-Nos vemos después-dijo Gold tirando de Emma. Ella no quería ir con ellos. Realmente eso era lo último que quería, pero no parecía que quedarle más remedio. Lo sabía y en el fondo las dos mujeres Lucas también. Pero entonces sus ojos se cruzaron con la desconocida que ya no lo era porque ya sabía su nombre pero que seguía resultándole una incógnita porque no sabía nada de ella. De cerca eran aún más bonitos, más penetrantes y Emma notaba como se clavaban en ella. O tal vez eran imaginaciones suyas, como le suplicaban que diera un golpe en la mesa y se fuera con ellas a comer. Pero sabía que no podía hacerlo, no podía permitirse el lujo de que la panda de cotorras le dijera a su jefa que se había ido a comer con las Lucas.
Minutos más tarde. Enma salió del viejo edificio seguida por su escolta. Uno propuso ir a comer al McDonald's. Ella solo lo miró. Levantando una ceja y enmarcando la mirada.
-Yo necesito chocolate. Vosotros haced lo que queréis y dejó que sus pies la guiaran a aquel reservado en el que tantas veces había estado- Por desgracia para ella ni su respuesta seca ni su mirada habían conseguido el objetivo propuesto pues su incómoda sombra decidió acompañarla. Cuando entraron se sorprendieron del lugar. Un local que parecía normal pero que al fondo escondía un precioso jardín. Ellos pidieron buffet libre. Enma solo tarde de chocolate. Realmente en ese momento quería hincarle el diente a otra cosa, pero no se le ocurría mejor sustituto que ese. Por su mente no dejaba de pasar una y otra vez la mirada y las manos de Regina. Dios hacía tiempo que nadie la hacía sentir así. Pensó en que cuando llegara a casa, llamaría a Kat. Definitivamente necesitaba un sustituto más fuerte y sólido que el chocolate.
El mundo se movía bajo sus pies y sentía una extraña humedad que la incomodaba. El sabor del chocolate no hizo nada por calmarlo. Al contrario, mientras se iba deshaciendo en su boca no podía parar de pensar en lo arable que sería comerlo de sus labios. En sentir su lengua... Oh dios Enma para. Tienes que parar. Se repitió mientras iba al baño a echarse agua.
Dos horas más tarde allí estaban de nuevo. Granny la miraba desafiante. A su lado, estaba aquella mujer que llevaba horas copando su mente y su cuerpo. Se miraron de nuevo pero esta vez fue diferente porque sus ojos coincidieron en el espacio tiempo
Flashback
Regina salía corriendo del garaje, Llegaba tarde como siempre. Ella y su manía de intentar siempre ir y volver en el mismo día. Odiaba llegar tarde, pero se había quedado dormida. Estaba a punto de salir cuando se dio cuenta de que se había dejado las botellas que llevaba como un regalo en la cocina. Subió las escaleras corriendo y tiró de la bolsa. Odiaba que le pasaran esas cosas. Su mente no pudo evitar recordar lo que había ocurrido solo unas horas antes en ese salón. Un halo de melancolía le vino a la mente. ¿Es que acaso estaba condenada a estar sola? Se miró al espejo por un momento. Ya tenía una edad. Había conseguido el éxito profesional, pero, ¿a qué precio? Al de tener que enfrentarse al resto de las noches de su vida sola. Se deshizo de sus pensamientos y salió. Iba vestida para dar una charla. Ropa cómoda pero no demasiado formal. Cada vez se descuidaba más. Sobre todo, cuando iba a Boston. En el fondo adoraba a aquel sitio donde se sentía mucho más libre y adoraba a Grammy, su fortaleza, su seguridad, su éxito... y todo ello mientras disfrutaba de la vida.
Conocía a bastante gente en Boston, pero sabía que la mayoría no la tenía en estima. L consideraban una aburrida que solo vivía para trabajar y solo contactaban con ella por su influencia. Allí estaba también Zelena, aquella mujer menuda, seca y desagradable a la que había conocido años atrás y de la que por desgracia para ella todo el mundo pensaba que era amiga. Ilusos ellos porque resulta prácticamente imposible ser amiga de semejante persona que vivía solo por y para trabajar y era orgullosa y prepotente. Por eso quizás todo el mundo pensaba que se llevaban bien, porque a los ojos de los demás debían ser iguales. No se imaginaban lo diferente que era Regina en su interior.
El rugido de su motor al tomar las últimas curvas que marcaban el acceso a la ciudad la trajo de vuelta al mundo. Aparcó en el viejo parking y se dirigió al aula en la que debía hablar. Iba cargada con dos botellas de porto que esperaba compartir con Granny. Le costaba mostrarse como era de verdad, pero sin duda sentía la necesidad de que la abuelita conociera a la verdadera Regina, quería poder tenerla coma amiga. El alcohol siempre la había ayudado a desinhibirse. Dejó las botellas en el primer hueco que encontró libre y se fue a saludar a Granny. Cuando se giró vio que alguien se había sentado allí y se giró hacia ella y entonces vio sus ojos verdes. Nunca la habían mirado así. Por un momento se olvidó de donde estaba y a punto estuvo de acercarse a ella e invitarla a perderse juntas en alguna perdida habitación de hotel. A su mente vinieron los recuerdos de antiguas sesiones interminables de sexo, del olor, el sudor, etc. Dios hacía demasiado tiempo. Pensó para sí misma. Se estaba convirtiendo en la persona que todos pensaban que eran. Hacia demasiado que no sentía una necesidad tan física de acostarse con nadie. La voz de Granny a su espalda la rescató de sus pensamientos. Se acercó para cambiar las botellas de sitió y se sentó en una posición alejada. Pero en su mente solo había espacia para un pensamiento. Por más que intentara controlarse notaba como su temperatura corporal iba subiendo y cuando le tocó ir a hablar estaba mucho más acalorada de lo que quisiera. Aún por encima desde aquella atalaya tenía una visión perfecta de sus ojos verdes, de sus labios carnosos, de esos pechos que quisiera amasar con sus manos. Quiso hablar como lo hacía siempre, mirando sus papeles, pero no podía despegar la mirada de aquella desconocida y de Ruby que hablaba con ella con lo que le parecía demasiada confianza.
Cuál fue su sorpresa cuando al acabar se acercó hacia ella con dos chicos a los que quería presentar como discípulos de Zelena. Ninguno de los dos llamó su atención, pero detrás, allí estaba ella. Por fin supo su nombre. Pero nada más. Curiosamente Ruby que de los demás había dados sobre su trabajo, edad... sobre ella no le había dicho nada más que el nombre. Regina enseguida se dio cuenta de que el lapsus no fue casual y de que entre ambas mujeres había una extraña familiaridad que la hizo sentirse celosa.
