Cuando llegue a casa no había nadie, lo más probable es que Rene y Phil estén de fiesta en casa de un amigo. Me encerré en mi habitación pensando en lo que había pasado hace pocos minutos con Edward. Me senté en la cama tratando de encontrar algo lógico y razonable a lo que estoy sintiendo ahora por él. Sé que siendo psicóloga es algo absurdo encontrar la razón a algo intangible, pero viéndome tan vulnerable e inexperta en cosas del amor, me aterraba. Me di una ducha caliente y me metí a la cama, fue difícil quedarme dormida, el abrazo y beso de Edward en mi cabeza no dejaba conciliar el sueño.
Escuche un ruido estruendoso que me despertó, me pare de la cama alarmada, abrí un poco la puerta tratando de escuchar.
-Rene súbele a la música, hay que seguir celebrando. Dijo un Phil ebrio. Voltee a ver el reloj de mesa de noche y eran las 3 de la mañana. Estos actos sucedían cuando a Phil le iba bien o algún amigo lo invitaba a celebrar y mi madre con gusto le seguía a todas partes.
- Amor vamos a la habitación, allí es donde debemos celebrar. Dijo Rene muy fuerte. Serré la puerta y volví a mi cama, tratando de conciliar el sueño nuevamente, pero fue imposible, la música sonaba muy fuerte. Pero era cuestión de tiempo para que la policía llegará y diera la orden de silencio; por ello los vecinos la iban muy poco con Rene.
- No Rene, quiero celebrar aquí, lo podemos hacer aquí nena, deja la música. Grito Phil.
- Sabes que en cualquier momento llegará la policía, apaga eso amor. Dijo Rene.
Me tape la cabeza con la almohada, la música era muy fuerte y aún más los gritos de ellos y las risas. Paso media hora cuando la policía llego y quedo en silencio. Ellos subieron al segundo piso, sentí unos fuertes golpes en la puerta de mi habitación.
- Bella ven, necesito que celebres con nosotros, ganamos. Grito nuevamente Phil. No respondí.
- Bella dije que vinieras, es una orden. Grito Phil dándole golpes a la puerta. Eso sí que me alarmo, él nunca se metía conmigo, jamás. Me senté en la cama alarmada.
- Deja a Bella sola cariño, ella es una amargada igual que su padre. Dijo Rene soltando una carcajada. Retuve las ganas de abrir la puerta y darle una cachetada a Rene, nadie se metía con mi padre. Pero era estúpido hacerlo, sabiendo que eran dos contra uno.
No pude dormir bien, me levante temprano evitando la resaca de ese par, me arregle y Salí a caminar al parque que queda cerca de casa. El aire fresco ayudo a despejar mi mente y recordar el hermoso rostro de Edward, y sus palabras hicieron que sonriera. Regrese a la casa, todo estaba en silencio, me prepare el desayuno e hice un caldo a Rene y a Phil para la resaca, subí a mi cuarto revisando unos correos electrónicos del trabajo. Luego de un rato escuche a Rene en la cocina. Vi la hora y eran las 3, recordé la cita con Edward, así que me aliste y me vestí muy casual.
Estaba muy ansiosa, no podía quedarme quieta, caminaba de un lado a otro en la habitación, ya faltaba poco para las 4, así que me quede sentada cerca a la ventana, pendiente por si él llegaba; aun no conocía el carro de Edward. Baje las escaleras, vi a Rene sentada en la sala viendo TV sola, seguí hacia la puerta y decidí esperar afuera. No quería hablar con ella, estaba disgustada por su comentario, me maldije mentalmente por hacerles una parte del desayuno. No sé cómo Charlie se pudo fijar en ella, son tan diferentes, en todo. Un pito me alarmo. Era Edward. Sonreí tontamente. Me levante y fui a su encuentro, me subí al choche.
-Hola. Salude con un tono bajo.
- Hola, ¿todo bien? Pregunto Edward mirándome fijamente.
- Si. Dije sin darle importancia a su pregunta. – ¿A dónde iremos? Pregunte ahora animada.
- Que te parece si vamos a Navy Pier Park. Dijo con esa sonrisa que ya empezaba a amar.
- ¿Es especial para ti? Pregunte algo incrédula, ¿un parque de juegos? No lo esperaba, pero no me desagrada la idea.
- Si, allí fue donde nació mi amor por la música. Dijo Edward arrancando el coche. – Pero si no quieres vamos a…
-No, me parece perfecto. No lo deje continuar. – ¿El amor por la música? Le pregunte viendo su hermoso perfil. Llevaba unos blue jeans gastados, una playera sencilla y gafas de sol, su cabello alborotado y una linda barba de dos días. Me quede viéndolo mientras me contaba que en el parque vio a un par de niños cantando… No sé qué me pasaba pero fue imposible no dejar de mirarle, era tan hermoso y perfecto, sin escatimar su auto, un Volvo.
- Bella, ¿te gusta lo que ves? Dijo soltando una carcajada. Parpadee varias veces quitando la mirada sobre él. Que fue lo que dijo! Oh por Dios se habrá dando cuenta! Que estúpida soy, mi rostro empezó a delatarme, sentí calor no solo en mi cara sino también en mi espalda. Que le podía responder, que me encantaba, que casi todo el tiempo pensaba en él, que lo que veía me fascinaba…
- Así que por esos dos niños te gusta tocar el piano. Afirme mirando hacia el frente. Recuperando un poco el orgullo.
