Kansoushita namida tonbo

Por Aomine Daiki.


IV


Se le escapó de entre los dedos hasta el suelo, haciéndose añicos por completo. Se suscitó en milésimas de segundos, y aún así sus ojos lograron captar cada parte de la caída. El líquido oscuro regado a lado de los fragmentos rojos le dejó una sensación de vacío. La mirada sorprendida se tornó siniestra y Rin de inmediato lamentó tener que levantar el desorden consumado. En cuclillas inició recogiendo los trozos, procurando tomarles de la parte que lucía menos filosa. El fuerte aroma del café le raspó las mucosas nasales y el calor de la bebida podía sentirse en cada pedazo de la taza rota. Continuó, en total silencio, con lo que hacía. Sin advertir que el ruido producido tras la caída había volado hasta esa recámara en donde su compañero parecía estar durmiendo. Allí, dentro de una habitación de paredes frías. Sin embargo, Sousuke se hallaba sentado sobre la cama, entre luces apagadas, con el brazo izquierdo apoyado en la rodilla izquierda y con un gesto malhumorado. Su mirada llevaba puesta un abrigo de seriedad que obviaba un serio deseo, dándole así la impresión de estar meditando sobre algo en concreto. Permaneció en esa posición, sumido en la oscuridad lo que pudieron ser un par de minutos, antes de decidirse a levantarse.

Una vez en el pasillo se topó con el reloj pegado en la pared señalando severamente la hora.

Dos treinta, ¿uh?

Ayer se había suscitado 17 minutos antes, tres días atrás 20 y la primera vez que sucedió apenas si eran las 2:00 hrs. Existía un mínimo orden o patrón que lo caracterizaba, el de esos levantamientos espontáneos que carecían de razón o motivo alguno que pudiera justificarlos mínimamente o a ese preocupante comportamiento que poco a poco iba consumiéndolo todo y el que procuraba darse entre las 2:00 - 2:15 antes del mediodía. Pero aunque las explicaciones lógicas no logran darle una resolución definitiva a la situación, Sousuke sabía perfectamente la causa de esto.

Se acercó hasta el marco de la entrada a la cocina. Allí, en mitad de ésta, se hallaba Rin levantando los fragmentos de una taza roja o lo que fuera una. No habló de inmediato, por el contrario, dejó que éste continuara con el trabajo para así poder el aprovechar el observarlo detenidamente. Aún no era muy notorio pero las lagunas negras formándose por debajo de esos ojos escarlatas comenzaban ya a darle un aspecto de hastío. Por otro lado la palidez anormal de la piel proporcionaba una semejanza horrible con las hojas de papel y esa aura taciturna mataban todo lo que Rin alguna vez fue. Parecía como si el sol que habitaba en él estuviera escondido tras un manto denso y grisáceo de nubes cargadas de tedio que amenazaban con reventarse en cualquier momento. O bien como si la fogata bravía y salvaje que caracterizara su ser se estuviese apagando sinuosamente. Y lo que más le desconcertaba era el no saber si ello implicaba una tormenta con sus respectivos relámpagos y enormes gotas de agua o una helada que quemaría las más verdes hojas de temporada.

Sousuke contuvo la respiración despegando el cuerpo del marco donde se había apoyado. Se clavó los dedos en la piel antes de erguirse por completo y volver a respirar para atreverse a romper el silencio.

— A este pasó terminarás con todas las tazas de esta casa

Optó por decirlo de esa manera, porque llevaba con ello la clara intención de no sonar hosco, pero la sorpresiva reacción dada por Rin le indicó todo lo contrario, que su modo no resultó la mejor opción para interrumpirlo y que estaba dando el efecto opuesto. Ya que éste había levantado el rostro de inmediato, en un acto precipitado, semejante al de un niño que ha hecho algo malo y que ha sido sorprendido en el acto por su cruel padre. Empeorándolo cuando la severa contracción de las pupilas se dio y el temblor en ese cuerpo —que ya no parecía más que el de una niña— exhibía a Rin más débil que nunca, haciendo de Sousuke un lío y que se recriminara el haberlo interrumpido e incluso el haberse aparecido.

