EN LA LUZ

Esta historia tiene lugar tras el final del manga, unos meses después de la gran batalla de Ranma contra Saffron.

Adelante con la historia…

Aviso: Ranma y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta historia le pertenece a Lichan44 y yo sólo la estoy traduciendo.

CAPÍTULO 4. Madame Machiko

Nabiki se emocionó cuando por fin fue capaz de localizar su objetivo una vez más. Los había perdido entre la bulliciosa multitud al salir del Speed Racer. Había estado buscando por más de una hora. Y la frustración casi la había llevado a renunciar a la imagen de todo aquel dinero contante y sonante, pero tuvo que controlarse hasta lograr dominar el impulso.

Finalmente los vio salir de la Casa de la Risa y el shock cruzó su cara al darse cuenta de lo feliz que se veía su hermana pequeña. Vio como Ranma salía justo detrás de ella, corriendo para alcanzarla mientras ella se movía alegremente y juguetona.

Nabiki comenzó a intensificar sus movimientos, no quería volver a perderlos. No había avanzado más que unos pasos cuando un hombre que llevaba un hamaka azul oscuro que sostenía un bokken se colocó delante de ella.

- Pero si es la ilustre Nabiki Tendo – la saludó de manera informal antes de escudriñar entre la multitud -. Dime, ¿dónde están Akane y la encantadora y de gran espíritu chica de las trenzas?

Nabiki apretó los dientes con frustración, tratando de mirar por encima de él.

– Kuno, cariño, ahora no – todo iba a ser en vano sin embargo, ya que él no iba a apartarse.

- ¿Es el cretino de Saotome, no es así? Él las ha hechizado una vez más. Oh, es tan injusto que yo, Tatewaki Kuno, cuyo corazón reluciente y verdadero, tenga que luchar por el amor las chicas a las que ama contra el oscuro Ranma Saotome. Lo golpearé en nombre de la justicia. ¡eso es lo que haré!

- Lo que sea querido Kuno, mira, tengo trabajo que hacer. Así que si me disculpas… - dijo ella intentando empujarlo. Pero por desgracia para ella ya era tarde. Ranma y Akane habían vuelto a perderse entre el gentío.

Nabiki sintió la ira y la decepción crecer en su interior. Dio a Kuno una fría mirada que no habría tenido indiferente a nadie que estuviera en sus zapatos. Pagará por esto, pensó, empezando por el almuerzo. Su expresión se relajó ante este pensamiento. Una socarrona sonrisa se formó en sus labios. Con un rápido movimiento se enganchó de su brazo.

- Hey, Kuno, ¿estarías interesado en comprar algunas fotos sensuales de tu querida y única chica de las trenzas? Lo que pasa es que he conseguido unas cuantas. ¿Qué me dices si tu y yo hablamos de ellos durante el almuerzo? Tú invitas, ¿vale?

- Fotos… Sen… Sen… Sensuales – tartamudeó Kuno, por un momento había perdido el habla. Sin embargo, pronto recuperó la compostura -. Vámonos a cenar ahora mismo mientras me permito contemplar la belleza de mi diosa de las trenzas. No me engañes Nabiki, porque necesito ver lo maravillosa que ella es.

Poniendo los ojos en blanco Nabiki empezó a tirar de su brazo hacia el puesto de comida más cercano. Sabía que nunca estaría corta de dinero en efectivo si Kuno estaba cerca. Y si él quería gastar su fortuna en fotos de la mitad femenina de Ranma, ¿quién iba a impedírselo? Ella sintió que algo de su ira se esfumaba. Por lo menos el día no había sido una total pérdida.

***

Por suerte, Kami siguió sonriendo a Akane y a Ranma. No tendrían que enfrentarse a más problemas con Shampoo y Ukyo. Y afortunadamente para ellos, Nabiki estaba ocupada.

Como prometió, Ranma la había hecho pagar la caída de espaldas en la Casa de la Risa con los coches de choque. Felizmente se estrelló contra ella a la mínima oportunidad que tuvo. En lugar de sacar su enojo habitual, Akane aceptó su pequeña venganza con risas y una gran sonrisa cada vez que sus pensamientos la llevaban a recordar la Casa de la Risa y el beso que él había depositado con tanta libertad en sus labios. Ese recuerdo la llenó de tal calor que lo único que no podía hacer era parar de sonreír. Además, la maldición de Ranma la proveería de multitud de oportunidades para devolverle el favor. Ella sólo tenía que esperar y mantener los ojos abiertos.

