Chicos lamento mucho la tardanza, pero entre la escuela y la falta de inspiración no podía terminar el capitulo.

Este capitulo se lo dedico a todas las personas que están leyendo esta historia y las que la tienen en favorita, especialmente a Silverlight, me alegra que te guste tanto la historia, espero que este capitulo no sea la excepción.

Sin más que decir a leer.


En el gran comedor el alboroto no se hizo esperar, los romanos observaron con curiosidad como los griegos se levantaban ordenadamente para raspar parte de su comida en un enorme brasero ubicado en el centro del comedor y murmuraban el nombre de alguno de los dioses, cuando les preguntaron por qué hacían eso sólo consiguieron la respuesta -es una ofrenda a los dioses-.

Percy se encontraba sentada entre sus amigos de ambos campamentos, todos querían saber en donde había estado. Ella sólo pudo darles pequeños detalles sobre su camino hacia el campamento romano, la misión a Alaska y el viaje a Roma mientras intentaba comer la hamburguesa frente a ella.

Cuando todos le preguntaron porque había estado tan herida cuando apareció en el gran salón, el silencio se hizo presente en la mesa, Percy dejó de comer, de repente su hamburguesa había dejado de saber bien.

Ella no quería recordar lo que había pasado durante su estancia en el tártaro, incluso cuando esta no había sido tan larga, aunque supuso que vendría en alguno de los libros.

Nico, que sabía lo duro que fue para Percy estar sola en ese lugar decidió cambiar el tema, preguntándole a los demás como iban las cosas en ambos campamentos, Percy le dirigió una sonrisa agradecida al hijo de Hades.

Mientras intentaba seguir comiendo y escuchaba los pormenores de ambos campos, su vista se mantenía en la mesa de los dioses. Sus hermanos se encontraban sentados junto a su padre, le habían pedido sentarse con ellos, pero ella quería estar un momento más con sus amigos, lo comprendieron porque no habían insistido más.

Los tres voltearon un momento a verla y le dirigieron cálidas sonrisas que ella correspondió, algo le decía que se llevaría muy bien con sus dos hermanos semidioses, sólo esperaba que no fueran igual de sobreprotectores que Tritón.

Su vista siguió vagando hasta que se centró en la figura del dios del sol, la preocupación había abandonado por completo su semblante, y ahora se encontraba junto a Hermes, ambos inclinados sobre un pergamino y mascullando en voz baja con expresiones traviesas en los rostros, conociéndolos, lo más seguro es que se tratara de una broma para alguno de los dioses.

Al final, su vista se centró en el dios del inframundo. Hades se encontraba sentado en el extremo de la mesa y hablaba tranquilamente con Hestia, que ahora tenía la apariencia de una niña de 8 años. Una idea había estado girando en la cabeza de Percy durante todo el capítulo y ahora era su oportunidad de ponerla en marcha.

Se levantó lentamente de su lugar, atrayendo la atención de unos cuantos y se encaminó hacia la mesa de los dioses, colocándose frente a Hades. Cuando el dios se percató de su presencia, la observó con un poco de curiosidad.

-¿Que ocurre sobrina?- cuestionó Hades.

-Tío Hades,- comenzó Percy poniendo su mejor expresión de foca bebe. Apollo, Poseidón y Tritón se acomodaron mejor para ver lo que la chica quería, ellos ya habían sido víctimas de esa mirada y sabían que Percy sólo la usaba cuando quería pedir algo. -Me preguntaba-, continuó, -¿si podrías traer a todos los chicos que murieron durante la guerra contra Cronos?- Hades parecía indeciso, así que Percy continuó, colocando sus manos frente a ella en forma de suplica. -Por favor, así ellos sabrán que su sacrificio no fue en vano-.

Hades no pudo resistirse a esos grandes ojos verdes, además cuando su vista giró por el comedor, pudo ver los rostros ilusionados de todos los presentes. Con un suspiro de derrota su mano se ondeo y una ola de poder se sintió en el comedor.

La puerta se abrió y por ella comenzó a entrar una gran cantidad de chicos, algunos traían puestas camisetas naranjas, otros púrpura y unas cuantas chicas tenían la ropa característica de las cazadoras de Artemisa.

Todos los campistas se levantaron a abrazar a sus amigos y hermanos caídos, los habían extrañado tanto.

Nico sabía que su hermana no se encontraba entre la multitud, pero aun así no pudo evitar buscarla. Hazel apoyo una mano sobre el hombro de su hermano, ella conocía lo suficiente a Nico como para notar la desilusión en su rostro.

La última en entrar fue una cazadora con una diadema de plata sobre su trenzado cabello.

Zoé dirigió una mirada confundida a su alrededor, hace un segundo se encontraba en el Eliseo y ahora estaba en un comedor lleno de semidioses. Iba a preguntar lo que ocurría cuando sintió el impacto de un cuerpo más pequeño que el suyo y unos delgados, pero fuertes brazos se enroscaron con fuerza a su torso.

-¿Percy?- cuestionó, reconocería ese olor donde fuera, era como una fresca brisa de mar.

-En verdad estás aquí- la semidiosa le dirigió una sonrisa radiante, para que después su expresión se descompusiera en una mueca de culpabilidad.

En el momento en que abrió la boca Zoé la corto, -no quiero que te disculpes, porque nada de lo que pasó fue tu culpa ¿entiendes?-

La semidiosa sólo asintió, no muy conforme.

-Ahora, ¿alguien podría explicarnos que hacemos en el Olimpo?- varios de los recién llegados asistieron de acuerdo con la cazadora.

Mientras terminaban de comer les explicaron lo que estaban haciendo y lo que habían leído en el primer capítulo. Todos los chicos griegos se veían interesados en saber que había pasado después de que murieron, en cambio los chicos romanos se veían horrorizados por tener que leer la historia de una griega. Sus amigos intentaron hacerles ver que los griegos no eran los bárbaros que creían pero supusieron que se darían cuenta de eso en el transcurso de la lectura.