— ¡¿Sou-, mañana compraré un juego nuevo. Lo lamento

Rin no terminó de hablar ni siquiera cuando volteó la cabeza a la izquierda de forma avergonzada, aunque esta vez lo hizo sin sobarse siquiera la nuca. Solo apretó los labios, incluso hubo un pequeño momento en el que clavó el canino justo en el de abajo, rasgándolo. Pasándose con cierta incomodidad un mechón del cabello por detrás de la oreja.

La respuesta incomodó lo suficiente a Sousuke, tanto como para tentarlo a imitar a Matsuoka en ese gesto. Las cosas no se estaban dando bien y mucho menos mejorando.

Por ello no supo evitarlo, no porque su cuerpo se movió antes que sus pensamientos, y con toda la delicadeza del universo le dio por posar la palma de la mano derecha sobre la cabeza de Rin en un gesto que denotaba un amor fraternal demasiado veraz.

— Trae el recogedor, yo terminaré de levantarlos; cuando se lo dijo no se preparó para encontrarle una mirada llena de asombro ni tampoco envuelta en un fuego escarlata que no emitía más que una aura cálida. Dándole una extraña esperanza de que la situación no se hallaba perdida, aún. Rin separó los labios, y Yamazaki juraría que sí aquellas palabras mudas hubieran emitido sonido alguno habría sido uno completamente melifluo. Pero las cuerdas bucales no vibraron y solo se quedó en un movimiento cortado. En un balbuceo adorable.

Rin salió de la cocina, y Sousuke aprovechó para alzar los fragmentos restantes. Los acumuló en la palma de la mano y justo cuando terminó de recoger el último, en vez de dejarlo junto a los demás, lo apoyó contra sus labios, lo suficiente como para cortarlos. No se dio cuenta de ello, tampoco que se quedó absorto en un remolino de pensamientos de los cuales no estaba seguro de que iban, ni mucho menos cuándo fue que Rin regresó a su lado, no solo con el recogedor sino que también con la escoba.

— Será mejor que barra, podrían haber quedado pequeños trozos; lo oyó excusarse antes de ponerse a barrer.

— Aa, se irguió con la intención de despejar el área y tirar los pedazos en el bote de basura. Fue fugaz pero logró notarlo, el semblante de Rin endurecerse cuando los trozos volvieron a romperse al fondo de aquella bolsa negra recubriendo el cesto en mil pedazos más. Porque había sido una especie de recuerdo de aquel desmoronamiento suscitándose en su interior, simulando en aquellos pedazos los recuerdos que a él y Haruka pertenecían.

Cuando terminaron a la madrugada no le restaba demasiado para dejar salir al sol, sin embargo Yamazaki logró convencer a Rin de volver a la cama mientras que él se quedó en la mesa bebiendo el resto del café preparado. Pero a pesar de que Rin había vuelto a la cama no consiguió rendirse a la nada, y Sousuke solo pudo pensar en el omurice que prepararía dentro de unas horas más.


Pese a que el cielo se hallaba parcialmente nublado, era un buen día. Las nubes estaban enormes, pomposas y blancas. El sol fulgurando con su intenso resplandor parecía animarlo todo. El calor húmedo en la brisa, ese que lograba arrastrar la sal del mar y el aroma de los corales que en este vivían, le hicieron pensar en la necesidad de comprar un par de botellas más. Después de todo hoy también estaba asignado a patrullar la zona en compañía de la policía canina. El peligro de deshidratación aumentaba con esas condiciones climáticas. Y el oficial Matsuoka adoraba a los animales, pero a ese can, a ese lo amaba. Por eso siempre que salía acompañado por él procuraba mantenerlo en perfectas condiciones, y no solo debido a su afecto sino porque de esta manera su desempeño sería uno mejor si es que el pueblo llegaba a requerir de los dos.

— Bien amigo, ¿listo para trabajar?

