Holaaaa... ¿Que tal? Hablaré después. ;)
Traducción: PajaritoAzul; Pola de Himura; Lica; Cecil.
Beta: PajaritoAzul.
04. Todo al mismo tiempo.
Un Corvette Jet Black, gris, convertible 2016, avanza por las calles de Tokio bordeando el límite máximo de velocidad de las autopistas. Al volante, el pelirrojo mantiene el capó cerrado y sus ojos fijos en la carretera, el ruido lo transportó a otro momento, su cerebro dejó de prestar atención y su mente viajó a la joven y hermosa kendoca a la que tuvo el placer de ver nuevamente después de largos ocho años.
En un momento de distracción por parte del conductor, todo sucedió a la vez.
Kenshin se sobresaltó al oír el timbre de su celular y desvió los ojos de la ruta para tomar el aparato, en ese momento se dio cuenta de que en una calle desierta dos fiats negros formaban una barrera. Gracias a sus buenos reflejos se las arregló para presionar el pedal del freno a tiempo y detener el coche a unos tres metros de distancia de los otros automóviles.
Los ojos violeta observaron el lugar y él pudo ver a seis hombres descendiendo de los vehículos. Sabía que era una emboscada. Puso su brazo en el asiento del copiloto y miró hacia atrás con la intención de dar reversa y salir del lugar, no obstante, estaba encerrado por un tercer automóvil del cual bajaron dos hombres más.
No había manera de escapar, Sólo podía enfrentarlos.
Suspiró. No quería involucrarse en una refriega, pero la noche prometía ser agitada.
Se preparó para salir de su deportivo…
-/-/-
El cuerpo de la kendoca golpeó contra el suelo mucho antes de que su salvador se diera cuenta de su desmayo. El ruido sordo llamó la atención de ambos causando diferentes reacciones en cada uno. Mientras que Jin-e sonrió con diversión el otro quedó preocupado, lo que aumentaba en gran medida su irritación.
Alto, dueño de un cuerpo muy bien desarrollado y definido, de cabello largo, color marrón oscuro, que le llegaba a la altura de la clavícula y unos ojos expresivos del mismo color. Poseedor de una belleza impactante con el rostro de un modelo, Shogo Amakusa era un hombre de respeto. No sólo era muy atractivo, sino que también era uno de los espadachines de más alto nivel y el tercer miembro que dominaba la poderosa técnica Hiten Mitsurugui-ryu.
Sintiendo el cambio en el espíritu de su oponente, Jin-e dio un ligero rebote hacia atrás poniendo cierta distancia entre ellos.
— Entonces... ¿Vino al rescate de la doncella indefensa?
Miró el corte que Kaoru le propinó al psicópata y sonrió antes de responder a su provocación.
— No es tan indefensa al parecer, ¿Verdad?
La sonrisa se desvaneció y Shogo recibió una mirada de enojo mientras se divertía internamente.
— ¿Por qué estás aquí, Amakusa?
— No voy a permitir que le hagas daño.
— En primer lugar: ya le hice daño. – Jin-e rio, se divertía con esto - En segundo lugar: ¿Qué pasa? ¿Todavía sigues enamorado?
El moreno no respondió. Estaba Inmutable.
— ¿Shishio te envió?
— ¿De verdad crees que no sabe que la persigues?
— ¿Y tú de verdad crees que me importa? No le tengo miedo a Shishio... Mi trato con él es solamente mientras me pague.
— Ya veo. Aún así no tienes el coraje para rebelarte...
Jin-e no respondió, pero sus expresiones se cerraron durante unos segundos, enojado. Sin embargo, rápidamente se obligó a expresar su sonrisa nuevamente.
— Tal vez pueda comenzar contigo, Amakusa.
Con una sonrisa ladina y un brillo en sus ojos, el moreno levantó su espada y tomó una posición de combate. Era todo lo que quería oír…
-/-/-
— Entonces… ¿Vienen a asaltarme o sólo a admirar mi belleza?
Kenshin jugó con las palabras, mas no con su expresión. Su cuerpo parecía relajado, sin embargo, estaba listo para empezar el combate. Su semblante frío y sus ojos ganando un nuevo color, unos visibles tonos dorados, hicieron que los hombres se sintieran un poco inquietos, pero lo disfrazaron.
Los ocho lo rodearon.
— Battousai… ¡El día de tu muerte ha llegado! - declaró el que parecía ser el líder.
Kenshin sonrió, la luz tenue de la calle hacía sombra en su rostro. Los bandidos se prepararon para atacar, armados con bates de béisbol, además de las pistolas que llevaban dos de ellos.
