NOTA DEL ESCRITOR

Queridos lectores:

…..Tengo un sentimiento que no puedo explicar con palabras, es un sentimiento intenso admirable, trata de pasión y amor pero más de un sueño un sueño inconcluso.

Stephenie inspiro a muchas lectoras como escritoras y anqué sea una de ellas tengo demasiadas ideas, que con frustración escribo e intento que esos sentimientos se comprendan que lo imaginen a mi semejanza, lloro me irrito y me deprimo sin poder plasmarlas en su totalidad pero no permitiré desistir aunque pueda trasmitir anqué sea un poco de ese sentimiento me hará feliz de poder compartirlo.

Soy poco consecuente, y bastante impaciente, este proyecto lo terminaremos juntos con su apoyo como lectores que me inspiran, solo ténganme paciencia.

No pretendo superar o igualar la obra que creo Stephenie pretendo demostrarles lo que ella inspiro que es esta historia….

CAPITULO 4

Trabajando en la casa de los Cullen

Mis ojos estaban completamente enfocados en una sola cosa, mi cuerpo ardía de pura e insensata rabia, los ojos que se clavaban en los míos delante del marco de la puerta tenían una expresión desafiante y cortante.

Los ligeros rayos de sol que traspasaban la ventana iluminaban toda la habitación, cada movimiento por pequeño que fuera era clave.

-¿Vas a dejar que se quede?- la habitación se inundo de la tintineante voz de Alice quien tenía una un rayo de esperanza, con aquella vos rompió y disolvió casi por completo la atmosfera que se creó.

-La verdad recapacitando mejor necesito ayuda con la casa, viendo la situación de esta chica no estaría mal que trabajara aquí por un tiempo, estas contratada pero estrictamente tendrás que hacer lo que yo diga soy tu jefe a partir de este momento.

-no.

-¡Edward!- lo reprendió Alice, pero él estaba tan concentrado en un solo adjetivo ignorando por completo a su hermana.

- Te pagare el triple.

- ¿qué hare exactamente?

-Trabajaras para mí y en la casa con los quehaceres ¿o es demasiado para ti?

-me pagaras cinco veces más y tendré libre el fin de semana libre.

-Te pagare el cuatro veces y tendrás un día al mes libre.

- me pagaras el triple y tendré un día a la semana libre.

-echo, Comienzas hoy.

- y una cosa más yo escojo el día. Y de esta semana hoy es mi día libre.

Su mirada se altero, pereció arrepentirse y renegociar pero un brillo en sus ojos lo delato. Sentía curiosidad, o simplemente quería desafiarme aun mas, Sus labios se curvaron en una ligera sonrisa.

-Que astuta – me miro de reojo para analizar mis movimientos pero ya era demasiado tarde no los comprendía- Echo. – Finalizo la tensa conversación.

-Alice mi ropa – empecé a recorrer la habitación con la mirada en busca de me mi vestimenta, Emmett quien se encontraba perplejo al otro lado de la habitación incomodo por la situación, empezó a mirarme de una manera burlona.

-está en lavadero no me sorprendería que todavía estuviera húmeda con la empapada que diste anoche – La voz de Edward me dejo atónita.

-¿Como sabes donde esta?

-Porque yo te la quite – Arqueo la cejas, se asomo la pequeña curva de sus labios mostrándome una mirada de éxtasis, lujuria y atracción pura; ese acto me desubico, mi cabeza daba vueltas, me empezaron abrumar los pensamientos que me torturaban.

"Esa mirada la conocía".

Las mejillas sonrojadas que mi cuerpo las proclamaba, junto con la vergüenza y la indignación me levantaron de la cama. Mi cuerpo actuó por sí mismo, me llevo directo a él, cuando pensé que no podía más que necesita hacerlo sin importar las consecuencias.

Lo hice.

Mis pies terminaron por impulsarme lejos de aquel lugar, dejando atrás la mejilla roja de Edward y los sorprendidos rostros de Emmett y Alice.

Estaba tan irritada, tenía un remolino de ideas y pensamientos en mi mente, alejados de cualquier acto racional en ese momento.

Ese día en particular, solo me dedique a mi estuve en la biblioteca por un par de horas luego de eso me dirigí al acantilado, era un poco irónico que el ultimo recuerdo que tenía de ese lugar era por una razón contraria a la que me traía de nuevo; La primera vez que vi un fenómeno de la naturaleza tan inexplicable y perfectamente moldeado fue este acantilado. Me aferraba a la idea de volverle oír por horrible que pareciera, la adrenalina que me producía me hacia olvidar y aferrarme un poco más a mi querido padre.

