De tantas cosas que perdí
Diría que sólo guardo lo que fue
Mágico tiempo que nació en abril,
Miradas tristes sobre mí se anidan
Y se hacen parte de mí ser
Y ahora siempre llueve por que estoy sin ti
—¿Creíste que por que el "Gran Sasuke" se fue, la ciudad se convertiría en un caos? —Bromeé y la pregunta que debí hacer desde el inicio salió de mi boca— ¿Por qué no llamaste antes?
¿Por qué me animé a cuestionarlo? Por que aunque le tenga miedo a la respuesta, el que haga o no la pregunta no borraría el hecho de que existía la posibilidad de que Sasuke quisiera volver no sólo a la ciudad, si no también con Karin y si eso era así, quería saberlo.
—Había estado ocupado
—Si claro, y yo me chupo el dedo. Ya dime ¿quieres saber cómo está ella no? —Su silencio fue suficiente como respuesta—. Yo no la he visto llorar pero desde que le dieron tu puesto se ha hecho adicta al trabajo.
—Debe ser por que ya no tiene quien la distraiga
— ¿Por qué no me lo preguntas directamente? Quieres saber si te extraña o si ha salido con alguien más —su segundo silencio confirmaba mis temores, el miedo me invadió y no pude evitar "presumirle"—. Todos fuimos amigos, no lo dice pero seguro te extraña… hace dos días aceptó salir conmigo pero…
—Felicidades a los dos —me interrumpió—, mándale mis saludos a ella y Juugo.
Colgó… Dejé la bocina en su sitio y recargué la cabeza en la almohada pensativo, incrédulo a la veracidad de la llamada. Despejadas mis dudas, lo primero que me vino a la mente fue: "¿Cómo reaccionará Karin cuando se entere?" No, no había razones para que ella se enterara pero ¿si él volvía? Tampoco soy un egoísta para ocultárselo a mi Rubí pero si un cobarde.
Comenté con Juugo la llamada y justo como me lo esperaba de él, me sugirió que le informara a mi ¿amiga? Si, salimos un par de veces pero seguía siendo sólo eso, mi amiga. Ahora que Juugo lo sabía no había vuelta atrás, tuve que tragarme mi cobardía para darle a Karin la noticia; en mi mente rogaba por alguna interrupción pero saqué valor al pensar que ella ya no lo mencionaba y podría tratarlo como a uno más de sus ex.
—¿Qué haces aquí? ¡Vuelve al trabajo!
—Sólo vengo a informarte de algo —cerré la puerta tras de mi viéndola furiosa—. Ayer Sasuke habló a mi casa, está en Londres pero…
—Si no habló de una disculpa no me interesa —me interrumpió dejándome atónito, enseguida me sentí alivianado—. Vuelve al trabajo… ¡Ah! Y olvida la cita de hoy, estoy muy ocupada.
Después de haberle hablado de la llamada ella no volvió a mencionar el tema y no salió conmigo hasta después de un mes de proponérselo. Cuando aceptó ir a un antro conmigo, pensé que ya había superado el hecho de que Sasuke no se disculpara. Salimos diez días y me atreví a preguntarle… ¡Si! ¡Ella aceptó ser mi novia! Cuando me dio su afirmativa no logré asumirlo hasta que ella se acercó a besarme. Creo que no existe palabra alguna que describa mi estado de ánimo.
Cumplimos dos meses saliendo, mis alegrías no disminuyeron en ese lapso y ayer, una fecha que jamás olvidaré… Debo empezar por el principio: hacía menos de dos semanas cumplimos un mes saliendo, a causa del trabajo no pudimos celebrarlo pero el 20 de abril lo compensamos. Fuimos al cine, después a un nuevo restaurante, no recuerdo el nombre pero lo recomiendo mucho, y finalmente fuimos a un antro donde nos quedamos casi hasta las 2 a.m.
Íbamos camino a su casa, si, ésta vez nos encontrábamos en el mismo transporte, y tres calles antes de llegar a su apartamento me hizo una petición bastante inusual, tan inusual fue que no estaba seguro de sus intenciones.
—No quiero dormir hoy en mi casa —murmuró sin siquiera mirarme—, no quiero estar sola hoy ni mañana.
Estaba confundido con su forma de actuar, pero sin cuestionarla la llevé a mi apartamento. En otros tiempos ella solía quedarse en casa de Sasuke, Juugo o mía cuando se sentía enferma, y cuando se mudó con mi amigo azabache sólo lo hacía cuando peleaba con él. Cuando le pregunté si se sentía bien sólo asentó y me fui en busca de cobijas y una almohada.