El perro meneó eufórico la cola como respuesta a la voz de su amo para enseguida ladrarle fuerte y sonoramente. Eso hizo que Rin sonriera, que incluso chispearan sus ya muertas pupilas, las mismas que resaltaban bajo el marco trazado por esas preocupantes ojeras y que hasta hace unas cuantas horas imitaban un par de velas apagadas.

Let's go!

Reparó que nadie estuviera a su alrededor. Corriendo sin parar por el extenso parque al darse cuenta de que era demasiado temprano para que hubiera alguna persona por el lugar. Cruzando los senderos trazados en cosmos naranjas, hortensias azules y moradas, y una sábana interminable de lo que bien se identificaban como margaritas blancas. Parecía un niño, sonriendo radiante, brincando las bancas, haciendo que las aves que se encontraban picoteando el suelo con ahincó —en busca de gusanos para desayunar— echaran un vuelo despavorido hacia el mar. Besó al viento soplando contra sus rostros. Escuchando el thump thump de su corazón y las patas del perro chocar contra la tierra a sus espaldas sintió la necesidad de cantar. El mundo se movía y Rin quería decirle que no lo dejaría atrás, no mientras pudiera moverse por su cuenta.

Detuvo su carrera desenfrenada hasta llegar a un conjunto de naranjos que dejaran sus flores para darle lugar a los frutos que comenzaban a crecer. Dobló el cuerpo, sintiéndose absurdamente agitado.

— Ha— ha— ha—

La respiración empezó a destrozarce de forma tonta y la necesidad de relajarse se le vino súbitamente, si hubiera podido se habría reído. Porque esto era absurdo. Él estaba más que acostumbrado a correr, tanto en invierno como verano, y el que se sintiese sofocado tan repentinamente lo ponía en una situación ridícula y vergonzosa. Pero aún pensando en ello tuvo que verse en la penosa necesidad de apoyarse en el tronco de uno de los naranjos a esperar que se le pasase ese ataque de apnea sin sentido aparente.

— Esto- n-no pue-de estar- pasan-do

Torció la boca antes de abrirla por completo en un intento por recuperar el aliento. Mientras aguardaba desvío la vista al can que se situaba a unos pasos de él. Se quedó mirándolo por debajo de la visera, divirtiéndose al encontrarlo olisqueando entre las flores. Quiso soltar una carcajada cuando el perro levantó la cabeza con la nariz repleta de arena.

Una vez tranquilizado se enderezó. Quedándose a la sombra del naranjo. Vigilando a los casi pocos transeúntes que por fin habían arribado al lugar y permitiéndole al canino vagar libremente en los espaciosos jardines del parque.

La temperatura estaba aumentando, aunque sin alcanzar una cifra alarmante, pero él sentía como si se estuviese quemando.

¿La carrera?

No. No podía deberse a ella, no porque su cuerpo no tenía poco de haberse recuperado además de haberle dado un par de tragos al agua para refrescarse. Sin embargo lo sentía, un ardor desestabilizarlo. No dijo nada, solo recargó la espalda hallando una frescura deliciosa emanando de la madera del naranjo. Cerró los ojos, percibiendo los párpados pesados. Tal vez, solo tal vez su debilidad se debía a la falta de sueño y de un apropiado descanso. Y de ese potente aroma a azahar.

La mañana siguió un curso sereno hasta que un pequeño grupo de niños se acercó. Pudo notar el cómo discutían entre ellos, al parecer, sobre a quién debían mandar, porque logró escucharlos discutir alegando: "Ve tu. No tu. Que vaya Natsuki. No mejor Reika"; mientras se empujaban los unos a los otros. Fue hasta que la más bajita se abrió paso que logró corroborar sus sospechas. Aquellas de que venían a buscarlo.

— ¡Omawari-san, Omawari-san!

La joven señorita saltó al frente llamándolo entusiasmada, con las mejillas sonrosadas y portando un vestido a rayas. La miró un instante, centrándose en sus enormes ojos rosados que no dejaban de reflejarlo, tan similares a los de: "Nagisa"

— ¿Podrías ayudarnos a salvarlo?

Rin enarcó la ceja derecha escéptico sin comprender muy bien lo que la pequeña le pedía.

