Mejores Amigos

By PeaceCtrl

Capítulo Cuatro: Matanza

Me revolví en mi cama, incómoda. Soñaba que estaba de misión, y que estaba empezando a llover. Sabía que era un sueño, pero era un sueño bonito. Estaba atravesando el país de la hierba. Cuando la incomodidad me hizo despertar, abrí los ojos, somnolienta. Sabía lo que probablemente estaba sucediendo.

-Por fin despiertas –escuché una voz grave-.

Su voz me hizo recordar todo el día anterior y lo que sabía estaba a punto de suceder. Abrí los ojos desmesuradamente y observé mi alrededor. Sasuke estaba envuelto en una toalla y entraba y salía del baño, mojándose las manos para salpicarme a la cara. Por supuesto… Todo sea con el sagrado fin de molestarme.

-Bastardo –mascullé, y él sólo sonrió arrogante-. ¿No podías despertarme como si fueses una persona menos anormal? -pregunté mientras me deshacía de las sábanas-.

-No es tan divertido –me contestó fríamente mientras buscaba su ropa, y se encerraba de nuevo en el baño-.

Me dieron unas ganas increíbles de echarme a reír. ¿Uchiha Sasuke hablando de diversión? ¡Por favor! Lo único que sabía hacer era entrenar. Ni siquiera gustaba de leer, exceptuando esos horribles pergaminos que nunca se le acababan, mayormente sobre kekkei genkais y técnicas de fuego. Me ahorré las burlas y suspiré, poniéndome de pie. Teníamos cosas más importantes de las que ocuparnos.

-¿Crees que debamos ir al desayuno? –pregunté en voz alta, buscando algo para ponerme, ciertamente, no estaba de humor como para ducharme. El reloj de pared daban las seis y media de la mañana; y ya lo había hecho la noche anterior-.

-Podríamos ir. Pero prepara algo para comer antes. No tendremos tiempo para probar bocado –me gritó desde dentro-.

Sonreí con sorna, mientras me cepillaba el cabello y me lo ataba en una coleta alta. No iba a dejar que Kabuto me lo cortase, ni iba a dejarlo en mi torpes manos de kunoichi, así que tuve que dejármelo largo. Me lo cortaría un poco cuando escapase de este estúpido lugar.

Ahora que lo pensaba, ¿cuándo había sido la última vez que me había puesto a pensar en mi imagen? Hacía mucho, me dije; a juzgar por el vestido negro holgado que estaba usando, que ya me quedaba algo corto, y las calzas negras desgastadas. Sin contar las botas negras, que irían a romperse en cualquier momento. Todo de negro… Sabía que Sasuke sería una mala influencia. Ya arreglaría eso cuando huyéramos.

En ese momento, Sasuke salió del baño, ya vestido pero con el cabello aún mojado. Se recostó cansinamente sobre la cama –uno de los pocos muebles que había en esa mísera habitación-, y se pasó una mano por el pelo en señal de nerviosismo.

-Escúchame. No voy a llevarme todos los bolsos a la batalla –afirmé, y él levantó una ceja-. Así que cuando terminemos, vendremos aquí a buscarlos. Nos reuniremos aquí, ¿entendido?

-Hn.

-De acuerdo –suspiré cansina mientras me colocaba el porta shuriken en la cadera-. ¿No sabes nada más respecto a sus planes? Preferiría que los separemos.

-Hn.

-¿Qué quieres para desayunar? –pregunté mientras revolvía el bolso con comida que había traído ayer-. Tengo cereales y un par de frutas.

-Hn.

Tomé dos cuencos y puse un par de cucharadas de leche en polvo. La odiaba con todo mi corazón, pero no teníamos muchas opciones. No podíamos pedirle una heladera al viejo, ¿entienden? Vertí agua fría junto con los cereales, puse una dentro cuchara y se lo di a Sasuke.

-Hn.

-De nada.

Como verán, el pobre hombre tenía problemas de habla. Creo que cuando duerme se le atrofia la lengua o algo por el estilo, porque no habla durante toda la mañana. Recién al mediodía, más o menos, dice "tengo hambre" o "aliméntame, mujer". Entonces yo lo golpeo y le digo que podría ser un poco más amable. Bueno, eso es lo que me gustaría hacer. Supongo que sólo me quejo un rato y luego le doy algo de comer.

