Wilson caminaba pausadamente por uno de los pasillos del hospital. Ojeaba unas pruebas que llevaba en la mano que pertenecían a uno de sus pacientes y mostraba semblante preocupado. Nunca dejaría de involucrarse con ellos. No podía, pasaba tantos momentos en su compañía, reconfonfortándolos, que tras unos meses se convertían en parte de su vida y le era francamente difícil separar los sentimientos de las acciones. Quizá por ello era tan buen consejero. Wilson sabía escuchar y hablar, era delicado, suave al trato y siempre tenía razón. House lo sabía, su amigo siempre era más racional que él a pesar de involucrarse demasiado con las personas. Y lo que era más importante, Wilson sabía leer entre líneas, algo vital para soportar a House.

Llegó al ascensor sin mirar a su alrededor y entró a la cabina. Sin levantar la vista de los papeles apretó el botón del tercero y esperó a que las puertas se cerrasen. Cuando solo quedaban unos centímetros para que lo hicieran un bastón de madera se introdujo entre las dos partes de metal e hizo que se separaran de nuevo.

- ¿Es que ya ni me esperas?- preguntó House entrando al ascensor.

- No te había visto, lo siento. Estoy enfrascado en estos análisis.

- Sabes que no dan premios al médico que más llora por sus pacientes¿verdad? La muerte no tiene solución y los tuyos están condenados. Céntrate en los vivos, como yo lo estoy.- Y con esas apretó el botón de parada del ascensor, haciendo que Wilson por fin levantara la vista de los papeles.

- ¿Y ahora qué pasa¿Que te pasa?- preguntó el oncólogo sin mucha paciencia.

- No ha funcionado. El plan falló.

- ¿Es que había un plan¿Respecto a qué?

- Ya lo sabes, ella, el plan.

- Tengo la ligera sospecha de que "ella" es Cameron, pero el plan no lo conozco.- bromeó Wilson con afán de que su amigo soltara prenda.

- ¿Es que no te lo conté?- House puso cara de incredulidad, fingiendo no saber de qué hablaba su amigo.- Puede que me esté confundiendo y se lo contara a la puta de ayer en vez de a ti. Lo siento.- terminó -Mi plan para conquistar a Cameron.

- ¿Desde cuándo quieres conquistarla?

- ¿Qué es esto, el Twenty Questions¿Te importaría escuchar en vez de preguntar tanto?

- Escucharía si tuvieses algo que contar. No puedo recrear la historia en mi cabeza con pinceladas de divagaciones de un cojo enamorado. Mi mente no es tan poderosa, House.

- Ella me rechazó. Le pedí que saliera conmigo y me rechazó. Le dije que la quería.

- ¿Con esas palabras?- House hizo una mueca de hartazgo ante la nueva pregunta de su amigo. Wilson había aprendido cómo podía sacar la información de House. La táctica era sencilla: hacer preguntas cerradas, cuanto más cerradas, mejor, para rodearle y dejarle sin escapatoria, hasta que respondiera con lo que de verdad quería contar. Nunca fallaba.

- Bueno, en realidad usé las tuyas.- sonrió al recordar que siempre usaba lo de Wilson, incluso su comida.- Le dije que tú dijiste que yo la quería.- Wilson hizo un gesto de cansancio. La conversación le agotaba. Estaba acostumbrado a hablar con House, pero esta vez estaba dando demasiados rodeos, por lo que decidió ir al grano sin preguntar más cosas. Pero antes de que comenzara a hablar, cuando ya había abierto la boca, House comenzó su pequeño discurso sin que nadie le diera pie a hacerlo. - Al decirme que no- miraba al techo mientras hablaba- se ha vuelto más atractiva.

- ¿Más? Hace unos días ni siquiera lo era - Wilson rodó los ojos y House le miró incriminatoriamente, lo que significaba que debía callarse, estaba confesando.

