-IV-
Dolorosamente Alfred tenía que admitir que Francis sabía viajar con estilo y que tener dinero te facilitaba la entrada y salida de cualquier lugar. Recordaba vagamente haber pasado horas sentado en la aduana cuando niño mientras su familia estaba de viaje a los Diamantes, entre revisar equipaje, papeleos y otras cosas igual de tediosas. Pero obviamente alguien que era hijo de uno de los hombres más ricos del mundo (y tal vez era el que poseía la mayor fortuna) no tenía esa clase de problemas porque así como pisaron la aduana así salieron, incluyendo los otros juguetes que Francis tenia y si no hubiese estado tan enfurruñado posiblemente hasta lo hubiese disfrutado; era como estar en una película de acción.
En vez de eso, y una vez que bajaron del avión para acomodarse en una camioneta que parecía blindada, se tomó su tiempo para estudiar a sus compañeros de viaje. A pesar que a algunos (dígase Francis y Matthew) ya los conocía bien. Matthew era su hermano menor y gemelo, obviamente a él lo conocía de toda su vida y a pesar de eso el chico solía sorprenderlo cuando menos se lo esperaba, como ahora que parecía muy cómodo sentado junto a Francis, ambos hablando muy animadamente.
No entendía como dos personas totalmente opuestas se llevaban tan bien; siendo que Francis hablaba hasta por los codos con florituras y todo, además que atraía instintivamente la atención de todos como si fuese un diamante brillando al sol haciéndole justicia al nombre de su país de origen. Mientras que Matthew era tímido, costándole horrores iniciar o seguir la conversación con algún desconocido y por lo general la gente lo pasaba de largo sin notarlo, incluso él que era su hermano lo había hecho una o dos veces.
Supuso que fue cosa del azar, destino según Francis, que ambos coincidiesen en uno de los pasillos de la Universidad Nacional de Picas, que era famosa por sus largos e intrincados pasillos. Francis como el alumno nuevo de intercambio que era sucumbió ante los pasillos, vueltas, escaleras y callejones sin salida. Según el, estuvo a punto de darse por vencido y llamar a alguno de sus guardaespaldas cuando se topó con Matthew (su ángel mandado del cielo como solía llamarlo después de eso). Desde entonces Francis se le había pegado a su hermano de tal modo que le era imposible saber quién era la sombra de quien.
A Gilbert y Antonio los había visto una o dos veces rondando los campus correspondientes a Artes y Economía, hablo con ellos solo hasta que Francis los presento formalmente. De lo poco que puso atención sobre ellos fue que los tres se conocían desde niños y siempre estaban metidos en problemas gracias a su gran curiosidad.
Antonio era el hijo de un importante General del Ejército de Corazones y una hermosa cantante de ópera proveniente de los Diamantes. Este solía bromear sobre lo afortunados que eran él y su hermano mayor de parecerse a su madre, en general era un chico agradable aunque un poco despistado.
Mientras que Gilbert descendía de una larga línea de políticos y militares de los Corazones, tenía un medio hermano menor y muchos, muchos primos con los que competir para asegurarse un lugar tanto en su familia como en la estricta esfera social de su país. Parecía que no se tomaba nada en serio, pero tenía una mente muy afilada.
Los tres podrían pasar por individuos funcionales si no estuviesen obsesionados con la Reina de Picas se dijo Alfred cuando la camioneta paro en su último destino.
-Hemos llegado -anuncio Francis sonriéndoles.
Antonio y Gilbert se estiraron en sus asientos para espabilarse un poco mientras Alfred se acomodaba la camisa que corría traviesa hacia arriba.
-¿Y adonde se supone que íbamos?
-Oh bueno, no irán a creer que voy a andar por ahí con un féretro legendario ¿Verdad?
-Yo pensaba que lo llevarías a tu casa -dijo Antonio confundido, aunque casa era una palabra pequeña para el lugar en donde vivía Francis.
-Me encantaría, pero una de las condiciones para dejarnos explorar Tierra Muerta y sacar material en caso de encontrarlo era traerlo aquí- con un ademan pomposo abrió la puerta de la camioneta dejando que la luz del sol les golpeara la cara de lleno, a criterio de Alfred se estaba ganando una golpiza.
-E-esto… estamos en la Universidad -murmuro Matthew sorprendido al verse en la entrada de dicha institución.
-No me digas que el Rector está metido en esto…-Alfred que consideraba al Rector como un hombre de ciencia se negaba a creer que estuviese involucrado, pero en vista de su suerte las posibilidades eran altas.
-Fue él quien me presto a los chicos que nos acompañaron ¡Estaba muy emocionado con esta idea! Tanto así que también nos prestó el equipo para analizar o cotejar todo lo que nos encontramos con los archivos de biblioteca y algunos pergaminos que no están a la mano de cualquiera ¡Tendremos la oportunidad de ubicar temporalmente todo!
Alfred se sintió traicionado, él había estado intentando que el Rector le diese un espacio para instalar un observatorio, pequeño y muy básico, para que los alumnos de Astronomía y carreras afines hicieran prácticas sencillas y no tuviesen que viajar hasta cuatro horas para llegar al observatorio nacional. Pero el hombre lo había evadido haciendo alusión a las prioridades de la Universidad.
