Puedo ser la chica que pretende que no le interesan mucho los reviews (aunque lo cierto es que me gusta -o gustaría- darme cuenta si escribo sólo para mí, para la pared o si realmente a alguien le gusta esto).

Pero nunca Suzanne Collins, a quien pertenecen todos los personajes.

...

CAPÍTULO 4

Había perdido la confianza en esas caprichosas criaturas llamadas seres humanos sin excepción, había aprendido que no se daba nada sin recibir algo a cambio, que incluso pueden tomarlo sin pedir permiso y que ella debía velar sólo por sus propios intereses. Corrección: por los intereses de las personas que amaba.

Las palabras de Haymitch hacen eco en su mente y se siente decepcionada de ella misma por lo estúpida eingenua que había sido al creer que él podía hacer el intento de escucharla. Además, la opresión en el estómago indica un sentimiento escondido detrás pero es tan débil, o quizá ella intenta ignorarlo, que es incapaz de competir contra la rabia. Arrepentimiento. Arrepentimiento por no haber sido menos brusca con el chico de ojos azules, por no haberle dicho "Lo siento" y en vez de eso le había vuelto a gritar en la cara que era un idiota. La mayoría del tiempo olvidaba que Haymitch también comía y ya que no era capaz de levantar la suciedad de su casa solía comprar comida en la ciudad o en el Quemador, a veces Sae le llevaba algún cuenco o un niño mensajero llevaba carne de la carnicería y unas veces vio al hijo mayor del panadero llevarle pan a su mentor. Era la primera vez que ella veía al hijo menor en la Aldea de los Vencedores llevando un encargo.

Ese muchacho… PeetaMellark. Nunca iba a olvidar ese nombre ni ese rostro. Hace años a ese mismo chico debió decirle "Gracias" y no lo hizo, se arrepintió y aún lo hace por no haber dado las gracias por los panes, por la ayuda… y en su lugar, años más tarde, la primera palabra que le dice en la vida es "Idiota".

Con la pradera a su espalda intenta convencerse de que no importa,que en nadie se puede confiar y que nadie es bueno, que en el pasado tal vez ese chico lo era al igual que ella misma antes de entrar en los Juegos pero la gente cambia y seguramente ahora es tan gruñón e insensible como la esposa del panadero. Tiene tantas cosas en la cabeza que pensar en eso es lo último que desea hacer.

Comienza con la ronda en las trampas olvidándose del desayuno, obteniendo buenas presas que lleva a intercambiar al Quemador y por primera vez se alegra de no haber traído un obsequio y no tener que cambiarlo, tirarlo o pensar qué hacer con él, aunque sí que traía obsequios en el cuerpo. "Imbécil", piensa recordando las manchas moradas del abdomen y el hombro, entonces comienza a pensar como casi siempre que se siente frustrada (ni dolida, ni enojada) en un futuro alterno en el que es capaz de vengarse de cada uno de los compradores; absorta en sus pensamientos no distingue hasta después de unos minutos las miradas de soslayo que algunos vendedores le dedican y aunque no quiere darle importancia muchas miradas son de decepción.

_ ¿Qué demonios ocurre? _ le pregunta con brusquedad a Sae colocando de golpe tres pavos sobre la mesa.

La mujer la mira sin darle importancia tomando las presas al instante.

_ Algunos esperaban más del último Vencedor. Algo diferente al borracho vecino que tienes.

_ ¿Te creíste lo de la televisión? _ pregunta aunque no quiere saber la respuesta ya que a falta de comida, de educación y de libertad el gobierno provee a cada distrito de basura televisiva y comoesla única fuente de información y de comunicación entre distritos, lo que la tele dijera era verdad universal. Nunca sabías si era cierto o no.

Sae levanta una ceja mirándola, aún con una mano en las presas y un cuchillo oxidado en la otra.

_ Sé lo que vi _ responde, y contra eso no tiene argumento alguno. No es que durante la transmisión de los Juegos no la hubieran visto en mal estado, sucia, enojada o vomitando, no obstante la diferencia del contexto esta vez es enorme_. Pero déjalo, se les pasará… si no vuelven a verlo.