— ¿A quién?

La niña le sonrió ampliamente antes de tomarlo de la mano y conducirlo en dirección a aquellos manzanos que se ubicaban en el sendero paralelo al suyo.

— O-oi, espera, ¿quién es la persona que necesita de mi ayu-

No terminó de hablar porque la chiquilla se detuvo debajo del que parecía ser el mayor de los manzanos. Aún contaba con un par de flores y los rayos del sol penetrando el denso follaje iluminaban las rojas manzanas pendiendo de sus múltiples ramas. Brindándoles el aspecto de un conjunto de bolas de fuego flotantes.

— Allí, asómate allí

La vio apuntar severamente al centro del árbol, y lo hacía sin dejar de empujarlo.

Tch, ¿qué es lo que hay allí?

Tronó la lengua para asomarse en busca de aquello que la mocosa señalaba. Dio un par de pasos más, deteniéndose al localizar lo que parecía ser una bola de pelos moteadas.

— ¿Ya lo viste?

— ¿Qué demo-

Calló súbitamente cuando a esa cosa le dio por moverse y asomar una diminuta cabeza con puntiagudas orejas.

— ¿Un gato?

Esto no iba a ser nada fácil. En lo absoluto. Menos si remembraba ese pésimo historial basado en su relación con dichos felinos almacenado en lo más profundo de sus sentidos.

— Grandioso

Se dijo irónico, resignándose y decidiendo trepar al manzano.


No pudo evitar pensar en primera instancia que el motivo de dicha llamada era en relación a Haru o con algo peligroso y complicado. Menos si lo primero que escuchó salir de esa bocina fue un angustioso pero serio: "Makoto. Necesito tu ayuda. Es una emergencia"; era entonces, totalmente normal el haber pensado de esa manera. Debido a ello la razón que justificaba su extraño comportamiento iba implícita en su razonamiento y demostraba el motivo por el cual había abandonado—apenas despidiéndose— la estación conduciendo en dirección al parque central uno de los pequeños camiones a una velocidad irracional —e incluso con sirenas encendidas— sin siquiera haberse terminado el almuerzo.

Pero para su sorpresa al llegar al punto de encuentro no había contado con el toparse a un Rin con el rostro, brazos y manos tapizadas de araños, porque esa no era la imagen que había esperado encontrar. Sí, probablemente, a un Rin herido —Dios no lo permitiera—, pero no a causa de un pequeño gato. Aunque viéndolo detenidamente varios de los rasguños lucían profundos, en especial el de sus labios. No puedo evitar sentirse angustiado por esas heridas que a Matsuoka no parecía importarle mucho. Soltó un prolongado suspiro, que evidenciaba una especie de alivio al no haber encontrado nada verdaderamente grave y su alarmante desilusión generada tras sus desvaríos. Al menos algo positivo había salido de sus falsos supuestos.

— Uhm, Rin, ¿la emergencia que mencionaste?

Dubitativo soltó la pregunta, pestañeando y alternando la vista en la figura desaliñada del policía y los rededores del parque. Quería evitar verlo directamente, ya que la mirada pesada en conjunto con el rostro fastidiado lograban ponerlo nervioso. Incluso si pensaba que esa boca torcida de mala gana era un tanto linda.

Tch. No puedo creer que te haya sacado de tu trabajo para algo como esto

Rin se frotó la nuca, bajando la mirada, luciendo apenado. Haciéndolo sonreír y olvidarse del nerviosismo de hace un rato que se ganara por aquel llamado un tanto precipitado.

— No te preocupes. Ayudar a los animales también es nuestro trabajo. Así que, ¿dónde está?