Una vez que piso tierra decidió que era hora de alejarse de la locura y regresar a su muy mullida cama, esperaba que Francis no hiciese ningún movimiento sucio con su hermano o que Matthew no cediera a nada.
-¿A dónde vas Alfred? -el chico ya había echado andar cuando Francis lo llamo.
-A mi departamento, a dormir hasta que el mundo recupere su cordura- soltó ácidamente.
-Oh no, no, no… me niego a eso ¡Debes estar cuando abramos el féretro! -paso amistosamente uno de sus brazos por sobre sus hombros, ignorando a propósito el aura malhumorada que este despedía –vamos Al, ya has llegado hasta aquí con nosotros ¿No tienes curiosidad por saber que hay ahí adentro?
Alfred se mordió internamente el labio para evitar que la respuesta se le escapase ¿Sentir curiosidad? ¡Claro que la sentía! Él era curioso por naturaleza, lo mataban los misterios, lo llamaba la ciencia ¡Quería descubrirlo todo! En especial aquellos secretos que guardaba el manto estelar que cubría sus cabezas.
-Solo por curiosidad científica y si me compras el almuerzo.
Francis soltó una risa.
X X X X
Llamaron a la puerta media hora después que el féretro llego al lugar donde iba ser guardado, se habían dado cuenta que este tenía una cerradura bastante peculiar con un símbolo en el cetro.
-¿Sera importante? -pregunto Antonio.
-¿Lo reconoces Matt?
El chico negó levemente con el ceño fruncido –Se parece al símbolo de las Picas… pero es más intrincado en el centro, nunca había visto algo así.
-Entonces creo que yo tengo la solución- anuncio Gilbert antes de hacer, según él, la llamada más importante del año.
Gilbert se le echo encima justo cuando Feliciano entro en la habitación.
-Lamento la tardanza-medio hablo el chico en el abrazo asfixiante -di una vuelta a la derecha en el último pa… ¡Oh!
Al parecer se había dado cuenta de lo que había más allá del hombro de Gilbert.
-¿E-es…? ¿E-ese es?
Francis, que estaba cerca del féretro asintió.
-¡Por la Reina de Corazones! -exclamo antes de acercarse rápidamente.
Todos, menos Alfred, estaban complacidos con las reacciones que despertaba el féretro.
-Es… es… -Feliciano le pasaba las manos suavemente por los contornos de las rosas talladas -No es de cristal, pero es hermoso…
-Feli la razón por la que te llame es esta -Gilbert empujo suavemente al chico hasta quedar frente a la cerradura -Si no mal recuerdo tú me mostraste uno parecido una vez ¿No es así?
Feliciano parpadeo un par de veces antes que su rostro se iluminara.
-Si, si, lo recuerdo... -saco de su mochila un viejo libro grueso- Ah… déjame ver…
Mientras Feliciano buscaba con Antonio y Matthew a sus espaldas, el último miraba maravillado el libro lleno de símbolos, Francis le hizo un puchero a Gilbert.
-Lo siento Fran, pero tenía que asegurarme que era el mismo.
-¿Y sabes lo que significa?
-La verdad no lo recuerdo… es algo… algo…
-¡Aquí!- grito Feliciano casi golpeando la cabeza de los otros dos con la propia.
Tanto Gilbert como Francis se acercaron para mirar por sobre los hombros de Antonio y Matthew, mientras que Alfred se coló frente a ellos.
-Este es el símbolo de los Jokers -explico Feliciano con una sonrisa.
-¿Estás seguro, Feli? ¿No es otra forma de señalar a las Picas?
-Es fácil confundirse por esto -Feliciano marco con su dedo el borde del símbolo en su libro- pero si te das cuenta en la parte superior de esta se encuentra un diamante -señalo la parte dicha- abajo esta un corazón y dentro de este un trébol. Las leyendas dicen que los Jokers eran espíritus que no habían encontrado descanso después de la muerte y se dedicaban a causar perjuicios, pero este libro -señalo dicho objeto con orgullo- menciona algo completamente diferente; ellos son los mensajeros que ayudaban a contactarse con el otro mundo, a llevarse las almas y convertirlas en estrellas ¿No creen que es romántico?
-¿Dice algo más sobre ellos?-pregunto Gilbert curioso.
-Es lo más que he podido traducir, los demás símbolos no los conozco ¿Tal vez Matthew podría ayudarnos?
Con un movimiento suave le paso el libro a Matt que lo tomo como si valiera miles.
-Oh… bueno -le dio una ojeada rápida -dice que estaban encargados de guardar las almas de los Reyes, Reinas y su corte. Y que ser uno de ellos es un gran honor que… lo siento, esto no lo entiendo.
Le regreso el libro a Feliciano cuando no pudo leer más allá de eso.
-Bueno, eso es un buen indicio -dijo Francis animadamente -¿Por qué no abrimos el féretro ahora?
Prometí que iban a abrir el féretro en este capitulo... pero no sera esta vez ¡Lo siento!
Para el otro si :3
