Grimmjow era afortunado. Había conseguido pasearse por la Sociedad de Almas sin ser advertido. Hasta ahora. Entrecerró los ojos. Había pasado ante tantas casas mal construidas que ya había perdido la cuenta. Ojeó otra de esas casas mientras caminaba con las manos en los bolsillos.

Joder,asíque¿ésteeselagujeroadondevaaparartodoelmundocuandorenace?Vayamierdadesitio, pensó mientras le propinaba una patada a una piedra del suelo. Tch.Aúnasí,supongoquesiguesiendomásdivertidoqueHuecoMundo.

Sabía que había ido a parar a una de las partes más pobres de la Sociedad de Almas, pero siempre se la había imaginado con un aspecto muy diferente. Ya sabéis, menos expresiones infelices y una atmósfera más amistosa. Parecía que se había equivocado, ¿eh?

La única razón por la que aún no había sido atrapado por un shinigami era que se había puesto la ropa que había robado antes y había metido la suya en la mochila. La ropa que llevaba ahora picaba como mil demonios, pero cumplía con su propósito; cubría su agujero de hollow y su tatuaje. Incluso se había envuelto la parte inferior del rostro con el trozo de tela para ocultar su máscara. Obviamente, ahora tenía un aspecto sospechoso y la gente le lanzaba miradas desconfiadas, pero al menos así nadie sabría que uno de los Espada de Aizen se había colado en la Sociedad de Almas. No quería llamar la atención.

Al cabo de unos minutos más Grimmjow se detuvo al ver que las hileras de chozas se habían acabado. Había preguntado a la gente y uno de los residentes del Rukongai (el supuesto nombre de ese lugar de la Sociedad de Almas) le había dicho que si seguía caminando en esa dirección llegaría al Seireitei, el lugar donde vivían los shinigami. Parecía que ya había llegado.

Grimmjow observó los alrededores.

Estaba al borde del Rukongai y aún desde ahí podía ver la marcada diferencia entre éste y el Seireitei. Sólo había estado en las partes más pobres de la Sociedad de Almas, pero allí era dónde aparecían las almas al renacer. Por lo que había visto del Rukongai, éste era un lugar de mala muerte comparado con el Seireitei. No era extraño, pues, que la gente quisiera convertirse en shinigami a la mínima oportunidad; querían escapar de la vida en el Rukongai. Lo sabía porque la gente a la que había pedido indicaciones no paraba de parlotear sobre ellos. Era obvio que los shinigami eran admirados y respetados.

¿Se habría sentido Ulquiorra del mismo modo que esa gente?

El Ulquiorra que conocía se habría mostrado reacio ante la idea de convertirse en shinigami, diciendo que éstos no estaban al mismo nivel que los hollows. ¿Significaba eso que este nuevo Ulquiorra pensaba que los que no estaban al mismo nivel que los shinigami eran los hollows…? Grimmjow enderezó los hombros. Bueno, no había modo de que fuese a descubrirlo si simplemente se quedaba allí pensado.

Respiró hondo y se encaminó hacia el Seireitei. Los edificios de esa zona estaban bien iluminados y cuidados, al contrario de los del Rukongai. Y Ulquiorra estaba ahí dentro, en alguna parte. Incluso el sólo pensarlo lo hacía estremecerse con expectación. No tenía ni idea de lo que haría cuando se encontrara de nuevo con Ulquiorra, visto que éste aún lo veía como a un enemigo, pero ya se enfrentaría a eso llegado el momento. Ahora mismo de lo único que se tenía que preocupar era…

Grimmjow se paró en seco y se le contrajeron las pupilas.

¿Qué demonios era ese ruido?

Parecía como si proviniera del cielo. Nopuedeser. Grimmjow alzó la vista.

"¡JODER!" gritó mientras retrocedía de un salto y caía de espaldas. Y justo a tiempo, porque en el momento en que saltó hacia atrás, los muros que habían caído del cielo impactaron contra el suelo, levantando una nube de polvo y creando una barrera entre él y el Seireitei. Entre él y Ulquiorra. Los altos muros se elevaban ante él con orgullo, intimidantes.

¿Qué demonios había pasado?

Respirando con fuerza, Grimmjow aparcó el hecho de que había escapado de la muerte por los pelos, se puso de pie y se acercó al muro con cuidado. Colocó una mano sobre él y entonces la cerró en un puño. Por más que le gustara la idea de abrirse paso a través del muro a puñetazos, sabía que eso atraería la atención de la gente. Estemurosepusoporunarazón, se dio cuenta con un sentimiento de desazón. Notó que su puño se aflojaba un poco ante ese pensamiento. Era para impedir el paso a los intrusos.

"¡Maldita sea!"

Estampó el puño contra la pared, frustrado. ¡No había venido desde Hueco Mundo a arriesgar su vida para encontrar a Ulquiorra sólo para ser detenido por un maldito muro! Y para colmo, ni siquiera había conseguido hacer ni una puta raja en la pared. A pesar de haberla golpeado con todas sus fuerzas. La sangre manó de sus nudillos pero Grimmjow no hizo nada para detenerla. En vez de eso, la miró con detenimiento y entonces volvió a mirar el muro para asegurarse de que no habían sido imaginaciones suyas. Ni un solo rasguño. ¿De qué estaba hecha esa cosa? Con un gruñido reberverando en su garganta, Grimmjow echó atrás el puño para volver a golpear la pared...