- Pienso todo el día en ella, no puedo quitármela de la cabeza; cuando me levanto, cuando me ducho, cuando como, cuando llego a la oficina, cuando ella no está. Es para volverse loco. Y sé que a ella le pasa lo mismo, sé que me mira en la sala de diagnósticos, que es ella la que recoge la taza sucia de café que dejo en mi despacho, sé que sueña conmigo... sé que se toca pensando en mí. Sé que me quiere. Tiene que hacerlo. Pero me rechaza y ahora no sé cómo evitarlo. No me gusta que lo haga, me hace sentir mal.- terminó House.

- Nunca es agradable que le den a uno de su propia medicina¿verdad?

- Mmmmmmm- respondió House sin mirar a su amigo.

Wilson se quedó pensativo unos segundos y meditó cómo darle la seguridad que le faltaba, cómo darle el empujón para que tomara una decisión drástica. Él se imaginaba que Cameron sólo jugaba con él, se veía a distancia que ella seguía enamorada de él y que únicamente quería darle una lección. Pero House no tenía por qué saber eso; esta situación beneficiaba a todos, iba a ser la excusa perfecta para enseñarle una lección.

- El detalle sobre su autoestimulación sobraba, pero sé que por tu carácter no puedes obviarlo. Sé que la quieres.- dejó de hablar en seco.-¡Haz algo, por amor de Dios, al final te quedarás solo!- le gritó de repente.

- ¡Claro, y estoy aquí porque no lo he intentado¡Me he rebajado a pedirte ayuda porque no lo he intentado¡Tengo estas ojeras porque no lo he intentado!- dijo señalándose las bolsas bajo los ojos.

- Lo has intentado por tu propio interés. ¿Has pensado alguna vez en ella¿En todo lo que ha sufrido?- le preguntó Wilson, enfadado.

- Siempre- respondió House tajante.

- Nunca- le rebatió Wilson aún más tajante y apretando mientras el botón para que reanudara el viaje.

Los dos amigos se quedaron mirando al frente mientras el ascensor llegaba al piso seleccionado. Las puertas de abrieron y Wilson salió, ya que era su planta. Nada más salir se dio la vuelta para ver cómo las puertas se cerraban y House volvía a la planta que le correspondía. Sabía que le había hecho pensar. Siempre funcionaba lo de hacerse el enfadado y ponerle contra las cuerdas. No había nada tan efectivo como sembrar una semilla en Gregory House, sembrar una duda.


Hose cojeó enfadado hasta tu oficina. Maldito Wilson. Tenía razón. Tenía toda la razón del mundo. Había verdad en todo lo que había dicho. Lo maldijo hasta que se sentó en su silla. Cuando hubo descansado la pierna su mente también lo hizo y comenzó a ver las cosas con más perspectiva. ¿No había sido él el que había decidido preguntarle a Wilson¿Entonces por qué se enfadaba ahora? Era de suponer que las obviedades siempre son cómodas en boca propia y no en la de los demás. Siempre le resultaba gratificante mostrar lo lógico a los demás, pero cuando era él el que recibía las lecciones no le gustaba tanto.

Meditó mientras tiraba la pelota de tenis de una mano a la otra. ¿Hacerlo o no hacerlo? Pensó en no hacerlo y redactó una lista en su cabeza: probablemente el estado de ánimo le cambiaría en semanas, a todo el mundo le pasaba aquello de enamorarse de alguien en el trabajo. Intentó convencerse de que en realidad nunca era amor, era un sentimiento de atracción mutua, una vía de escape al estrés. Pensó también que si llevaba tantos años solo podía aguantar algunos más, no era problema, siempre tendría el whisky, la vicodina y cierto ramo de trabajadoras dispuestas a todo pors 50 pavos. Pasados diez minutos prácticamente se había convencido de no hacerlo, de no llevar a cabo aquello en lo que pensaba, incluso llegó a creer que lo que había ideado era una locura. ¿Y atarte otra vez, Greg? Nunca. Lo juraste. Pero ella apareció por la puerta de la sala de diagnósticos y traía consigo su aroma. Él cerró los ojos y respiró profundamente sin darse cuenta de lo que hacía, echando por tierra los últimos diez minutos, tirándolos por el retrete y accionando la cadena. Agua de borrajas.