— Entonces, ¿a qué esperan para atacar? No tendrán miedo de un hombre solo y desarmado, ¿no es así?
— ¡Vayan por él! — ordenó el líder.
Dos se lanzaron sobre él, uno de cada lado sosteniendo con firmeza los bates de béisbol en sus manos. Con una agilidad sobrehumana, Kenshin dio un salto hacia atrás y giró su cuerpo, quedando atrás de uno de esos hombres, para luego asestar un golpe en su costado derecho, haciéndolo soltar un grito agudo de dolor y perder la fuerza de su agarre, soltando el bate, que inmediatamente fue recogido por el pelirrojo.
Sin perder el tiempo, levantó agresivamente el pedazo de madera y lo estampó en la cara del hombre, haciéndolo escupir un diente y caer desmayado. Después, asestó un golpe en la boca del estómago del segundo atacante y con la punta del bate golpeó la cara del hombre, quebrando su nariz y dejándolo fuera de combate, sin conseguir respirar adecuadamente y con su sangre corriendo abundantemente.
Uno en el suelo, el otro de rodillas.
Kenshin de pie, sosteniendo el bate de béisbol a su lado, ofreciendo una mirada gélida a los seis que quedaban, retándolos en silencio.
Todos observaron incrédulos el nuevo escenario y antes de perder el valor, saltaron al ataque...
-/-/-
Misao y Aoshi se quedaron estáticos. Casi sin respirar mientras estaban presos de sus miradas, sintiendo cada uno los ojos del otro sobre si.
Sin saber muy bien que hacer, Misao abrió la boca intentando decir algo, sabiendo que no podía esconderse del hombre frente a ella, no obstante, se calló al ver a la prostituta de lujo del Juppongatana regresando. Al notar el cambio en la actitud de la joven, Aoshi también recompuso su postura y cambió el foco de su mirada volteándose hacia la pared. Pronto sintió las manos de la castaña paseándose por su espalda.
— Querido mío, infelizmente tendremos que dejar para otro momento nuestra noche de diversión… - esbozó una sonrisa sugerente.
Aoshi le devolvió la mirada, sonriendo con fingido interés. Sin embargo, no pudo evitar lanzar una mirada furtiva a Misao, pudiendo ver su cara de disgusto y la ira con la cual miraba la escena. Las manos de la chica se cerraron en puño y su mirada se dirigía exclusivamente a Misanagi, deseando matarla. Esto hizo que la pequeña sonrisa en el rostro de Aoshi aumentará visiblemente y volviéndose sincera.
— No se preocupe, no faltarán oportunidades...
Aoshi fue silenciado por un beso por parte de la mujer. No pasó de un rápido rose de sus labios, pero eso fue suficiente para irritar a su espectadora. Cuando se separaron la castaña se despidió con un guiño de ojos y se dirigió contoneándose hacia la salida. Aoshi la observó partir al mismo tiempo que su sonrisa de satisfacción desaparecía para dar lugar a una expresión de asco. No le gustó el beso, por no hablar de la situación en la que se encontraba, pero esa era su profesión y pasar por ese tipo de cosas para conseguir información solía ser inevitable.
Se giró para ver a Misao, justo a tiempo para verla alejarse de él, dirigiéndose hacia la pista de baile. Sin pensarlo dos veces, comenzó a caminar tras ella, intentando alcanzarla.
-/-/-
Jin-e sabía que la situación se estaba saliendo de control al ver que Shogo cerraba su semblante. No era que tuviese miedo al hombre frente a él, no le temía a nada ni a nadie, pero reconocía que era un buen oponente. Amakusa era alguien digno de respeto.
En un abrir y cerrar de ojos el castaño se abalanzó hacia el psicópata y sus espadas chocaron. Jin-e se sorprendió por un momento. Y a juzgar por el poder de ataque de este hombre, supo que no tenía el más mínimo deseo de jugar.
— Usted es un cobarde. Ella no era rival para ti... ¿Por qué usaste tu técnica mediocre? - le preguntó y desvió un contraataque lateral..
— Porque me dio la gana. - contestó riendo.
— Entonces, tal vez debería devolverte el mismo trato...
Sin que Jin-e lo notase, Shogo ya estaba detrás de él y atravesó su hombro izquierdo girando la katana en la herida antes de retirarla. Un grito entre dientes puso fin a cualquier tranquilidad que conservara el lugar mientras el de cabello blanco se alejaba considerablemente de su oponente. Las gotas de sangre fluyeron por su hombro, pintando el terreno.
Se observaron...