Una vez todos terminaron de comer, se dirigieron al salón de los tronos, los dioses tuvieron que conjurar más lugares para que los recién llegados se sentaran.

Percy se dirigió al lugar que había ocupado durante el primer capítulo, pero antes de llegar unas fuertes manos la tomaron por los hombros y la dirigieron en sentido contrario, miro sobre su hombro sólo para encontrarse con la brillante sonrisa de Teseo.

-Ya es hora de que te sientes con nosotros- canturreo su hermano mientras Tritón y Orión le dirigieron sonrisas que claramente decían 'déjalo, no lo harás cambiar de opinión'.

Percy suspiro resignada y se sentó entre sus hermanos. Teseo, al ver que ya no había lugar para él, se encogió de hombros y se sentó en el piso, sobre un cojín que le quito a Tritón y con el que "accidentalmente" lo golpeó en la cara.

-Nunca dejaras de ser un niño- mascullo Tritón en dirección a su hermano.

-Y tu nunca dejarás de ser un viejo- le contesto Teseo mientras le enseñaba la lengua. La mayoría veían divertidos la escena.

-Sí ya terminaron de jugar, es hora de continuar la lectura-, comentó Atenea mientras tomaba el libro, -¿quien quiere leer ahora?-.

Una gran cantidad de manos se levantaron en el aire, pero dos se agitaban vigorosamente y sus dueños hacían ruiditos para intentar llamar la atención de la diosa de la sabiduría.

-Muy bien chicos, cálmense, ambos podrán leer- los tranquilizó Atenea mientras le pasaba el libro a Travis.

Connor se cruzó de brazos enfurruñado mientras su hermano se regodeaba.

-Nunca creí ver el día en que los Stoll leyeran un libro por voluntad propia- comentó incrédula Katie.

-¿Bromeas? Son los pensamientos de Percy, esto será épico- comentaron al unísono Travis y Connor, enseguida el primero se aclaró la garganta y abriendo el libro en el capítulo dos, comenzó a leer.

TRES ANCIANAS TEJIENDO LOS CALCETINES DE LA MUERTE

-Creo que escogí el capítulo equivocado, eso no se escucha divertido- se interrumpió el hijo de Hermes, pero no le dio tiempo a nadie más de comentar ya que enseguida continuo leyendo.

Yo estaba acostumbrada a esas ocasionales experiencias extrañas.

-Todos nos acostumbramos- murmuró Chris.

Pero usualmente terminaban rápido. Esta alucinación veinticuatro/siete era más de lo que podía manejar. Por el resto del año escolar, todo el campus parecía estar jugando una especie de truco conmigo. Los estudiantes actuaban como si estuvieran total y completamente convencidos de que la Srta. Kerr –una mujer rubia alegre a la que nunca había visto en mi vida, hasta que se subió en el autobús al final de la excursión – había sido nuestra maestra de pre- Algebra desde Navidad.

-Esa sería una gran broma. Podríamos hacérsela cuando vuelva al campamento- sonrió Connor, siendo secundado por Travis.

-No lo sé chicos-, murmuró indeciso Chris. -¿Recuerdan lo que paso la última vez que le hicieron una broma?-.

-¿Que paso?- cuestionó interesado Orión.

-Digamos que aprendieron a la mala porque no deben tocar las cosas de Percy- sonrió Thalia, ese día las cazadoras habían ido de visita al campamento.

-Fue una tortura tenerlos en la enfermería toda una semana- murmuró Will seguido por el asentimiento de todos sus hermanos.

-No fue nuestra culpa, no sabíamos que se lo había regalado Apollo-intento defenderse Travis.

-¿De que están hablando?- cuestionó Reyna, que estaba igual de pérdida que el resto de los romanos.

-Pues digamos que Percy, aunque no le llamen la atención las mismas cosas que a una chica de su edad, aún sigue siendo una chica y tiene una debilidad por los muñecos de peluche, tiene demasiados en su cabaña.- Comenzó a explicar Annabeth. -Así que los Stoll creyeron que seria divertido entrar a la cabaña 3 y tomar uno para ver cuánto tiempo tardaba en darse cuenta que faltaba, sólo que tuvieron la mala suerte de tomar el panda que Apollo le regaló en su primera cita-.

-Ella se dio cuenta en el momento en que entró a su cabaña- continuó el relato Rachel, -y cuando descubrió que fueron ellos... bueno...

-Limpio el piso con sus rostros, literalmente- se burló Clarisse, -además de dejarles unos cuantos huesos rotos-.

-Nadie creería que una chica tan pequeña pudiera causar tanto daño sólo con sus manos si no la hubieran visto ese día- comentó Grover mientras todos veían a la chica, casi oculta entre los enormes cuerpos de sus hermanos.

-Y por eso nadie debe tocar mis peluches sin mí permiso- les dirigió una sonrisa que hizo estremecer a la mayor. -Y menos para abrirlos- el augur recibió una fría mirada haciéndolo encogerse en su lugar. -Ahora ¿por qué no seguimos leyendo?-.

De vez en cuando yo soltaba una referencia de la Sra. Dodds a alguien, solo para hacerlos tropezar, pero ellos se quedaban mirándome como si yo estuviera loca.

Consiguiendo así que yo casi les creyera –que la Sra. Dodds nunca había existido.

Casi.

-Estoy casi seguro que fue culpa de Grover- comentó Malcolm.

Pero Grover no podía engañarme.

-Grover nunca ha podido mentirle, ni si quiera cuando aprendió a hacerlo- le sonrió Katie al sátiro.

-Eso es porque es una de mis mejores amigas, me conoce demasiado bien- se defendió el sátiro.

Cuando le mencioné el nombre Dodds a él, dudó, luego dijo que ella no existía. Pero supe que estaba mintiendo.

-Todos se darán cuenta que mientes si dudas de tu respuesta Grover- aconsejo el dios de los ladrones.

