NI ONCE UPON A TIME NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, ESTA HISTORIA ES PRODUCTO DE MI IMAGINACION Y ES SIN FINES DE LUCRO PARA QUIEN LA ESCRIBE Y PARA QUIEN LO LEE.

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Emma se estaba adaptando a su nueva vida en el castillo, en seis años muchas cosas pueden cambiar, se puede formar una familia, se puede hacer una negocio, puedes reivindicarte, puedes pasar grandes aventuras, conocer un país diferente, Aprender un nuevo idioma, tocar un instrumento, puedes viajar por el mar…puedes arruinar un reino.

Durante muchas noches cuando estaba estudiando, Emma se preguntaba cómo era que el reino se había mantenido en pie con su joven y novata monarca, ¿Cómo había evitado Regina las revueltas, las rebeliones o los golpes de estado que eran casi seguros?... ahora en el palacio, con todos los hechos enfrente de su nariz, tenía la respuesta a esas preguntas… LA TIRANIA.

El reinado de Regina era un yugo peor del que tenia la antigua reina Cora, al principio Emma se negaba a creerlo, quería creer que todo eso se debía a alguna razón, que los impuestos tan elevados se debía a una crisis económica, que lo altos índices de colgados se debía a castigos impartidos a los criminales y violadores, las miradas de miedo y sumisión de los sirvientes podrían ser respeto y amor, pero no, ahí estaban las pruebas frías y contundentes ante Emma ¿Qué le había pasado a Regina en ese lapsus de princesa a reina? ¿Por qué ahora su majestad estaba tan cambiada? Emma no tenía las respuestas a esas preguntas.

-el ultimo viernes de este mes celebraremos un baile—anuncio Regina entusiasmada a su corte.

-pero majestad…el reino atraviesa una grave crisis económica— salto el tesorero del reino enseguida-…la guerra que hemos sostenido con el reino del rey Rumpelstiltskin y la reina Belle nos ha dejado en números rojos, sin mencionar al rey Arturo que ha decidido romper el acuerdo de paz a pagar mas tributo—

Regina siguió jugando aburrida con su pequeño hilo de oro sin prestar mucha atención.

-si ofreciéramos una fiesta el pueblo se empobrecería mas, MUCHA GENTE MORIRIA DE HAMBRE— siguió el consejero. Regina se llevo la mano a los labios en actitud pensativa.

-¿y desde cuando nos importa a nosotros el populacho?—pregunto despectivamente, Emma contuvo el aliento

-mi amada reina, puede que esa gente no sea de importancia pero se podrían amotinar contra la corte- contesto el general.

-podemos proporcionar un tratado de paz con el rey Rumpelstiltskin, después de todo está en la ruina total… si, un cese de hostilidades estaría bien, nunca me intereso el reino de mi querido tío, todo empezó con problemas entre mi madre y el…y si el pueblo se amotina, un baño de sangre aplacara las cosas— dijo moviendo su mano para restarle importancia al asunto, todos en la corte se vieron de soslayo entre ellos, para ver si los demás habian escuchado la misma locura de la monarca, la confusión se veía en todos los rostros de los nobles. La reina se levanto y en el acto todos bajaron la cabeza con respeto, Regina trono los dedos, enseguida se acerco su secretario a tomar nota de la gran "idea" de la reina.

—el baile se celebrara, aquí…en mi palacio, y podemos aprovechar para invitar a los reyes Rumpelstiltskin y Belle, como ofrenda de paz, si, esa fachada calmara al pueblo, quiero que le manden a la emperatriz Mulán un hermoso regalo de mi parte invitándola a asistir…también podemos invitar al Rey David y Al rey Leopold para demostrar que estamos agradecidos con su la "sumisión de sus reinos" ellos no podrán negarse, después de todo están bajo mi poder, y esta reunión entre soberanos podrá ser una fachada de alianza que hará acobardarse al rey Arturo—

Emma sabia de buena fuente que en esos seis años Regina había conquistado el reino del rey Leopold , EL Rey arturo y el Rey David Charmington, pero al llegar a un acuerdo político la reina Regina no había cortado sus cabezas como lo hacía su madre con los reinos conquistados, Regina solo se había limitado a hacerles firmar lealtad hacia ella, quedando los reinos como estados agregados a la nación. Pero independientes en cierta manera. Emma sospechaba que eso era solo una fachada falsa para ocultar quien era la reina de las sombras en los demás reinos.

