Mario Bros y todas sus franquicias no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)

ADVERTENCIA: El rating de este fic cambiará a T, debido a lo oscuro que se volverá a partir de ahora. Dicho sea de paso, lo relatado a continuación va en contra de los fanfics más leídos, queridos y comentados en esta sección. Irónicamente, los primeros párrafos de este capítulo están inspirados en el inicio de Mario y Luigi: Viaje al centro de Bowser.

Los visitantes del Reino Pompe-ia

Capítulo 4

(...)

En ese instante, Mario no se había dado cuenta de lo que estaba pasando realmente a su alrededor. Solo saltó, como siempre lo hizo, hace y hará. Su cuerpo se posicionó por puro instinto delante de Peach, y sin dudarlo un solo segundo, desvió con una contundente patada, el martillo que podría haberle destrozado la cabeza.

El pesado objeto cayó sobre la mesa de reunión, haciendo un agujero en la fina madera. Antes de que las astillas hubieran terminado de caer al suelo, el pánico se desató en la pequeña sala. Pero él se percató de que estaban bajo ataque, solo cuando Peach gritó su nombre aterrada.

Mario se sintió pequeño al ver como el techo del salón era desprendido ante sus ojos. Las enormes pinzas del nuevo crucero koopa, destrozaron con facilidad el edificio donde se encontraban, dejando un prominente agujero sobre la sala de reuniones, y decenas de goombas y koopa troopas enemigos, comenzaron a descender sobre sus cabezas. El fontanero tenía la sensación de que todo iba en cámara lenta, y apenas podía escuchar los gritos de desesperación de Toadsworth, clamando por protección para la princesa de su Reino.

Por un instante, vislumbró a Peter en medio de aquella escaramuza. Tan pequeño como era, la mayoría de los esbirros de Bowser presentaban un riesgo para él. No pasó mucho tiempo para que un koopa troopa intentara derribarlo, con la fuerza de choque de su caparazón. Pero antes de lograr alcanzar al príncipe de Pompe-ia, salió disparado en dirección contraria.

El golpe que le había dado Borsalino al koopa fue monstruoso. La tortuga antropomórfica salió propulsada como un proyectil, derribando a varios de sus compañeros, hasta atravesar y destrozar una de las pocas ventanas que se había salvado de perder sus cristales.

Borsalino paso con suavidad su guante de box derecho bajo su barbilla, y lugo miró a su príncipe para asegurarse de que este bien. Le echo un vistazo a Mario, para hacerle una señal con su mano enguantada, indicando que tenía todo bajo control. El fontanero se quedó sin aliento por un momento e hizo un gesto con su mano izquierda en respuesta. Luego, trató de tomar las manos de Peach para tranquilizarla. La pobre estaba teniendo un ataque de pánico, y para su horror, parecía que apenas podía respirar.

La princesa trató de hablar, pero los gritos y gruñidos a su alrededor no permitían que escuchara su voz, debilitada por la falta de fuerza en sus pulmones. Mario alcanzó a leer los labios de la princesa, que gesticulaban "¡Cuidado!". De repente, sintió que algo le empujaba lejos de ella. Era demasiado tarde cuando se percató que Kamek le había disparado un fuerte hechizo de choque.

Aquel ataque lanzó a Mario varios metros lejos de Peach, lo cual solo le desesperó aún más. Los huesos de su cuerpo se estremecieron por completo tras el impacto del hechizo, y la zona donde aquel rayo le había golpeado, ardía como si le hubieran arrojado brasas ardientes. Mario realmente detestaba la magia de los magikoopas.

Borsalino por su parte, volvió a cargar con los koopa troopas que trataban de atosigarlo para separarlo de Peter. Tal vez era más fuerte que ellos, pero no dejaban de llegar más y más, degastando la energía de la liebre. Mario no podía ayudarlo, porque Kamek se había encomendado separarlo de Peach y evitar que pueda asistirla para escapar de allí.

—Uno de los tuyos casi le destroza la cabeza a Peach— Acusó Mario, tratando de averiguar las razones de aquel ataque tan violento por parte de Bowser.