Lo vio señalar con el índice las copas de un manzano alto y robusto. Por lo que se acercó de inmediato al pie del árbol. Buscó insistente con la mirada hasta dar con el animalito. Se trataba de un gatito de pelaje moteado. Estaba hecho un ovillo y temblaba continuamente. Seguro se debía a que encontraba asustado. Volteó a ver a Rin quien tenía la mano derecha en la cintura y los ojos grana puestos en él. A pesar de tener ligeramente las mejillas ruborizadas estaba prestándole absoluta atención y eso le hizo feliz de cierta manera. Ya más animado se pegó lo suficiente al árbol para sujetarse de una de las ramas, de la que le pareció era la más resistente. Se impulsó tan solo un poco debido a la altura tan conveniente de su cuerpo y estiró la mano con cautela hasta el gato. Éste se retrajo más al sentirlo, por lo que Makoto le susurró gentilmente: "Tranquilo. No te haré daño. Solo quiero ayudarte"; consiguiendo como respuesta que las diminutas orejas se movieran y los ojitos del felino se posaran en los suyos. Ese gesto le hizo ganar más confianza para tomarlo del lomo, procurando hacerlo de manera delicada. El minino solo soltó un bajito: "Miau", como respuesta al contacto y se dejó hacer. Una vez capturado Makoto soltó la rama para apartarse del manzano.

— Listo. Ya estás a salvo

No se resistió a acariciarle el mentón una vez que lo acunó en sus fuertes brazos.

— No entiendo cómo es que éste bribón se puede comportar tan manso a tu lado

— Solo estaba asustado

— Aún así es chocante

Lo notó enarcar la ceja no muy convencido con el comportamiento tan accesible que mostraba ahora el gato, pero era cierto, el animal lo estaba, aún todavía su ritmo cardiaco se hallaba acelerado. Podía sentirlo bailar alocado contra sus manos.

— Makoto

Volteó para encontrar a Rin con una mueca seria y las pupilas brillando a pesar de esas preocupantes ojeras que le resaltaban las largas pestañas.

— Gracias

La sinceridad y su soltura le golpearon los adentros, provocando que se tambaleara. No supo que se sonrojó, tampoco Rin, quien tras lo expresado se había devuelto al can que obediente lo esperaba sentado.

— Por cierto, ¿no tienes hambre?

La pronta pregunta lo centró de nuevo.

— ¿Eh?, uhm, aa

Pero su respuesta no hizo más que dejarlo como un tonto ante Rin quien atino a decirle: "¿Qué diablos fue eso?, ¿un sí?", con una cara de no haberle entendido absolutamente nada.

— Aa

Y eso último le salió más como un suspiro resignado que como una contestación digna de un bombero confiable.

— ¿Qué te ocurre?

— Nada. Vamos

Caminaron juntos a través del parque. Rin le colocó la correa al perro, a pesar de no necesitarla, y él sostuvo al gato con una sola mano. Después de todo era tan pequeño que incluso cabía dentro de uno de los bolsillos de su pesado traje. Durante el paseo no pudo evitar reparar en la delgadez de su amigo, tampoco en esas ojeras que no contaban nada satisfactorio y la palidez que acentuaba el rojizo de sus cabellos y esos labios heridos por las garras del gatito que ahora dormía mas relajado en su palma. Quiso decir algo respecto a la condición de Rin pero no encontró el momento adecuado, ni siquiera cuando lo vio entre abrir los labios en lo que parecía un intento por ganar aire. El trayecto transformó la visión, esa enfermiza, cuando los dos pasaron por debajo de los perales. Las flores en flor, los perfumes mezclados, la brisa húmeda y el sol sobreponiéndose a las nubes regordetas, le hicieron sentirse más tranquilo.

Fue hasta que divisó un puesto de helados que se animó a hablarle.

— ¿Qué te parece si primero tomamos algo para refrescarnos un poco?

— Perfecto

— Yo iré, ¿por qué no me esperas sentado bajo ese peral?

Procuró sonar amable, casual, en un intento por ocultar su verdadero motivo. Y le funcionó porque Rin —sin protestar— se dirigió de inmediato hasta allá para sentarse en la banca allí dispuesta. En verdad que no se sentía bien, ¿eh?

Sorpresivamente no se le dificultó elegir algo para que Rin pudiera beber, ya que optó por un frappe, que aunque dulce era lo suficiente amargo para no empalagarlo, y un helado para él.

