Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR. Para gran alegría suya yo solo juego un poco con los personajes. :P

cataaaaaaa, Isla de Thera, Fran1247, adrisstbdt, any-live-life, fixyouronhermione, sowelu (PM =D), muchas gracias por sus reviews ^^ que son muuuuuuuuuy importantes para mi, saber que les gusta esta historia es un total y completo incentivo para seguir haciendo lo que mas me gusta, que es escribir (:

Disfruten!


CAPÍTULO 4.

Ron subió las escaleras principales con tranquilidad, evitando que su ansia de subir corriendo se impusiera sobre él. Necesitaba serenidad para prepararse para la batalla a la que se enfrentaría. No recordaba mucho de lo que había pasado temprano esa misma noche, pero no creía que hubiera ocupado las palabras correctas durante esa conversación.

Si lo que sus ojos habían visto no era cierto probablemente había echado por la borda siete años de relación.

Si era verdad… bien, en realidad no quería pensar en esa posibilidad. Quería tener una esperanza de que todo pudiera ser como antes… no, no como antes, jamás como antes, tenía que ser mejor, perfecto.

La puerta de su dormitorio estaba entreabierta y por el resquilo se escapaba la luz del foco y también por allí se coló la voz de Ginny. No lo había pensando, pero si Harry sabía lo que estaba pasando eso solo quería decir que su linda hermana también lo sabía y debía estar junto a Hermione.

—Tienes que decírselo, Hermione.

—No, no lo voy a hacer.

—Él tiene derecho de saberlo.

Los puños de Ron se tensaron. ¿Es que sus temores eran reales? ¿Era que los sollozos de Hermione eran a causa de lo mal que se sentía por haberlo engañado? ¿Era acaso…? Detuvo la línea de sus pensamientos y se decidió. Tenía que saber la verdad, fuera la verdad que fuera. Era su momento de intervenir, aunque ya no sentía el mismo entusiasmo que antes.

Empujó la puerta y entró antes de arrepentirse. El silencio reinó la habitación cuando cruzó la entrada y las observó detenidamente.

Hermione estaba de pie con la mirada perdida en la ventana que daba a la calle mientras Ginny permanecía a su lado tratando de convencerla de que le dijera la verdad que por desgracia él ya sabía.

—¡Ron! —exclamó su hermana a quien no le prestó atención. Su mirada estaba suspendida en ella. En Hermione quien pareció no reaccionar, pero él se dio cuenta de la rigidez que había caído sobre sus hombros. Ella sabía que él estaba ahí.

—Déjanos solos, Ginny —ordenó sin quitar la mirada de Hermione.

Sintió la mirada penetrante de su hermana sobre él, pero no estaba de humor para sus arranques de mal humor.

—Déjanos solos —insistió.

Ella iba a replicar, pero la mano de Hermione se colocó sobre su brazo deteniéndola. Negó con la cabeza.

—Déjanos solos —pidió repitiendo las mismas palabras que él había dicho.

—Pero Hermione…

—Voy a estar bien.

Su hermana no pareció muy convencida de ello, pero aun así asintió y se dirigió a la puerta.

—Voy a estar en la sala con James —anunció.

—Vete a tu casa, Ginevra —ordenó Ron cuando pasó a su lado.

—Eres un idiota Ronald —contestó su hermana—. Me voy a quedar en la sala con James —repitió contundentemente.

El sonido de la puerta al cerrarse con fuerza fue lo que les informó que Ginny estaba enojada y que había salido de la habitación.

—¿Qué haces aquí, Ron? —preguntó ella sin buscarlo con la mirada.

Él no sabía qué decir. Había ido ahí decidido a recuperarla, pero no sabía cómo. Los sentimientos hacían revolución en su interior y él no sabía cómo hacérselo saber a ella, como… hacer que ella entendiera, que lo perdonara.

—Quiero respuestas —fue lo único que se le ocurrió decir cuando Hermione pareció impacientarse y se dio cuenta que las necesitaba. Amaba a Hermione con todo el corazón y la amaría hasta el final de los tiempos, pero antes de que algo pudiera pasar entre ellos necesitaba escuchar de sus propios labios lo que quitaría las amargas dudas que ennegrecían su corazón y que no lo dejaban en paz.