—Bowser piensa que ya es hora de prescindir de tu princesa, fontanero— Kamek dijo esto con tanta frialdad, que Mario no pudo evitar rechinar sus dientes de la rabia, ante la sola idea de que Bowser planeara asesinar a la princesa. No sabía porque estaba tan furioso, pero se dio cuenta de lo mucho que le había afectado cuando estaba encima de Kamek, pateándolo y tirándolo de su escoba.

No importaba que se trajera Bowser entre manos, él no iba a dejar que se lleven a Peach de nuevo.

—¡Fontanero!— Kamek trató de incorporarse, pero se notaba un poco desorientado y dolorido por el golpe que había recibido. Los magikoopas no eran muy fuertes, pero sus poderosos hechizos compensaban su falta de fuerza física —¡No hay nada que puedas hacer! ¡La princesa y este reino serán consumidos hasta que solo queden cenizas!—

Mario no pudo evitar pensar que Kamek acababa de lanzar una terrible maldición sobre el Reino Champiñón, pero no se quedó a responder. Atravesó el salón desesperado, dando saltos sobre los goombas que trataban de morderle los pies, para alcanzar a una acorralada Peach. Toadsworth estaba tratando de quitarse los goombas que no le permitían alcanzar a la princesa, pero los golpes de su bastón no eran suficientes.

Peach reaccionó finalmente, y trató de quitarse a sus captores de encima, golpeándolos con lo que tenía a mano. Solo consiguió sujetar el florero que adornaba una de las mesas de conferencias, pero no le importó. El cristal estalló en la cabeza del goomba que le cerraba el paso y finalmente, logró apartarse de aquel desastre.

Aún así, no pudo llegar tan lejos, porque una poderosa pinza la atrapó, sujetándole con fuerza los brazos y el torso, y elevándola por los aires.

Al parecer el mecanismo no estaba del todo ajustado, porque Peach sintió como el metal presionaba su cuerpo, sus costillas crujieron dolorosamente por la presión que ejercía. La princesa perdió todo el aire de sus pulmones y sus ojos se llenaron de lágrimas por el dolor.

Solo un quejido brotó de su garganta, mientras un hilillo de saliva descendió de sus labios a la barbilla. Después de estremecerse por completo, perdió el conocimiento. Para su suerte, la pinza que la sujetaba dejó de presionar su cuerpo, justo antes de reventar los órganos internos.

—¿Peach?— Mario se quedó helado por un momento, observando con horror la muñeca de trapo en que terminó siendo reducida la princesa del Reino Champiñón —Peach—

Ella no estaba reaccionando, siquiera se movía ¿Acaso estaba muerta?

—¡Peach!—

Mario gritó con fuerza, mientras trataba de saltar donde estaban las uniones de la gigantesca pinza, para destruir sus mecanismos, pero los koopa troopas se interpusieron en su camino y se apilaron encima de él, aplastándolo. Ludwig von Koopa estaba orquestando aquel ataque, y le había cerrado el paso, para llevarse a Peach sin su intromisión.

—¿A dónde crees que vas, fontanero?— El joven hijo de Bowser no se veía muy feliz de estar allí, pero se notaba que estaba dispuesto a pelear con él.

—Sal del camino— Mario casi ni le prestó atención, no parecía tener intenciones de pelear con él. Trató nuevamente de abrirse paso, pero el hijo de Bowser tenía otros planes para el fontanero.

—Este es el final del camino, enano bigotudo— El joven koopa sacó su báculo y apuntó directo a los pies de Mario.

El rayo que despidió su cetro mágico, hizo reaccionar el suelo de forma extraña, generando un fuerte temblor debajo de los pies del fontanero. Las múltiples fisuras que se abrieron en el concreto, atraparon los pies de Mario, sujetándolo de tal forma que no podía moverse ni saltar. Aún así, él no se dio por vencido y trató de moverse, pero no pudo escapar de aquella trampa.

Mario estaba desesperado, necesitaba moverse rápido para rescatar a Peach, pero al parecer iba a costarle mucho escapar de allí. Un extraño sonido le llamó la atención, y levantó la vista para ver con molestia que el caparazón de Ludwig se aproximaba a un terrible velocidad hacía él, girando como un trompo.