"¿Qué estás haciendo?"

Grimmjow abrió los ojos de par en par. ¿Lo habían descubierto?

"Te he hecho una pregunta."

Intentando aquietar los rápidos latidos de su corazón, Grimmjow respiró hondo para calmarse. ¿Era un shinigami? Si lo era, y si había sido descubierto, no tendría más remedio que luchar. Sus dedos se morían de ganas de desenvainar a Pantera, pero se resistió en caso de que estuviera equivocado. Lentamente, Grimmjow se giró hacia la fuente de la voz y un gigante apareció en su campo de visión. Éste se alzaba ante él con un aspecto amenazador. Cosa que no asustaba a Grimmjow. Había luchado contra oponentes más fuertes. Por la sensación del reiatsu del hombre, Grimmjow supo que podría ganarlo con facilidad. Al pensar en eso, el Sexta se aseguró de que su propio reiatsu aún estuviera oculto. El gigante no tenía por qué saber hasta dónde llegaba su poder. Observó al gigante y vio que éste llevaba un gorro rojo con borlas doradas y que tenía barba. No parecía muy amistoso.

Grimmjow no puso evitar pensar que el gigante le recordaba a Yammy. Demonios, esos dos podrían pasar como hermanos.

"¿Quién eres?" fue lo primero que salió de sus labios.

El gigante enarcó una ceja. "¿No lo sabes?"

Grimmjow negó con la cabeza.

"Me llamo Jidanbo Ikkankazu. Soy el guardián de esta puerta." Miró a Grimmjow con recelo. "¿Qué estabas haciendo hace un momento? Nadie puede pasar por esta puerta."

Grimmjow maldijo entre dientes. Un guardián. ¡De toda la gente con la que podría haberse topado! Si quería entrar, primero tendría que pasar por encima de ese idiota. Normalmente habría desafiado y vencido al hombre, pero ahora no podía hacer tal cosa sin conseguir que corriera la voz. Además, estaba seguro de que el jaleo que armarían al luchar atraería a los shinigami. Ya podía oir las puertas de varias casas abriéndose mientras sus ocupantes observaban la escena con curiosidad. Grimmjow contempló seriamente la posibilidad de desenvainar a Pantera, pero viendo que eso sólo crearía problemas, recurrió a la siguiente mejor opción: mentir.

"Acabo de llegar aquí y estaba paseando cuando estas cosas," señaló los muros, "cayeron del cielo. Casi me matan."

Jidanbo se echó hacia atrás y su expresión se hizo más tierna. "¿Así que eres un alma nueva?"

Grimmjow asintió.

El gigante suspiró. "Mira, chico. Sé que es difícil acostumbrarse a este lugar, pero siempre debes tener algo presente; no puedes entrar al Seireitei."

"¿Por qué no?" Preguntó Grimmjow con curiosidad.

Jidanbo le dirigió una mirada divertida. "Los shinigami no se relacionan con la gente del Rukongai. O al menos, raramente lo hacen. También es para impedir el paso a los intrusos. Especialmente durante esta guerra." La expresión de Jidanbo se oscureció. "Lo siento, pero tienes que irte. Ve a buscar algún lugar donde dormir, chico, y mantente alejado de aquí."

Ignorando el hecho de que lo había llamado 'chico' varias veces, Grimmjow masculló, "Gracias" y se marchó con las manos en los bolsillos. Volvió a mirar a Jidanbo, que estaba vigilando la puerta. El gigante parecía estar afilando su hacha. Sus ojos zafiro se apartaron de la escena y dirigieron su mirada hacia el suelo. ¿Cómo se suponía que iba a encontrar a Ulquiorra ahora?

"¡Ichigo! ¿Sabes dónde está Ulqui-chan?"

El shinigami de pelo naranja alzó la mirada al oír su nombre. Enarcó una ceja ante las dos personas familiares que había ante él. Una de ellas era una mujer atractiva y pechugona de cabellos dorados, mientras que el otro era un chico bajito y de pelo blanco que aparentaba unos once años. "Matsumoto," saludó Ichigo a la mujer. Entonces, y con una sonrisa maliciosa en los labios, Ichigo se dirigió al chico. "Toushirou," dijo, arrastrando la palabra.

Ni que decir haya, eso tuvo el efecto deseado. El chico le lanzó una mirada asesina a Ichigo. "¡Es capitán Hitsugaya!" espetó.

Ichigo rio ante su reacción. Odiaba que Ichigo lo llamara por su nombre en vez de por su título.

"¿Y bien, Ichigo?"

"¿Qué?"

Matsumoto se inclinó hacia delante de manera que lo único que podía ver Ichigo era la maravillosa visión de sus pechos. El adolescente tuvo que esforzarse muchopara no mirar su pecho y mantener la vista clavada en su rostro.

"Ya sabes a qué me refiero." Matsumoto puso morros. "¿Dónde está Ulqui-chan? Quiero darle un abrazo para felicitarlo por ascender a capitán."

"¿Un abrazo?" dijo Ichigo con incredulidad. "No hablarás en serio."

Si mal no recordaba, el último encuentro de Ulquiorra con Matsumoto Rangiku no había sido muy agradable. Al menos para Ulquiorra. Cualquier otro hombre habría estado en la gloria pero, aparentemente, Ulquiorra no era como los demás hombres. Al oír la noticia de que Ulquiorra había aprovado el examen de capitán, Matsumoto había agarrado al desprevenido hombre y le había hundido la cara entre sus pechos en lo que ella denominaba un abrazo. Ni que decir haya, Ulquiorra no lo había encontrado una experiencia agradable. Por un lado, era vergonzoso, y por otro, esos pechos podían matar.