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El pelirrojo derribó al quinto individuo.
Eran siete fuera de combate, cada uno con algo quebrado y su sangre pintando el asfalto.
El que parecía ser el líder continuaba en pie, observando la escena con los ojos muy abiertos. Sus hombres estaban vivos a pesar de las malas condiciones en la que se encontraban y Kenshin no mostraba ni un poco de preocupación por la situación de los demás.
— Haré esta pregunta sólo una vez... ¿Quién te ha enviado? - la voz fría congeló al hombre.
— Eh…
— Cómo ya dije, no repetiré la pregunta.
La mano temblorosa del bandido subió hasta la pistolera y logró sacar el arma, pero el miedo que sentía no le permitió apuntar correctamente. La verdad es que estaba sorprendido con el mismo. Nunca vaciló ni se asustó con ninguna víctima. Pero aquel hombre frente a él era diferente. No era como cualquiera, no mostraba sentimientos, ni miedo o recelo. No se intimidó con la emboscada y los enfrentó a todos desarmado - al principio - con una sonrisa en el rostro.
— ¿Quién eres tú? - la pregunta salió en un susurro.
— Tú mismo lo dijiste... Soy Battousai.
En un abrir y cerrar de ojos, Kenshin asestó un golpe con el bate en las manos del hombre, lanzando lejos de él la pistola y pasando rápidamente a sujetarlo por el cuello. Los ojos dorados miraron profundamente dentro de los oscuros y temerosos del líder, y finalmente comprendió todo.
— Ustedes no están aquí para matarme... Esto es apenas una manera de retrasarme... - tragó en seco. - ¿Quién es el verdadero objetivo?
El hombre gimió de pánico.
— Tus compañeros están vivos, pero la verdad es que no me importa matarte, lentamente... Por eso, si quieres vivir, responde. ¿Quién es el verdadero objetivo?
— Ka… Kamiya Kaoru.
Los ojos del pelirrojo se abrieron considerablemente, su frialdad fue abandonada por la ira que se apoderaba de él. Con la punta del bate golpeó la boca del estómago del tipo y vio como su cuerpo caía inerte al suelo después de ser liberado de su agarre. Se desmayó inmediatamente.
Sin preocuparse por nada ni nadie, corrió apresuradamente hacia su coche, guardando su nueva arma en los asientos traseros y arrancando a toda velocidad, esquivando dos automóviles, rumbo al dojo Kamiya.
-/-/-
— ¡Misao! - gritó.
Pero la música alta mezclada con los gritos de diversión de las personas que se empujaban mientras bailaban hicieron que la voz de Aoshi desapareciera completamente. Misao continuaba avanzando y abriéndose paso como podía dejándolo un par de metros atrás, retardado por la multitud.
La rabia que sintió al ver a esa mujer besando al detective la descontroló. Sabía que era un completo absurdo, que apenas se conocían y además, no tenían ningún tipo de relación. Aún así, no pudo evitar las ganas de abofetearla y separarla del hombre que se había vuelto su interés romántico.
Paró en medio de la pista y suspiró hondamente, pasó la mano por su rostro y movió la cabeza en forma de negación. Debía estar volviéndose loca, no había razones para todo aquello. Pero no podía negar que Aoshi Shinomori la atraía de una forma que ningún otro hombre había conseguido hacerlo.
Sintió que alguien la empujó y estuvo a punto de caer, fue entonces que despertó de su ensimismamiento y recordó que las personas a su alrededor no estaban preocupadas con sus pensamientos, estaban allí para bailar y saltar. Algunos parecían estar haciendo mucho más que bailar debido a los movimientos que ejercían y lo pegados que estaban a sus parejas, estaba claro, ella estaba detenida en el lugar equivocado.
— Aoshi es un policía, debe estar investigando lo mismo que yo... Claro. Cálmate Misao... Estás equivocada. - susurró para sí misma.
Y resuelta, levantó la cabeza para partir, en ese momento sintió una mano fuerte envolver su brazo y tirar de ella con fuerza.
Sobresaltada miró hacia atrás y se sorprendió al ver a un hombre grande y mal encarado que la miraba lascivamente…
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Shogo no desviaba sus ojos castaños del par de ojos negros de Jin-e, ambos extraviados en sus propias respiraciones y pensamientos. Cada uno esperando el primer paso de su adversario.
La sangre de la herida causada por el castaño goteaba incesantemente y el dolor punzante lo estaba empezando a incomodar. Miró solapado por primera vez - desde que la lucha con el intruso había comenzado - a la kendoca que continuaba tumbada en el mismo lugar. Su respiración tranquila mostraba que se encontraba en una inconsciencia profunda, de la cual nada podría despertarla en aquel momento.
