Capítulo 4: Las afirmaciones de Pepper se confirman

"No podrías ni atar tus agujetas sin mí"

Cuando aquella noche Pepper le había dicho eso, él pensó que exageraba. Siendo Tony Stark, no solo podría hacer todo, sino que si no deseaba hacerlo, tendría a miles de personas dispuestas a llenar el vacío. Aunque, en cierto modo, era consciente de que tenía razón.

Pensó que sobreviviría una semana al menos, y su ausencia se notó ya al día siguiente. Ahora ese plazo se había extendido... Casi un mes. Y lo cierto era que estaba al borde del colapso. Definitivamente era una misión que Iron Man no podía -ni quería- afrontar.

El día uno sin Pepper a bordo fue una locura; había más currículums en su escritorio de los que hubo visto en toda su vida. Pero decidir no era sencillo. No le daría el trabajo a cualquiera. De hecho, no creía que existiera otra persona en el mundo capacitada para desempeñarlo. Se lo había dicho una vez, ¿no? "Es temporal", se decía a sí mismo, "hasta que Pepper regrese".

"Hasta que logre hacerla regresar" era un pensamiento recurrente. Concretaente, pensar en cómo hacerlo. Pepper se había enfadado pocas veces con él, e incluso entonces, jamás la había visto como aquel fatídico día.

Estaba en un círculo vicioso: necesitaba del apoyo de una asistente personal para cumplir bien sus tareas como Iron Man, pero a la vez, no creía poder conseguir una sin sacrificar una buena cantidad de horas de trabajo. Se dejó caer en la silla y se restregó los ojos. Miró la hora. Ya se le había escapado otra jornada sin solucionar nada. Claro, ya no podría hacerlo tampoco, de modo que guardó todo en el cajón y decidió salir a despejarse como solo él sabía hacerlo.

Por supuesto, como toda buena noche de fiesta, terminó en su enorme habitación con un estupendo ejemplar femenino a su lado halagando su soberbio desempeño como amante. Era hora de otra de sus grandes habilidades: las conversaciones de cama. Sin embargo, inusualmente, su cabeza estaba en otro lugar, lo cual fue inmediatamente percibido por su acompañante, quien se limitó a cerrar la boca y dormirse en la descomunal y cómoda cama. Tony solo tenía tiempo y energía para pensar en cómo la haría volver. Y de hecho, así fue cada día de la vida de Anthony Edward Stark, el casanova, aquel que podía tener el mundo en sus manos con un chasquido de los dedos, por todo el tiempo en que Pepper no estuvo.

Tenía que hacerla volver.