-sobre todo el rey David, quiero que le manden una carta diciéndole que está obligado a venir, sin excusas ni pretextos y tu…— dijo Regina mirando al general quien se hinco

-su majestad…-

-ten preparadas las tropas por si a la gente se le ocurre hacerme una ofensa, tienen carta libre de matar, no me arruinaran mi fiesta—

-si su majestad—declaro el general, satisfecha Regina salió de la habitación seguida por Emma.

-el rey David ¿eh?— soltó Emma.

- El tiene suficientes problemas ya para atreverse a rechazarme, sabe que con una orden mía su reino estaría hecho pedazos en un día—dijo Regina saliendo a los jardines.

-has alcanzado poder mi reina— Regina rio

- el poder nunca lo ha sido todo Emma, pero…. ah como da tranquilidad— Emma miro la espalda de Regina con tristeza. Miro hacia los jardines, hacia un día precioso.

-me gusta ver que su majestad está feliz, ¿hay algo más que pueda hacer para hacerla más feliz de lo que ya es?—Regina volteo con una cálida sonrisa y Emma le correspondió.

-saca a Josephine y Rocinante— Emma asintió encantada. Josephine y Rocinante, los pequeños potros que tenían desde que eran niñas, había sido un regalo de la reina Cora cuando Regina había cumplido Ocho años de edad, pero Regina se negó a montar a Rocinante hasta que Emma tuviera su propio caballo, la reina Cora exasperada por ver como Regina se saltaba las clases de equitación, y se iba a perder el tiempo con Emma en los jardines, en las cocinas o en el pueblo, decidió regalarle a Emma una bonita Yegua que puso por nombre Josephine. Las niñas tomaron clases juntas y enseguida la reina Cora se arrepintió de su decisión al enterarse que Regina y Emma encontraban más fácil huir de los guardias en los pequeños caballos. Solo desistió sacrificar a los animales al ver que Regina era bastante buena para montar, la niña tenia un talento innato para eso, superando a cualquier soldado del reino. Cosa que enorgullecía a la Reina.

Emma llego con los caballos y Regina se acerco a hacerle carantoñas a rocinante. Emma sonrió, Regina volvía a ser la niña que jugaba con ella en ese preciso momento.

-sabias que mi Rocinante ha conquistado a Josephine— revelo Regina subiéndose a su caballo negro

-¿Cómo es eso Josephine?- pregunto Emma a la yegua blanca— tan fácil resultaste—

-que te pasa, mi rocinante le hace un favor a Josephine al estar con ella al ser el caballo de la reina—Regina la miro de arriba abajo—Josephine no es más que el simple caballo de una sirviente—

Emma se quedo callada ante el tono despectivo de Regina y bajo la mirada. La morena quito su mirada despectiva y cambio a una preocupada, se mordió el labio arrepentida.

-lo siento, no ha sido gracioso, disculpa—

-no se preocupe majestad no ha dicho más que la verdad.—

-en serio Emma, olvida lo que dije, rocinante no puede tener mejor pareja que Josephine…es decir, se conocen desde bebes—

-entonces tu y yo vamos a salir también…¡nos conocemos desde bebes!—exclamo Emma bromeando. Regina se adelanto en su caballo y le pego un zape.

-no seas tonta, y alcánzame—

Emma eso intento pero la reina tenia aun talento especial con los caballos, si en algo se caracterizaba la reina Era en ser la mejor jinete del reino. Eso estaba claro.

El día de la fiesta llego y la reina Regina se puso en un plan insoportable, hizo trabajar a todos a marchas forzadas. El ejercito llevaba más de cuatro días sin parar tratando de parar a la gente en seco cuando alguien hablaba mal de su majestad, varios fueron encarcelados y varios más asesinados por traición a la reina. El organizador estaba que se tiraba de los pelos ante los caprichos de Regina que rayaban en la locura, mando pedir flores desde países lejanos, pedir ropas de cama finísimas para sus invitados, sobrios carruajes fueron puestos a disposición de los monarcas que habían confirmado su asistencia, los cuales fueron todos porque nadie tenía intenciones de hacerle un desaire a Regina. Hasta el rey Rumpelstiltskin había aceptado de inmediato la invitación pues sabía que su sobrina era de armas tomar ante un rechazo, incluso decían que era peor que su madre.

Los que llevaron mas la carga fueron los cocineros que no habían dormido en prácticamente toda la semana preparando el banquete para la fiesta, en cuanto los cocineros se ponían a hacer el menú que había elegido, Regina caprichosamente cambiaba de opinión y cambiaba todo el menú cuando estaba listo, Regina decía que no era la excelencia que pedía Y mandaba tirar todo a la basura.