Algo estaba sucediendo. Algo había sucedido en el museo.

-Eres un poco lenta querida, -comentó Deméter, -deberías comer más cereales-.

Los dioses presentes rodaron los ojos, Deméter creía que todo podía solucionarse comiendo cereales.

No tuve mucho tiempo para pensar en ello durante el día, pero en las noches, visiones de la Sra. Dodds con garras y alas de cuero me despertaban sudando frío y con la mano apretada alrededor del dije en mi cuello.

-Creí que ese collar te lo había dado...- Percy le dirigió un gesto a Hazel para hacerla callar y le indico que eso aparecería en el libro.

El clima extraño continuó, lo que no ayudó con mi humor. Una noche, una tormenta estalló las ventanas de mi dormitorio. Pocos días después el tornado más grande de todos los tiempos aterrizó en el Valle de Hudson, a solo cincuenta millas de la Academia Yancy. Uno de los acontecimientos de la actualidad que estudiamos en Ciencias Sociales fue el número inusual de pequeños aviones que había caído en el Atlántico repentinamente este año.

Hestia les dirigió una reprendedora mirada a sus hermanos menores, los mortales no tenían porque haber sufrido las consecuencias de su pelea. Ambos dioses se veían un poco avergonzados, lo cual apaciguó a su hermana.

Empecé a sentirme irritable y de mal humor la mayoría del tiempo.

-Una Percy de mal humor es mala señal para los campistas que tengan entrenamiento con ella- comentó Annabeth.

-No nos lo recuerdes- los hijos de Apollo y Atenea por lo general eran los que entrenaban más seguido con ella, así que eran los que sufrían cuando la hija de Poseidón se encontraba de malas.

Mis calificaciones bajaron de D a F. Me metí en más peleas con Nancy Bobofit y sus amigos. Me sacaron del salón en casi cada clase.

-Espero que les hallas dado una lección Prissy- le espetó Clarisse a Percy mientras la totalidad de la cabaña 5 asentían.

Finalmente, cuando nuestro Profesor de Castellano, el Sr. Nicoll, me preguntó por millonésima vez porque yo era tan perezosa para estudiar para las pruebas de deletreo, estallé.

-¡Que mal profesor!, debería ser un poco más paciente, tiene dislexia así que es más difícil para ella aprender-, comentó Atenea, a ella le molestaba mucho que algunos profesores no intentarán ayudar a los niños con problemas de aprendizaje.

Lo llamé viejo borrachín. No estaba ni siquiera segura de lo que eso significaba, pero sonaba bien.

El director le envió a mi mamá una carta la siguiente semana, haciéndolo oficial: Yo no sería invitada a volver el siguiente año a la Academia Yancy.

-Mira el lado positivo Percy, al menos pasaste el año- le dijo Nico amigablemente para tratar de animarla, al parecer olvidando que eso ya había pasado.

Bien, me dije a mí misma. Perfecto.

Estaba nostálgica.

Quería estar con mi mamá en nuestro pequeño departamento en el extremo este de la ciudad, incluso si tenía que ir a una escuela pública y soportar a mi obstinado padrastro y sus estúpidos compañeros de póker.

-Eso no está bien, el Sr. Blofis no debería jugar en frente de ti- le comentó Hestia a Percy, parecía decidida a ir y regañar al padrastro de la chica.

-Ese no es Paul, él ni si quiera sabe jugar- intentó calmarla la semidiosa.

Varios se veían extrañados ya que no explicó nada más, pero le restaron importancia. Apollo se veía muy molesto, en el pasado, Percy le había contado sobre su padrastro pero el nunca pudo ayudarla o Zeus se daría cuenta de la existencia de la hija de Poseidón.

Y aún así… había cosas que extrañaría de Yancy. La vista de los bosques desde la ventana de mi dormitorio, el río Hudson en la distancia, el olor de los árboles de pino.

-Por si no se habían dado cuenta, a Percy le gusta mucho la naturaleza, y siempre nos está ayudando a limpiar- sonrió Grover con orgullo.

Artemisa y Deméter le sonrieron, a ellas las hacía felices que las personas cuidarán y respetarán la naturaleza.

Extrañaría a Grover, que había sido un buen amigo, incluso siendo un poco extraño. Me preocupaba como sobreviviría el siguiente año sin mí.

-¿Necesitas que chica te cuide las espaldas sátiro?- se burló Octavian.

-Todos quisiéramos que esa chica nos las cuidará- exclamó Beckendorf, los romanos le parecían agradables, pero este chico tenía algo que no le acababa de gustar. -Ahí que vigilarlo, igual que a Hércules- le murmuró a Lee Fletcher, que se encontraba sentado junto a el. Él arquero asintió mientras pasaba la voz al resto de los campistas griegos.

Extrañaría la clase de latín también –el torneo loco del Sr. Brunner y su fe en que yo podía hacer las cosas bien.

Percy le sonrió al centauro, él y Paul eran los únicos profesores que en realidad creían en ella.

Mientras los exámenes se acercaban, latín era el único para el que estudiaba.

-¿Qué?- pregunto la pelinegra cuando sintió las miradas de los hijos de Atenea. -Por lo menos estudie para una-.

No había olvidado que el Sr. Brunner me dijo que este tema era de vida o muerte para mí. No estaba segura porque, pero había empezado a creerle.

La noche antes de mi final.

-Que dramática, sólo era un examen- se burlo Thalia, ella sabía muy bien que su prima a veces era muy pesimista.

Me sentí tan frustrada que lancé la Guía de Cambridge de la Mitología Griega a través de mi dormitorio.

Percy se removió incómoda por las miradas que estaba recibiendo de Annabeth y sus hermanos.

Las palabras habían empezado a saltar fuera de la página. No había forma que yo fuera a recordar la diferencia entre Chiron y Caronte, o Polydictes y Polydeuces. ¿Y conjugar esos verbos en latín? Olvídalo.