Tomando en cuenta la cantidad de chismes frescos en el Capitolio sabe que dejarán de hablar de ella en poco tiempo. Las cosas no son diferentes con la gente que la conoce, Cray, el Agente de la Paz que compra sus obsequios le dice en susurros dónde puede conseguir medicamentos restringidos dentro del distrito y murmura que por una módica cantidad puede conseguirle la preciada morflina del Capitolio; Ripper intenta venderle varias botellas de licor asegurándole que son casi tan buenas como los narcóticos; Darius, el pelirrojo Agente de la Paz que siempre había sido bastante simpático con ella le habla bromeando sobre lo poco que había durado "el orgullo del distrito". Incluso Gale se da un tiempo el miércoles en la noche para pasar por su casa.

_ Tú no, por favor _ dice molesta.

_ Es confuso si lo escuchas, pero verlo es otra cosa… ¿Qué estás haciendo Catnip?_ su mirada inquisidora debajo de las cenizas del carbón en su rostro la pone nerviosa. Y quiere decirle todo de principio a fin, sin embargo, recuerda que es Gale _ ¿Es tan horrible lo que haces? ¿O no es lo que haces, es lo que hacen contigo?

Sus palabras se acercan tan peligrosamente a la verdad que las manos comienzan a sudarle, sus ojos se dirigen hacia la puerta y la ventana esperando que ni Prim ni su madre hayan escuchado eso o sus preguntas también empezarán a perseguirla.

_ ¡Tú qué sabes de cosas horribles!

Y es la respuesta equivocada.

_ Los Juegos son la manera de controlarnos y no podemos hacer nada para cambiarlo. Yo juego a la vida real, Katniss, donde no hay cámaras ni gente observando, donde la muerte acecha con cada movimiento del pico y cada pequeña roca que resbala. No hay ropa bonita y el frío cala en los huesos, la comida cuesta infringir normas y pasar todo el día bajo tierra sabiendo que eso no será suficiente para satisfacer el hambre de los tuyos mientras ves tu vida pasar entre cenizas y explosiones. ¿Y al final? No hay un Vencedor, sólo te queda el alivio de salir a la superficie con vida y volver a casa para continuar con este asqueroso futuro y esperar a que todos por los que has luchado terminen en la misma mierda que tú _ sus ojos arden y tiene la mandíbula tensa aunque su expresión no denota enojo, todo lo ha hecho la intensidad de su mirada y su voz. Ella traga en seco sin saber qué decir, sintiéndose mal por no haberse planteado nunca lo que él sentía con su propia vida, siempre había dado por hecho que ellos dos eran iguales. Sus vidas habían cambiado tanto durante el último año… _ ¿De qué te sirve tener la gloria?

_ No hice nada. Las cosas no fueron como piensas.

_ Lo sé, te conozco demasiado.

_ Pero ya lo dijiste_ ella quiere zanjar el tema y dejarle claro que lo que sea que haga es asunto suyo_: no podemos hacer nada para cambiarlo.

Hubieran podido abrazarse y compartir la frustración, el temor y el enojo, sin embargo, hacerlo implicaría estar juntos en eso, estar de acuerdo, y no es así, Gale busca una solución mientras ella busca mantenerlos a todos con vida.

No tiene que esperar mucho, la tarde siguiente ve lo que todos han visto de ella cuando va a vender los conejos a la carnicería donde tienen un televisor encendido. El escenario es más o menos como lo recordaba (un parque rodeado de altas columnas, varios jardincitos y una fuente imposible en el centro), la conductora, una mujer muy alta de pómulos marcados y cejas naranjas no dice mucho sobre ella, es más, cuenta el incidente como algo divertido.

_ La Chica en llamas conociendo los placeres de la ciudad _ dice sonriendo mostrando los rubíes incrustados en sus dientes.

Katniss siente asco del comentario.

_Placeres_ bufa. Lo último que ha conocido en el Capitolio es placer. La carnicera ríe. ¿A quién rayos le interesa lo que piense toda esta gente?