Su mente viajó hacia el deseo y la ambición. Su olor le hacía pensar en momentos que le agradaban y comenzó a redactar una nueva lista en su cabeza. Quizá su estado nunca cambiaría y llegaría a ser el eterno enamorado de una compañera -subordinada- de trabajo. Quiso convencerse de que esa vez era amor y no sólo deseo, era un sentimiento de atracción y cariño mutuos. Pensó que llevaba tantos años solo que no podría aguantar unos más sin alguien, especialemente sin ella. Era un problema, estaba solo y abandonado, se lo había ganado y nada podría llenar el vacío que sentí, ni siquiera una mujer de 50 pavos. Pasados otros diez minutos estaba convencido de hacerlo. Tenía que dar el paso, arriesgarse, o la perdería. Y no solo a ella, perdería cualquier oportunidad de ser mínimamente feliz. No era cierto que él no necesitaba el contacto humano, era frío, borde, cortante, desagradable, pero en su interior guardaba una cálida personalidad ensombrecida por un mal diagnóstico hacía unos años.

¡Qué arpía! Pensó riéndose para sí. Lo había conseguido. Sin ni siquiera tocarle, mirarle o hablarle había conseguido que él cambiara de opinión y se decidiera a dar uno de los pasos más importantes de su vida.


Vio cómo ella recogía sus cosas y se dirigía a la puerta con las llaves del coche en la mano. Sigilosamente la siguió y cogiendo otro ascensor consiguió llegar antes que ella al aparcamiento. La esperó apoyado en el capó del coche. Cuando ella se acercó le miró con cara de asombro.

- House¿qué haces aquí?

- Hablar contigo- contestó él con una sornisa.

- Ya vale de juegos, creo que ya dejé todo bien claro en nuestra última conversación.

- Estás mintiendo, Cameron.

- Todo el mundo miente¿no?

Él sonrió y asintió lentamente. Ella hizo un gesto para que se levantara de su coche mientras se acercaba ala puerta y sacaba una de las llaves del manojo. "Ahora o nunca", pensó él. Si no se atrevía a hacerlo ahora nunca más reuniría el valor suficiente para hacerlo.

- Te deseo- le dijo con voz fuerte. Se sorprendió de su sinceridad y de lo claro que era capaz de hablar y de mostrar sus sentimentos. "Será por eso del enamoramiento", pensó. Esperó su reacción, sabía que la frase tendría un efecto en ella, pero llegados a este punto no tenía ni idea de cual sería. Tras unos segundo que se le hicieron eternos. Ella respondió.

- Pero no me quieres. No quiero que me desees si no me quieres.

- Lo hago.

- ¿Desearme o quererme?- ella introdujo la llave en la cerradura del coche. Le miró mordiéndose el labio inferior y sonriendo, mientras levantaba la vista hacia él.

House resopló. Había llegado el momento. Dudó si con voz sería capaz de pronunciar las palabras, no se fiaba de sí mismo en aquellos momentos. Temblaba de pies a cabeza, tenía miedo, pero no de atarse por lo que las palabras significaran. Tenía miedo de la reacción de ella, de que fuera ese "no" definitivo que llevaba todo el día temiendo.

- Creo que...- tosió con nerviosismo. Ella seguía mirándole intensamente a los ojos- Creo que... te quiero. No lo creo, lo sé.

- Yo no lo creo. No te creo. Demuéstramelo.

Tras decir eso ella se subió en su coche y arrancó lo más rápido que pudo. Él observó cómo se alejaba por uno de los pasillos del aparcamiento y no pudo evitar sonreir. "Demuéstramelo", repetía una y otra vez en su mente, la palabra hacía eco, estaba contento, si quería que se lo demostrara no estaba todo perdido, aún había esperanza. Ahora todo estaba en sus manos, él era el único responsable de recuperar el sentimiento que ella había perdido y abandonado en algún lugar de su mente.