Resumen oficial de la historia:
¿Saben? Morir no es tan malo como lo cuentan. Bueno, tal vez un poco. Está bien, es muy malo. ¿Por qué demonios no me podía quedar así? Es decir, estar vivo es genial y estar muerto no lo es. Pero por lo menos no tenía que lidiar viejos excéntricos, magia y un tipo empeñado en matar a mis amigos. Comparado con esta locura, la perspectiva de la paz de la muerte no es tan mala. Sabía que no debería haberme levantado esa mañana.
Descarga de responsabilidad o disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen.
Ron entrecerró los ojos al niño de ocho años frente a él. Esto era… era… era…
- ¡Ron! ¿Quién es? – La voz de Molly llegó ahogada desde la cocina.
- Nadie – El niño respondió con voz suave.
Él cerró la puerta en la cara de un Cedric sonriendo ampliamente, su ceja izquierda desarrollando el pequeño tic que mostraba la irritación que no permitía escapar en su rostro. Jamás le dejaría la libre entrada a ese… ese engendro de satán en su casa. No cometería el error de confiar en esa sonrisa inocente dos veces.
- ¡Ron, vamos! ¡Abre la puerta! – la voz de Cedric era tan molesta como la última vez - ¿Todavía estás enojado por lo que pasó hace dos años? ¡Ron, no me ignores!
¿Enojado? No, no era exactamente su estado de ánimo. Ron lo describiría más bien como "Frustrado como el infierno y un poco asustado por el hecho de que conoces dónde está mi casa". Sí, ese era más acertado. Ron se alejó de la puerta.
- ¡Ron! ¡Lo siento, no creí que mamá haría eso! – El niño gritaba desde afuera de la Madriguera.
- Hubieras pensado eso antes de presentarme a tu madre – Su tono era igual de bajo que siempre pero, sin duda, más mordaz. – Esa mujer está desquiciada.
Ron se estremeció al recordar su primer encuentro tiempo atrás. Había acertado en su decisión de alejarse de los Diggory, nadie que estuviera tan loco como para apuntarse a un torneo a muerte vendría de una familia cuerda.
Ron fue llevado casi a rastras al hogar de los Diggory que, por algún Dios piadoso que existía en el universo, se encontraba en el otro lado del pueblo. Completamente alejado de la madriguera. Ron suspiró y dejó de retorcerse en los brazos de Ofelia, mejor terminar eso rápido y volver con sus hermanos antes de que entren en pánico. El niño observó el cielo, notando con descontento que la tarde estaba terminando.
Ron se tragó el quejido que quería escapar de su boca. Bill lo iba a matar lenta y dolorosamente cuando se enterara, después de a Charlie por supuesto.
Ofelia lo sentó en el sofá rojo ubicado cómodamente en una esquina de la amplia habitación. Ron no sintió otra presencia mágica dentro de la casa, por lo que supuso que Amos Diggory todavía no había llegado.
Se acurrucó en un extremo del mueble, tratando de alejarse sutilmente de la mujer.
- Así que… - Ofelia lo observó críticamente y Ron tuvo la leve epifanía de que la mujer se parecía escalofriantemente a un depredador acorralando a su presa – ¿Cuáles son tus intenciones hacia Cedric?
Ron la miró impasible ¿A qué se refería? ¿Qué intenciones podía tener un niño de tres años (no importa lo extraño) hacia otro niño? Le dio un breve vistazo al niño ahora sentado a su lado, preguntándose si él sabía de lo que su madre estaba hablando.
- ¿Intenciones? – Ron fue por el camino seguro y evadió la pregunta que no sabía cómo responder.
- ¿Qué es lo que quieres con mi hijo? – la voz de la mujer era un tanto más sombría que antes y envió escalofríos a lo largo de la columna de Ron.
El niño no entendía a lo que Ofelia quería llegar con estas preguntas, pues él no representaba ningún peligro. La tensión en los labios de la mujer aumentaba a medida que Ron tardaba en responder. Finalmente, y luego de pensar en todas las variables que podrían ocurrir con respecto a sus palabras, Ron formuló su respuesta.