Al final resultó que no tendría que esperar tanto como pensaba. Reconoció su oportunidad cuando llegaron a una hilera de puesto en los que se organizaban todo tipo de juegos. Los peludos premios peluche sentados en los estantes miraban con ansiedad a través de sus vidriosos ojos, como rogando ser elegidos. Un juego en particular llamó la atención de Akane.

En el mostrador se extendían varias pistolas de agua de plástico detrás de la cual había una fila de payasos con la boca abierta. El objetivo del juego era conseguir introducir el agua en la boca del payaso, elevando con ello el sombrerito que reposaba en lo alto de su cabeza. El sombrero que antes llegara a la cima era el ganador. Akane sonrió para sí misma con picardía. Era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.

- Ranma, apuesto a que te puedo ganar a eso – dijo ella en broma, señalando el juego del agua. Sabía que por su sentido del orgullo sería imposible para él resistirse a su desafío.

-¡Ya veremos! – él estuvo de acuerdo en el acto. La sonrisa de Akane creció conforme lo seguía hasta la taquilla. A veces era demasiado fácil.

Ranma le entregó al dependiente la cantidad justa de yenes para poder jugar los dos y luego se hizo con una pistola de color naranja. Akane cogió la azul que había justo a su lado y se preparó. Tan pronto como sonó la alarma que indicaba el inicio del juego Akane cambió su objetivo en la dirección de Ranma, pulverizando a su prometido en toda la cara. El agua fría no tardó más que unos segundos en hacer efectiva la maldición.

Ranma sintió el familiar cosquilleo que barría todo su cuerpo. Se sintió encoger, partes de él desaparecían mientras otras se daban a conocer a la vez y su oscuro cabello se disolvía en un color escarlata fuego.

- ¿¡Por qué has hecho eso!? – chilló.

Akane se aprovechó de la repentina sorpresa de Ranma-chan para sacar ventaja y conseguir su sombrero de la parte superior del payaso. El empleado miraba aburrido indiferente al repentino cambio de sexo de Ranma.

- ¡Oh, no! ¡No lo harás! – dijo Ranma-chan centrándose rápidamente en el juego. De ninguna manera iba a dejar que Akane ganara, no después del truco que había usado con él.

Ranma-chan entornó los ojos y se concentró en su objetivo. Era especialmente buena en conseguir objetivos desde que aprendió a focalizar y controlar sus explosiones de ki. Al parecer, había algo cierto en el dicho "la práctica hace la perfección", pues parecía estar ganando a Akane en su propósito por conseguir el sombrerito de payaso.

Empezó a verter aun más concentración en conseguir que su chorro de agua estuviera perfectamente centrado en la boca del payaso. La determinación se encendió en sus ojos gris azulados como un reguero de pólvora. Cuando segundos más tarde escuchó la campana del final del juego anunciar al ganador se dio cuenta de que superaba al sombrero de Akane por unas pocas pulgadas.

- ¡SI! – gritó triunfante con una enorme sonrisa pegada en la cara. Lo había hecho. Había ganado.

-Tenemos un ganador – anunció el dependiente antes de entregar a Ranma-chan su premio: un cerdito color rosa de peluche.

- Hey, mira Akane – señaló Ranma-chan -, se parece al que Mousse te robó aquella vez.

- Oye, tienes razón – dijo Akane -. A pesar de que pensó que era a mí a la que estaba secuestrando. ¡Estúpido cegato!

-Ten – le dio el cerdito de peluche a Akane, sonrojándose de golpe cuando vio que ella le dedicaba una deslumbrante sonrisa antes de cogerlo y abrazarlo contra sí. Notó que Akane la miraba con curiosidad y se encogió de hombros.

- Somos la Escuela Saotome de Artes Marciales 'Todo Vale', después de todo. Tengo que admirar tu estrategia. Fue una buena jugada.

Akane sintió que le subía el calor por la alabanza de Ranma-chan. Cómo podía ella recibir la aprobación de cualquiera de las dos mitades de Ranma tantas veces. Deseaba desesperadamente que él pudiera encontrar en ella un contrincante a su altura, así como un aliado. Se acercó a él y le puso la mano en el hombro como agradecimiento.

-Gracias, Ranma.

Ranma-chan sintió profundizarse su rubor.

- De- de nada, Akane – balbuceó antes de devolverle una de sus grandes sonrisas.