— ¿Entonces? ¿No piensas volver a atacarme? - provocó. Jin-e sonrió en respuesta. - ¿Será que tienes miedo de mi?
— Yo no tengo miedo de nadie... Sólo que aún no es tiempo de matarte, Amakusa.
Shogo se enderezó, dejando atrás su posición de combate para posicionarse erguido con su espada descansando junto a su cuerpo, desenvainada.
— Desaparece de mi vista, y ten presente que si la vuelves a molestar, personalmente te daré la peor muerte que puedas imaginar.
Las palabras salían cadenciosas y suavemente. Pero la amenaza incrustada en ellas era filosa como una cuchilla. El psicópata creyó en las palabras de su adversario, sabía bien que no bromeaba, pero eso realmente no le importaba. Dejaría que el castaño pensara que dejaría a la joven en paz, hasta que bajara la guardia para así poder completar su misión, o mejor dicho, su deseo: Matar a Kaoru Kamiya.
Volvió a su posición normal y en un rápido movimiento limpió y guardó su katana. Miró al castaño una última vez y sonrió antes de salir tan rápido y silenciosamente como había entrado.
Después de algunos segundos, luego de confirmar que el ki de Jin-e había desaparecido, Shogo limpió y guardó su espada en tiempo record, para después caer de rodillas, mostrando en su rostro la desesperación que le producía el estado de Kaoru.
Levantó el torso de la morena y apoyó su cabeza sobre sus piernas, asegurándose de que continuaba respirando. Soltó aliviado el aire contenido para luego examinar las heridas que recorrían su cuerpo, sangraban demasiado, pero ninguna se encontraba en algún punto vital y tampoco había alguna vena abierta. Era una buena señal.
— Necesita atención médica de inmediato. - habló con el viento.
Se levantó y fue en busca de algún trozo de tela que le sirviera para tapar su torso y cubrir sus heridas. Al volver, sólo tubo tiempo de envolverla en una toalla blanca cuando de pronto pudo escuchar el sonido de un coche resbalar por frenar bruscamente, la puerta se abrió y oyó los pasos de una persona corriendo hacia el portón.
Conocía aquel ki y sabía que esa persona no estaba de buen humor.
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— Que mamasita tan rica… ¿Quiere divertirse un rato? - habló pasando su lengua por sus labios gruesos.
El hombre no era bonito, aunque tampoco feo. Era un tipo común. De esos que uno encuentra en cada esquina. No tenía ningún atractivo y sólo le despertaba repugnancia. Las manos gruesas y ásperas de él la incomodaron, pero fue su fuerte olor a sudor mezclado con whisky barato que exudaba su cuerpo, junto a su aliento la hizo sentir nauseas. Su proximidad la estaba desesperando.
Oyó la pregunta y disfrazando la aversión que sentía se detuvo. Puso una cara pensativa, poniendo su mano en el mentón, estrechó los ojos como si estuviese concentrada y luego se volteó hacia el intruso con su mejor y más brillante sonrisa.
— ¡No! Gracias. - dio la vuelta, forcejeando para escapar del agarre.
Disgustado con la respuesta que recibió apretó aún más las manos alrededor del brazo femenino.
— Pues yo pienso que debería quedarse.
Susurró en su oído después de acercarla y haciendo que el cuerpo de Misao se estremeciera de asco. Decidida a enseñarle una buena lección al desagradable individuo, se armó de valor y giró el cuerpo rápidamente poniéndose frente a él, con la mano derecha abierta en alto, lista para pegar una bofetada en el rostro de él, pero detuvo su mano a la mitad del camino, gracias a sus buenos reflejos, sorprendida por lo que vio.
Aoshi venía por detrás del hombre sin que nadie lo hubiera notado, y cuando lo vio cuchichear al oído de la joven no lo pensó dos veces, tiró de él por el cuello de la chaqueta que llevaba y en cuanto el tipo volteó para ver quien lo buscaba de esa manera tan mal educada, recibió un puñetazo en medio de la cara.
Todo pasó al mismo tiempo; en la caída provocada por el golpe que recibió soltó el brazo de la chica, cayendo en medio de la muchedumbre y llevandose a algunos con él por el camino, otros se alejaron para abrir el espacio. Misao detuvo su mano antes de alcanzar a dar el golpe al ver Aoshi acercarse furiosamente, tirando y golpeando el hombre. Continuo como estatua, observando la escena, atónita.
