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Bondadosa y racional

Lost I feel a little like a child who's lost a little life.

Los días de entrenamiento, Matthew se levantaba con Leone a las cuatro de la mañana. Ordeñaban las vacas y ponían en marcha las máquinas. A las seis de la mañana se hacía el reparto por el pueblo. Al principio sólo era Leone quien llevaba los pedidos, pero unas semanas después entrenó a Matthew para que él también pudiera hacerlo. A las siete de la mañana se servía el desayuno. A las ocho comenzaba el entrenamiento.

Aunque la granja estuviera diseñada para que pareciera lechera, algunas hectáreas adentro Leone tenía un campo dedicado a su trabajo real. Un granero enorme servía como arsenal de todo el equipo que manejaba Leone. Justo afuera de éste había una pista de obstáculos diseñada especialmente por él. Ese campo había sido la escuela de Matthew durante el tiempo transcurrido. El entrenamiento no consistía únicamente en aprender a disparar gatillos. El condicionamiento físico era lo fundamental para aprender a manejar las armas. El adiestramiento de los instintos también era parte de la clase.

Los fines de semana Matthew tenía un descanso relativo. Leone no lo instruía, pero él debía tener trabajo autónomo, el cual consistía en entrenar físicamente y practicar puntería por las mañanas. Todos los días Matthew debía colaborarle a Leone con el mantenimiento en la granja, ese era el trabajo que le aseguraba un plato de comida cada día al levantarse. Las palabras de Leone nunca pudieron ser más ciertas, esto va a ser doloroso.

Pero Matthew no veía sólo lo malo, el hecho de mantener la mente ocupada en su objetivo le permitía tener tranquilidad en su vida, en vez de mantenerse recordando el fatídico día en que perdió a Carl. Todo era más claro ahora que sabía en quién enfocar su furia, y día a día trabajaba para mantener ese odio a flote.

Algunas veces, si tenía algo de tiempo libre, el muchacho se paseaba por el pueblo para ir a saludar al padre John en la iglesia. La mayoría del tiempo el cura aprovechaba para llevárselo a que le colaborara con labores de caridad; unas veces era cocinero en las ollas comunitarias, otras veces era quien llevaba al padre en un viejo automóvil por todo el pueblo, llevándole ropa a los desamparados. A veces iba a entretener a los niños del orfanato, otras iba a hablar con los abuelos del geriátrico. Ciertamente, y sin que Matthew se diera cuenta, John estaba intentando sacarlo de ese mundo de miseria en el que el joven se iba sumergiendo más y más.

Habían pasado ya cinco meses desde que Matthew había empezado su entrenamiento. Su relación con Leone no era precisamente la de mejores amigos, pero el hombre le había enseñado todo lo que el muchacho sabía hasta el momento, y eso no se lo podría pagar de ninguna manera, especialmente porque había sido él mismo quien se había ofrecido a acogerlo como su aprendiz. A pesar de su carácter frío y desprendido, Leone parecía alguien de sentimientos auténticos. Eso lo aprendió desde la vez que volvió de verse con Roma en el pueblo, tras pedirle que terminaran su relación. Duró días afligido después de eso.


Leone manejaba con desesperación. Sabía que el trabajo apremiaba, pero eso no significaba que fuera fácil dejar de lado lo único que le recordaba a su querida Italia. Esperaba que Roma lo comprendiera. Antes de llegar a café, Leone se pasó por la iglesia. Tal vez una charla con John le aliviara la consciencia.

John. John, necesito ayuda.

¿Qué pasa, Leone? Te veo agitado.

John, tengo que hacer algo que no quiero, y necesito que me escuches. Tengo que terminar con Roma si no quiero que le pase nada malo. Las cosas con Macranni se complicaron y ahora la policía me está siguiendo el rastro. Seguir con Roma sería arriesgarla a que algo le sucediera. No sé qué decirle para que no le duela. La voy a destruir, John.

El cura escuchó en silencio. Roma era como el ancla de Leone al mundo, temía que una vez no la tuviera a ella cometiera alguna estupidez en nombre de su trabajo.

Leone, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, pero esto sólo es un resultado de tus acciones. Sabes que no puedes robarles la felicidad a otras personas y pretender mantener la tuya intacta. Haces bien en querer protegerla, y dejarla ir es lo mejor.