En serio.

Cuando finalmente Matsumoto lo había soltado, Ulquiorra casi había necesitado una RCP. Después de ese día, Ulquiorra se mantenía alejado de la sobreentusiasta mujer. Y de las mujeres con grandes pechos en general.

Al ver la expresión de Ichigo, Matsumoto rio. "¡Ohh, no te preocupes! ¡Esta vez no lo ahogaré! ¡Iré con cuidado!"

"¡Casi lo mataste!"

Glups. "¡No lo puedo evitar; se ve tan kawaii con su uniforme!" Incluso tuvo el detalle de parecer avergonzada. Aunque eso no duró mucho, ya que de repente dio una palmada y exclamó, "¡Oh, Zaraki también está buscando a Ulqui-chan para felicitarlo! ¿No es maravilloso por su parte?"

Ichigo y Hitsugaya intercambiaron miradas compasivas, sintiendo lástima por Ulquiorra. Matsumoto no se dio cuenta de esto, obviamente.

Zaraki Kenpachi era otro individuo que Ichigo sabía que Ulquiorra no se alegraría de ver. Desde que Ulquiorra pasara el examen para capitán, Kenpachi había cogido la costumbre de aparecer de la nada para atacar a Ulquiorra cuando éste menos lo esperaba. Esto no habría sido un problema si a Kenpachi no se le hubiera ocurrido que los mejores momentos para atacarlo eran cuando el hombre estaba dormido o justo cuando acababa de salir de la ducha.

"Pues no estoy seguro de dónde está," respondió Ichigo.

"Pues claro que no. Eres un idiota," rezongó Hitsugaya, aún enfadado porque Ichigo se negara a llamarlo por su título.

"Calla."

Ichigo agarró su vaso de zumo y arañó la superficie ligeramente con las uñas. Ahora que Matsumoto lo había mencionado, no se veía a Ulquiorra por ninguna parte. Hacía casi una hora que no lo veía, y esta era su fiesta. Ichigo se mordió el labio inferior. ¿Podía ser que estuviera fuera? La única razón por la que Ichigo se había escabullido de su casa para venir a esta fiesta era para asegurarse de que el encuentro de Ulquiorra con Grimmjow no lo había afectado.

El adolescente se puso de pie. "Voy a buscarlo."

"¡Muy bien!" dijo Rangiku antes de dejarse caer en el asiento que antes había ocupado Ichigo, y para disgusto de Hitsugaya. No le gustaba estar con Matsumoto cuando ésta quería beber. "Tráelo de regreso si lo encuentras. Ulqui-chan se está perdiendo su propia fiesta."

"Claro," dijo Ichigo con aire ausente.

¿Dónde estaba Ulquiorra? Ichigo se abrió paso entre la multitud. Ulquiorra había dicho que quería tomar un poco de aire fresco. No podía seguir fuera, ¿verdad? Al fin y al cabo, no había gran cosa que hacer en la Sociedad de Almas y ésta era su fiesta. No sería tan antisocial como para abandonar la fiesta, ¿verdad? Sin embarbo, Ichigo comprobó que estaba equivocado, ya que lo primero que vio al salir del edificio fue a Ulquiorra.

"Capitán."

No hubo respuesta.

Ichigo inclinó la cabeza hacia un lado. Qué raro. Ulquiorra no parecía haber notado su presencia. Estaba de espaldas a Ichigo y cuando el joven Vaizard se acercó, vio que Ulquiorra parecía estar profundamente sumido en sus pensamientos.

Ulquiorra estaba observando el cielo plagado de estrellas mientras la brisa movía suavemente su pelo y su uniforme. La luz de la luna lo iluminaba, haciendo que su piel pálida brillara tenuemente. En ese momento, Ichigo no vio al nuevo capitán de la Quinta División, sino al antiguo Cuarta Espada. No vio a un hombre vestido con el típico uniforme negro de shinigami, sino a un hombre vestido con el uniforme blanco de los Espada. Un fantasma de lo que Ulquiorra había sido en el pasado. Era la expresión de sus ojos, tan llenos de nostalgia y tristeza. Casi podía ver las marcas de lágrimas que antes había en el rostro de Ulquiorra Schiffer, unas marcas que lo hacían parecer un ser destinado a permanecer triste para siempre. Una punzada de culpabilidad atravesó el corazón de Ichigo ante tal pensamiento.

Ichigo sacó su zanpakutou de la carne pálida, horrorizado por lo que había hecho. Unos enormes ojos esmeralda lo miraron con sorpresa. La sangre manó de la herida y un hilo carmesí cayó desde la comisura de los labios del Cuarta y goteó de su barbilla. Y para acabar de rematarlo, el arrancar se estaba desintegrando. Se estaba convirtiendo en cenizas ante los ojos de Ichigo y lo único que el joven Vaizard podía hacer era mirar.

No había nada que pudiera hacer.

"Ahoraluchascomounhollow.Asangrefría," dijoUlquiorraconelmásleveindiciodeunasonrisaensuslabiosblancosynegros.Peroinclusomientrasdecíaesto,lamáscaradeIchigoserompióycayóalsueloysusojosperdieronlaexpresiónenloquecidaquehabíaenellosmomentosatrás.EntoncesUlquiorracerrólosojos,aceptandosuderrota.