Terminé de comer, y él, por supuesto, ya se había tragado todo. Lavé los dos cuencos en el baño y los metí en una de las mochilas. Me lavé los dientes y también puse el cepillo dentro. Estaba ordenando todo por si teníamos que escapar ante una emergencia. Él, bueno… Se dedicaba a mirar al techo. Como siempre, porque por supuesto, no iba a dignarse a preparar un solo bolso.

-Listo. Oye, si yo llego primero y tú te tardas más de quince minutos, voy a ir a buscarte –le avisé-.

Sonrió arrogante, y levantó una ceja.

-Vamos a ver quién llega primero entonces, Sakura.

Le saqué la lengua y caminé hacia fuera del pasillo. Me siguió y cerró la puerta, y luego comenzamos a caminar en completo silencio. Saqué mis guantes de cuero de mi bolsillo y me los puse, apretándolos con fuerza. Descubrí que mis pobres nudillos no estaban acostumbrados a mi fuerza, y me los rompía cada vez que daba un golpe.

Llegamos a la puerta del comedor y cada uno se puso a un lado. Tomé cuatro shurikens en una mano y se las mostré a Sasuke. El asintió e inspiró, cerrando los ojos en concentración. En una fracción de segundo, abrió la puerta de una patada y yo lanzé mis armas. Terminaron clavadas en la pared, dando una especie de aviso.

Ambos entramos a paso decidido y vimos a nuestros anfitriones observándonos, visiblemente sorprendidos, sentados en sus correspondientes sillas.

-¿Qué significa esto? –preguntó Orochimaru, frunciendo el ceño y poniéndose de pie. Kabuto lo imitó-.

-No tienes nada más que enseñarnos, Orochimaru –dijo Sasuke serio. Yo no podía parar de sonreír-. ¿Realmente creías que te daría mi cuerpo tan fácilmente?

-No te hagas el gracioso, pequeño y débil Uchiha –escupió el sannin-. ¡¿Quién te crees que eres?!

Sasuke dejó salir una serpiente por debajo de su manga y en un rápido arrebato, atravesó uno de sus brazos y lo apresó contra la pared del comedor. Yo saqué rápidamente siete kunais y me encargué de inmovilizar a Kabuto, clavando su ropa también en la pared. Bueno, creo que una le dio en el hombro… Mejor aún.

-Parece que no soy tan débil… Sino no habrías venido en mi busca –retorció la serpiente, provocándole más dolor-.

Me hubiese gustado en ese momento poder invocar serpientes. Recuerdo que él me lo había ofrecido, pero me dan tanto asco que preferí quedarme sin invocación.

-Sólo me deseas porque no pudiste con Itachi… -continuó él, yo llenaba mis puños de chakra-. Cambias de cuerpo, buscando la inmortalidad –vaya discurso-, ¿cuál es tu objetivo?

Orochimaru apretaba la mandíbula y en sus ojos nunca había visto tanto odio, tanta furia. Kabuto lo miraba preocupado, y entonces supe por qué. Su brazo estaba destruido, le hacía falta circulación, Orochimaru estaba más débil. Por eso querían realizar la transferencia en el día de hoy.

-Siempre fuiste un mediocre, oh gran genio de los sannin –se mofó Sasuke-. No eres nada comparado con el clan Uchiha. Estás acabado.

Fruncí el ceño y lo codeé. ¿Qué rayos? ¿Clan Uchiha? ¿¡Y yo!? ¿Me consideraba un cero a la izquierda? Maldito egocéntrico… Tendría que haber sabido que diría alguna idiotez. Él en cambio, sonrió arrogante.

-Y tú, estúpido Kabuto –no, no tienen la más mínima idea del tamaño de mi sonrisa-. Morirás junto con tu mediocre mentor.

Pude ver cómo su rostro pasaba del temor al pánico, al ver los ojos rojos girando desaforados. Me resistí a soltar una carcajada.

-¿Me acompañas, Kabuto-nee-san? –dije burlándome, mientras abría un agujero en la pared con mi puño-.

-Maldita cría… ¿Crees que podrás contra mí?

Lo acallé soltándolo de las kunais y pateándolo a traves del agujero, que se hacía espacio hasta llegar al aire libre.

-¡Te arrepentirás de esto, Sasuke! –exclamó el sannin mientras me iba por aquel túnel, siguiendo los pasos de Kabuto, aunque caminando-.

Llegué a aquel claro y Kabuto ya se había puesto de pie, y estaba sanándose unos rasguños que tenía en el brazo izquierdo. Sonreí arrogante, ajustando mis guantes; y golpeé el suelo formando unas cuantas grietas que hicieron que se tambalease.