Caminaron en silencio hasta que Akane oyó el estómago de Ranma-chan gruñir fuertemente. Soltó una pequeña risotada, notando de repente que ella también estaba bastante hambrienta.

- Vamos, Ranma. Podríamos almorzar. Vamos a poner algo en ese estómago tan quejica que tienes. Tal vez puedas conseguir incluso que nos den algo gratis para comer – Akane dijo esto último con un brillo de diversión en sus oscuros ojos. Después de todo, Ranma-chan ya había estafado con su belleza a más de un hombre desafortunado para que le comprase comida. De hecho Ranma había hecho más admiradores masculinos como mujer que como hombre. Había aprendido rápidamente a utilizar su maldición en su propio beneficio. Si tuviera que vivir toda la vida con ello, razonó, al menos podría aprovecharse de sus ventajas.

Después de tomar un rápido bocado, se acercaron a los servicios. Ranma-chan había conservado su vaso de papel de la comida y lo llevaba consigo. Tenía pensado volver a cambiar de forma y sabía que convertirse en hombre en un baño de mujeres podía ser potencialmente peligroso para su salud. Enjuagó a fondo el vaso y lo llenó hasta el tope de agua tibia. Entonces salió fuera, donde Akane estaba esperándolo.

- Allá va – dijo antes de verter el agua sobre su cabeza. Akane vio como su prometido de repente crecía y se ensanchaba. Sus senos retrocedían y los músculos formaban la firmeza que ahora era su pecho, su encendido cabello rojo de pronto desaparecía para ser reemplazado por el habitual color negro carbón de Ranma. Había visto cientos de veces aquel cambio, y sin embargo, nunca dejaba de sorprenderse.

Ranma sacudió el exceso de agua de su pelo, mojando a Akane ligeramente. Ella gritó riendo y empezó a correr mientras él la perseguía, jugando a tratar de cogerla.

Cuando por fin dejaron de correr se encontraron a sí mismos parados delante de un puesto de adivinación. En el letrero que tenían delante se podía leer:

Madame Machiko

Todo lo sabe, todo lo ve

Déjala predecir tu futuro por 100 yenes

- Oye Ranma, mira eso – dijo Akane señalando el cartel -. Vamos a conocer nuestra suerte.

- ¿Estás de broma? Tú no crees en esa basura, ¿no, Akane?

Akane se encogió de hombros recordando el día en Mio había leído el tarot para ella. Todas las cosas que ella había predicho estaban empezando a suceder. Akane fue capaz de alterar el resultado final, pero había estado cerca por un momento.

Ella extendió la mano y cogió la de Ranma con una sonrisa que quitaba el aliento en la cara.

- Vamos, Ranma. Será divertido.

Había algo en su sonrisa que le hacía a él imposible resistirse. Ella le dio un ligero apretón en la mano y él avanzó fácilmente, la siguió por la lona y entraron en la tienda de campaña.

En el centro había una pequeña mesa redonda y una mujer vestida de forma llamativa con el pelo negro y largo recogido con un pañuelo estaba inclinada sobre ella. Levantó la mirada cuando ellos entraron.

-¿Señora Machiko? – inquirió Akane.

-Sí – respondió la mujer, dándoles la bienvenida -. Pasa y siéntate.

Hizo un gesto hacia la silla que estaba colocada en el lado opuesto de la mesa. Akane aceptó la propuesta deslizándose silenciosamente en la silla con un protector Ranma detrás.

-Serán 100 yenes, por favor.

Akane cogió su bolso solo para ser detenida por el sonido tintineante de las monedas cuando Ranma las puso sobre la mesa. Se volvió a mirarle y notó que la llenaba el calor cuando él le sonrió con suavidad.

Akane centró su atención en la adivina cuando levantó la tela de seda que cubría el objeto situado en el centro de la mesa, revelando una resplandeciente bola de cristal colocada sobre un soporte de bronce. Akane lo miró fascinada por el débil y vibrante resplandor que emitía.

Madame Machiko extendió su mano y cogió la muñeca de Akane sosteniendo la palma hacia arriba y su propia palma hacia abajo sobre la bola de cristal. La bola se encendió al instante, deslumbrando con un brillante color azul que era casi morado. Akane oyó el suspiró sorpresa de Ranma, parecido al suyo. Entonces, el color remitió de nuevo al llameante azul y Machiko soltó su muñeca. Se miró atónita la palma y se sorprendió al ver que no tenía marca alguna.