Ese ataque estaba a punto destrozarle la cara, y apenas podría cubrirse con sus brazos. Mario solo pudo lamentar lo mucho que iba a dolerle aquel golpe mañana.

(…)

—¡Mario!— Luigi estaba seguro de que había escuchado a su hermano gritar al otro lado de aquel edificio. Maldijo cada boo que estuvo tratando de capturar con el Poltergust 5000, retrasándolo para llegar pronto a la sala de conferencias.

Para colmo, Eris no estaba muy bien. Apenas podía esquivar los ataques de los pequeños fantasmas, sus golpes no le hacían mucho daño y la atmosfera helada que generaban, estaba afectándole. No debía estar acostumbrada a lidiar con este tipo de cosas, porque no podía dejar de temblar.

—¿De dónde están saliendo?— Preguntó Eris con un tono de desesperación, al notar que no podía hacer mucho con aquellos enemigos.

Luigi iba a contestar, pero un grito de horror alertó a ambos. Un boo estaba a punto de hincarle sus dientes a una pequeña toadette, que no había conseguido escapar junto con el resto de los sirvientes de Peach.

—Tranquila— Murmuró Eris con una rara calma, mientras se acercó rápidamente a la niña, y la movió hábilmente hacía un lado, engañando al boo para que mordiera su brazo izquierdo en su lugar.

La niña de sombrero de hongo sollozó, pero Eris le ignoró mientras presionaba con su mano derecha lo que parecía ser una flor de hielo. Sin dudarlo, creó una gruesa capa de hielo en su propio brazo izquierdo para aislar los dientes del boo, y no dudó en asestarle un fuerte derechazo para apartarlo de las dos.

La criatura retrocedió lo suficiente para ser atrapado por la poderosa aspiradora de Luigi. Por suerte, la niña no se había afectado del ataque, pero aún así, Eris le hizo una señal con su cabeza.

—Aléjate— Ladró con sequedad la mujer, mientras giró para ver a Luigi intercambiando las linternas de su máquina atrapa-fantasmas. La niña corrió despavorida, asustada por aquella extraña actitud.

—No debería haber tantos a plena luz del día, y están más violentos de lo habitual— El joven fontanero miró el brazo izquierdo de Eris. La sangre no se notaba, por el color de las mangas de su traje, pero ella había dejado de mover aquella extremidad después de que el boo la mordiera. Eso no era una buena señal.

—¿Por qué no parece afectarte?— Protestó la mujer mientras los efectos de la flor de hielo la abandonaban.

—Este… Yo estoy acostumbrado…— Luigi dejó de hablar por el momento, porque el comunicador que le había entregado E. Gadd antes de salir de su hogar, comenzó a sonar. De seguro había notado la gran cantidad de boos que había atrapado ya, pero agradeció profundamente que su amigo fuera tan obseso con los fantasmas.

¡Professore!— Al ver la pantalla del comunicado, Luigi se dio cuenta que E. Gadd parecía estar demasiado emocionado, dando vueltas de alegrías en su silla giratoria. Era un poco molesto ver su entusiasmo en aquel terrible momento, pero el joven fontanero trató de controlar su temperamento. Necesitaban a un experto en este asunto y solucionar este terrible problema.

—Veo que el nuevo Poltergust se encuentra operando a la perfección— E. Gadd se interrumpe por un momento al contabilizar los fantasmas que había atrapado Luigi, y agregó con algo de consideración —Aún así es extraño, son demasiados boos invadiendo el Reino Champiñón—

—¿Es un experto?— Preguntó Eris desde el otro lado, a lo que Luigi solo atinó a asentir —Pregúntale si algo puede atraer y alterar a los boos, esto me huele a trampa—

—A mi también, es demasiada coincidencia— Murmuró Luigi para sí mismo, sin apartar la vista de su comunicador. Luego, se dirigió de inmediato a E. Gadd —¿La escuchó profesor?—