Ichigo repiró hondo y se encaró al antiguo Espada. Ulquiorra ni siquiera se dio cuenta de su presencia cuando el joven se colocó junto al pálido hombre. Estaba demasiado perdido en sus pensamientos para apreciar lo que le rodeaba. Ichigo no era muy talentoso con todo lo relacionado con el reiatsu, pero inclusó él pudo darse cuenta por la sensación de su reiatsu de que Ulquiorra estaba afligido.

A pesar del aprieto en el que se encontraba, Ulquiorra no parecía muy preocupado por su bienestar. En vez de ello, sus ojos esmeralda parecían estar buscando algo frenéticamente. O a alguien. Cuando Ulquiorra finalmente halló lo que estaba buscando, la calma se apoderó de él, aunque la tristeza de esos ojos aún estaba presente. Unos ojos marrones siguieron la trayectoria de la mirada de Ulquiorra y descubrieron que ésta estaba fija en el moribundo Sexta Espada.

Grimmjow sangraba por las numerosas heridas que le cubrían el cuerpo y la vida de sus ojos se estaba apagando. Era un milagro que el hombre fuera capaz de mantenerse de pie.

En el momento en que zafiro y esmeralda se encontraron, Ichigo supo que esos dos tenían una conexión. No, un lazo especial.

La expresión de Grimmjow era una que Ichigo nunca olvidaría. El horror de su rostro mientras veía cómo Ulquiorra se convertía lentamente en cenizas era una imagen que había permanecido gravada en su mente hasta ahora.

Una lanza helada le atravesó el corazón al ver a Grimmjow avanzar a trompicones desesperadamente, con movimientos débiles, para intentar coger las cenizas. Las únicas evidencias que quedaban de la existencia de Ulquiorra. Pero las cenizas se le escaparon entre los dedos.

Ichigonuncahabíavistoaunhombretandestrozado.

"Capitán Ulquiorra," volvió a probar Ichigo.

Esta vez el hombre lo oyó. Ulquiorra se sobresaltó al oír su nombre. Apartó la mirada del cielo estrellado y la fijó en el rostro de Ichigo.

"Kurosaki," dijo Ulquiorra.

Grimmjow contempló las palmas de sus manos donde las cenizas de Ulquiorra lo habían tocado hacía unos segundos mientras sus ojos de zafiro se llenaban de lágrimas y su cuerpo temblaba. Ya no era el orgulloso Sexta Espada que Ichigo conocía. Ahora Grimmjow Jeagerjaques era un hombre destrozado.

¿EIchigo?Éleraunasesino.

Su expresión era estoica y su voz no traicionaba los sentimientos que lo embargaban. El hombre que había ante él era la causa de las muchas noches en vela que Ichigo había sufrido debido a la culpabilidad. El hombre que había ante él había perdido todo cuanto había sido por culpa de Ichigo. Había perdido su identidad, sus recuerdos. Siempre era apartado en la Sociedad de Almas por un pasado que no podía recordar. Su vida, su existencia en la Sociedad de Almas no era nada más que una mentira. A Ichigo le resultaba duro encarar al hombre sin recordar cómo esos ojos esmeralda lo habían mirado cuando le había atravesado el pecho con su zanpakutou hacía más de un año.

"Ahoraluchascomounhollow.Asangrefría."

Ichigo compuso una sonrisa falsa. "¿Qué está haciendo aquí fuera? Hace un frío de mil demonios. Volvamos a dentro. Todos le están esperando." Señaló con un gesto la puerta del edificio.

Ulquiorra se lo quedó mirando un momento, pero no respondió. En vez de ello, volvió a clavar la mirada en el cielo. "Kurosaki. Quiero hacerte una pregunta."

"¿Sí?"

"¿Alguna vez te has sentido como si hubieras cometido un terrible error en el pasado?"

Unosojosdezafirobrillaronconfuria. "Lohasmatado."

Noeresnadamásqueunasesino.

El adolescente se puso rígido. "¿A qué se refiere?"

Ulquiorra dudó. "No formo parte de la Sociedad de Almas."

Espera. ¿Qué?

"No lo entiendo. ¡Claro que forma parte de la Sociedad de Almas! Vive aquí, ¿no?"

"Técnicamente, sí, formo parte de la Sociedad de Almas." El hombre exhaló el aire que había estado reteniendo. "Fui aceptado en la Sociedad de Almas en el momento en que renací aquí. Pero…" Tamborileó los dedos sobre la barandilla, sumido en sus pensamientos. "Pero no he sido aceptado por la gente de la Sociedad de Almas."

Ichigo suspiró, aliviado. Así que se trataba de eso. Por un horrible momento había pensado que Ulquiorra había recordado que él había sido el que había acabado con su vida como arrancar. Sin embargo, permaneció en silencio. Ichigo se dio cuenta de que éste era uno de los raros momentos en que Ulquiorra se abría a él, aunque sólo fuera un poquito. Momentos así ocurrían de higos a brevas.

"Me siento como… si en mi vida pasada hubiera cometido algún tipo de crimen para que esto ocurra," continuó Ulquiorra. "Soy un capitán y he trabajado duro para conseguirlo. He realizado todas mis misiones a la perfección y sin rechistar. He jurado lealtad eterna a la Sociedad de Almas. Soy admirado y he sido elogiado por mi trabajo. Pero…"

"¿Pero?"

