Disclaimer:Hakuoki Shinsengumi Kitan, Todos los personajes le pertenecen a sus respectivos creadores (Otomate e Idea Factory Design), esta historia nació con el único fin de entretener sin ánimo de lucro alguno.
4. La historia de la espada.
— ¡Tú!— gritaron Shinpachi y Heisuke al unísono al ver a la chica que tomaba asiento al lado de su padre.
— ¡Qué pequeño es el mundo!— dijo Harada con una sonrisa — Así que te llamas Yuzuki, es un lindo nombre.
—La verdad no esperaba volverlos a ver— contestó la joven, quien se había sonrojado un poco ante el cumplido de Harada y desviado la mirada a otro lado.
—Espera un momento Harada— intervino Kondo ¿Ya conocían a esta niña?
—Es una larga historia, comenzó Shinpachi... Resulta que.
—Podemos dejar los detalles para después de cenar — añadió Heisuke con impaciencia, debido a que ya llevaba mucho tiempo hambriento— la comida se enfría.
—Adelante, coman— les invitó Kiyoshi, quien no parecía alterado por el giro de acontecimientos.
— ¡Buen provecho!— dijeron todos y se dispusieron a cenar. La comida estaba deliciosa y eso mejoró el ánimo de los presentes.
Kyouya se percató de que su hermana permaneció en silencio en el transcurso de la cena por lo que después de que terminaron, entabló conversación con ella mientras la acompañaba de regreso a la cocina con las bandejas vacías y se disponían a preparar el té. Mientras le alcanzaba a su hermana los ingredientes para preparar la bebida, le preguntó.
— ¿Ya conocías a estas personas hermana? — inquirió mientras la observaba fijamente.
—Solo a tres de ellos, los que me reconocieron — contestó ella con fastidio mientras llenaba la tetera de porcelana con agua hirviendo y añadía las hojas de té.
— ¿Y cómo es que te topaste con ellos? — le preguntó su hermano.
—Me atacaron unos ronins en un callejón y ellos intervinieron— dijo ella con amargura. — No pensé que padre los traería de visita— añadió disgustada. — ¡son espadachines!—.
—Ya vas empezar con tus prejuicios— espetó su hermano, que se empezaba a masajear las sienes con impaciencia, parecía que el tema le sacaba de quicio.
— ¡No son prejuicios! — le contestó ella altaneramente, mientras alcanzaba las tazas para ponerlas en la bandeja junto a la tetera. — ¡Ve tú a saber qué clase de personas son!, ¡Son desconocidos y no son de aquí!, ¡¿por qué padre es tan confianzudo?! — .
—Pues te guste o no debes de confiar en nuestro padre, yo también tengo mis reservas respecto a estas personas pero sabes bien que el criterio del viejo nunca ha fallado—.
— ¡Pero la verdad es que no soporto estar rodeada de espadachines!— añadió ella con terquedad, mientras colocaba las tazas en la bandeja que sostenía su hermano. — ¡Me ponen de nervios!—.
—Tienes que dejar de aferrarte al pasado, — le replicó Kyouya intentando comprenderla — sabes que no todas las personas son iguales.
—¡Para ti es fácil decirlo! — Estalló Yuzuki, repentinamente — ¡Tú no estabas ese día!, ¡El día en que murió mamá!
— ¡Ya basta! — Les silenció una voz que se alzó por detrás de ellos. Se trataba de Kiyoshi — Si ya terminaron de discutir me gustaría ver ese té servido a nuestros invitados y Yuzuki, te pido de la manera más atenta que te comportes— le regañó su padre, así que los quiero en el salón principal ¡ahora!
Sin rechistar más los jóvenes salieron detrás de su padre rumbo al salón, donde los esperaba el grupo de Kondo.
— ¡Disculpen la tardanza!— Les saludó Kiyoshi, mientras Yuzuki y Kyouya les servían el té a los invitados.
—No se preocupe Kiyoshi—san— le respondió Sannan con amabilidad — el té se ve delicioso, me imagino que es obra de Yuzuki-san.
—Oh no es nada— añadió Yuzuki con cortesía— solo es té normal.
—En fin, ¿ahora si nos van a contar como es que se conocen? — mencionó Okita.
—Bueno, lo que ocurrió fue que la encontramos en un callejón siendo acosada por un par de ronins bastante ebrios — narró Heisuke. — Nosotros pasábamos por allí y acudimos en su rescate.