- Nada – trato de mantener su voz lo más neutra posible – Siendo completamente honesto con usted, quiero alejarme lo más posible de él y caminar en la dirección contraria. Y sin ofender, nunca más volver a ver su rostro ni por casualidad.
Ron se mantuvo esperando su reacción con impaciencia, porque a pesar de la sinceridad en sus palabras, el objetivo de Ron era que Ofelia se ofendiera y lo sacara rápidamente de su casa. De lo poco que recordaba de Amos Diggory, él había sido un hombre algo grosero y jactancioso; siempre hablando de las habilidades de su hijo con orgullo y exuberancia. Ron tenía la esperanza de que Ofelia fuera similar.
Y contra todo pronóstico, la mujer no se ofendió. Ella pareció relajarse en su lugar y sonreír dulcemente en su dirección. Ron no sabía si estar aterrado o preocupado por sus acciones.
- Eso es muy bueno – la sonrisa de Ofelia creció y Ron optó por sentirse aterrado – De lo contrario, me habría visto obligada a hacer algo que no es agradable.
Ron luchó fuertemente por no dejar que sus ganas de gritar su confusión se notaran en su rostro. No frente a un depredador peligroso como Ofelia (No importa lo inofensiva que se veía), nadie en su sano juicio amenazaría a un niño de tres años con tanta alegre ligereza. Bueno, Ron pensó que Bellatrix podría, pero la conclusión solo hizo endurecer su resolución de mantenerse alerta ante la mujer.
Y la mejor forma de tratar con un depredador, era ser un depredador.
- Entonces estamos de acuerdo – una sonrisa extraña se abrió paso por los labios de Ron – Pues a mí no me agrada que me amenacen vacíamente, y aunque estoy seguro de que puede respaldar sus palabras, sería un desperdicio de tiempo intentarlo.
A Ron nunca le gustaron las sutilezas, y no pudo evitar el insulto poco velado a las habilidades de Ofelia. Su estilo era ser contundente y provocador, nunca realizar el primer a menos de estar seguro de ganar. Y claro, si la otra persona estaba tan dispuesta a atacar, un poco de furia que nuble su juicio no estaba mal. Un atacante enojado tenía más posibilidades de equivocarse que uno en calma.
Sin embargo, lo que Ron estaba haciendo en ese momento era un juego peligroso. Todavía no tenía ninguna habilidad que respaldara sus palabras, su acceso a la magia era nulo, su resistencia era pobre y lo único que podría destacar de su cuerpo actual era su tamaño pequeño y ágil, perfecto para la evasión.
Ofelia no paraba de sonreír, parecía extasiada por algo que Ron no conocía. Sus ojos lo miraban bajo una nueva luz, y si no fuera por sus acciones anteriores, él pensaría que la mujer estaba reprimiendo un chillido de felicidad.
- Es… es perfecto – Ofelia murmuraba para sí misma, lo suficientemente alto como para que los oídos de Ron lo captaran – Si solo Hadrian se comportara así.
El joven Weasley estaba comenzando a pensar que la mujer estaba loca. Los pelos de la nuca se le elevaron cuando la mirada de la mujer se centró nuevamente en él.
Ofelia se acercó a él y tomó sus manos. Ron se tensó considerablemente, preparado para escapar ante la primera señal de agresión.
- Dejo a mi hijo en tus manos – la completa seriedad en las palabras de la mujer lo descolocó más que su significado.
Ron no asimiló lo que dijo hasta unos segundos después. Se negó a que ella notara lo mucho que lo afecto esa estúpida oración. Demente, Ron afirmó en su cabeza, completamente demente.
- Me niego – Dijo con dureza – Le estás hablando a la persona equivocada, en el momento equivocado y en el lugar equivocado.
- No, estoy segura que no – Ella frunció su ceño ante su renuencia. Pff, como si a Ron le afectara su desaprobación.
- Su hijo no me interesa en lo absoluto, su bienestar aún menos y sus sentimientos me tienen sin cuidado – Ron fue más contundente, si es que eso era todavía posible.
