¡Gracias a Dangara2610 y thoril (adoro tu fic, ¡no puedo dejar de leerlo!) por sus comentarios!

Esta historia esta basada en Headcannons y es un fic históricamente infiel.

Son pequeños capítulos relacionados entre sí.

Veremos a the F.A.C.E. family y ¡FrUk VS. ScotEng!

Como siempre, les recuerdo que Hetalia no me pertenece, yo solo ocupo sus personajes para mi diversión.


Francis al fin se había quedado dormido, Alfred le hacía compañía evitando a toda costa hablar con él. Arthur se sentía la peor basura sobre la faz de la tierra ¿por qué siempre arruinaba toda posibilidad de ser feliz? ¿Por qué tuvo que llamar a Francis por el nombre de su hermano mayor? Scott jamás le hizo caso, ni ahora ni nunca ¡era inmoral lo que sentía por él, era su hermano! ¿Por qué su estúpido corazón no lo entendía de una vez? ¿Por qué demonios no pudo callarse ese no correspondido amor y amar por completo al galo?

Su cabeza era todo un lío y en nada ayudaba que Alfred no le hablara y lo evitara, que Francis se deprimiera hasta tal punto en que ya no le importaba ser visto por los demás en ese estado tan precario… y para rematar, ahora mismo sentía el rechazo de su hijo menor desde antes de entrar a la sala. Al verlo allí, estoico frente a la ventana, supo que todo había acabado. Por sus tonterías no solo el hombre del que estaba enamorado y con el que había formado una familia había salido lastimado, sino también ellos, sus hijos.

Entro en silencio, Mathew a pesar de haberlo escuchado no volteó a mirarlo, lo veía por el reflejo del cristal.

- Matthew, de verdad lo lamento - su tono demostraba lo arrepentido que estaba, pero no era algo que al canadiense le importara. Al menos ya no más.

- ¿Qué es lo que lamentas más, Inglaterra? ¿Haber engañado a mi papá o fingir que yo te importaba tanto como mi hermano? - los violetas ojos lo miraban serios y fríos, como jamás los había visto.

- Haber lastimado a Francis y también el que con mis acciones pensaras que no te quiero… en mi corazón tú y Alfred tienen el mismo lugar, a ambos los quiero como mis hijos - intentó acercarse y tomarlo de la mano, pero el menor lo apartó de un manotazo.

-Pero no es suficiente ¿es que no lo entiendes? ¡DESTRUISTE A NUESTRA FAMILIA! - grito alejándose de él. Alfred en el piso de arriba los escuchó y bajó corriendo.

- ¡Mattie! - gritó desde las escaleras - ¡Déjalo Kirkland! - gritó.

Arthur los miró a ambos, Alfred abrazaba protectoramente a Matthew y este seguía llorando casi histérico como jamás lo habían visto. Ambos luciendo mucho más heridos y maduros que lo que unos niños de 12 deberían.

- ¡Lárgate Kirkland! ¡Vete con tu adorado Scott y déjanos! - gritó el oji violeta - ¡VETE!

Con tanto escándalo despertaron a Francis, quien los veía desde la escalera. Al acercase vio a sus hijos mirando molestos a Inglaterra y este los miraba con un dolor tan grande que por un momento quiso olvidarlo todo e ir y abrazarlo. Pero al dar un paso dentro de la habitación llamo la atención del inglés. Arthur lo miro sin poder reaccionar bien, con los ojos llenos de lágrimas y murmuró algo que sonaba a "¿Kirkland?".

- Lo siento - tartamudeo antes de salir corriendo de la casa.

Al preguntar Francis qué había pasado. Alfred y Matthew se dieron cuenta de que esa había sido la primera vez que llamaron al inglés por su apellido, la primera vez que no lo llamaron Papá o Arthur y que eso había sido un golpe duro para él. Francis al saberlo los abrazó fuertemente, sintiendo pena por el inglés y mucha tristeza, a pesar de lo que había pasado, él seguía amándolo como al principio.

Arthur no se apareció por la casa que compartía antes con Francis y los chicos, pasaron cerca de dos meses y ninguno tenía noticias de él. No había regresado por su ropa o sus cosas, no había regresado por Alfred, quien aún era su colonia y ninguno de los otros ingleses les daban razón de él, a pesar de haberle preguntado a Gales y las Irlandas. Escocia simplemente no les abrió la puerta ni les contestó las cartas.