—Sí, y justo estaba revisando mi parascope, espero que el alcance de tu comunicador sea suficiente para triangular la ubicación de la fuente…— E. Gadd se quedó callado por un momento, mientras terminaba de ajustar la señal de su aparato y encontrar lo que le habían pedido —…Hay una fuerte señal paranormal a pocos metros de ustedes, de seguro allí estará la fuente de su inesperado predicamento—

Luigi no alcanzó siquiera a despedirse de E. Gadd. Tuvo que soltar su comunicador apenas pudo ver donde estaba la fuente del problema, porque los boos restantes comenzaron a fusionarse en un enorme espectro color blanco, que apenas entraba en aquel estrecho lugar.

—¿Acaso se están uniendo para atacarnos?— Exclamó molesta Eris, sujetando con algo de temor su brazo izquierdo.

—Solo tratan de evitar que los absorba con el Poltergust— Luigi ya había pasado por esto antes. Iba a ser difícil esquivar semejante boo en un espacio tan limitado, así que se dirigió a Eris antes de comenzar a pelear —Busca la fuente de…—

Luigi se dio cuenta que estaba hablando solo, porque Eris lo había dejado completamente solo. El joven fontanero sintió un poco de rabia, pero con el miedo que estaba experimentando, decidió apaciguarla. El ataque de los boos era el verdadero problema que debía afrontar.

Se quedó cohibido y su cuerpo se estremeció, al ver el enorme boo que le sacaba la lengua y se reía de él, exhibiendo sus afilados colmillos.

—Son desagradables, pero cuando termine con ustedes van a dejar de reírse— Dijo finalmente Luigi, con cierta aversión, temblando levemente por los nervios.

(…)

Lemmy Koopa estaba muy feliz con su nueva corona. Tal vez demasiado, pero ninguno de sus hermanos lo había notado, porque él siempre estaba eufórico. La joya que adornaba al noble accesorio era de un color rojo brillante y sus poderes, aumentados con la magia de su báculo, podían controlar a los boos.

Mientras daba las últimas ordenes a los boos restantes que había reclutado, se preguntaba que habría sido del anterior dueño de aquella corona. Cuando el Rey Bowser se la dio, dijo que le pertenecía a un boo que fue derrotado vergonzosamente por el hermano menor de Mario.

Pero eso no le preocupaba. Lemmy supuso que el fontanero miedoso debía estar escondido bajo su gorro, temblando y dejando que los boos se expandan por todo el reino, ocasionando caos.

Este era el plan perfecto, no había una sola falla…

—¿Eres de por aquí o vienes de visita?—

Al escuchar aquella extraña voz, Lemmy levanto la vista y se dio cuenta que no había notado la presencia de la mujer que estaba encima suyo. Tratando de que la corona que llevaba puesta no abandone su cabeza, no dudó en dispararle a la recién llegada, con un poderoso ataque de su báculo.

Eris saltó al lado contrario, y esquivo con algo de dificultad el rayo de Lemmy. La herida de su brazo izquierdo estaba quitándole efectividad a sus movimientos, y al parecer el pequeño koopa de mirada desviada y cabello multicolor, era más rápido de lo que aparentaba.

—Eres una entrometida ¡Entrometida!— Lemmy comenzó a reírse de forma maniaca, y estaba listo para pasar al siguiente ataque. Eris parecía estar un poco retraída, porque no se movió un solo centímetro mientras el pequeño koopa cargaba contra ella.

—No me gusta la idea de pelear con mocosos, pero al parecer no me dejas opción— Eris esperó lo suficiente para entender lo que el pequeño koopa pretendía hacer. Este se multiplicó en cuatro versiones de sí mismo, para evitar que su contendiente escape de su poderoso ataque.

Era imposible para Eris adivinar cuál de todos era el verdadero Lemmy, y al parecer, decidió recibir el golpe del caparazón del koopa para constatarlo. Al recibir el impacto, el aire se le escapó de los pulmones y temió que las costillas se le fueran a romper, pero había logrado sujetar los costados del caparazón con sus hábiles dedos.