Como todo un caballero le cedí mi cama… si, era la primera vez que lo hacía, las veces que se quedaba conmigo discutíamos por el lecho; sé que no era lo correcto y menos cuando estaba enferma pero en ese entonces ella y yo aún nos llevábamos así, desde que formalizamos nuestra relación ha habido menos peleas.
Ella se negó a usar mi cama, pensándola enferma ésta vez no la hice reñir y la dejé en la sala; para las 3:30 a.m. ya estábamos acostados. Es extraño suponerlo pero en ésta ocasión en la que podía llamar novia a Kagura Karin, mis inquietudes y perversos pensamientos fueron nulos. Una hora más tarde de dormirme, toda el agua que bebí antes de dormir ya estaba inquietando mi vejiga, me levanté a prisa para llegar al sanitario y al salir, un inesperado jalón me confundió.
—Ka… Karin —articulé tras haber sentido un violento beso y logrando distinguirla en la penumbra—. ¿Qué haces?
—No finjas no saberlo —volvió a jalarme—, sólo cállate
Si, actué como un ingenuo por que la pensé enferma, pero cuando me aventó a la cama sentándose en mi abdomen, era más que obvio lo que tenía. Antes de poder hacer mi primer movimiento, ella ya estaba quitándome los pantalones; mi camisa la tenía ella por pijama, no le presté otra por que todas estaban sucias pero eso nos ahorró tiempo.
Se lanzó sobre mis labios intensamente, parecía una leona salvaje pidiéndome "luchar" con ella pero… Tantas veces soñé con ese momento que quería, fuera perfecto, quería demostrarle que yo no la veía de la misma forma en que lo hacían los imbéciles que alguna vez se hicieron llamar sus novios, quería demostrarle cuanto la quería.
Con suavidad acaricié sus muslos subiendo mis manos a su cadera, nos besábamos sin ritmo pues ella insistía en su fogosidad, mientras yo lo hacía con cariño como tratando de controlar un fuego violento. Mis manos llegaron a su cintura y con cada centímetro que se elevaban le quitaba la camisa de mi pijama. Cuando su pantaleta, la última prenda entre ambos cayó, la moví quedando yo sobre ella; ahora besaba sus labios ansioso, acariciaba sus desnudas curvas y cuando me disponía a unir nuestras partes más íntimas, mi Rubí volvió a dejarme bajo ella.
Quise volver a ser el dominante pero Karin no me lo permitió, de tal forma que quedé tendido en una especie de diván improvisado por las almohadas. Ya no quise contrariarla, mi felicidad no tenía límite y sólo deseaba hacerla mía aunque fuera yo el de abajo. Entre besos e iniciadas mordidas de su parte en mis labios y mi cuello, el contacto tan anhelado de nuestros sexos al fin surgió invadiéndome el corazón de dicha y el cuerpo de éxtasis. Al igual que los primeros besos, nuestros movimientos eran incongruentes pero en mi delirio no pude evitar subir mi ritmo de intensidad ante su insistencia.
Cuando mi pasión llegó a niveles que yo mismo desconocía la jalé dejándola sobre la cama, aún dentro de ella la miré fijamente a los ojos esbozándole una sonrisa mientras ella en su mirada y postura, cambiaba de un animal salvaje al de una indefensa gatita. Sus manos pasaron de mi espalda a su pecho, su lujurioso gesto a uno tranquilo, se hundió en la cama tanto como pudo y sólo nos miramos en silencio. Verla ahí entre mis brazos, tímida, impaciente, completamente a mi disposición me regresó a la realidad. Acaricié con ternura su mejilla izquierda, me incliné a besarla suavemente sintiendo como sus manos volvían a abrazarme pero ésta vez con delicadeza. Nuestros cuerpos volvieron a estremecerse pero los movimientos iban en un ritmo diferente, uno más dulces hasta que llegamos al deseado clímax.
Ambos nos tendimos en la cama, mi corazón no cabía en mi pecho del gozo y no dejaba de envolverla entre mis brazos. Por primera vez la sentía mía, si, MIA, una frase egoísta pero al fin mía. La acariciaba disfrutando del cálido contacto con su piel, me embriagaba con el perfume de sus cabellos y buscaba sus bellos ojos acompañados de una sonrisa pero ella tenía el rostro escondido en mi pecho. Creí estaba jugando o buscaba algún comentario ofensivo para evitar decirme lo que sentía pero… sollozos, en vez de un insulto o un "Te amo" lo único que oí fueron sollozos.