No vine aquí a que me dieras una cátedra de cómo mi vida está llena de malas decisiones, John. No me arrepiento de la forma en que he vivido, sólo busco consuelo.

Está bien, está bien. Si lo que quieres es que te mienta, puedo hacerlo. Puedo decirte, por ejemplo, que eres un héroe que rescató a un chiquillo de su muerte inminente; que eres despiadado porque estás haciendo el bien para el mundo; que le salvaste la vida a Roma después de llegar a un lugar completamente desconocido…

Ya basta, John. Parece que fueras mi padre.

Leone, no puedo reconfortarte en este momento porque no es mi trabajo hacerlo. Mi trabajo es mostrarte cómo Dios intenta hacer justicia en tu vida, especialmente porque él te ha dado muchas oportunidades para que dejes de lado esa profesión que sólo te trae miseria a ti y dolor a tus víctimas. Todos los días me despierto pensando en cuántos de los niños que tengo en el orfanato han sido enviados a mí por Dios gracias a que tú acabaste con su felicidad. Reacciona, Leone. Estás cosechando lo que sembraste, y ese es el mismo camino que le espera a Matthew si decide seguir tu sombra. ¿Quieres traerle miseria a ese pobre muchacho también?

Suficiente, John. No sé qué hago aquí.

El padre sólo dejó salir un suspiro mientras veía cómo Leone se retiraba iracundo por el pasillo de la iglesia. Cerró los ojos y dejó salir una oración en su nombre.

Leone se subió al camión enfurecido. Ciertamente su vida estaba llena de malas decisiones: ir a hablar con John esa noche era un gran ejemplo.Aliviarme la consciencia… sí, claro. Pensó. Encendió el motor y arrancó directo hacia el café.

Al bajarse, lo primero que observó fue la silueta de Roma sentada en una de las mesas, mirando por la ventana esperando encontrar a Leone con la vista. Tenía un vestido rojo y el cabello le caía por toda la espalda en ondas. Observar su belleza hizo que a Leone se le estrujara aún más el pecho. Entró al café y se sentó frente a Roma

¡Amore!Lo saludó Roma, saltando a sus brazos arrojándole un beso. Leone la saludó también, fingiendo emoción. No iba a arruinar la noche desde el principio.

Leone intentó hacer de su velada inolvidable antes de arrojarle la noticia a Roma. Iba a quedar como un maldito despiadado, sí, pero no tenía otra opción. Estaba intentando dejarlo con ella de la mejor manera posible. Roma no tenía la culpa de absolutamente nada, ella ni siquiera sabía en qué consistía la otra parte de su vida. O tal vez sí, pero lo ignoraba. La tranquilidad que ella emanaba era suficiente para olvidarse del resto del mundo. Ella nunca preguntaba de más, no intentaba averiguar sobre su pasado, sólo se conformaba con tenerlo allí los momentos en los que él podía. Las pocas veces que la había llevado a la granja ella era feliz con que la dejara cuidar de los animales. Muy adentro, Leone sabía que ella no era ninguna ingenua. La frecuencia con la que él se contactaba con Macranni no podría ser sólo para negociar lácteos y comer pasta. Así mismo, cuando Leone se ausentaba días no era porque estuviera en alguna reunión con sus proveedores. Sin embargo, ella comprendía y no mencionaba nada al respecto, y nadie le agradecía eso más que él, quien era consciente del riesgo al que la exponía en caso de dejarle conocer su contraparte. Terminaron de tomarse un café y Leone se ofreció a llevarla hasta su casa en la ciudad. Mientras iban en el vehículo, Leone se mantuvo en silencio hasta que decidió que ya era hora de terminar con todo.

Oye, Roma. Tengo que hablar contigo.

El tono frío en el que se refirió a ella le dejó saber inmediatamente a Roma que algo andaba mal, especialmente porque Leone no se había atrevido a dirigirle la mirada. Sin embargo, ella conservó la calma.

Dime, Leone ¿Qué sucede?

Vamos a dejarlo, Roma. Es el fin.


—Leone, despierta. Oye, se te hizo tarde. Ya subí los pedidos al camión, voy a ir a entregarlos. Procuraré volver rápido para ir a entrenar.