Observaba hipnotizada como el color azul de la bola comenzaba a girar según el movimiento de las manos de la adivina sobre el cristal.

-Veo una enorme pérdida, la pérdida de un padre.

Akane se la quedó mirando con los ojos muy abiertos.

-Mi… mi madre.

- Es una profunda pérdida, pero que has superado totalmente.

Se detuvo un momento, mirando fijamente la bola como si estuviera paralizada. La luz azul continuaba moviéndose al compás de sus dedos.

- Hay mucho caos a tu alrededor. Pero no proviene de ti, sino de otro – señaló con su largo y casi acusador dedo a Ranma -. De este otro.

Akane se giró para mirarle.

- ¿Q-qué? Yo no he hecho nada – protestó- Akane le dio una sonrisa divertida y se volvió de nuevo a mirar a la señora.

Ranma dejó escapar un suspiro de alivio desde lo más profundo. Al menos ella no estaba enojada. Sentía que volvía a relajarse una vez más.

- Veo las fuertes emociones que os conectan a vosotros dos – continuó Madame -. Emociones que han sido negadas durante mucho tiempo. Es de esta negación de la que emana gran parte del caos que ahora te rodea.

Madame Machiko les sonrió de repente con complicidad.

- Ah, pero veo un pequeño puente en esta brecha.

Akane se sonrojó con este comentario, y Ranma se revolvió incómodo.

Entonces, un gesto repentino se filtró en la cara de la adivina, Ranma frunció la frente ante la confusión que había en sus ojos.

- Una oscuridad amenaza. Te señala a ti – dijo dirigiéndose a Akane -. Las advertencias han sido emitidas.

Su mirada se desplazó hasta Ranma al decir eso. Ella le dio una mirada que le dijo que él sabía perfectamente de lo que estaba hablando.

Akane observó aquello con expectación.

Ranma arrugó el ceño, pensando en las pesadillas. Trató de razonar que tan sólo era eso, sólo eran pesadillas. ¿Se refería a ellas cuando dijo lo de las advertencias? ¿Pero cómo podía ella saber que él las estaba teniendo? ¿Qué estaba pasando ahí?

- ¿Advertencias? - preguntó Akane con voz temblorosa -. ¿Qué clase de oscuridad?

- Alimentada por la ira y por un enorme orgullo. Un orgullo muy destructivo, muy poderoso, oscuro y feo. Trata de eliminar. Habrá un ajuste de cuentas.

- No lo entiendo – declaró Akane, la preocupación era evidente en su voz. Fue suficiente para hacer que el corazón de Ranma se encogiese de dolor.

- Vendrá a por ti – continuó Machiko. Los ojos de Akane se dilataron de miedo.

- ¿Qué vendrá a por mí?

La mujer frunció el ceño una vez más.

- No tiene sentido.

Esto hizo que Akane volviera a mirarla confundida.

- ¿El qué no tiene, Madame?

- Esto es muy extraño.

- ¿Qué es Madame Machiko? – la desesperación se declaró en la voz de Akane - ¿Qué ve?

- Hay una fuerza que te rodea también. Una seguridad que crece y disminuye. Se trata, sin embargo, de una fuente de… distintos cambios.

Desde donde estaba, Ranma tragó saliva. Estaba hablando claramente de su maldición. Después de lo que había dicho sobre sus pesadillas ya estaba seguro del todo. Algo iba a venir realmente a por Akane, y una vez más, él estaría ahí para impedirlo.

Sus pensamientos viajaron al Monte Fénix una vez más. Se estremeció. Había estado demasiado cerca aquella vez y ahora…

- Veo el agua – continuó Madame interrumpiendo sus pensamientos, su voz sonaba más confusa aún. Ranma hizo una mueca -. Hay peligro en el agua.

Akane tragó saliva.

- Yo… yo no sé nadar.

Madame sacudió la cabeza como si eso no fuera de donde procedía el peligro.

- No lo entiendo. Veo el agua como un catalizador del peligro. Mantente lejos del agua.

Ranma vio que Akane reflejaba el terror y una súbita ira lo llenó. ¿Quién se creía que era esa mujer, asustando a su Akane de ese modo?

- ¡Muy bien, ya es suficiente! – el enojo en su voz hizo que las dos mujeres se giraran para mirarlo sorprendido.

- Ranma – la voz de Akane era un suave susurro asustado. Su mirada se suavizaró al ver a su prometido y su dulce sonrisa tranquilizadora. Ella sonrió débilmente tratando con sus ojos asustados transmitirle su agradecimiento.

