Los personajes de esta historia pertenece a la gran Naoko® y está basada en la novela pasión de una noche de alex ryder.
Capítulo 4
Serena se estremeció de frío en medio de la noche. Era molesto tener que estar de pie delante de aquella tienda, y aunque la ropa que llevaba estuviera bien para las busconas de París, estaba pensada para la provocación más que para resistir las inclemencias del tiempo.
Cuando Luna
volvió de Francia y le explicó su plan Serena la miró con
aprensión, pero cuando le enseñó la ropa debería ponerse para
llevarlo a cabo estuvo a punto de renunciar. Los zapatos rojos de
tacón de aguja podían pasar, y el bolso de piel a juego tampoco
estaba mal, pero el pantalón blanco lleno de encaje y el top, que
dejaban al descubierto más de la mitad de su cuerpo, le daban
escalofríos. Y para coronarlo todo debía llevar la peluca rubio
platino más extraña que hubiera visto nunca. Serena había mirado
con recelo a Luna y había protestado:
¡Esto es ridículo! ¡Si
no me muero de una pulmonía, me detendrán por escándalo
público!
No, no te ocurrirá nada. En West End abundan las
chicas vestidas así, y aún más provocativas. De todos modos cuanto
más indecente vayas mejor. Todos en el Cardini deben saber sin
ninguna duda a qué te dedicas para ganarte la vida. Y ahora deja de
protestar y pruébate la ropa.
Serena tuvo
que hacerlo, aunque sin ganas, y el reflejo de su imagen en el espejo
la hizo exclamar.
¡Por Dios! ¡Si yo me voy a la cama con más
ropa que esto! ¡Pero si se ve todo a través del encaje! ¡Para eso
podría ir desnuda!
Lo más que se ve es la ropa interior, ¿y a
que no dudarías en ponerte en bikini para ir a la playa?
No,
pero no es lo mismo.
Luna ignoró aquel comentario, la miró de
arriba abajo, y luego asintió satisfecha.
Es perfecto. Por
supuesto la noche en que te lo pongas irás maquillada y pintada.
Mucho maquillaje y mucho lápiz de labios. Entre la pintura y la
peluca no te reconocerá ni tu propia madre.
Gracias a
Dios, pensó Serena, esperaba que fuera así. Pero entonces cayó en
la cuenta de algo y miró a Luna alarmada.
Pero eso quiere decir
que Darien Shields tampoco me reconocerá.
Será mejor que no te
reconozca.
¿Y por qué? preguntó molesta frunciendo el ceño.
Quiero que sepa que soy yo. Esconderse detrás de un disfraz me
parece... una cobardía.
Sí... bueno. Según dicen la
discreción es una virtud, y créeme, querida, es mucho mejor que no
te reconozca. Darien Shields se va a enfadar mucho añadió
levantando su rostro por el mentón con un dedo y sonriendo. Te
llamaremos Trixie Trotter. ¿Qué te parece?
Abominable.
Bien.
Voy a tardar unos cuantos días en prepararlo todo, así que hasta
ese momento puedes seguir practicando tu lenguaje barriobajero.
Todo estaba preparado. De algún modo Luna había averiguado que Darien iba a ir a cenar esa noche a Cardini con una acompañante, y el fotógrafo estaba ya sentado en una mesa estratégicamente situada.
Serena había escogido esa esquina de la calle para esperar porque daba justo enfrente de la puerta de Cardini, y desde allí tenía una vista inmejorable de los taxis y de la gente que bajaba de ellos. Tenía un nudo en el estómago. No comprendía cómo se había dejado convencer para hacer una cosa como aquélla. ¿Era sólo su deseo de impresionar a Luna, de hacerla ver que era una persona decidida, o se trataba de probarse a sí misma que tenía todo el coraje y la valentía de un Winston?, se preguntó.
Lo peor de
todo eran las miradas de la gente que pasaba por la calle. Sólo
llevaba allí unos diez minutos, pero se le habían acercado ya dos
posibles «clientes». Con el primero le costó un rato comprender
qué quería. Cuando por fin lo hizo, tuvo que reprimir sus deseos de
darle un bofetón en la cara con el bolso.