Cuando se acercó con los alimentos Rin estaba tapizado por pequeños pétalos blancos. Pero al parecer éste, sentado en una pose refrescante con las piernas cruzadas y los brazos extendidos al borde del respaldo, estaba tan distraído admirando el paisaje que ni siquiera se dio cuenta de lo sucedido. Quiso reír pero se contuvo, terminando de acercarse para ofrecerle la bebida.

— Aquí tienes

Thank you

La perfecta pronunciación le revolvió algo que no alcanzó a distinguir el qué. Sentándose entonces a su lado un tanto desconcertado.

Atento, procurando no ser notado, se cercioró de que Rin se tomara el frappe. Al primer sorbo aguardó paciente para ver la reacción de éste, pero para su mala o buena fortuna el rostro de Rin no le dijo absolutamente nada. Desilusionándolo tan solo un poco.

— ¿Qué harás con el gato?

La pregunta vino después de que Matsuoka se inclinara, no sin antes dejar a lado suyo la bebida, hacia adelante y sacara lo que parecía una galleta del bolsillo para dársela al canino.

— Lo llevaré a uno de los albergues afiliados a nosotros. Allí ellos se harán cargo de él

— Ya veo

El perro sacó la lengua para lamer los dedos de Matsuoka, ganándose como recompensa el que su amo esbozara una apagada sonrisa.

— Rin

No pudo evitarlo, a pesar de que no quería hablar de ello. Realmente no cuando éste momento a su lado parecía pertenecerle solo a él. Pero ¿a quién engañaba?, esto solo era un momento común con un amigo; además el estado físico y mental —que intentaba Rin esconder— era mucho más importante que lo que Makoto quisiera. Lo sabía y aún así quería aferrarse tan solo un poco a ello. Pero la situación no se prestaba para eso, no cuando las cosas entre Rin y Haru no habían mejorado para nada. Porque en lugar de avanzar estaban retrocediendo, y Rin a una excesiva y peligrosa velocidad.

Se contuvo, apretando los párpados, estrujando sin querer el cono en su mano. Debatiendose sí abordar el tema o no. Pero Rin pareció adivinarlo porque alzó un muro de inmediato al decirle en un tono calmo, cortante y frío:

— Makoto, ya te lo dije una vez. No sirve de nada que tú intervengas por él. Al contrario

— Lo sé

Claro que lo sabía y aún así quería hacerlo a sabiendas de que la posición de Haru ante Rin solo empeoraría.

Porque en realidad, tal vez, eso es lo que quería.


A lado de una joyería se situaba un café de lectura. La parte al aire libre constataba de un conjunto de 6 mesas dispuestas en un área cuadrada sobre una enorme tarima de madera. La decoración minimalista refrescaba la vista y los colores cálidos y vivaces daban al ambiente una entonación alegre, entusiasta. El menú basado en repostería italiana lo hacía uno de sus favoritos. Eso y que en efecto la decoración abastecía cada uno de sus gustos con los que un buen local debería contar.

Al llegar le pidió amablemente al joven que lo recibió lo situara en la zona que daba a la avenida. Desde esa posición era capaz de verlo, aquel establecimiento de puertas automáticas.

— Le ofrezco el menú

La mesera que lo abordó le sonrió y Nagisa hizo lo mismo aceptándole el tabloide.

— Veamos, ¿qué podría elegir mientras esperamos a que aparezcas, Gou-chan?

Ojeó juguetón los platillos, tratando de decidirse por uno. Con las bebidas fue igual. Le tomó alrededor de 5 minutos elegir, pero cuando lo hizo levantó la mano entusiasta para captar la atención de la mesera quien de inmediato se aproximó hasta su mesa.

— ¿Listo para ordenar, joven?

— Pastel alemán y malteada de fresa

Ignoró la expresión de asombro en la chica al entregarle el menú impreso con esa misma sonrisa con la que la saludara. Ella se alejó de inmediato, procurando mirarlo un par de veces antes de perderse por la puerta que conectaba a la parte cerrada del café, seguramente sorprendida por la orden tan dulce que había tomado.

