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Al fin. Había pasado todo el domingo cabizbaja y apenas sin hablar con nadie, pensando en Thomas. Y, aunque le costaba reconocerlo, también en Malfoy. Le había hecho más daño del que quería admitir. Pero ya era lunes. Después del recreo, antes de comer, tenían dos horas de Defensa Contra las Artes Oscuras, y tener a Snape durante dos horas era el antídoto perfecto para no pensar en nada.
Se sentó al lado de Harry y Ron, que estaban muy entusiasmados con el equipo de quidditch –parecía que no había otro tema de conversación- y la ignoraban, y se puso a escribir en un pergamino hasta que empezara la clase. Cuando la puerta se abrió, dejando ver la figura negra y alta de Severus Snape, todo el mundo se quedó estático y callado, y ella se dio cuenta de que lo único que había escrito era "Thomas" por toda la hoja. En un arrebato, arrugó el pergamino con rabia y lo tiró al suelo. Error. Casi inmediatamente tenía la ganchuda nariz del profesor a pocos centímetros de su cara, y sus ojos negros la escrutaban maliciosamente.
-Dígame, señorita Granger, ¿qué terrible pecado ha podido cometer esa hoja para que la trate así? – Se escucharon risitas ahogadas de los Slytherin.
-Pues, verá, no…
-Silencio. Al fondo de la clase. Sola.
Hermione resopló y le indicó con la mirada a Harry que se callara, porque iba a replicar. Era increíble que después de haberles ayudado tanto Snape siguiera siendo tan cretino. Cogió sus bártulos y se sentó en la mesa del fondo, sola. Bueno, casi sola. En la mesa de delante estaban Draco Malfoy y Gregory Goyle, que la miraban con expresión burlona. La chica maldijo su suerte y prometió no volver a abrir la boca en esa clase.
Cuando quedaban cinco minutos de clase, Snape interrumpió su charla sobre el nundu:
-Este curso vamos a hacer tres trabajos. Por parejas. Un trabajo cada trimestre, sobre el tema que prefieran de los que se hayan impartido en clase esos meses. Unos cinco pergaminos, con dibujos hechos a mano y aportaciones personales. Las parejas serán las que tienen en los pupitres.- Se fijó en Hermione.- Granger, usted…
-No se preocupe, profesor, puedo hacerlo sola.
-No le he pedido que alardee de sus capacidades. ¿Se cree mejor que el resto de alumnos de esta clase?- Hermione abrió la boca, incapaz de decir nada. Se oyeron nuevamente risas disimuladas de los Slytherin.- Señorita Granger, usted irá con el señor Malfoy.- Acabó de decirlo con una mueca maquiavélica. La chica se quedó de un aire, y Malfoy miró al profesor con odio. ¿Qué coño le pasaba a todo el mundo ese curso? A lo mejor realmente alguien quería que Malfoy fuera asesinado y la estaban utilizando a ella de cabeza de turco. Porque estaba claro que eso no podía acabar bien.
-¿Por qué? Yo no he hecho nada.- Dijo el rubio con la voz contenida. Parecía que quería saltarle al cuello a Snape.
-Porque les será más fácil ahora que comparten la Sala Común hacer el trabajo juntos.- Si no fuera porque Severus Snape no sonreía, Hermione habría jurado que en ese momento lo estaba pasando en grande. Genial, ahora todos los que no sabían lo de la Sala Común de los Premios Anuales tendrían de qué hablar en la comida.
-Profesor, ¿y qué pasa con Goyle?- Malfoy sonó algo desesperado. Más tiempo con la sabelotodo no, por favor.
-El señor Goyle se pondrá con el señor Nott, que hoy no ha podido venir porque se encontraba indispuesto, pero que se recuperará pronto.
La castaña salió de clase con la sensación de que le habían dado un sartenazo en la cabeza, fue empujada por Malfoy, que estaba furioso con el mundo en general y con ella en particular –porque, aunque ella no hubiera hecho nada, estaba segura de que él la consideraba culpable de absolutamente todos los problemas del mundo-, y se dirigió al baño de Myrtle, olvidándose de la comida. Abrió la puerta y corrió a uno de los cubículos, donde dejó escapar un par de lágrimas. Ese curso iba a ser horrible. En ese momento se oyó un ruido como de desatascador y la cabeza de Myrtle apareció delante de ella, atravesando la puerta.
-Ooh, si es la chica gato. ¿Por qué vienes a llorar aquí? ¿Pretendes burlarte de mi?
-Myrtle, fuera.
-Claro, recordémosle a Myrtle que es una llorona. ¡Myrtle la Llorona no se merece respeto! ¡Los vivos sois unos desconsiderados que…!
-¡Myrtle, FUERA!- Hermione perdió la paciencia y apuntó al fantasma con la varita, que gritó y se fue volando por el techo.