La conductora dirige el cotilleo contra Cinna de quien sospechan consume drogas. Katniss rueda los ojos con fastidio. Transmiten una breve entrevista hecha a su estilista donde él habla sobre una comida en su casa y de todas las bebidas que ella desconoce.

_ Katnissno es dependiente de ninguna clase de narcótico o bebida, es tan íntegra que te juro que el causante de este alboroto pudo haber sido cualquier cosa _ Cinna ríe con tanta naturalidad que nadie dudaría de sus palabras _. Apostaría por el pavo al vino tinto.

La comentarista ríe. La carnicera también lo hace junto con 2 de los clientes en la tienda. Ella no sabe si se ríen de ella o del comentario de Cinna o de los dos, sus orejas se ponen tan rojas que parece avergonzada aunque en realidad está molesta.

Lo único que la gente de su distrito recuerda con constancia es el miedo, los incidentes ajenos a eso pueden ser cotilleo un rato y olvidarse después aunque en el futuro, de ser necesario, no dudarían en escupirle en la cara que sea una adicta aunque estuvieran conscientes de que no es cierto. Por suerte la única persona que realmente le importa no dice nada al respecto, Prim, satisfecha con la explicación que había dado de su propia boca. Lo que la gente diga o no la tiene sin cuidado, en cambio, las pesadillas vuelven por las noches trayéndole escenas de las muertes que provocó en la arena mezcladas con el rostro de un hombre de cejas incipientes que no alejaba sus manos de ella. Las ojeras comienzan a marcarse debajo de sus ojos.

La hora del almuerzo por lo general le gusta pues su hermana habla mucho y eso le ayuda a distraerse, la pone al tanto de las cosas en el colegio –a donde Katniss ya no asiste-, sobre un niño que se había metido una semilla en el oído y su madre y ella habían logrado sacárselo, sobre su cabra Lady y sobre lo útil que había sido el shampoo para el gato. Aunque las conversaciones con su hermana suelen ser tranquilas, Prim se encuentra preguntándole sobre los Juegos, cosa que jamás ha hecho y Katniss sabe que el trasfondo de sus preguntas es el temor de su hermana por la cosecha de este año donde nuevamente su nombre entrará y ahora dos veces.

_ No tienes de qué preocuparte, patito _ la abraza hundiendo la nariz en su cabello rubio _ Pondría las manos al fuego porque tu nombre no saldrá. Una Everdeen es suficiente.

Y está segura de eso, mientras ella se mantenga dócil con la gente del Capitolio nada les pasará a los suyos, ni el hambre ni la cosecha los afectarán. Por lo pronto.

_ La señorita Kutner nos dijo con orgullo que fuiste su alumna. Una niña excelente, extrovertida y educada _ Prim imita un tono excesivamente dulzón en la última frase imitando a su maestra, entre risas.

_ Oye… ¡Creo que ni siquiera fue mi maestra!

Prim ríe con ganas y ella también. Estar con su hermana es lo que más disfruta de la vida, verla sonreír, disfrutar… ser feliz. Después de un rato en el que no es capaz de ver a Katniss sin reír, Prim continúa clasificando las hojas para machacar.

_ Sea como sea, sé que la señorita Kutner estuvo en la colecta que Sae hizo para patrocinarte.

La mayoría de las veces la vida de un tributo en la arena depende de los patrocinadores, los cuales no son más que personas que donan dinero para que el mentor compre lo que sea que su tributo necesite. En su regreso al distrito después de los Juegos Prim le habló de la colecta que Sae la Grasienta había hecho con las personas del Quemador para patrocinarla, se suponía que sólo era cosa del Quemador pues varios la conocían por sus ventas de carne fresca, sin embargo, varias personas ajenas dieron algunas monedas para traerla de vuelta a casa ya que no había habido posibilidad de regresar un tributo con vida desde hacía 24 años, cuando había ganado Haymitch. No le preguntó mucho a su hermana y se sabe en deuda y agradecida con varias personas.