-Ahora puede- comentó Hazel.

-Claro que si, Quirón es su maestro- murmuró uno de los hijos de Afrodita.

-En realidad me refería a conjugar los verbos en latín- le sonrió Hazel, haciendo sonrojar de vergüenza al chico.

Atravesé el cuarto, sintiendo como si hormigas se pasearan dentro de mi camisa.

-Sabemos cómo se siente- le sonrieron con empatía los hijos de Hermes.

Algunos los vieron raro así que Travis decidió explicarles, -puede que les jugaremos algunas bromas a las dríadas, y tal vez ellas pusieron las hormigas en nuestra ropa-

-Eso dio tanta comezón- murmuró uno de los chicos mientras sus hermanos asentían.

Mi vista se desvió por un momento al estuche sobre mi cama, pero de alguna forma sabía que ni si quiera practicar podría tranquilizarme.

-¿Tocas?- le pregunto Teseo levantando la vista hacia su hermana. Percy sólo asintió como si no fuera la gran cosa.

-¿Y que instrumento tocas?- Perseo se veía intrigado, por lo general los hijos de Poseidón no eran muy diestros para la música.

-Ella toca el violín y en realidad es muy buena- comentó con orgullo Tritón, Percy incluso había encantado a su madre con su forma de tocar y eso era muy difícil ya que ella nunca se llevaba bien con los hijos mestizos de su padre.

-Aunque es un poco extraño-, comentó Deméter, -los hijos de Poseidón en realidad nunca han sido muy buenos cuando se trata de música- se hizo eco del pensamiento de su sobrino.

-Sí por qué será- murmuró Artemisa, -tienes algo que decir Dios de las artes- se dirigió a su gemelo que volteaba hacía un lado como si la cosa no fuera con él.

Al final cuando se dio cuenta que no podría librarse de contestar, suspiro derrotado.

-Soy el dios de las profecías ¿verdad?- recibió varios asentimientos, - así que a veces veo algunas cosas del futuro. Yo sabía que una hija de Poseidón iba a influir mucho en el mío, así que decidí hablar con el tío P porque nunca se había dado que tuviera hijas semidiosas. Cuando Percy nació, entre Tritón y yo estuvimos cuidándola ya que si el tío P se acercaba, padre se daría cuenta de su existencia, pero sabíamos que al ser hija de uno de los tres grandes su futuro iba a estar lleno de peligros. Así que le di mi bendición para que pudiera soñar con cosas que facilitarían sus misiones, por eso es que sus sueños siempre han sido tan malos. Además mi bendición se extendió un poco hacia lo musical, aunque sólo puede tocar el violín- terminó con una pequeña sonrisa.

Los semidioses se veían complacidos con esa respuesta, para los griegos era algo lógico después de ver cómo hablaba Percy de Apollo después de la misión de rescate al monte Tamalpais, era como si lo hubiera conocido desde antes.

Zeus por el contrario se veía muy molesto con su hijo, ¿como era posible que siempre estuviera de parte de su hermano? Y ahora se enteraba que lo había desobedecido para cuidar a la mocosa de Poseidón. El se encargaría de darle un castigo ejemplar.

Muchos querían preguntar como había estado vigilando a Percy pero lo más probable es que saliera en alguno de los libros.

Recordé la expresión seria del Sr. Brunner, sus ojos con la sabiduría de miles de años. Aceptaré solo lo mejor de ti Percy Jackson.

Tomé un respiro profundo. Recogí el libro de mitología.

Nunca le había pedido ayuda a un profesor antes.

-Pues entonces no lo hagas ahora- se interrumpió Travis.

Quizás si hablaba con el Sr. Brunner, él podría darme algunos consejos. Al menos podría disculparme por la gran F que estaba a punto de sacar en su examen. No quería dejar la academia Yancy, con él pensando que yo no lo había intentado.

-Yo sabía que si lo intentabas- Quirón sonrió, a él le hacía muy feliz vera que sus alumnos se esforzarán por aprender.

Bajé las escaleras hacia las oficinas de la facultad. La mayoría estaban oscuras y vacías, pero la puerta del Sr. Brunner estaba entreabierta, la luz desde su ventana se extendía por el suelo del pasillo.

Estaba a tres pasos de la manija de la puerta cuando oí voces dentro de la oficina. El Sr. Brunner preguntaba algo. Una voz que era definitivamente la de Grover decía "…preocupado por Percy, señor."

-Ahora ella se quedará a escuchar- murmuró Clarisse, Percy siempre espiaba cuando la conversación parecía algo importante, como la suya con su padre en la misión al mar de los monstruos.

Me congelé.

Usualmente no ando espiando, pero te reto a no escuchar si pudieras oír a tu mejor amigo hablándole de ti a un adulto.

-Estoy tan orgulloso de ti- sonrió Hermes.

-Eso esta mal Percy, no debes espiar las conversaciones de los demás- la reprendió Hestia.

Me acerqué un poco más.

"…solo este verano," estaba diciendo Grover. "Quiero decir, ¡Una amabilidad en la escuela! Ahora que estamos seguros, y ellos también…."

"Solo empeoraríamos las cosas presionándola," dijo el Sr. Brunner. "Necesitamos que la chica madure más."

-Por favor Quirón tu sabes que ella nunca ha madurado del todo- sonrió Annabeth haciendo reír a la mayoría, Percy sólo le saco la lengua pero no discutió, sabía muy bien que eso era cierto.

"Pero ella quizás no tenga tiempo. El solsticio de verano es el límite-

Los romanos se veían muy intrigados, ¿que había pasado que fuera lo suficientemente importante como para verse obligados a tener que decirle a alguien sobre su ascendencia divina?

"Tendrá que resolverse sin ella, Grover. Déjala disfrutar su ignorancia mientras todavía puede."

-Pues no la disfruté mucho- murmuro Percy haciendo que sus hermanos la vieran preocupados.

"Señor, ella la vio…."

