Muchas gracias por los rewies! :-) Espero que os siga gustando a los que lo ha hecho!
LA PRIMERA MAÑANA CON "EL REY"
Bella estaba a punto de entrar en la que sería su habitación durante el siguiente año tras regresar de dejar a su padre en casa y volver con ropa, enseres personales, su ordenador, su cámara y sus fotos. Al menos se había reído con las caras que habían puesto sus hermanas, quienes habían aguardado despiertas al regreso de su padre con las joyas, cuando les habían visto salir de la limusina, tomando esto como una señal de lo maravilloso que había salido todo. ¡Qué inocentes! Cuando les contó que no podrían recuperar las joyas se lo tomaron todo lo mal que había esperado que lo hicieran. Incluso lamentaron que Bella fuera a mudarse, a pesar de que con eso ganaban un cuarto y el poder traer a sus ligues a casa.
-Te gustará tu habitación, el jefe nos cuida bien.
Le prometió Armand, que la había acompañado para ayudarle con las maletas, en tanto la señora Cotillard, la jefa del servicio de limpieza, buscaba la llave.
-¡Sí! Se le ve muy bonachón.
Replicó ella con una sonrisa socarrona.
-La verdad es que tiene razón. -Empezó a comentar la ligeramente rechoncha mujer, metiendo la llave en la cerradura.- Si fuera una cuarta parte de lo intransigente que era el mejor de los patrones que he tenido, este...- Señaló al escolta con la cabeza.- ...no hubiera durado ni cinco minutos.
Abrió la puerta y el hombre se encogió de hombros despreocupadamente.
-Sus cabreos no tienen tanta magnitud como él hace parecer.
Cotillard encendió la luz y se apartó para que la joven pudiera entrar. Pero ella se quedó unos segundos en el umbral, maravillándose de la estancia desde allí. No se la esperaba así para nada. Sí que seguramente no sería tan pequeña como su cuarto, pero parecía un lujoso loft. Las paredes eran de un color suave, la luz clara, la cama enorme, con varios almohadones que ya desde lejos se intuían bien mullidos. Sobre ella había un cuadro del paisaje de un lago precioso y la flanqueaban dos mesitas de noche de caoba con sendas lámparas de tela blanca. Al otro lado de la pared tenía un amplio tocador con un gran espejo y muchos cajones. Al fondo había un armario lo bastante grande como para incluso guardar todo el vestuario de sus hermanas, y a su lado una puerta.
-Allí tienes el baño.
Le informó la mujer al señalarla. Bella entró en la habitación, seguida por los otros dos, dejó en el suelo las maletas que llevaba y fue a verlo.
-¡Vaya!
Le salió del alma cuando vio la bañera con reposo para el cuello y el opulento lavabo.
-Te dejamos para que descanses.
Se despidió la réplica de Wesly Snipes, tras haberle dejado el resto del equipaje dentro.
-Buenas noches, niña.
Le deseó la mujer, dejándole la llave en una de las mesitas.
-Gracias, buenas noches.
Les contestó ella antes de que se cerrara la puerta.
-¡Menudo caramelito! -Exclamó, admirada, Cotillard, empezando a alejarse de la habitación de la nueva huésped con su compañero, quien rió con ella.- Nunca había tenido que alojar a uno así en la planta de los empleados en lugar de en la alcoba del "rey".
Acabó refiriéndose a su jefe como solía hacerlo el personal entre ellos.
-Sí, pero esperemos que no tarde en llegar ahí.
Bromeó Armand, dándole un juguetón codazo en el hombro, pues es lo que se encontraba a su altura, con una sonrisa endiablada.
-¡¿Esa chica?! No creo que hubiera podido conseguirla el Leonardo Rey de hace cinco años cuando contaba con ese físico divino, a esta se la ve con bastante sensatez y carácter.
-Pero es que no es a ese Leonardo Rey al que queremos que conquiste.