Lo siento le había
dicho, estoy esperando a mi marido.
Al segundo, lo había tratado de un modo parecido, y luego lo había visto escurrirse para probar suerte con otra chica. Era horrible, reflexionó. Nunca hubiera pensado que hombres con un aspecto tan respetable pudieran ser tan rastreros.
Entonces, llegó un taxi a la entrada del restaurante que captó su atención. Vio al portero del Cardini acercarse para abrir la puerta. Un hombre salió. Era él, sonrió triunfante para sí misma.
Su corazón comenzó a latir a gran velocidad. Sintió una extraña mezcla de excitación y nerviosismo. A pesar de la distancia, podía reconocer su figura. Iba inmaculadamente vestido, con chaqueta y pantalones oscuros. Era alto, poderoso, y todos sus movimientos tenían elegancia. Se le secó la boca. Si hubieran sido ciertas las predicciones de Circonia, se lamentó, si él la hubiera amado de corazón, y no sólo con el cuerpo... Pero él no tenía corazón. Era un mentiroso. Era un ser egoísta, egocéntrico, falso, cruel y bajo.
Como el caballero que aparentaba ser le ofreció la mano galante a su acompañante, que salió del taxi. Era una chica alta y delgada de cabello oscuro. Serena intentó reprimir los celos. En el fondo debería sentir lástima por ella, se dijo. Quizá también tuviera sus sueños.
Apretó los
labios y pensó que con diez minutos bastaría. Para entonces ambos
estarían sentados a la mesa mirándose a los ojos el uno al otro a
la luz de la vela. Pero en ese momento aparecería ella, y el señor
Darien Shields tendría que despedirse para siempre de su
reputación.
Buenas noches, señorita.
Serena se
volvió hacia el hombre que le hablaba. Otro más, pensó
molesta.
¿Se dirige usted a mí?
Aquel hombre estaba
demasiado ocupado mirándola como para molestarse ante esa fría
contestación. Por el contrario, se acercó y murmuró:
A la
vuelta de la esquina hay un bar muy acogedor. ¿Quieres unirte a mí
y tomar unas copas?
Era
patético, pensó. Probablemente tendría mujer e hijos, y hasta una
sepultura a medio pagar. Bueno, al menos aquello demostraba que daba
el pego. ¿Pero sería capaz de interpretar su papel?, se preguntó.
Aquél era un momento tan bueno como otro cualquiera para
averiguarlo. Sonrió provocativa, parpadeó con las pestañas falsas
y dijo:
Tengo gustos caros, amigo. ¿Podrás pagar el
champán?
-El mejor champán -sonrió dando unas palmaditas a su
bolsillo del pantalón, donde probablemente llevaba la cartera.
Verás que soy muy generoso. Pide lo que quieras.
Serena se
puso una mano en la asista, serió y murmuró:
Bien, eso está
bien. Me encantan los hombres a los que les gusta gastar el dinero
–comentó pensando que aquello era demasiado fácil. Ni siquiera se
sentía cohibida, aquel payaso se lo creía todo-. Me llamo Trixie. Y
tú?
Antecontestó mirando nervioso a su alrededor. ¿Nos
vamos ya?
Debía de estar preocupado de que alguien lo
reconociera. Bien, se dijo, en ese caso le haría sudar.
Bueno...
eso depende de en qué otra cosa estés pensando aparte de invitarme
a una copa, Ante contestó provocativa.
Conozco un hotel muy
cerca de aquí continuó él sugestivo, y son muy comprensivos con
este tipo de cosas. Podemos subirnos un par de botellas y...
disfrutar.
¿A qué te refieres con eso de disfrutar, Ante?
murmuró sonriendo.