Emma sugirió que podrían suministrar toda esas toneladas de comida a la gente empobrecida pero Regina fue tajante

"no puedo hacerle eso a mi pueblo, como puedes creer que esa gente va a saber valorar un faisán, el caviar, los bocadillos, las aves, los lechones, Emma no puedes darle esa bofetada al pueblo, no, definitivamente se tira"

Al final varios cocineros habían pedido descanso pero la reina se había negado. Muchos habían renunciado ya por las marchas forzadas, Regina se puso furiosa y Emma no quería saber cual sería el destino de esos pobres desgraciados.

La fiesta estaba a punto de celebrarse, los invitados habían llegado y la anfitriona aun no se presentaba. Emma toco la puerta tres veces con suavidad, escucho el "adelante" y se introdujo a ver si Regina necesitaba ayuda con su vestido.

-ah Emma, justo a tiempo ¿Cómo me veo?—Emma se había quedado muda ante el hermoso vestido azul que se ajustaba al cuerpo de Regina acentuando sus curvas, el vestido en vez de verse corriente se veía de infarto, estaba adornado con piedras preciosas que hacían juego con los hermosos pendientes de la reina. Emma no pudo apartar la mirada, el cuerpo de Regina había cambiado..Mucho. un escalofrió le recorrió la espalda- ¿estás bien Emma?—pregunto Regina sacándola de su mundo.

-si, si…todo bien, solo estaba pensando en cómo te queda el vestido, te ves muy…en realidad te ves preciosa-

La cara de asombro de Regina fue suficiente para que Emma se diera cuenta de la magnitud de sus palabras, y no solo era el cumplido en sí, desde niñas que Emma no tuteaba a Regina, siempre se dirigía a ella como "su majestad" "princesa" "Mi señora", pero nunca tuteándola. Regina seguía con su cara de asombro como si esta fuera la primera vez que le hubieran dicho esas palabras.

Regina sonrió y pellizco las mejillas de Emma.

-mas de veinte años para que te dieras cuenta Emma, por dios, ¿se puede estar tan ciega?— Regina se volteo a sonreírle a Emma quien se había quedado obnubilada tocándose el rostro, sintiendo su mejilla arder—anda vamos que una fiesta nos espera—

-damas y caballeros….SU MAJESTAD—dijo el presentador inclinándose ante Regina que hizo acto de presencia. Todos habían guardado silencio y La música paro de inmediato y ella volteo a ver a los músicos con desaprobación.

-que continúe la fiesta por favor- dijo al tiempo que se sentaba en el trono. No les tuvieron que decir dos veces y el vals continuo en su esplendor, la gente siguió bailando y platicando. Emma se puso en guardia, desenvainando discretamente su espada al ver acercarse al rey Rumpelstiltskin a Regina, temiendo algún atentado.

-querida, cada días más hermosa me doy cuenta—dijo Rumpel abrazando a su sobrina

-mejor cuénteme algo que no sepa, ¿Cómo le ha ido últimamente?-

-sin contar la guerra estúpida que nuestros reinos han sostenido estos ocho años supongo que bien—Regina soltó una carcajada cínica

-pues supongo que le irá mejor al saber que he decidido posponer las hostilidades ¿se divierte?—

-una fiesta encantadora debo admitir pero no puedo evitar preguntarme por qué tan de repente te decidiste a ser tan pacifica cuando se que sacaste a tu madre lo belicosa—

-digamos que fue un cambio de planes, deje sus ideas de complot para depues, esta noche esta en reino amigo— el rey Rumpelstiltskin alzo la ceja.

-averiguare lo que planeas sobrina con esta "muestra" de paz, tarde o temprano…pero bien dices hoy es para divertirnos—

-naturalmente, ¿te acuerdas de Emma?—

Emma se acerco y se inclino a saludar al rey que dio una cabezada aburrida.

-¿la niña que te servia para tus juegos?—pregunto despectivo. Regina solo alzo la mano para mirarse las uñas despreocupadamente.

-y luego quien quiere paz…-

-perdona, ¿bailas?—

-por el momento no— y la mirada de Regina se dirigió hacia el Rey David, Rumpelstiltskin sonrió.

- veo que ya sabes quién será tu pareja de baile, te deseo suerte querida—soltó el rey y se marcho para seguir platicando con su esposa. Regina se iba a encaminar hacia el rey Charmington cuando el tesorero la interrumpió de su propósito.

-su majestad, su invitación nos honra—dijo el hombre inclinándose respetuosamente.

-me alegra verlo aquí. Peter—contesto Regina con educación.

-permítame presentarle a mi esposa, Rubí— una joven de largo cabello negro y facciones hermosas se acerco con una sonrisa y se inclino ante Regina.

-es un honor conocerla su majestad- dijo rubí con una sonrisa. Regina asintió.