Rápidamente, hizo girar al koopa delante de ella, envolviéndolo con lo que parecía ser un cuerda de pañuelos multicolores que salían de su manga derecha. Tiró de un extremo para sujetar a su contrincante, levantó por los aires al pequeño Lemmy y luego lo golpeo contra en el suelo, con mucha violencia. El koopa trató de deshacer la trampa mordiendo de la tela, pero no pudo hacer mucho. La tela de aquellos pañuelos resultó ser sorprendentemente resistente.

—¡Suéltame, maldita tramposa!— Lemmy se retorcía como un pequeño gusano dentro de su capullo de telas multicolores.

—No, te vas a lastimar— Eris tomo la corona que llevaba Lemmy, y su báculo mágico. Hizo girar varias veces el objeto delante de los ojos del pequeño koopa, y este se convirtió en confeti al tercer giro que describió en el aire.

—¿Qué le hiciste a mi báculo mágico?— Lemmy no entendía lo que paso, pero Eris había escondido aquel objeto en los profundos bolsillos de su traje.

—Los niños pequeños no deberían jugar con objetos tan peligrosos— La mujer le dio la espalda de Lemmy para marcharse de allí, dejando al pequeño koopa molesto y colgado de una columna con pañuelos de colores.

(…)

Luigi trastabilló hacía el otro lado del pasillo, después de que el enorme boo intentó arrancarle la cabeza de una mordida. Terminó perdiendo su sombrero dentro de la boca del espectro, el cual masticó con cierta molestia para luego escupírselo en la cara.

En esos momentos, Luigi hubiera deseado haber traído a Polterpup consigo. Ignorando su sombrero destrozado y lleno de ectoplasma, saltó lo más alto que pudo sobre el boo y pisó con algo de dificultad su redondeada espalda. Apenas logro molestarlo con aquel movimiento, pero le dio suficiente impulso para desplazarse a espaladas de este.

Con dificultad, la enorme masa de ectoplasma trato de voltearse para atacar a Luigi, pero la aspiradora del poltergust había atrapado la cola del gigantesco boo. Inmediatamente, el fontanero comenzó a tirar de este con fuerza, asegurándose de hacerlo hacía la dirección contraria a la que el fantasma trataba de escapar, mientras activaba el turbo del aparato.

—Vamos, entra de una buena vez…— Luigi sentía que sus botas resbalaban en el piso y maldijo su falta de tracción —…Cosa horrible y espantosa—

La aspiradora finalmente comenzó a devorar el gigantesco boo, y debido a esto, la masa de ectoplasma comenzó a deshacerse en la docena de pequeños espectros de lo que estaba hecho. Luigi no apagó la aspiradora, pero los pequeños boos liberados comenzaron a morderle los brazos, para que suelte el tubo succionador.

El fontanero consiguió atrapar al espectro más grande, antes de que llegara desarmarse en los pequeños boos que lo habían conformado. Los pocos que quedaron, parecían estar dispuestos a atacarlo nuevamente, pero de repente, se quedaron estáticos en el aire.

Sus ojos se volvieron de color negro oscuro y parecían confundidos. Los boos se alejaron de Luigi y parecían estar preocupados, como si no entendieran porque estaban allí.

—¿Qué les pasa?— Murmuró confundido el joven fontanero que no se había atrevido a soltar la aspiradora del poltergust, apuntando a los pequeños fantasmas que pululaban por ahí.

Mientras tanto, Eris llegaba desde el otro lado del edificio, caminando con algo de dificultad. Con su brazo sano, le lanzó un curioso objeto a los pies de Luigi. Este se le quedó mirando asombrado por un instante, y finalmente decidió aspirarlo con su poltergust de inmediato.

La corona del Rey Boo desapareció de la vista de todos de inmediato, para terminar dentro de la maquina que había diseñado E. Gadd.

Los pequeños boos se asustaron y salieron huyendo de allí, sin mirar atrás, mientras que Eris apoyaba su espalda en una pared, y se dejaba caer al suelo, dolorida por sus heridas.

—¿Estás bien?— Preguntó Luigi con un gesto de aprensión.