Salte directo al mar, las olas heladas me golpearon el cuerpo; el mar parecía enfurecido tratando de arrasarme contra las rocas cercanas, era todo tan preciso y conciso, quería comprender la magnificencia de la naturaleza. Permanecí en el mar hasta el atardecer, mis dedos parecían pasos, mi piel estaba más fría de lo normal; Hasta que finalmente caí rendida en el suelo arenoso dejando descansar mis ojos.

Al despertar, me empañaban los ojos las nublosas nubles y le viento seco, mi piel bruscamente erizada me reclamaba un poco de calor.

Me dirigí a la discoteca, En donde trabaje toda la noche y poco más de la madrugada.

Alice llego alrededor de las dos de la mañana, para enseñarme el camino al apartamento.

-Bien, entra.- Alice me indicaba la entrada – Es muy tarde, mañana te mostrare las entradas, te enseñare correctamente la casa y te ubicare, por ahora tendrás que dormir en mi habitación, que da allá – Me señalo una puerta con encaje negro y blanco.

- ¿Y tú?

Señalo el sofá que se encontraba justo en medio de la sala y en donde la cocina quedaba detrás.

- No, yo dormiré en el sofá tu ve a tu habitación.

-Bella, No – trato de protestar

Mi cuerpo estaba tan exhausto, la ignore y caí sobre el sofá en una perpetua derrota.

Diminutos rayos de luz atravesaron, mostrándome una cortina de colores atreves de mis parpados, se escuchaba música de diferentes procedencias. También murmullos se atisbaban a lo lejos.

Levante mi terco cuerpo quien rogaba por mas descaso.

Mire a mí alrededor me topándome con una nota que decía:

"Alístate"

Al otro lado de una de las habitaciones parecía haber una discusión.

Mire un poco más a mi alrededor y encontré mi ropa preseleccionada, una blusa azul, un jeans oscuros y unas zapatillas.

Decidí bañarme antes de presentarme en la habitación, mi descuido me había dejado sudorosa, sin bañar del día anterior y no quería presentarme de esa manera.

Después de una intensa ducha. No me tranquilizaba tener que bañarme en el departamento, me inquietaba; no solo por los numerosos espejos que remplazaban azulejos en el interior y los miles de jabones y cremas, o por la notoria decoración que recaía sobre la bañera. Sino por la segunda nota con lo que me encontré acorralada:

"Tu horario y los términos del contrato están encima de la cocina, Edward."

Me apresure a la cocina donde divise un conjunto de papeles unidos por un gancho y una caja diminuta, mis manos no podían sujetar correctamente las hojas, mis nervios me ganaban al pensar que podrían ser de Jacob.

"Isabella:

A partir de hoy comienzas a trabajaras en esta casa, tu horario será el siguiente:

Lunes a viernes de 6 am – 11 pm y los Fines de semana de 7 am – 10pm

Tu trabajo consiste primordialmente en los quehaceres de la casa, y cualquier cosa para que yo te necesite o mis hermanos; En el tiempo en el horario establecido. Si durante este tiempo has terminado todo lo que se te ha asignado puedes atender tus propias necesidades, pero es absolutamente estricto que en cualquier momento en que te solicite me contestes; para eso he dejado un celular en donde exclusivamente solo te llamares los habitantes de esta casa.

Y con respecto a tu día libre, lo pedirás con mínimo dos días de anticipación."

Seguida de esta nota se encontraba un lista de quehaceres, era bastante…..extensa había por lo menos cuarenta cosas en esa lista; lavar, planchar, comprar, pintar, escurrir, secar, desempolvar, alistar, cocinar….

Abrí la caja, donde se encontraba el celular predicho; era diminuto color verde chillón, tenía una dos teclas contestar y colgar.

En la habitación donde instantes antes se detectaba murmullos expectrantes, ahora sucumbía de silencio puro.

Busque a alguien en la casa pero no había nadie, trate de salir pero estaba encerrada, trate de llamar no me sabia el numero de nadie y Alice tenía mi celular, trate de llamar por medio del celular que Edward me dio pero la estaba en blanco.

Y me dedique hacer los quehaceres de cuya lista procedían.

Alrededor las 6 pm, llego Emmett; Donde me entrego la llave de la casa y trato de ubicar una habitación.

No la encontró.

Las habitaciones estaban llenas de cajas hasta el tope, decidimos que seguiría durmiendo en el sillón hasta desocupar una de las habitaciones.

-¿Y dime porque no me contestabas?

-¿llamaste?

-Si ¿dónde está tu celular?

-en la cocina

Emmett se dirigió a la cocina en busca del aparato.

-Lo tienes apagado.

De inmediato el celular empezó a sonar.

-Huy la cosa pinta mal, es Edward, y tienes veinte llamadas perdidas de él.

Me entrego el celular.

-¿Hola?

-¡Ven a recogerme ya! – Su tono me devastó; la rugiente forma de terror que entono fue suficiente para que tambalearan mis piernas.