"Pero sigue siendo lo mismo." Su expresión era indescifrable, pero la frustración que sentía se dejaba notar en su voz. "No fui aceptado cuando llegué a la Sociedad de Almas. Aún no soy aceptado como uno de los capitanes de las 13 Divisiones. No importa cuánto me esfuerce, no es suficiente. Puede que sólo sea yo, pero tengo la sensación de que se me han ocultado muchas cosas." Su mirada se endureció. "Por un pasado que no recuerdo."

Silencio.

¿Cómo se suponía que Ichigo tenía que responder eso? Todas sus palabras eran ciertas, pero no podía decírselo. Ichigo tragó saliva y entonces rio, incómodo. "Eh, no sea tonto. Pues claro que ha sido aceptado por la gente de aquí. Sólo está siendo paranoico. Ahora volvamos a…"

"Sabes que no es el caso, Kurosaki. Sabes que todo lo que he dicho es cierto."

Si la culpa que antes había experimentado no había sido evidente, ahora podía verse claramente en su expresión. No tenía ni idea de cuán difícil le resultaba a Ulquiorra vivir así, y eso, sabiendo que era en parte culpa suya, lo hizo sentir peor.

GrimmjowagarróeluniformedeIchigomientraslavidadesusojosseapagaba.Unpocodesangremanabadeuncorteensufrenteylecaíaenlosojos,peroconsiguiómantenerlamiradaasesinaqueledirigíaaKurosaki.Elolorasangreeraabrumador. "Bastardo," leespetó. "Pagarásporhaberlomatado."

Ichigo le tocó el hombro. "Las cosas mejorarán." No hubo respuesta. Su voz ganó fuerza al ver que Ulquiorra no le cortaba la cabeza. "Ya verá. Llevará un tiempo, pero al final la gente verá las contribuciones y sacrificios que ha hecho por la Sociedad de Almas. Y cuando lo hagan, le aceptarán por quien…"

Mientras hablaba, los ojos de Ulquiorra se dirigieron a la mano que Ichigo había apoyado sobre su hombro y clavaron la vista en ella.

"Kurosaki," dijo Ulquiorra, cortando a Ichigo a media frase.

"¿Sí?"

"No me toques."

"Oh, claro. Perdón."

Había olvidado por completo que aunque Ulquiorra a veces le explicaba lo que pensaba, era obvio que no quería estrechar lazos con el joven. Y además estaba el hecho de que quizás aún estuviera un poco enojado con él por haberle impedido matar a Grimmjow. La mano ofensiva fue apartada antes de que Ulquiorra decidiera cortarla.

"Bien."

Ulquiorra aflojó la mano que tenía sobre la barandilla y volvió a mirar el cielo estrellado. Sabía que Kurosaki sólo intentaba ayudarlo, pero aún estaba un poco enojado con él por haber arruinado su última misión.

Suspiró y se pasó una mano por entre sus mechones negros. Éstas ni siquiera eran la mitad de sus preocupaciones. El nombre conectado con su pasado lo estaba molestando más que nunca.

Quienquiera que fuese ese tal Grimmjow, tanto si Ulquiorra era importante para él – había asumido que 'Grimmjow' debía de ser un hombre ya que, con lo raro que era el nombre, no podía imaginar que fuera de mujer – como si no, muy probablemente sí que era importante para Ulquiorra. El shinigami se soltó de la barandilla. Quienquiera que fuese ese hombre, pertenecía al pasado. E incluso… Incluso aunque Ulquiorra se volviera a encontrar con él…

"Volvamos a dentro, Kurosaki."

Las posibilidades de que supiera que ese hombre era su Grimmjow eran escasas.

"Claro."

¿Las posibilidades de que recordara algo de su confuso pasado? Aún más.

Grimmjow se dejó caer en el suelo y apoyó la espalda contra un árbol. Dejó caer la cabeza hacia atrás contra el tronco y cerró los ojos. Bien,hoyhasidoundíaproductivo, pensó con sarcasmo. Después de haberse topado con Jidanbo, Grimmjow había rodeado los malditos muros y casi no había encontrado ninguna obertura. Intentar volar por encima del muro había resultado inútil, ya que algo referente a esa pared le impedía caminar en el aire. Grimmjow maldijo entre dientes.

Aún no hacía ni un día que estaba en la Sociedad de Almas y ya estaba harto.

Primero, no podía destruir el muro. Entonces descubría que había un guardián. Después, resulta que no podía caminar por el aire para sobrepasar el muro. Y finalmente, no había oberturas.

Vaya mierda de suerte.

Y estaba tan cerca. Pero no se iba a rendir. Porque Ulquiorra vivía tras esos muros. Joder, incluso si eso significaba arriesgar su vida, iba a seguir adelante. El único problema ahora era qué haría cuando encontrara a Ulquiorra. No tenía ninguna garantía de que el hombre quisiera escucharlo. Ulquiorra necesitaría una mejor razón que 'porque soy Grimmjow Jeagerjaques' para escucharlo. Tampoco había garantía alguna de que de nuevo hubiera alguien para salvarlo. No era que lo deseara. No era una maldita doncella en apuros. El Sexta Espada no necesitaba depender de nadie.

Pero Dios sabía que no se atrevería a levantar un dedo contra Ulquiorra. Aunque fuera en defensa propia.