Matthew le habló a través de la puerta a Leone, quien se despertó por todo el ruido que estaba haciendo el muchacho. El cansancio lo había amarrado a la cama, no quería levantarse ese día. Llevaba tiempo sin soñarse con Roma, pero la noche anterior lo había traicionado el subconsciente. Maldecía todo y a todos, ahora no se podría sacar a la mujer de la mente durante todo el día.

Se levantó y se arregló en lo que volvía Matthew de hacer las entregas. De todos los días en los que se podía levantar desmotivado, tenía que ser precisamente este, que sería cuando por fin lo sacara a hacer trabajo de campo. Hacía ya tres meses que había recuperado el contacto, aunque lejano, con Macranni. No había vuelto al restaurante, pero los trabajos sí habían regresado.

El restaurante… ¿Roma seguiría trabajando allí? Tal vez debería ir a verla. O mejor no, eso la ponía en mucho riesgo. Probablemente la policía no se había rendido en su búsqueda, era muy pronto para volver. ¿Tendría a alguien más? Probablemente sí, se merecía a alguien que no estuviera ocultándole la mitad de su vida. Agitó la cabeza para olvidar lo que estaba pensando. Se puso los zapatos y salió a esperar a Matthew. El muchacho había dicho que cumplía años en unos días. Tal vez sería bueno celebrarle algo. Hablaría con John después.


Sentía que podría cortar la atmósfera con un cuchillo. Seguía sin ser capaz de dirigirle la mirada, fingió concentrarse en el camino esperando a que ella respondiera. Algo. Cualquier cosa. Casi rogaba con el pensamiento, pero ella no emitió ni un solo sonido. Eso definitivamente no se lo esperaba, pero era la reacción perfecta para Roma. Ella no se quejaría de nada, no reprocharía. Ella aceptaría todo tal y como él se lo sirviera. ¿Por qué era así? ¿Por qué no podría ser como cualquier otra mujer? Él preferiría que le hubiera gritado en medio de la desesperación, no se sentiría tan miserable como ahora, que el silencio alargaba agonizantemente el tiempo.

No pudo resistirlo más.

—¡Di algo, maldición!

Se dignó por fin a mirarla a los ojos, que estaban mirando al vacío, brillantes, grandes, bellos… tristes. Ella lo vio sin decir nada aún. Se acomodó en su asiento y por fin habló.

¿Qué quieres que diga, amore? Eres libre, así lo deseas, no creo que debas darme una explicación, Leone.

Lo mínimo que esperarías sería eso ¿No?

No, Leone. Yo te he dado lo mejor de mí, yo sé quién eres y lo que he sido contigo. He sido completamente transparente, te he atendido de la mejor manera. Te has quedado con todo de mí, y si te lo he dado, no ha sido esperando nada a cambio. No te voy a preguntar por qué, así como no lo he hecho otras veces, Leone. Sólo quiero que sepas que estoy tranquila porque no me quedé con nada, y sé que no lo haces porque se te antoja. Esa parte de ti que nunca me quieres mostrar es la que te está llevando a esto. Sin embargo, Leone, no te voy a esperar tampoco. No voy a ser un mártir de tus decisiones. Si estás seguro de que esto es lo que quieres, lo voy a aceptar igual que antes, con todo el amor que te tengo, pero no te puedo prometer que cuando decidas volver yo voy a estar ahí, porque ya tuviste tu oportunidad, y yo no puedo perderme la vida detrás de ti. Que te haya dado lo mejor de mí no significa que mi vida va a terminar aquí, Leone.

Hubo un silencio en el que Leone no le quitó la vista de encima. Luego, habló.

Eres perfecta ¿No es así? Mírate, toda bondadosa y racional. Exclamó Leone con un dejo de amargura y fastidio. Todo había terminado peor de lo que se hubiera imaginado.

Roma no pronunció ninguna otra palabra. Cuando llegaron a su casa, Leone la tomó de la mano y le dio un beso para despedirse. Le pidió perdón y dejó que ella se fuera. Probablemente sería la última vez que la viera en mucho tiempo. Roma no titubeó al retirarse, y no le dedicó una última mirada.

Leone se sintió morir.