El detective se posiciono al lado de ella, adelantado ligeramente, viendo al gran simio caído en suelo recuperándose del mareo causado por golpe perfectamente asentado. Aún con la boca abierta, ella empezó a bajar la mano, recuperando la conciencia de lo que está ocurriendo allí.
— Ao-Aoshi? - bisbiseo.
Pese a que el ruido alrededor era muy alto, él escuchó la voz delgada de ella y la miro por el rabillo del ojo. Azul y verde se encontraron y la tan peculiar atracción sexual que existía entre ellos desde el primer día contaminó el aire y los ojos de ambos se enturbiaron.
— Desgraciado…
Perdidos en sus deseos con respecto al otro, no se dieron cuenta cuando el hombre entrometido se puso de pie y en posición de combate, con una nudillera en cada mano. Misao tragó en seco y Aoshi sólo asumió su frialdad característica…
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Kenshin llegó al dojo a toda velocidad, se detuvo y se preparo para derrumbar la puerta de madera con una patada frontal. Así lo hizo, pero no contaba con que la puerta estuviese abierta, casi fue a dar contra el suelo debido a la fuerza utilizada. Cayó con la rodilla izquierda y el pie derecho sobre el piso. Negó con la cabeza y sin pensarlo mucho se puso de pie y se fue en busca de la joven maestra.
Dio un vistazo rápido por el lugar y después entró a la casa, abriendo y cerrando una puerta detrás de otra; nada. Ni un rastro de la joven kendoca. Observó el terreno y se dirigió al dojo, sin percatarse de la presencia oculta en medio de las sombras; había ocultado su ki para no ser descubierto, sin dejar de observar la desesperación del pelirrojo al recorrer el lugar.
Kenshin subió la pequeña escalera del dojo, el lugar estaba oscuro, pero a pesar de eso pudo ver la sombra del cuerpo desplomado en medio de la sala. El olor de la sangre inundó sus fosas nasales y con sus sentidos alertas se adentró al lugar, observando los signos de lucha que fueron dejados atrás. No se molestó en quitarse los zapatos, se apresuró en cerciorar que el cuerpo pertenecía a Kaoru, rápidamente cayó de rodillas, tratando de confirmar que ella aún estuviese viva.
Su corazón le dolió al verla ensangrentada e inconsciente, su mirada violeta ganó un brillo dorado. No dejó de sorprenderse al ver una toalla que envolvía sus lesiones. No le cabía duda de que alguien la había defendido y ayudado, pero huyó con su llegada. Eso era algo que iba a Investigar en otro momento, pero primero tenía que llevarla al hospital, con urgencia.
Puso un brazo bajo sus rodillas y el otro en medio de la espalda, levantándola y acomodándola, sin preocuparse por mancharse de sangre. La cabeza de la chica descansaba sobre su hombro y así se dirigió a la salida, con premura. Sintió un movimiento cercano a la pared, junto a un árbol, pero no era una presencia nociva por lo que decidió ignorarlo. Ella era la prioridad en ese momento.
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El hombre se lanzó sobre Aoshi con un derechazo, el que fue hábilmente desviado, el contraataque consistió en un rodillazo en el estómago, haciendo que él se curvara del dolor. Los ojos oscuros de color rojizo, debido a las bebidas y tal vez a algo más, miraban con odio al alto moreno de ojos azules que se mantenía impasible en la espera de otro ataque.
En ese instante ya se había formado un círculo de personas que al ver la escena empezaron a animarlos. Misao estaba al margen, sin saber qué decir ni qué hacer, observando el éxtasis de júbilo en las miradas de los espectadores.
El hombre avanzó una vez más, pero antes de llegar demasiado cerca, Aoshi haciendo gala de un rápido movimiento, jaló hacia un lado la parte de abajo de su gabardina, liberando la pierna, entonces, con una técnica impecable de pierna giratoria golpeó el rostro del hombre. Haciéndolo caer al suelo, inconsciente.
Los gritos de diversión llegaron a la locura, con derecho a aplausos y celebración.
Un verdadero espectáculo.
Ignorando a los demás, sus ojos buscaron a la joven por la cual se involucró en aquella pelea, la encontró al otro lado del círculo, observándolo de cerca, a pesar de que estaba seria, logró distinguir en los ojos verdes un brillo de satisfacción y de admiración por él.
Sonrió discretamente y caminó directamente a ella, se detuvo a escasos centímetros de la joven. Nuevamente se miraron en silencio, ignorando las miradas sobre ellos.