—Si así es— reafirmó Shinpachi mientras Harada observaba a Yuzuki quien se mostraba bastante tensa, temblaba de rabia y no parecía tener la disposición de participar en la conversación.
—Les agradezco que la hayan salvado— comentó Kiyoshi con tono afectuoso a Shinpachi, Heisuke y Sanosuke— En cuanto a ti Yuzuki— añadió con tono severo— No sé qué voy a hacer contigo; te he pedido muchas veces que no vayas sola a hacer las compras, te he dicho que cualquiera de los reclutas, así se encuentren patrullando, están en la mejor disposición de acompañarte. De seguro te fuiste otra vez por ese callejón para evitar a la gente— comentó Kiyoshi a Yuzuki. — ¡se ve que no aprendes!
— ¡Pues la próxima vez, ve tu por las cosas para cenar!— se defendió la joven — a ver si te parece fácil.
— ¡No me hables en ese tono!— gruñó Kiyoshi.
—Entonces ¡¿Cuál es tu maldito problema?! ¡Casi nunca estás en casa!, si al menos te preocuparas por el mantenimiento de ésta, no tendría que verme en la necesidad de salir y comprarlo todo yo sola— ¡hablas de establecer la seguridad y protección de los pueblerinos de esta región, pero no te importa lo que me ocurra a mí!
—Yuzuki— le pidió Kiyoshi— te pido que te calmes, no es el momento ni el lugar para que discutamos esto.
— ¡No me pidas que me calme!— protestó ella— Si al menos cooperaran un poco en la casa... ¡pero no!, ¡para ustedes es bien fácil largarse desde que sale el sol, hasta la puesta del mismo! y encima traen consigo espadachines... ¡este es un dojo de sojutsu!— miró con desdén al grupo de Hijikata.
— ¡Te estás pasando Yuzuki!— le espetó Kyouya. — No te dejamos sola por que queramos, es parte de nuestro trabajo, ¡no seas malagradecida niña!— también debes estar consciente de que a los aliados del shogunato hemos de brindarles hospitalidad, ya que el Daimyo nos dio este lugar con esa única condición, así que debemos de cumplir sus deseos...
— ¡Al diablo con el Daimyo y el Shogun! — Se alteró todavía más Yuzuki — desearía haber nacido en una familia normal y no en una de guerreros.
— ¡Somos tan normales como cualquier otra familia! — arguyó Kyouya que comenzaba a enfadarse.
—Tranquilos— intervino Kondo con tono de mediación — solo fue un desafortunado incidente que no pasó a mayores, estoy seguro de que Yuzuki—san aprendió su lección.
—Siendo ese el caso, cualquiera de nuestros hombres puede acompañarla— mencionó Hijikata.
— ¡Es que no la conocen! — Argumentó Kiyoshi casi perdiendo la paciencia— ¡es una desobediente!
— ¡Pues entonces habría sido mejor que hubiera muerto a manos de esos ronins!, ¡Así dejaría de ser tu maldito problema! — chilló Yuzuki ya fuera de sí.
Había llegado demasiado lejos, Kiyoshi le propinó un bofetón que dejó a todos en la habitación perplejos, la dura mirada que le dedicaba a su hija demostraba que no estaba para más berrinches. A lo que la joven, se levantó y sin mencionar una palabra más salió corriendo del lugar.
—Les ruego que nos disculpen por el comportamiento de mi inmadura hermana— mencionó Kyouya avergonzado realizando una inclinación ante los presentes.
— ¿Pasó algo malo con ella?— Preguntó Inoue preocupado por las duras palabras que había dicho la joven.
Kiyoshi se quedó mirando su regazo antes de responder a la pregunta que le habían hecho.
—Yuzuki tiene mucho resentimiento en su corazón — añadió al fin con tristeza en la voz — se debe a que hace años ocurrió un incidente bastante grave que culminó con la vida de mi esposa Agamí a manos de un ronin y en parte ella me culpa a mí. Desde aquel suceso, Yuzu siente aversión todo lo que tenga que ver con espadas... les contaré la historia y espero que no juzguen duro a mi hija por su actitud.
—No lo haremos— le prometió Hijikata mirando a sus demás hombres— pero es necesario que ella cambie de actitud o no le llevará a nada bueno en su vida; nosotros como guerreros conocemos lo que es el dolor y deseo de venganza, son emociones que entorpecen la vida de una persona, así que es necesario que ella se deshaga de esas emociones.
