Konichi wa, Minna san!!! Tiempo sin vernos, ¿no? Aunque no fue tanto, sólo dos días, jejeje. Lo que pasa es que estoy en exámenes y bueno, tengo que aprovechar el tiempo. Pero como ya me sé el tema de mañana, creo que puedo adelantarles la historia.

Muchas gracias a todos los que me han escrito reviews!!! Me hacen saltar de alegría!!!!

Sin más que agregar, el capítulo.

-

Ambos sabían que no era bien visto lo que estaban haciendo, pero las ganas pudieron más que ellos. Cuando le habían dado aquel broche a Haruhi, no pensaron que iba a ser necesario poner a funcionar tan pronto su cámara oculta. Cualquiera pensaría que era algo pervertido, que pudieran observar a Haruhi sin que ella lo notara. Pero era algo estrictamente necesario para mantenerla asegurada. O al menos así lo percibían ellos. La verdad, no tenían intenciones de usarla sino de vez en cuando. Pero la ocasión ya, a su parecer, lo ameritaba.

Era exactamente lo que pasaba por sus jóvenes mentes. Los gemelos tenían una vista perfecta de todo lo que había alrededor. Era gratificante saber que un invento de su padre les podía servir tanto. Aunque la cámara estuviera en el cabello de Haruhi, podían ubicarla de tal manera que ella también quedaba a la vista. Y claro, podían ver, de ahora en adelante, todo lo que pudiera pasar entre ella y Kyoya sempai.

- ¡Se ve hermosa!-. Exclamó Hikaru desde su cómodo asiento de espectador, en su cama.- ¡Qué envidia! ¿Por qué no podemos vestirla así todos los días?-.

- No es justo. Kyoya sempai la tiene ahí para él solo.- Agregó Kaoru.-

Se sentían privilegiados de poder ver a Haruhi en tales prendas, pero a la vez tenían una envidia por el Host que realmente estaba con la chica en presencia. Era tal su desespero que, de no ser porque quedarían descubiertos si lo hicieran, se aparecerían en ese mismo momento en casa de su sempai.

- Hikaru, ¿es correcto lo que estamos haciendo?-. Preguntó, con algo de remordimiento, Kaoru.- Le estamos invadiendo su privacidad. Si se entera, Haruhi se va a enojar con nosotros.-

- Daijobu, daijobu.- Dijo Hikaru de manera tranquilizadora.- No te preocupes por eso. Sólo estamos velando por ella, no la estamos espiando de manera acosadora, ¿verdad?-.

- Demo.-

- No está mal, Kaoru. No te preocupes. Lo que queremos es cuidarla.-

Kaoru le sonrió a su hermano. Era verdad que proteger a Haruhi era lo que anhelaban, pero si ella nunca se dejaba proteger, había que tomar cartas en el asunto. No era como si la estuvieran pervirtiendo ni nada por el estilo. Sólo estaban observando.

- Tienes razón.- Terminó diciendo a su gemelo.-

- ¿Ves?-.

Haruhi se sorprendió de lo ancha que era la mesa. Había, aproximadamente, siete sillas, pero sólo iban a estar Kyoya y ella. Se iba a sentir el eco de sus voces en aquel comedor gigante. Se había sentado frente a Kyoya, y ahora comían en silencio. Ciertamente, una de las pocas cosas que adoraba cuando estaba cerca del Host Club, era que de vez en cuando podía probar cosas impresionantemente deliciosas. Con cada bocado que se llevaba a la boca, sentía que su paladar llegaba hasta el firmamento y se iba al paraíso. Tenía que hacer esfuerzo para no demostrarlo demasiado frente a su compañero. Verdaderamente, jamás habría estado sentada en esa mesa si no hubiese conocido nunca al Host Club.

Es increíble. Ni siquiera estoy a la altura de una silla. Ricos bastardos.

Otra vez le había salido la misma pregunta. Si no hubiese conocido al Host Club. Muchas veces se ponía a pensar en eso, pero siempre había algo que la interrumpía. Pero sentía ganas de ponerse a reflexionar acerca de eso. Conocer a esas seis personas había sido un enorme impacto en su vida, y no fue hasta hace poco que se había puesto a pensarlo. ¿Cuánto tiempo llevaba ya como Host? Ya ni siquiera lo recordaba. Se había vuelto una costumbre tan normal, el ir a la tercera sala de música, encontrarse con un King totalmente deseoso de verla, llevándole anécdotas infantiles del mundo de los plebeyos; a un adorable niño (aunque no fuera un niño) que le abrazaba cariñosamente todos los días y le invitaba a sentarse con él; al alto cuidador, guardián y fetichista de cosas pequeñas (según los gemelos) que siempre los cuidaba; los pelirrojos hiperactivos y maliciosos que no paran nunca de buscar cualquier excusa para estar molestándola o, simplemente, estar a su lado; y claro está, el oscuro rey de las sombras con el que casi nunca había tenido motivos para conversar, ahora lo tenía en frente, cenando junto a ella. ¿No era acaso esa una buena razón para charlar?