Tragó en seco y sintió el perfume masculino entorpecer su mente. Su respiración se hizo más difícil y sus sentidos se apagaron. Lo único que sintió fue el tirón cuando él la sostuvo de la mano para llevársela de ahí. Sin comprender, siguió los pasos del azabache, casi tropezando con sus propios pies.
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Kenshin entraba al mejor y más notorio hospital de la ciudad con la joven en sus brazos, aún inconsciente. Al verlo, una enfermera se acercó preguntando que había ocurrido, desesperado, sólo atinó a contestar que necesitaba un médico con urgencia.
La mujer siguió preguntando sobre ocurrido, agotando toda la paciencia que él tenía, gritó.
— Haga que traigan a un doctor ahora. ¡Ella necesita de atención médica inmediata!
Sobresaltada, la joven enfermera se dirigió rápidamente a la mesa de atención y llamó al equipo de emergencia. Luego, el pelirrojo comenzó a ver el movimiento y pudo sentirse un poco más aliviado, finalmente ella sería auxiliada y él podría tranquilizarse por unos momentos.
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Sólo percibió que estaba se pasando cuando sintió el viento frío de la noche alcanzar su cuerpo. Desde hace algunos días el calor era constante, lo que hacía que incluso la menor baja de temperatura fuera notada por la población. Su cuerpo tembló con el brusco cambio de aire. Con fuerza se soltó del agarre sólo para ver como el detective se detenía instantáneamente para mirarla. No consiguió evitar la sensación que le producía el rubor apoderándose de sus mejillas; deseó que la poca luz de la calle impidiera que él lo notase.
— ¿Hacia donde me llevas? - preguntó con la cabeza baja.
El azabache miró a su alrededor y se dio cuenta de que ya estaban fuera del almacén. Suspiró y soltó despacio la muñeca de ella. Se pasó la mano por el pelo, pensando en su siguiente movimiento.
— Gracias por defenderme…
Comenzó, pero fue callada por él al preguntar
— ¿Por que estás aquí?
Levantó la mirada, antes que su cabeza, y observó el rostro neutral de él mientras pensaba en que decir.
— Yo…
— Vamos señorita Machimaki… - sintió algo de irritación en su voz. - No es una cuestión difícil de contestar. ¿O sí?
Elevó una ceja, luego la cabeza, enderezó la espalda y puso las manos en las caderas, enfrentándolo.
— ¿Qué insinúa señor Shinomori? Me gustaría señalarte que puedo devolverle la misma pregunta.
Se exaspero interiormente con la petulancia de la chica, pero no dejo que ella lo notará.
— Si. Es cierto. Pero yo pregunté primero, y espero la respuesta.
Con la boca abierta, ella le sostuvo la mirada como pudo hasta que empezó a reír. Era su turno para levantar la ceja y sentir como su cuerpo se relaja. Un poco más calmada, después de sentir la tensión fluyendo fuera de su cuerpo a través de la risa, Misao volvió a mirar a su defensor y declaró.
— Vamos a hablar en otro lugar, ¿por favor?
Asintió y tomó la mano de la chica sin importarle nada más, guiándola a su ubicación en el aparcamiento. Encontró su moto y pagó el chico que estaba allí, supuestamente custodiando los vehículos. Se quitó la gabardina y la puso en ella, luego tomó su casco y lo puso en la cabeza de la niña, sin dejar que ella manifestara algo al respecto. Sacó del bolsillo interior de su gabardina unas gafas de lentes amarillas, adecuados para la noche, y se los puso.
— ¿Harás como esos personajes de las series norteamericanas en las que quieren demostrar que son jodidamente increíbles al usar gafas oscuras en la noche para conducir una moto?
Se quedó mirándola suspicaz. Y mientras levantaba su pierna para subir en la moto respondió.
— Primero: estas son una gafas únicas que sólo se utilizan en la noche. Segundo: sólo tengo un casco, el que tú estas usando. Sin casco el viento molesta mis ojos con la velocidad de la moto y eso puede obstaculizar mi visión; para eso sirven las gafas. Para permitirme mantener los ojos abiertos sin riesgo de que algo entre en mis ojos y pueda provocar un accidente. ¡Ahora sube!
Ordenó después de su discurso y extendió la mano para ayudarla. Misao obedeció, analizando la información.
Aoshi hizo partir la moto y salieron a toda velocidad.
-/-/-
Misanagi entró en un callejón oscuro. Recibió un mensaje en su celular en el cual le daban instrucciones para dirigirse a ese lugar; tubo que atravesar la ciudad entera para llegar. Estaba enojada, por culpa de esa orden se había perdido una noche arrebatadora en los brazos de un perfecto espécimen masculino.