- Exactamente, por eso eres perfecto – Ofelia continuó con convicción – Tus acciones anteriores hablaron más que tus palabras, y considero que por tu forma de actuar eres el protector ideal para mi pequeño Cedric.
Los ojos de Ron se abrieron levemente en incredulidad ¿Acaso la mujer no estaba escuchando lo que le había dicho?¿Protector?
- Cedric es un niño demasiado adorable y abierto con los demás, necesita ser protegido de ese horrible mundo cruel y esas personas oportunistas – La mujer se perdió en su discurso, llenando sus palabras de apasionante veracidad. - No tienes ninguna conexión con mi hijo, y por lo tanto ningún sentimiento negativo hacia él, no tienes segundas intenciones y poco te importa la idea de entrar en un enfrentamiento con tal de salir de una situación potencialmente peligrosa. Si no parecieras tan inofensivo y tuvieras una varita, te lo habría creido.
¿Adorable? ¿Necesita ser protegido? ¿Mundo cruel? Ron no podía dejar de pensar que esto era la mayor locura que había escuchado nunca.
- Necesito cuidar de mi bebe, por lo que alejo a los amigos que pueden ser potencial, política o emocionalmente peligrosos hacia él – "Todos los jodidos niños del mundo mágico" Ron pensó sarcásticamente– Eres pequeño, pero crecerás. Tienes el completo permiso para ser amigo de mi hijo. Te confío su seguridad.
Ron la miró fijamente por un momento, luego miró a Cedric sentado expectante a su lado y nuevamente a ella.
- No, gracias – Sacó sus manos de entre las de Ofelia y se bajó del sillón.
Ron no iba a tratar de racionalizar esto, no, solo iba a fingir que nunca había sucedido. Comenzó a caminar en dirección a la puerta. Pero fue rápidamente detenido por Ofelia.
- Ahora, adorable futuro protector, como mi hijo estará en tus manos eres prácticamente de la familia – La mujer seguía sonriendo inquietantemente – Y la familia se conoce entre sí ¿Quieres quedarte a cenar?
- No – Ron se zafó de su agarre y siguió caminando.
- Hay unas deliciosas galletas de chocolate como postre – Fue tentador, pero no lo suficiente.
- No –
- La familia se cuida entre sí, y está oscuro afuera ¿No quieres quedarte? –
- No –
- Cedric está libre mañana, ¿Quieres venir? –
- No –
- ¿Seguro? -
- Mucho -
Ron apenas llegaba a la manija de la puerta, pero con mucho esfuerzo logró bajarla y salir de la casa. Miró hacia atrás, dio un gesto de mano en señal de despedida y comenzó su camino hacia su casa. Jamás volvería a dejarse engañar por un niño. No estaba seguro, pero Cedric no podría ser del todo inocente teniendo una madre así. Iba a mantenerse vigilado cerca del niño, fue engañado una vez, pero no permitiría que la segunda vez sucediera. Y por supuesto, jamás entraría nuevamente a la casa de los Diggory.
Ron recordó con pesar que ese "jamás" no fue cumplido en lo absoluto. Por razones más allá de su razón, él entró nuevamente en esa casa infernal múltiples veces después. Y Ofelia no desistió, cada vez que lo encontraba por la calle, en cada ocasión que llegaba a conversar con él, en cada intento de secuestro frustrado Ofelia no desistió. Ron internamente admitió que su terquedad sería admirable si no fuera porque lo afectaba directamente.
Su decisión de caminar en el camino contrario a Cedric tampoco fue cumplida, el niño era tan persistente como su madre. Ron no comprendía que tendría de maravilloso ser su amigo, pero no iba a preguntar, no le daría al mocoso la impresión de que iba a ser remotamente agradable hacia él. Cada invitación fue rechazada, cada intento de amistad fue rotundamente negado, cada señal de amabilidad fue guardada para alguien más. Ron no iba a ceder ante un niño, y estaba encontrando que era cada vez más inmune a sus ojos de cachorro.