- Kyoya sempai…-. Iba a decirle algo, cualquier cosa, pero, sorprendentemente, se vio interrumpida.-

- Haruhi.- La llamó.- ¿Tienes idea de quién será el próximo que tendrá que hospedarte?-. Preguntó.-

- Esto, aún no sé, supongo que mañana volveré a sacar otro papelito.- Contestó ella, dubitativamente.- Lo haré en el salón, mañana.-

- Sinceramente, me molesta haber sido el primero en salir.-

La naturalidad con la que dijo ese comentario le pareció cortante a Haruhi.

- Lo lamento por ti, sempai. Yo no quería participar en ese juego. Ustedes fueron los que me obligaron.-

Kyoya arqueó una ceja.

- ¿Nosotros? ¿No te referirás a los gemelos y a Ranka san?-.

- Bueno…-.

Sintió como si le hubiesen echado un balde con agua helada.

- Sí, tienes razón. Pero, si lo hubieses querido así, podrías haberte salido del juego, sempai.-

- Estás en lo cierto. Pude haberme salido si quisiera. Pero Ranka san estaba presente.-

- ¿Y?-.

- Que, frente a él, me conviene tratarte como si fueras una princesa. Uno de los beneficios que saco de eso, es que puedo contar con fuentes de chantaje muy productivas por parte de Ranka san para usar en tu contra.- Dijo él mirándola de frente con simpleza.-

- So…Sok…ka-. Dijo como pudo.-

De verdad es un tirano.

No había mucho caso el hablar de eso con Kyoya, pero había algo que Haruhi no podía entender. Se llevó otro pedazo de su comida a la boca, y la masticó con lentitud. Vio que Kyoya estaba haciendo lo mismo.

- Aún así, hay algo que pudiste haber hecho, si este era el caso.- Empezó a decir ella.-

El muchacho la miró atentamente, esperando su argumento.

- Si no querías tener que darme hospedaje, lo más factible que podías hacer para no tener que lidiar conmigo, y tampoco quedar mal con mi padre, era simplemente pedirle a otro del club que cuidara de mí y que guardara el secreto, mientras tú no tenías que molestarte para nada.-

Cuando expuso su opinión, Kyoya rió ligeramente por lo bajo. Ella lo miró sin comprender. No se creía del todo que una mente tan activa y sagaz como la de Kyoya sempai, no fuera lo suficientemente creativa como para ocurrírsele algo tan sencillo como eso.

- Es un punto de vista interesante.- Dijo, se había acostumbrado, cuando hablaban, a que le dijera esa frase.- Cierto es que pude haber hecho eso, y no habría motivos para tenerte aquí.-

- ¿Entonces por qué no lo has hecho? No era tan complicado.-

De repente, vio que Kyoya se paraba tranquilamente de la mesa. Ella se quedó algo desorientada y sin entender lo que él iba a hacer. Fue como ver en cámara lenta que su sempai se iba acercando hasta su asiento y se agachaba hasta quedar a su altura, muy cerca de su cara. Sus respiraciones se sentían muy unidas, como si fueran una sola, al unísono. Los ojos de Haruhi quedaron contemplando los de Kyoya, y trataba de mantenerse normal. Aún así, ese comportamiento le resultó extraño.

- ¿Ocurre algo, Kyoya sempai?-. Preguntó inocentemente.-

- Perfectamente pude haber hecho lo que dices, pero, ¿no crees que yo ya lo habría pensado?-.

- Desde luego. Sólo quería comprobar porqué no lo has hecho.-

- Claramente, si no lo he hecho, es porque quería que estuvieras aquí.-

Bruscamente, Haruhi fue levantada de su silla por Kyoya, y quedaron aún más cerca que hacía unos segundos. Haruhi no pudo evitar que los nervios empezaran a aflorar. Se sentía muy parecido a lo que había ocurrido cuando habían ido a la playa, hace un tiempo. Ella había terminado debajo de él, preguntándole qué mérito habría en acostarse con ella. Ahora, se estaba preguntando exactamente lo mismo.