Después de una tarde tranquila y más alegre de lo que hubiera recordado desde los Juegos, Prim y ella toman el camino que lleva a la mina en busca del hombre de las cabras para hacerle preguntas sobre cómo preñar a la cabra Lady pues Prim tiene la ilusión de dedicarse a vender queso, leche y productos derivados en el futuro. A Katniss le gustaba la idea, sobretodo cuando sabe que si a ella le pasa algo su hermana y su madre no tendrán nada más que la casa de la hombre les habló de muchas cosas de las que no entendieron casi nada acordando que a cambio de unas monedas él podía encargarse de todo eso y escoger entre las suyas al macho adecuado para la cabra de Prim.

El camino de vuelta la hace entristecer, aunque intenta no demostrarlo, al traer a la mente recuerdos de años pasados cuando recorría esas mismas calles tomando de la mano a su hermanita, donde se sabía la cabeza de una familia y aunque no vislumbraba un futuro sabía que todo lo que hacía era una decisión propia. Era dueña de su vida. Antes, cada mañana abría los ojos esperando traer algo a casa para comer; ahora con dinero seguro y un techo en la Aldea de los Vencedores, cada mañana abre los ojos esperando que no esté el tren del Capitolio en la estación; hoy había abierto los ojos deseando no acompañar a los chicos elegidos en la cosecha, ni hablar con ellos, ni verlos morir tan directamente.

Sin ser muy consciente de sus pasos se da cuenta que se encuentran frente a la panadería por la sonrisa de Prim al ver los pasteles en la vitrina. Sus ojos brillantes formulan la pregunta y ella no tiene más remedio que rodar los ojos y abrir la puerta haciendo sonar la campanilla. El olor del pan recién horneado la golpea unos segundos haciéndole agua la boca y dándole un sentimiento de seguridad al sentir el calor del lugar. Mira hacia afuera en busca de algún chiquillo hambriento de la Veta mientras acaricia las monedas dentro del bolsillo de la chamarra con la esperanza de poder comprar pan y dárselo inmediatamente como había hecho el más joven de los Mellark hace años, sin embargo, no observa a nadie salvo a algunas personas también de la ciudad.

_ ¡Mira Katniss! _ chilla Prim ignorando los pasteles _ ¿Verdad que son hermosas?

Señala una charola de lo que a simple vista parecen flores oscuras y que no son otra cosa que galletas exquisitamente decoradas con laminitas de chocolate colocadas como pétalos. Durante la celebración de su coronación como Vencedora y la gira de la Victoria comió muchas clases de exóticos y bellos postres, deliciosos, sin embargo ninguno poseía la belleza de lo que está viendo, esas galletas muestran la sencillez y delicadeza de la naturaleza que sólo una persona normal vería, no como toda la gente que vive en el Capitolio, es la sencillez de una persona que vive en el distrito 12 aunque le sorprende que alguien de la ciudad, y no de la Veta, sea capaz de distinguir esos pequeños y asombrosos detalles de la vida. En lo profundo siempre ha creído que la gente de la ciudad es un tanto engreída y siempre queriendo ser como los capitolinos.

_ El alcalde quería algo para sus invitados del Capitolio _ explica el panadero colocando una charola de magdalenas junto a la de las galletas _ que tuviera algo encantador del distrito aunque no supo decir qué era encantador en el 12. De ahí la idea de las flores oscuras, como el carbón, la actividad del distrito, que aunque he escuchado el trabajo en las minas es muy pesado no todo se reduce a eso.

No logra seguir sus palabras. ¿No todo se reduce a eso? ¿A caso había algo más allá lejos del carbón, las minas, la Veta y el hambre? Esta el bosque, por supuesto, pero la belleza encontrada ahí no puede ser apreciada por todos salvo por los que, como ella, infringen las reglas y es algo que sabe no haría nadie de la ciudad. Observa con atención al panadero y éste le sonríe con amabilidad. Es un hombre de mediana edad, alto, de espalda y brazos fuertes aunque algo rollizo, su cabello es rubio y en algunas partes comienza a ser blanco. Sin tomar en cuenta que tanto el panadero como su familia viven en la ciudad y por lo tanto no conocen las miserias ni el hambre, puede ver en sus ojos claros la satisfacción y sobretodo la felicidad con la vida. No conoce a nadie en el distrito 12 tan feliz y de acuerdo con lo que le toca vivir como ese hombre aun cuando, en opinión de Katniss, tenía a la peor esposa de todo Panem. ¿Cómo lo hacía?