Grimmjow dejó caer la cabeza entre las rodillas. Estaba tan jodido. No tenía ni idea de cómo entrar al Seireitei. No sabía qué hacer si encontraba a Ulquiorra. Y, maldita sea, esa ropa lo estaba ahogando.

Grimmjow se quitó la tela que se había puesto en la parte inferior del rostro y la tiró al suelo. Era jodidamente difícil respirar con eso. Además, hacía bastante calor. Agarró la tela y se secó el cuello, donde se habían formado gotas de sudor.

Estaba en una zona bastante aislada y rodeada por unos cuantos árboles. La luz de la luna se colaba entre las ramas, iluminando tenuemente el área. Estaba un poco apartado, aunque cerca del Seireitei, pero no le preocupaba ser descubierto a pesar de haberse quitado el trozo de tela, exponiendo su máscara de hollow. Era una zona bastante solitaria y Grimmjow estaba seguro de que allí estaría a salvo.

Aunque ya era un poco tarde. Quizás lo mejor sería regresar a Las Noches y volver el día siguiente. No había mucho que pudiera hacer ahora y además, si se ausentaba demasiado tiempo, Aizen podría sospechar algo. Podía importarle una mierda lo que Aizen le hiciera por haberlo traicionado, pero tampoco era estúpido. Si ahora moría, no podría encontrar a Ulquiorra.

Suspiró.

Bueno, lo mejor sería regresar ahora.

Estaba empezando a abrir una Garganta cuando se le ocurrió.

Las Gargantas se podían usar para ir a cualquier lugar, ¿verdad?

Así que eso significaba que seguramente podría colarse en el Seireitei usando una Garganta. Sería sencillo, sobretodo porque ahora sabía dónde estaba el Seireitei.

Sonrió. Quizás al final su situación no era tan desesperada.

La fiesta finalmente había acabado. Después de tantas insoportables horas de tener que soportar shinigamis borrachos y sus extrañas y a veces avengonzantes payasadas. Todos estaban regresando a sus hogares. Algunos se quedaban un rato más para felicitar a Ulquiorra por su nuevo puesto. Schiffer había dado tantas veces la mano y había sido felicitado por tantas personas que ya había perdido la cuenta. La mayoría lo había hecho por cortesía. No muchos lo habían hecho con sinceridad. Cosa que no lo sorprendía. Ya se lo esperaba. Quizás le habían montado esa fiesta, pero muchos aún se mostraban recelosos.

"Felicidades, Schiffer," Ikkaku sonrió, dándole la mano y apretándola con fuerza. "Quizás la próxima vez podamos permitirnos un pequeño combate."

Entendiendo pequeño combate como 'luchemos hasta que uno de los dos muera'.

"Quizás," meditó Ulquiorra. "Gracias, Madarame."

Ikkaku Madarame era uno de los pocos que actuaba con normalidad estando cerca de él. A pesar de que a Ulquiorra no le gustaba su tendencia a la violencia, comparable a la de Zaraki Kenpachi, ciertamente resultaba un cambio agradable. Y al menos, al contrario que Zaraki, Ikkaku no le tendía emboscadas para luchar al salir de la ducha.

"Nos vemos pues, Schiffer," dijo Ikkaku. Hizo un gesto a su mejor amigo, que estaba junto a él. "Venga, Yumichika. Nos vamos."

Yumichika no se movió. Se quedó clavado donde estaba, mirando a Ulquiorra con los ojos muy abiertos.

"Oi, Yumichika…"

"¡Hermosa dama!" gritó Yumichika, abalanzándose sobre Ulquiorra y casi derribándolo. "¡No vuelvas a abandonarme!" dijo entre sollozos contra su pálido cuello, refiriéndose a cuando Ulquiorra había salido a tomar un poco de aire.

Oh, Dios.

Ulquiorra cerró los ojos y arrugó la nariz. El pestazo a alcohol que desprendía el hombre era abrumador. Intentó apartarlo, pero sólo consiguió que Yumichika se aferrara a él con más fuerza, enroscando los brazos alrededor de la fina cintura de Ulquiorra en un abrazo asfixiante. Genial. Por eso odiaba la gente borracha.

"Yumichika," dijo Ulquiorra con voz monótona, "Suéltame."

"¡No!"

Lo abrazó con más fuerza.

Ulquiorra suspiró. Puso las manos sobre los hombros de Ayasegawa con firmeza y lo apartó de él, empujándolo a los brazos de Ikkaku. "Cuida de él, Madarame. Mañana tendrá una buena resaca," dijo Ulquiorra secamente antes de girarse para abandonar el edificio.

Ignoró los gritos desesperados de 'hermosa dama' que lo siguieron. Ulquiorra notó que se le formaba un tic en el ojo. Sabía que tenía un aspecto más femenino que la mayoría de hombres, pero eso no significaba que Ayasegawa pudiera llamarlo mujer. Borracho o no. Al salir al exterior, se encontró con el shinigami de pelo naranja. Ichigo Kurosaki estaba apoyado contra un pilar con los brazos cruzados sobre el pecho.

Ojos esmeralda se econtaron con otros marrones. "¿No vas a casa, Kurosaki?"

"Sí. Sólo quería hablar un rato con usted."

"¿Oh?" Ulquiorra se giró para encarar por completo a Ichigo. "¿Sobre qué? Hemos hablado hace poco."