- ¿Kyoya sempai?-. Dijo lo más normal posible.-

- ¿Esto no se te hace familiar?-. Preguntó.-

- Has dicho hace poco que no te gustaba ser el primero.- Alegó, tratando de hacer distancia con la cara de Kyoya.-

- El primero nunca puede tener todo lo que quiere. Desde el tercero hasta el último, es que verdaderamente se podría disfrutar de tu compañía.-

- ¿Eh?-.

Fue dando pasos hacia atrás, intentando salir del camino de Kyoya, pero se encontró con una pared que le obstaculizó la salida. Inmediatamente, los brazos de su sempai le bloquearon toda oportunidad de escapar de aquel rincón en la pared.

-

- ¿¡Qué diablos está haciendo!?-. Gritó Hikaru, poniéndose de pie violentamente.-

- ¡Hikaru! No eleves la voz.-

- ¡Kaoru! ¡¿No ves lo que Kyoya sempai está haciendo?!-.

- ¡Mamá te puede escuchar, y nos puede descubrir!-. Dijo, tratando de calmar a su hermano.-

Los dos habían seguido cada tramo de la conversación, y con cada palabra que articulaba el rey demonio de sangre fría, los dos sentían la suya arder. Ahora contemplaban, impotentes, como él tenía a Haruhi acorralada. Era increíble que los ojos de ésta, aún en esa situación, se mostraran tan apacibles.

- ¿¡Qué podemos hacer!?-. Preguntó Kaoru.-

- ¡No sé! ¡Pero hay que hacer algo!-.

Los gemelos no sabían si salir corriendo hacia la casa de Kyoya, los dejaría al descubierto, y tampoco sabían qué mentira inventar para salir a esa hora sin que sus padres sospecharan.

- ¡Ya sé! ¡El teléfono!-. Dijo Kaoru.- ¡Lo llamaré a su teléfono! ¡Tiene que contestar y eso lo distraerá!-.

- ¡Hazlo rápido!-.

Kaoru tomó su móvil aceleradamente, su corazón latía a mil por hora del nerviosismo. Las primeras dos veces se equivocó de número, pues no lo tenía en la memoria y debía marcarlo él mismo.

- ¡No recuerdo el número, Hikaru!-.

Hikaru le arrebató el móvil de las manos y lo marcó a toda prisa, se puso el teléfono en la oreja, esperando. Cada timbre le parecía eterno, ¿cuándo demonios iba a contestar? Kaoru se mantenía pendiente en la pantalla, conteniendo las ganas de meterse al televisor para parar aquella escena. Si las cosas seguían yendo con tal lentitud, y ellos con su exasperación, iban a terminar sin uñas.

-

El móvil de Kyoya sonó desde la mesa. Un timbrazo, dos timbrazos, tres timbrazos…no se separó de Haruhi.

- Kyoya sempai, deberías contestar.- Dijo con suavidad, Haruhi.-

- Que se esperen.- Le cortó él.-

- De verdad creo que deberías contestar.- Insistió ella con la mirada clavada en él.-

- ¿Por qué habría de hacerlo?-. Quiso saber él, colocando sus rostros a la distancia de un milímetro.-

Haruhi volvió la cabeza a otro lado, esquivando el contacto que pudiera suceder.

- Porque hay muy buenos méritos en contestar esa llamada.- Dijo con voz glacial.-

- ¿De qué méritos me hablas?-.

- De los méritos de mantenerte como alguien respetable en mi criterio, antes de que cambie de opinión.-

Al oír esa respuesta, Kyoya quedó anonadado (aunque no lo hizo notar). Se separó de Haruhi y fue a coger el móvil en la mesa. La imagen en la pantalla era de los gemelos. Un bufido se le escapó pesadamente de la garganta. ¿Qué querían esos dos a esta hora? Vio el número. Era el de Kaoru.

Volteó a ver a Haruhi antes de contestar. Ella había colocado una mano en su pecho y con la otra tocaba sus labios, como si no pudiera creer que aún seguían puros esa noche.

- ¿Qué quieren?-. Preguntó mientras contestaba la llamada.-

- ¡Kyoya sempai!-. Gritó Hikaru desde la otra línea.-

En condiciones normales, el saludo habría sido propio de Hikaru, pero esa voz sonaba furiosa, como si fuese capaz de ahorcarlo por el teléfono. Kyoya hizo una mueca de sospecha.

- ¿Qué ocurre, Kaoru?-. Preguntó-.

- ¡Es hikaru, sempai!-. Respondió Hikaru, aún furioso y lleno de ira.-

- ¿Por qué estás llamando por el móvil de Kaoru?-.