"Su imaginación," insistió el Sr. Brunner. "La niebla de los estudiantes y el personal será suficiente para convencerla de eso."

"Señor, yo…..yo no puedo fallar en mi deber otra vez." La voz de Grover estaba ahogada por la emoción. "Usted sabe lo que eso significaría."

- Tu no fallaste Grover- lo reprendieron Thalia y Annabeth.

"Tú no has fallado, Grover," dijo el Sr. Brunner amablemente.

-Ves hasta Quirón lo cree- le sonrieron sus amigos.

"Debí darme cuenta de lo que era. Ahora solo preocupémonos de mantener a Percy viva hasta el próximo otoño-"

El libro de mitología se cayó de mi mano y golpeó el suelo con un ruido sordo. El Sr. Brunner calló.

Mi corazón martilleaba, recogí el libro y me eché hacia atrás en el pasillo.

-¿Tal vez debería darle mi bendición?- murmuró pensativo Hermes, pero nadie pudo escucharlo.

Una sombra se deslizó a través del cristal iluminado de la puerta de la oficina del Sr. Brunner, la sombra de algo mucho más alto que mi profesor en silla de ruedas, sosteniendo algo que lucía sospechosamente como un arquero.

-¡Quirón!- lo reprendieron la mayoría de los dioses.

-Lo siento, no creí que nadie estuviera merodeando por los pasillos- se disculpó sonrojado el centauro,- además la niebla hubiera entorpecido la vista de los mortales-

Abrí la puerta más cercana y me deslicé hacia adentro.

Unos pocos segundos después oí un golpeteo lento clop-clop-clop, como bloques huecos de madera, luego un sonido como un animal resoplando justo fuera de mi puerta. Una gran y oscura sombra se detuvo frente al cristal y luego continuó.

Una gota de sudor corrió por mi cuello e instintivamente mi mano se cerró sobre mi collar.

-Ella siempre hace eso cuando está nerviosa- explicó Grover.

-Ese collar parece muy especial- comentó Orión.

-Lo es- le aseguró Percy, -es un regalo de mi primer amigo,- sonrió cariñosamente. -Lo más probable es que se explique entre el primer y el tercer libro-.

En algún lugar del pasillo, el Sr. Brunner habló. "Nada," murmuró él. "Mis nervios no han estado bien desde el solsticio de invierno."

"Los míos tampoco," dijo Grover. "Pero hubiera jurado…."

"Vuelve al dormitorio," le dijo el Sr. Brunner. "Tendrás un largo día de exámenes mañana."

Varios de los chicos hicieron muecas, a nadie le gustaba que les recuerden un examen.

"No me lo recuerdes."

Las luces se apagaron en la oficina del Sr. Brunner.

-Ahora espera un poco para poder salir- aconsejo Hermes.

-Hermano lamento ser yo el que te diga esto, pero creo que es mi deber recordarte que le estas hablando a un libro y que esto ya pasó-Apollo intentó verse preocupado por Hermes pero la sonrisa tirando de sus labios le quitaba credibilidad a lo dicho.

-Búrlate, ya veras cuando tu estés igual o peor,- y después con una voz muy falsa que simulaba ser la de Apollo continuó, -no Percy no hagas eso, puedes hacerte daño-

En este punto todos estaban riéndose.

-Percy tu deberías defenderme no burlarte de mi- Apollo le hizo un puchero a su novia mientras está reía.

-Apollo, Hermes, dejen de comportarse como unos niños, aún vamos en el segundo capítulo y no avanzamos nada por sus continuas interrupciones- los riño Hera.

La lectura continuó mientras ambos le hacían muecas a la diosa, ella no era su madre como para que intentará controlar sus acciones. Pero decidieron no decir nada, eso sólo haría que la discusión se alargara.

Esperé en la oscuridad por lo que parecieron horas.

Finalmente, salí al pasillo y me encaminé hacia mi cuarto. Grover estaba tendido en su cama, estudiando sus notas para el examen de latín como si hubiera estado ahí toda la noche.

-¿Por qué estaban en el mismo cuarto?- cuestionó Tritón viendo acusadoramente a Grover.

-Tenía que vigilar a Percy, así que Quirón manipuló un poco la niebla para que nos pusieran como compañeros de habitación- le contesto rápidamente Grover, el sabía muy bien que el dios era muy celoso con su hermanita.

"Hey," dijo él, con ojos cansados. "¿Estarás lista para este examen?"

No respondí.

"Te ves horrible."

-¡No Grover! Nunca debes decirle eso a una chica- recomendaron todos los chicos con novia.

-Menos a Percy, sólo lograrás que te golpee- Apollo se estremeció ligeramente con la mirada que le dirigió su novia. -Sabes que te quiero ¿verdad cielo?- intentó verse inocente.

Percy sólo sonrió divertida, ella sabía que algunas veces si le había dado un golpe al dios del sol, pero sólo cuando hacía sus comentarios fuera de lugar y ella se encontraba de mal humor.

Él frunció el ceño. "¿Todo bien?"

"Solo….cansada."

Me voltee así él no podría ver mi expresión real, y empecé a alistarme para ir a la cama.

No entendía lo que había oído abajo. Quería creer que lo había imaginado todo.

Pero algo si estaba claro: Grover y el Sr. Brunner estaban hablando de mí a mis espaldas.

Ellos pensaban que yo estaba en alguna clase de peligro.

-Tú siempre estás en alguna clase de peligro- le recordó Thalia.

La siguiente tarde, cuando salía de mi examen de tres horas de latín.

Los bromistas pusieron expresiones horrorizadas.

-Me has decepcionado Quirón-Hermes negó lentamente. -Realmente fuiste malvado con ese examen.

Quirón sonrió levemente, en realidad el examen no estuvo difícil, sólo un poco largo.

En mis ojos nadaban todos los nombres de los griegos y romanos que había escrito más, el Sr. Brunner me llamó.