En espera de su pedido avistó uno de los estantes con libros recargados a las jardineras del local. Se paró al ver que había uno sobre astronomía. Ciertamente habían pasado dos largos años antes de volver a pisar la Tierra. En ese tiempo se había hecho un lugar para pensar las cosas con claridad. Acerca de su relación ya rota con Gou y de las consecuencias que trajeron sus malas decisiones. Y aunque las actividades allá arriba sobraban, nunca logró zafarse por completo. Aún estando en el espacio sentía los grilletes de una gravedad que lograba traspasar cualquier barrera jalarlo. Después de todo continuaba amándola, desde antes de que le dejara entrar a su vida y después de haberlo sacado de ella.

Lo abrió para leer el índice, tal vez contara con algún tema que valiera la pena leer pero la revisión no duro mucho porque las puertas de aquel establecimiento, esas que eran de un vidrio bastante grueso, se abrieron dejando a la vista una llamarada roja.

Nagisa se quedó absorto, contemplando ese fuego ondeando con el viento y agitándose bajo el cielo azulado. Allí estaba, con el cabello en una coleta alta, llevando una sonrisa que le iluminaba los labios rosas y la blanca tez. Era la misma figura delicada y esbelta. Era ella, Matsuoka...

"Gou-chan"

La vio caminar unos pasos más allá del edificio, aproximándose a la avenida.

— ¿Ya te vas?, ¿sin siquiera saludarme?, que cruel

Susurró en un tono agridulce, con la sonrisa forzada y las pupilas puestas en ella. No se movió tampoco intentó conseguir su atención. Solo se quedó así, viéndola parar un taxi y subirse a este, dejándole sin notarlo, hiriéndolo como aquella vez.

Permaneció unos minutos más mirando en dirección a donde se había perdido el taxi, para volverse a sentar con libro en mano. Ya en su mesa estaba el pastel y la malteada. Tomó el tenedor para cortar un trozo, probándolo. Le costó trabajo el deglutirlo por lo que optó por ayudarse con un sorbo de la bebida. Aún así batalló para tragarlo. Y cuando por fin lo logró solo atinó a sacar la lengua y decir: "Blegh. Que insípido"

Mientras apoyaba los codos, entrelazando los dedos para ocultar sus ojos detrás de ellos.


Iba tarde, por lo que no dudó en acelerar el paso. Habían quedado de verse a las 10:00 hrs y el reloj de mano marcaba claramente 20 para las 12:15. No se trataba de un par de minutos, para nada, además había eludido la llamada y el mensaje de texto recibidos, y todo porque no quiso ceder algo de su tiempo con Matsuoka.

Terminó por correr al divisar la calle que conectaba a la parte trasera del restaurante de Haru. Al llegar a esa intersección se topó con su amigo sentado en los escalones de la puerta con un plato a unos escasos centímetros de él, del cual un gato blanco comía bastante animado. Se quedó al inicio de la calle observando la escena. Recordando lo sucedido en la mañana con Matsuoka cuando Haruka acercó los dedos al hocico del felino quien se restregó contra ellos. Los rasguños en las manos de Rin que no le dejó curarle, la apatía intentando disfrazarse y la distancia que le marcaba cada vez que Makoto probaba acercarse, todo eso solo debido a alguien, golpeó a su mente tan severamente que sintió una aguda punzada atravesarle el cráneo.

Era esa una persona que él veía como su mejor amigo, uno que recibía por nombre el de Nanase Haruka, a quien un tiempo creyera como lo único realmente importante en su vida hasta que Matsuoka llegó irrumpiendo a la fuerza en sus vidas, y en el corazón de los dos.

Se dio cuenta de que estaba caminando de nuevo cuando el gato dejó de frotarse para voltear a verlo, acarreando con ello el que Haruka también se mantuviera atento a lo que estaba haciendo.

— Makoto

Lo llamó con esa profunda voz entintada por gotas frías y vacías. Haciéndole estremecerse. Sintiéndose inexplicablemente culpable cuando aquellos ojos azules como el agua le reflejaron por completo.

Abrió la boca, temeroso de algo que no estaba seguro en sí que era, pero no dijo nada. Haruka no apartó la vista, no hasta que se enderezó.