Salió del lavabo de chicas cabreadísima, dispuesta a ir a la torre de Gryffindor a matar a alguien, pero se acordó de que aún no había visitado su nueva Sala Común, y esa noche tenía que dormir en ella. Yupi. Sacó el plano que le había dado McGonagall y se encaminó al sexto piso sin ganas.
Se encontró delante de un espejo doble que iba del techo al suelo, con un marco de plata muy ornamentado y la inscripción "P.A." en la parte superior de este. Se acercó y dijo la contraseña. Al momento la superficie del espejo se volvió acuosa y una fuerza tiró de ella hasta que atravesó las ondas.
Apareció en una sala circular, amplia, con una chimenea en la pared contraria a la de la entrada. Encima de la chimenea había colgado un tapiz con una serpiente y un león. Qué bien. En frente de esta había un sofá mullido de cuero negro, y un sillón reclinable del mismo estilo. Ambos tenían una mesa de café a los pies. Las paredes estaban repletas de estanterías con libros y artilugios extraños, aparte de dos grandes ventanales que subían hasta la cúpula que había sobre su cabeza, que tenía el mismo encantamiento que el techo del Gran Comedor. A izquierda y derecha había unas escaleras que subían a los dormitorios, la de la izquierda tenía una alfombra verde con bordes plateados y la de la derecha una roja con bordes dorados. Subió por esta última hasta una puerta en forma de arco y con una cabeza de león en el pomo. La giró y entró en una estancia cuadrada, en la que había una cama con dosel con los colores de su casa, una gran estantería, un escritorio, un armario doble y otra puerta, que la chica supuso que daría al cuarto de baño. Su baúl y Crookshanks ya estaban allí, este último paseándose por la habitación. Se detuvo, se subió a la cama y ronroneó en señal de aprobación. Bueno, al menos uno de los dos estaría a gusto, pensó ella. Se entretuvo el resto del mediodía en colocar sus cosas, y luego salió para ir a Aritmancia y estar un rato con los demás.
Después de la cena, cuando fue a la Sala a acostarse, no vio a Malfoy por ninguna parte, y le entró curiosidad por saber como sería la habitación del rubio. Subió hasta ella con cuidado, giró el manillar, que en este caso era una cabeza de serpiente, y entró en el cuarto. Era simétrico al suyo, pero en esencia igual. Las sábanas cambiaban de color (en el caso del chico, los colores de Slytherin), y el baúl del muchacho aún estaba ahí, o sea que el chico no había ido aún a ver su nueva morada.
Hasta entonces. Se oyó un ruido similar a bambolear una gelatina gigante, y unos pasos lentos que se aproximaban a la escalera que daba a ese cuarto. Hermione supuso que Malfoy estaría admirando la sala. Le dio el tiempo justo de esconderse entre el armario y el escritorio, antes de que él hiciera su típica entrada triunfal. ¿Cómo conseguía entrar siempre como si fuera una estrella de cine? Recorrió el cuarto con la mirada, pasó su pálida mano por las sábanas verdes y plateadas, le dio una patadita a baúl y se sentó en la cama, apoyando los codos en las rodillas y echándose para adelante, como sopesando que hacer. Hermione sudaba. "Que no vaya al armario ahora, por favor, por favor, por favor…".
Al final, el chico se levantó y abrió la puerta del baño. Lo inspeccionó un momento y pareció satisfecho con la enorme bañera circular, igual a la del baño de prefectos pero bastante más pequeña. Como un jacuzzi. Volvió al lado de la cama y se quito la capa. Después, se quitó la corbata. Luego la camisa. La castaña se descubrió a sí misma admirando a Malfoy, como cuando le vio jugar al quidditch. Se regañó mentalmente, pero siguió mirando. Hasta que el Slytherin se quitó los pantalones, dejando ver sus bóxers negros, momento en el que ella cerró los ojos. Tras unos segundos se escuchó cerrarse la puerta del baño. Abrió los ojos de nuevo, salió con cuidado de su escondite y se fue de la habitación.
Atravesó la sala corriendo, nerviosa, se paró delante de la entrada y decidió salir a dar una vuelta. Mientras caminaba por los pasillos le vino a la cabeza la imagen de Malfoy desnudándose… Tuvo un escalofrío. Fue a girar una esquina y chocó con alguien.
-¡Ah!- Una mano la sujetó por el brazo para que no se cayera. Miró al frente y vio a Theodore Nott, un poco pálido pero sonriente.
-Perdona, Granger.
-No pasa nada. ¿Qué haces por aquí?
-Salía de la enfermería, tomé un atajo por un cuadro y me he perdido.
-Ah. Pues estás en el sexto piso, la escalera está por este pasillo a la derecha. ¿Estás mejor?
-Sí, gracias.
-De nada.
Hubo un instante de silencio incómodo, hasta que el chico habló:
-¡Bueno! Me voy a dormir. Buenas noches, Granger.
-Sí, yo también. Buenas noches, Nott.