"Sí, lo sé, pero..." Ichigo se rascó la nuca. "Mire, sé que aún está molesto por lo que pasó el otro día en Karakura, y lo comprendo." Ulquiorra estaba a punto de responder pero Ichigo continuó, "Pero no me voy a disculpar. Continúo opinando que lo que hice fue lo correcto. Y no hay nada que usted pueda decir para hacerme cambiar de idea. No creo que debamos matar a todos los arrancar con los que nos cruzamos."

"Ya veo." Ulquiorra lo miró durante un momento. Ichigo Kurosaki aún era joven y bastante obstinado a la hora de apoyar sus propias opiniones. El chico era inteligente y solía tomar las decisiones correctas. Pero ésta era de lejos la cosa más estúpida que había oído en su vida. "A pesar de que tu opinión es válida, Kurosaki, métete en la cabeza que dejar vivir a tu enemigo sólo significa que le estás dando la oportunidad de matar a más de los nuestros."

"Pero…"

"Estamos en guerra, Kurosaki. No tenemos tiempo para tus ideales románticos. No todos los enemigos que encontremos se volverán buenos milagrosamente. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer."

Era mentira, por supuesto. El chico parecía querer seguir discutiendo el tema pero a Ulquiorra no le apetecía en ese momento. Estaba claro que Ichigo no quería darse por vencido, ni tampoco él. Esa discusión no llevaría a ninguna parte.

Mientras Ulquiorra se alejaba, notó que alguien le tiraba de la manga del uniforme.

"¿Qué?" Lanzó una mirada irritada a Ichigo por encima del hombro.

Ichigo se encogió ante su tono.

"Sólo prométame algo."

"Creo que no estás en posición de pedirme tal cosa," respondió fríamente.

"Prométame que si vuelve a encontrarse con ese arrancar, no lo matará."

"¿Qué?"

Ulquiorra miró a Ichigo con incredulidad. ¿Se daba cuenta el chico de lo que le estaba pidiendo? Al principio pensó que le estaba tomando el pelo, pero al ver la sinceridad en esos ojos marrones, cualquier creencia de que pudiera tratarse de una broma desapareció.

Los miró con los ojos entrecerrados, receloso. "¿Qué te pasa con ese arrancar, Kurosaki? ¿Qué tiene de especial para que no quieras que resulte herido? Porque te he visto luchar contra otros arrancar sin dudar. ¿Qué hace que éste sea distinto?" Ulquiorra quería saberlo. Al ver que Ichigo no respondía, frunció el ceño y le arrancó la manga de la mano de un tirón. Pues claro que no le iba a contestar. Todo le era ocultado. Incluso Kurosaki, que parecía esforzarse por tener una buena relación con él, tenía sus propios secretos. "Me temo que no puedo prometerte tal cosa. Mi deber es servir únicamente a la Sociedad de Almas. No haré nada que pueda ponerla en peligro." Soltó un suspiro tembloroso. "Vete a casa, Kurosaki."

"P..."

"Vete a casa," dijo con más firmeza. "Es tarde y tienes que ir a la escuela. Vuelve con tu familia."

Ichigo se quedó parado durante unos segundos, preguntándose qué debería hacer. Al ver que era inútil hablar con Ulquiorra sobre eso, suspiró y se alejó. Sonrió con poco entusiasmo. "Nos vemos pues."

Ulquiorra permaneció callado y observó cómo el chico se alejaba hasta que lo perdió de vista. Cuando éste hubo desaparecido, tragado por las sombras de la noche, Ulquiorra continuó su camino. Aún no quería regresar a su habitación. El hombre respiró hondo, inhalando el aire fresco. Le gustaba pasear de noche antes de ir a dormir. Le relajaba.

Los muros que rodeaban el Seireitei se fueron acercando hasta que pudo ver a Jidanbo Ikkankazu. Sin embargo, no entró al Seireitei. Giró a la izquierda, tomando el camino por el que paseaba cada noche.

"Que tenga un buen paseo, capitán," dijo Jidanbo con voz áspera.

Ulquiorra lo saludó con la mano, indicando que le había oído, y siguió adelante.

A Ulquiorra le gustaba pasear por el Rukongai. Sí, estaba lleno de criminales y los edificios estaban en mal estado, pero aún así le gustaba. Le recordaba a un tiempo en que aún era aceptado por la sociedad. A pesar de haber durado poco, permanecía gravado en su memoria. Era algo que no olvidaría tan fácilmente. La vida no era sencilla en el Rukongai, pero sí memorable. Al fin y al cabo, era donde había renacido. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que cuanto lo rodeaba había cambiado del área de casas del Rukongai a una zona boscosa. Aunque no importaba. Ulquiorra estaba tan acostumbrado a ir siempre por el mismo camino que ya se lo sabía de memoria.

Con las manos en los bolsillos, Ulquiorra se detuvo junto a un árbol. Sacó una mano del bolsillo y pasó los dedos por el tronco. Éste era su lugar favorito para pensar ya que era bastante tranquilo. Estaba un poco alejado del Seireitei, pero no demasiado. La gente raramente iba allí. La gente del Rukongai solía estar demasiado ocupada intentando pensar en cómo conseguir su siguiente comida.

Ulquiorra dejó caer la mano y siguió avanzando.

El lugar ofrecía el mismo aspecto de siempre. Los árboles eran altos y soberbios. La hierba era tierna bajo sus pies. Había un extraño sentado bajo el árbol donde solía sentarse él.

Ulquiorra se detuvo de repente, mirando la figura que había bajo el árbol. Normalmente ni se habría inmutado. Pero esta persona en particular tenía el pelo azul.