-¿Debo de tenerte piedad? –pregunté con sorna-.

Pude ver como apretaba con fuerza la mandíbula y llenaba de chakra su mano derecha. Hice unos sellos con mis manos, saltando en el aire y fijándolo a él como objetivo.

-Katon: Gokakyou no jutsu.

Él era tan rápido como yo, así que no tuvo demasiados problemas en evitar la oleada de fuego que le lanzé y aparecer detrás de mí para golpearme en la espalda. Me di la vuelta y a duras penas detuve su patada con mis manos, y me ayudó el hecho de que los mismos tuviesen protectores de metal.

El impacto hizo que cayese al suelo, sin embargo. Caí de pie y arrastrándome hacia atrás. El cayó pocos segundos después de mí, y lo fulminé con la mirada.

-¿A quién crees que te enfrentas? –fanfarroneó él-. Aún falta muchísimo para que me superes –intentó degradarme-.

Sus versos ya no eran historias que yo me pudiese tragar, no señor. Porque si era lo suficiente como para poder herirlo a Sasuke; estaba completamente segura de que podría masacrar a Kabuto. Y sus palabras vacías, ni las de él ni las de nadie, volverían a influenciarme en medio de una batalla.

Mientras hacía su estúpido gesto de acomodarse los anteojos, hice el sello para lograr unos cuantos clones de sombras. ¿Quién diría que el jutsu de Naruto resultase tan útil? Volvió a mirarme con el mismo aire de superioridad. Perfecto. Ni siquiera lo había notado. Ja, Kabuto era un imbécil de aquellos.

Aproveché también esa distracción para intercambiarme de lugar con uno de los clones. Ahora yo estaba escondida en la copa de un árbol, y él estaba desafiando con la mirada a un estúpido clon de sombras.

Lanzó unas shurikens, y a pesar de que el clon intentó esquivarlos, no tenía muchas alternativas. Al final, una la alcanzó, y con una pequeña nube blanca, desapareció. Vi el shock en la expresión de Kabuto, aunque en realidad no sabía muy bien de qué se sorprendía. Por favor, ¡era un jutsu tan estúpido!

Aún en shock, otro clon aprovechó a atacarlo. Derrotó a todos y a cada uno; pero porque yo lo quería así. Yo aún estaba escondida en la copa del árbol, y el peligrís analizaba todo su alrededor.

Apreté los dientes en anticipación y llené mis pies de chakra del tipo viento. Me permitiría ir casi tres veces más rápido, y así hacer un ataque inesperado.

Me lanzé a toda velocidad a por él y pude asestarle una patada en las costillas, porque no había tenido tiempo ni para ponerse a la defensiva. Su espalda dio contra el tronco de un árbol y me troné los dedos.

Al cabo de unos veinticinco minutos; el cuerpo de Yakushi Kabuto yacía sin vida bajo mis pies, bastante ensangrentado y con uno de sus brazos quemado. Tal vez simplemente deberíamos de haberlos envenenado; pero Sasuke no me lo hubiese permitido. Jamás se ahorraría el disfrute de asesinar a Orochimaru.

El peligrís había dado una buena pelea; pero no pudo postergar lo inevitable. Supongo que ambos (él y Orochimaru) sabían que algún día nos revelaríamos. Eso es lo que quiero creer.

Sino, eran más estúpidos de lo que realmente pensaba… ¿Realmente creían que nos someteríamos ante ellos por siempre? Deberían haber sabido que teníamos nuestros propios planes.

Recordé entonces que Sasuke me había desafiado antes de empezar todo aquello, para ver quien llegaba primero a la habitación; y me invadió la preocupación. Estaba casi segura de que había podido con el viejo, pero de todas maneras me preocupaba.

Volví por el mismo túnel; para encontrarme con que no estaba donde lo había dejado. Tal vez me había ganado y ya estaba esperándome en la habitación.

Corrí a toda velocidad a través de los oscuros pasillos, mientras con chakra verde me curaba los roces de shurikens que tenía en los brazos, y un par de tendones que el maldito me había cortado en las muñecas.

Me faltaba poco para llegar, cuando divisé su haori blanco caminando despacio más adelante que yo. Estaba manchado con un poco de sangre, y rogué porque no fuese la suya propia. Lo alcanzé a los pocos segundos, ajustándome a su paso y caminando a su lado; sin parar de mirarlo.

Pasaron unos veinte largos segundos antes de que me mirara con sus ojos rojos, y creo que hasta me intimidó un poco. Las tres cuentas negras giraban desaforadamente, y tragué saliva nerviosa.