Ron era frío hasta el borde de la hostilidad, pero seguía regresando cada vez. Y aunque lo negara fuertemente, una parte muy pequeña de él había encontrado reconfortante la presencia de Cedric desde que Charlie había comenzado su año escolar. Y aunque trató inútilmente de ahogar ese pequeño pedazo de sí que se había encariñado con el mocoso, seguía permaneciendo en él, como una mala hierba. Desagradable, perseverantemente obstinado, y cada vez que Ron pensó que iba a desaparecer, volvía con más fuerza que antes. Sí, Cedric era como una mala hierba.
- ¡Ron! – y allí estaba - ¿Tienes idea de lo que me costó convencer a Hadrian de que me diga dónde se encontraba tu casa? ¡Por favor, abre la puerta!
Ah, Hadrian. Chico agradable. Ron se había encontrado con el niño de los Fawcett solo una vez antes, y había sido… bueno. Era alegre de una forma tranquila, casi continuamente relajado, hablaba de forma perezosa y parecía tener un serio problema de atención pero ni una sola vez le había dirigido la palabra a Ron. La única interacción que habían tenido era un "¿Me puedo sentar?" y "Claro". No se habían dicho nada, pero había un entendimiento tácito entre los dos. Ron suponía que Cedric había sido muy insistente en molestar a Hadrian, el niño no parecía del tipo de dar información porque sí.
- ¿Ron? ¿Puedes abrir la puerta? – El tono de Cedric era casi suplicante y aunque él estaba dispuesto a ignorarlo, la mirada que Molly le estaba enviando desde que entró a la cocina era lo suficientemente amenazante como para reconsiderar sus opciones - ¿Ron?
Mente adulta o no, cuerpo de niño o no, a Ron no le parecía apetecible incitar a la ira de Molly Weasley. Con resignación salió de la cocina tan pronto como entró.
"Estúpido Cedric, estúpida mala hierba y la inexistencia de herbicidas de personas."
Fue hacia la puerta y la abrió lo más lento posible, tratando de evitar la inminente entrada del otro niño a su casa. Ron era consciente de que permitirle a Cedric entrar era un error, que si lo hacía jamás lograría eliminarlo de su vida, que abrirle la puerta era indirectamente aceptar la "petición" que Ofelia hizo dos años atrás, pero no tenía el coraje suficiente como para negar la orden silenciosa de Molly. Ron no era suicida.
- ¡Ron! ¡Sabía que recapacitarías! – Cedric no tardó en saltar hacia él. Ron con facilidad practicada lo evadió. –Se supone que tienes que aceptar mi cariño. – el mohín que el niño presentaba en su rostro no afectó en lo más mínimo a Ron.
- Primero muerto – Respondió secamente.
- ¡Ronald Weasley! – Ron no pudo evitar una mueca ante el grito de su madre.
Cuando Ron llegó a la edad de seis años, pudo tener en sus manos el primer libro que explicaba de forma teórica la magia. Y no pudo evitar pensar, (No importa la edad mental que tenía y su usual compostura) que el concepto de magia sonaba demasiado similar al de Chakra según Naruto. Pero fue un pensamiento pasajero, la realidad lo golpeó tan pronto como se atrevió a pensarlo.
La magia es la esencia que compone a los seres mágicos. Cada célula que conforma nuestro cuerpo está íntimamente relacionada con la magia. Podría decirse, como una verdad hasta cierto punto, que en sí somos magia. Pero de forma definida, la magia es la combinación equilibrada de la energía espiritual y física, por lo que está intrínsecamente relacionada con el estado y estabilidad de la mente y el cuerpo.
En estado natural, la magia es salvaje y se gobierna por la fuerza de las emociones; los seres humanos capaces de usarla, magos y brujas, necesitan de estabilizadores que se encuentren en sintonía con ellos para poder controlarla. El más común y accesible es la varita, esto es debido a sus componentes.
Desde que se tiene conocimiento sobre ello, se ha establecido que el material que más resonante con la magia proveniente de los seres humanos es la madera de ciertos árboles como conductores. Como núcleo y estabilizador principal, por lo general se utilizan cabello de unicornio, plumas de fénix o fibras del corazón de un dragón.