— Prepararé algo de comer

Dejándolo solo en el callejón. Con una culpa que le sobrevino a su temor. Estaba mal, de alguna forma sentía que las cosas se complicaban cada vez más, no solo entre Haru y Rin, sino que entre ellos dos. Pero tal vez solo se debía a su paranoia. A que le daba la sensación de que había hecho algo inapropiado y traicionero hace muchos años. Eso que se había dado cuando solo eran unos niños, cuando había pensado por primera vez que el cabello de Rin era bonito y que su sonrisa mas radiante que el sol. Y que le hacían creer que de una forma u otra Haru lo sabía.

Miró el sendero vacío. Iluminado vagamente por la luz del mediodía. Las paredes del restaurante sin el yeso característico que cubriera a los viejos ladrillos y a las grietas en ellos que contaban los años transcurridos. Al empedrado de la calle. Y el viento soplando caliente a lado del terror de Makoto que flotaba sin desvanecerse ni reventarse. Todo ello dándole un aspecto escabroso al momento.

— Makoto

— ¡¿Ah?!

— Toma

— A-aa. Gracias por la comida

El llamado lo hizo sobresaltarse. Haru sostenía en sus manos un platillo con lo que parecía pasta italiana. Lo aceptó para sentarse en el suelo, recargándose en el muro contrario al restaurante. Haru por su parte se sentó de nuevo en los escalones. El aroma de lo preparado le vació el estomago y dudó un momento antes de empezar a comerlo. Terminó en silencio, lo hizo hasta que una pregunta por parte de su amigo arribó tan enérgica que le provocó un dolor agudo en la boca de su sistema digestivo.

— ¿Dónde estabas?

Con Rin, habría dicho sin pensarlo si tan solo su boca y raciocinio hubieran logrado conectar el impulso para que las cuerdas bucales vibraran generándole un sonido helado a sus palabras. Pero no, solo le observó para topárselo devolviéndole una mirada silenciosa que le presionaba despiadadamente, y Makoto no estaba seguro de sí Haruka era consciente de ello.

— Hubo un llamado de rescate y tomó más tiempo de lo necesario

No le mintió, no lo hizo.

— Traeré el café

Jamás lo haría.

Porque eran amigos, los mejores ¿verdad?


つつく...


N/A. N-no puedo creerlo, por fin pude continuarlo. Antes que nada una disculpa por todo lo ocurrido. Entiendo la desilusión que más de alguna persona se llevó y por ello nunca me cansaré de disculparme. Ahora que retomo esto sé que será más fácil publicar. Agradezco a Guest (nunca sé quién es, en serio), Alice, Pauli, Faig2, ninashark, June JK, SouMako 3, PerlaHale, Cindira K. 94, Mino S. Hunter, Anzu Ravenwood, LaOdisea, LuFFy McCormick (sorry que mi decisión hiciera que quitaras mi historia de tus favs+, el precio justo que pagar por mis tonterías), Lorena Matsuoka, Tally, Ritaconnect (usted siempre me comenta en todo lo que hago y créame que le tengo un cariño insano) y a todas las personas (que si me faltaron lo siento mucho) que siguen esperando por esto, por sus grandes palabras y esto se lo dedico a ellas pero sobre todo a ti que pese a todo siempre estuviste allí para mí y a que sigues estando. Informo que mi anterior versión esta en AmorYaoi bajo el mismo título pero con el pseudónimo: Matsuoka Rin (para gastritis de muchos). Gracias y espero verles pronto.

AVISO PARA LAS HARURINHARU FANS: Por cierto no sé si están enteradas pero hay un concurso de portadas de la revista [arroba]animage_tokuma, sí tienen cuenta de twitter basta con que le den RT al tweet que tiene la portada de Rin y Haru, tenemos hasta el 5 de junio para ello. Espero que se tomen un poquito de su tiempo para votar por ellos. Lo merecen. Yo como siempre vivo en twitter ya lo hice, si pudiera darle 100,000,000,000,000,000 de RT ya lo habría hecho pero no puedo. Tan triste.