-¿Sa… ¿Sasuke? –pregunté, aterrorizada porque quizás, Orochimaru si había tomado su cuerpo después de todo-.

Entonces me dedicó una sonrisa arrogante, y yo suspiré de alivio. Era él.

-¡Idiota! No me asustes así –le reproché cruzándome de brazos. Volví a fijar la vista en su haori sucio-. ¿Estás herido? –pregunté, y me llené la mano con chakra en anticipación-.

-Iie –negó con la cabeza, y entonces se tambaleó con sus propios pies. Lo miré incrédula, escudriñándolo con la mirada-. Pero llevé el Sharingan demasiado lejos. Era un genjutsu demasiado perfeccionado…

Lo tomé por la cintura y pasé su brazo izquierdo por encima de mi hombro, sin dejarlo hablar. No se quejó como esperaba, todo lo contrario, sonrió en agradecimiento, aunque fuese una sonrisa frívola y arrogante. Caminamos lentamente hasta la habitación, en silencio.

Probablemente le habría pasado lo mismo que le pasaba a Kakashi cuando se esforzaba demasiado. Sabía que a Sasuke jamás le había sucedido, así que debía de ser tal y como él decía: un genjutsu muy perfeccionado.

Casi perfecto como para que le haya costado tanto.

Debería sentirse horrible: tres años entrenando y se desgastaba ante un genjutsu de Orochimaru, a quien él consideraba un mediocre. Estaba segura de que durante toda la semana siguiente me haría entrenar con él, con tal de convencerse a sí mismo de que realmente había progresado. Que no era el mismo de hace tres años. Que al menos algo había cambiado. Que tenía posibilidades de matar a Itachi… Claro que le comprendía.

Probablemente no podría viajar el día de hoy, así que lo dejaría descansar hasta la noche al menos.

Claro, podía prestarle un poco de mi chakra; pero yo lo tenía por la mitad y no alcanzaría para los dos. Fuimos bastante estúpidos al no pensar en ello… Pero ni modo, tendríamos que esperar un poco a que nos recuperáramos.

Llegamos a la habitación y abrí la puerta con una patada, que tal vez fue demasiado fuerte porque la susodicha puerta no se abrió, sino que cayó al suelo. Reí nerviosa mientras entrábamos.

-Eres una animal –masculló burlón, mientras cerraba los ojos ante el estruendo de la puerta caída-.

Lo ayudé a sentarse en su cama, y me senté junto a él.

-Tú callate –le dije, empujándolo para que se recostase. El frunció el ceño pero cedió ante la presión que ejercían mis manos en su pecho-.

Caminé y puse la puerta donde debería de estar, acomodándola entre las bisagras. Me senté junto a Sasuke, mirándolo fijamente. El entreabrió los ojos, y frunció el ceño.

-¿Qué quieres? –preguntó, molesto-.

-¿Seguro que no tienes daño físico? –respondí yo, ciertamente preocupada-. Aún tengo chakra para curarte, Sasuke.

El negó con la cabeza, aún sin quitar esa mirada dura de su rostro; y dio por terminada la conversación.

-Nunca has tenido que forzar tanto tu Sharingan –continué, decidida a sacarle algún comentario de la pelea-.

-Me llevó a la dimensión donde realiza las transferencias –se explicó él, cubriendo sus ojos con su brazo. Yo sonreí, apoyándolo a continuar-. Se ve que tenía experiencia en el asunto. He de admitir que me ha costado… -se descubrió los ojos y me miró a los míos, decidido-. Lo que significa que aún tengo que mejorar.

Asentí frenéticamente, levantándome de su cama, caminando hacia donde estaba nuestro equipaje. Satisfecha conmigo misma, porque podía jactarme de adelantarme a su mentalidad.

-Podemos partir esta noche, Sasuke. Nadie se ha dado cuenta de que Orochimaru ha muerto… -le tranquilicé-. Estaremos a salvo por unas cuantas horas. Duerme.

-Humm.

Me di la vuelta y lo miré con ternura mientras que él se volteaba para ponerse de costado en la cama. Sonreí para mis adentros, mientras abría mi bolso y sacaba una muda de ropa. Necesitaba una ducha urgente; era en lo único en lo que podía pensar. Busqué en el armario que había del otro lado de la habitación una de las toallas limpias que quedaban; y me metí de lleno en el baño.

Abrí el agua caliente, y noté que también había guardado el shampoo y el jabón.

-Maldición.