Ante se
sorprendió y miró a su alrededor una vez más. Serena estaba
haciendo esas preguntas tal y como las había oído hacer en las
películas, y él se estaba poniendo nervioso. Pero era necesario
hacerlas si quería cazarlo, se dijo, necesitaba que dijera lo que
quería. Volvió a mirarlo con ojos sugestivos y alentadores y
añadió:
Eres un chico muy travieso, Ante. Lo que quieres es
llevarme a la cama, ¿a que sí? ¿Estás seguro de que tendrás
dinero suficiente?
Por supuesto que sí insistió él. Te he
dicho que soy muy generoso, ¿recuerdas?
Sí, Ante, me lo has
dicho dijo cambiando el tono de voz de pronto y poniéndose seria.
Quizá el juez lo tenga en cuenta, pero lo dudo. Si quieres ver mi
placa estaré encantada de enseñártela. Soy el agente Jordan, de la
policía metropolitana, y te acuso de importunarme con propósitos
deshonestos.
Pero... pero.. su rostro, colorado, parecía a
punto de explotar. Yo no... no he... hecho nada.. sólo...
Es
inútil, Ante, has escogido la noche equivocada. La brigada policial
tiene todo el área bajo vigilancia con cámaras de circuito cerrado
de televisión estaba disfrutando, pensó mientras le subía el
nivel de adrenalina. Ante había caído en la trampa. Era una lástima
que le hicieran daño los zapatos. Y ahora voy a decirte algo. Eres
el cuarto en media hora. La furgoneta llegará de un momento a otro
para recogerte, a ti y a los otros. Te quedarás aquí, de cara a la
pared y sin moverte. Yo tengo que ir a informar a mi jefe al otro
lado de la calle: Te advierto que si intentas huir serás arrestado y
te acusarán de intento de fuga. Recuerda que estás delante de las
cámaras.
¿Y saldrá... en los periódicos? ¿Es una redada?
-preguntó Ante casi enfermo.
No me sorprendería que saliera en
las noticias de la televisión. Espero que eso te enseñe a
comportarte de otro modo en el futuro.
Serena esperó a que se
diera la vuelta y mirara a la pared. Luego, con un último aviso por
si intentaba huir, se marchó cruzando la calle hacia el
restaurante.
Estaba orgullosa de sí misma, de su interpretación. Le había metido el miedo en el cuerpo, de eso no cabía duda. Con un poco de suerte a las dos de la madrugada seguiría allí esperando a que llegara alguien a arrestarlo.
Algún día, se dijo, volvería la vista atrás y recordaría aquel momento. Y se preguntaría de dónde habría sacado la audacia. La dulce inocencia de su juventud había desaparecido de una vez por todas. Shields se la había arrebatado. Sin embargo, aquel triunfo sobre Ante la daba confianza en sí misma para la tarea que se proponía.
El primer
escollo a negociar era él portero del restaurante, y por la cara de
alarma que estaba poniendo al verla acercarse era evidente que no
tenía intención de dejarla entrar. Se quedó inmóvil como una
muralla impidiéndole el paso.
Lo siento, señorita, pero no
puede pasar... dijo mirándola de arriba abajo: No se permite
entrar a las mujeres solas. Si quiere usted cenar, le que vaya a la
hamburguesería de aquí al lado.
Luna ya le
había prevenido de que ocurriría algo así, de modo que llevaba
aprendida la lección. Serena suspiró y asintió.
Lo que me
temía. Supongo que voy muy bien disfrazada, ¿no? Bueno, pues es
sólo eso, un disfraz. Escucha, soy estudiante y me gano algo de
dinerillo trabajando de vez en cuando para una agencia. Creo que el
señor Darien Shields está cenando hoy aquí. Es su cumpleaños, y
sus colegas han alquilado mis servicios para que le desee un feliz
día y le dé un regalo el portero vaciló, así que Serena volvió
a suspirar. Comprendo perfectamente tu postura, desde luego. Las
reglas son las reglas. Bueno, tendré que volver y contarles que me
has negado el paso. Se van a enfadar bastante, y el señor Shields
también se enfadará cuando se entere de lo que ha pasado. ¡Qué le
vamos a hacer! Sólo estás obedeciendo órdenes, ¿verdad?