—No deberías preguntar cosas tan obvias— Eris miró hacia el otro lado y noto los gritos de auxilio de los toads. Algo terrible había pasado en la reunión —Hay que ir con los demás—

Luigi frunció el ceño molesto, y se mordió la lengua antes de reprocharle a Eris por dejarlo solo, con todos esos horribles fantasmas. Ella no podía hacer nada para ayudarlo a combatirlos, pero no fue agradable notar que pasó de él tan rápido.

Miró con algo de duda las heridas que tenía, y se preguntaba si había peleado con algo más mientras no estaba junto a él. Luigi revisó con cuidado uno de sus bolsillos y por suerte, encontró el pequeño envase de conserva que utilizaba para guardar champiñones 1-up. Quedaba un solo champiñón verde, así que lo sacó del envase y lo partió a la mitad.

—Aquí, mastícalo y trágalo rápido, es un poco amargo pero va a curarte de inmediato— La mitad del hongo fue recibido por la mano derecha de Eris, y rápidamente, sin dudarlo un instante, masticó y tragó aquella milagrosa seta.

Luigi elevó una ceja un poco confundido, y se planteó internamente que había algo raro en Eris ¿Ella sabía sobre aquellas setas? Ha vivido muchos años en este mundo, pero la mayoría de aquellos hongos eran originarios del Reino Champiñón, y también eran la mayor exportación que tenían, por sus asombrosas propiedades curativas.

—Se que parece raro…— Eris le daba miedo a Luigi en momentos como este. A pesar de no leer mentes cual psíquica, parecía tener el don de leer a las personas con una facilidad increíble —…Un habitante del Reino Champiñón me había dado una de estas setas en una ocasión, pero en vez de lastimarme el brazo derecho, me lo habían quebrado—

—…— Luigi no estaba seguro de querer escuchar como se había quebrado el brazo, pero tenía que admitir que estaba curioso en saber quién era el sujeto que le había ayudado a Eris antes. Pompe-ia estaba muy lejos del Reino Champiñón ¿Habría sido un turista?

—Vamos con los demás, tengo un mal presentimiento de todo esto— Ella no esperó al curarse del todo, y se levantó del suelo tan rápido como pudo.

—Sí, yo también— Luigi estaba de acuerdo en algo con Eris, algo raro estaba pasando en el Reino —Espero que Mario tenga todo bajo control—

(…)

Mario sintió que el mundo temblaba bajo sus pies, y su visión, aparte de borrosa, se volvió anaranjada. El golpe que había recibido en la cara, le provocó una herida cortante sobre la ceja, y le había quebrado la nariz.

La sangre que manchaba la cara del fontanero, era lo de menos. Tal vez sus piernas se habían librado de las grietas que los terremotos formaron, pero antes de que consiguiera moverse un par de metros, los koopa troopas intentaron terminar el trabajo de Ludwig.

Mario estaba furioso, pero no quiso perder el tiempo con los esbirros de Bowser. El crucero koopa no había escapado aún con la princesa, porque aún intentaban capturar a Peter. Por suerte, el joven pomp aún no se daba por vencido. Tal vez mantenía su moral alta, la perseverante pelea que Borsalino sostenía con los koopas y goombas que se lanzaban sobre ellos.

Ludwing trato de no acobardarse ante el malherido fontanero, y no dudó en tratar de lanzarle fuego. Mario, harto de aquella pelea sin sentido, extendió su mano derecha y con esta, paró la bola de fuego.

Sentir las llamas en sus manos se le hizo tan familiar, que apenas lamento el daño que le produjo. Tal vez, por la desesperación que sentía, no se molesto por el dolor, y trató nuevamente en acercarse al joven koopa. Con solo una flor de fuego en su bolsillo, no podía hacer mucho daño si no conseguía acortar cierta distancia. El guante que protegía su mano había quedado completamente inservible, y a pesar de que las ampollas de sus dedos se veían casi tan dolorosas como se sentían, no se detuvo en apretar aquel power-up entre sus dedos.