-¡Pues a menuda habéis traído! Con esa cara y ese cuerpo, al de hace cinco años es al primero al que va a atraer.
-¡Otra como Pierre!
Suspiró él, hastiado.
Bella, ya en pijama, agarró el borde del edredón, notando al instante tal suavidad que de forma instintiva rozó la superficie con su pulgar. Se metió dentro, sin oír ningún crujido, al contrario de los que surgían de su somier, y cediendo el colchón sólo a cada milímetro que reposaba en él su cuerpo. Se tapó por primera vez en su vida una sábana de seda, que se acoplaba a su contorno. Incluso le envolvió un agradable y sedante aroma. Desde luego, era mucho mejor que su cama, toda la habitación era mejor que cualquier apartamento que hubiera podido alquilar. Pero eso daba igual, porque ahora, si encendiera, como siempre al acostarse, su ordenador para trabajar con sus fotos, esta vez, cuando se enervara por el mal funcionamiento del sistema, no se consolaría con la idea de conseguir pronto uno mejor. No iba a poder ahorrar para eso, ni iba a tener ni dinero ni tiempo para estudiar. Se había mantenido fuerte para no enturbiar a su familia, pero ahora que estaba sola, podía dejar de aparentar que aquél brusco cambio en su vida no significaba una gran diferencia para ella. Liberó su pena por no saber cuánto retrasaría esto sus sueños, por el tiempo extra que iba a perder de su vida y de libertad. Se recostó en aquella acogedora cama en posición fetal y se durmió entre lágrimas en aquella celda de oro.
...
-¿Jefe?
Llamó Armand después de dar dos golpes en la puerta.
-Pasa.
Le dieron permiso. Entró al despacho y vio a Leonardo sentado en su butaca, de perfil, con el respaldo inclinado hacia atrás, con expresión meditativa. Pierre estaba de pie a su lado, tan rígido como siempre, y los brazos cruzados en el lumbago.
-Me pidió que le informara cuando ya estuviera instalada, pues ya lo está.
-¿Le ha gustado la habitación?
-¡Le ha encantado! No es que haya dado saltos de alegría pero, por la cara que ha puesto, creo que esperaba una mazmorra, así que...
-Normal que haya esperado una mazmorra, ha visto un monstruo.
Se levantó, molesto, impulsando sin apenas hacer fuerza el sillón hacia atrás.
-¡Oh, vamos! Tenía que acabar viéndole. Cierto que no ha sido en su mejor momento, pero se ha quedado de todos modos, ¿No? Además, ¿a qué viene este repentino ataque de inseguridad? Ha estado muy decidido cuando le ha dicho que se tenía que quedar aquí.
-Creo que me he dejado llevar... Es que es tan hermosa...
-¡Sí! -Confirmó Armand con divertida camaradería, pero al mirar a Pierre y ver su cara de superioridad que ponía siempre que le creía haber demostrado que tenía razón, se le borró la sonrisa.- ¡No! -Leonardo le miró extrañado y vio a su guardaespaldas acercarse hacia él.- Escuche, jefe, debe recordar que eso no es lo importante. Si sólo se fija en eso, no romperá la maldición.
-Lo sé, lo sé. Pero no sé cómo voy a hacerlo. ¿De qué le voy a hablar mientras comemos?
-Tenéis en común vuestra orfandad.
Ofreció Pierre.
-¡Vaya! Así que tú eres miembro de ese club de cotillas en el que están Tabares y Armand.
Recordó la reprimenda que tenía pendiente echarle a sus asalariados, cruzando sus grandes brazos sobre su amplio pecho y clavando, a pesar del suave ronroneo en su voz, su felina mirada a cada uno de los presentes, aunque sólo pareció hacer el efecto deseado en su asistente, que agachó la cabeza avergonzado.
-¡Joder, jefe! Una novedad así había que comentarla. ¿De verdad pensó que, cuando llamamos a Tabares y le pedimos ese contrato, él no iba a preguntar y nosotros no íbamos a contárselo? Y claro, después de que hablara con vosotros, él nos debía informarnos...