Por un momento, me preocupó que hubiera averiguado mi espionaje el día anterior, pero ese no parecía ser el problema.

"Percy," dijo él. "No te desanimes por dejar Yancy. Es…. Es lo mejor."

-En verdad no le dijiste eso Quirón- murmuró Apollo con una mueca de preocupación, -ella lo va a tomar mal-.

Su tono era amable, pero las palabras me avergonzaron. Aunque hablaba en voz baja lo otros chicos terminando el examen pudieron oír. Nancy Bobofit me sonrió, haciendo un gesto sarcástico con sus labios.

-Que ganas de darle un puñetazo- murmuró Hazel, a ella no le gustaba que tratarán mal a Percy. La hija de Poseidón sólo fue una buena amiga para ella.

Murmuré, "Okey, señor."

"Quiero decir…" el Sr. Brunner movió su silla hacia atrás y hacia adelante como si no estuviera seguro de que decir.

"Este no es el lugar adecuado para ti. Era solo una cuestión de tiempo."

-En verdad no tienes mucho tacto Quirón- murmuró Afrodita, entristecida por la pequeña semidiosa.

Mis ojos picaron.

Aquí estaba mi profesor favorito, en frente de la clase, diciéndome que no pude manejarlo. Después de decirme todo el año que creía en mí, ahora me decía que estaba destinada a ser expulsada.

-Percy lo siento, sabes que no quise decir eso ¿verdad?- se dirigió el centauro a su alumna.

-Lo se- le sonrió tranquilizadoramente, ella ya se había dado cuenta que su maestro no era muy bueno con las palabras.

"Claro," dije, temblando.

"No, No," dijo el Sr. Brunner. "Oh, lo confundí todo. Lo que estoy tratando de decir… no eres normal, Percy. Esto no es nada como ser-"

"Gracias," espeté. "Muchas gracias por recordármelo señor."

"Percy-"

Pero ya yo me había ido.

Apollo se veía triste por lo dicho en esa conversación, tal vez Percy era una chica fuerte, pero aún así era muy fácil lastimar sus sentimientos.

En él último día de plazo, metí mi ropa en mi maleta.

Afrodita hizo una exclamación horrorizada mientras sus hijas e hijos, con excepción de Piper y Silena, intentaban explicarle a la hija de Poseidón cuanto tiempo mínimo debía dedicar a empacar su ropa.

Los otros chicos, bromeaban alrededor, hablando de sus planes para las vacaciones. Uno de ellos iba a un viaje de excursión a Suiza. Otra iba a cruzar el Caribe por un mes. Ellos eran delincuentes juveniles, como yo, pero eran delincuentes juveniles ricos. Sus padres eran ejecutivos, o embajadores o celebridades. Yo era una don nadie, de una familia de don nadies.

Zeus masculló por lo bajo, Don nadies, esa chica cada vez le daba más y más motivos para vaporizarla.

Ellos me preguntaron lo que haría este verano y les dije que volvería a la ciudad.

-Por lo menos intentaron ser amables- medio sonrió Hestia.

Lo que no les dije fue que tendría que obtener un trabajo de verano sacando perros a pasear o vendiendo subscripciones a revistas, y gastando mi tiempo libre preocupándome acerca de a qué escuela iría en otoño.

-¿Estas segura que tu ibas a sacar a pasear a los perros?- sonrió Leo- ¿o ellos te iban a sacar a ti?

Todos rieron por la imagen mental de una Percy siendo casi arrastrada por muchos perros.

-Búrlate Valdez, pero sólo recuerda que así como me ves- se señaló a si misma, -aún puedo patear tu trasero, y ni Jason ni tus hermanos podrán defenderte.

Leo volteó pero ni sus hermanos ni su mejor amigo lo miraban a la cara. Así que lo único que pudo hacer fue cruzarse de brazos enfurruñado mientras Percy sonreía con suficiencia.

"Oh," dijo uno de los chicos. "Eso es genial."

Ellos volvieron a su conversación como si yo nunca hubiera existido.

A Hestia se le borro la pequeña sonrisa del rostro, esos mortales fueron muy groseros con su sobrina.

La única persona a la que temía decir adiós era Grover, pero resultó que no tenía que hacerlo. Él había reservado un billete a Manhattan en el mismo Greyhound que yo, así que ahí estábamos, juntos otra vez, en dirección a la ciudad.

Los hermanos Stoll tosieron algo que sonó como "acosador", todos rieron a excepción de los hermanos de Percy, los cuales le dirigieron una mirada de advertencia al sátiro. Este se veía un poco avergonzado, pero es que él lo único que quería hacer era proteger a su amiga.

Durante todo el viaje de autobús, Grover seguía mirando nerviosamente por el pasillo, observando los otros pasajeros. Se me ocurrió que él siempre actuaba nervioso e inquieto cuando salíamos de Yancy, como si esperara que algo pasara. Antes, siempre asumí que él estaba preocupado de que se burlaran de él, Pero ahora no había nadie para burlarse en el Greyhound.

-Estaba vigilando que no hubiera más monstruos- les explico Grover a los romanos, ellos se veían bastante sorprendidos, ojalá sus faunos fueran igual de útiles como los del campamento mestizo.

Finalmente no pude soportarlo más.

Dije, "¿Buscando Amabilidad?"

Grover casi salta de su silla.

-Me tomo desprevenido- se quejó Grover, intentando que dejarán de reírse.

"¿Que… Que quieres decir?"

Confesé sobre escucharlos a él y al Sr. Brunner la noche antes del examen.

-Creímos que te habíamos enseñado mejor Percy- Connor tenía una falsa mueca de decepción-

-¿Cuantas veces tenemos que repetirte que no debes confesar?- preguntó Travis.

-Chicos esto ocurrió antes de que intentarán enseñarme a engañar- Percy rodó los ojos, -además nunca fui muy buena-.

Los ojos de Grover temblaban. "¿Que tanto escuchaste?"

