CAPITULO 4

Un pensamiento fue suficiente para que Albert sonriera esa mañana, si la suerte lo favorecía George podría estar viajando con Candy. Los últimos días había estado muy triste porque sería la segunda vez que no estaría en Chicago para la navidad. El año pasado le había prometido a Candy por carta que trataría de estar para las fiestas, pero sus esfuerzos se esfumaron cuando el Alcalde le había dicho que la respuesta del último permiso para la extracción de sus minas lo definiría después de las fiestas

El supo que no podría viajar a Chicago hasta que ese documento estuviera listo, tres noches no pudo dormir tratando en su mente descifrar como le daría esa mala noticia a su familia y a Candy. Después de todo el era la cabeza de la familia y tenía que estar al pendiente de esa arriesgada inversión que ayudaría bastante a la economía de la familia si el desastre económico que pensaba llegara la mejor forma era diversificar su capital para mantenerlo seguro. Por lo tanto la posibilidad de marcharse de Brasil era muy lejana asta no haber consolidado esta empresa.

El error que había cometido fue no pedirle a George que le dijera a su pequeña que viniera a pasar las fiestas con él; pero sabía también que ella tenía responsabilidades con el Hogar de Ponny y los niños y el otro punto era que la tia abuela estaría sola. Frunció el ceño Archie no vendría por estar terminando su carrera de economista, Neal y Elisa estaban en Florida solo su pequeña le podía hacer compañía – tal vez el próximo año- dijo en tono de derrota.

El hecho de haber tomado las riendas de la familia lo había delimitado mucho, aunque su alma y su corazón querían estar con ellas era imposible, de sus decisiones dependían muchos trabajadores y no podía solo dejarlo a la deriva por sus asuntos personales. Mil veces pensó que diferente hubiera sido todo si solo fuera Albert aquel amnésico que vivió sus mejores días de su vida a lado de su querida rubia, pero no era William Albert Andrew y tenía responsabilidades que o eran fácil de olvidar.

De pronto el sonido de su puerta abriendo lo hizo volver de sus meditaciones para ver como entraba una simpática joven de piel trigueña , pelo corto de color negro y lacio; la joven con una sonrisa envidiable entraba con documentos enfundada en un traje sastre con los colores de la empresa- buenos días señor Andrew-

Albert recompuso su postura frente a su amplio escritorio y contesto- buenos días Naty ¿Qué teneos para hoy?-

La joven apenada entro dejando los documentos en el amplio escritorio y tomando asiento solo había dejado en sus manos una pequeña libreta que le serbia para agendar las actividades del nuevo corporativo, en un excelente Ingles dijo – señor Andrew tiene una reunión en la alcaldía a las 12 del día y – reviso su libreta- el señor Johnson arriba al puerta a la misma hora confirmo por telegrama esta mañana-

Albert sonrió discretamente, pero no podía hacerse muchas ilusiones así que se atrevió a preguntar- ¿solo regresa el señor Johnson?-

Naty le contesto inmediatamente- si señor ¿esperaba a alguien?-

Albert suspiro por la frustración que desvaneció su esperanza en unos minutos – iré a la alcaldía, mande al chofer a recoger a George y que me alcance en la juta- frunció el seño- seguro aun me encontrara esperando al alcalde-

Naty sonrió – téngalo por seguro señor-

Albert giro su cara para observar el reloj que colgaba de su escritorio y se levanto – me retiro si se necesita algo resuélvalo por favor-

Ella asintió mientras se retiraba su guapo jefe, de pronto una duda se aprecio en su mente y inconscientemente se llevo su lápiz a sus labios-¿Por qué el señor Johnson no me dejo decirle que venía acompañado?- alzo los hombros y se dispuso a seguir con su trabajo.

El viaje fue agotador porque apenas llegaron con el tiempo justo para abordar el barco, Candy se había quedado dormida después de una noche agotan te pensando la forma que se darían las cosas. En fin el barco había arribado, las primeras impresiones de la ciudad la habían dejado impresionada, una ciudad llena de colores y de una diversidad de gente, la ciudad estaba en vías de desarrollo pero el calor y la vista maravillosa del puerta la hizo sonreír mientras una brisa traviesa acariciaba su pelo

George y ella estaban esperando en el muelle el auto para recogerlos, después de unos minutos un auto con la insignia de la familia se acerco y un joven con uniforme salió y abrió el coche Candy estaba nerviosa pero cuando el chofer arranco el coche le indico a George que el señor lo esperaba en la alcaldía

Candy se giro a verlo – George ¿iremos?-

George con su seriedad le dijo – me temo que si señorita, el señor William debe necesitar de urgencia los papeles que traje de Chicago-

Candy giro su cabeza y trato de arreglarse su vestimenta y dijo – George pero no voy arreglada para una entrevista tan formal-

George le sonrió, pensando que William la vería hermosa aun con la ropa mas sencilla- descuide señorita Candy, está bien para la ocasión y además- guardo silencio y sonrió- me imaginó que quiere darle la sorpresa al señor William-

Ella sonrió inmediatamente asintiendo. En el viaje pudo platicar con George sobre la idea que tuvo junto con Doroty para justificar su viaje, a él le había gustado la idea y le prometió seguir con la idea.

Después de unos minutos llegaron al edificio. George le indico Candy que prosiguiera mientras se registraba, ella trago saliva y asintió. Camino por unos minutos y encontró la sala de espera, en el lugar solo estaba una secretaria y un rubio dorado por el sol de Brasil

Albert revisaba los documentos que traía en su folder, George regresaba en el momento justo pues al llegar aquella oficina la secretaria le mención que la junta urgente era precisamente por que se necesitaba esos documentos para agilizar el tramite.

De pronto el sonido de unos tacones lo hizo despejar su cara de aquellos documentos y se quedo boca abierta al ver una joven de figura marcada enfundada en un traje sastre recto de color beige falda recta y saco sastre que dejaba ver perfectamente su pequeña cintura, a pesar de los discreto remarcaba lo bien formado de ellas, un sombrero de beige rasó inclinado le impedía verle la cara y su cabello recogido en una perfecta cola de caballo

Lo que lo embrujo mas fue ese exquisito perfume de rosas; se giro al ver como estaba nerviosa y sus manos enfundadas en unos guantes de rasó blanco jugaban. De repente giro la joven su cabeza, un tenue maquillaje exaltaban sus labios rojos y su mirada se levanto de poco a poco para encontrarse con unos hermosos ojos verde.

Su corazón se paralizo y solo pudo decir con duda mientras se levantaba para acercarse a ella - ¿Candy?- ella solo lo miro fijamente.