Matthew y Alfred se sentían culpables. Vamos sí, que Arthur llamó -una sola y maldita vez- a Francis "Scott" y les pidió perdón a todos incansables veces. ¿Pero qué habían hecho ellos? Solo dañarlo más. Y es que ¡de verdad les había dolido! Francis sentía que el amor que le daba el inglés no era suficiente y que él no era suficiente para sacar al pelirrojo del corazón de Arthur; Matthew y Alfred sentían peligrar la familia que habían formado con sus padres, temían que los volvieran a separar o que los dejaran solos.

Así que, cuando Arthur cometió ese desliz, todo lo sintieron peligrar y ahora se daban cuenta que si todo llegaba a terminar no sería por Arthur sino por ellos.

Fue cuatro meses después de aquella pelea que Arthur dio señales de vida. Estaba en Londres y había mandado pedir algunas cosas y documentos que había en casa de Francis y también había mandado traer a Alfred.

En lugar de mandar las cosas, Francis mismo llevó las cosas que Arthur solicitaba, así como a Alfred, quien por nada del mundo deseaba separarse de su hermano pero tampoco deseaba estar molesto con su padre y esperaba que Francis pudiera hacerlo regresar a la casa de los cuatro.

Pero, cuando llegaron y el mayordomo los hizo pasar al salón de visitas, comenzaron a dudarlo. Pues al entrar se encontraron con un niño pequeño, de unos cinco años, coloreando en unas hojas con pinceles. Estaba tan concentrado en su dibujo que no les había prestado atención, el pequeño tenía el cabello negro, largo y atado en una coleta baja y usaba ropas rojas que les recordaban a China, pero lo que más les llamó la atención fueron las grandes y muy tupidas cejas que tenía, justo como las de la familia Kirkland. Pero fuera de eso sus facciones y rasgos eran completamente asiáticos.

- ¿Quién…? - comenzó a preguntar Alfred pero Arthur llegó antes de que terminara de hablar, distrayéndolo y llamando por fin la atención del niño.

- León, ve a tu cuarto por favor - Arthur lo llamó con una voz suave.

El niño asintió, tomo sus cosas y trotó hasta estar al lado de Arthur. Estando seguro detrás del rubio miró a los demás un poco asustado, pero más que nada tímido.

- Arthur, dǎoshī (tutor) - lo llamó el niño agarrándose de su pantalón - Tāmen shì shuí? (¿Quiénes son ellos?)

- Te lo explicaré después León - le acarició la cabeza - sube a tu habitación ¿sí? Cuando termines tu dibujo lo mandaremos - añadió y con eso el niño hizo una rápida reverencia con la cabeza a los otros tres y corrió escaleras arriba.

Francis tenía una mano en los hombros de sus hijos, detenía a Arthur y servía de apoyo para Matthew, a los tres les había afectado ver al pequeño y el que Arthur los mirara sin expresión alguna en el rostro tampoco ayudaba a tranquilizarlos. Menos cuando vieron la sonrisa leve que le había dado al niño.

- Veo que trajiste todo lo que solicité, y acompañaron a Alfred hasta aquí - comenzó a decir entrando en la habitación - gracias, tenía la idea de que Ciam o Liam fueran por él pero ambos estaban ocupados

- Dad ¿quién es el niño? - Alfred no soportó más la incertidumbre y que el pequeño llamara a Arthur "Daddy" (o eso entendió) no lo tranquilizaba nada - ¡Responde! - gritó.

- Alfred Frederick Jones, no me alces la voz - Arthur seguía tan serio como al inicio pero un tono de molestia se hizo presente. Además, nunca lo llamaba por su nombre completo - Matthew y tú vayan a mi despacho a dejar esos papeles, el mayordomo llevará después tu maleta a tu habitación - le ordenó.

- No

- Alfred - comenzó a decir en tono de advertencia.

- ¡No nos moveremos de aquí hasta que respondas! - tomó con fuerza la mano en su hombro y agarro con la otra a Matthew - ¿dónde te metiste? ¿Por qué no regresaste a casa? ¡¿Quién es el bloddy kid?! - estalló Alfred - Contéstame - le ordenó.

- Nueva Inglaterra, no me vuelvas a alzar la voz ¿entendido? Ahora tú y Quebec vayan al despacho a dejar lo que les ordené y no quiero ni una sola palabra más. Lo que tengas que saber, lo harás - habló pausadamente, controlando su temperamento. Francis no sabía qué hacer - oh, y ya me encargaré de darte clases de modales y de moderar ese lenguaje ¿entendido? - añadió con el ceño levemente fruncido.