- ¡Kuso! ¿Qué importa eso ahora? ¿¡Qué diablos estás haciendo con…!?-. La voz se cortó.-

- ¿Hikaru?-.

-

- ¡Baka! No digas nada de eso o sabrán que estuvimos viendo todo.- Le susurró Kaoru con molestia mientras le tapaba la boca.-

Le arrancó el móvil y decidió hablar él.

- Gomen por llamar tan tarde, Kyoya sempai.- Dijo lo más sereno que pudo, aunque estuviera igual de furioso que Hikaru.- Pero Kaoru y yo queríamos asegurarnos que estabas cuidando apropiadamente de nuestro juguete.- Intentó reír, pero no le salió bien.-

- ¿Estás bien, Hikaru?-. Preguntó.-

- Sí. No hay problema. ¿Cómo van las cosas por allá?-.

- Te agradecería que no llamaras a estas horas. Deberías saber que no voy a hacerle nada a Haruhi. Puedes estar tranquilo. No comiences a actuar igual que Tamaki.-

"Puedes estar tranquilo" ¡Sí, como no! Pensó Kaoru.

- Jejeje. Ya sabes que no fue nuestra intención molestar. ¡Dile a Haruhi que ojalá sea nuestro turno mañana!-.

- Buenas noches, Hikaru.-

- Y otra cosa, Kyoya sempai.- Su voz cambió radicalmente.- No hagas nada impropio mientras estés con ella.-

Y luego colgó.

Kaoru suspiró. Por suerte, le había creído que era Hikaru. No pudo evitar que las últimas palabras que pronunció se callaran. Habían escapado de su boca por sí mismas. Por un momento, estuvo convencido de que su voz, normalmente más suave que la de su gemelo, había sonado increíblemente parecida a la de él. Vio a Hikaru, aún conmocionado por cómo Kaoru le había quitado el móvil. Ambos dirigieron sus miradas a la pantalla de la cámara.

En la imagen, Haruhi hacía una reverencia por respeto, y luego se retiraba, prácticamente corriendo, de la habitación. No alcanzaron a ver si kyoya la había seguido.

- Ah, yokata.- Suspiró Kaoru.- No actúes tan imprudentemente la próxima vez, Hikaru.- Le regañó.-

- Gomen. No sé qué pasó. Pudieron descubrirnos. ¡Es que aún no puedo creer que Kyoya sempai se atreviera a hacer tal cosa! ¡Si hubiera estado ahí, no habría dudado en darle un buen puñetazo!-.

- Me pregunto cómo se encontrará Haruhi.- Dijo, bajando la mirada.-

- La tenemos en la pantalla, podemos ver.-

- Sí, pero sabes que ella no muestra mucho al exterior cómo es lo que realmente siente. Aunque ahí se vea normal, podría estar mal internamente.-

Hikaru concordó con su gemelo. Vio que Haruhi cerró la puerta del cuarto atrás de sí, y se tiró de lleno en la cama, con la ropa y todo. Cómo le gustaría estar con ella ya mismo y poder confortarla.

-

¿Por qué ha hecho eso?

Sólo esa pregunta rondaba por su cabeza. Miraba al techo, como pidiéndole que le diera una explicación detallada de porqué Kyoya había actuado así. Aún sentía los nervios del arrinconamiento que le había hecho tan descaradamente. Él no era así. ¿Acaso lo había hecho apropósito? No lo creía. Esta vez no había ninguna lección que ameritara que Kyoya tomara el papel de villano. Se colocó las manos en los ojos, cubriéndoselos.

De pronto, escuchó unos ligeros golpes en la puerta del cuarto. No hacía falta ni preguntar de quién se trataba. Escuchaba la voz de Kyoya llamando su nombre, sin ninguna prisa ni ansiedad. Sólo la llamaba, como todos los días en el Host Club.

Las manos de sus ojos pasaron a colocarse en sus oídos. No tenía intención de abrirle ahora. Se quedaría ahí hasta que él cesara con sus ilógicos intentos de hacerla abrir la puerta. Se alegró mentalmente de haber cerrado con seguro.