Pero cuando Ranma volvió a mirar a la mujer, sin embargo, sus ojos eran como astillas de hielo endurecido. Esa mujer había asustado a su Akane y no iba a salirse con la suya.

- ¡Escúchame bien! – dijo con una voz gutural, casi salvaje. Akane hizo una mueca cuando de repente aquello le recordó a cómo era él justo después de haber utilizado su técnica de Neko-Ken, con los ojos desorbitados, casi mortal. Estaba contenta de que no estuviera dirigido a ella.

- No sé qué sacas con asustar a la gente de esta forma, pero no voy a quedarme aquí quieto y permitir que se lo hagas a Akane. ¡Tenlo en cuenta! – soltó la amenaza, sus ojos enfurecidos le daban convicción. Akane podía jurar haber visto a la mujer retroceder bajo su mirada.

Ranma continuó atravesándola con la mirada, el enojo era evidente en él. Su política se basaba en no pegar a las mujeres, pero cuando se trataba de Akane aquello dejaba de tener validez y la adivina lo miró como si lo supiera.

- Vamos, Akane – dijo Ranma extendiendo su brazo para ayudarla a levantarse. Ella la cogió agradecida y se levantó, lanzando una última mirada preocupada a Madame mientras Ranma se la llevaba de allí.

Por un instante, los ojos de Akane se cruzaron con los de la adivina. La profunda mirada que vio la heló hasta los huesos. La adivina se levantó justo cuando Ranma se disponía a salir al confortable calor de la tarde.

- ¡Mantente lejos del agua! – les advirtió de nuevo, una advertencia que Ranma sabía que realmente era para él.

Ranma había conducido a Akane fuera, tirando suavemente de ella. Entonces, él reunió una pequeña bola de energía en la palma de su mano y volvió al interior para enfrentarse a Madame una vez más.

La mirada en su rostro era de pura y sin embargo, controlada rabia. La mujer soltó una exclamación de sorpresa al verlo y retrocedió, poniendo las manos delante de sí misma en postura defensiva.

- Es la última vez que se lo digo, señora – dijo tendiéndole la mano para que viera como la bola de ki crecía en su mano formando un balón que podía ser casi mortal.

La adivina se apoyó en la silla y se sentó con la boca bien cerrada. Satisfecho, Ranma apagó su ki y salió de la tienda a donde Akane lo esperaba. La tomó de la mano y comenzó a dirigirla lejos de la tienda.

Akane paseaba en un profundo silencio detrás de él, con una mano sujetaba fuertemente el peluche de cerdito que llevaba y con la otra apretaba la mano de Ranma como un vicio. Sus ojos mostraban su desánimo, los pensamientos acerca de lo que le había dicho la mujer sobre el agua daban vueltas frenéticamente dentro de su cabeza.

Ranma podía sentir la tensión que ella sentía por cómo le estaba cogiendo la mano. Esa bruja la había asustado de verdad. Notaba que su furia empezaba a crecer. Resistió la necesidad de dar rienda suelta su primer instinto, que era mandar a esa bruja directa al cielo de Moko Takabisha.

Se dio cuenta de que por debajo de su ira estaba latente un profundo miedo. Simplemente, era demasiada coincidencia. Lo que ella había dicho se parecía demasiado a sus pesadillas como para sentirse cómodo. Desconocía cómo lo había hecho, pero ella sabía lo que pasaba. Sus pesadillas eran las advertencias de las que hablaba. Su miedo se hizo más grande. Si él creía en todo eso, y estaba seguro de que lo hacía, entonces, ¿cómo iba a salvar a Akane?

La miró de reojo notando la cenicienta palidez que se había apoderado de su rostro. Sus ojos estaban enterrados en el suelo que pasaba bajo ella. Sintió que el miedo lo apretaba una vez más. ¿Dónde estaba su alocada Akane? El agresivo marimacho que él había llegado a conocer y a amar. Nunca la había visto alejarse tanto de cualquier cosa, incluso eso significaba ponerse a sí misma en peligro, muy a su pesar. Ella siempre se ponía en pie y se enfrentaba a sus temores con agallas y determinación. Tenía que admitir que la admiraba por ello. Era una mujer muy fuerte.