Serena se
dio la vuelta para marcharse, pero en ese momento el portero tosió y
dijo al fin:
Disculpe, señorita, quizá haya cometido una
equivocación. El señor Shields es cliente nuestro, por supuesto.
Creo que en su caso podré hacer una excepción accedió al fin
haciendo un gesto con el sombrero y abriéndole la puerta.
Serena esperaba tener que hacer el mismo número delante del camarero jefe nada más entrar, pero no fue necesario. Estaba al otro lado del comedor, de espaldas a ella, tomando nota a unos clientes. Sabía exactamente dónde buscar a Darien, y efectivamente, allí estaba, justo donde esperaba. Hablaba animadamente mientras servía dos copas de vino.
Estuvo a
punto de abalanzarse hacia él cuando recordó el consejo de
Luna:
No serviría de nada que atravesaras a toda prisa el
comedor, tienes que hacer una gran entrada. Tienes que conseguir
llamar la atención de todos los comensales, querida. Todos los ojos
deben estar fijos en ti cuando llegues hasta él.
¿Y cómo lo
conseguiré? había preguntado ella.
Pues desde luego no
comportándote como lo haría Serena Winston, de ese modo no
engañarías a nadie. Tienes que convertirte en Trixie Trotter,
tienes que meterte en su piel y hacer lo que haría ella. Es el único
modo de que todos comprendan quién eres.
¿Pero cómo? había
vuelto a preguntar.
Eso debes averiguarlo tú, querida, esa será
tu creación. Pero recuerda que Trixie no tiene por qué ser una
absoluta degenerada sólo porque se gane la vida vendiendo su cuerpo.
Esas chicas suelen hacerlo por necesidad, no por placer. Quizá su
marido la abandonara con hijos y una madre a la que mantener. Trixie
ahorra cada peseta que gana para que sus hijos puedan vivir de un
modo distinto a como lo hace ella. Su vida en las calles la ha
endurecido, la ha hecho una cínica, pero a pesar de todo, tiene aún
tiempo para dar de comer a los gatos que se encuentra por la calle.
Serena recordó ese consejo, puso una mano sobre el bolso y la otra sobre la cadera, sacó pecho y comenzó a caminar sinuosamente entre las mesas. De inmediato comenzó a oír murmullos a su paso y a sentir miradas tras ella. Alguien tosió y se atragantó, otro dejó resbalar un cuchillo al suelo. Un camarero con una bandeja se quedó inmóvil, boquiabierto, mientras ella parpadeaba al pasar.
El murmullo comenzó a crecer. Estaba sólo a unos pasos de Darien cuando él la miró. Sus ojos se encontraron. La luz marcaba las líneas de su rostro. Serena se sintió impresionada por su magnetismo. Pero en aquella ocasión podía ignorarlo, se dijo. Sabía qué había detrás de ese rostro falso.
Darien se
mostraba tranquilo, a gusto con el mundo. Sólo reflejaba cierta
curiosidad ante ella. En cambio la chica que lo acompañaba estaba
alarmada, parecía consciente de que se dirigía hacia ellos. La
gente se volvió en un inmenso silencio expectante. Contenían el
aliento esperando a ver qué ocurría.
Serena sintió pánico.
Como una actriz en la noche de su debut deseó desaparecer de escena
antes que hacer el ridículo, pero luchó contra ese impulso. Algo
más fuerte que el miedo la obligaba a seguir adelante. Era un
imperativo que la forzaba a terminar aquello que se había propuesto
hacer.
Llegó hasta
la mesa con movimientos sinuosos y se paró sacando una cadera. Dejó
una mano sobre la cintura y con la otra lo señaló con un dedo
acusador.
Darien Shields, eres un chico muy, muy travieso dijo
en voz alta para que la oyeran bien al menos la mitad de los
comensales. Otra vez la misma, ¿verdad? Te has marchado sin
pagarme. Cuando me desperté después de estar jugueteando contigo,
vi que ya te habías ido. Y ni rastro del cheque ni del sobre
habitual en el piso. Vamos a ver... ¿cómo se supone que esperas que
pague al casero?