—Yo no te debo ninguna.

—Llevamos juntos siete años y llevo conociéndote catorce años. Creo que sí que me debes algunas respuestas.

Hermione se volteó para encararlo. Su mirada penetró muy dentro de él. Estaba furiosa y muy, muy dolida. Sus ojos estaban rojos de tantas lágrimas derramadas y su aspecto no era para nada el que siempre recordaba al pensar en ella. La elegancia y perfección habían cedido en cuestión de horas. Su ropa estaba desalineada y su cabello aun mas de lo que normalmente estaba como si llevara horas acostada en la cama. Lo que por el aspecto del cuarto llevaba haciendo, después de haber destruido varias de las piezas de porcelana.

Ron incluso había pisado lo que había sido antes el ojo de una muñeca de porcelana que le había regalado a Hermione hacía dos años.

—Alegas conocerme. Fanfarroneas hablando de años y años de conocimiento sobre mi y aun así te atreves a… —se interrumpió cerrando los ojos y su boca con fuerza y apretando los puños hasta que empezaron a ponerse blanco. Volvió su mirada a la ventana—. Vete.

—No.

—Eso es lo que has querido hacer desde siempre. Vete.

—Yo no…

—¡Tu sí! —exclamó apuntándolo con un dedo—. ¡Siempre con un pie dentro de estar relación, pero con el otro fuera! —su labio tembló mientras bajó su mano—. Fui paciente contigo y esperé por ti, pero esto se acabó. Hoy… esta noche… todo se acabó —dijo contundentemente aunque su voz temblaba.

—¡Entonces dime la verdad! —explotó—. ¡Ginevra tiene toda la razón, tengo derecho a saberlo!

—Ginny no sabe lo que dice —dijo limpiando una solitaria lágrima que bajaba por su mejilla.

—¡Tan solo dímelo y terminemos de una buena vez con esto si eso es lo que quieres!

—¿Qué es lo que quieres que te diga? ¿Qué te engañé? ¿Qué conocí a alguien más? ¿Qué me enamoré de alguien más? o ¿que todo lo que ha creado tu mente es mentira? Dime qué quieres que te diga y te lo diré, pero por favor… por favor… —los sollozos se hicieron presentes en el sonido de su voz— ya basta. Déjame en paz. Vete.

La creciente furia que había nacido en su pecho se detuvo cuando la escuchó llorar.

—Solo quiero saber la verdad —susurró.

Una amarga sonrisa se formó en sus labios.

—Tú me pides la verdad… me pides hablar con sinceridad. Cuando tú eres la persona más mentirosa de este planeta.

—Yo nunca te he mentido.

—¿Ah no? —enarcó una ceja caminando hasta el buró que había justo al lado de la cama. Lo abrió y sacó un pergamino— ¿Omitir información no es mentir? —preguntó desenrollando el pergamino—. Señor Weasley —comenzó a leer— nos alegra informarle que ha sido aceptado en la academia de aurores…

Ron se apresuró en su caminar hasta llegar junto a ella y arrebatarle el pergamino de las manos. Creyó haber mantenido el secreto durante todo ese tiempo, pero…

—¿Hace cuánto lo sabes?

—Sospeché que algo pasaba desde hace dos meses, pero no supe qué era hasta hace dos semanas cuando encontré eso entre tus papeles.

—Estuviste esculcando entre mis cosas.

—No caería tan bajo como eso. Fue casualidad y si no quieres creerme no me importa —su mentón temblaba mientras trataba de mostrarse con toda la dignidad de una reina estando ahí frente a él.

Porque ella era una reina.

E incluso más importante era su reina. Él su vasallo y la amaba con todo el corazón.

Se acercó hasta ella. La agarró de los brazos y bajó su mirada hasta unirla a la de ella.

—Tan solo dime que no es cierto, Hermione, solo dilo y yo te creeré.

Ella negó.

—No voy a hacer eso, Ronald, estoy harta de tus celos, de tu desconfianza. ¿De qué serviría que te lo dijera? Estarías tranquilo dos semanas y entonces algo nuevo pasaría y volverías a creer que tengo a un amante. Ya no, Ron, esto… esto se acabó —se soltó de su agarre y se alejó.

—¿Eso quiere decir que no lo tienes ahora?