Se paró de la cama, dio uno o dos paseos cortos alrededor de la habitación, para poder calmarse. La cabeza le daba vueltas, como si estuviera mareada. No era para menos, acababa de comer, que era un momento que ella disfrutaba mucho. Un disgusto después de un gusto nunca cae bien. Se sostuvo la cabeza durante unos segundos, meditando lo que había ocurrido. Aún tenía la sensación de respirar el aliento cercano de su sempai. Podía sentir su presencia tan cerca, aunque la puerta los separara. Sintió algo de temor y vergüenza por estar allí, con un contacto tan indirecto y a la vez directo con Kyoya. Le hacía creer que tenía algo con él. Los golpes de la puerta no cesaron hasta luego de unos minutos. Escuchó los pasos de Kyoya alejarse con lentitud y calma. No sabía cómo él podía mantenerse tan tranquilo después de esa experiencia. Y lo peor era que aquel momento no había durado ni diez minutos. Pero para ella, habían pasado siglos en cada segundo. No quería salir del cuarto. Se quedaría una semana entera si era necesario.

Se miró en el espejo frente a ella. Lo tenía al lado de la cama, y era de cuerpo entero. Serviría mucho para vestirse al día siguiente. Luego fue que recordó. Tenía que ir al instituto al día siguiente, y no podía salir de allí si no era con el "Obochama". Maldijo mentalmente el verse reducida a no poder salir de una mansión sola.

No pensaré más en eso. Tengo sueño, y mañana hay clases. Debo dormirme ya.

Se llevó las manos a los tirantes del vestido. El modo de sacarlo le resultó difícil. Lo que quería era zafarse de eso ya. Por fin pudo con la trampa mortal en la que todas las chicas caen al colocarse un vestido de gala, y éste cayó hasta dejarla sólo con su ropa interior. Sintió como si un peso le hubiese sido extraído de su cuerpo. Se quitó el broche de su cabello y lo colocó en la mesita de noche frente a ella.

-

- Hikaru.- Lo llamó Kaoru.- Hikaru…-.

Hikaru no parecía querer escucharlo.

- ¡Hikaru!-. Gritó con reproche.-

- ¿Nani?-. Preguntó él.-

- No debemos hacer esto.-

- Pero, Kaoru…-.

- Hikaru, ya cuidamos de que nada pasara, ya hicimos lo que teníamos y lo que queríamos hacer. Ya no hace falta más la cámara hasta mañana.-

Hikaru no se atrevió a contradecir a Kaoru con ese tono que había empleado.

En la pantalla, podían ver claramente la figura virgen de Haruhi. Y como la cámara estaba frente a ella, tenían un ángulo agradable. Hikaru envidió a su hermano por un momento, porque aunque Kaoru dijera eso, sabía que quería ver a Haruhi tanto como él, pero aún así tenía la fuerza de voluntad de respetar el espacio de ella.

- De acuerdo.- Dijo, desconectando la cámara.-

- Bien.-

La imagen de la pantalla se convirtió en negro. Los gemelos sintieron una gran decepción. Estaban haciendo lo correcto, pero se sentían pésimo por no poder aprovechar una oportunidad así.

- Rayos, Kaoru.- Dijo Hikaru, golpeándose la cabeza con una almohada.-

- Ya. No tiene importancia. Vamos a dormir.- Dijo, recostándose en la cama.- Y apaga la luz, por favor.-

- Kaoru, ¿de verdad crees que voy a poder dormir esta noche, sabiendo que Haruhi está como está del otro lado de esa pantalla?-. Preguntó señalando al televisor.-

- No. Pero no te sientas mal. Yo tampoco podré dormir esta noche.-

-

Haruhi se colocó su pijama y se dispuso a acostarse y dormir. Aún le dolía la cabeza, pero no tenía las agallas de salir para pedir una pastilla para el dolor. Sabía que era algo totalmente mental, que pasaría pronto.

Creyó que podría descansar en paz, cuando la puerta del cuarto se abrió de repente, dejando ver la figura de Kyoya en la puerta. Ella se tapó como pudo con las sábanas, pues su ropa para dormir dejaba ver mucho.

- Tengo llaves de cada cuarto en esta casa. ¿No se te había ocurrido?-.

Su corazón empezó a latirle con furia. ¿Qué iba a pasar ahora?

- Kyoya sempai, ¿qué…?-.

Él le interrumpió.

- Sólo quería decirte que tengo un mal despertar. Mañana levántate a tu hora normal, pero no salgas hasta que yo llegue, me tomo mi tiempo. Nos iremos juntos al instituto. Sólo era para que estuvieras advertida.- Dijo él.-

Haruhi no supo qué contestar.

- Oyasumi.- Terminó él.- Nos vemos mañana.-

Y cerró la puerta tras de sí.

Haruhi se volvió a recostar, tratando de olvidar que eso acababa de pasar. Y fue cuando lo supo.

Ella tampoco podría dormir esa noche.

CONTINUARÁ…