Se defendía el moreno, pero su jefe lo interrumpió con un rugido de frustración.
-Es muy tarde para ahora profundizar en mi cólera hacia vosotros por ese tema. Y no pienso usar la muerte de mis padres para ligar, jamás lo he hecho y jamás lo haré.
-Pues si no sabe de qué hablar, podría acceder a salir de camping a algún lugar bonito.
Propuso Pierre, esperando que el objetivo marcado le alentara a salir de una vez de ese hotel.
-¡No voy a ir a ningún sitio para ver la cara de espanto en todo aquél que se me cruce!
Contestó, irritado.
-En esto es precisamente en lo que debería preocuparse, antes del tema de conversación y del lugar del encuentro. ¡Tiene que dejar de enfadarse tanto!
Advirtió Armand.
-¡Es que vosotros...! Está bien, está bien. -Accedió tras coger aire profundamente.- Voy a usar un poco la piscina para relajarme y mañana me levantaré con buen humor.
...
Bella bostezó al salir de su habitación a las siete y media de la mañana. Tenía que encontrarse con la señora Cotillard para que esta le explicara detalladamente lo que tendría que hacer. Cogió el ascensor para bajar a recepción a preguntar dónde estaba la cocina, pero cuando las puertas se abrieron al llegar a la planta baja, se le despejó el sueño de la cara al instante.
-¿Noelia?
No podía creerse. Ahí estaba, su ahora ex compañera de trabajo, en el mostrador, mirando, con la cara que le veía ponerle al cliente que le cayera mal, al recepcionista, a quien tenía claramente turbado. A su lado, además, estaba Alex, aún con su uniforme de portero. Al oírla, los tres miraron hacia ella.
-¡Bella!
Exclamaron sus dos amigos.
-¿Qué hacéis aquí?
Les preguntó, acercándose a ellos, quienes también acortaron la distancia con sus propios pasos.
-¡¿Cómo que qué hacemos aquí?! -Se sacó su móvil del bolsillo de atrás.- Me mandas un wattsap diciendo... -Leyó la pantalla.- Noelia, lo siento, pero no voy a poder seguir trabajando contigo, "carita triste" Ahora no tengo tiempo, pero te lo explicaré todo cuando pueda. No vayas a buscarme a casa que ahora viviré en el hotel Rey. En serio, te tengo que dejar, "besitos con corazón". -Se guardó el teléfono y pudo ver en la cara de su amiga lo tonta que se sintió de repente, al oír cómo sonaba el texto. -Cuando he podido coger el móvil porque ya no había nadie, estaba Alex a mi lado a punto de irse, y hemos venido los dos corriendo a ver qué demonios pasaba. ¡Y ese tío no me quería decir ni si estabas aquí ni nada! ¡Casi salto el mostrador!
Terminó señalando enfadada al recepcionista que había quedado a sus espaldas y que aún miraba asustado a la delgada rubia, tanto que ni se fijaba en el musculoso joven que iba con ella.
-Yo he llegado a pensar que te habían raptado y eso lo había escrito el secuestrador. -Comentó Alex, con el ceño fruncido por lo confuso que le parecía todo.- Es que... ¿Te llaman porque tu padre se ha metido en líos, y de repente ya no vuelves a trabajar y vives en uno de los hoteles más lujosos del mundo?
Al exponerlo así, Bella se planteó que mejor hubiera sido esperar al día siguiente para decirles algo, y es que no había querido dejarles preocupados pero al final casi había sido peor.
-Tú también Alex... ¿Qué secuestrador se iba a inventar algo así?
Señaló su compañera.
-Chicos, me encantaría poder explicároslo todo bien, pero es que empiezo ahora mismo a trabajar.
-¿A estas horas? ¿En domingo?
Se extrañó el portero. Como intuyó que no la iban a dejar moverse de allí hasta que les aclarara la situación, y que toda discusión sólo serviría para perder el tiempo, les contó rápidamente todo, sin entrar en detalles.
