DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha y Co. no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. Esta historia es invención mía, sólo tomo a los personajes para situaciones hipotéticas, sin fines de lucro, sólo para entretenernos.
Fic participante de la actividad "(30) days of shipping" y del reto "Camino al Infierno", ambos del foro "¡Siéntate!" (Link en mi perfil~)
— Peccātum—
— IV —
— Ira (del latín ira): Sentimiento descontrolado de odio y enfado.
Furia tal, que despierta el deseo de venganza. —
Frunció un poco más el ceño, sin importarle ahora si los demás notaban que estaba molesto. Después de todas las estafas, engaños, robos y mentiras en los que había incurrido ese extraño, ahora tenía el descaro de coquetearle a su esposa. Sí, era cierto que había cortejado a la aldea entera antes de que descubrieran todas sus artimañas, pero a él no le importaban las otras chicas. Era su mujer la que estaba siendo víctima de sus halagos y galantería ahora, y eso él no iba a permitirlo.
— La he visto durante los entrenamientos, es muy ágil y fuerte. Durante todos mis viajes, no he visto a alguien que se le pueda comparar.
Claro, el tipo era listo y escogió muy bien el halago, provocando que las mejillas de Sango se sonrojaran cuando le tomó las manos y le dedicó esa galante sonrisa. Sintió su sangre hervir por el enfado, el corazón latiéndole más rápido y los puños temblarle aún en el prieto agarre de su shakujō. InuYasha le hizo un gesto de fastidio, también estaba harto de eso. Ambos acababan de descubrir la verdad tras todas las fantásticas historias del sujeto que ahora había decidido atreverse a regalarle un exótico dulce a la Exterminadora. El rostro se le desfiguró cuando escuchó la insistencia del hombre luego de la risita nerviosa de su mujer y su disculpa amable para no aceptar el bocadillo. Sabía que ella no permitiría que nadie que no fuese él la sedujera de esa forma, pero era demasiado educada para rechazarlo de golpe.
— Quítale tus sucias manos de encima y déjala en paz, maldito truhán.
Para sorpresa de todos, no fue InuYasha quien lo insultó ni soltó el gruñido de molestia al dirigirle la palabra. Sintió las miradas fijas en él y la evidente confusión en el rostro de todos ante sus palabras. Dio un paso hacia ellos al ver que el estafador no tenía intenciones de hacerle caso, apretando la mandíbula y mirándolo con odio.
— Cariño, ¿qué ocurre?
— ¿Además de que te está coqueteando descaradamente? — Respondió de golpe, sin dejar de mirar rencorosamente al hombre que permanecía junto a Sango, quizá pensando que ella podía defenderlo. — Pues, que este tipo es un estafador. Ninguna de sus maravillosas historias es cierta y las joyas y amuletos que ha vendido en la aldea son todos falsos. Los títulos que exhibe para respaldar su identidad son robados, encontramos al verdadero dueño.
Al igual que los demás, Sango tardó un poco en procesar la información. El hombre intentó buscar su ayuda, tomándola del brazo y negando con un gesto, tratando de apelar a su buen corazón.
— S-Sango, eso no es verdad, yo jamás…
— ¡¿Y te atreves a decir su nombre y a volver a tocarla?! ¡Eres un malnacido!
La castaña no hizo ni el menor esfuerzo en detener a Miroku cuando se abalanzó sobre el sujeto y lo arrojó al suelo, aunque no imaginó que él iba a comenzar a golpearlo de esa forma, hacía bastante tiempo que no veía a su esposo tan molesto, la furia se le escapaba por los ojos y tenía el rostro desencajado. Ella también comenzó a molestarse cuando recordó que el idiota seducía a cuanta mujer se le atravesara por el frente y ahora intentaba hacerla caer a ella, además de que les había intentado vender costosos amuletos de protección antes de caer en cuenta de que en su casa habitaba un monje. También apretó la mandíbula, hubiese dejado que el ojiazul siguiera castigando al sinvergüenza, pero notó que la rabia lo estaba cegando y ya era suficiente.
— Miroku, basta — intentó detenerlo, pero sus palabras no llegaron a los oídos del aludido, así que tuvo que recurrir al contacto físico, apartándolo y sujetándolo con fuerza para evitar que siguiera agrediendo al delincuente —. ¡Basta, detente! ¡Cálmate, ya le diste su merecido!
Aunque ella se lo dijera, él tenía la impresión de que no bastaba, la sangre aún le hervía y sentía que la única forma de calmarse era seguir golpeándolo hasta que esa furia desapareciera. Sin embargo, no le quedó de otra que hacerle caso a su esposa y resignarse a dejarlo ir, sus palabras parecían tener más sentido que la voz en su cabeza incitándolo a crear más violencia. A pesar de que solía ser más pacifista, que alguien como ese idiota osara coquetearle de esa forma a su mujer simplemente lo hacía perder la cabeza. Lamentablemente, la sensación rencorosa y agitada tardó un poco en abandonarlo, después de todo, tenía razones de peso para estar así de molesto, Sango era su esposa y nadie tenía el derecho de cortejarla de ese modo, ¿no?
Prompt: Ira.
Bueno, he llegado con la actualización que corresponde para hoy~ Espero que les guste. Siento que cuando se trata de celar a Sango, Miroku puede ser un tipo de mucho cuidado. Se enfada con mucha facilidad con sólo pensar que alguien más la mire con otros ojos. Digo, sólo hay que verlo como se pone cuando ese yokai pez dijo que la haría su esposa. ¿A que no es para enfadarse?
En fin, muchas gracias a Constantine Moore por su review y a Nuez por su apoyo. Nos leemos en el próximo :)
Abrazos~
Yumi~