A pesar de lo anteriormente dicho, es un hecho conocido que en tiempos antiguos, cuando el mundo era un campo de batalla, algunos magos se valieron de ciertos metales y joyas con gran potencial mágico para crear armas capaces de canalizar la magia de sus cuerpos e incluso amplificarla. La forma en que lograron esto es aún desconocida, pero se ha teorizado que está relacionado con las artes rúnicas.
Y eso era solo la introducción. Ron se encontró con que el resto del libro fue tan fascinante como el comienzo. Hablaba sobre las capacidades de la magia sin varita (Nada de detalles), la existencia del núcleo mágico y los peligros que corrías si este se agotaba, la magia accidental y sus razones, la magia salvaje y sus peligros… era increíble. Y a la vez era tan poco.
Ese libro tenía el objetivo de introducir a las personas sobre lo básico de la magia, no explicaba de forma amplia las complejidades de la misma. Pero era suficiente como para satisfacer la curiosidad de Ron… por ahora.
- ¿Ron? – La voz de Arthur lo sacó de su ensimismamiento. Se limitó a mirar en su dirección. - ¿Quieres… acompañarnos al Callejón Diagon?
Ron asintió mientras cerraba con cuidado el libro en sus manos. Más tarde tendría que agradecer a Ofelia por prestárselo. Por mucho que él quisiera pensar que era una demente, la madre de Cedric era el único adulto que lo trataba con normalidad y no le hablaba como si no comprendiera bien las palabras.
Sus padres eran… bueno, padres. Trataban de acercarse a él, y Ron apreciaba el intento, pero sus métodos eran los equivocados.
Claro que a cualquier otro niño le hubiera encantado la idea de dulces, pero él le tenía desconfianza a las ranas de chocolate.
"En especial cuando una de esas malditas cosas me saltó en el rostro"
Por supuesto que a los niños les gustaban los juegos, pero Ron disfrutaba más de sentarse y ver las nubes.
"El árbol en el patio tiene una sombra agradable ¿Por qué habría de desperdiciarla?"
Ellos no intentaban comprender que le gustaba y que no, simplemente suponían que iba a seguir los estándares comunes.
"Pero ¿En serio? ¿Pequeñas piedras que te tiran un líquido desagradable cuando pierdes el juego? Admito que debe ser divertido cuando ganas pero…"
Eso dolía, porque aunque Molly no fuera su primera madre seguía siendo su madre. Y Ron creía que una madre tiene que intentar comprender a sus hijos. Y ella no intentaba, suponía. Arthur… Arthur seguía tratando de que Ron conversara con él sobre los artefactos muggles.
Claro, había sido alucinante ver como los magos veían el mundo muggle y Ron había preguntado a su padre por algunos de los aspectos de su trabajo. El problema radicaba en que Arthur tenía preguntas a las que Ron ya tenía una respuesta, pero era frustrante no poder decírselo a su padre. Por supuesto, él no conocía los tecnicismos de ciertos ámbitos pero tenía una idea general de la respuesta a cada interrogante que Arthur mencionaba. Y no podía decir nada sin que llegara la obvia cuestión de "¿Y cómo sabes eso?".
"Ugh, realmente estoy comenzando a entender a los viajeros del tiempo. Demasiada información y estás atrapado, poca información y surgen sospechas. La honestidad es la mejor política, pero en este caso el silencio es mi mejor aliado"
Era muy molesto ocultar cuanto sabía sobre tantas cosas, y decidió no hacerlo. Simplemente no lo admitía abiertamente. Leía con fluidez, pero jamás en voz alta. Hablaba claro y sin trabas, pero no hablaba lo suficiente como para que lo notaran. Conocía casi todo sobre los muggles (Había vivido dieciocho años de su existencia como uno) pero no lo decía.
Y era fácil de esa manera (porque, en ocasiones, ser honesto era contraproducente), bueno… hasta que la necesidad de interacción social llegó. Y el universo quiso que fuera ese día.
Espero que lo hayan disfrutado.
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