-Joder tía, ¡menuda mierda!
Se quejó Noelia.
-Sí, Bella, te vamos a echar todos mucho de menos.
Se lamentó el chico, lo que puso a la morena un nudo en el garganta.
-Iré a visitaros, y podemos quedar, no estoy aún segura de mi horario y no lo podré hacer muy largo porque, por lo visto, tengo que estar disponible, pero os llamaré luego y os cuento.
-¿Y has estado con Leonardo Rey en la misma habitación?
Volvía Alex a mostrarse intrigado.
-Sí, ¿Por qué?
-Es que hace cinco años que no es visto públicamente. Sólo recibe a gente de círculos cercanos para cosas imprescindibles y bajo condición de no hacerle fotos.
-¿Y tú cómo sabes todo eso?
Se sorprendió la rubia.
-¿Es que vosotras no sabéis quién es ese tío?
-Yo no había oído nunca hablar de él.
-Yo sí.- Confirmó Noelia.- Pero hace muchos años, salía bastante en la tele por...
-¡Bella!
La interrumpió la señora Cotillard desde el mostrador, quien había acudido a buscar a la nueva. Se acercó a ellos a pasos apresurados.
-Bella, cariño, vas a llegar tarde a tu primer día.
-Perdone, señora Cotillard, es que mis amigos han venido a ver si estaba bien porque no sabían qué me había pasado, pero ya nos estábamos despidiendo.
-Muy bien, querida, pues cuando quieras...
Y se quedó allí esperándola. En vistas de la tácita presión, Noelia se echó a los brazos de su amiga.
-Joder, Bella... -Se volvió a quejar, sin romper el abrazo.- Ser camarera es una mierda, pero estábamos juntas, y ahí podías ahorrar para tu sueño.
La morena se tomó un segundo para contestarle, pues sabía que si dejaba que se le escaparan las primeras lágrimas, ya no las podría contener y no era lo mejor para empezar a trabajar.
-Sólo será un año, y a lo mejor luego Ramón me deja volver, si es que no se toma demasiado mal que lo haya dejado en mitad del servicio de un sábado por la noche...
Notó cómo al fin la rubia aflojaba y se separó de ella, y no ayudó a su temple verla con los ojos llorosos.
-Llámame en cuanto puedas.
Le exigió, con voz trémula. Bella sólo pudo asentir, porque sabía que si hablaba ella también lloraría. Sus amigos se dieron la vuelta y se fueron del hotel.
-Vamos, nena, no hagamos esperar al jefe.
...
Leonardo se había despertado antes que de costumbre, frenético. Gastó un buen rato en peinarse para que le quedara una civilizada coleta. Eso, y la ropa, era lo único que podía hacer por su aspecto. Esperó, inquieto, a oír a la chica ya sentada con el desayuno, prefería llegar después de ella y no parecer un ansioso glotón.
-Cálmese, jefe.
Le pidió Armand con desidia, a través del interfono, oyendo las pisadas que daba al ir de un lado para otro.
-Llega tarde.
Bufón.
-Anoche se acostó a las tantas, y es su primer día.
La disculpó el escolta.
Bella, siguiendo a la señora Cotillard, llegó empujando una mesa camilla que llevaba una jarra de zumo, otra de café, otra de leche, varias mermeladas, pan, algo de bollería y vajilla para un desayuno para dos, por lo que pensó que Leonardo tendría compañía. Les abrió la puerta Pierre tras darles los buenos días a ambas acompañando con una educada inclinación a las palabras. Estaban en el mismo despacho que Bella había conocido por la noche, y supuso que su nuevo jefe comería en el escritorio, pero vio a la jefa del servicio de limpieza pasar por el umbral por el que había aparecido el señor Rey al ser llamado a su encuentro. Fue tras ella y se encontró con la enorme piscina.
-¿Tiene una piscina al lado del despacho?
Se sorprendió.