- Si y tener una familia. Dijo Edward en una risa. No pude evitarlo, lo mire, sorprendía por sus palabras.
- ¿Enserio? Pronuncie con asombro.
- Por supuesto, ver el amor de mis padres es más que suficiente y ver a esos dos niños me enamoro. Dijo con una sonrisa ancha. Sentí una punzada de dolor en mi pecho, le reste importancia.
- Es lo más lógico. Dije mirando nuevamente al frente. El resto del trayecto fue en silencio, pero no me incómodo.
Al llegar al parque, sentí una sensación de tranquilidad, felicidad y no pude parar se sonreír. Edward había pagado una tarjeta con cierta cantidad de dinero, porque la pasamos disfrutando de casi todos los juegos mecánicos, ya me estaba doliendo el estómago de tanto reír, ya estaba agotada de tanto caminar.
-vamos a tomar unos refrescos. Dijo Edward con la sonrisa que me embobaba cada vez que la hacía.
- Si. Dije correspondiéndole con mi mejor sonrisa. Al pagar las limonadas nos sentamos en una mesa forrada por un pequeño parasol.
- ¿Te estas divirtiendo? Pregunto Edward mirándome a los ojos.
- Si, hace mucho que no lo hacía, me duele el estómago de tanto reír. Dije volviendo a carcajear.
-Ese es el objetivo, que pasarás bien. Dijo tomando de su limonada.
- ¿Y tú la pasaste bien? Pregunte.
- Claro Bella, me encanta venir acá, la cuestión es que no tengo con quien; las veces que vengo me acompaña mi amigo Laurent que tiene un par de niños preciosos. Murmuro con una sonrisa pequeña.
- Eso es lindo. Dije imaginándome a Edward correteando a un par de niños por todo el Navy Pier Park.
- A que te refieres con lo lindo. Dijo mirándome fijamente.
- Que un hombre como tú vea interesante este lugar. Dije correspondiéndole a la mirada, sus ojos eran verdes, más intensos.
- ¿Un hombre como yo? Dijo con un tono ofendido, se enderezo en la silla cruzando los brazos en su pecho pero sin quitar su vista de mí.
- Si, no pareces hombre de familia. Dije dando grandes sorbos a la limonada. No quería darle larga a esta conversación.
- Porque no me conoces e igual eso mismo pienso de ti. Dijo Edward levantando una ceja.
- Observas muy bien Dije con una sonrisa torcida.
-Vamos a comer algo. Dijo poniéndose en pie y lo seguí. Comimos unas hamburguesas muy ricas. Me hablo sobre su estadía en Londres y las aventuras que vivió allí, le hable sobre mi corta vida en Forks, la muerte de Charle, mi nuevo empleo y de temas triviales.
Ya era tarde, así que de regreso en el auto, Edward coloco su música favorita, clásica por cierto. Estaba agotada por las escasas horas que dormí anoche y la música de Edward me venció.
-Bella. Sentí la mano de Edward en mi hombro zarandeándome, abrí los ojos y estaba a pocos centímetros de mi rostro.
- Lo siento Bella, ya llegamos. Sentí su aliento golpear mi rostro y despertarme por completo.
- Oh… Si. Dije girando mi rostro y ver mi casa.- Edward gracias por todo, la pase muy bien. Dije volviendo mi mirada hacia él. Y aún seguía en la misma posición.
- No, gracias a ti por aceptar la invitación. Murmuro mirando mis labios. No puede evitar así que me acerqué un poco más a él. Coloco su mano en mi mejilla, al sentir el contacto cerré los ojos, que sensación tan agradable, su aroma lleno por completo mis pulmones, que sensación tan exquisita, sentí sus labios sobre los míos, al principio el beso fue lento y tierno; coloque una mano en su nuca para profundizar el beso, nuestros labios se devoraron el uno al otro, que sensación tan dulce, mi corazón latía a todo furor, quise probarlo más pero él pensó más rápido e insistente con su lengua le di permiso, eso hizo que mi boca soltara un suspiro de placer.
- Bella. Dijo Edward entre mis labios. Se escuchó tan sexy su voz, que hice presionar más mis labios en los suyos. Me faltaba la respiración, así que de mala gana me separe de él y vi mi sonrisa favorita en su hermoso rostro. – Me encanto. Dijo dando un leve roce con nuestros labios. Cerré los ojos disfrutando la sensación. – Te ayudo. Dijo bajándose del coche, abriendo la puerta del copiloto ofreciendo su mano que tome gustosa.
- Gracias por esta noche Edward, la pase muy bien. Mi voz sonó pastosa debido al beso.
- Fue todo un placer Bella. Dijo acompañándome hasta la puerta de mi casa sin soltar mi mano. Reía como una tonta.
- ¿Quieres pasar? La verdad no quería que entrara, pero no sabía más que decir.
- No Bella gracias, será otro día. Dijo inclinándose y dándome un corto beso. – Soñaba con besarte desde lo del ascensor. Murmuro en mi oído. Mi cara estaba rojo desde que nos empezamos a besar, y no me imagino como debe de estar ahora con lo último que dijo.
- Yo igual. Solo pude sonreírle.
- Descansa Bella. Dijo dándome la espalda y caminando hacia su auto, se subió esfumándose de mi vista. No pare de sonreír. Definitivamente mis emociones y sentimientos iban a jugar en contra de mi razón por el resto de mi vida…