Darien se quedó mirándola en un silencio sepulcral, pero Serena creyó ver en sus ojos un destello de ira. Fue algo fugaz. Luego, él volvió la cabeza para mirar a otro lado y dio un trago. Aquel despliegue de indiferencia fue una sorpresa desagradable, pero estaba decidida a continuar hasta el final.
Suspiró
paciente y se dirigió entonces a su acompañante.
Siempre me
hace lo mismo. Te estoy avisando, querida, no lo pierdas de vista. Y
no es porque sea un tacaño, no. Cualquiera de las otras chicas te lo
confirmará. Es sólo que... hizo un gesto con la mano. ¿Tienes
idea de lo que te clavan por una cena en un sitio como éste? ¡Dios
mío! ¡Ojalá todos mis clientes fueran así de generosos! lo miró
con una sonrisa como perdonándolo. Bueno, es sólo que se olvida de
los pequeños detalles, como por ejemplo pagarme. No es culpa suya.
¡Está siempre tan ocupado trabajando! Siempre tiene que ir a ver a
un cliente, consultar a un abogado... ya sabes. Ya le he dicho yo
esta tarde, mientras se desvestía, que no sabía cómo lo hacía.
La
acompañante de Darien se quedó horrorizada. Torcía la boca sin
hacer ruido alguno, pero por fin miró a Darien y exclamó:
¡Darien!
¿Conoces... conoces a esta... esta persona?
Serena estuvo a
punto de retorcerse de la risa.
¿Que si me conoce? Ésa ha sido
buena, querida. Soy Trixie Trotter. Todo el mundo me conoce. Darien y
yo somos buenos amigos desde hace mucho tiempo. ¿No es cierto,
Darien? Cuéntaselo, venga, vamos. Él fue uno de mis primeros
clientes, yo sólo tenía dieciséis años. ¿Te acuerdas?
Darien la
miró airado y en silencio. Luego dijo en voz baja y
amenazadora:
No la conozco, señorita Trotter, pero ya se ha
divertido usted bastante a mi costa. Ahora váyase como una buena
chica y déjenos en paz. Si no, tendrá que lamentarlo.
Serena
ignoró la amenaza y se mostró ofendida. Luego se echó a reír.
Te
gusta gastar bromas, ¿verdad, Darien? Desde luego que sí, siempre
has sido un bromista dijo sacando del bolso un par de calzoncillos y
tendiéndoselos. La semana pasada te dejaste esto, ¿te acuerdas?
Cualquier día te vas a dejar los pantalones. Te los he lavado y
planchado, como siempre dijo sosteniéndolos en alto para que todo
el mundo los viera. ¿A que son bonitos? preguntó dirigiéndose a
la acompañante. Rojos con ositos amarillos. Tiene otro par con
delfines y otro más con ranas verdes. Creo que en el fondo no es más
que un crío.
Entonces
el fotógrafo hizo funcionar el flash de su cámara y ella dejó caer
los calzoncillos sobre el regazo de Darien.
¡Vaya! ¡Demonios!
Nos están sacando fotos. ¡Espero que mi madre no me
reconozca!
Darien mantuvo la boca cerrada, pero Serena pudo ver
el destello de su penetrante mirada, que trataba de reconocerla bajo
el disfraz. Sonrió triunfante, pensando en que hubiera deseado poder
quitarse la peluca y las pestañas postizas. Hubiera querido ver su
rostro cuando al fin descubriera quién era, pero si la reconocía,
lo echaría todo a perder. De todos modos, había llegado el momento
de marcharse. El camarero jefe se había dado cuenta de su presencia,
y .se dirigía hacia ella a pasos agigantados. Sonrió burlona
mirando a Darien por última vez y salió ante miles de ojos
atónitos.
Una vez
fuera, se paró en la calle. El frío de la noche la hizo temblar. El
portero la miró.