Una risa amarga se esparció por la habitación.

—Alegas conocerme, pero en realidad no lo haces.

Con la majestuosidad de una reina abrió la puerta del baño y entró sin mirar atrás.

Ron quiso gritarle que si la conocía, que conocía cada una de las partes que integraban ese cuerpo, que sabía perfectamente cómo hacerla implorar por él, que sabía cómo hacerla llegar al éxtasis…

Sabía todo acerca de esa mujer.

Sabía que su color favorito era el azul y que jamás permitiría que nadie le hiciera daño a los que quería; sabía que cuando él no estaba en casa le gustaba dormir abrazando a un viejo muñeco de peluche que tenía desde pequeña y sabía que bajo su semblante serio se escondía un corazón virtuoso y muy bromista; sabía que le gustaba el helado de vainilla y que tenía una vena maliciosa cuando le hacían algo a alguien a quien ella quería; sabía que ella era la persona más paciente del mundo entero, no había sido reto fácil aguantarlo durante siete años de colegio sin hacer gala de eso; también conocía a la perfección la compasión y el perdón que a lo largo de los años había tenido que formar parte de su vida diaria junto a él.

Sabía que la amistad y la familia eran lo más importante para ella sin importarle tener que sacrificarse a sí misma para con quien ella amaba.

Y sabía…

Oh dios…

Sabía que ella era leal a los que amaba.

Por sobre todas las cosas ella era leal.

Honesta.

Ella jamás engañaría a alguien si eso significaba lastimarlo.

Ella jamás lo engañaría con alguien más. Ni siquiera porque estuviera enamorada de esa otra persona lo haría.

Ella no lo engañaría.

Nunca.

Ni lo dejaría por alguien más.

Aunque muy probablemente ella lo estuviera dejando por ser él mismo.

Ella había pedido una sola cosa. Una sola.

Confianza.

Él no se la había dado.

Se dejó caer en el suelo en medio de la habitación provocando un ruido sonoro al que no le tomó importancia. Sintió como las lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas.

Ron no había llorado en años.

Hermione estaba harta y muy cansada. Apoyó su espalda en la puerta y se dejó caer hasta que quedó tendida en el suelo y dejó salir todas las lágrimas que había retenido mientras veía a Ron ahí frente a ella suplicándole que dijera las palabras que los liberarían a ambos.

Ella no pudo decirlas.

No le ayudaría en esa ocasión, necesitaba que él confiara en ella, necesitaba hacer de su vida, de su relación, algo mejor que lo que había sido los últimos años y no solo por él, ni solo por ella sino…

Escuchó como algo se rompió al otro lado de la puerta y supo que era Ron. Era un idiota. Siempre había sido consciente del hecho de que se había enamorado de un idiota, pero jamás creyó que llegaría el momento en que lo lamentaría.

Las lágrimas bajaban con desesperación por sus mejillas mientras ella se tapaba la boca con las manos, no quería que él escuchara sus lamentos, no podría soportarlo.

Ella no era ninguna religiosa, pero en ese momento se vio rezando. Rezando para lograr que el hombre por el que ella viviría cada día saliera de ese hoyo negro en el que se encontraba y viera la luz. La verdad.

Dios, por favor, ayúdalo…

Ginny estaba en la sala acurrucando a James en sus brazos, él totalmente ajeno a lo que estaba pasando con sus tíos.

—Si alguna vez quieres consejos sobre relaciones, James —le susurró muy cerca de su cabeza— no se te ocurra recurrir a Ron. Será mi hermano, y muy tu padrino, pero es un idiota, y de paso te aconsejo que tampoco se los pidas a tu padre, él también llega a ser un idiota en estos casos.

El bebé gorgoreó entre sueños.

—Sí, ya sé que no te gusta que hable mal de tu padre, pero es la verdad, pero creo que en esta ocasión Ron se llevó la estatuilla de oro.

Suspiró observando las escaleras que daban al segundo piso. Su hermano era un idiota, pero lo quería, así como también quería a su cuñada, lo suficiente como para rogarle a quien escuchara que los ayudara a encontrar la felicidad que tanto se merecían.

Un suave Plop fue lo que le advirtió que su esposo había llegado.