_ ¿Entonces no podemos comprarlas? ¿Todas son para el alcalde? _ pregunta Prim con voz frustrada dejando caer los brazos a los costados. El hombre afirma reprimiendo una sonrisa _ ¿Son las únicas que tiene?

_ Están esas _ responde señalando con la cabeza hacia la mesa que asoma por la entrada del cuarto donde ella supone se encuentran los hornos, detrás del mostrador _ No todas están listas pero si sólo deseas unas cuantas…

_ ¿Las está poniendo bonitas justo ahora?_ la voz anhelante de Prim es auténtica y espontánea, no había persona que al conocerla no sintiera un aprecio instantáneo por ella.

_ ¿Yo? _ interroga el hombre, caminando hacia la mesa, sonriendo ampliamente haciendo que muchas arruguitas rodeen sus ojos_ Eso lo hace mi hijo.

_ Igual que los pasteles _ agrega Katniss inmediatamente _ Había olvidado decírtelo. Siempre son tan perfectos…

_ ¿Escuchaste? _ pregunta el panadero colocándose las manoplas para tomar cosas calientes _ No sólo yo pienso eso.

Katniss desprende la vista de las flores oscuras percatándose de que el panadero no hablaba con ellas, sino con el muchacho rubio que coloca una bandeja en el mostrador. Repentinamente tiene ganas de salir de la tienda al comprobar que se trata del hijo menor.

_ ¡Wow! _ exclama Prim con entusiasmo acercándose a echar un vistazo al contenido de la bandeja: galletas con mermelada en el centro y finos ornamentos glaseados en el contorno _ ¿De verdad tú haces todo eso? _ el chico afirma _ ¡Es tan bonito...! Y no sólo eso, como si detrás de cada detalle de azúcar hubiera algo más, tal vez la felicidad escondida, o una sonrisa… Tal vez la esperanza y la confirmación de que hay muchas cosas buenas y bellas en la vida aunque no lo veamos a simple vista. ¿No crees, Katniss?

Ella parpadea perpleja. Casi nunca tiene la oportunidad de darse cuenta que su hermana está creciendo y ya no es una niñita llorona, siempre teme que alguien pueda hacerle daño y no es consciente de que puede cuidarse perfectamente, tal vez no es arriesgada, calculadora y fuerte como ella pero tiene fortaleza, sensibilidad, sensatez y carisma, las mejores cualidades no en los Juegos ni en el bosque, pero sí en la vida real.

_ Sí, creo que tienes razón.

_ En el Capitolio deben tener cosas mejores _ suelta de pronto Peeta encogiéndose de hombros.

Aunque no lo quiere se siente herida por sus palabras, por la insinuación de que ella no es más que un capitolino, exactamente como Gale la hace sentir últimamente. Se muerde la lengua para no decir nada porque seguramente él no hace más que devolverle la agresión y la dureza con la que ella lo había tratado la última vez.

_ Quizá sí, no me he fijado _ responde sin darle importancia aunque sabe que es mentira, en el Capitolio nada puede contener la cantidad de significados que presentan las galletas en esa panadería, además de lo que Prim había dicho.

Mientras el viejo panadero se retira a sacar pan del horno ellas toman algunas galletas y otro tanto para llevar a los Hawthorne, en otro momento hubieran comprado para Haymitch, sin embargo, Katniss resopla molesta cuando Prim lo sugiere y desiste. Su hermana toma una barra de pan colocándola en la charola con el resto de lo escogido, mientras el muchacho acomoda todo en una bolsa, Katniss toma otra barra y la coloca junto a la anterior. Repentinamente vuelve a tener 11 años y se siente indefensa y desolada, necesitada de consuelo y esperanza. Desea con todas sus fuerzas volver a tener ésta última y acepta en silencio que esa es la razón por la que cada vez que asiste a la panadería compra un par de hogazas aun cuando una es suficiente. Como si de esa manera pudiera hacerla parte nuevamente de su vida. Esperanza.