Por un momento, Mario sintió como la sensación de calor invadió las venas de su cuerpo. Como la primera vez, era abrumador sentir aquel ardor recorrerle todo el pecho, pero el dolor sordo desapareció casi de inmediato. Cuando la flor de fuego había terminado de cambiar su cuerpo, pudo notar con cierto regocijo, como los dedos de sus manos ardían. Ahora el fuego que brotaba de ellos, no le hacía daño.

Mario tenía que admitir que utilizar aquella flor le resultó revitalizante, pero no le quitó la preocupación. Peach aún estaba a la vista, sostenida por las pinzas mecánicas del crucero koopa, así que tenía que aprovechar la oportunidad de rescatarla.

Haciendo uso de sus nuevas habilidades, el fontanero disparó un par de bolas de fuego para abrirse paso entre los goombas que le estaban estorbando. Sin dudarlo otro segundo, se lanzó sobre Ludwig para darle un ataque directo, antes de que se oculte dentro de su duro caparazón.

El resultado fue espantoso para el joven koopa de cabello azul. Ludwig casi logra escapar, pero las flamas le rodearon antes de levantar su defensa, y comenzaron a dañar su escamosa piel. Era extraño que el fuego de Mario le hiciera tanto daño, porque los koopalings vivían encima de lava ardiente y todos ellos eran dragones poderosos. Pero siempre había algo extraño en el efecto que producían los ataques del fontanero sobre ellos, tal vez consecuencia de no provenir del mismo mundo.

—¡Ya es suficiente Ludwig!— Mario sonaba un poco extraño con su nariz quebrada, aunque ya de por sí, su voz era un poco chillona.

—No entiendes nada fontanero, estás apoyando al equipo perdedor— Ludwig decidió escapar, con la ayuda de unos shy guys que utilizaban pequeños helicópteros ajustados a sus espaldas.

A Mario no le gustaba recibir información a medias, pero entre Kamek y Ludwig, habían revelado algo que tal vez, Bowser quería que él descubriera. La sutileza nunca había sido su mejor faceta, pero al ver como había maltratado a Peach y lo empecinado que estaba en capturar a Peter, no había duda de que las reglas de este juego habían cambiado.

Borsalino estaba demasiado lastimado para seguir peleando, y no estaba preparado para el nuevo ataque de shy guys que estaban llegado, decididos a respaldar al ejército de Bowser. Los pequeños revoloteaban sobre sus cabezas, con ayuda de helicópteros y globos de helio, lanzando bombas encima de la liebre de las montañas.

La liebre no tardó mucho en caer desparramada en el suelo, quedando inconsciente después de semejante ataque. Pero eso no fue lo peor, casi de inmediato Mario escuchó gritos desesperados cerca de allí, y al darse vuelta, vio con horror como los shy guys aprovecharon a maniatar a Peter, para meterlo en un barril, y llevárselo.

—¡No! Eso significa que Peach…— Mario se quedó finalmente sin tiempo, al darse que cuenta que solo podía ver como las pinzas del crucero koopa, guardaban a Peach en uno de sus hangares, para luego tomar el barril donde se encontraba Peter —No, no, no… ¡Bowser, déjala en paz!—

Mario saltó directo a la pared, y aprovecho el impulso para lanzarse sobre la columna que había partido a la mitad la entrada del crucero koopa. Volvió a saltar lo más alto que pudo, extendiendo las manos para alcanzar a las cadenas que colgaban de la nave, pero termino siendo un esfuerzo inútil.

Los shy guys le habían sujetado las piernas, prendiéndose de estas cual garrapatas, y tirando con fuerza los unos de los otros, para llevarlo hasta el suelo. Mario sentía que las fuerzas se le iban, ya no tenía más energía para seguir peleando con aquellos esbirros, que parecían estar dispuestos a darle una paliza.

El mundo a su alrededor se volvió negro, y por un momento, creyó escuchar los gritos de su hermano menor en medio de la oscuridad.

—¡Mario!—

(…)

TBC

Notas finales: Este fue mí capitulo favorito hasta ahora. Antes de terminar, un sincero agradecimiento a BRANDON369 por su comentario, me alegra mucho que te haya gustado mi fanfic, a pesar de todo. Rikolino man, este fic será actualizado de forma pausada, por razones personales.