—Lo sabemos— contestó Kyouya ya más tranquilo— El problema es que ella misma se cierra, desde aquel incidente no hemos conseguido siquiera hacerla llorar... pareciera que se hubiera vuelto de piedra, puede parecer cordial y amable con las personas, pero la verdad es que esos no son sus sentimientos genuinos...es como si ella hubiera levantado una muralla.
—Si gustan pueden contarnos— les invitó Kondo, quien por alguna extraña razón miraba a Okita con melancolía.
—Está bien— suspiró Kiyoshi— fue hace dieciséis años, Yuzu tenía cinco años y Kyouya siete. Acabábamos de mudarnos a esta región desde Edo, mi esposa Ayami, siempre me apoyó con mi vida de guerrero. Ella opinaba que el sojutsu era mejor camino que el de la espada; si se fijan, la lanza tiene dos lados como arma: el largo de la lanza funciona para bloquear o desviar ataques, mientras que el extremo punzante funciona como mecanismo de ataque. Ella tenía la esperanza de que con el sojutsu pudiéramos proteger a las personas sin necesidad de cometer asesinatos.
—Muy inteligente de su parte— observó Sannan.
—Sí, así es— mencionó Kiyoshi— el caso es que llegamos a Jozai y el Daimyo estaba buscando guerreros para su ejército personal, por lo que organizó un torneo en el que la recompensa, era este dojo y su patrocinio. Gracias a mis habilidades con la lanza, el señor de Jozai quedó impresionado con el estilo Sojutsu y me declaró ganador del torneo; situación que no fue bien vista por mi principal competidor Tazaki Daichi, un hábil espadachín y su hostilidad hacia mi persona quedó más que evidente.
Pasaron algunos días, nos instalamos en esta casa y comenzábamos a instruir jóvenes en el arte de la lanza, Ayami y yo no podíamos estar más orgullosos con nuestra posición.
Una mañana, fui llamado a acudir al castillo del Daimyo, tenía una misión que encomendarme; mi esposa insistió en que Kyouya me acompañara como asistente, así que me lo llevé y ella se quedó con Yuzuki en casa, por lo que suspendí el entrenamiento de mis aprendices y acudimos al llamado de nuestro señor. Una vez que concluimos nuestra misión estábamos por regresar a nuestro hogar cuando se desató una fuerte tormenta que nos impidió volver de inmediato a casa. Esperábamos que aminorara la lluvia bajo el techo de uno de los locales del pueblo, cuando llegó uno de los vecinos muy alterado a avisarnos de que hubo un asalto en mi casa. Temí por la vida de mi esposa y mi hija pero no iba a arriesgar a mi hijo; así que le pedí que esperara a mi regreso en el local junto al vecino y salí corriendo rumbo al dojo con la angustia en mi corazón. Al llegar encontré la puerta rota y comencé a buscar a mi familia por las habitaciones... La visión de encontrar el cuerpo de mi mujer salvajemente cortado nunca lo he podido olvidar... Pero la mirada que portaba mi hija cuando la descubrí a través de una pequeña abertura en el clóset donde intuí que la había encerrado mi mujer para su protección fue desgarrador... ¡Había visto como asesinaban a su madre a sangre fría!, no pude evitar abrazarla, pero ella no respondía a los gestos, ni siquiera parecía escucharme... El shock fue muy fuerte para ella.
Después de enterrar a Ayami, Kyouya y yo procuramos hacer entrar a Yuzuki en razón, pero nada de lo que hacíamos surtía efecto, tuvimos que llevarla con un médico porque seguía sin hablar, solo comía a regañadientes y se encerraba en su cuarto. Después de varios meses de tratamiento especial por parte del médico, conseguimos que nos dijera quienes fueron los agresores de su madre, por lo que intuimos que se trataba de Tazaki junto con un cómplice. Gracias a la descripción de mi hija pudimos dar con él quien confesó su crimen a lo que el Daimyo lo condenó a muerte en el acto, pero Tazaki ya había huido del lugar y desde entonces no se le ha vuelto a ver.
Poco a poco Yuzuki con el apoyo amable de la familia del Daimyo que la acogió en el castillo por un par de años, de su hermano y mío, comenzó a hablar de nuevo pero desde ahí es como si hubiera una barrera entre nosotros y ella; mi niña, que es el vivo reflejo de su madre, se ha vuelto una insufrible; no permite que nadie se le acerque emocionalmente hablando, es muy solitaria y siempre trata de abarcar más de lo que puede, procura ser autosuficiente y a veces estalla en furia sin motivo alguno. Creo que el hecho de que haya sido salvada por un grupo de espadachines le genera sentimientos encontrados espero que no lo tomen como una ofensa— dijo Kiyoshi mirando a Shinpachi, Sanosuke y Heisuke. — pero tratándose de Yuzuki es... impredecible.