- enhorabuena por su matrimonio, Peter es un buen hombre y un tesorero honrado, no deseo más que dichas para ustedes—contesto Regina. Rubí sonrió.

-y ella es la señorita Swan, naturalmente. Ella es la mano derecha de la reina—

-es un placer—dijo rubí inclinándose. Emma se inclino también.

-el placer es mío—

El silencio se instalo entre ellos, el tesorero llevaba mucho trabajando para la reina y sabía que estaba fastidiada, así que tomo la mano de su esposa y se despidió cortésmente. Regina no quiso desaprovechar la oportunidad de que la habían dejado sola y se fue directo a saludar al rey David.

-su majestad—soltó con reverencia el rey David al ver a Regina.

-su majestad—imito Regina, David rio. -¿le hace falta algo rey David?—

-es usted muy amable, mi reina. No me falta nada gracias. Es una fiesta hermosa, me honra haber sido invitado. —respondió David.

-y me honra que haya aceptado venir— dijo Regina alzando su copa. David brindo con ella y comenzaron a platicar. Regina llevo la plática de tal modo que David le propuso un baile y la reina encantada había aceptado. Regina parecía estar en una nube, era lo natural ya que ella estaba enamorada del rey David desde que tenía ocho años

Emma miraba con atención a la reina Regina, no la perdía de vista por que tenía que asegurarse que la reina no sufriera ningún accidente o altercado, llevaba más de veinte minutos platicando con el rey David, El rey La saco a bailar y pudo ver la sonrisa de Regina al bailar con el rey.

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Emma recordó la primera vez que habían conocido las dos al príncipe cuando Regina tenía apenas 8 años David de entonces 15 años había llegado con su padre para hablar con la reina Cora proponiéndole un tratado de paz. Evitando que su reino fuera arrasado por las tropas de la reina.

Regina se impresiono al ver al guapo muchacho y enseguida se enamoro de él, Emma se dio cuenta de inmediato y miro al príncipe con odio. Su rencor hacia el príncipe se fue acrecentando cuando Regina dejo de jugar con ella para estar siempre al lado de David todos los días a todas horas. Emma lo habría aceptado y se habría puesto feliz por su princesa, que había encontrado a su príncipe encantador, pero al ver que el príncipe no le hacía mucho caso a Regina y le contestaba mas por obligación que por gusto Emma lo termino de aborrecer.

Emma de entre todos esos días recordaba uno muy especial, el día en que el rey y el príncipe David se iban a ir a su reino. La sirvienta al no tener ya a su compañera de juegos se dedicaba a mirar a Regina a lo lejos y cuidarla de cualquier accidente que sufriera, quizá eso se pudiera considerar espionaje pero no era así. Ella quería ver a Regina aunque fuera de lejos.

-¿se irá entonces príncipe David?—pregunto Regina con la voz quebrada. –puedo hablar con mi madre, pedirle que se quede un poco mas—

-se lo agradezco su majestad, pero en estos momentos quiero estar con mi padre, muchas gracias por la compañía y por su hospitalidad— dijo David

-"gracias por su compañía majestad" –imito Emma con desprecio—que bobo—

-tiene un jardín precioso, será lo que más extrañare de su reino—opino el joven mirando alrededor.

-si tanto le gusta se puede llevar una rosa—Regina se acerco al rosal—puede agarrar la que más le guste príncipe David—

-¿en serio?— Regina asintió con una sonrisa, el joven se acerco a una rosa la corto, y aspiro su aroma. Se acerco a la princesa y le acaricio los cabellos negros.

- ¿ha escuchado esa leyenda? Un hombre solo debe entregar una rosa solo una vez, para que amor sea duradero y feliz, yo creo firmemente en eso y la única vez que entregue una rosa será exclusivamente para la mujer que amo—

Regina asintió con una sonrisa y alargo la mano para tomar la flor pero David se aparto. Emma todavía se preguntaba si ese gesto había sido deliberado o involuntario. Quizá David se había dado cuenta del amor que sentía la pequeña Regina por él.

-muchas gracias por la flor princesa, pero ahora debo hacer mi equipaje, le deseo dicha y felicidad—

Regina se quedo parada mirando como el príncipe se iba a sus aposentos. La pequeña princesa estuvo triste toda la semana, sentada en el jardín mirando las rosas entre la nostalgia y la furia. Emma no podía soportar ver a la princesa así. Solo por la historia de su príncipe bobo. ¿Pero cómo podría competir con una rosa? Emma tenía pensado adquirir la rosa más hermosa en todo el reino para su princesa. Asi que durante esa semana la pequeña sirvienta se dedico a introducirse en los jardines de los nobles para así encontrar una flor digna de Regina. Pero era muy difícil. ¿Cómo podía conseguir una flor mucho más bella que las que había en el jardín real a disposición de Regina? Inesperadamente cuando la mandaron a darle un recado al sastre real, la encontró…lo que estaba buscando ahí en el suelo, algo digno de Regina. Sonrió ante su buena suerte. Y lo tomo antes de que alguien se diera cuenta.

