumpleaños hermanito! Espero que disfrutes de éste libro que es tan maravilloso como tú.

Te quiero mucho.

Liam.

- Me habría gustado conocerlo. – Dijo ella mirándolo intensamente.

Killian se sorprendió al escuchar el comentario. Él no había dicho que su hermano había muerto, pero sin embargo ella lo había comprendido. La mayoría de las personas preguntarían dónde está o qué fue lo que pasó con su hermano, pero ella no. Ella era distinta a los demás, ella comprendía el dolor de las personas. Tal vez al comprender el dolor ella sabía que cada persona necesitaba sus tiempos para hablar sobre ello y sus formas de manejarlo. Lo importante es que ella en ese momento lo estaba respetando. Emma definitivamente conocía el dolor, Killian lo sabía desde que vio sus reacciones en el boliche, y lo confirmo al ver como ella apreció la música de su banda.

A Killian le hubiera gustado saber cual era la razón del dolor de ella, pero este momento se trataba sobre el dolor de Killian y no sobre el dolor de Emma. Y Killian notó que por primera vez no se sintió incómodo hablando sobre su hermano, y eso lo asombro.

- Eso habría sido interesante. Liam apreciaba a las personas que podían conversar expresando sus opiniones. – Dijo Killian mientras guardaba el libro en la caja.

- Parece que Liam era una gran persona. – Comento ella alcanzándole otros libros.

- La mejor persona que conocí. – Aseguro él.

- ¿Alguna vez haz leído "El mundo de los niños perdidos"? – Preguntó ella.

- No. – Dijo él luego de pensar por unos instantes.

- Deberías leerlo. Si "Descubriendo el país de nunca jamás" es uno de tus favoritos, este también te va a encantar. – Explico ella.

- Lo voy a tener en cuenta. – Dijo él. Intercambiaron una mirada y continuaron guardando los libros. – Gracias. –

- ¿Por qué? – Preguntó ella sin entender.

- Por no presionar con el tema. No me es fácil hablar sobre Liam. – Confesó él.

- No es necesario que me agradezcas, ni tampoco tenes que hacerlo. Yo simplemente actúe como sentía. – Dijo ella negando con la cabeza y desentendiéndose del asunto.

- Y yo siento que es necesario agradecerte, así que gracias. – Dijo él con una sonrisa al notar los nervios de ella. Se acercó a ella y le acomodó un mechón rebelde detrás de la oreja.

- Bueno, entonces supongo que de nada. – Comento ella con las mejillas coloradas.

Sus miradas se volvieron a encontrar y el tiempo pareció congelarse. En ese momento Killian sintió unas enormes ganas de besarla. La mujer que tenía frente a él era la mujer más fascinante que había conocido en su vida.

Se tomo unos segundos para decidir si besarla o no, pero el momento fue interrumpido cuando la puerta se abrió y sus amigos entraron con el almuerzo.

A medida que avanzó la tarde Killian notó que Emma se había quedado muy nerviosa tras el pequeño momento compartido, ya que evitaba quedar a solas con él y cuando hablaban no sostenía la mirada con la suya. Killian se pregunto cuál podía ser la razón para la que ella reaccione de esa manera. De repente se encontró con muchas ganas de saber todo sobre ella. ¿Tal vez ella sentía lo mismo que él y eso le daba miedo? ¿Era eso posible?

- Solo queda el mueble de la cocina y terminamos. – Informó Regina.

- Genial, luego subimos las cajas a mi camioneta y las llevamos a tu nueva casa. – Dijo Robin.

- Seguro vamos a tener que hacer más de un viaje. – Dijo él observando todas las cajas.

- Si, seguro, pero no hay problema. – Dijo Robin armando una nueva caja.

- ¿Qué hora es? – Preguntó Emma.

- Las cuatro de la tarde. – Contestó Regina luego de mirar su reloj.

- ¡Dios mío! ¡Que tardé se me hizo! ¡Tengo que irme, Henry me esta esperando! – Exclamó ella algo preocupada.

Emma se despidió de todos y se fue. Regina y Robin mandaron saludos para Henry, así que Killian por educación hizo lo mismo. Pero, ¿Quién era Henry? Tuvo ganas de preguntar, pero no se animó, creyó que no sería correcto hacerlo.

Seguramente Henry era el novio de Emma. ¿Por qué nadie le dijo que Emma tenía novio? Seguro esa era la razón por la que ella se había sentido incómoda después del momento que compartieron solos. Killian se sentía estúpido, y engañado. ¿Por qué Robin le dijo que ella no tenía relaciones con hombres? Habría sido más sencillo que le diga desde un principio que Emma tenía novio.

Esa noche terminaron de hacer la mudanza.

Killian se dedico los siguientes días a ordenar sus cosas, pintar las parades de nuevos colores y acomodarse a vivir en la nueva casa. Le resultaba difícil estar en esa casa sin Marco y sin Liam. Esa casa estaba llena de recuerdos. Esa casa era el lugar donde ellos habían vivido varias vacaciones de sus vidas. Pero bueno, él había decidido hacer de ese lugar su hogar y eso iba a hacer.

La primera semana le fue muy difícil dormir, constantemente sus sueños se encontraban invadidos con recuerdos o pesadillas. Así que una tarde decidió que lo mejor que podía hacer era salir a correr. Correr siempre lo calmaba. Tal vez era una costumbre que le había quedado de cuando estuvo en la marina y tenía que entrenar todos los días.

Fue al parque más cercano y corrió un largo rato, hasta que sus ojos encontraron a Emma. Ella estaba sentada en un banco leyendo unos papeles. Él dudo si acercarse a saludar o no, pero finalmente lo hizo.

- Hola Emma. – Saludó él.

- Hola Killian. ¿Qué haces aquí? – Devolvió el saludo sorprendida y luego preguntó.

- Vine a correr un rato. ¿Vos? – Dijo él, todavía algo agitado por haber corrido tanto.

- Trabajo. – Dijo ella señalando los papeles.

- ¿En éste parque? Pero queda lejos de tu oficina. – Preguntó él curioso.

- Si, pero vivo cerca de aquí. – Respondió ella.

- Así que ahora vivimos en el mismo barrio. – Comentó él, aunque le salió más como una pregunta.

- Si, pero no tanto, yo vivo para el lado contrario del puerto. – Le informó ella.

- ¿Dónde exactamente? – Se animó a preguntar él.

- En la novena, entre la octava y la décima. – Contestó ella.

- Entonces vivimos a diecisiete cuadras de distancia. – Dijo él luego de sacar la cuenta.

Una voz de un niño llamando a su madre los interrumpió. De repente el niño corrió hacia Emma y la abrazo. El niño le contó que hizo un gol. Ella lo felicito riendo y despeinándolo. Luego ambos chocaron sus manos e hicieron varios movimientos raros, lo que Killian consideraba que debía ser un saludo especial que tenían entre ellos.

- El es Henry, mi hijo. Y el es Killian, un integrante de la banda de música de Robin. – Los presentó ella con una sonrisa tímida.

- Hola Henry, un placer conocerte. – Lo saludo estrechando su mano.

- Lo mismo digo Killian. – Dijo devolviendo el saludo afectuosamente.

Henry no era el novio de Emma, era su hijo. ¿Por qué nadie le había dicho eso? De saberlo antes, se habría evitado varias días de hacerse la cabeza. Y acaso, ¿Esto complicaba las cosas? Pero ya estaban complicados desde un principio, ¿Cierto? Y a Killian definitivamente le encantaba lo complicado.