-Sí, nuestro "Rey" hace vida aquí, lo tiene todo junto.
Le informó la mujer, compartiendo por primera vez con la muchacha el sobrenombre que utilizaba el servicio del hotel. Cuando bordearon la piscina, llegaron a una puerta. La más adulta la abrió y entraron, descubriéndose para Bella un parco comedor con sólo una gran mesa en la que siempre comía Leonardo solo, y un gran televisor como única compañía.
-Pues ya está, aquí tienes que venir cuando el Rey quiera comer. Preparas la mesa, dejas el carrito donde no moleste y al final recoges todo y te lo llevas.
Le habló Cotillard, ayudándola a llevar todo a la mesa.
-De acuerdo, ¿y dónde me pongo para no molestar?
Preguntó, preparando los cubiertos.
-Mientras no te sientes en ese butacón, que es donde se sienta él, puedes ponerte donde quieras.
-¿Sentarme? Creía que tendría que guardar una postura rígida a su lado como la de Pierre o algo así.
-No creo que te sea muy cómodo comer así.
-¡¿Comer?!
Se quedó paralizada.
-Claro, tú también comes, ¿no? Pues ya que tienes que estar cuando el Rey empiece y termine, ya le acompañas.
-¿Pero él sabe esto?
No conocía a esa mujer, tal vez fuera de las que presupone y arrastra a otros a sufrir las consecuencias de dar cosas por sentado sin consultar al más importante en la cuestión.
-Por supuesto, querida. Lo estipuló él.
Bella agachó cabeza para ver que había puesto cubiertos en el lugar donde le había dicho Cotillard que se sentaría él, y los otros a su lado, cuando aún no sabía que serían para ella. Ahora le parecía que estaban muy cerca.
-Pero... esto es muy raro.
-Cariño, no te va a comer, te lo prometo. Si le creyera una mala persona, yo no estaría aquí. En fin... ¡Que aproveche!
Se despidió, yendo hacia la puerta y dejando a la joven aún con muchas dudas. Y es que el trabajo podía parecer sencillo, pero también incómodo.
Leonardo oyó, con su desarrollado oído, la puerta cerrarse después de que se despidiera la mujer. Lo dijo en alto para que Armand colgara, cogió aire y abrió la puerta. Allí estaba ella de pie, tensa, no sólo es que pudiera oler las feromonas que exudaba, como podía hacer en cualquiera desde la última visita de su madrina, sino que además la chica tenía los ojos de par en par, esos verdes, grandes y almendrados ojos.
-Buenos días.
Saludó ella.
-Buenos días.
Masculló él, cerrando la puerta tras de sí. Ella se sintió molesta. Después de todo lo ocurrido la noche anterior, de lo poco que había dormido, y para colmo la despedida de hacía un momento de sus amigos, y ahora tenía ante ella al que la había puesto en esa situación y que ya empezaba el día tan desagradable como había actuado al conocerse. Él fue hacia su butaca y se dejó caer en ella.
-Siéntate, ¿no?
Le dijo cuando vio que ella seguía de pie. Y además de no hacerle caso, se cruzó de brazos.
-No tengo hambre.
Espetó. Él levantó una de sus protuberantes cejas y le preguntó.
-¿Siempre tienes ese humor por las mañanas?
Le miró con la cara desencajada sin dar crédito a que él fuera el que le reclamara algo así, y replicó con sorna.
-¡No puedes esperar que los demás tengan tu júbilo!
-Si no hubiese tenido que estar esperándote ya en tu primer día de trabajo...
No aguantó más tiempo sin reprocharle.
-Un trabajo cuyo contrato firmé hace menos de seis horas. Ni siquiera me has dado un día para poner las cosas en orden con mi jefe ni despedirme de mis compañeros, han tenido que venir ellos para ver si me habían secuestrado, ¡perdóname si he tenido que perder el tiempo explicándoles lo que ha pasado y en despedirme de ellos!