Cuando Matthew volvió, le entregó el volante a Leone y se dirigieron hacia la ciudad. Desde que había salido de allí, el muchacho nunca había vuelto, así que iba entusiasmado. Leone, por otra parte, aún no salía de su ensimismamiento. Era hora de trabajar, de paso le seguirían el rastro a Norman antes de que fuera él quien los encontrara primero.

Al llegar a la ciudad, se ubicaron en el balcón de una torre de acceso público, el cual les permitía tener una vista plena del Central Park. La víctima de hoy era un saludable joven empresario que se estaba entrometiendo en los negocios de Macranni, y había tenido la insolencia de ignorar sus advertencias. Rick era de esos muchachos que, al parecer, no tenían temor de Dios. Pero éste ya rayaba en lo estúpido, según Leone, porque no tenía siguiera un cuerpo de seguridad que lo acompañara mientras hacía su rutina matutina. Sería presa fácil para Matthew.

—Muy bien, chico, éste será tu primer trabajo en el mundo real. Concéntrate.— Leone le entregó el rifle ya ajustado.

—No necesito que me digas qué hacer, soy todo un profesional.— Respondió Matthew intentando ocultar el nerviosismo que empezaba a apoderarse de él.

—Sí, lo que tú digas, niño.

Matthew apuntó cuidadosamente al pecho del hombre. Haló el gatillo esperando a que cayera su víctima al suelo, ya sin vida. Pero no fue así, el tiro de Matthew no le dio al pecho, sino en un hombro. El cálculo le había fallado al muchacho.

—Demonios.— Masculló Leone mientras empujaba al chico para finalizar el trabajo. Un segundo disparo le dio en la cabeza a Rick mientras todo el mundo intentaba huir. Cuando iba a empezar a desmontar el rifle se dio cuenta de algo particular. De debajo de unos árboles salió la figura de Norman a revisar el cuerpo del muchacho, mientras era protegido por un cuerpo de agentes de la policía. Desplegó, en lo que parecían gritos desesperados, a los agentes en busca de quien fuera el asesino.

—Nos vamos de aquí, Matthew. Es Norman, estaba oculto. Sabía de nuestra operación, era una emboscada. Nos están buscando en este momento. Cumplimos con lo que vinimos a hacer, es hora de largarnos de aquí.

—¿Qué? ¿De qué carajos estás hablando? ¡Es mi oportunidad estelar, Leone! ¡Si es cierto que Norman está allí, lo que debemos hacer es acabar con él inmediatamente!

—¡No seas estúpido, niño, eso es lo que él espera que hagamos! Te digo que nos están buscando justo ahora, estamos es perdiendo tiempo valioso. Vámonos, Matthew. Aún no has aprendido a controlar la cabeza, no sabes nada.

Sin dejarlo responder, Leone tomó a Matthew de la muñeca y lo arrastró hasta la parte de atrás del edificio, por las escaleras de emergencia. Tan rápido como pudo lo subió al camión a la fuerza y salieron de ahí en dirección a la granja nuevamente. La frustración de Matthew era indescriptible.

Desde ese día en adelante, Matthew empezó a entrenar por las noches sin que Leone lo notara. Iba a acabar con ese bastardo lo más pronto posible, lo quisiera Leone o no.

Por la noche, en su habitación, Leone aprovechó para enviarle un mensaje a Macranni.

Nos tienen vigilados. Debe haber algún infiltrado, nos tendieron una emboscada. Dispuse del objetivo, pero apenas logré escapar. Stansfield estaba en el lugar.

Se acostó en su cama con la esperanza de poder conciliar el sueño.


Cuando Leone regresó a la granja ya estaba muy adentrada la noche. No esperaba encontrar a Matthew despierto, y él se estaba desgastado por todo lo que había pasado durante el día. Sin embargo, al entrar, ahí estaba el muchacho, esperándolo pacientemente. Esta vez parecía que era Dios el que no le dejaba lograr un momento de tranquilidad. Se sentó en la sala.

Ven acá muchacho, que sea rápido esto, quiero dormir.

Mira, yo sólo quiero que me digas quienes están detrás de nosotros.

Es mucho más complicado que eso. Básicamente los tipos que estás buscando también te están buscando a ti. Y a mí, de paso.

Matthew no dijo nada. Sabía que había algo más detrás de todo.