Era demasiado tarde, ya me había desvestido y estaba envuelta en la toalla. A Sasuke evidentemente no le importaría salir en toalla –como bien lo había constatado esta mañana, y otras mañanas a lo largo de estos tres años- pero a mí sí.

Sin embargo, él estaba dormido. No lo pensé demasiado, pues una ducha no era una ducha sin jabón; y ajustándome bien la toalla entre mis axilas, salí del baño en busca de lo que me hacía falta. Abrí la puerta y alcanzé a ver que Sasuke aún estaba dándome la espalda.

Caminé en puntillas hasta donde estaban mis bolsos, y me puse a buscar el jabón.

-Todo por una condenada pastilla de jabón –farfullé, haciéndome a la idea de que no debería de hacer tanto escándalo-.

Finalmente la encontré, y la sostuve entre mis dedos, sonriendo triunfalmente.

-Ehem…

Me di la vuelta, con el rostro paralizado por el susto y la sorpresa. Él estaba recargando su cabeza en su mano, aún recostado, pero mirándome a mí, con una sonrisa arrogante en el rostro. Creo que me sonrojé como una niña tonta por el calor que sentí en mis mejillas, y el soltó una carcajada. Lo fulminé con la mirada y, bufando, me escurrí de nuevo hasta el baño.

Primero, porque me molestaba muchísimo el hecho de que se haya carcajeado. Quiero decir, ¿alguno de ustedes vio alguna vez a Sasuke reírse a carcajadas? No necesito que me contesten, me sé bastante bien la respuesta. Yo he tenido –para bien o para mal, quién sabe- la oportunidad de verlo hacerlo un par de veces; y no me agradaba para nada que una de esas situaciones excepcionales sea verme semidesnuda. ¿¡Quién se creía!?

Me duché mascullando maldiciones hacia el Uchiha que yacía al otro lado de la puerta. En segundo lugar, si había algo que odiaba, eso era sonnrojarme. Me hacía sentir tremendamente débil. Quiero decir, ¿por qué el podía andar semidesnudo sin que se le moviese un pelo y yo tenía que ponerme colorada como tonta? Supongo que no era tan segura de mí misma como lo era él… Ugh, estaba pensando estupideces.

Terminé y salí, esta vez, completamente vestida. Fruncí el ceño a la defensiva, buscando con la mirada los ojos de Sasuke, pero me encontré con que estaba durmiendo boca arriba a sus anchas.

Suspiré y me deje caer sobre mi cama; yo estaba bastante cansada. No era una Uchiha, no estaba tan acostumbrada a tantas emociones en un día; y mi chakra estaba por la mitad. Siendo las ocho de la mañana, no me vendría nada mal una siesta a media mañana.

El primero que se despertase levantaría al otro y entonces partiríamos.

Rayos, casi lo había olvidado. Sasuke todavía tenía que enseñarme quiénes serían nuestros compañeros.

No sabía cuántas horas habían pasado, estaba un poco desorientada, y como cereza del postre; Sasuke no tuvo mejor idea que tirarme de la cama para despertarme. Mascullé una maldición en voz baja, mientras me sobaba la cabeza.

-¿Qué hora es? –pregunté malhumorada, sentándome-.

-Hora de irnos –dijo él fríamente-. Toma tus bolsos.

Lo fulminé con la mirada, pero me puse de pie y busqué mi mochila. Dado que no había ventanas, no tenía la menor idea de la luminosidad que podría haber afuera, y no tenía ninguna pista sobre si estábamos más cerca de la medianoche o del mediodía. Quería volver a preguntarle, pero ya saldríamos al exterior, así que lo averiguaría tarde o temprano. Era un logro bastante aceptable que me hablase, considerando que apenas se había despertado, el también.

Miré hacia la puerta ansiosa y me pregunté si alguien ya se habrían enterado. ¿Cuál sería la reacción de sus subordinados? Para mí, lo más coherente sería que nos mostrasen lealtad; pero tal vez se rebelasen e intentasen matarnos. Me estremecí ante la idea de cientos de shinobis con el sello maldito buscándonos, y me apresuré a ajustar mis botas.

-¿A dónde vamos? –le pregunté, mientras llenaba mi cantimplora con agua del lavabo del baño-.

-Hay alguien al que quiero encontrar en los laboratorios de experimentación –me respondió, metiendo su cepillo de dientes y unos pergaminos más en su bolso-.