Por su parte la princesa estaba triste por la partida del príncipe David, por el evidente rechazo y porque gracias a que la había ignorado todo este tiempo, Emma parecía no querer dirigirle la palabra, a todas horas salía. Se inventaba recados y se iba al pueblo y quien sabe que estaba haciendo porque Emma no se lo quería contar. Era la primera vez que Emma le ocultaba algo.

Salió al jardín y se sentó en la banquita a lado del rosal donde antes había estado con David. Miro las rosas con nostalgia, la historia del príncipe le había parecido hermosa. Si tan solo alguien le diera una rosa solo para ella. y nada más que a ella. ¿existiría esa persona para ella?

-toma- una manita pálida interrumpió la visión de Regina y se concentro en la cosa verde que tenía sostenida: un trébol de cuatro hojas. Alzo la vista y se encontró con Emma que le sonreía de oreja a oreja.

-Emma pero…-

-ya que el príncipe David no fue capaz de darte una rosa roja, yo he buscado por todo el reino y he encontrado algo mejor para ti…toma te lo doy— Regina tomo el trébol entre sus dedos y lo abrazo contra su pecho

-creía que jamás me volverías a hablar, que estabas enojada por mi comportamiento. —Emma rio y abrazo a Regina.

-yo nunca me enojare contigo..Nunca—

-¿vamos a jugar?— propuso Regina

-vamos— dijo Emma sonriendo y sintiéndose aliviada de que Regina volviera a sonreír.

-su majestad ¿me honraría con esta pieza?—pregunto el rey Leopold a Regina cuando acabo la música, Regina lo fulmino con la mirada ¿Qué quería ese viejo chocho?

-estoy bailando con el rey David—dijo mirándolo con furia, el viejo rey se encogió de miedo. David noto la tensión y decidió salir del cuadro.

-su majestad no se preocupe por mí, adelante.—

-pero…-

-como reina uno tiene obligaciones que no puede posponer, bailar con los invitados es una de ellas, adelante—

-Muchas gracias por el baile príncipe David- dijo Regina sonriendo encantada, y tomando la mano del rey leopold con resignación.

El rey David salió a respirar aire fresco a los jardines. Estaba agobiado de fingir agrado hacia la reina Regina. Pero que mas podía hacer, su reino pendía de un hilo. Regina lo tenía sujetado de manos, hacerle un desaire a la reina seria su destrucción total, se sintió completamente perturbado, había visto como lo miraba Regina, y él se veía incapaz de corresponder, se figuraba que pronto tendría que casarse con la reina Regina, a él le hubiese gustado casarse por amor, con una muchacha cálida y gentil no con una tirana y fría reina. Pero como había dicho antes, a veces los reyes tienen obligaciones que deben cumplir por mucho que duela, y la protección de su pueblo valía cualquier sacrificio.

-maldita sea, ouch…¡me dolió!—escucho una queja femenina, entorno los ojos al estar oscuro y vio una muchacha de pelo negro cerca del rosal.

-¿todo bien?—pregunto acercándose a la mujer a ver qué pasaba.

-claro que todo no está bien, solo quiero una maldita rosa roja pero este rosal me ha picado con una de sus espinas—se quejo la muchacha. David se quedo viéndola fijamente. -¿y tu quien eres? '¿trabajas aquí?—

David soltó un suspiro incrédulo.

-soy el rey David muchachita mejor dime quien eres tu—

-mucho cuidado con cómo me habla rey David, estas ante la princesa Snow White así que somos iguales…o casi, cuando el reino pase a mis manos. Solo estas a un nivel por encima de mí—

El rey rio ante la muchacha y negó con la cabeza, vaya que era graciosa.

-¿quieres una rosa? Está bien, te daré una y créeme no lo hago con cualquiera—dijo David sacando su espada y cortando una rosa.—bien aquí tienes—

-gracias—dijo la princesa Snow inclinándose y volviendo a la fiesta.

-¿podrías decirme de que reino eres?—

- de por ahí, no tiene importancia—soltó la muchacha sacándole la lengua.

-sabes que, no importa que no me lo digas…ya te encontrare. —dijo el rey viendo como la muchacha se metía al salón.

Continuara….