Trabajo para un capo de la mafia Italiana, Macranni. En este momento, el clan se encuentra en enfrentamientos con la mafia china, liderada por la triada de un hombre que se llama Chang. En el momento en que yo estaba en el edificio, estaba haciendo un trabajo para Macranni, persuadiendo a un hombre llamado Miguel Zabala. Fue mera coincidencia que los hombres que llegaron ahí acabaran con tu familia, su objetivo principal era Zabala también. ¿Quiénes son los hombres? Son policías, muchacho. El jefe es Norman Stansfield, tiene a cargo la facción anti drogas del departamento de policía del estado. Irónico, la verdad. Este sujeto se alió hace poco con la triada, seguramente comparten intereses con Chang. Volviendo a Zabala, digamos que tenía cuentas pendientes hace mucho tiempo con Chang, así que los policías se ofrecieron a hacerle el favor a la triada de disponer de él. El problema es que Zabala tenía en sus manos una pieza clave en la disputa de territorios entre las dos mafias. Mi trabajo era persuadirlo para que nos entregara su terreno, no acabar con él. Su muerte representó el desequilibrio del clan de Macranni, porque ahora es Chang el que quedó con el terreno que era de Zabala. La muerte de tu familia no tiene nada que ver con la triada ni con Macranni, eso eran cuentas pendientes entre tu papá y Norman; sin embargo, a Norman se le escapó un pequeño mocoso que representaría el fin de su puesto en las entidades del estado. Básicamente funcionas como testigo y podrías lograr su encarcelamiento, pero evidentemente eso no es lo que quieres. Yo, por otra parte, fui visto entrar y salir del apartamento de Zabala por los hombres de Stansfield después de que dispusieron de Zabala. Ahora me buscan como sospechoso de su asesinato, aunque en realidad lo que soy es una pieza clave para llegar a Macranni. Lo que va a pasar de ahora en adelante es que no vamos a volver a la ciudad en un tiempo, ponle unos dos meses. Durante esos meses vamos a entrenar fuertemente. Ahora que vienen tras de mí también lo que necesito es alguien que me pueda cubrir la espalda, ya sea apoyándome en encomiendas de Macranni, o en caso de que tengamos que enfrentarnos a Chang y a la policía. ¿Entiendes? Eres la pieza clave para acabar con Stansfield. Tienes que cuidarte el pellejo de ahora en adelante, muchacho. Considérate un criminal ante los ojos de la justicia, si así lo prefieres. Ahora, a dormir.

Leone se levantó sin dejar replicar una sola palabra a Matthew. Se encerró en su habitación inmediatamente.


—Quisiera pensar que mis agentes no son unos estúpidos, pero la realidad me está haciendo difícil el trabajo. Exijo explicaciones, Frank Lewis, o lo que te espera será algo peor que tener tu cabeza abierta con tus sesos esparcidos en el suelo de la oficina.

—Vamos Norman, somos hombres, no superhéroes. Es virtualmente imposible atrapar a un francotirador desde esa distancia en la que nos encontrábamos. Tal vez fuiste tú quien no planeo bien su trabajo.

—Te gusta tentar la suerte ¿Verdad Frank? Dime, tú ¿Cómo habrías diseñado la emboscada?

Frank se quedó en silencio

—Eso pensé. El problema no es la planeación, estúpido. Es la ejecución. Es la segunda vez que se te escapa un mocoso. ¿Estás seguro de que el problema soy yo? Tal vez debería llamar a Chang y quejarme de que sus hombres no nos están siendo de mucha ayuda. Tal vez me iría mejor desplegando las fuerzas especiales sobre toda la triada ¡quizás así consiga el paradero de un maldito niño de catorce años!

—No seas impasible, Norman. Sabes que no puedes hacer eso. Lo primordial para la policía estatal en este momento es la captura de Macranni, lo sabes. El muchacho puede esperar, si no ha actuado en cinco meses, no lo hará ahora. Además, presumimos que su paradero nos llevaría al de Montana, ese día se fueron juntos. Sólo habría que emboscar al muchacho en vez de seguir detrás del hombre de Macranni.

Norman calló meditando las palabras de Frank. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el intercomunicador.

Señor, está aquí. Llegó por voluntad propia.

Frank y Norman se miraron inmediatamente con un gesto de sorpresa.

—Déjalo seguir, Amon.— Respondió Norman. —Déjalo infiltrarse, que no lo note.