Lo miré incrédula, aunque él no me estaba observando. Los laboratorios de experimentación existían solamente en la base oeste, o sea, donde estábamos nosotros ahora mismo. Era el lugar donde el viejo reclutaba (o secuestraba, para obtener una mejor definición) a shinobis de distintos orígenes y experimentaba en ellos como si fuesen conejillos de indias. Lo maldije internamente por no habérmelo contado antes.

¿Qué estaba esperando? No lo sé, tal vez contactos en el exterior, pero luego pensé que como estábamos prácticamente recluidos aquí adentro -y maldito seas, Orochimaru-, no conocíamos a mucha gente en el exterior. Sólo misiones aisladas que nunca eran hacia un mismo lugar. No había manera… Probablemente todos los elegidos con los que formaríamos equipo serían unos maníacos depresivos por los experimentos que habían sido hechos en ellos.

No era la idea que tenía por equipo… Pero supongo que lo único que importaba en ese momento era la fuerza y habilidad, no estado mental o lo que sea en lo que yo estaba pensando.

De cualquier modo, ahora Sasuke me estaba esperando en la puerta; con el ceño fruncido. Me di cuenta de que había estado pensando en silencio desde la última vez que él había hablado, y que probablemente me había estado esperando durante más o menos diez minutos.

Esbocé una sonrisa, a modo de disculpa, y mientras pasaba mi bolso por mi hombro, me puse de pie y salí de la habitación. Él me dejó pasar primero mientras extendía su brazo para mantener la puerta abierta, y luego el también salió. Lo seguí hasta el laboratorio, que estaba en el subsuelo. Fuimos hasta lo que parecía una pequeña piscina; que por alguna razón me resultaba un tanto intimidante.

Era obvio que me desagradaba ese lugar. Olía a sangre, y a veces, cuando pasabas cerca, podías oír gritos desesperados rogando por ayuda. En mis tres años viviendo en este lugar había entrado una sola vez. Me apegué un poco más a Sasuke, caminando ahora hombro contra hombro.

Él rodeó la piscina mientras la observaba, como si estuviese esperando algo. Por la confianza que tenía en sí mismo por ese lugar, podría apostar que había estado allí antes. Y el hecho no me tranquilizaba en
absoluto.

El agua no era del todo transparente, sino que de un espeso color verde claro. Asquerosa, pensé. Luego de unos segundos de observar el agua –que evidentemente no estaba moviéndose-, abrí mi boca para preguntarle a Sasuke qué rayos estábamos haciendo allí. Sin embargo, no dije nada.

Oí el sonido del agua moverse, y observé atónita como pequeñas ondas se formaban en la superficie. Pronto, un hombre de cabellos blancos cortos estaba saliendo desde dentro; sonriendo arrogante. Ensanché mis ojos y levanté una ceja; sorprendida. No parecía tener mucha más edad que nosotros. Ya le preguntaría más tarde.

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+[Author'sNote]+

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OMG! Demasiados sucesos en un capítulo xD Whatever, sigo manteniendo la costumbre de (en este fic al menos) postear capítulos con un largo decente. Debo pedirles disculpas por no colgado ayer, pero FanFiction no andaba ¬¬ Grazie a todos los que me dejaron reviews *¬* Y como verán, estoy contestándolos todos e.e En el próximo capítulo si tengo tiempo agradeceré a todos los reviewers que no están registrados, porque a ellos no tengo forma de responderles. Lo que sea, espero que lo hayan disfrutado =D

Oh, casi lo olvidaba. Sé que todos esperan el capítulo desde el punto de vista de Sasuke, pero todavía no es el momento. Faltan unos cuantos capítulos para que pueda definir bien su personalidad y me anime a hacer un capítulo con él como narrador... O me temo que caeré en el Ooc demasiado hahaha.

Y agradezco especialmente a Haiass, que me a metido en el adorable mundo de Prision Break. ¡Toma eso! xD

Estoy muy contenta con la acogida que ha tenido este fic. Yo que pensé que mi mente delirante era incomprendida, estoy súper feliz de que les esté gustando la idea de Sakura junto a Sasuke en Hebi. Sólo espero que también les guste el rumbo que le daré a la historia. Supongo que para eso habrá que esperar. He leído sólo dos fics que siguiesen esta misma idea, pero me ha sorprendido no encontrar alguno que realmente me guste. Quiero decir, no creo que sea la primera con esta idea y me esperaba con una infinidad de fics de este tipo.

Ugh, estoy hablando demasiado. Los dejo ir a leer otra cosa xD

Disclaimer applied.

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+[Peace Ctrl]+
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