Entonces un pensamiento lo golpeó. Ella no sabía a lo que se estaba enfrentando. No tenía nada consistente para concentrarse en la lucha. Todo lo que tenía eran un montón de mensajes en clave de una vieja bruja loca y la certeza sobrecogedora de que algo malo se cernía sobre ella. Razonó que, dadas las circunstancias, aquello era suficiente para pillar por sorpresa a cualquiera. También entendió que debía intentar calmar la mente de ella, aunque no pudiera hacerlo por sí mismo.

- Hey, mira Akane – dijo señalando algún punto en el cielo -. Es la noria. Ven y sube conmigo.

Akane siguió su mirada, sabiendo muy bien lo que él estaba tratando de hacer y se sintió muy agradecida por ello.

- Ranma… - dijo ella, haciendo todo lo posible por mantener alejado su temor. Él lo notó, y le dolió.

- Venga, Akane, olvídate de ella. Era una vieja bruja loca. ¿Es que no sabes que yo nunca dejaré que te pase nada?

A pesar de haberlo dicho, él tuvo que reprimir su propio temor. Ella no lo notó no obstante por que el calor y el sentimiento de sus palabras habían conseguido abrirse paso en su miedo, contagiándola de su fervor. Él vio cómo las comisuras de su boca se elevaban lentamente y se quedó por un momento hipnotizado por la fuerza de su mirada.

- Ésta se parece más a la Akane que yo conozco – le dijo -. Vamos.

Akane dejó a su mente ir a la deriva con el viento como si la Rueda de la Fortuna hubiera hecho una segunda revolución. El susto que Madame Machiko había instalado en ella estaba amainando por el momento y se apretó más cerca de Ranma.

Agradeció el confortable peso del brazo de Ranma sobre sus hombros. Notaba su calidez contra ella. Sabía que él haría lo que fuera por protegerla si surgiera la necesidad. Siempre lo hacía. No importaba en lío estuviera metida, en el pasado siempre iba a por ella, a salvarla.

En su batalla contra Toma hizo explotar el manantial que podía haberle curado, sólo por ella. Cuando Kirin la secuestró Ranma no se detuvo ante nada hasta traerla a casa de nuevo y en esta última y más peligrosa batalla en el Monte Fénix…

Akane se estremeció interiormente ante ese recuerdo. Ella arriesgó su vida para salvarlo a él y casi muere, pero al final había sido Ranma quien la rescató rompiendo el cascarón del dragón y liberando el agua que ella tan desesperadamente necesitaba. Y luego, cuando él ya pensaba que ella había muerto, que la había perdido para siempre, fue entonces cuando ella a través de su dolor había escuchado a Ranma gritar que la amaba.

Ella había seguido aquellas palabras.

Supo entonces que estaba ahí. Los mismos sentimientos que siempre había albergado por Ranma, pero que era demasiado terca para admitir. Él empezó a negarlo poco después, cuando sus padres trataron de forzarlos a casarse y ella entonces mostró su dolor disfrazado de ira.

Este total cambio de actitud sin embargo, y la renovaba cercanía que él le había brindado en la montaña, la habían dejado choqueada en un principio, después satisfecha y ahora era como si casi pudiera notar que existía una razón subyacente. Como si hubiera una causa fundamental para que él sintiese el súbito deseo de hacerle saber a ella que la quería de verdad. Se preguntó si estaría en lo cierto y, de ser así, cuál sería la razón.

¿Tendría algo que ver con lo que la adivina había dicho? La forma en que lo había mirado cuando mencionó lo de las advertencias, como si esperara que él supiera exactamente de lo que estaba hablando.

Akane lo miró con curiosidad. ¿Lo sabía?, se preguntó. Ella no tenía ni idea. Todo lo que sabía era que quería que esa relación continuara por el mismo camino en que iba, entonces tendría que calmarse y hablar con él al respecto. Expresar sus preocupaciones de un modo constructivo. Sabía que él no quería preocuparla, pero si él conocía alguna información vital para su supervivencia, ella quería formar parte de eso.

Él siempre pensaba que podía manejar todas las batallas solo, pero esta era su vida y no iba a permitir que é la apartase. No se mantendría sumisa mientras él jugaba a ser el héroe. No importaba lo mucho que él quisiera hacerlo.

Pero por el momento apartó aquellos pensamientos de su cabeza, contenta de vivir lo que tenía delante. Dio un suave suspiro, poniendo su cabeza sobre su hombro y disfrutando de su cercanía aunque solo fuera por un rato.

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Un capítulo inquietante eh? La verdad es que la adivina ha dado en el clavo jeje

Hasta el próximo capítulo!