Peeta mira las dos barras cambiando la expresión de su rostro y ella siente que debe decir algo, que ese "Gracias" está en la punta de su lengua, que es la oportunidad que nunca hubo y nunca volverá a haber, que aunque lo ha llamado "Idiota" días atrás tragarse su orgullo está bien y este momento parece tan fácil… Pero no lo hace, aprieta los labios y los puños conteniendo el impulso de huir como siempre hacía cuando Prim y su madre debían enfrentarse a terribles heridos en la mesa de la cocina de su casa. Peeta continúa estático, quizá el también rememorara algo al mirar las hogazas de pan y tener a Katniss enfrente, no levanta la vista aunque ella tampoco quiere que lo haga, no puede enfrentarse en ese momento con sus ojos. Él hace ademán de querer decir algo.

La campanilla de la puerta suena rompiendo el momento; un muchacho alto, quizá de 1.90, pelo castaño y alborotado pasa por su lado, lleva al hombro un bulto de harina, murmura "Buenas tardes", se da maña para golpear con la mano a Peeta en la nuca y desaparece rumbo a los hornos. Al instante Peeta se sonroja.

Katniss no tiene idea de cómo se llama el hijo de en medio del panadero, el que acababa de entrar, descubriendo que también ignora el nombre del hijo mayor, quizá sabía el nombre de Peeta porque siempre habían sido compañeros de clases en el colegio aunque nunca habían hablado, o quizá porque desde el incidente del pan a los 11 le siguió la pista.

_ ¿Algo más? _ pregunta el chico entregándole a Prim lo comprado _ Porque aquí no vendemos alcohol_ continúa, mirando a Katniss directamente a los ojos.

¡¿Quién demonios se creía este chico para cuestionarla de esa forma?! La frase la descoloca un segundo, ¿dónde había quedado el momento en el que se sentía impulsada a darle las gracias? El anhelo de sentir esperanza desaparece en un instante y vuelve a creer que todos en el distrito se creen con la autoridad de juzgarla no solo a ella, sino también a los demás, que nadie es capaz de ayudar a nadie. Lo del pan hacía 6 años quizá había sido… había sido…

_ No hay problema_ responde ella conteniendo su molestia, dándole a Peeta el dinero de la compra con brusquedad _Le eché un ojo al pan envinado pero será en otra ocasión.

Con la vista en el mostrador él coloca el dinero en la caja haciendo tintinear las monedas al chocar unas con otras, con una sonrisa de lado dibujada en el rostro y ella puede jurar que sus ojos azules brillan, divertido. ¿No era un reproche entonces? Aprieta los dientes dándole la espalda, caminando detrás de Prim para salir.

_ Sé que los sinsajos no necesitan nada más que sus alas para sobrevivir _ dice Peeta cuando están a punto de cruzar la puerta.

Gira para mirarlo y lo que encuentra es el azul profundo de su mirada sin rastro de burla, ni orgullo, ni suficiencia, en cambio en sus ojos hay seguridad y aunque le cuesta creerlo también admiración. Como si él supiera, quizá igual que Prim o Gale, que si había estado un poco inconsciente en el Capitolio era por una razón de mucha fuerza, y al mismo tiempo, la alusión al sinsajo es como si hablara de la Katniss de antes… Antes, cuando era libre, no necesitaba nada más y ella podía darlo todo, en cambio ahora Snow había encontrado la forma de atarle las alas y dejar que las llamas de la chica consumieran lenta y dolorosamente sus plumas.

_ Creo que después de todo no eres tan idiota como creía_ agrega ella.

Antes de cerrar la puerta y enfrentarse a la humedad de la época característica del distrito, escucha la suave risa de Peeta Mellark, el chico del pan.