Aunque pensaba tener razón, la chica esperaba una rápida réplica, sin embargo no la hubo. Leonardo había creído que su tardanza había sido debida al costarle acudir al encuentro con alguien como él. A lo mejor hubiera seguido creyendo eso y que ella le mentía, pero de ser así tampoco se atrevería a plantarle cara. Sin embargo, ni la admiración y el agradecimiento que pudiera despertarle ella porque no le temiera como a una bestia, ni lo culpable que se sintiera por lo poco que había tardado en ponerla a trabajar, podían hacerle tragarse su orgullo y pedirle perdón, así que cambió de tema.
-Dejémoslo estar, tengo hambre, siéntate, no aguanto ser el único comiendo.
-¿Entra en mi contrato que tengo que comer por obligación?
-En tu sistema digestivo sí, ¿no? -Y para su sorpresa, Leonardo, con su enorme mano, cogió una tostada, la mermelada, la untó y la movió cerca de su ancha nariz.- Um... ¡Qué bien huele! Después de una noche entera con el estómago vacío, esto entra de maravilla.
Bella no se podía creer estar viendo a aquél hombretón intentando tentarla con el tono que se utiliza con un niño. Y lo peor era que lo estaba consiguiendo.
-Eso no te va a funcionar, acabas de decir que tienes hambre, no podrás aguantar para esperarme.
Le enfrentó ella haciéndose la fuerte.
-Sí, ¿Pero de verdad no te parezco más cabezón que comedor? -Ella estrechó los ojos, pero él no paró.- Además, tendrás sueño, ¡y yo sólo bebo del mejor café!
Y se sirvió en una taza hasta la mitad, brotando de ella un vaho que llegó a la chica con un aroma tan delicioso que le causó dolor. Pero no sólo era el hambre y el sueño los que la estaban convenciendo, sino que, sin darse cuenta, el resentimiento que había estado guardando hacía él se estaba desvaneciendo sin que se diera cuenta viéndolo actuar con ella de una forma tan relajada, muy distinta a la brutalidad que destellaba en él a veces. De todas formas, no pensaba ceder sin conseguir nada.
-No como en la misma mesa con alguien que se vaya a enfadar conmigo a la mínima. No quiero que me siente mal la comida.
Él resopló.
-Está bien, no me voy a enfadar.
-Genial, gracias.
Y esperando que no se notara la poca resistencia que le hubiera quedado en aguantar ese pulso, Bella se sentó. No lo consiguió por lo rápido que lo hizo y el ansia con la que se llenó su propia taza con el café y con la leche, pero su acompañante se limitó a reírse para sus adentros.
-Por cierto... -Comenzó a decirle, mientras ella degustaba el mejor café que había probado en su vida.- Discúlpame por haberte llamado Bella, debí haberme asegurado de que se trataba de un nombre real y no un apodo familiar.
-No importa, no es sólo familiar, todos los que me conocen me llaman Bella. Sólo veo mi nombre auténtico en cartas del banco, y cuando lo oigo al descolgar un teléfono ya sé que quieren venderme algo, así que cuando me llaman así me asusto y me agobio más que nada.
-Entonces , ¡Todo sea porque no se me asocie mentalmente con banqueros y vendedores!
Tardó un segundo en reaccionar por lo inesperado que le fue aquél sentido del humor, pero luego ella se rió. Por eso él sonrió. Se sintieron raros cuando se miraron así, a cada uno le asombraba la reacción del otro. Él bajó su mirada a los labios curvados hacia arriba de ella, turgentes, descubriendo en su abertura unos blancos dientes, y pronunciando con las comisuras sus pómulos. Apartó los ojos hacia su plato y se entretuvo en su desayuno. Tenía que tener cuidado, no podía ceder en esos instintos suyos. Eso se había propuesto, se había dormido concienciado en ignorar la beldad de esa chica por mucho que le hubiera impresionado... pero no contaba con que esa mañana, sin saber exactamente por qué, la iba a encontrar aún más guapa.