Sólo con cerrar los ojos ella conseguía imaginar todo lo que deseaba haber hecho con aquel bello cuerpo y lo que hubiese sentido bajo los toques de aquellas manos fuertes. Sonrió lasciva, deseando poder verlo pronto.
Sus pensamientos pervertidos fueron interrumpidos por un ruido.
Abrió los ojos que había cerrado brevemente para imaginar al misterioso hombre de la fiesta, quien la había invitado a tomar una copa en un lugar reservado, y miró alrededor, incómoda.
El lugar estaba demasiado silencioso. De acuerdo al mensaje de texto deberían haber más personas allí, no obstante, no podía escuchar nada más que el sonido de sus tacones golpeando contra el suelo. Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo entero cuando notó que estaba completamente sola. Ni un alma viva pasaba por allí. Miró de un lado a otro mientras buscaba su celular en la bolsa de mano, tenía la intención de llamar a Houji e informarse sobre aquella supuesta reunión cuando escuchó el eco de una voz femenina.
— Llegas tarde, Misanagi.
En cuanto su nombre fue dicho la mujer comprendió que estaba en problemas…
-/-/-
Kenshin ya había resuelto toda la situación burocrática del hospital y ahora estaba sentado en la sala de espera deseando que viniesen pronto a dar noticias. Su cabeza no descansaba, las preguntas se acumulaban en su mente.
¿Por qué estaban tras ella?
¿Cómo sabían que él se dirigía al dojo?
¿Quienes eran aquellas personas?
¿Quien salvó a Kaoru?
¿Quién fue quién la hirió?
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el médico de emergencias de aproximó.
— ¿Señor Himura?
— Sí
— La señorita Kamiya se encuentra fuera de peligro. Nos encargamos de las heridas y los medicamentos están en el suero. En estos momentos estás dormida debido a la fatiga y al trauma psicológico, pero creo que no tardará en despertar. Si quiere acompañarla ella ya se encuentra en el cuarto. No hay heridas graves y ningún órgano vital fue afectado. ¿Podría decirme que fue lo que sucedió?
— No tengo idea doctor... La encontré en ese estado.
El hombre asintió.
— Acompáñeme, lo llevaré con ella.
Kenshin acompañó al médico y se despidió de él en la puerta del cuarto donde estaba Kaoru. Al entrar la encontró aún dormida, su cabello suelto se desparramaba por encima de la almohada y a pesar de la delicada situación no podía dejar de encontrarla bella.
Se acercó a la cama y acarició su largo cabello negro, memorizando cada detalle de su rostro, observando maravillado cuan delicada e indefensa lucía allí, dormida, a su merced. Tocó sus labios con la yema de sus dedos, a pesar de que estaban un poco descoloridos por causa de toda aquella situación, no dejaban de ser sumamente suaves y acogedores.
Miró a su alrededor y vio una silla, la acercó a la cama y se sentó. Con su mano izquierda sostuvo la mano de la chica, acariciando los dedos finos de la kendoca con su pulgar y con la mano derecha tecleo el número de su casa. Tenía que avisar a su familia.
-/-/-
La moto de Aoshi se detuvo en la cima de un pico desde el que se podía ver toda la ciudad. Todo estaba iluminado por las luces encendidas en medio de la noche, convirtiéndose en un verdadero espectáculo a los ojos de los que la observaban.
Misao fue la primera en bajar de la motocicleta, seguida por Aoshi.
Caminó unos pasos delante de él y observó la ciudad, maravillada por el esplendor de estrella que se extendía por el suelo...
Aoshi la observaba detenidamente. No le importaba el escenario, ya lo conocía de memoria, era su refugio, donde se escondía cuando necesitaba pensar. Anteriormente acostumbraba ir a algún templo para hacerlo, pero descubrió que ese lugar de madrugada era perfecto.
Centró sus ojos en la joven que tenía delante. La ropa que llevaba, extremadamente sexy y provocativa, le hacía hervir la sangre, pero observarla usando su gabardina - que le quedaba tan grande que lo arrastraba por el suelo - lo hacía sonreír de lo gracioso que era.
Ella le quitaba el piso, conseguía despertar innumerables sentimientos que hasta ahora eran desconocidos para el hombre de hielo. El detective conocido por se un conquistador sin sentimientos, ya que las mujeres no le faltaban, pero los sentimientos sí. Hasta el día que conoció a la pequeña avalancha de energía. Era una atracción que él no conseguía explicar. Del tipo que uno piensa que es mentira, invención de romanticistas, pero en la que no se puede dejar de creer cuando acontece con uno mismo.
Sin más tiempo y energía que perder, indagó.