— ¡Vaya!— exclamó Heisuke con bochorno — ahora me arrepiento de haber sido un poco hosco con ella.
—Debió ser una experiencia demasiado dura— afirmó Inoue.
—Pero entonces creo que no deberíamos permanecer en este sitio — añadió Sannan— solo estamos provocando que su hija se sienta peor.
—Es algo que tiene que enfrentar le guste o no— declaró Kyouya — aunque ustedes se marcharan las cosas no cambiarían, se lo puedo asegurar—afirmó con convicción.
—Quizás podríamos ayudarla a superar sus prejuicios si le demostramos que aún hay personas que usamos la espada para el bien— dijo Kondo.
—La cuestión está en si ella desea realmente superar aquello— añadió Saito muy serio— al parecer siente una extrema culpabilidad por haber sobrevivido.
— ¡Buena observación Saito!— mencionó Okita.
—La situación en esta casa será complicada— añadió Shinpachi dando un respingo.
—Pero no lo creo imposible— añadió Harada con optimismo, es cuestión de paciencia.
—Sí — mencionó Heisuke— quien sabe ¿qué tal si más adelante logramos que se sienta cómoda con nosotros?
—Dudo mucho que alguien como ella pueda sentirse cómoda con el más escandaloso del grupo— le bromeó Shinpachi, a lo que todos rieron.
— ¡Oye Shinpachi, hablo en serio! — le espetó Heisuke indignado.
—Ya veremos qué hacer con ese asunto — añadió Hijikata.
— ¡Bien! — exclamó Kiyoshi ya más animado — si creen que pueden permanecer aquí a pesar del pequeño inconveniente con mi hija les mostraré sus habitaciones, es tarde y necesitan dormir.
—Gracias por la hospitalidad — respondió Hijikata por el grupo.
—No es nada— añadió Kyouya de forma amable — sígannos.
Después de levantarse, los hombres siguieron a Kyouya y a Kiyoshi rumbo a sus habitaciones, mientras caminaba por el pasillo, Harada volteó a ver al jardín que ofrecía un aspecto precioso bajo la luz de la luna donde vio a Yuzuki; quien observaba al cielo bajo el árbol de cerezos con la mirada perdida y vislumbró una lágrima rodando por su delicada mejilla.
— ¡ya habrá tiempo! — Se dijo a sí mismo — le demostraré que aún hay cosas bellas por las cuales vivir.
— ¡Sano! — Le apremió Heisuke quien no se percató de la presencia de Yuzuki en el jardín— te estas quedando atrás, ¡vente!— a lo que Harada prosiguió su camino rumbo al dormitorio.
— ¡Pff, qué día más largo! — exclamó Heisuke animado mientras se acomodaba en su futon en la habitación que compartía con Okita, Saito, Sanosuke y Shinpachi.
— ¡Y que lo digas! — respondió Shinpachi acomodándose en su lugar. — Kiyoshi, es bastante amable, ¡me alegra que podamos permanecer aquí!
— ¿Y qué opinan de aquella chica, Yuzuki? — Preguntó Okita con interés — es preciosa y ¡vaya que tiene carácter!
—Su situación es lamentable— añadió Saito pensativo.
—Sí— añadió Shinpachi con lástima— me pregunto qué tan lejos puede llegar un ronin por su envidia al grado de asesinar a una mujer delante de una niña.
—Uno sin escrúpulos — añadió Harada con un dejo de enfado en la voz.
— ¿Creen que sea posible que podamos hacerla cambiar de opinión? — Preguntó Heisuke.
—Quizás— respondió Saito.
—No, no puede ser posible— exclamó Harada con determinación — ¡Lo haremos! mencionó antes de quedarse dormido junto con sus compañeros.
Continuará…
Bien, si se preguntaban porque la hostilidad de Yuzuki a los espadachines, ahí lo tienen jejeje puede sonar un poquito cliché lo del pasado trágico pero considero que parte de nuestros pasados influyen mucho en lo que somos hoy ¿no lo creen?, espero que sigan disfrutando su lectura.