Ulquiorra miró al arrancar con los ojos entrecerrados. Aunque le había hecho un pequeño corte, haciendo que manaran unas cuantas gotas de sangre para mostrarle lo fácil que le resultaba hacerle daño a pesar de su grueso hierro, el hombre seguía mirándolo con sus ojos azules muy abiertos. ¿Cómo sabía el arrancar su nombre? Ulquiorra lo quería saber. Sólo había pasado unos pocos meses como teniente y apenas un día como capitán. ¿Acaso había espías en la Sociedad de Almas? ¿O tanto había corrido la voz?

Estababastanteoscuro,asíquenopodíadistinguirbienelrostrodelarrancar,perovioqueteníaunaespeciedemáscaraenunladodelacarayquesupeloeradeuncuriosotonoazul.Yquehabíalágrimasenesosojoscomozafiros.

Entrecerró los ojos. No podía ser que ese arrancar se hubiera atrevido a ir allí, de todos los lugares posibles, donde había enemigos por todas partes. Enemigos que podían matarlo fácilmente. Pero entonces vio al hombre abriendo algún tipo de portal y eso fue todo lo que necesitó para confirmar que ese hombre era el arrancar con el que ya se había encontrado. Tan rápido que el arrancar no se dio cuenta, Ulquiorra se colocó frente al arrancar usando su shunpô, se agachó y agarró al hombre por el frente de su camisa, haciendo que levantara la vista.

No había error posible. Ciertamente era el arrancar con el que se había topado. Podría reconocer esos ojos zafiro en cualquier lugar.

"¿Qué estás haciendo aquí, arrancar?" gruñó Ulquiorra. "Habla."

El arrancar estaba sorprendido, por no decir más. "Ulquiorra. Suéltame."

"No me vengas con ésas, arrancar. Responde."

"Ulquiorra..." El arrancar alzó una mano y lo agarró por la muñeca, intentando hacer que lo soltara. El shinigami jadeó ante el contacto y, antes de que supiera qué ocurría, una escena que no había visto nunca apareció en su mente.

Ulquiorra entró en la habitación portando una bandeja con comida. "Aquí tienes." Puso la bandeja ante el arrancar de pelo azul, que estaba recostado en la cama. Hecho esto, Ulquiorra se sentó en el borde del lecho. "Deberías comer más para conservar las fuerzas," comentó.

El arrancar no respondió. En vez de eso, sonrió al ver a Ulquiorra. Se incorporó temblorosamente hasta quedar sentado e hizo una pequeña mueca de dolor. Sus heridas aún no se habían curado por completo. "Gracias, Ulqui."

Ulquiorra frunció el ceño al oír el apodo. "Creía haberte dicho que no me llamaras así."

"No puedo evitarlo. Eres tan mono, Ulqui." El hombre sonrió.

Ulquiorra puso los ojos en blanco. "Calla." Miró los vendajes que cubrían el cuerpo del arrancar. "Mira que eres descuidado, dejando que te hieran así otra vez." Podía ser que el hombre estuviera sonriendo, pero era obvio que sus más recientes heridas lo estaban afectando. Había perdido un poco de peso, pero Ulquiorra estaba intentando remediar eso. Incluso aunque tuviera que alimentarlo para conseguir que comiera.

"Vamos, Ulqui. Esto es como en los viejos tiempos, cuando venías a visitarme después de que luchara contra ese shinigami."

"Creo que preferiría verte ileso. Ojalá te preocuparas más por tu bienestar. Al menos no me tendrías preocupado todo el tiempo."

"Ohh, ¿estás preocupado por mí?" se burló, ganándose una colleja por parte de Ulquiorra. "Ahora en serio." El hombre alzó una mano y cogió la de Ulquiorra, que estaba sobre su regazo. "Eres mono. Y me alegro de tenerte."

"¿Es ésa la única razón por la que te alegras de tenerme?"

"Bueno, está ésa." El hombre atrajo a Schiffer hacia él, haciendo que gritara. Ahuecó la mano libre contra su mejilla y la acarició con el pulgar. "Y está el hecho de que te amo. No puedo pedir nada mejor."

Un encantador sonrojo apareció en el rostro de Ulquiorra. "Estás diciendo tonterías, Sexta," respondió con arrogancia. "Yo…"

"Shh…" Elhombrepusoundedosobresuslabiosblancosynegros,sonriendo,yacallandoalmásjoven.Deslizóeldedohaciaabajohastallegarbajosubarbilla.InclinóligeramenteelrostrodeUlquiorrahaciaarribayseinclinóparadepositaruncastobesosobresuslabios,haciendoqueeljovencerraralosojosmientrasloatraíamáshaciasí.

Ulquiorra parpadeó. ¿Qué acababa de suceder?

DIORCRYSTAL: Sí, he cambiado un poco la muerte de Ulqui. Espero que este capítulo os haya gustado.

NdT: Finalmente, después de casi dos meses de no dar señales de vida, he vuelto. ¿Me habéis echado de menos? Supondré que sí ^^. Ahora voy a empezar el segundo semestre en la universidad y tengo un montón de asignaturas nuevas y horas de clase, pero intentaré ir haciendo algo a ratos. Me quiero centrar en la otra traducción que estoy haciendo, a ver si la acabo ya y así me puedo dedicar de pleno a ésta. Como siempre, disculpad las posibles faltas y apreciaré cualquier comentario que me enviéis.