— ¿Que estaba haciendo ahí? ¿Y vestida así?
La dueña de los ojos verdes se volteó para mirarlo de frente, su mente estaba pensando en todo y en nada. Oyó la pregunta sin escucharla realmente, pero sabía que algo había preguntado.
— ¿Entonces?
— ¿Eh, Qué?
— ¿Por qué fue ha ese lugar?
— Ah...
Los ojos verdes comenzaron a danzar mientras ella pensaba en alguna respuesta posible. El detective se dio cuenta de lo que ella estaba haciendo y estrechó sus ojos mirándola fijamente, antes de ordenarle.
— No invente, diga la verdad. - exigió.
— Estaba investigando al Juppongatana. - tapó su boca con ambas manos.
Si el hombre se sorprendió con la revelación, su cara no lo demostró, sin embargo la miró fríamente. Ella a su vez, una vez pasada la sorpresa por haber abierto su propia boca, revirtió la situación.
— ¿Cómo hiciste eso?
— ¿El qué?
— Obligarme ha hablar en contra de mi voluntad. - colocó las manos en su cintura en una pose altiva.
— Es un secreto. ¿Para quién estaba investigando?
Suspiró y miró de reojo. Sabía adonde lo llevaría aquello; a ningún lugar.
— Yo...
— Usted no es una policía... ¿Qué es?
— Una informante.
— Es un trabajo peligroso.
— Tanto como el tuyo.
Se calló. Necesitaba una pausa para pensar en cómo seguir.
— Yo sé lo que estoy haciendo.
— Yo también.
Silencio.
— ¿Para quién trabaja?
Levantó la cabeza, decidida a responder y acabar pronto con el interrogatorio. Pero no podía soltar la información tan fácilmente, por más que su interior le dijese que él era una persona confiable, tenía que desconfiar. Ese el el deber de un buen policía.
— De un lobo sarnoso.
Habló con descuido, balanceando las manos en el aire, dando poca importancia al asunto.
— ¿Lobo...? ¿Se refiere a Hajime Saito?
Misao abrió los ojos y Aoshi no tuvo ninguna duda. Tenían el mismo jefe.
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Hiko colgó el teléfono después de obtener toda la información que pudo de su sobrino mayor. La sonrisa sarcástica que el magnate acostumbraba lucir desapareció. Su expresión era hermética mientras miraba atentamente la noche a través de la ventana.
Sin pensarlo dos veces, pasó la mano por debajo de la mesa y apretó un botón muy bien escondido, tanto que con el sólo hecho de pasar la mano era imposible sentirlo, pero él sabía perfectamente donde se encontraba. Un compartimiento oculto en su mesa de escritorio - situada en su oficina personal en la mansión - se abrió y tomó un aparato celular que se encontraba dentro. Tecleo el marcador rápido y esperó a que la persona contestara la llamada.
— Habla.
Una voz tan fuerte y masculina como la de Seijuuro atendió y él no precisó de ninguna confirmación para saber de quién se trataba.
— Shishio ha vuelto a importunarlo, lo quiero fuera de mi camino y del de mi familia.
— Estoy trabajando en ello.
— Quiero resultados rápidos. Si la policía no lo captura, ¡yo me encargaré!.
Colgó. Guardó el celular en el mismo lugar y salió de la mansión, rumbo al hospital.
Continuará...
Entonces... Les dejo, me voy corriendo porque no quiero ser asesinada. jajajajajajaja
No, mentira... Quiero a todos. :3
Bueno, vemos que hay más cosa en todo el lío que yo cree. XD
Por favor, dimen todo con detalles, ¿si? *o*
Miles de gracias a las chicas: Pajariazul, Pola de Himura y Cecil, porque me ayudaron y MUCHO en las traduciones. Dani, me gustaria informarte que ya es mi traductora oficial, junto con tu trabajo de beta. XD jajajajaja
Ok, no sé mas que decir... normalmente tengo mucho que decir, pero por fin, actualizo. :3
No escribi mis otras fics y ahora tengo que hacerlo, porque las lectoras del Brasil quieren matarme. XD
Gracias a Blankaoru que hizo la traducción de fic Heero y Relena mia, voy publicar esa semana esa one, por eso, les invito a pasar por mi perfil, no se si hoy, pero esa semana, para conferir y tal vez, si les interesa leer la one. ;)
Las, ganadora del reto:
Pajaritoazul;
Rogue85;
Zury;
Jnej G...
Esperen sus regalos. ;)
Aqui me despido y gracias por no abandonarme... S2
17/11/2015 - Brasil