"Oh….no mucho. ¿Cuál es el plazo del solsticio de verano?"

-No mucho, sólo toda la conversación- murmuró Grover.

Él hizo una mueca. "Mira Percy… Estaba preocupado por ti, ¿ves? Quiero decir, alucinaciones de profesores de matemáticas demonios…"

"Grover…"

"Y le estaba diciendo al Sr. Brunner que quizás estabas estresada o algo, porque no había ninguna Sra. Dodds, y…"

"Grover, eres en verdad, en verdad un mal mentiroso."

Sus orejas se volvieron rosa.

Todos estaban riendo mientras las orejas del sátiro se calentaban levemente

Del bolsillo de su franela, sacó una tarjeta de negocios.

-¡Odio esas estúpidas tarjetas!- se quejó la totalidad del campamento mestizo.

"Solo toma esto, ¿okey? En caso de que lo necesites este verano."

La tarjeta tenía una escritura elegante, la cual fue asesinada en mis ojos disléxicos.

Dionisio sonrió levemente, siempre era divertido ver a los semidioses intentar leer esa tarjeta, hacía más llevadero su trabajo en el campamento.

Pero finalmente entendí algo como:

Grover Underwood

Guardian

Campamento Mestizo

Long Island, New York

(800) 009-0009

"¿Que es Cam…"

"¡No lo digas en voz alta!" gritó él. "Esa es mi, ummm... dirección de verano."

Mi corazón se hundió. Grover tenía una casa de verano. Nunca había considerado que su familia fuera probablemente tan rica como las de los otros en Yancy.

"Okey," dije con tristeza. "Así como, si quiero visitar tu mansión."

Él asintió. "O… o si me necesitas."

"¿Por qué te necesitaría?"

-¡Auch!, eso fue un poco rudo cielo- la reprendió Apollo.

-Lo siento Grover, no intentaba que sonara tan mal-se disculpó la semidiosa, dirigiéndole a su amigo una mueca apenada.

-No hay problema Percy- le sonrió Grover, el sabía que su amiga a veces no exteriorizaba muy bien sus pensamientos.

Salió más duro de lo que quise.

Grover se ruborizó hasta su manzana de Adán. "Mira, Percy, la verdad yo…yo más o menos tengo que protegerte."

Me lo quedé observando.

Todo el año, me había metido en peleas, manteniendo a los abusivos lejos de él. Había perdido el sueño preocupándome que él fuera golpeado el siguiente año sin mí. Y aquí estaba él actuando como si él hubiera sido el que me defendiera a mí.

-No podía defenderte de los mortales- comentó Grover, -sólo podía intentar mantenerte alejada de la Sra. Dodds-.

"Grover," dije, "¿De que exactamente me estás protegiendo?"

Hubo un enorme chirrido bajo nuestros pies. Un humo negro viniendo del tablero lleno el autobús con un olor como a huevos podridos.

Todos hicieron una mueca, en especial los hijos de Afrodita que junto con la diosa, se veían verdes.

El conductor maldijo estacionando el Greyhound a un lado de la carretera.

Unos minutos después haciendo sonar el compartimiento del motor, el conductor anunció que tendríamos que bajarnos. Grover y yo salimos con todos los demás.

Estábamos en una estrecha carretera- un lugar que no notarías a menos que tu transporte se descompusiera allí.

En nuestro lado de la carretera no había nada a parte de árboles de arce y basura de los carros que pasaban.

Artemisa y Deméter se veían muy molestas, eran muy pocos los mortales que tenían consciencia sobre dónde debían tirar su basura.

Al otro lado, luego de cuatro carriles de asfalto brillando con el calor de la tarde, estaba un puesto de frutas anticuando.

Lo que vendían lucía realmente bien: cerezas amontonadas en cajas y manzanas, nueces y albaricoques, jugo de sidra en una jarra llena de hielo.

A la mayoría se les hizo agua la boca, acababan de comer pero lo descrito sonaba muy apetitoso.

No había clientes, solo tres ancianas sentadas en mecedoras en la sombra de un árbol de arce, tejiendo el par de calcetines más grande que jamás había visto.

-¿Esas no serán...?- comenzó Teseo, pero no terminó la pregunta, él no quería que su pequeña hermana se encontrara con ellas.

Quiero decir estos calcetines eran del tamaño de suéteres, pero eran claramente calcetines. La mujer de la derecha tejía uno de ellos. La dama de la izquierda tejía otro. La dama del centro sostenía un enorme cesto de hilos azul eléctrico.

Las tres mujeres lucían mayores, con rostros pálidos arrugados como la fruta, cabello gris atado atrás con pañuelos, brazos huesudos que salían de vestidos de algodón blanqueados.

Lo más extraño era, que ella parecían observarme justo a mí.

Los hermanos de Percy, junto con su padre se veían muy preocupados.

-¿Por qué no me dijiste que te encontraste con ellas?- la voz de Annabeth sonaba herida.

-Porque al principio no nos llevábamos muy bien, y cuando nos hicimos amigas tenía otras cosas en que pensar-le respondió su amiga.

Miré a Grover para decir algo de eso y vi que la sangre se le había ido del rostro. Su nariz estaba crispada.

-Lo cual es comprensible- murmuró Reyna, cualquiera se pondría pálido si se encontrara con las parcas.

"¿Grover?" dije. "Hey, hombre…"

"Dime que ellas no te están mirando, ellas están, ¿no?"

"Si, raro, ¿no? ¿Crees que esos calcetines me servirán?"

-Ese no es momento para hacer bromas- comentó Connor, lo cual sorprendió a la mayoría, ya que él siempre buscaba cualquier excusa para hacer una.

"No es gracioso, Percy. Para nada gracioso."

La anciana del medio sacó una gran par de tijeras- doradas y plateadas, hojas largas como cizallas. Oí a Grover contener el aliento.