¿Y bien, señorita? ¿Qué tal le ha ido ahí
dentro? ¿Le gustó al señor Shields la sorpresa de cumpleaños?
A
decir verdad sonrió, no dijo gran cosa. Desde luego se sorprendió,
pero creo que estaba demasiado emocionado como para decir
nada.
Mientras le haya gustado... En Cardini siempre hacemos
todo lo posible para que nuestros clientes pasen una noche
agradable.
Estoy segura. El señor Shields no va a olvidar esta
noche. ¿Sería usted tan amable de pedirme un taxi, por favor?
El portero silbó. Un taxi se acercó y él le abrió la puerta haciendo un gesto con el sombrero. Luego, le dijo al taxista la dirección y se sentó satisfecha y sonriendo. Lo había conseguido, se dijo. Estaba impaciente por volver y contárselo a Luna.
Mientras el taxi arrancaba miró al otro lado de la calle. Ahí estaba Ante, de pie contra la pared delante de la tienda. ¡Hombres! , exclamó para sí misma con desprecio. Todos eran iguales. Bueno, al menos aquella noche les había dado una lección a dos de ellos.
Darien Shields sabría desde ese mismo instante qué significaba sentirse humillado. Cuando las fotos aparecieran en los periódicos al día siguiente, sería el hazmerreír de Londres, y ninguna chica sensata volvería a dejarse ver en su compañía. Se sentía aliviada, se quitó la peluca y dejó que el pelo rubio le cayera por los hombros y la cara.
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Hola mis queridas lectoras, que les pareció la venganza de serena, Trixie Trotter, se las trae.
Serena ya se vengó, ¿Qué pasara ahora?, ¿Darién tomara revancha de esta ofensa?
Esto lo sabrán en el próximo capítulo.
Ahora los rw:
yumi kamagatha: Millones de gracias por lo rw que me dejas, es verdad, no soy muy buena en el género de lemon, pero sin duda te pediré ayuda en esta historia, pd: pecados paternos me mata .
Cherrie SA: gracias por tu apoyo, pensé en lo de la virilidad pero Darién tiene un fama lograda por años, la humillación pública de que el gran Darién contrataba prostitutas y no les pagaba, era mejor, sin contar la ropa interior de animalitos
LunaChibaTsukino: Muchas gracias por tu saludo, te gusto, espero que si y cumpliera con tus expectativas
PrIncEsS MoOn-LigHt : Me alegro que te gustara el capitulo, si luna es seca, todas deberíamos tener una mentora como ella.
Lovemoon: te extrañe en el cap 2, pero entiendo en lo del tiempo, te actualice. Espero que te gustes y actualiza luego en tus fics
Sailor Lady: Bienvenida a este fic, me alegra que te guste, espero seguir contando con tu apoyo en este fic.
Este capítulo es dedicado a cada una de ustedes por seguir leyendo y por dejarme rw, también va dedicado a las que me han agregado como historia o autor favorita y a las de las alertas.
QUE DIOS LAS VENDIGA
PD es un regalito para ustedes:
La
sangre se le heló en las venas. Se quedó boquiabierta e incrédula.
Aquello no podía ser, se dijo. Era imposible.
¡Serena! la
llamó su madre sonriendo. ¿No es un verdadera sorpresa? Ha venido
un amigo tuyo desde Londres sólo para verte.
Darien Shields se
puso en pie sonriendo con aquellos irónicos ojos zafiros.
Hola,
Serena. No puedes imaginarte cuánto me alegro de verte.
Demasiado
sorprendida, Serena se quedó mirándolo de pie hasta que su madre la
hizo unirse a ellos en la mesa. Luego oyó hablar a su padre como si
estuviera muy lejos.
Darien ha estado contándonos la estupenda
noche que pasasteis juntos en un restaurante.
En Cardini
intervino Darien sonriendo con inocencia. Estoy seguro de que
recuerdas esa primera noche, Serena. De hecho volvimos a encontrarnos
allí una segunda vez, ¿no es verdad?
xoxo