Los niños acataron al orden, más que nada por la sorpresa de que su padre los llamara por sus nombres de naciones que por querer obedecer. Salieron con los papeles y fueron ald espachoq ue estaba en la planta baja a unas habitaciones de allí.

- Mon amour - comenzó una vez que los niños salieron.

- Gracias por haberlo traído, y por cuidarlo el tiempo que estuve ausente

- Ce sont nos enfants (son nuestros hijos) no es ninguna carga para mí cuidarlos

- Nueva Inglaterra no es territorio francés, yo me encargaré de él - fue su seca respuesta. Francis no soportándolo más, lo tomo de los hombros preocupado.

- ¿Arthur, qué sucede? Asustas a los niños y me preocupas a mí ¿qué ha pasado mon amour? - pero este seguía tan inexpresivo como antes, se soltó.

- Nada, no me ocurre nada y será mejor que vayas a despedirte de Alfred, seguramente Matthew y él querrán ponerse de acuerdo para mandarse cartas y esas cosas

- ¿De qué hablas? - lo miró sin comprender.

- Francis, Alfred y yo nos quedaremos aquí, en MI territorio desde el cual controlo el suyo hasta que sea mayor… no vamos a volver - añadió asegurando lo que Francis temía.

- Pero… somos una familia - Francis intentó abrazarlo, pero Arthur se alejó.

- No, no lo somos… yo la arruiné - mencionó dejando al otro tieso - yo fui quien te llamó de esa manera y fui yo quien arruinó esta familia - mencionó justo cuando los niños volvían.

- Papá, de eso queríamos hablarte… nos dimos cuenta de que… - comenzó Matthew.

- No hay nada más de que hablar acerca de ese asunto… Alfred despídete de tu hermano y… de Francis

- ¿Qué? ¡Pero papá!

- ¡Nada de peros! podrás ver a tu hermano después, lo prometo. Pero hemos pasado mucho tiempo fuera de casa…

- ¡Estábamos en casa! ¡Antes de que huyeras! - le respondió.

- ¡Es suficiente ya, Frederick! - su ceño estaba fruncido a más no poder - despídete de Francis YA

Francis para evitar que el niño exasperara más a Arthur, lo abrazó con algunas lagrimitas ya saliendo de sus ojos. Sabía que había terminado todo, pero guardaba esa pequeña esperanza de que Arthur le dijera que lo volvieran a intentar. Pero como sospecho dese un inicio… no era suficiente para él. Alfred lloraba ya a lágrima suelta, sujetado fuertemente a su ropa sin querer soltarlo.

Arthur se acercó a Matthew y lo tomo de los hombros pero este se soltó y lo abrazo fuertemente, llorando al igual que su gemelo. Arthur se agacho y le correspondió el gesto. Su corazón dolía con lo que estaba haciendo pero era un daño menor al que les haría si Francis y él seguían juntos.

- Me odias ¿verdad? Por mi es que ya no quieres volver a casa… ya no me quieres más - murmuró triste.

- Claro que no, love - lo estrecho más contra si para susurrar - los sigo queriendo tanto o más que antes, a los tres… pero tú papá y yo no debemos seguir juntos… solo los lastimaría más

- Entiendo… creo… ¡pero te extrañaré mucho papá! - lloriqueó.

- Bueno, te daré algo para que sea menos dolorosa nuestra separación ¿sí? - le confesó antes de soltarlo e ir por una caja al pasillo.

- ¿Qué es eso? - Alfred miraba curioso la caja.

- Un regalo para Matthew, ya que tú y yo estaremos aquí y Francis trabaja, no quiero que se sienta solo… así que mis amigas las hadas, me guiaron hasta esto

- ¿Y qué es? - pregunto curioso cuando notó que al ponerla en el suelo, la caja se movió.

- Ábrela y lo descubrirás

Matthew junto con Alfred se acercaron y al retirar la tapa descubrieron una cría de oso blanco, este los observó un momento y luego estiró sus patas hacia el menor. Matthew lo tomo en brazos y lo saco.

- ¿Quién eres? -hablo el animalito, sorprendiéndolos.

- Soy Matthew

- ¿Y yo quién soy?

- Mmm… te llamaré ¡Kumajiro!

Arthur los miraba alegre, pero esa sombra de tristeza ya no abandonó sus ojos.

Francis miraba a los pequeños con el osezno y a Arthur, con los sentimientos a flor de piel. Su familia, el amor de su vida… todo había acabado.


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