-Tranquilízate tío P- Apollo sonaba preocupado por el dios del mar, ya que este había perdido por completo el color del rostro, - ella está bien, ¿no crees que si hubiera sido su hilo ella seguiría aquí?

Poseidón se levanto de su asiento, Tritón se levantó también del suyo y se sentó junto a Teseo en el piso para que su padre ocupará su lugar. El dios del mar se sentó junto a su hija, pasó un brazo sobre sus hombros y la atrajo a él, necesitaba sentirla cerca, saber que aún podía protegerla, y Percy también lo sabía, por lo cual no se quejó cuando su padre la apretó con fuerza.

"Volveremos al autobús," me dijo. "Vamos."

"¿Qué?" dije. "Hace como mil grados ahí dentro."

-Hazle caso sesos de alga- comentó Thalia, ella está preocupada por su prima, tal vez peleaban mucho, pero aún así la quería.

"¡Vamos!" Él abrió la puerta y saltó adentro, pero yo me quedé atrás.

-Ese no es momento para ser tan cabezota Percy- la reprendió Annabeth, la mayoría en la sala estaban casi mordiéndose las uñas, con excepción de Ares y sus hijos, que estaban aburridos esperando que comenzara la siguiente pelea, Dionisio que se mantenía cambiando el vino dentro de una copa, pero aún así estaba atento a la lectura, Octavian que se mantenía esperando que cosas horribles le pasarán a la hija de Poseidón y Hércules que intentaba planear su venganza.

Al otro lado de la carretera, las ancianas todavía me observaban. La del medio cortó el hilo y juro que pude escuchar el sonido a cuatro carriles de distancia. Las otras dos enrollaron los calcetines azul eléctrico, dejándome preguntándome para quien podrían ser, Big Foot o Godzilla.

Hubo pequeñas risas que fueron rápidamente oprimidas por el silencio de la mayoría.

En la parte trasera del autobús, el conductor arrancó una gran cantidad de humo fuera del compartimiento del motor. El bus se estremeció y el motor rugió volviendo a la vida.

-Ellas posiblemente lo descompusieron en primer lugar- Atenea tenía una expresión de concentración, -tal vez era necesario que las viera cortar el hilo-.

Los pasajeros aplaudieron.

"¡Bien maldición!" gritó el conductor. Golpeó el autobús con su sombrero. "¡Todo el mundo a bordo de nuevo!"

Una vez que subimos, empecé a sentirme enferma, como si hubiera atrapado un resfriado.

Grover no lucía mucho mejor. Él estaba temblando y sus dientes castañeaban.

-Ellas suelen tener ese efecto en todos los que las ven- intentó calmarlos Hermes.

"¿Grover?"

"¿Si?"

"¿Que no me estás diciendo?"

-Al parecer todo- comentó Jason.

Se secó la frente con la manga de su camisa. "¿Percy, que viste allá en el puesto de frutas?"

"¿Quieres decir las ancianas? ¿Qué hay de ellas, hombre? Ellas no son como….la Sra. Dodds, ¿no?

-Son peor, al menos a la Sra. Dodds la controla papá- dijo Nico, preocupado por su prima.

Su expresión era difícil de leer, pero tuve la sensación que las mujeres del puesto de frutas eran algo mucho, mucho peor que la Sra. Dodds. Él dijo, "Solo dime lo que viste."

"La del medio sacó sus tijeras y cortó el hilo."

Él cerró sus ojos e hizo un gesto con sus dedos que pudo ser señalándose a sí mismo, pero no lo fue. Era algo más, algo casi anciano.

-Que observadora- elogió Perseo, cada vez estaba más interesado en conocer acerca de la hija de Poseidón.

Él dijo, "Tu la viste cortar la cuerda."

"Si. ¿Y?" Pero en el momento en que lo dije, supe que había un gran problema.

"Esto no está pasando," murmuró Grover. Él empezó a morder su pulgar. "No quiero que esto sea como la última vez."

-La vas a poner nerviosa Grover- reprendió Quirón al sátiro, - y terminará haciendo algo imprudente.

Percy al escuchar esto enrojeció un poco al pensar en cómo había dejado a su amigo en la estación.

"¿Que última vez?"

"Siempre sexto grado. Nunca pasan de sexto."

-Ahora si- sonrieron los campistas griegos, gracias a la promesa que Percy obligó a los dioses a cumplir, ahora la mayoría tenía el entrenamiento suficiente como para sobrevivir más años.

"Grover," dije, porque él en verdad estaba empezando a asustarme.

"¿De que estás hablando?"

"Déjame acompañarte a casa de la estación de autobuses. Promételo."

Esto parecía como una extraña petición, pero se lo prometí.

-Uy si, te lo prometo- imitó Grover a su amiga, un poco molesto porque se hubiera ido sin él, pero en el fondo la comprendía, él probablemente la había asustado mucho.

"¿Es esto como una superstición o algo?" pregunté.

No respondió.

"Grover… ese retazo de hilo. ¿Significa que alguien va a morir?"

Él me miró con tristeza, como si ya estuviera escogiendo la clase de flores que me gustarían más en mi ataúd.

-Me gustan los tulipanes azules- le dije, aunque tal ves no me entendió ya que me observó con curiosidad.

Los hijos de Deméter sonrieron levemente.

-Sólo a Percy le gustaría una flor del cual uno de sus significados es la lealtad.- comentó Katie.

-No olvides que también significa el amor verdadero- sonrió Afrodita viendo de Apollo a Percy mientras suspiraba.

-Muy bien, es tu turno de leer hermano -Travis le pasó el libro a Connor, el cual sonrió entusiasmado y, aclarándose la garganta comenzó a leer.


Habrá unas cuantas cosas que voy a cambiar de los libros, como el momento en que Percy y Apollo se conocieron, porque no puedo poner simplemente que se conocen en el tercer libro y ya se enamoraron, de todos modos la historia no será muy diferente.

Espero poder subier pronto la continuación, así que sugerencias y comentarios pueden dejarlo en un review.