Se volteó para encontrarse con la mirada preocupada de Harry. Su gabardina estaba parcialmente cubierta de nieve y su cabello no había tenido tan buena suerte tampoco.

—He estado buscando por todas partes, pero no logro encontrarlo, no sé dónde se metió.

—Está aquí —susurró dejando a James sobre la improvisada cama que había creado en el sillón.

—¿Aquí?

Ella asintió acercándose a él para ayudarle a quitar algo de la nieve que había sobre sus hombros y su cabello.

—Está arriba con Hermione.

Sintió los músculos de Harry tensarse.

—¿Cómo estaba?

Ella suspiró.

—Mal. Ambos están mal.

—¿Crees que Molly haya hablado con él?

Ella negó con pesar.

—No logré contactarme con ella. Ni siquiera sé por qué Ron regresó —hundió su cara en el pecho de su esposo y lo envolvió en un abrazo que él correspondió—. Tengo miedo, Harry.

—¿Sabes qué fue lo que pasó?

—Ron actuó como solo él puede hacerlo; Hermione, por su parte, decidió dejar de intentar arreglar todo y dejarle la batuta a él.

—Lo cual no fue una buena idea.

—Fue una buena idea, Harry, eso es lo peor. Ron necesita aprender a confiar en ella, a creer en el amor que le tiene, si no lo logra ellos no tendrán futuro, lo cual es horripilante porque… —se detuvo mordiéndose el labio inferior. Le prometió a Hermione no decir nada y no rompería su promesa, ni siquiera con Harry.

—¿Por qué? —preguntó su esposo tomándola de la barbilla para obligarla a alzar la cabeza.

—No te lo puedo decir, Harry.

Su esposo enarcó una ceja, pero no hizo más preguntas y ella lo agradeció. Él suspiró y soltó su agarre para obligarla a caminar junto a él e ir a sentarse a un lado de James.

Se sentó a un lado de él y sintió sus brazos aferrándose a su cintura mientras posaba su barbilla sobre su hombre y ambos observaban detenidamente al pequeño James sumido en su sueño.

—Espero que ellos logren tener lo que nosotros tenemos.

Yo también, pensó ella, por el bien de todos.

Sintió la nariz de Harry en una suave caricia en su cuello.

—¿No crees que deberías dejar de guardarme secretos? —le susurró al oído.

—Ya sabes que no te puedo decir lo que Hermione me dijo…

—No estoy hablando de ese secreto… —la interrumpió tocando suavemente el vientre que empezaba a redondearse—. Un secreto por noche está bien. Dos sabes que no los soporto.

Ella se sonrojó.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó poniendo una mano sobre la de Harry.

—Lo sospeché hace semanas, pero no me caí en la cuenta hasta hoy, cuando no quisiste viajar ni por Red Flu, ni aparecerte.

—Y… ¿cómo te sientes al respecto? —preguntó evitando mirarlo.

—Terriblemente asustado, emocionado y feliz. Por sobre todo feliz.

Ella sonrió sintiendo la propia sonrisa de Harry en su cuello. La apretó más cerca y volvieron a posar la vista sobre el pequeño James.

—¿No te molesta que haya sido tan pronto? James aun es tan pequeño…

—Está bien, así tendrá alguien con quien jugar.

—O con quien hacer travesuras —susurró—, no te olvides que estamos hablando de un Weasley.

Él rió.

—Mi parte de la familia también tiene lo suyo, no te olvides de todo lo que hizo mi padre en el colegio.

—Y si James ha heredado eso junto con el nombre yo no voy a ser responsable por él. Tú tendrás que ir a ver a McGonagall cada vez que lo quieran expulsar.

Lo que esperaba no fuera muy seguido, pero no daba por sentado nada.

Harry suspiró estrechándola con amor. Ginny se sintió amada, protegida dentro del abrazo y el confort de su familia. Su propia y pequeña familia. Tocó su vientre que muy pronto empezaría a crecer y redondearse como lo había hecho una vez con James.

Suspiró y observó las escaleras.

—Espero que ellos puedan arreglar sus asuntos —dijo Harry.

—Yo también —susurró Ginny. Tocó protectoramente su vientre. Yo también lo espero, repitió en su mente, por el bien de todos.


soy mala cierto? xD

reviews?

XOXO
..:: wendy . rosita ::..